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	<title>El camino de la Emperatriz</title>
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		<title>El camino de la Emperatriz</title>
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		<title>Capítulo XVIII &#8211; Volviendo a casa</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 21:26:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[El valle]]></category>
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		<description><![CDATA[El ruido de las pisadas sobre las ramas y la vegetación lo reconfortaba. Desde pequeño el cálido sonido de la naturaleza bajo sus pies le había dado esa sensación de poder y fuerza que lo animaba a seguir su rumbo sin importar las circunstancias. Las aves huían de su paso decidido reconociendo tácitamente su supremacía [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=118&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>El ruido de las pisadas sobre las ramas y la vegetación lo reconfortaba. Desde pequeño el cálido sonido de la naturaleza bajo sus pies le había dado esa sensación de poder y fuerza que lo animaba a seguir su rumbo sin importar las circunstancias. Las aves huían de su paso decidido reconociendo tácitamente su supremacía mientras que otros animales lo espiaban ocultos en la falsa seguridad que les brindaba el bosque. Él era consciente de cada uno de ellos pero simplemente decidía ignorarlos. Estaba acostumbrado a esa mezcla de admiración, miedo y respeto por parte de su entorno, sin significar que le resultara agradable. Más aún, siendo joven luchó mucho contra esa barrera que los demás construían ante su presencia y en un momento de gran impotencia, una mujer ya avanzada en años se acercó con cuidado a consolarlo. Él le preguntó al borde del llanto:<br />
- ¿Por qué me hacen esto?<br />
Ella con cautela y buscando las palabras adecuadas le contestó:<br />
- Mi querido, sos un cachorro de león. Si bien en este momento no representás un grave peligro, tu potencial es una amenaza constante.<br />
- Yo no voy a hacerles nada. &#8211; contestó con cierta angustia y totalmente desconcertado.<br />
- Hoy no. &#8211; Suspiró la mujer por un momento y agregó &#8211; Simplemente te guardan temor &#8230; y para otros sos una oportunidad única de vencer a un león, aunque seas sólo un cachorro.<br />
La mujer le sonrió y realmente no podía estar seguro si fue el gesto o las palabras que le dijo, pero obtuvo la paz interior necesaria para poder finalmente aceptar su destino. Los años confirmaron la explicación de esta sabia anciana. Su amigo de la infancia fue al único a quien permitió quedar fiel a su lado por siempre y obviamente también contaba con Katrina, una magnífica guerrera que él mismo seleccionó varios años atrás durante los entrenamientos militares. Esa destreza innata y la sed de sangre podía ser percibida desde el primer momento de conocerla. Nadie como ella se desempeñaba en el campo de batalla y los frutos de su decisión no tardaron en llegar: metro a metro se fueron conquistando los diferentes territorios. Se avanzaba a una velocidad increíble tomando lo mejor de cada lugar, eliminando lo inservible, reconstruyendo bajo su mirada, era una fórmula que nunca fallaba. Las fuerzas del océano parecían ser las únicas capaces de torcer su destino y sin embargo, allí estaba. Había sobrevivido el naufragio milagrosamente ante la aparición de ese angel maravilloso, que lo había rescatado de las profundidades del mar y reanimado sobre la tibia arena de esas playas soñadas.<br />
La observaba caminar frente suyo con agilidad, decisión y sensualidad, sin poder creer lo afortunado que era.</p>
<p>Luego de varios días siguiendo diferentes caminos, finalmente lograron visualizar el refugio y Lukas la tomó de la mano para ayudarla en este último tramo. En el último campamento Erika había ordenado a la guardia que reforzaran la posición, ya que Ruby estaría esperándolos en el Refugio y no tenía sentido trasladar dos personas más. Aunque estaban cansados, ambos continuaron el ascenso a paso firme en su mutua compañía; el haber alcanzado este lugar les brindó un impulso de energía realmente necesario para completar la travesía. A cierta distancia sólo se podía escuchar el sonido del viento sin señales de vida en los alrededores.</p>
<p>- ¡Ruby! &#8211; gritó varias veces la emperatriz una vez cerca del lugar, pero no recibió respuesta alguna.</p>
<p>Luckas se había adelantado unos pasos y ella lo siguió de cerca ingresando a la caverna arrastrando con ella la nieve en sus botas. En el interior del refugio había algunas reservas, maderas para preparar fuego y abrigo. Si bien la situación era precaria fue mucho mejor de lo que en realidad la emperatriz esperaba. Sí debía confesar, sin embargo que le extrañaba la ausencia del guardia. Ruby, ese muchacho pelirrojo, no debería demorar mucho tiempo en regresar.</p>
<p>Su compañero tomó una de las pieles y la dejó sobre los hombros de la emperatriz, abrazándola con afecto mientras la protegía del frío. Ella le explicó que el guardia tenía que estar por llegar y él entre sonrisas cómplices besó sus labios y su rostro frío para luego dedicarse a preparar un fuego cerca del ingreso para recuperar fuerzas y protegerse de la noche que no tardaría en llegar. Ella mientras tanto revisó las reservas y encontró un poco de queso de cabra y carne algo congelada.</p>
<p>- ¿Qué mirás? &#8211; Preguntó ella un tanto sonrojada al descubrirse siendo observada.<br />
- ¿Qué? ¿No puedo? &#8211; contestó él bajando un poco la cabeza y mirándola de reojo.<br />
Ella lo entretuvo un tiempo haciendo preguntas tontas que él tardaba en contestar mientras se cocinaban los alimentos. Las palabras de Luckas parecían surgir con algo de esfuerzo y mucha meditación. Comenzaron a cenar con entusiasmo y es que el camino recorrido siempre debía ser recompensado por una buena comida. El fuego aliviaba la rudeza del clima de alta montaña. Ella tomó un trozo de carne del calor de las brazas, se acercó a él y se lo ofreció luego de condimentarla con queso. Luckas le sonrió mientras que saboreaba el bocado y la miraba sin disimulo alguno.<br />
Fue entonces que Erika bajó su mirada y él la tomó del rostro para besarla con fuerza, dejando que el instinto de ambos se apoderara de la situación. El fuego y la cena habían quedado atrás y lo que había empezado con un beso apasionado dejó paso a un sexo desesperado, como si sus propias vidas dependieran de ese instante único. Ella dejó escapar un quejido cuando se sintió desplazar en el aire, para luego casi perdiendo la conciencia entregarse entre los brazos de ese hombre. Por un breve momento olvidó el valle, los nideros, el pueblo de Almeda y casi todo lo demás, pero el mar logró filtrarse y el pensamiento de Tomás la asaltó por sorpresa. Él logró percibir ese cambio de humor y la abrazó, jugó con delicadeza con su cabello, recorrió una y otra vez su cuerpo con sus labios hasta que la tormenta pasó y finalmente quedaron ambos tendidos sobre el suelo del refugio.</p>
<p>Se miraban a los ojos recostados uno frente a otro permaneciendo abrazados. Ella acariciaba su rostro y lo besaba por momentos, algo divertida por la expresión de su pareja irradiando felicidad. Él la abrazo y la subió a su pecho acomodándola con ternura mientras jugaba con el cabello de la emperatriz.</p>
<p>Luego de unos minutos, ella levantó su rostro con unas ganas terribles de explicarle todo: por qué estaban allí, su equipo de gente, la leyenda, su lugar en el valle, pero sin embargo no encontraba las palabras ni sabía como comenzar.<br />
- ¿Querés decirme algo? ¿Llegó el momento de las confesiones? &#8211; Le dijo él sonriendo y rozando la nariz de la emperatriz con simpatía. Levantó las cejas y con expresión cómica agregó &#8211; ¡Qué peligro!<br />
Ella sonrió pensativa y finalmente, optó por decirle directamente:<br />
- Soy una emperatriz. &#8211; su mirada era expectante. Pero él sólo aguardaba con tranquilidad como esperando que le cuente más. Y justamente, eso fue lo que ella hizo. Comenzó explicando su experiencia con el león pensando que sería una buena forma pero a medida que avanzaba con el relato, el rostro de Luckas se volvía más frío, serio y hasta distante. Ella le contaba sobre el valle, la vida en el lugar y llegó a explicarle hasta el momento del ataque del león porque la expresión de Lukas no le generaba confianza alguna, más bien todo lo contrario. Se incorporó con un gesto de preocupación pero Lukas la tomó por uno de sus brazos y le dijo con cierto nerviosismo en la voz:<br />
- Te escucho y realmente, siento como si te conociera de toda la vida. &#8211; Se tomó un momento para meditar como transmitirle sus ideas y prosiguió diciendo &#8211; Sabes que cuando era pequeño, me comparaban con un león. &#8211; Sonrió un tanto tenso y  agregó al percibir nerviosismo en el ambiente &#8211; Pero prometo no atacarte, Emperatriz. </p>
<p>Ella no pudo sostener su mirada, se incorporó y se acercó a la entrada del refugio, mientras se cubría con una de las pieles. Él aguardó un momento y luego la siguió. La noche estaba muy fría y algo ventosa, dando toda la sensación de que iba a volver a nevar en cualquier momento. Él la abrazó por un momento sin estar seguro de cómo lograr volver a conectarse con ella, porque de alguna forma podía sentir que algo se había modificado entre ellos sin tener idea de qué habría originado esa reacción. Miró hacia el cielo y le dijo acercando su rostro al de ella:<br />
- Aunque no las podamos ver, de día o detrás de esas nubes, siempre están las estrellas.<br />
Ella giró y lo miró con un gesto distante contestándole:<br />
- Vamos a descansar, mañana será un día importante.<br />
Él la vio caminar hacia el interior del refugio y sin poder comprenderla la siguió.</p>
<p>La emperatriz tenía un sólo pensamiento: &#8220;Tomás me volviste a guiar hacia un león.&#8221; Las dudas la asaltaban y no hubo forma de conciliar el sueño en toda la noche sin dejar de preocuparse por la seguridad de su reino, de su historia, de las palabras de Daniel antes de partir. Giró y miró al hombre que dormía a su lado. ¿Quién era realmente ese hombre? Él dormía plácidamente. Lo veía tan varonil, tan caballero para con ella, y sin embargo sus reacciones la hacían dudar. No podía olvidar que todo su reino dependía de ella. Se sentía partida en dos. Su instinto la impulsaba a abrazarlo y dormir entre sus brazos pero la razón le recordaba que ese hombre había tenido actitudes sospechosas, que posiblemente perteneciera al pueblo enemigo de su civilización y que veía una clara relación entre Tomás, su propia historia y él. La preocupación se había hecho presente y una vez más no podía olvidar que su destino y el de su gente estaba en juego. Lo miró por última vez, antes de abrigarse y salir del refugio ante el primer rayo de sol. </p>
<p>Cuando partió la luz era muy tenue pero esto no la desanimó, camino descendiendo la fría montaña por más de una hora cuando en una curva y en la hora azul, un hombre alto y corpulento salió a su paso de la nada y la detuvo sujetándola por los brazos.</p>
<p>El encuentro fue totalmente inesperado y su cuerpo se estremeció al entrar en contacto con esta figura. Él la desplazó un par de metros cuando de pronto sus ojos conectaron los de la emperatriz y su rostro se transformó inmediatamente reflejando una mezcla de alegría por verla y cierto temor por haberla detenido de forma tan ruda.</p>
<p>- Mi Emperatriz. – le dijo solemnemente realizando una reverencia. – Mil disculpas. No estaba al tanto de su regreso.<br />
Ella lo miró con sorpresa al momento que él dejó caer la capucha sobre sus hombros revelando una larga cabellera rojiza.<br />
- ¿Ruby? – preguntó ella.<br />
- A sus órdenes, mi emperatriz. – contestó él con brillo en sus ojos al descubrir que la emperatriz recordaba su nombre.<br />
- Pero… te has convertido en todo un hombre ya. – contestó ella con alegría.<br />
Él se incorporó y la emperatriz pudo ver como incluso se estiraba un par de centímetros más para impactarla con su figura.<br />
- La estuve esperando casi cinco años mi Emperatriz. La montaña y la experiencia que me ha dado tratar con tanto visitante tuvo mucho impacto en mí.<br />
- ¿Cinco años? – preguntó ella algo confundida.<br />
- Así es, Emperatriz. Cumplí con sus órdenes, en la esperanza que me permita ver el imperio.<br />
Ella lo observó por un momento quedando perpleja por el tiempo que había transcurrido durante su viaje y lo último que pudo recordar fue a Ruby abalanzándose sobre ella, prácticamente sin tiempo de reacción, cuando una masa blanca con gran fuerza bajo el sonido de un trueno los sumergió en el frío más extremo que alguna vez haya sentido en toda su vida.</p>
<p> </p>
<p>Los gritos desenfrenados parecían hacer eco golpeando las laderas de la montaña sudeste. Los guerreros ya con gestos de agotamiento manifiestos en el rostro continuaban atacando a diestra y siniestra sin lograr avances significativos en el campo de batalla. Entonces fue que él observó como sus tropas caían cada vez que atacaban un flanco enemigo. A este ritmo la batalla no podía durar demasiado tiempo más.<br />
En un momento algunas casas fueron alcanzadas por las flechas incendiarias provocando una gran columna de humo negro, e inmediatamente algunos de sus ocupantes incluidos mujeres y niños salían bajo gritos desesperados sin lugar donde encontrar refugio. Todo estaba perdido y Daniel se sentía atrapado en la desesperación. Al pasar su mano por el rostro observó como simultáneamente parte de la tropa enemiga se calcinaba al otro lado del campo entre aullidos de terror. Y de pronto, entre el humo y los gritos apareció ella montando a su caballo. Esta vez no llevaba el casco puesto y su cabellera hasta casi la cintura seguía los caprichos del viento. La mirada desafiante no se desvió cuando alzó una mano ordenando el ataque final.<br />
Daniel vio morir a sus hombres uno a uno y en menos de una hora se encontró rodeado por el ejército enemigo pero aún así se negaba a abandonar su espada. Con el cansancio y la locura intentaba inútilmente vencer al enemigo hasta que derrotado quedó de rodillas. En ese momento, su figura esbelta volvió a aparecer y la tropa se dedicó a saquear lo que quedaba del lugar. Katrina se acercó lentamente y con firmeza pateó la espada de Daniel alejándola de su alcance.<br />
- Seguime si queres vivir. &#8211; le dijo sin vueltas.<br />
A lo cual él contestó:<br />
- Antes muerto.<br />
Él la vio sonreir y llegó a escuchar como respuesta antes de desvanecerse: &#8211; Eso ya lo veremos.</p>
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		<title>Capítulo XVII &#8211; El principio del fin</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Sep 2008 23:09:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[Civilizaciones]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los primeros rayos de sol comenzaban a pintar el horizonte cuando Erika abrió la puerta de la casa y se encontró con Daniel sentado frente a ella aguardándola pacientemente con un rostro serio y duro. La emperatriz bajó inmediatamente la mirada y luego lo saludó sin demasiada reverencia. Se dijo a sí misma que no tenía motivos para darle explicaciones, pero el interrogatorio no se hizo esperar. Daniel estaba realmente preocupado y un tanto agresivo, lo cual le indicaba claramente que había sido descubierta.</p>
<p>Él le hablaba mientras se preguntaba y respondía a sí mismo caminando de un lado al otro del cuarto, hasta que ella de pronto giró, lo miró a los ojos y pidiéndole silencio con firmeza logró sentarlo a la mesa para intentar conversar civilizadamente. Se hizo un breve silencio que pareció durar mucho más de lo que en realidad fue. Con los dedos entrelazados y las manos apoyadas sobre la mesa, Erika le dijo con palabras firmes:</p>
<p>- Daniel. Siempre cuidaste de mí y del imperio, sobre todo en estos últimos meses desde que comenzamos esta especie de cruzada. Y yo te lo agradezco. Sos mi mano derecha, mi hombre de confianza total y absoluta&#8230;<br />
- Entonces no entiendo cómo es posible que hagas esto a mis espaldas. Sabés perfectamente que nos estás exponiendo a todos de esta forma. &#8211; Interrumpió Daniel en un tono alto de voz para volver luego a guardar silencio y permitir que la emperatriz continúe con lo que tenía para decir.<br />
- Te conozco de toda la vida, y estaba segura que en el caso que lo hubieras sabido, no habría podido actuar con libertad. No me hubieras permitido&#8230;<br />
- ¿Permitido? &#8211; y Daniel se puso de pie totalmente llevado por sus nervios &#8211; Ahora soy yo el que no te permite. ¿Qué es lo que no te permito? ¿Qué es lo que hiciste? Te repito, ¿qué es lo que yo supuestamente no te permito?<br />
- Daniel. Por favor, toma asiento. &#8211; Él dió un par de vueltas indeciso pero volvió a su lugar y se quedó cabizbajo mirando la madera de la mesa luego de un suspiro que enterneció a la emperatriz. Ella continuó diciendo &#8211; Aclaremos esto de una vez por todas.<br />
- Eso es lo que quiero. &#8211; contestó él mirandola a los ojos.<br />
- Lukas es el sobreviviente de un naufragio en el mar. Del mar a donde Tomás nos indicó ir, el mar que el mismo Tomás sobrevivió en el refugio de la montaña. Lukas fue la persona que tuvo el accidente en la construcción de donde se salvó milagrosamente. ¿No recordás acaso a Tomás llegando mal herido al campo pensando que me había ocurrido algo? &#8211; hizo una pausa y luego continuó &#8211; ¿No ves la conexión?<br />
Daniel la miró con seriedad por un momento, tragó saliva y le dijo:<br />
- Son coincidencias.<br />
- ¿Coincidencias? ¿Cómo podés decirme que son coincidencias? Fuiste testigo del poder de curación que tenía Tomás. Sabes perfectamente que él no podía dominar ese don, simplemente sucedía. Vos mismo me decías que a veces lo encontrabas herido pero que nadie podía comprender que pasaba con él. &#8211; La emperatriz se acercó a Daniel y apoyando la mano en su hombro prosiguió diciendo &#8211; Es la verdad. Hay una conexión entre Tomás y Lukas, así como existía entre Tomás y yo.<br />
- ¿Y entre vos y Lukas? ¿Qué tipo de conexión existe? &#8211; preguntó él mirándola directamente a los ojos.<br />
- Eso ya lo sabes. &#8211; ella se alejó por un momento, giró y luego agregó &#8211; Sin embargo, honestamente Daniel, hay algo en él que me detiene. Un tipo de advertencia, hay algo en él y no se que es.<br />
- Sabías que era peligroso y a pesar de eso, no querías que yo te detuviera. Era eso. Era eso, ¿verdad?</p>
<p>Ella suspiró y asintió desviando la mirada. Él la observaba prácticamente sin pestañear, se levantó de la mesa, la miró brevemente y le dijo que debía ir a la playa para encontrase con los hombres tal como habían acordado la noche anterior. Llevaría al enemigo hacia la ruta del oeste y ella debería regresar al valle por el camino ya conocido. El gobernador de Bella Mar no había cedido y habían llegado a un punto en el que no iban a esperar el ataque sin ningún tipo de acción. La única alternativa era desviar al enemigo hacia otro punto estratégico donde su ejército tuviera algún tipo de oportunidad. Realmente a Daniel no le interesaba la falta de apoyo del gobernador porque estaba convencido de que el éxodo de la gente de esta aldea no resultaría. Caminó hacia la puerta, estuvo a punto de abrirla bajo la mirada de la emperatriz cuando giró, y le dijo con voz grave:</p>
<p>- Se que no querés escucharme. Lo único que te voy a decir es que no olvides lo que aprendiste con el león. Yo no voy a estar esta vez. &#8211; y luego de una breve pausa &#8211; A mí también me trae una mala sensación ese hombre, aunque probablemente Tomás nos hizo venir hasta aquí sólo para buscarlo. Por favor cuidate.<br />
- Lo haré. &#8211; contestó ella y luego se acercó para abrazarlo pero él no se lo permitió y sin demora se retiró sin decir más nada, rumbo a la playa donde lo esperaban sus hombres.</p>
<p>En el momento que la puerta se cerró, ella se dio cuenta que había sido muy dura con Daniel. Entendió realmente que esa persona había estado siempre a disposición de ella, que siempre la había cuidado y que hoy estaba perturbado por su falta de consideración. Se sintió mal y sin embargo no quería darle esperanzas creyendo que nunca podría amarlo de la manera que él se merecía. En ese instante desconocía que esa sería la última vez que se verían, al menos por un largo, largo tiempo.</p>
<p>Tardó unos minutos en recomponerse y luego abrió la puerta. Dos soldados habían quedado de guardia y la observaron con curiosidad. Se detuvo por un momento algo confusa pero entonces decidió ir a buscarlo, con una sola diferencia. Miró a los soldados y les dijo: &#8211; Por favor, acompáñenme. &#8211; Y allí fueron los tres camino a la playa, en dirección al muelle.</p>
<p>Él estaba esperándola. Sabía que ella iría a buscarlo. Sabía que iba a intentar convencerlo. Sabía mucho más de lo que cualquiera presumía. La vio llegar y los guardias que la acompañaban no fueron ninguna sorpresa para él. Sonrió al confirmar lo que ya presentía: Erika era mucho más de lo que a simple vista parecía. Ese ángel le había salvado la vida. Jamás olvidaba un rostro y desde ese día nunca había podido pensar en otra cosa. Al pasar el tiempo y no encontrarla llegó a creer que todo había sido un sueño, y sin embargo una voz interior lo obligaba a esperarla allí donde la había visto por primera vez, en las costas de Bella Mar. Algo en él le decía que ella volvería. Cómo podría olvidar a ese ángel animándolo a luchar por su vida en aquel momento fatídico, diciendole con un amor y ternura indescriptible una y otra vez: &#8220;Vamos, quédate conmigo, estás aquí, tranquilo. Vamos, fuerza.&#8221;. Cuando volvió a despertar los aldeanos lo habían rescatado de las playas y él la había buscado por todos los rincones de Bella Mar. El día que volvió a verla fue realmente un milagro; la había estado esperando tanto tiempo que no quería hacer o decir algo equivocado que pudiera asustarla. Y allí estaba ella ahora, caminando hacia él, dispuesta a convencerlo de acompañarla, como si acaso hiciera falta.</p>
<p>Ella se acercó y lo abrazó en silencio rodeando sus hombros, acariciando su cabello, besando sus labios. Sonrió brevemente con una mirada algo nostálgica y él se acercó para besarla nuevamente. Ella suspiró y sus ojos no requerían palabras para saber la tormenta de emociones que albergaban.</p>
<p>- No tenés que irte. &#8211; Le dijo él.<br />
- Debo irme Lukas &#8211; contestó mientras percibía sus gestos, su perfume, su piel acercándose nuevamente a su rostro. Lo besó una vez más. Hizo una breve pausa y le dijo &#8211; Sabés bien que no somos de aquí. Debo regresar, pero quiero pedirte que vengas conmigo.</p>
<p>Él sacudió la cabeza por un momento y apartándose un momento le dijo:<br />
- Aquí estaremos seguros, nada va a ocurrirte. Si nos vamos, probablemente todo esto &#8211; hizo un gesto con el brazo señalando los alrededores &#8211; desaparezca. Ustedes no lo entienden y no tienen por qué hacerlo, pero se están equivocando.<br />
- ¿Por qué me decís esto? Lukas &#8211; y le tomó el rostro con ambas manos &#8211; debes creerme. No estamos seguros aquí. El gobernador no quiere entrar en razones, debemos irnos. De verdad, vení conmigo.<br />
- No voy a lograr hacerte cambiar de opinión, verdad? &#8211; Preguntó Lukas ya resignado pero con una luz especial en los ojos.<br />
- No. &#8211; contestó ella tanto con palabras como con una mirada que decía mucho más.<br />
- ¿Y los demás?<br />
- Ya han partido, van a alejar de las aldeas vecinas al ejército enemigo.<br />
Lukas no terminó de escuchar esta frase que su cuerpo se contorsionó y se alejó un par de pasos. Su rostro hacia el mar adoptó una expresión de preocupación alarmante.<br />
- Quedate tranquilo Lukas. Daniel es un guerrero, él sabe bien lo que hace.<br />
Lukas giró y la tomó de la mano, solo para contestarle:<br />
- No lo creo. &#8211; Guardó silencio por un instante sin decirle que probablemente en pocos días Daniel fuera solo un recuerdo y sin soltarle la mano le confesó &#8211; No puedo dejarte ir sola.<br />
Ella sonrió con una alegría totalmente sincera y lo abrazó tan fuerte como pudo, y si bien él continuaba negando con su cabeza, una sonrisa también escapó de sus labios al sentir el cabello de la emperatriz sobre su pecho.</p>
<p>Más tarde ese mismo día la emperatriz se despidió de Judith, quien había decidido quedarse en la aldea esperando el regreso de Ben, confiando en el éxito de la operación. Le confesó a la emperatriz que había hecho un intento por convencer a alguna gente del pueblo para irse del lugar, pero a las pocas horas se dio cuenta que era un esfuerzo completamente inútil. Los habitantes de Bella Mar simplemente eran felices allí, creían ciegamente en su gobernador y ante la idea de abandonar el lugar reaccionaban entre risas creyendo que Judith les estaba contando una especie de broma de mal gusto.</p>
<p>La presencia de la emperatriz era más que suficiente, ella no necesitó mucho más para comprender que al día siguiente Erika dejaría el lugar junto a Lukas y sus guardias; sin embargo no podría acompañarla, debía esperar por Ben.</p>
<p>Mientras que Erika escuchaba a Judith hablar de su Ben, ella sinceramente no podía sacarse a Daniel de la cabeza. Sabía que él cargaba sobre sus hombros una enorme responsabilidad y le resultaba increíble o incluso injusto haber hecho un esfuerzo semejante entre todos, haber alcanzado el mar con tanto esfuerzo y que ahora todo el resultado dependiera de una gran batalla sin que ella pudiera acompañarlo. Por otro lado, tomaba conciencia de que estaban siguiendo el propio plan de Daniel y sabía en su interior que necesitaba volver a su hogar, allí estaba su lugar sea para el triunfo o para morir en su tierra junto con su pueblo.</p>
<p>Por momentos Lukas tomaba dominio de sus pensamientos; ese hombre ejercía una atracción especial en ella. Aún no podía descubrir cómo y sin embargo se sentía plenamente segura de que él tenía algún tipo de vínculo con Tomás. Ya llegaría el momento para descifrarlo.</p>
<p>En poco tiempo los cuatro abandonaron la aldea bordeando la playa hasta llegar en menos de una hora al primer destacamento. La sorpresa se filtró por las facciones de Lukas por primera vez y no pasó desapercibido. Los soldados saludaron con respeto a la emperatriz y pasaron el parte de novedades, las cuales no eran demasiadas. Erika no quiso demorarse mucho tiempo en el lugar, faltaban unos cuantos días de mucho caminar y el tiempo como en la mayoría de los casos no jugaba a favor. Los soldados que la habían acompañado hasta el destacamento se quedaron y fueron reemplazos por dos de sus compañeros del lugar para partir nuevamente cruzando los médanos y siguiendo el curso del río a través del bosque.</p>
<p>Caminaron tres días tomando breves descansos durante la jornada y acampando por las noches. El silencio reinante en contraposición con la intensa tormenta de pensamientos, que sin pausa elevaban las voces de la conciencia hasta niveles insoportables en cada uno de ellos, era estremecedor. Los guardias estaban tensos por la presencia de Lukas, presentían que este hombre traería problemas y con el tiempo probaron estar en lo cierto.</p>
<p>Al cuarto día, la emperatriz se detuvo y sosteniendo a Lukas por el brazo le señaló a la distancia la boca del dique sobre el Río Grande. La obra no estaba finalizada pero el grado de avance era francamente increíble. Él observó todo el paisaje con sumo interés y prestó especial atención en alrededor de las ciento cincuenta personas que se encontraban a lo lejos trabajando incansablemente. Ella lo miró con orgullo y él apoyando la mano en su espalda le dijo:<br />
- No conocía este lugar, ni siquiera sabía que se encontraba habitado. ¿Este es tu hogar? &#8211; sus ojos brillaron de una manera especial y los guardias se acercaron preparados ante cualquier reacción de ese perfecto extraño. Sin embargo ella sonrió, acarició su barbilla con afecto y muy dulcemente le contestó:<br />
- No, pero nos estamos acercando.<br />
Él sonrió y no dijo mucho más, su rostro serio no reflejaba la naturaleza de sus pensamientos. Ella lo sostuvo de la mano y lo animó a continuar la marcha a buen ritmo mientras los guardias los escoltaban a pocos metros de distancia.</p>
<p>Al aproximarse a la obra, la emperatriz se encontró con algunos rostros conocidos que inmediatamente fueron a presentarle sus respetos y por el sólo hecho de estar acompañándola, Lukas se hizo acreedor también de estos saludos adoptando una posición un tanto incómoda.</p>
<p>Mientras Erika conversaba con el responsable de la obra, Lukas se acercó directamente a los andamios, arcos improvisados de madera y piedra para mezclarse en pocos minutos entre los trabajadores. Julio, el líder del proyecto de construcción del canal, explicaba con entusiasmo los avances logrados con un plano algo tosco indicando que la obra se finalizaría en tan solo un par de meses más. La emperatriz se mostró satisfecha y conforme con el trabajo realizado. Si bien le interesaba que la construcción avanzara y que se cumpliera con la palabra dada, lo que en realidad la reconfortaba era el hecho de que encontró todo el destacamento organizado, activo y por sobre todas las cosas unido. Confirmó así que su decisión de haber designado responsabilidades a ambos líderes naturales fue totalmente acertada a pesar de las dudas de algunos de sus más cercanos colaboradores.</p>
<p>Fue entonces que notó la ausencia de Lukas y comenzó a buscarlo con la mirada. No necesitó demasiado tiempo para ubicarlo. Con absoluta destreza indicaba a los operarios la técnica para levantar las columnas con menor esfuerzo y mayor rapidez. Los hombres lo escuchaban con atención y pronto comenzaban a imitarlo. Un gesto de satisfacción cruzó el rostro de la emperatriz.</p>
<p>- ¿Quién es él? – preguntó Julio con gesto de preocupación y recelo.<br />
- Un nuevo aliado que conocimos en Bella Mar. – contestó ella sin un total convencimiento.</p>
<p>Esa noche se quedaron en compañía de su gente, recuperando energía y esperando que la luz vuelva al camino por recorrer. Ella no pudo dejar de notar que su acompañante salvo por las charlas técnicas que dio a los trabajadores, se había mantenido un tanto apartado de Julio, cuidando sus respuestas con mucha atención y dejando en claro una distancia que Erika no se terminaba de explicar.</p>
<p>La mañana llegó una vez más y luego de desayunar partieron nuevamente siguiendo el camino por varios días deshaciendo el trayecto que con tanto esfuerzo ella junto a su gente había recorrido. La emperatriz volvía a vivir junto a Lukas la emoción que ella misma había sentido poco tiempo atrás al descubrir estos mundos hasta el momento desconocidos. Al arribar, el hombre con las manos en la cintura se extasiaba admirando las extrañas construcciones de los nideros en lo alto de los árboles. Sin embargo, Lukas había tomado una actitud bastante más crítica, insistiendo en la inseguridad de semejantes diseños, el bajo desarrollo de la creatividad y se mostraba admirado por la simpleza en las relaciones cotidianas de los nideros.</p>
<p>Pasaron unos días en el centro del grupo aborígen esperando la llegada del líder pero con el pasar del tiempo y ante la falta de noticias decidieron seguir camino hasta el pueblo de Almeda. En ese periodo Erika no pudo dejar de notar el desprecio con el cual Lukas interactuaba con los nideros. Él estaba totalmente azorado de que seres humanos pudieran vivir en esas condiciones como si fueran animales salvajes. En cierto punto, por más que le pese, ella sentía igual pero la actitud que tenían uno y otro eran diametralmente opuestas. Ella aceptaba esa nueva cultura como un estilo de vida diferente, su visión se enfocaba en el crecimiento que podría tener un entorno primitivo con el avance de obras y comunicación con otros pueblos. Le inquietaba y motivaba el desarrollo social y económico que podría tener esa civilización en el intercambio cultural. Él por otro lado, no pudo comprender cómo ella había aceptado negociar con esta gente y si bien no lo dijo la emperatriz presintió ante la dureza que Lukas demostraba que él los hubiera invadido y exterminado si hubiera sido necesario. Esta sensación despertó ciertas alarmas en ella que no logró silenciar en todo el resto del viaje y sin embargo, así y todo, su instinto le decía que debía permanecer cerca de este hombre.</p>
<p>Siguieron el camino esta vez hacia el Pueblo de Almeda y para sorpresa de la emperatriz encontró al líder nidero en la casa del ex gobernador muy bien arreglado y planificando codo a codo actividades con Paco, el nuevo gobernador. Ambos los recibieron muy bien y los agasajaron con un gran banquete.</p>
<p>Resulta que más allá de la problemática del agua, llegaron a acuerdos sobre comercialización de alimentos, telas, lanas, cueros y actividades culturales. Desde el valle habían firmado pactos de intercambio como ser los elementos de construcción, la demanda de diferentes minerales y arcilla crecía día a día. Resultaba casi increíble para la emperatriz verlos juntos sentados como dos viejos amigos habiendo conocido el desarrollo de su historia. También confesaron tener algunos planes ambiciosos más adelante con la construcción de un puerto en común. La expansión era más que evidente. Dentro de los límites del pueblo se había fundado un barrio totalmente nuevo para los nideros producto de esta integración y trabajos generados en consecuencia.</p>
<p>Pasaron sólo algunas horas en el pueblo de Almeda, ya que no deseaban perder tiempo y regresar cuanto antes al valle de las Nieves. La emperatriz no podía esperar el reencuentro con Tania y por suerte esta no se hizo esperar. A menos de una hora de haber llegado Erika a la gobernación, la voz se había corrido por todo el pueblo llegando a los oídos de Tania quien se presentó espontáneamente sin dudar. En cuanto se vieron corrieron al encuentro y se abrazaron con una alegría enorme.</p>
<p>- Se te ve muy bien. &#8211; Le dijo la emperatriz.<br />
- A vos también. &#8211; contestó ella sin dudar alejándose un poco para observarla con detenimiento.<br />
- Te presento a Lukas. &#8211; expresó rápidamente Erika agregando sin pausa &#8211; Es un nuevo aliado de la aldea Bella Mar.<br />
Tania lo miró con interés y le extendió la mano con una sonrisa suspicaz.<br />
- Encantada Lukas. &#8211; Sus ojos se cruzaron con los de la emperatriz exigiendo tácitamente mayores explicaciones.<br />
- Lukas, voy a conversar un poco con Tania&#8230; &#8211; iba a recomendarle que se quede con los hombres de la guardia pero él se anticipó diciendo:<br />
- Me parece muy bien. Yo voy a aprovechar para recorrer un poco el pueblo. &#8211; y sonrió al resaltar un poco para luego partir caminando en una postura que reflejaba su madurez, aplomo y seguridad.<br />
Tania clavó sus ojos en la emperatriz y antes que diga nada, Erika le dijo:<br />
- Ya me advirtió Daniel.<br />
- Dónde está Daniel? Quién es este hombre? Dónde está el ejército enemigo?<br />
Erika la sujetó por un momento y con cierto nerviosismo le dijo:<br />
- Caminemos, te voy a contar todo.</p>
<p>Y así lo hizo. Un par de horas más tarde habían dado ya dos vueltas alrededor del pueblo. LLegaron a la plaza principal y allí, cerca de los juegos de los niños tomaron asiento mientras hacían silencio por un momento. La brisa del atardecer jugaba con el cabello de las damas que entrecerraban los ojos en un cansancio que trascendía la barrera física.</p>
<p>- Erika&#8230; realmente que delicado es hablar de estos temas. &#8211; hizo una pausa por un momento para mirarla a los ojos y tomar impulso para continuar diciéndole &#8211; Lukas no es Tomás. Es más. No sabemos realmente quién es Lukas.<br />
La emperatriz intentó interrumpir en un gesto de desaprobación pero Tania la tomó por los hombros y le pidió que la escuchara, que le permitiera expresarle lo que pensaba y luego tendría la libertad de hacer lo que ella considerara más conveniente.<br />
- Yo creo en lo que me planteás. Creo en que todo sucede por una razón y estoy segura que Tomás nos envió a buscar a este hombre. Creo en la conexión que sentís entre ambos. Sin embargo, Tomás tenía su fortaleza en la frescura, en su inocencia, en el amor que sentía por vos. &#8211; Se detuvo un momento y le dijo &#8211; El día que vinieron a buscarme a la granja acepté porque pude ver en sus ojos un amor real, puro y sincero por vos. Y te digo que de alguna manera él sabía que esto iba a ocurrir porque me pidió que te cuidara. Por eso acepté participar en este viaje con ustedes. Este Lukas, no nos da información, oculta algo. Si no es de Bella Mar, entonces de donde es. Cuál es su origen? A quién representa?<br />
- Ya te he dicho que lo encontraron en las playas. Vos también callaste cuando conociste a Juan, y eso no significaba nada malo en realidad. No quiero presionarlo, ya llegará el momento en que me pueda hablar.<br />
Tania la observó por un momento y le contestó:<br />
- Tengo miedo que ese momento sea demasiado tarde para vos y para todos nosotros. Es una pena que Juan haya ido a negociar al valle. De verdad me hubiera gustado mucho que pudiera conocerlo. Tendríamos así una opinión más.<br />
La emperatriz se veía un tanto desanimada y Tania la rodeó con un brazo sobre los hombros para luego decirle:<br />
- No te veo enamorada, amiga mía.<br />
- ¿Por qué me decís eso? Estoy tratando de superar la historia con Tomás. Es cuestión de tiempo.<br />
La emperatriz la miró de reojo por un brevísimo momento y le repitió:<br />
- No te veo enamorada. El amor verdadero no deja lugar a dudas. &#8211; Calló por un par de segundos y agregó &#8211; Espero que tu instinto no te falle.</p>
<p>Los hombres de la guardia la estaban aguardando cuando ambas llegaron a la casa de la gobernación. Las mujeres se separaron luego de un largo abrazo. Lukas las miraba a pocos pasos de distancia y no se inhibió ante la mirada analítica de Tania, muy por el contrario su sangre arrastraba con ella una energía belicosa que costó mantener a raya.</p>
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		<title>Capítulo XVI &#8211; El momento</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Aug 2008 21:34:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>La mañana la sorprendió con el ruido de unos fuertes golpes contra la madera de la puerta principal de la vivienda. Había dormido en una posición extraña y cuando se quiso incorporar sintió una puntada de dolor intenso en su cuello que se reflejó rápidamente en el rostro. Justamente en ese momento apareció Daniel en su habitación para avisarle:<br />
- Ben ya está aquí. – exlamó con excitación &#8211; Nos espera para visitar al gobernador.<br />
Ella no contestó y lo miraba mientras se masajeaba parte del cuello y hombro derecho, doloridos por la mala posición que tuvo durante la noche. Él continuó diciendo:<br />
- Si estás de acuerdo puedo ir yo solo, así mientras tanto descansas un poco y analizas los pasos a tomar. – la miraba con ojos esperanzados.<br />
A la emperatriz la idea le pareció fascinante y un alivio increíble ya que no consideraba que este fuera el momento adecuado para confesarle a Daniel las miles de dudas que invadían sus pensamientos. Francamente, se sentía tan confundida que no creía que en esas condiciones pudiera convencer al gobernador para organizar el éxodo de una aldea donde recién llegaban y para colmo intentar de armar una milicia en pocos días con una &#8220;compañía artística&#8221;. Sonaba ridículo y estaba completamente segura de que así era. Ella aceptó su propuesta y seguidamente Daniel le explicó la estrategia antes de partir, la cual consistía básicamente en explicar su verdadera identidad y demostrar al gobierno que estaban dispuestos a enfrentar al enemigo. Tampoco quería descartar la idea del éxodo porque pensaba que de esta forma aseguraría la supervivencia de la gente, llevándolos a los pueblos cercanos del imperio o hasta al mismísimo valle.</p>
<p>Cuando Daniel finalmente se retiró con dos de sus hombres junto a Ben, la emperatriz se quedó por unos minutos sentada entre los almohadones levemente inclinada hacia adelante y con los ojos entrecerrados comenzó a masajear en círculos el entrecejo hasta que tras un gran suspiro finalmente se puso de pie y caminó lentamente hacia la puerta mientras arreglaba su cabello. El día estaba bastante fresco pero el sol pintaba el escenario con una pizca de alegría. El pueblo de alguna manera lograba atraparla no sólo por la arquitectura tan bonita, sino por sus amistosos habitantes. Cada vez que pasaba alguna persona por la calle la saludaba haciendo un gesto con la cabeza, levantando la mano o simplemente con una mirada especial acompañada de una dulce sonrisa. Esto último era lo que más le gustaba a la emperatriz y le hacía recordar sus días felices en el valle. Lamentablemente, esa actitud también le señalaba que esta gente no estaba preparada para resistir ningún tipo de ataque sorpresivo de un ejército invasor. Decidió avisar a uno de sus guardias que daría un paseo por los alrededores y que no necesitaba que la siguieran. Ordenó además que se quedaran a la espera de Daniel e informó que ella regresaría en aproximadamente dos horas.<br />
Tal vez en forma conciente no lo sabía, pero sus pasos la guiaron uno a uno por las angostas callecitas hasta llegar al muelle: el lugar donde lo había visto por primera vez. Realmente se sorprendió al encontrarse en ese punto del pueblo, ya que estaba convencida de que había estado caminando sin rumbo fijo. El oleaje rompiendo contra el muelle la hipnotizaba, tenía una influencia poderosa sobre ella y como si estuviera en trance fue caminando sobre las tablas de madera hasta llegar a la punta del muelle mientras miraba el horizonte y el viento acariciaba su rostro.<br />
“Por fin el mar. Este mar tan inmenso, azul, poderoso frente a mí. ¿Por qué me trajiste hasta aquí?”- se preguntó sin analizarlo realmente. Entonces se sentó en el borde del muelle dejando sus piernas danzando a pocos metros de las aguas, apoyándose sobre sus brazos extendidos hacia atrás. Las olas marcaban un ritmo tranquilizador y ella podía saborear la sal en su boca cuando luego de varios minutos el crujir de la madera a sus espaldas la hicieron girar para verlo acercarse. Se miraron por un breve momento pero él se concentró en el mar, en el oleaje, en el gusto a sal. Erika sintió como toda su alma la inundaba con un inquietante sensación y en total confianza mantuvo su vista en el océano sin hacer caso a los pasos de este extraño sobre el muelle o mejor dicho, sin demostrar el inmenso interés que despertaba este extraño a pocos metros de ella.</p>
<p>La emperatriz respiró profundamente y luego de unos minutos agudizó sus oídos pero el ambiente sólo le repetía el rítmico danzar de las aguas. Mantenía los ojos entrecerrados cuando de pronto, la idea de que él se hubiera ido la despertó del trance y volvió a mirar hacia atrás en su búsqueda. Ahí estaba él, sentado a unos pocos metros de distancia, dándole su espalda y copiando su postura. Ella se quedó observando por un momento el cabello crespo del hombre y él la sorprendió al darse vuelta sin previo aviso. A modo de reacción, él volvió a su posición original en forma inmediata y ella lo imitó sin decir palabra alguna. Pasaron otros breves minutos cuando la emperatriz escuchó el crujir de la madera nuevamente y giró sin pensarlo dos veces con la intención de verlo partir. En lugar de eso, vio como él se acercaba a ella y se sentaba a su lado a unos dos metros de distancia. Sin poder disimularlo, una sonrisa conquistó su rostro.</p>
<p>Esa presencia cercana lejos de perturbarla la inundaba con una paz inexplicable. Por temor a perderla decidió no articular palabra alguna y disfrutar de ese momento sin arruinarlo. Se sentía maravillada como si apreciara una hermosa burbuja de jabón, colorida por los rayos de sol, deseando que dure lo máximo posible y a la vez conociendo perfectamente su destino. Giró por un breve momento su cabeza para cerciorarse que él continuara allí y sí, sentado sobre el muelle, a corta distancia, estaba él. La paz y la tranquilidad comenzaron a desvanecerse y el sentimiento de tener que hacer algo para no perder este momento comenzó a inquietarla cada vez con mayor prepotencia. No tardó mucho en llegar a una conclusión: este era el mejor momento que iba a tener pero estaba ante un pequeño dilema: si le hablaba era probable que lo perdiera y en caso contrario probablemente la oportunidad no se volvería a presentar. Se puso de pie, dando un paso hacia el extremo del muelle, asegurándose de que él la pudiera ver. Miró hacia el horizonte con una sonrisa y giró para encontrarse con una mirada tierna y dulce que la conmovió totalmente. Una risita nerviosa escapó por sus labios y comenzó a caminar hacia la playa pasando por al lado del muchacho, aún sentado con sus piernas colgando sobre el agitado mar.<br />
- ¿Ya te vas? &#8211; preguntó él inesperadamente.<br />
Ella se detuvo sorprendida y contestó:<br />
- Tengo que regresar ahora. &#8211; dudó por un momento y agregó &#8211; Me están esperando.<br />
- ¿Tu esposo? &#8211; se atrevió él a preguntar casi sin mirarla.<br />
Ella sonrió y negó con la cabeza, pensó por un momento y le dijo en un tono encantador:<br />
- Mañana, estaré aquí otra vez.<br />
- De acuerdo. &#8211; contestó él mirándola por un momento para luego dirigir su mirada al mar nuevamente.<br />
Ella se retiró y mientras que sus pisadas dejaban huella en la arena no podía creer que tendría una cita para el día siguiente, si es que a eso se le podía llamar cita. Ni siquiera estaba segura si él vendría o no.</p>
<p>Daniel y Erika llegaron prácticamente juntos a la casa y él no tuvo que explicar nada para que ella supiera a primera vista que los acontecimientos habían ocurrido tal como había presentido: el gobernador no estaba de acuerdo en exiliar al pueblo, ni tampoco deseaba prepararse para enfrentar al enemigo. En esto último francamente Erika estaba de acuerdo porque no veía en ellos actitud necesaria para entrar en una batalla. Ben seguía a Daniel a sólo unos pasos de distancia, totalmente contrariado por el resultado de la reunión que habían mantenido esa mañana. Los tres ingresaron a la casa acompañados por un par de hombres mientras que Daniel explicaba detalles a la emperatriz.</p>
<p>Ben comentaba que estaba especialmente molesto porque se trataba de su pueblo, su gente, su historia y estaba convencido de que el ejército invasor no iba a detenerse. No podía soportar la idea de esperar el fatídico final con los brazos cruzados, sin hacer nada, y por eso insistía una y otra vez en que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, cualquier cosa con tal de salvar aunque sea una sola vida.<br />
La emperatriz escuchaba tratando de prestar la mayor atención posible a los dos hombres que con furia daban detalle de la discusión mantenida con el gobernador. Ambos se encontraban completamente indignados ante la, según ellos, torpe decisión del político y el enojo apasionado no les permitía ver algo que para Erika resultaba algo completamente llamativo. ¿Por qué un hombre entregaría a su pueblo a un ejército enemigo sin oponer resistencia alguna? ¿Cómo sería posible que este hombre ni siquiera mostrase algún leve signo de preocupación o sorpresa ante las palabras de Ben y Daniel? Para ella era evidente que el gobernador contaba con algún tipo de participación en esto y se encontraba mucho más involucrado de lo que aparentemente demostraba. Resultaba obvio que el gobernador sabía algo que ellos desconocían.</p>
<p>La emperatriz compartió sus ideas y Daniel se quedó pensativo ante este punto de vista, pero no convenció en absoluto a Ben, quien llegó a la conclusión de que el gobernador era un arrogante, cobarde y torpe que iba a llevar al pueblo a la ruina. Estaban en este punto cuando Judith golpeó la puerta de la casa. Su rostro ilusionado cambió dramáticamente al ver la expresión de enojo e impotencia de su pareja.</p>
<p>Estuvieron debatiendo cursos de acción alternativos durante más de una hora. La emperatriz necesitaba cerciorarse de que la información ofrecida por sus anfitriones era correcta, sin embargo intentaba buscar la forma de plantearlo en la conversación sin herir susceptibilidades. Daniel y ella cruzaron miradas por un momento y se conectaron sin necesidad de palabras. Algo en sus corazones les indicaba que este era finalmente el ejército que pondría en riesgo al valle y que era necesario tomar cartas en el asunto.</p>
<p>La discusión iba subiendo de tono a tal punto que incluso en los últimos minutos no se respetaban y hablaban unos sobre otros sin lograr obviamente ningún tipo de entendimiento. Y así fue como la emperatriz decidió que era hora de poner un poco de orden. Se acercó a la mesa de negociación y el silencio automáticamente se hizo sentir en toda la casa. Miró a cada uno de los rostros brevemente y entonces dijo:</p>
<p>- Aquí considero que lo primero que debemos hacer es una inspección ocular. Armemos grupos de trabajo, analicemos la posición del enemigo y con qué recursos cuenta. – Las miradas de los participantes prestaron consentimiento. &#8211; Una vez que contemos con información más precisa vamos a poder decidir cuál es el mejor curso de acción. Es inútil discutir en este momento si debemos o no atacar y cómo proteger a la población. – Por un breve momento hizo silencio con la mirada un poco perdida y sin embargo con extrema lucidez en sus palabras continuó diciendo &#8211; Cuando tengamos información suficiente sabremos qué hacer, elaboraremos un plan y recién entonces comunicaremos a los habitantes sus alternativas y ellos deberán decidir, no pienso obligar a una sola persona a hacer lo que no desea. – remató mirando directamente a los ojos de Ben.</p>
<p>A los pocos minutos tanto Ben como Daniel salieron de la casa en búsqueda de los espías que habían aportado información y a la vez con la idea de reclutar gente para la expedición que emprenderían al día siguiente al amanecer. Así transcurrió el resto del día hasta que entrada la noche Daniel volvió a la casa y rindió cuentas a su emperatriz informando que un poco más de diez hombres viajarían al territorio enemigo. Los espías de Ben habían explicado que los destrozos en una villa al Noreste, habían causado daños graves a todas las estructuras y dejado muy pocos sobrevivientes quienes se habían desplazado a las aldeas cercanas.</p>
<p>Los días pasaron rápidamente para la emperatriz en su espera por noticias sobre el movimiento del ejército enemigo. Sin embargo cuando llegó el primer informante, el resto parecía agolparse en su puerta. Luego de cenar una noche en la pequeña vivienda junto con Daniel, resolvieron que la evidencia era abrumadora. La última vez que recibieron noticias, el grupo de salvajes se encontraba en Punta Azul, una pequeña localidad a unos trescientos ochenta kilómetros. Era una cuestión de tiempo que no jugaba a favor de ellos.</p>
<p>Mientras disfrutaban de una cena francamente deliciosa, esa noche ambos en tranquilidad analizaron la información y decidieron que no podían posponer esta decisión inevitable: Era hora de enfrentar el enemigo, pero sus hombres no serían suficientes. Daniel los llevaría al noreste, dando un giro en el mapa de modo que no afecten los poblados ya conquistados y dejándolos en una posición cercana al Valle de las Nieves desde donde podrán tener un fuerte respaldo. Por otro lado, la emperatriz deberá regresar por el camino conocido para retornar a casa y estar preparada ante cualquier eventualidad.</p>
<p>Luego de chequear la información con la emperatriz, Daniel en su ansiedad decidió salir en medio de la noche a buscar a Ben. En realidad la ansiedad de este hombre lo tenía preocupado y consideraba que era mejor se uniera ya al comando organizado en la playa cercana a la aldea para partir al amanecer. Al llegar las luces de la casa estaban apagadas y no había nadie en el lugar, salvo un par de informantes del gobernador, lo cual le hizo pensar que lo mejor sería esperarlo agazapado a cierta distancia. Nunca pensó que desde ese lugar sería testigo de un encuentro de lo más extraño.</p>
<p>Con tranquilidad golpeó la puerta principal. Ante la falta de respuesta se sentó en el porche de entrada y estuvo un largo rato esperándolo al frente de la casa hasta que finalmente lo vio llegar caminando con la cabeza gacha, mirando el camino y acercándose lentamente a la vivienda. Mientras que Ben junto a Judith daba un paso en el césped del jardín, se dijo que ese era el momento indicado y no perdió un solo segundo.</p>
<p>Lukas dio un paso al frente revelando su presencia al salir de las sombras entre la puerta y la columna de entrada a la casa. Si bien Ben se sobresaltó por un momento se distendió al ver el rostro familiar. Lo saludó con una sonrisa y un gesto afectuoso palmeando su hombro, sin embargo no podía dejar de percibir la tensión creciente en Lukas, por lo que sin dudarlo, ni pensarlo en realidad, le preguntó:<br />
- ¿Qué pasa Lukas? ¿Estás en problemas?<br />
- No. No estoy en problemas y tampoco los quiero. – completó la frase con cierto tono nervioso en su voz. En este momento Ben se preocupó y dejando sus manos sobre la cintura lo miró soslayadamente frunciendo el entrecejo por un momento e intentando de comprender de qué estaba hablando el hombre.<br />
Ante el silencio Lukas prosiguió:<br />
- Ya la voz se corrió por toda la aldea. No entiendo por qué estás asustando de esta forma a toda la gente. Aquí estamos seguros, nada va a ocurrirnos, ¿qué se te puso en la cabeza? – preguntó con fastidio.<br />
- Tranquilizate un poco. Si querés conversar, conversamos pero hablemos bien, como siempre lo hemos hecho y no en estos términos. – Judith intentó acercarse pero imprevisiblemente Lukas la empujó lo cual despertó la ira de Ben quien elevando su dedo índice le dijo en tono grave:<br />
– En lugar de venir a apurarme podrías estar colaborando con nosotros. Si sabes perfectamente que hay un ejército a pocos kilómetros de nuestro pueblo no entiendo como un hombre como vos puede ser tan cobarde y quedarse con los brazos cruzados esperando que nos ataquen, totalmente entregado, sin resistencia. – a estas alturas Lukas sacudía de un lado al otro la cabeza y suspiró profundamente.<br />
- Te repito que no hay peligro para esta aldea Ben.<br />
- ¿Y eso cómo lo sabes? Te estoy diciendo que con mis propios ojos he visto a un ejército invasor. ¡Por Dios! ¿Cómo no podés entenderlo?<br />
- El que no entiende absolutamente nada sos vos. Tenés que confiar en el gobernador. Ya hay gente hablando de irse del pueblo. Eso sí es la muerte segura, ¿cómo pensás que va a sobrevivir esa gente? ¿A dónde querés llevarlos? ¿Cómo los vas a alimentar? ¿Pensaste en todo eso?<br />
- Yo francamente no puedo creer el planteo que nos estas haciendo. &#8211; comentó indignada Judith.<br />
- ¿Nos? – preguntó Lukas entre furioso y asombrado.<br />
- Tenemos posibilidades de vencerlos. Contamos con un ejército, con hombres de verdad – dijo Ben dejando pasar un breve momento y agregó – porque con hombres como vos &#8230;</p>
<p>No tuvo oportunidad de terminar la frase. La furia de Lukas se apoderó completamente de la situación y en un momento de locura con una mano tomó a Ben del cuello levantándolo en el aire y golpeándolo contra la pared mientras lo sostenía con gran violencia.</p>
<p>Ben luchaba contra ese brazo poderoso con ambas manos resultando un esfuerzo inútil. Lukas se acercó y lo miró con furia a los ojos. Ganas no le faltaron pero de pronto su mano se abrió y Ben calló al suelo tociendo y esforzándose por recuperar el preciado oxígeno.<br />
- Pensá muy bien en lo que hablamos. Que no llegue a sucederle algo a Erika, porque no te perdonaré la vida.<br />
Dio un par de pasos hacia atrás para luego girar y caminar con rapidez cuesta abajo, dirección al mar perdiéndose entre las sombras. Y fue en ese preciso instante cuando Daniel, llegó y corrió hacia Ben para atenderlo y preguntarle qué había ocurrido.<br />
La situación lo intrigaba y preocupaba terriblemente. ¿Qué era lo que sabía este Lukas para que defendiera la postura del gobernador, por qué estaba teóricamente tratando de ayudar a la emperatriz y para colmo, sabría que era la emperatriz? Eran demasiadas preguntas para responder a la vez y Ben no estaba en condiciones. Daniel lo ayudó junto a Judith a incorporarse y lo entraron a la casa sin encontrar en él respuestas.</p>
<p>Una vez que Ben mostró signos de recuperación Daniel no pudo continuar encerrado en la casa habiendo dejado sola a la emperatriz y tal vez por puro instinto siguió la ruta de Lukas, en dirección al mar. Algo estaba ocurriendo y no podía comprender de qué se trataba. Quizás Lukas era un traidor, un espía o algo por el estilo. El ruido del mar le avisó que ya estaba próximo a la costa.</p>
<p>En la oscuridad de la noche se pudo ocultar con facilidad durante un par de horas entre la maleza cercana a la playa. La música de las olas rompiendo con fuerza sobre la blanca arena no lograba serenar a un Daniel poseído por la preocupación. La ansiedad le estaba jugando en contra y era conciente de ello, sin embargo no había nada que pudiera hacer al respecto. En algún momento creía haber perdido sus cabales y es que había pasado tanto tiempo esperando sin detectar la presencia de ninguna persona que pensaba que ya a estas alturas había perdido completamente la razón. Justo en ese momento pudo divisar a lo lejos un movimiento y prestó suma atención asegurándose de realizar el menor ruido posible de modo de no alertar al conspirador. Era un hombre alto de cabellos algo enrulados hasta los hombros que se acercaba decididamente hasta el muelle. Sin dudas, se trataba de Lukas.</p>
<p>Daniel sujetó con fuerza su espada, atento a todos los detalles y calculando que la distancia que los separaba no llegaba a los cuarenta metros. Desde el momento que tomara la decisión, pasarían treinta segundos como máximo para que ese hombre dejara de respirar. Sin embargo, su comportamiento lo desconcertaba. Lukas caminaba en círculos sobre la madera del muelle, mostrándose algo nervioso. Luego de pensarlo por un momento, Daniel llegó a la conclusión de que no era para menos ya que estaba confabulando contra el Imperio del Valle de las Nieves.</p>
<p>Lo observaba mientras el hombre acomodó nerviosamente su cabello un par de veces sin dejar de preocuparse por el cuello de su camisa que insistía en darse vuelta por el viento contra su voluntad. Daniel frunció el entrecejo pero su gesto cambió radicalmente cuando escuchó pasos fuertes y firmes aproximándose hacia su dirección. Las pisadas se escuchaban cada vez más rápido y Daniel llegó a desenfundar su espada tratando de mantener la ventaja de atacar por sorpresa en todo momento. Por un brevísimo segundo llegó a divisar la túnica de esta otra persona y sus brazos se aflojaron por un par de segundos. Esto no era posible. Seguramente estaba soñando, o peor aún, se había vuelto completamente loco. Y sin embargo era cierto. Ella corrió sin percibir su presencia a unos cuatro metros de su escondite para atravesar la playa dejando sus huellas en la blanca arena y luego entregarse en los brazos de ese hombre, que la abrazaba y besaba con toda pasión.</p>
<p>El corazón se le salía del pecho y su espada cayó al suelo entre el follaje sin que él se diera cuenta. Cada beso era un puñal clavándose en su pecho y sin embargo no podía dejar de mirarlos. La visión se le nubló y en ese momento por instinto limpió sus ojos sorprendiéndose al sentir sus manos mojadas. Miró a la pareja nuevamente para observarlos caminar abrazados por el muelle, internándose en el mar traicionero. Era su emperatriz. El gran guerrero se sintió abatido y sin pensarlo comenzó a abandonar ese campo de batalla sin rumbo fijo.</p>
<p>Por momentos quedaba al descubierto pero no lo notaba ni tampoco le interesaba. Su cuerpo se movía impulsado por una fuerza desconocida sin ningún dominio de sí y el follaje desapareció poco a poco abriendo el paso a una laguna con agua salada creada por la marea alta. Se acercó inconscientemente y se inclinó por unos minutos para encontrar sorpresivamente en el reflejo de escasa luz, con un hombre desconocido, desalineado, agotado y totalmente alterado. La visión se distorsionó cuando el galope de un caballo invadió las aguas sin previo aviso.</p>
<p>Levantó la vista pero ya no tenía tiempo para reaccionar. Un guerrero se lanzó desde el caballo sobre su cuerpo cayendo ambos sobre el suelo. Luego de dar varios giros sobre la arena logró despedirlo por los aires. Daniel se puso de pie inmediatamente pero su enemigo lo atacó nuevamente. Por sorpresa y acompañado por un grito extraño, casi femenino, recibió un golpe muy fuerte en su estómago de un arma de material y forma desconocida haciéndolo caer de rodillas ante su oponente.</p>
<p>En algún otro momento, Daniel hubiera luchado con insistencia hasta obtener la victoria pero en esa noche oscura deseó entregarse a su enemigo. Un guerrero no puede luchar con el corazón destrozado. Quedándose de rodillas levantó su rostro esperando el golpe de gracia con total resignación, sin embargo éste no llegó. La poca luz del lugar reflejaba un enemigo negro totalmente cubierto por su uniforme de guerra desplazándose a cierta distancia observándolo sin emitir sonido. La mirada de Daniel se distrajo con el caballo de su oponente, al cual reconoció inmediatamente. Sin ningún lugar a dudas se trataba de Bandido y entonces lo llamó.<br />
- ¡Bandido! &#8211; gritó por un momento y el animal contestó con un relincho sin acercarse y sorprendiendo evidentemente al guerrero.<br />
El atacante se paró firme manteniendo distancia de Daniel, mientras que con un simple movimiento quitó el casco que protegía su cabeza. Al retirarlo, una larga cabellera, que Daniel no pudo distinguir si era rubia o rojiza, se deslizó sobre el frío traje.<br />
Daniel no se movía mientras que sus ojos cruzaban duras miradas de odio. Entonces fue que le gritó:<br />
- ¡Matame! ¡Liquidame de una vez!<br />
Ella se acercó y de un puñetazo lo hizo caer sobre la arena. Mientras Daniel limpiaba su rostro escuchó:<br />
- Si hubiera querido lo hubiese hecho. &#8211; entonces sintió que la mujer lo revisaba y que sabría se encontraba desarmado &#8211; ¿Qué tipo de guerrero sos? – preguntó ella con dureza.<br />
El silencio se interrumpió por el ruido de algún pájaro nocturno. Ella siguió revisándolo y al pasar por sus piernas le quitó el cuchillo. Él se sentía aturdido, casi atontado hasta ese momento. Sin embargo el haber sido derribado tan fácilmente hirió su orgullo y este simple hecho lo impulsó a sujetar a la mujer con fuerza de sus brazos. No resultó ser buena idea ya que en pocos momentos se encontraba de espaldas sobre el suelo, dolorido hasta el último hueso. Ella se alejó inmediatamente con una mirada que no requería palabras y sin dudarlo le dijo:<br />
- Podría matarte.<br />
La respuesta no se hizo esperar:<br />
- Lo hubieras hecho si hubieras querido. – y él sonrió, sin saber el motivo, tontamente sonrió.<br />
El hechizo se rompió cuando ella buscó su casco con la mirada para luego de recuperarlo, en un rápido movimiento saltar y huir a todo galope por la playa junto con Bandido, su fiel caballo.<br />
- Con que esta es Katrina. – dijo él en voz alta mientras la veía partir y volvió a sonreir.</p>
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		<title>Capítulo XV &#8211; Vida de playa</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Aug 2008 18:31:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[Civilizaciones]]></category>
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		<description><![CDATA[Después del entrenamiento que tenía la emperatriz recorriendo todo tipo de superficies, realmente una caminata por la playa significó un placer inigualable. Disfrutaba minuto a minuto la sensación del mar rozando los dedos de sus pies junto con las cosquillas que provocaba la arena mientras llevaba sus botas colgadas sobre los hombros y el cabello [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=58&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Después del entrenamiento que tenía la emperatriz recorriendo todo tipo de superficies, realmente una caminata por la playa significó un placer inigualable. Disfrutaba minuto a minuto la sensación del mar rozando los dedos de sus pies junto con las cosquillas que provocaba la arena mientras llevaba sus botas colgadas sobre los hombros y el cabello con sus dos finas trenzas volaba alocado según el capricho del viento. Los dos kilómetros ya se habían cumplido y sin embargo no podía divisar Bella Mar; sólo se veía una playa paradisíaca, bastante sinuosa con médanos de varios metros de altura levantándose frente a ella. Los hombres se adelantaron por un momento trepando por las barrancas de arena pero al girar sus rostros reflejaban cierta desilusión. Eran únicamente playas y más playas.<br />
La emperatriz insistió sin dejarse vencer por la desilusión y luego de atravesar el primer médano comenzó a trepar ella misma por el siguiente que parecía aún más alto. Los tres llegaron prácticamente juntos a la cima y la hermosa sonrisa de la emperatriz apareció otra vez, después de largas semanas de espera. Allí estaba ante sus ojos, en donde la costa formaba una pequeña península, un pueblo de pequeñas casitas blancas redondeadas. Sus ojos se llenaron de lágrimas, al recordar su propio ambiente trasladado al mar. ¿Sería posible tener que recorrer tantos kilómetros para simplemente llegar a su hogar? La idea le parecía totalmente absurda y sin embargo era así como se sentía en ese preciso instante. Uno de los soldados la tomó del brazo, asumiendo que se habían detenido por la empinada bajada del médano. Ella se sorprendió al sentir el roce de la mano pero permitió que el hombre la ayudara a descender mientras que el otro soldado se adelantaba algo más veloz.<br />
Con gran optimismo avanzaron cruzando el mar de arena hasta llegar a divisar a pocos metros las primeras casitas blancas de techos redondeados. Las calles bien trabajadas y espaciosas con una contextura bastante arcillosa se abrían en diferentes direcciones sin seguir un diseño estructurado. Ya en los primeros cien metros comenzó a cruzarse con los habitantes del lugar quienes espontáneamente la saludaban con amabilidad y amplias sonrisas, vestidos la gran mayoría con ropas blancas muy holgadas. Miró hacia a la pequeña calle que seguía curso a su derecha para ver unos niños riendo y aplaudiendo mientras otro realizaba malabares con cuatro o cinco pelotitas de brillantes colores. Ella misma quedó por un momento hipnotizada por la habilidad del pequeño. Los guardias la animaron a seguir caminando hasta que tres muchachos jóvenes al verlos fueron a saludarlos con muestras increíbles de alegría totalmente fascinados por sus atuendos. Ambos soldados los detuvieron de inmediato en cuanto osaron alzar sus manos para tocar la ropa de la emperatriz. Lejos de asustarse aplaudieron y rieron por el acto de la guardia, totalmente convencidos de que formaban parte del la campaña artística de una obra de teatro y hasta llegaron a consultarles en que lugar realizarían la obra ya que no querían perderse el show. La emperatriz bastante sorprendida no emitió palabra alguna y los tres jóvenes decidieron hacer una exagerada reverencia y permitirles el paso para luego estallar nuevamente en carcajadas. Los soldados intercambiaron miradas entre sí totalmente desconcertados ante esta gente mientras continuaban su camino calle abajo.</p>
<p>Luego de recorrer unas cuadras llegaron a un punto donde se concentraba una multitud en silencio que seguía con sumo interés las palabras de un orador. La emperatriz lo miró por un momento pero decidió no detenerse y recorrieron un par de cuadras más hasta llegar a un gran mercado donde la gente de este pueblo ofrecía artesanías a los visitantes. Se podía encontrar desde muñecos, piezas talladas en madera, sandalias, diferentes tipos de indumentaria y otros diversos productos. El lugar era amplio y además de las tiendas se encontraban algunos músicos callejeros dando un espectáculo que realmente en conjunto fascinaban a la emperatriz y sus dos acompañantes.</p>
<p>- ¡Hola! – exclamó una joven mujer de unos dieciséis o diecisiete años de cabello castaño claro algo enrulado cayendo más allá de sus hombros.<br />
- Hola. &#8211; contestó la emperatriz con ciertas dudas.<br />
- ¿Son parte del elenco de la obra del puerto? – preguntó la joven con mucho entusiasmo.<br />
- ¿La obra del puerto? – repitió Erika con una expresión inigualable.<br />
- Sí, tus compañeros ya llegaron hace unas horas. Va a ser fantástico, ¡me encantaría tener un autógrafo de tu compañero! ¿Vienen desde lejos con la gira? ¿Ya recorrieron toda la costa?<br />
La emperatriz frunció el entrecejo y totalmente desorientada decidió seguirle la corriente a la jovencita sin saber en donde terminaría la conversación.<br />
- Sí claro. Venimos desde muy lejos y justamente nos perdimos intentando llegar hasta el lugar de la obra.<br />
- Oh… Si quieren puedo acompañarlos, no es muy lejos de aquí. – se ofreció gentilmente.<br />
La idea de tener una guía local entre toda esa muchedumbre alegró a la emperatriz y sobre todo si la llevaban cerca del mar, que de acuerdo a las palabras de Tomás era donde ellos deberían dirigirse, por lo tanto aceptó la ayuda con gratitud.</p>
<p>El camino hasta el puerto no era demasiado largo, sólo unas diez cuadras aproximadamente pero se demoraron un poco más de lo que pensaban porque la emperatriz se detenía ante cada cuadro que veía, literalmente hablando porque varias calles estaban concurridas por artistas callejeros que pintaban diferentes paisajes en su mayoría de playa, océanos y pequeños barquitos. Eso sin contar la cantidad de artesanos con decenas de productos que llamaban su atención.</p>
<p>La jovencita iba caminando dando pequeños saltitos de alegría lo cual hacía que Erika recordara el caminar de Tomás. En ese preciso instante algunas de sus últimas palabras golpearon su mente “siempre estaré contigo y encontraré la forma de hacértelo saber”. En esos momentos sus dudas se disiparon por completo y siguió a la hermosa joven con total confianza.</p>
<p>A los pocos minutos llegaron al puerto y la sorpresa de la emperatriz fue aún mayor al ver a un Daniel muerto de risa junto a Judith cerca del muelle. Al momento se cruzaron miradas y él contuvo las carcajadas para luego con una amplia sonrisa trotar hasta alcanzar a la emperatriz.<br />
- Ya íbamos a buscarte, ¿qué haces aquí? – su rostro irradiaba felicidad mientras la emperatriz lo observaba perpleja – Bueno, al menos veo que no viniste sola. Judith y Ben nos han preparado un lugar para pasar la noche en Bella Mar. Hoy habrá un festival a la noche donde estamos invitados. – expresaba con mucha alegría.<br />
Ella lo miraba totalmente sorprendida, nunca había visto a Daniel tan contento. La jovencita dio un pequeño empujoncito a la emperatriz haciendo gestos evidentes para que le presentara a Daniel.<br />
- Daniel, te presento a … &#8211; fue entonces que se dio cuenta que no tenía idea del nombre de la joven.<br />
- Tiff… me llamo Tiffany pero todos me dicen Tiff. – explicó algo nerviosa y se puso en puntas de pie para darle un dulce beso en la mejilla al guerrero y agregar – Voy a verte esta noche.<br />
- Sí claro… &#8211; contestó él entre sorprendido y halagado.<br />
Tiff estaba fascinada y con un pequeño grito de alegría giró para correr calles arriba y desaparecer de la vista de ambos.<br />
- ¿Ya tenés una admiradora? – Preguntó Judith mostrando sus grandes dientes blancos en una franca sonrisa.<br />
- Así parece. – contestó la emperatriz sin dar mayor detalle al respecto.<br />
Daniel estaba encantando de la vida y luego de tomar aire por un momento comenzó a explicar a la emperatriz que en cuanto llegaron, los pobladores de Bella Mar fueron a recibirlos convencidos de que se trataba de una compañía teatral e inmediatamente pensó que sería una oportunidad fantástica para integrarse rápidamente sin sospechas en el pueblo. La emperatriz no se mostraba totalmente convencida pero debía reconocer que la solución era simple y Daniel tenía razón. Judith se sumó a la conversación explicando que durante la noche ellos serían parte del show simulando luchas en una historia que ella relataría a los presentes. Erika sonrió y sacudió por un momento la cabeza. Esto realmente no estaba en sus planes, pero pensó que un poco de diversión no vendría mal. Entonces fue cuando apareció Ben y les pidió que lo acompañaran a la construcción donde había preparado todos los detalles para que la emperatriz pase la noche junto a su gente.</p>
<p>Luego de caminar un par de cuadras calle arriba y tomar por un callejón durante unos minutos llegó finalmente a una pequeña casa blanca de techos redondeados y ventanas con marcos azules. La puerta de madera pintada en un tono más oscuro de azul se abrió para descubrir en el interior un ambiente encantador. Los muebles eran bastante bajos hechos de caña, los pisos se encontraban alfombrados con dibujos excéntricos en colores fuertes muy bien trabajados. En lugar de sillas se veían unos grandes almohadones azules y turquesas apilados en diferentes puntos del ambiente. Había una sola ventana en forma ovalada que dejaba pasar un poco de luz, dando un toque encantador al lugar.<br />
- ¿Les gusta? – Preguntó Ben ante la falta de comentarios de sus invitados.<br />
- Creo que sí. – Contestó la emperatriz con poca definición a la vez que caminó unos metros cruzando una arcada que comunicaba con una habitación muy grande también alfombrada en tonos violáceos. Del techo pendían un par de telas en tonos marfil escondiendo una cama repleta de almohadones en tonos lilas y azules. El lugar era muy diferente a lo que había conocido hasta el momento. Volvió a la sala de estar y agradeció a Ben por haberse ocupado de encontrarles una casa donde pasar la noche.<br />
- No es nada, por favor. Realmente un gusto poder servirlos. – contestó con una amplia sonrisa para luego dar un par de pasos dirigiéndose hacia la puerta.<br />
- No tan rápido Ben. – dijo Daniel mientras la emperatriz se acercaba.<br />
- ¿Olvidé algo? – preguntó Ben un tanto sorprendido al ver que la emperatriz cerraba la puerta tras él. La expresión de su rostro cambió drásticamente cuando vio a Daniel desenvainar su espada y clavarla en el piso alfombrado con asombrosa fortaleza.<br />
- Creo que olvidaste comentarnos para qué nos necesitan. – contestó Daniel mientras la emperatriz lo observaba atenta.<br />
- Somos gente de bien, no necesitamos ponernos en malos términos, por favor, serénense. – se atrevió a aconsejar a Daniel.<br />
- Mejor tome asiento Ben – dijo la emperatriz para luego mirar a su alrededor y agregar – donde pueda.<br />
Ben ordenó con rapidez tres almohadones y tomó asiento de inmediato con cierta inseguridad.<br />
- No estamos hablando en malos términos, ni siquiera estoy armado. – explicó Daniel con tranquilidad mientras miraba el brillo de su espada clavada en el medio de la sala. – Simplemente queremos saber que es lo que ustedes necesitan. ¿Por qué les interesa que nos quedemos aquí?<br />
Ben tragó saliva y lentamente fue explicando que hacía un par de semanas habían llegado noticias de un pueblo vecino avisando que una masacre había ocurrido en una villa costera aproximadamente cuatrocientos kilómetros al norte. Los sobrevivientes escaparon al pueblo más cercano, pero los rumores decían que los invasores no tenían piedad: tomaban lo que consideraban era de valor, a algunas personas las convertían en esclavos y asesinaban a todo aquel que se revelaba, quemando las viviendas.<br />
La emperatriz comenzó a caminar en círculos por la sala mientras escuchaba el relato.<br />
- ¿Cuál es el plan? ¿Dónde esta el ejercito en Bella Mar? – preguntó Daniel más que preocupado.<br />
- No tenemos ejército. El gobernador así como la mayoría de los pobladores de esta zona son pacifistas, no hemos formado un ejército. El gobernador considera que se podrá negociar con esta gente. – Bajó la mirada por un momento y continuó – No se como piensa lograrlo, no sabemos absolutamente nada de estos invasores, salvo leyendas sobre su crueldad más brutal. La gente no tiene donde ir, no quieren dejar sus casas y están totalmente persuadidos de que se puede alcanzar una paz duradera. Nadie aquí sabe luchar con armas.<br />
La emperatriz y Daniel intercambiaron nerviosas miradas, esta información superaba todo lo que ellos habían podido imaginar.<br />
Se hizo un silencio que fue roto espontáneamente por Ben:<br />
- ¡Ustedes son guerreros! No son muchos pero están armados y saben pelear. – Casi en un susurro agregó – Son nuestra última carta en este juego.<br />
- ¡La guerra no es un juego Ben! – dijo Erika levantando la voz. &#8211; ¿Qué estás diciendo? ¿Nos decís que están esperando un ataque enemigo y lo van a derrotar con una obra teatral? ¿Han perdido la razón acaso?</p>
<p>Daniel se había puesto de pie tomando la espada y enfundándola nuevamente. Tomó a Ben de las ropas y con seriedad lo levantó prácticamente en el aire estrellándolo contra una de las paredes, tal vez sin intención.<br />
- Ya mismo necesito la ubicación del pueblo atacado y que me lleves con tu gobernador. &#8211; le dijo con autoridad.<br />
- Las cosas no funcionan así aquí. Por favor, paciencia. Te diré todo lo que necesites, puedo hasta darte un plano con la ubicación de las aldeas cercanas. Pero no podés ir directamente con el gobernador ni dirigirte de esta forma al pueblo. ¡Necesitas llegar de otra manera! – gritó ya al final luchando contra la mano de Daniel que lo tenía prisionero contra el muro.<br />
Daniel lo soltó rezongando que esta situación era increíble. Se acercó a la emperatriz y le dijo:<br />
- Erika, inmediatamente debemos alertar a todos los puestos de control. Finalmente los hemos encontrado. Y aún no se cómo pero debemos evacuar a toda esta gente.<br />
- Hoy a la noche el gobernador estará presente durante los festejos, será un buen momento para plantearle la situación. – explicó Ben – Tené en cuenta que sólo el gobernador y muy pocas personas estamos al tanto de estos acontecimientos.</p>
<p>Minutos más tarde, Daniel, Ben y la emperatriz caminaban de regreso al puerto con las mentes totalmente absortas en como solucionar esta situación. Al llegar cerca del muelle Ben fue en busca de Judith a toda velocidad para ponerla al tanto de lo ocurrido, mientras que Daniel ordenó a todos los guardias que vayan en búsqueda de sus compañeros y alerten de la situación a todo el imperio. Debían estar en estado de guardia activa en cada punto del territorio y sus servicios podrían ser requeridos en cualquier momento.</p>
<p>Y fue justamente en ese preciso instante cuando ella lo vio por primera vez. Una pequeña balsa se acercó al muelle con un hombre parado sobre ella sosteniendo un remo en sus brazos. Tomó una soga para lanzarla al poste del muelle y enlazarla con suma habilidad, asegurándose que la marea no se lleve su pobre embarcación. Tenía el cabello oscuro y bastante enrulado, de hombros anchos y ojos verdes oscuros. Saltó de la balsa al muelle, levantó la vista y la miró mientras que sus blancos pantalones algo cortos empapados dejaban caer gotas saladas de mar sobre la madera del muelle. Sus miradas se conectaron por un breve momento y ella lejos de sostenerla salió corriendo inmediatamente en búsqueda de Daniel como si hubiera visto a un fantasma.</p>
<p>A las pocas horas Daniel explicó a la emperatriz que ya había impartido las órdenes a sus hombres y que estimaría en un par de días estarían listos en el destacamento de la playa pero no perdió la oportunidad para aclararle que consideraba muy importante que la población civil abandonara el lugar: si iban a enfrentar una batalla, no podía dejar a toda la gente en riesgo. Los dos estuvieron de acuerdo y fueron en búsqueda de Ben y Judith para planear la manera de acercarse al gobernador esa noche. Los dos se encontraban en un local frente al mar, tomando unas bebidas directamente de los frutos. Tanto Ben como Judith bajaron la mirada al verlos llegar, pero se compusieron al percibir que sus invitados no estaban furiosos. Pronto participaban activamente en argumentar estrategias para acercarse al gobernador sin levantar sospechas. Sería bastante sencillo realizarlo en medio de la función, aprovechando uno de los actos en los que simularían una lucha. De hecho, otra posibilidad era que la función le gustara mucho y el mismo gobernador quiera saludarlos. Ni la emperatriz ni Daniel estaban de acuerdo con esta posibilidad pero no podían negar que sería tal vez una alternativa.</p>
<p>Él entró en el mismo local ahora con un bolso de tela en vivos colores colgado en forma cruzada de su hombro derecho. Se acercó al empleado para ordenarle algo y luego tomó asiento a unos cinco metros de donde estaba la emperatriz. Ella miró la camisa blanca sin mangas ni cuello para sorprenderse nuevamente con una mirada directa de este hombre desconocido. La barba estaba crecida de unos pocos días y le daba un aspecto algo sombrío y misterioso. Ella desvió la mirada pero a los pocos minutos no pudo evitar volver a mirarlo para encontrar nuevamente esos ojos fijos en ella. El sonrió y ella reprimió el impulso de esconderse bajo la mesa. Se dijo a sí misma que debía comportarse, por lo que la seriedad se hizo presente en su expresión y se concentró en seguir la conversación que se estaba siguiendo en su propia mesa, sin poder evitar sentir la mirada sensual de ese hombre misterioso.</p>
<p>Judith y Ben finalmente los invitaron a cenar en su casa antes de los festejos de la noche por lo que al poco tiempo de decidir la estrategia a seguir, los cuatro abandonaron el local para caminar con una contradictoria tranquilidad hasta el hogar de la pareja. En el camino, Daniel preguntó:<br />
- ¿Quién era ese hombre?<br />
- ¿Qué hombre? – contestó ella.<br />
El rostro de él reflejó cierta preocupación y volvió a preguntar:<br />
- ¿Va a ser un problema?<br />
- No. – mintió ella unos segundos más tarde.</p>
<p>Luego de cenar liviano en la bonita casa de Ben y Judith se dirigieron al centro de Bella Mar. Se trataba de un espacio abierto con el suelo cubierto por adoquines bien calzados al cual se llegaba luego de recorrer laberintos de callejones. Cuando llegaron ya había una multitud agrupada algunos escuchando música, otros charlando y algunos otros riéndose ante la actividad circense de ciertos artistas callejeros.</p>
<p>Ben los guió hasta llegar a la parte de atrás de un escenario improvisado en una de las esquinas del lugar y habló con ellos por un momento mientras los presentes se iban acomodando lentamente frente al escenario. Presentó a otros integrantes del grupo de teatro y rápidamente todos acordaron las directivas. Judith salió al centro del escenario y comenzó a relatar una historia frente a todo el pueblo y especialmente al gobernador allí presente. Esta historia se trataba nada más y nada menos que de un ataque a una población cercana a Bella Mar. Ben escapaba tras ella hasta encontrar a la emperatriz quien empuñaba su espada brillante bajo la luz de las antorchas. Simulaban una travesía en la cual todo el pueblo los seguía hasta encontrarse con el enemigo, un poderoso Daniel que se enfrentaba en la ficción a la emperatriz. Ella no pudo disimular una sonrisa al momento de verlo, cuando en realidad debía gritar con ira que estaba expulsado del territorio. Realizaron unos trucos con sus espadas, muy aplaudidos de buena gana por la multitud, mientras que ellos sinceramente tuvieron que contener la risa porque no podían entender como un pueblo podía estar tan divertido con una actividad que ellos relacionaban sólo con la muerte, la sangre, la tristeza y la miseria. Evidentemente, esta gente no tenía idea de qué significaba estar en guerra.</p>
<p>Sin embargo la obra no pasó desapercibida para el gobernador, quien junto a sus más cercanos asesores seguían con expresión seria la escena que estaban dramatizando, contando de alguna forma la situación que realmente estaba ocurriendo en algunas localidades vecinas. Todo el público restante reía y festejaba la actuación.</p>
<p>Lo vio por solo un momento pero la emperatriz lo pudo distinguir entre todos porque a diferencia del resto de los presentes, su mirada fue fría y seria, casi lejana. Parecía que la encantadora mirada de hacía unas horas ya no existía y esta vez, fue él quien escapó sin soportar la mirada de Erika.</p>
<p>La obra era una ficción de todas maneras, y habían acordado terminaría con la firma de un tratado de paz, y así fue. La gente presente aplaudía y festejaba a todo pulmón. Les costó poder desplazarse en el lugar, por el tumulto que se había formado pero ese problema fue resuelto por los hombres del gobernador quien al acercarse, dijo a Ben:<br />
- ¿Te crees muy inteligente? ¿Por qué querés alterar a todo el pueblo?<br />
- No es alterar, debemos alertar. ¡No quiero que mi pueblo muera!<br />
- ¿Quién es esta gente? – preguntó.<br />
- Ellos pueden ayudarnos, Sr. Gobernador. Tiene que escucharnos.<br />
- Te veré mañana a primera hora en la gobernación, sos vos quien debe comprender. – Espetó el hombre algo bajo y excedido en peso.</p>
<p>La emperatriz y Daniel no articularon palabra alguna, porque ante este corto diálogo, ya sabían lo que ocurriría. Parte del pueblo se exiliaría con ellos en el imperio y una gran cantidad de gente sería asesinada. La cantidad de muertos, dependería en gran medida del resultado de la reunión que mantendrían al día siguiente con el gobernador.</p>
<p>A los pocos minutos los integrantes del imperio junto con la pareja anfitriona habían logrado escaparse de la multitud y ya se encaminaban hasta la casa que Judith y Ben habían ofrecido para pasar la noche. Al doblar en una esquina estaba él parado mirándolos fijamente como un gato a su presa, mientras se recostaba sobre una pared.</p>
<p>- ¡Buenas noches Lukas! – saludaron Ben y Judith al pasar, recibiendo un simple saludo con la mano como única respuesta.<br />
Esta vez las miradas de Erika y Lukas se mantuvieron desafiantes en el aire por unos cuantos segundos hasta que Daniel la tomó de un brazo obligándola a apurar el paso.</p>
<p>- ¿Quién es ese hombre? – Preguntó Daniel con preocupación en su tono de voz.<br />
- ¿Lukas? – sonrió Ben por un momento y la mirada de Judith se iluminó a la vez que lo hacía callar ya que ella misma quería contar la historia. Cuando decidieron entre ellos quien contaría la historia, ella dijo:</p>
<p>- Fue durante el otoño del año pasado. Justo se estaba celebrando el festival del quinto año de la gobernación cuando fuimos a preparar las playas. Toda la fiesta se había organizado sobre la costa, con fuegos artificiales &#8211; hizo una pausa y continuó &#8211; fue todo una belleza, realmente espléndido. Toda Bella Mar se disfrazó para celebrar la gobernación, nuestra organización como ciudad. &#8211; Se percató que no era esto lo que sus invitados deseaban escuchar y se volvió a encauzar &#8211; La cuestión es que a la mañana temprano fuimos junto con otros colegas a comenzar con los arreglos cuando vimos a la distancia un movimiento en la arena. – Respiró por un breve momento y continuó el relato &#8211; La verdad que yo al principio no podía distinguir nada y teníamos tanto peso con los instrumentos que no estaba realmente interesada en ver que era ese movimiento en la arena a la distancia. Por supuesto, no tenía idea de qué se trataba. Pero, ¿te acordás de Luis? – le preguntó sin esperar respuesta de Ben y prosiguió – Insistió tanto pero tanto, que finalmente caminamos bastante por la playa y nos encontramos ni más ni menos que con Lukas sin fuerzas desplomado sobre el costado de una roca. Estaba conciente pero no decía una sola palabra y nos miraba con indiferencia casi sin reaccionar. Estuvo realmente mucho tiempo así, como perdido. Recién después de varias semanas nos dijo que se llamaba Lukas.<br />
- ¿Pero de donde vino? – preguntó Daniel.<br />
- Fue un regalo del mar. – comentó Judith con una mirada soñadora que fue censurada por Ben inmediatamente.<br />
- ¿Y todavía no habla? – preguntó por primera vez la emperatriz.<br />
- Más o menos. Debe haber pasado por una crisis o algo así, pero se ha comportado muy bien con todos nosotros. &#8211; Y entonces fue que hizo incapié en las bondades de Lukas &#8211; Ayuda a los pescadores, también en la construcción de las viviendas. Es muy callado. – añadió Judith pensativa para luego continuar diciendo casi al llegar a la vivienda donde dejarían a la emperatriz y Daniel &#8211; ¿Te acordás del día de la demolición? Pobre hombre, casi no podía respirar, no se como no murió al instante.<br />
- ¿Qué ocurrió? – preguntó curiosa la emperatriz.<br />
- Estaban trabajando cerca de la gobernación demoliendo parte de un edificio cuando la maquinaria se desbalanceó y la masa lo golpeó en el medio del vientre. Yo creo que si lo hubiera estrellado contra una pared, no cuenta la historia. Supongo que sobrevivió porque lo desplazó por los aires nada más. Tenía hasta las manos ensangrentadas y no dejaba de escupir sangre. Realmente esperábamos lo peor. &#8211; aclaró con soltura Ben. &#8211; De todas maneras es un milagro que haya sobrevivido. Hubo que atenderlo varios días hasta que se recompuso. – se interrumpió por un momento y finalmente Ben dijo &#8211; ¡Llegamos!</p>
<p>En ese punto se despidieron y la emperatriz ingresó junto a Daniel en la casa. Al cerrar la puerta tras ellos, la emperatriz explotó en llanto sin que Daniel tuviera la capacidad suficiente para contenerla ni entender la situación. Pasadas unas horas, ambos se quedaron dormidos sobre decenas de almohadones azules, turquesas y lilas.</p>
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		<title>Capítulo XIV &#8211; Un tamborcito</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Aug 2008 23:02:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>El armonioso sonido del agua corriendo entre las rocas la había sumergido en una especie de transe mientras su mirada se perdía en los miles de colores reflejados por el brillante sol de esa mañana sobre la superficie del río. La naturaleza en su máximo esplendor la rodeaba con sus cálidas ramas en infinitos tonos y matices mientras que los pasos fuertes de un hombre la trajeron bruscamente a la realidad. Desvió su mirada para encontrarse con un Daniel repleto de energía aproximándose. Sin decir palabra y con una amplia sonrisa se sentó junto a ella para disfrutar de ese maravilloso río.<br />
- Los hombres ya están listos, Erika. Podemos partir en cuanto lo ordenes. – Comentó Daniel.<br />
- En un momento. – contestó ella sin desviar la mirada de la corriente. Luego consultó &#8211; ¿Tenemos novedades del Valle?<br />
- El último hombre partió hace varios días. En cuanto llegue el recambio sabremos como está todo. – Respondió él.<br />
La emperatriz se puso de pie y preguntó:<br />
- ¿Qué sabemos de los destacamentos?<br />
- Bueno, hasta donde sabemos el Pueblo de Almeda estaba comenzando los intercambios comerciales con el valle. El destacamento del bosque no reportaba cambios. – Se quedó pensando por un momento y con una sonrisa agregó &#8211; En la Villa Nidera tenemos una representación importante ya que varios hombres decidieron quedarse en el lugar formando nuevas familias. Y por otro lado, el intercambio entre el pueblo de Almeda y la villa se encuentra en pleno desarrollo. – Explicó Daniel satisfecho.<br />
- ¿Ningún ejército enemigo a la vista?<br />
- Aún no, Emperatriz, pero debemos estar alerta. – Contestó él con seguridad.</p>
<p>Parecía que la emperatriz iba a decir algo pero guardó silencio, intrigada por el movimiento de la tropa cuando de pronto lo pudo divisar. Era Maiko junto a un grupo de nideros, acompañado por Bandido. Sonrió y se acercó inmediatamente al grupo junto con Daniel para saludarse amablemente con el hijo del lider nidero. Tania también se unió al grupo con entusiasmo, más que nada interesada en Bandido.<br />
- Me da gusto que continúen el viaje. – Confesó Maiko – Mi padre dice que sería bueno para mi formación que pueda acompañarlos. Podemos aportar diez hombres más a tu tropa y estamos dispuestos a obedecer las órdenes de Daniel.<br />
La emperatriz no necesitó meditarlo demasiado tiempo y sin hacerlo esperar contestó:<br />
- Toda tu ayuda es bienvenida, Maiko.<br />
El muchacho sonrió y se dirigió a sus hombres en su lengua nativa. La alegría de los nideros fue evidente.<br />
- ¿Nos devuelven a Bandido? – preguntó Tania.<br />
- No hemos podido domarlo; no permite que nadie lo monte. Tampoco hemos podido utilizarlo para el trabajo. – Se rió por un momento sacudiendo la cabeza y luego agregó – Mi padre no lo quiere más.<br />
Como si hubiera comprendido las palabras, Bandido dio un relincho nervioso y Tania hizo lo posible por tranquilizarlo.<br />
- Daniel, prepara la tropa para comenzar el viaje. – anunció la emperatriz en forma imprevista.<br />
Para Daniel estas palabras, que por tanto tiempo había ansiado escuchar, eran como música para sus oídos.</p>
<p>Tania y Juan se miraron con picardía y comenzaron a desplazarse junto a la tropa en forma ordenada. Daniel seguía a la primera línea de cerca mientras que detrás dejaba a los hombres trabajando en el canal y un pequeño asentamiento a orillas del río al cual bautizaron como Río Grande, por su importante caudal.<br />
Siguieron la ruta que marcaba el río por varios días, preparando pequeñas fogatas por las noches, cerca de la costa. Si bien las estrellas los acompañaban durante las altas horas, los nideros tenían cierta dificultad para descansar. El hecho de tener que dormir sobre el suelo los hacía sentir inseguros por la falta de costumbre. Poco a poco gracias a la importante participación que les daba Daniel en las tareas fueron ganando confianza y haciendo amigos entre la tropa.</p>
<p>Durante el día se detenían en forma programada para descansar, alimentarse y aprovisionarse. El grupo estaba funcionando de maravilla, aunque la emperatriz no podía ignorar a Juan, el único que se mostraba totalmente reservado sin integrarse del todo con sus hombres. Y ella no era la única que había notado esta situación; por supuesto Tania había percibido la distancia que Juan estaba marcando entre él y el resto del grupo; sin embargo, había decidido aguardar a que Juan mismo estuviera listo para confiarle el problema.<br />
Cierto día durante uno de los descansos, Juan se acercó a Tania y le dijo de improviso:<br />
- Tania, no podemos seguir así. Tenemos que hablar. – bajó la mirada con cierta preocupación, haciendo un esfuerzo por enfrentarla.<br />
- ¿Cómo que no podemos seguir así? ¿Qué me querés decir? – contestó ella con cierta alteración.<br />
- Eso mismo. Quiero decirte que no puedo continuar. – le dijo esta vez sosteniendo la mirada.<br />
- Pero, Juan, explicame qué es lo que te está pasando. – preguntó Tania brindándole toda su atención.<br />
- ¿Qué está ocurriendo aquí? – interrumpió por sorpresa la emperatriz observándolos a ambos analíticamente.<br />
- Este río nos va a llevar al mar y yo no puedo llegar hasta ese punto. – contestó él con cierto nerviosismo en tono elevado.<br />
- ¿Por qué? ¿Qué hay en el mar, Juan? – preguntó la emperatriz.<br />
Se hizo un silencio incómodo para todos. Finalmente Juan suspiró y con evidente consternación confesó:<br />
- No puedo traicionar a mi gente, Emperatriz. Perdón, pero hasta aquí he llegado.<br />
A esa altura todo el grupo se había detenido al notar que la emperatriz no avanzaba y Daniel se acercó a ellos para averiguar el motivo de la demora.<br />
- Daniel, por favor acompáñanos. – Solicitó la emperatriz mientras se alejaba del grupo en compañía de Juan y Tania. Caminaron unos cuantos metros internándose en el bosque que rodeaba el curso del río y una vez que la emperatriz tomó suficiente distancia de la tropa se detuvo bajo la copa de un árbol añoso para mirar a Juan a los ojos y preguntarle sin rodeos:<br />
- ¿Dónde está el enemigo?<br />
Para sorpresa de todos Juan contestó de inmediato sin pestañear:<br />
- Sólo sé que ellos dominan el mar, recorren las costas primero y luego que están asentados conquistan el interior del territorio. – El gesto de Juan cambió de preocupación a tristeza, hecho que no fue ignorado por la emperatriz mientras que le explicaba – Yo fui parte de ese ejército y sé lo que somos capaces de hacer. Lamentablemente, no tendrás oportunidad ante un enfrentamiento.<br />
El golpe certero dado por Daniel en el riñón izquierdo con la empuñadura de su espada lo tiró al suelo en el medio de quejidos de dolor. Tania se lanzó sobre él protegiéndolo con éxito de un próximo ataque, ya que Daniel no deseaba lastimarla y sólo se limitó a levantar la voz ante la frustración.<br />
- ¡Basta Daniel! ¡Es suficiente! – ordenó la emperatriz.<br />
- Este hombre sabe donde está nuestro enemigo. ¡Debemos encontrarlo y destruirlo! – Gritó Daniel y luego agregó dirigiéndose a Juan a viva voz &#8211; ¡Cómo te atreves a poner en duda el poder de nuestro ejército!<br />
- Daniel, he dicho que es suficiente. – La emperatriz apoyó ambas manos en su pecho y lo empujó unos metros apartándolo de Juan y Tania. En voz más baja le dijo – Ya tenemos confirmación de que vamos en dirección correcta. Prepara al ejército para un enfrentamiento en pocos días. Debemos estar listos.<br />
El guerrero luchaba contra su propia frustración por un momento pero comprendió la orden y a paso firme regresó con la tropa al costado del río. Mientras tanto, la emperatriz giró para encontrarse con Tania llorando en los brazos de Juan. El cuadro la encolerizaba y sensibilizaba al mismo tiempo originando un debate interno que le molestaba profundamente. Se preguntaba a sí misma cómo era posible semejante situación mientras se acercaba con lentitud a la pareja. Al percibir que la Emperatriz había llegado a una determinación, Tania le habló solicitando clemencia:<br />
- Erika, él no nos traicionó. Nos salvó la vida en el monte, nos acompañó todo el camino y nos dice la verdad. – le suplicaba con ojos borrosos por las lágrimas.<br />
- La verdad. ¿Cómo podrías saberlo? Un soldado desertor. Eso es, ni más ni menos. – respondió la emperatriz con disgusto.<br />
El hombre se puso de pie y le dijo con cierto valor en la voz:<br />
- No soy un desertor. Jamás lo fui ni lo seré. – Hubo un breve silencio que ambas mujeres completaron con miradas incrédulas para luego seguir escuchando. – Mi Señor falleció y jamás estaré bajo el mando de Katrina. Nunca estuve de acuerdo con su política. Sin embargo, no puedo enfrentar a mi pueblo, a mi gente. Por lo tanto, te pido, me dejes regresar. Nunca traicioné a nadie y no lo haré con tu reino.<br />
La emperatriz lo evaluaba críticamente y aún no había llegado a una decisión. Sabía que este hombre había colaborado con ellos y tampoco olvidaba la relación que mantenía con Tania. De pronto le preguntó:<br />
- ¿Cómo puedo saber que realmente no desertaste?<br />
- Por Bandido. – Contestó cerrando los ojos por un breve momento y continuó diciendo &#8211; Es el caballo de Katrina. Luego de una discusión acordamos que yo seguiría mi rumbo solo y me dio su caballo, en un gesto de camaradería. Es terrible. El animal jamás me dejó que lo montara. Es tan salvaje como su dueña.<br />
- Esto no me dice demasiado. – pensó en voz alta para luego preguntar &#8211; Tania, ¿amas a este hombre?<br />
La mujer la miró con un gesto que no dejó lugar a dudas. Entonces la emperatriz continuó diciendo:<br />
- Regresen al haras, ambos. Si los necesito, los haré llamar.<br />
- Pero emperatriz, Erika, yo estoy desde un principio en la misión. – se quejó Tania.<br />
- Es cierto y ya hiciste mucho por nosotros. Si no hubieras traído a este hombre, probablemente nuestras vidas hubieran terminado en el monte. Ahora hemos recibido la advertencia sobre la presencia enemiga. – Apoyó una mano en el brazo de Tania y le dijo – Te tengo en cuenta como una verdadera amiga. – Bajando la voz y en un tono cómplice agregó a oídos de Tania – Disfrútalo pero no lo pierdas de vista. Volveremos a vernos.<br />
- Emperatriz – agregó Juan a unos metros de distancia – Si los ven venir, no los enfrenten. Salven sus vidas.<br />
La emperatriz no contestó admirada por la desfachatez de ese hombre y luego de mirarlo con desprecio por un momento abrazó a Tania con un profundo sentimiento. Después los dejó bajo el viejo árbol de testigo mientras ella se reincorporaba a las filas de la tropa y continuaba su camino hacia el mar.</p>
<p>Pasaron cinco días más de marcha siguiendo la ruta que marcaba el río bajo un sol que se hacía sentir cada vez con mayor fuerza. Daniel custodiaba a la emperatriz de cerca porque sabía que por más que ella se mostrara fuerte frente a la tropa, internamente tenía los mismos temores que todos los demás, sumado al hecho de que dos de sus aliados más cercanos, Tomás y Tania, habían tenido que partir recientemente. Se prometió a sí mismo en silencio, como si ella ya no lo supiera, que jamás le fallaría. Estaba concentrado en estos pensamientos cuando uno de los hombres que encabezaba la formación alertó al resto sobre un posible asentamiento a unos ochocientos metros en dirección noroeste. Para poder visualizarlo debían escalar una pequeña colina arcillosa con suma discreción para no ser descubiertos. Ordenó en forma inmediata que se detenga la marcha y sigilosamente comenzó a trepar la colina agazapado como un animal en plena cacería junto al soldado guía. La emperatriz lo seguía con la mirada demostrando profundo interés.<br />
Poco a poco Daniel se fue acercando al punto más alto y muy rápidamente espió el horizonte, quedando neutralizado por un par de segundos que no fueron pasados por alto por la emperatriz, quien comenzó sin perder el tiempo a escalar la colina para llegar junto a él. Cuando ella estaba a mitad de camino él giró su rostro para mostrar una enorme sonrisa y hacer gestos nerviosos invitándola a acercarse:<br />
- No vas a poder creer esto, vení. – le dijo con entusiasmo.<br />
Ella lo alcanzó y quedó hipnotizada desde el momento que su mirada se dirigió al horizonte.</p>
<p>Un color verde esmeralda se intensificaba mezclándose con el azul oscuro y la blanca espuma del mar. Los ojos se inundaron de emoción mientras dejaba que la ventisca golpeara su rostro. Esa inmensa masa de agua estaba justo frente a ella. Había leído muchos libros sobre el mar pero esta era la primera vez que se conocían y prometía ser una experiencia emocionante. Desvió la mirada a la izquierda para encontrar a menos de cincuenta metros, una casilla de madera blanca que parecía abandonada. Daniel llamó al soldado y le dio instrucciones para inspeccionar el lugar. El hombre cruzó sigiloso la colina y corrió sobre esa nueva superficie de arena y vegetación virgen hasta la humilde construcción. Con un cuchillo en la mano golpeó la puerta haciéndola volar hacia el interior. Esperó por un breve momento y entró al lugar para salir desilusionado a los pocos segundos. Sin perder la actitud alerta revisó la vegetación cercana sin encontrar amenaza alguna.</p>
<p>Recién entonces Daniel junto a la emperatriz cruzaron la colina seguidos por la tropa hasta llegar a la costa. Erika se detuvo a pocos metros del agua mientras los hombres decidían descansar por el resto del día y dejaban toda su carga sobre la arena, cerca de la casilla de madera. Los ojos de Erika seguían a los pequeños peces que a toda velocidad nadaban contra la corriente muy cerca de la orilla. Decidió quitarse las botas y se internó lentamente en el mar, sorprendiéndose agradablemente al sentir que el agua no estaba demasiado fría. El grito de Daniel desde la costa mientras corría en su dirección la hizo regresar a la realidad de inmediato. Por supuesto que para desilusión de la emperatriz, sus fuertes pisadas espantaron a los peces que la rodeaban. Al llegar la tomó de un brazo y le preguntó qué se suponía que estaba haciendo.</p>
<p>- Por favor, Daniel. No te preocupes, no voy a hacer ninguna tontería&#8230; – y fue lo último que dijo porque una ola los arrastró a ambos con fuerza hasta la playa. La tropa lejos de ayudarlos disfrutaba del espectáculo a carcajadas. El se alejó tratando de arreglar sus atuendos mientras que ella feliz de la vida regresó al mar siendo imitada por varios soldados.</p>
<p>Casi media hora más tarde ella decidió salir de las aguas para aproximarse a Daniel, sumergido en sus propios pensamientos, sentado cerca de Bandido quien parecía mirarlo con suma curiosidad.</p>
<p>- Daniel, un poco de diversión después de tanto caminar no hace mal a nadie. – Lo miró con dulzura y agregó mientras se acomodaba a su lado – Mi Tomás… &#8211; suspiró y continuó diciendo ante el silencio de Daniel – &#8230; me hizo venir a este lugar maravilloso. Una pena que no pueda estar aquí con nosotros ahora.</p>
<p>Se hizo un breve silencio porque el comentario hizo reaccionar a Daniel quien le confesó:</p>
<p>- Y me pregunto, yo: ¿Qué haría él aquí? Si estuviera, por supuesto. ¿Para qué nos hizo venir hasta aquí? Supuestamente en el mar está el enemigo. No lo entiendo Erika.<br />
Pero Erika prestaba atención a otra cosa. En un punto a pocos metros de distancia en la arena el brillo del sol tenía especial fuerza y ella no dudó en acercarse abandonando momentáneamente a su amigo. Se veía entre la arena y la vegetación al costado de la pequeña construcción de madera un objeto reflejado y al acercarse y quitar la arena que lo cubría parcialmente, se encontró con un tambor adornado con metal dorado y lazos azules a los costados. Lo tomó con suma curiosidad en sus manos para examinarlo mejor. El rostro se iluminó cuando comenzó a tamborilear al principio lenta y suavemente para luego con entusiasmo generar un ritmo simple pero pegadizo que llamó la atención de los soldados. Sin embargo, no fue a los únicos que llamó la atención, porque algunos soldados detectaron a pocos metros, tras unas plantas un movimiento inusual.</p>
<p>Con un gesto simple, Daniel envió a un par de guardias para investigar la zona. La tarea resultó muy sencilla porque en cuanto se aproximaron un hombre alto de cabello muy corto y una mujer de formas provocativas se expusieron con ambas manos en alto y rostros desconcertados. Los dos vestían túnicas blancas y unas sandalias rudimentarias, tal vez hechas con tallos de plantas.</p>
<p>Las brillantes espadas de los tres soldados brillaban bajo el sol del mediodía mientras que la pareja dubitativa examinaba a los hombres. Daniel se acercó rápidamente pero se tranquilizó al constatar que ambos estaban desarmados. Fue entonces que sin bajar la guardia, se atrevió a presentarse:<br />
- Soy Daniel y estoy al mando del Ejercito Imperial del Valle de las Nieves. ¿Cómo se llaman?<br />
La mujer sonrió brevemente con cierto nerviosismo y volviendo a subir los brazos ante la amenaza de uno de los soldados respondió:<br />
- Me llamo Judith, él es Benjamín.<br />
Por alguna razón que Daniel no podía ni le interesaba entender, Benjamín en ese mismo instante tomó una tonalidad rojiza que hacía resaltar una barbilla dorada de varios días.<br />
- ¿Qué hacen aquí? – preguntó Daniel.<br />
El hombre entonces se quiso adelantar pero los soldados no se lo permitieron. Desde su lugar explicó:<br />
- Estuvimos anoche en estas playas en la fiesta de Bella Mar y estábamos buscando algunas cosas que habían quedado olvidadas.<br />
- ¿Cosas como esta? – Preguntó la emperatriz haciendo sonar el tambor.<br />
- Eso es mío, señora. – Contestó el hombre con seriedad.<br />
- Y dígame, ¿cómo puedo saberlo? – preguntó ella un tanto divertida por la situación. Fue la mujer quien contestó:<br />
- Al dorso mi hijo lo marcó con tinta azul. – La pareja intercambió miradas con nerviosismo.<br />
La emperatriz un tanto sorprendida giró el tambor y en su parte interna efectivamente había un trazo errático en tinta azul, probablemente una &#8220;M&#8221;.<br />
- ¿Dónde viven? – preguntó Daniel con seriedad.<br />
- Somos de Bella Mar, queda aquí cerca sobre la playa. – contestó él inmediatamente.<br />
Los soldados lentamente se alejaron de la pareja luego de recibir una mirada casi imperceptible de Daniel. Judith y Benjamín se relajaron un poco con este gesto y se tomaron de la mano, lo cual simpatizó a la emperatriz.<br />
El ruido de las olas estrellándose en la costa marcaba de por sí un ritmo especial al lugar y Erika en forma inconsciente lo acompañó por un momento con sus dedos sobre el llamativo tamborcito.<br />
Daniel se acercó a la pareja y volvió a interrogarlos.<br />
- ¿Qué distancia hay desde aquí hasta Bella Mar?<br />
- Dos kilómetros aproximadamente. &#8211; contestó él intentando sonreir.<br />
Daniel los miraba con cierta desconfianza porque ambos colaboraban en forma abierta con él y naturalmente no era algo a lo que estuviera acostumbrado.<br />
Judith regaló a su compañero una mirada turquesa de alegría, dando en un simple parpadear toda la sensación de que habían mantenido una conversación durante horas.<br />
La emperatriz personalmente se acercó a ellos y entregó el pequeño tambor a Benjamín, cuyo rostro se iluminó de felicidad y agradecimiento no tanto por el tambor en sí, sino porque sabía que sus vidas ya no estaban en peligro.</p>
<p>Los hombres del ejército a esa hora del día se encontraban en una franca posición de descanso y Daniel se encargó de asignar a cada uno su tarea para levantar una vez más un nuevo refugio. El equipo nidero estaría a cargo de proveer alimentos ya que estaban algo mejor familiarizados con la fauna y flora del lugar. Tanto fue así que en poco tiempo ellos utilizaron sus redes de río para la pesca en el mar. Las dificultades no tardaron en aparecer ya que el oleaje no les hacía la tarea sencilla. El resto de los hombres armaron lentamente una especie de carpa sobre la arena y aprovecharon la pequeña construcción de madera blanca para guardar los elementos más valiosos.</p>
<p>La emperatriz mientras tanto se había quedado cerca de la pareja conversando sobre Bella Mar. Este pequeño pueblito se dedicaba principalmente a la pesca, explotación de perlas, algo de agricultura y aparentemente contaban con algunas industrias básicas como ser la producción de sal, aceite, perfumes y algunas otras más.</p>
<p>Judith era muy simpática con una franca sonrisa y un brillo especial en su mirada cada vez que mencionaba el nombre de Benjamin. Conversaron por largas horas como si se conocieran de hacía mucho tiempo atrás. La cualidad de Bella Mar que cautivó a la emperatriz fue que si bien se habían desarrollado económicamente, habían logrado destacarse por sus artes. De acuerdo a las palabras de Judith, era un lugar muy bohemio, donde se reunían músicos, actores, pintores y escultores, cada uno formando asociaciones y organizando eventos que realmente entretenían a la gente logrando mantener de esta forma un ambiente cálido, pacífico y alegre. Erika quedó maravillada ante la idea. Su propio valle tenía muy poca expresión artística. Impresionada por las palabras de Judith y Benjamín expresó su deseo de conocer el lugar y ambos en forma espontánea coincidieron en invitarla. Al acercarse Daniel al grupo también recibió una invitación en medio de sonrisas que él aceptó de muy mala gana.</p>
<p>Una vez que los hombres habían finalizado con las tareas, no tardaron en disfrutar de la playa, el sol y el mar. Las risas se podían escuchar a una distancia considerable y esto preocupaba un poco a Daniel quien prefería mantener un perfil bajo en esta situación. Sin embargo, hacía mucho tiempo que no veía a sus hombres tan alegres y después de meses de travesía, decidió que no sería una decisión sabia interrumpir este breve festejo y expresión de camaradería. Giró por un momento y vio que la pareja de Bella Mar se había alejado unos metros por la costa mientras que la emperatriz se acercaba con alegría a su búsqueda.</p>
<p>- Se adelantan para organizarse y tener todo listo para nuestra llegada.<br />
- ¿Y se puede confiar en ellos? ¡Ya saben que tenemos un ejército aquí! ¡Hey! ¡Ustedes, deténganse! Iré con ustedes.</p>
<p>La pareja se detuvo algo sorprendida y se quedó esperando que Daniel se acercara, pero por el contrario, salió en búsqueda de un par de hombres. El movimiento de la tropa no dejó de abrumarlos: cuatro hombres se unieron finalmente a Daniel mientras que otros dos se acercaron inmediatamente a la emperatriz.</p>
<p>El grupo de Daniel caminó con decisión hasta Judith y Benjamín, y fue entonces que pudieron continuar su camino a casa, dejando sus huellas en la arena mojada por las olas del mar. La emperatriz se quedó viéndolos partir, sin nada en mente para pasar el tiempo hasta que uno de los hombres vuelva para buscarla asegurando que no haya peligros en su nuevo destino.</p>
<p>Cuando perdió a Daniel de vista, tomó conciencia de cuanto extrañaba a Tomás, a su amiga Tania y al valle, por sobre todas las cosas: el valle y la vida que llevaba en ese lugar. Caminó un poco melancólica entre los hombres que la miraban fascinados por tenerla entre ellos y luego consultó sobre las novedades. Aparentemente todo marchaba muy bien y los resultados de las alianzas realizadas con los otros pueblos habían repercutido favorablemente. Sintió por un momento un deseo profundo de poder estar en el valle en ese preciso instante pero luego miró hacia el norte, y se dio cuenta que su lugar estaba en esa playa, en esas costas y presintió que Bella Mar era un sitio singular, donde por fin encontraría lo que tanto estaba buscando. Después de todo, Tomás siempre había insistido en encontrar el mar. Miró la enorme masa de agua azul desplazándose de un lado a otro presa de las mareas y se dijo: &#8220;Si aquí está el mar, entonces aquí cerca tiene que estar la respuesta.&#8221;</p>
<p>Llamó a dos de sus hombres y les ordenó que la acompañaran para comenzar ella misma el recorrido hasta Bella Mar. No terminó de hacerlo que sorprendentemente Bandido salió al galope hacia la misma dirección perdiéndose de vista en pocos minutos. Ninguno de los presentes hizo nada para detenerlo.</p>
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		<title>Capítulo XIII &#8211; El después</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2008 02:36:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel]]></category>
		<category><![CDATA[Juan]]></category>
		<category><![CDATA[Tania]]></category>

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		<description><![CDATA[Los hombres estaban totalmente desestabilizados luego de presenciar la desaparición de Tomás bajo las aguas misteriosas de ese río desconocido. Hasta Maiko se alejó aterrorizado de la orilla exclamando palabras incomprensibles para la guardia de la emperatriz. Daniel les ordenó silencio y que mantengan su posición hasta nuevas indicaciones pero por primera vez en todo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=54&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los hombres estaban totalmente desestabilizados luego de presenciar la desaparición de Tomás bajo las aguas misteriosas de ese río desconocido. Hasta Maiko se alejó aterrorizado de la orilla exclamando palabras incomprensibles para la guardia de la emperatriz. Daniel les ordenó silencio y que mantengan su posición hasta nuevas indicaciones pero por primera vez en todo el viaje, por no decir en toda su trayectoria militar, los hombres parecían no reconocer su autoridad. Para su humillación, Tania cometió el error de intentar razonar con los soldados cuando claramente ésta no era su función. De esa manera la figura de Daniel quedó totalmente reducida sin posibilidad de recuperar el control de los hombres. La guardia se comenzó a diseminar en la zona, discutiendo entre ellos y formando pequeños grupos de alianzas donde los líderes quedaron al descubierto.</p>
<p>Daniel giró la cabeza buscándola y la encontró. Ella permanecía sentada sobre un pequeño montículo de tierra alta a orillas del río con la mirada perdida en las aguas turbulentas. La llamó a viva voz pero ella no respondió, ni siquiera dio muestras de haberlo escuchado y tal vez era así. Quizás estaba tan recluida en sus pensamientos que nada ni nadie podía llegar a conectarla en ese preciso instante. Daniel miró a la tropa y con toda su fuerza clamó por el orden y el respeto que se merecían como representantes del Valle de las Nieves pero en respuesta dos líderes lo enfrentaron y Daniel no tuvo más remedio que desenvainar su espada reluciente.<br />
- ¡Erika! – gritó de pronto Tania con desesperación.<br />
Los soldados bajaron sus armas inmediatamente enfocaron sus ojos en dirección al río. Daniel giró para verla y el corazón se le detuvo en ese preciso instante. La emperatriz había comenzado a caminar abandonando la costa, entrando en las aguas e internándose cada vez más en el gran caudal. Los hombres se reunieron generando un gran murmullo y al agolparse, Daniel les ordenó enérgicamente que guarden la formación original. Esta vez la tropa cumplió con la instrucción recibida. Tania le gritaba desde la orilla:<br />
- ¡Esto es una locura! Volvé por favor. No vayas más profundo. ¡Regresa ya mismo!<br />
Daniel se quitó el pesado cinturón y lanzó la espada al suelo para luego comenzar una carrera hacia el río en un momento de arrojo para salvar a su emperatriz a cualquier costo. Los hombres volvieron a romper filas en ese instante para poder observar mejor lo que estaba por ocurrir.<br />
Al momento en que el agua trepaba por la cintura de Daniel, él logró alcanzar el brazo de Erika y la retuvo por la fuerza, acercándola hacia él peleando contra la corriente que luchaba por llevarlos río abajo. Entonces ella giró y lo miró de una forma que Daniel jamás podría olvidar. Sus ojos estaban vidriosos y a la vez tan profundos que por un momento fue capaz de percibir el terrible dolor que había en su alma. Entonces ella le dijo:<br />
- Rescatame del río y se el héroe para nuestro ejército. No puedo perder dos hombres en el mismo día.<br />
- Eso no va a ocurrir, mi emperatriz.- le dijo él con cierta pena. La tomó en sus brazos y la sacó del agua en andas, caminando por la pequeña playa rocosa hasta dejarla con suavidad en tierra firme.</p>
<p>Los hombres serios y en silencio lo observaban con admiración y respeto. Tania se acercó con furia pero se guardó las palabras bajo la mirada penetrante de Juan, pensando que ya habría un momento para decirle lo que pensaba sobre lo ocurrido. La emperatriz a los pocos minutos se incorporó y en tono alto dijo:<br />
- Daniel, gracias a tu heroísmo, aún nuestro pueblo guarda una esperanza. – observó con detenimiento a sus hombres y ubicó los dos líderes que habían iniciado la revuelta. Entonces con un simple gesto les indicó que dieran un paso al frente. Se acercó a ellos y les dijo con firmeza:<br />
- Ambos lograron mantener unido el ejército y salvar sus diferencias por mi causa, nuestra causa. En agradecimiento, Julio, estarás a cargo de la construcción del canal. Mientras que vos – agregó girando su cuerpo en dirección al otro hombre – Pablo, deberás llevar la transición de poderes del Gobernador Almeda a favor de Paco. Podrás seleccionar tres hombres nuestros y serás acompañado por los aldeanos, incluyendo a Maiko, que será testigo para dar fe ante su padre del cumplimiento de nuestra palabra. – Terminó la frase mirando a Juan. Luego continuó diciendo – Al finalizar deja cinco hombres en el destacamento del bosque y envía cinco más a la aldea. El resto deberá venir hasta aquí para trabajar en el canal.<br />
Los hombres bajaron la cabeza por un momento en señal de respeto y ella se alejó caminando hacia Tania. Inmediatamente, Daniel procedió a coordinar las acciones con sus hombres.</p>
<p>Juan la estudiaba con cierta desconfianza mientras que Tania totalmente descolocada en cuanto la vio lo suficientemente cerca de ellos comenzó a decirle:<br />
- ¿Por qué hiciste semejante cosa? ¡Podrían haberse ahogado los dos!<br />
- Esas aguas no son peligrosas. No son las responsables de lo ocurrido y no había otra manera para poder reorganizar el ejército.<br />
- ¡Nada de lo que decís justifica lo que hiciste! ¿Y cómo se te ocurre premiar a esos dos revoltosos?<br />
La emperatriz parecía que iba a sonreír pero no lo hizo, y en cambio sólo dijo con mirada triste:<br />
- Tranquilizate ya. Estoy bien. En cuanto a esos revoltosos, es reconocer formalmente lo que en la práctica se han ganado. Creeme, no los he premiado. De esta manera serán fieles al imperio, estarán pensando en sus propios proyectos y además separamos las funciones de ambos.<br />
- ¿Qué se supone que haremos ahora? – preguntó Juan.<br />
- ¿Haremos? – repreguntó la emperatriz en un tono sarcástico que expresaba claramente sus sentimientos.<br />
El hombre guardó silencio demorándose más de la cuenta en decidir las palabras adecuadas como respuesta hasta que finalmente contestó diciendo:<br />
- Sí, qué haremos. A estas alturas no pienso abandonarlos. Estás mandando a un grupo a la aldea y otro está asignado a la construcción. Entonces, ¿qué se supone que haremos nosotros?<br />
La emperatriz lo miró con cierto desdén y no contestó su pregunta. En cambio miró a Tania y luego de palmear su hombro le preguntó en voz baja:<br />
- ¿Podrás manejarlo? Realmente necesito un momento de tranquilidad.<br />
- Por supuesto. – le contestó Tania justo en el preciso instante en el que Daniel se acercaba a ellos. Los ojos de Daniel se dirigieron a la emperatriz sin ningún tipo de disimulo. Él estaba dispuesto a dar su vida por ella y por una u otra cuestión sentía que él nunca llegaba a estar a la altura de las circunstancias y siempre era ella quien finalmente hacía mucho más por él. Por algún motivo, siempre se encontraba en deuda y no encontraba manera de saldar sus cuentas.<br />
Se acercó a ella mientras que Tania y Juan se volvían al camino principal.<br />
- Mi emperatriz, no tengas temor por Tomás. Él fue al agua por su propia voluntad. &#8211; En ese preciso instante ella lo tomó de la mano y lo abrazó llorando sobre su pecho en total desconsuelo. Él se quedó inmóvil, prácticamente sin respirar aguardando que la emperatriz recupere su compostura. Luego de un breve momento que él sintió como una eternidad, ella retrocedió unos pasos limpiando las lágrimas de su rostro.<br />
- Mi emperatriz, ¿qué puedo hacer por vos?<br />
- Ya lo hiciste. Necesito tiempo para pensar. No estoy para nadie. Por favor, verifica que se cumplan mis órdenes.<br />
- Sí, mi emperatriz, todo se hará tal como ordenaste. – Se estaba por retirar cuando recordó y le comentó – Junto con Pablo enviaremos también al coatí. Así puede reunirse en el bosque con los suyos. El caballo es de Tania pero está con los nideros. ¿Qué hacemos con él?<br />
La emperatriz lo miró por un momento y luego le contestó con cierto desinterés:<br />
- Resuélvanlo.<br />
- De acuerdo. – contestó él y giró para retirarse cuando ella lo llamó por su nombre y él entonces se detuvo sin dar la vuelta.<br />
- Vigila a Juan.<br />
- Sí, mi emperatriz. – Finalmente Daniel se retiró y ella con lentitud se acercó a un árbol cerca del río. Acomodó la hierba a los pies del tronco y tomó asiento totalmente apesadumbrada y agotada. &#8220;Tomás&#8221; se repetía una y otra vez. &#8220;Me trajiste a este río para dejarme aquí. ¿Por qué, Tomás? ¿Por qué?&#8221;</p>
<p>Los días fueron pasando uno a uno y pronto comenzaron los preparativos de la gran obra que debían construir para que el agua fluyera atravesando el monte y llegara al pueblo de Almeda. Por su parte, en el pueblo se generó una gran revolución con la llegada de Paco y sus hombres junto al joven nidero. El gobernador no se tomó la molestia de presentar excusas y ante la exposición pública tuvo que huir de la plebe totalmente exaltada. En las calles se festejaba ya con anticipación una paz duradera con el pueblo nidero.</p>
<p>Los días se transformaron en semanas, y las semanas en meses. Pero la emperatriz continuaba a orillas del río sin aceptar la visita de nadie bajo la estricta custodia de Daniel, quien no dejaba acercar a persona alguna. Tania y Juan habían intentado varias veces aproximarse pero fue totalmente inútil. Llegó un momento en el que él comenzó a insistir a Tania que emprendieran el regreso a su haras a orillas del bosque noroeste, pero ella se negaba a abandonar la misión.</p>
<p>Un día temprano, al despertar, Tania decidió que ese sería el día, ningún otro salvo ese. No debían quedarse allí ni por un minuto más. En esa mañana soleada aunque algo ventosa, ella estaba sentada a orillas del río. Mientras miraba los pequeños saltos del agua al correr su mente, no paraba de funcionar por un solo segundo:<br />
“Dioses de las aguas, tierra, aire y fuego, ayúdenme a encontrar el camino a seguir en este momento de tinieblas. No me abandonen ahora. ¿O es que mi misión terminó aquí con él? Se suponía que yo tenía que llegar hasta aquí y ¿nada más? ¿No hay nada que pueda hacer para proteger a mi pueblo? ¿Todo esto fue inútil? ¿Nada sirve? ¡Denme una señal!”</p>
<p>- ¡Erika!</p>
<p>“Necesito una señal, algo que me de fuerzas. Sin él me siento débil. Por favor Dioses de las aguas, tierra, aire y fuego, denme una señal.”</p>
<p>- ¡Erika! Daniel, vas a tener que matarme hoy, porque no me voy. ¡Erika! – la lucha entre Tania y Daniel era despareja pero así y todo el guerrero tenía que ser cuidadoso con esta dama decidida a cualquier cosa con tal de acercarse a la emperatriz.</p>
<p>Daniel miró por sobre su hombro y entonces vio a la emperatriz de pie, a unos veinte metros del lugar, observándolos con cierta frialdad hasta que de pronto, bajo un simple gesto con la cabeza le ordenó permitir el paso a Tania, quien furiosa se acomodaba sus ropas. Antes de partir le dio un buen golpe en el estómago y luego comenzó su marcha hacia Erika con una energía que hacía tiempo no sentía. Daniel podría haberla detenido con facilidad si así lo hubiera querido, pero comprendía perfectamente los sentimientos de Tania y a su vez guardaba la esperanza de que ella lograra su cometido.</p>
<p>En un arrebato sin precedentes, Tania se acercó a la emperatriz caminando con furia en forma tosca hasta enfrentarla a unos pocos metros. Erika no pudo evitar recordar el momento en el que junto a Tomás habían ido en su búsqueda. Cuando la vieron en aquella oportunidad también se acercó a ellos de esa manera. Sólo que ahora había algo más en ella. Aún no podía descifrarlo, pero Tania ya no era la misma que había comenzado la travesía.</p>
<p>- ¡Me queres explicar de que se trata todo esto! – Le gritó más que preguntarle y continuó diciendo – ¡Ya han pasado más de tres meses que estás en total aislamiento y esperando! ¡Esperando qué! ¡Decímelo! ¡Decímelo ahora! ¡Porque yo estoy esperando con vos! ¿Te olvidaste de todo? ¿Te olvidaste del reino? ¡Te olvidaste de quién sos! ¡Yo te lo voy a recordar!</p>
<p>La emperatriz la miraba sorprendida y en silencio. Jamás la había visto a Tania de esta manera, totalmente descontrolada y a los gritos.</p>
<p>- ¡Sos la persona que me vino a buscar para salvar nuestro reino! ¿Dónde está ahora esa persona? ¡¿Dónde?! ¡Por poco muero en la montaña, nos atacaron animales, sobrevivimos la travesía por el bosque, conquistamos la aldea, nos aliamos con los nideros, llegamos al río … todo para que te dejes vencer! ¡Te dejas vencer antes de haber luchado! ¡¿No aprendiste nada de Tomás?! – de pronto giró dándole la espalda, con las manos en la cintura y el rostro hacia el sol en un gran suspiro sabiendo que se había extralimitado. Llenó sus pulmones de oxígeno con una gran bocanada de aire. Miró hacia el suelo por un momento intentando calmarse y luego giró con la intención de seguir hablando pero guardó silencio al encontrarse a corta distancia de la emperatriz. Erika se había aproximado a ella en ese momento y le dijo con tranquilidad:</p>
<p><strong>“Desde el cielo caerá el mensaje de libertad, y ella lo creerá.<br />
Más será por tierra y mar que la alcanzarán.<br />
Su gente será una y podrá cambiar, pero sólo uno de ellos es inmortal.<br />
El heredero al final reinará.”</strong></p>
<p>- ¿Qué es eso? – preguntó Tania confundida.<br />
- Es la revelación que me enseñó el anciano, el día de la ceremonia. – Contestó la emperatriz. Tania la escuchó mientras meditaba estas palabras. Entonces Erika continuó diciendo:<br />
- Sabes que a medida que transcurre el tiempo estas frases que parecían no tener sentido en un primer momento, se van transformando en realidad. – Se percató de la confusión en la expresión de Tania entonces continuó diciendo – Fue el viejo cóndor desde los cielos quien me hizo ver otra realidad y me inspiró este sentimiento de libertad. Le creí, a pesar que este animal ni siquiera era libre. Avanzamos por tierra y luego Tomás insistía en llegar al mar. Nos hemos unido nosotros como grupo y hemos hecho alianzas con otras dos culturas, conformando un único reino. Me dicen que su gente podrá cambiar y ya lo creo. Mirate.<br />
La reacción de Tania fue inmediata. Su cuerpo se contorsionó como si le hubiera dado un escalofrío. Y con ojos grandes continuó escuchando a la emperatriz sin hacer comentarios:<br />
- De ser una mujer calma solitaria e introvertida, enfrentas los guardias reales, arrastras a tu amante por los caminos del imperio e increpas a los gritos a tu emperatriz. – En ese punto de la conversación bajó Tania la mirada sin estar plenamente segura de la respuesta que debía dar, pero Erika no le dio tiempo de contestar ya que continuó diciendo – Una mujer que ganó confianza, peso en el grupo, con una participación fundamental en nuestra travesía. Tu heroísmo me conmueve, tus contactos nos rescataron de la muerte o algo peor en el monte. Tu lealtad no tiene precio. En mi momento más sombrío fuiste la única que luchó por acercarse. – Hizo una pausa caminando lentamente por el terreno cercano a la orilla del río y Tania la acompañó totalmente aturdida. Erika era una caja de sorpresas.<br />
- Él era nuestro guía Tania, no se hacia donde debemos dirigirnos. No puedo presentarme ante la guardia con estas dudas.<br />
- Tampoco podemos continuar aquí. El enemigo se acerca cada día un poco más. Por otro lado, sí sabes hacia donde debemos ir. Tomás marcó el camino perfectamente ese día. Es sólo cuestión de tomar coraje.<br />
- ¿Por qué los Dioses lo habrán reclamado? – preguntó ella apenada sin esperar realmente una respuesta.<br />
- Porque tal vez pensaron que ya estás lista para hacer tu propio camino. – Y tomándola del brazo agregó con una sonrisa – Es hora de que lo demuestres.</p>
<p>Daniel sintió una alegría inmensa al verlas caminar hacia su lado con decisión integrándose al campamento principal donde se encontraba la tropa. No hicieron falta las palabras. Sabía perfectamente que reanudarían la marcha en poco tiempo, por lo que comenzó a alistar a los soldados y verificar el estado general de la situación. La noticia se transmitió de boca en boca a una velocidad asombrosa.<br />
Esa noche la emperatriz cenó junto a su gente de confianza y permitió que Juan se sentara junto a Tania en el fogón principal compartiendo un lugar especial en su orden.<br />
Mientras cenaban Juan comentó:<br />
- El camino puede ser largo, pero es más seguro si continuamos bordeando el río. Será una cuestión de días, más estoy convencido que llegaremos al mar. Es mejor ir por aquí siendo un grupo más o menos numeroso.<br />
- Doce personas no es un número grande. – contestó Daniel.<br />
- Lo es si consideramos las provisiones que se necesitan. Estando cerca del río no nos faltará el alimento. La carga será liviana y podremos avanzar más rápido.<br />
- ¿Y si preparamos balsas? ¿No llegaríamos más rápido por el río?<br />
- No sabemos como es el curso de estas aguas más adelante. Sería un riesgo. &#8211; contestó Daniel.<br />
- No creo que eso sea problema, si evitamos la corriente principal las aguas son tranquilas. &#8211; comentó Maiko.<br />
- En un pueblo lejano existía un dicho que decía: “Porque las aguas estén tranquilas, no te confíes que no haya cocodrilos.” – le contestó Juan.<br />
Y la emperatriz sonrió por primera vez en mucho tiempo. La cena continuó y el ambiente se relajó a medida que el alcohol corría por las venas de los comensales. Tania se acercó a la emperatriz y le dijo:<br />
- El heredero reinará. Me pregunto qué heredero. No nos indica el resultado de nuestra misión. Puede ser tanto un heredero nuestro, como del enemigo. – guardó silencio con una expresión de preocupación en el rostro.<br />
- Lo sé Tania, pero lo averiguaremos. Ya lo averiguaremos.</p>
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		<title>Capítulo XII &#8211; Sólo luz</title>
		<link>http://caminodelaemperatriz.wordpress.com/2008/08/07/capitulo-xii-solo-luz/</link>
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		<pubDate>Thu, 07 Aug 2008 01:38:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tuvieron que soportar muchas horas atrapados entre las redes, mientras eran cargados hacia un destino desconocido rodeados de estos amenazantes hombres. No se les permitía hablar entre ellos porque ante el menor intento recibían golpes por parte de sus captores. A pesar de todo, la emperatriz supo mantener la compostura en esa difícil situación y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=52&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Tuvieron que soportar muchas horas atrapados entre las redes, mientras eran cargados hacia un destino desconocido rodeados de estos amenazantes hombres. No se les permitía hablar entre ellos porque ante el menor intento recibían golpes por parte de sus captores. A pesar de todo, la emperatriz supo mantener la compostura en esa difícil situación y todos guardaron silencio durante largas horas. Los nideros se movían con agilidad y destreza entre los árboles avanzando con velocidad en ese reino salvaje de la naturaleza en pleno.<br />
La emperatriz confiaba en que si no los habían asesinado, era porque los querían como prisioneros y seguramente encontrarían la forma de negociar con ellos. La pregunta era negociar con quién y qué resultaría ser el objeto de interés de esta gente. Con total seriedad su mente se perdía en el intento de resolver tanta intriga pero el cansancio y la conmoción no le permitían avanzar hacia la respuesta.<br />
Daniel por su parte estaba furioso. Se sentía humillado al ser atrapado de esta manera con elementos tan rudimentarios, para colmo delante de todo su ejército y nada menos que de la emperatriz. Lejos de apaciguarse, su instinto asesino se despertaba cada vez con más fuerza.<br />
Mientras tanto, Tania estaba internamente lamentándose de no haber acudido a los brazos de su amado. Si tan sólo lo hubiera escuchado, si se hubiera quedado con él. Tal vez hubiera habido algo que ella pudiera haber hecho por la emperatriz desde el pueblo de Almeda. Pero no. Su orgullo había sido más fuerte y así había caído en estas redes luego de días de caminata hacia un destino indefinido. Se angustiaba al pensar que muy probablemente nunca más vería a Juan, su gran y único amor.<br />
Tomás era el único que estaba feliz y sólo se preocupaba por estirar de vez en cuando sus piernas. Las redes le resultaban un tanto incómodas con sus cuerdas algo ásperas y cambiaba de posición de tanto en tanto. Se encontraba perfectamente tranquilo y se recuperaba lentamente del agotamiento del viaje, dormitando por momentos.</p>
<p>Los nideros continuaban avanzando en fila por el monte, increíblemente apurando la marcha cada vez más. La resistencia que tenían era sorprendente y no pasó desapercibida por los prisioneros. Paco los observaba detalladamente. Los pies desnudos se desplazaban por los suelos sin aparentemente ser una molestia para ellos. De sólo pensar en las ramas, pequeñas piedras, raíces y todo tipo de vegetación e insectos sobre el suelo se estremeció.<br />
Todo el grupo de la emperatriz había quedado tan afectado con este ataque sorpresa, que no se percataron hasta mucho tiempo después que ni Bandido ni Ariel, el coatí, habían sido atrapados por estos hombres rudimentarios.</p>
<p>Tania estimaba que sería cerca del mediodía cuando de pronto los nideros dejaron caer las redes al suelo, desde un metro de altura. Los prisioneros dejaron escapar un quejido por el golpe recibido. Sin embargo, no se movían porque los nideros los apuntaban con lanzas en forma amenazante. Los tenían bajo una estrecha vigilancia y les gritaban continuamente en un idioma que jamás habían escuchado anteriormente. Una voz imperativa se impuso entre las demás a la distancia y de pronto los gritos de los hombres cesaron aunque continuaban apuntando las lanzas hacia los prisioneros.<br />
La emperatriz y su gente pudieron ver como los nideros lentamente se apartaban de ellos formando un círculo amplio en ese claro del monte donde habían sido arrojados. El temor a un nuevo ataque les impedía moverse a pesar de poder ver claramente el espacio que les dejaban los indígenas. Con suma lentitud Erika comenzó a retirar la red que la envolvía bajo la vigilancia de estos hombres a unos tres metros de ella. Al verificar que la emperatriz no recibía ataque alguno, su gente comenzó a imitarla.<br />
En pocos minutos se encontraron todos parados agrupados en el centro del círculo delimitado por estos hombres de mirada agresiva. Tania se acercó con precaución hasta la emperatriz y le solicitó permiso para intentar contactar con esta extraña gente. Erika aceptó la propuesta y Tania dio un paso al frente avanzando menos de un metro con respecto al resto. Con cierto temor en su voz logró decirles:<br />
- Representamos al Reino del Valle de las Nieves. Hemos llegado pacíficamente. Necesitamos hablar con su líder.<br />
Como toda respuesta un par de nideros se le acercaron amenazantes y a punta de lanza la obligaron a reunirse con el resto de su grupo.<br />
Y entonces lo vieron. Era una figura siniestra. De gran contextura se acercaba lentamente haciendo crujir las raíces bajo su peso. Lucía una horrible máscara negra que simulaba el rostro de alguna figura animal primitiva de grandes ojos con la boca abierta. Sin embargo caminaba con suma confianza dominando su entorno con cada movimiento. Sobre su pecho lucía un lazo con un disco de metal macizo de unos doce centímetros de diámetro. En ese momento sólo se escuchó el cantar de las aves, pero por un segundo Tania se sumergió en el más estruendoso silencio que habría sentido en toda su vida. El hombre de la máscara levantó el brazo señalándola y ese gesto fue lo único que necesitó para que tres nideros se acercaran a ella y la arrebataran por la fuerza del grupo arrojándola al suelo, a sus pies.</p>
<p>Daniel no soportó la presión e intentó escapar del círculo pero fue inútil. Los nideros controlaban totalmente la situación y a punta de lanza arremetieron contra él cortando su brazo y pierna izquierda. El grupo de la emperatriz estaba prácticamente desarmado y totalmente rodeado.<br />
El hombre retiró su máscara con lentitud y se la entregó a uno de los indígenas. Tania se permitió levantar la vista con suma precaución y observó las piernas musculosas del hombre que intempestivamente la tomó del rostro y la examinó como si se tratara de una presa. Con su mano le hizo girar la cabeza para observarla de perfil y luego la empujó provocando su caída de espaldas sobre el suelo. El hombre con una sonrisa siniestra comenzó a acercarse a Tania pero entonces se escuchó a pocos metros:<br />
- ¡Ya basta! ¡Tenemos un trato!<br />
La voz masculina era grave y decidida. Tania la buscó con sus ojos con desesperación sin poder creerlo. Era él. No tenía idea de qué hacía él ahí. Pero era Juan.<br />
- Nosotros también teníamos un trato. No más invasiones por parte de Almeda. ¿Qué debo pensar sobre esto? – preguntó el nidero observando al grupo de la emperatriz.<br />
- Ya le expliqué que no se trata de gente de Almeda, su Excelencia.<br />
El hombre se acercó a Juan hostilmente y le dijo con tensión en su voz:<br />
- Yo soy un hombre de palabra.<br />
- Yo también, su Excelencia. – contestó Juan mientras le entregaba una bolsa de cuero mediana.<br />
- Juan… &#8211; dijo Tania confundida y temerosa pero los indígenas no tardaron en recordarle que ella era aún prisionera.<br />
Juan miró de frente al nidero y éste abrió la bolsa de cuero para extraer lentamente, una de las tantas monedas de oro. Sonrió y luego le preguntó:<br />
- ¿Tan especial es?<br />
Juan le mantuvo la mirada pero no le contestó. El hombre ordenó algo a los aborígenes que rodeaban a Tania y estos se abrieron paso incorporándose al grupo principal que rodeaba a la emperatriz y su gente. En ese momento Juan se acercó a Tania y le ofreció su mano visiblemente conmovido. Ella aceptó su ayuda y al levantarse sintió como los brazos de Juan la rodeaban en un abrazo tan fuerte que por un par de segundos no pudo respirar.<br />
El momento fue mágico y hubieran deseado que durara toda la vida, pero esta sigue y no te espera. A veces incluso, te pasa por arriba. Eso fue justamente lo que sucedió porque Bandido apareció de la nada e intempestivamente se lanzó contra los indígenas cargando a Ariel sobre su lomo. Esta aparición desenfrenada confundió a los hombres y Daniel no dejó escapar la oportunidad. Tomó un cuchillo oculto en su bota y luego de herir a uno de los aborígenes tomó a uno de ellos inmovilizándolo contra su pecho mientras presionaba el frío metal en su cuello. Los hombres del grupo se revelaron y pronto comenzó una lucha que se detuvo ante la orden estruendosa del líder nidero. Los aborígenes dejaron de luchar y se replegaron alejándose de la emperatriz y sus hombres. El líder de esta tribu no desviaba la mirada de Daniel, quien sostenía al joven nidero con decisión y coraje. Tania mientras tanto logró acercarse a los animales y acarició el cuello del caballo. El coatí se le subió a los hombros en un instante.<br />
- Estás cometiendo un grave error. – habló el líder.<br />
- El error fue suyo al tomar como prisionero al ejército del Valle de las Nieves. – contestó Daniel con cierta agitación.<br />
El aborigen intentaba moverse por momentos bajo los fuertes brazos de Daniel. De pronto habló en su lengua y Daniel se sintió obligado a presionar el cuchillo en su cuello para callarlo. Se sorprendió al escuchar al líder de los nideros decir al joven:<br />
- No se hacen así las cosas, hijo. Tenemos un trato con Juan y no voy a dañar a estos hombres. &#8211; miró a Daniel y continuó &#8211; Siempre y cuando ustedes cumplan con su parte del trato.<br />
Tomás parado a pocos metros de Daniel le indicó que percibía la verdad en el tono del nidero y Daniel resolvió soltar al joven quien cayó al suelo respirando compulsivamente mientras masajeaba su cuello. En ese instante Ariel saltó de los hombros de Tania para reprochar a Daniel:<br />
- ¡Desperdiciaste tu oportunidad para vencer a estos asesinos! ¡Cobarde!<br />
- ¿Asesinos? ¿Cómo te atreves a llamarnos así? &#8211; gritó el líder nidero.<br />
- Porque han matado a mis amigos, mi familia, no hay coatí que haya sobrevivido…<br />
El líder lo miró sonriendo con cierta soberbia. Sin contestar dirigió su mirada a Juan y le dijo:<br />
- Voy a tratar contigo. Pero primero les voy a mostrar quien es el real asesino. Por favor, acompáñenme.</p>
<p>La emperatriz se alineó detrás de Daniel seguida por Tomás. Tania tomó la mano de Juan sin poder salir de su asombro y caminaron juntos por un sendero que sólo los nideros conocían como la palma de su mano. Atravesaron el monte con cierta facilidad, esquivando todo tipo de plantas y malezas. Los nideros los observaban con desconfianza y con razón. A todo esto, los representantes del pueblo de Almeda se habían sumergido en el más profundo de los silencios. Sin poder articular palabra alguna seguían las órdenes de Daniel al pie de la letra.<br />
Luego de una hora de seguir este camino colmado de obstáculos naturales, el líder de los nideros se detuvo y al girar miró al ejército del Valle de las Nieves con una sonrisa misteriosa. Le dedicó una mirada especial a Ariel para luego volver a mirar hacia delante y a todo pulmón producir un cántico similar a un pájaro cubriendo la boca con ambas manos.<br />
Nada sucedió y la expectativa del grupo se tiñó con cierta desilusión y un incipiente sentimiento de burla, que no duró demasiado tiempo. Un movimiento entre las ramas les llamó la atención y luego uno a uno fueron apareciendo sin ningún tipo de disimulo ni vergüenza. Más de diez coatíes llegaron corriendo por las ramas con gran alegría para recibir al líder nidero. Uno de ellos hasta intentó treparse a sus hombros. En voz muy baja, les dijo algunas palabras que nadie pudo comprender, a excepto claro de los coatíes. Eso fue más que evidente porque quedaron perplejos y se fueron en grupo hacia un costado examinando a los hombres con detenimiento. Y en ese instante se vieron.<br />
Todo el grupo de coatíes corrió al encuentro de Ariel con una alegría desmesurada. Parecían estar haciendo un tipo de baile a su alrededor y sin pensarlo dos veces Ariel se incorporó a esa extraña danza con suma emoción. La emperatriz y su gente los miraba fascinados por el espectáculo.<br />
Ariel festejaba con una energía renovada el reencuentro con su manada. Luego de varios minutos se acercó con prudencia al líder nidero y le dijo:<br />
- Yo no entiendo. Esta es parte de mi familia, y muchos de mis amigos que hace tiempo los dimos por perdidos. No entiendo. No entiendo nada.<br />
- En ese bosque rodeando al pueblo están en peligro de extinción. Gracias al pueblo de Almeda ya no quedan prácticamente recursos naturales en la zona. Por ello, cada vez que encontramos algún ejemplar en el monte los traemos a esta reserva natural. Aquí abunda la comida y tienen espacio suficiente para vivir sanamente sin resultar amenazados.<br />
- ¿Cómo no volvieron a avisarnos? – preguntaba Ariel a sus pares. Ellos le explicaron que esta reserva está muy escondida en el monte. No les había resultado posible regresar, pero le aseguraban que eran sumamente felices y que nunca más habían sufrido hambre en este lugar. Para colmo, el nidero le dijo:<br />
- No nos resultaba posible llegar hasta el bosque para rescatar a todos. Los almedinos nos atacarían sin ningún tipo de duda. Tienen armas muy poderosas. Allí no tenemos chance.<br />
La emperatriz y su gente intercambiaron miradas y luego todos se dirigieron a Juan. Éste bajó la mirada sin dar explicaciones haciendo evidente el antiguo dicho: “el que calla otorga”. Paco, con algo de nerviosismo y mucho enojo, avanzó unos pasos para increparle al nidero:<br />
- Lo que usted dice es un disparate. Nosotros no somos asesinos. Ustedes han matado a unos cuantos hombres nuestros. Jamás mostraron piedad. No se de que se quiere disfrazar ahora, pero yo se positivamente que nuestro gobernador ha dado todo por su pueblo y por defender la paz.<br />
- ¿Defender qué? Usted no sabe de lo que está hablando.<br />
- ¿Usted va a decir que no mató a ningún almedino?<br />
- Fue por defensa propia. Por defensa de mi gente. Por defensa del monte.<br />
- ¿De qué habla?<br />
- Es evidente que no lo sabe. Ya lo entenderá. – Hizo una pausa para dirigirse a Ariel diciéndole – Si lo deseas te podés quedar aquí con tu especie. Podrás vivir en paz y tranquilidad.<br />
Ariel se quedó pensativo por un momento y luego comenzó a correr en círculos tratando de atrapar su cola. En un momento se detuvo y contestó:<br />
- Tengo que volver por los demás. Los traeré a todos.<br />
El nidero sonrió y le dijo:<br />
- Como desees. – miró luego al grupo que estaba aguardando y le pidió que lo siguieran.<br />
Esta vez la caminata no fue tan larga pero todos estaban agotados tanto por el esfuerzo físico como también por los momentos de tensión que habían experimentado. El nidero que había estado bajo los brazos de Daniel, lo miraba por momentos con cara de pocos amigos.<br />
Para sorpresa de todos, el monte comenzó a aclarar y los árboles se hacían cada vez mas escasos. Era como si algo los hubiera arrancado. La tierra estaba revuelta y de pronto los primeros en llegar se quedaron detenidos por el horror viéndose empujados por aquellos que los seguían.<br />
Se podían ver muchas hectáreas totalmente desforestadas. Todo allí estaba muerto. Los viejos troncos cortados con hachas y sierras habían quedado como pequeño pigmeos testigos de la barbarie. La emperatriz se adelantó para observar con seriedad y detenimiento el paisaje desolador. El campo abandonado a su suerte parecía no tener vida sin los árboles. Sólo se podía observar tierra árida y esos viejos troncos masacrados.<br />
- Esta es la obra de los almedinos. De vez en cuando encontramos este tipo de escenario, a pesar que tomamos todos los recaudos por defender nuestras tierras. La agresión en los últimos años fue feroz. Cuentan con tecnología poderosa, pero no pueden con nuestra fuerza, nuestro temperamento, nuestra pasión por la vida. &#8211; se detuvo un momento para observar sus reacciones y luego continuó diciendo &#8211; Tenemos un trato desde hace un par de años. El gobernador se comprometió a no impulsar nuevas invasiones a nuestras tierras, pero es claro que en oportunidades tenemos gestiones particulares. No nos queda más alternativa que combatirlas.<br />
Paco se acercó a Erika y le dijo:<br />
- ¿Qué significa esto? No estaba al tanto de esta situación. Yo me dedico a la agricultura, lo sabés muy bien. – expresó mirando por un momento a Erika – Es Manuel el dueño de la única maderera del pueblo. Nos explica que sus hombres la buscan en los límites del bosque. Con ella construimos nuestros hogares, utensillos, bueno, casi todo lo que tenemos.<br />
El nidero pasó por al lado de Paco mirándolo con desprecio para acercarse a la emperatriz y decirle frente a frente:<br />
- Ahora bien, emperatriz. Es un gusto conocerla personalmente. – Ella lo miraba con atención sin decir palabra alguna – Debe saber que usted y su ejército están vivos gracias a la gestión de Juan. No permito que nadie ingrese a mi reino. Él me prometió que ustedes serían incapaces de hacerle daño a mi monte, y que sólo necesitaban llegar al Río Grande. &#8211; Luego de una pausa agregó &#8211; Debe entender que tuve que detenerlos cuando comenzaron a dañar la vegetación.<br />
Ella le contestó entonces mirándolo a los ojos:<br />
- Es un honor que nos haya recibido en su reino, su excelencia. – Él bajó levemente la cabeza en aceptación de sus palabras y ella continuó diciendo – No fue intención nuestra ofenderlo dañando el monte. Sentimos su presencia y fue la única alternativa que se nos ocurrió para llamar su atención y que se dejaran ver.<br />
- No se preocupe. Juan ya ha pagado por los daños que ocasionaron. Sin embargo, tenemos mucho que conversar. Me gustaría que pasaran la noche en nuestro centro. Estoy seguro que quedará fascinada.<br />
- No lo dudo. – dijo Tomás apoyando su mano sobre el hombro de la Emperatriz.<br />
El nidero sonrió mostrando sus dientes blancos muy separados entre sí y ordenó a sus hombres el regreso a sus hogares. El ejército comenzó a seguir al grupo de aborígenes tratando de no perderles el paso, lo cual francamente no era sencillo. La agilidad de esos hombres era realmente asombrosa.</p>
<p>Después de avanzar hacia el este por varios kilómetros los hombres comenzaron a dispersarse entre sí con rostros de alegría. Sin dudarlo comenzaron a trepar a los gruesos troncos de los árboles con gran agilidad. Fue entonces cuando la emperatriz miró hacia arriba y se quedó paralizada ante lo que veía. En la parte alta de los árboles, a unos quince o veinte metros de altura, los aborígenes habían construido sus viviendas, con ramas, raíces y tierra compactada. La ciudad estaba en las ramas de los árboles como si se tratara de aves. Era evidente que toda la vida era al aire libre. Algunas mujeres comenzaron a bajar por los troncos y se acercaban con curiosidad a los soldados de la emperatriz. No tardó mucho para que Erika se diera cuenta del origen del nombre que se les había dado a estos aborígenes.<br />
Las mujeres nideras les ofrecían alimentos y agua potable. Juan les explicó que esta gente también vivía del agua de lluvia. Sucedía que la naturaleza en esta área era más benévola y tenían mayor cantidad de lluvia al año, así como gran cantidad de árboles frutales a disposición, por lo que raramente la falta de agua representaba un problema para ellos.<br />
Sin embargo, se habían mostrado interesados en colaborar con la construcción de un conducto para el agua. De alguna manera, pensaban que esta obra podría representar la solución para encontrar la paz entre los dos pueblos. El más firme interés de los nideros era la protección del monte. Ese era su lugar y representaba todo lo que ellos eran, todo lo que amaban y lo único que deseaban. Allí habían encontrado la felicidad.<br />
- Si sabías todo esto, ¿cómo pudiste aliarte a Manuel Almeda? – preguntó Tania a Juan con cierto tono de desilusión en su voz.<br />
- Explícame algo por favor: ¿Vivirías en una cabaña en el bosque, sabiendo que colaboraste para mantener un tratado de no agresión entre dos civilizaciones o por otro lado, vivirías colgada de una rama sin tomar participación?<br />
Ella lo miró con cierto enojo y mucha confusión. Sin saber dar una respuesta coherente, ni queriendo dar el brazo a torcer, se alejó de él aproximándose a los hombres de la emperatriz. Juan se sintió ofendido después de todo lo que había hecho por ella y se sentó a los pies de un árbol. Allí fue donde la emperatriz conversó con él. Estaba plenamente segura de que este hombre tenía la información necesaria para que ella alcanzara con éxito su objetivo. Daniel se quedó a pocos metros custodiándolos mientras observaba como Tomás con gran alegría trepaba por los troncos feliz por la compañía de las nideras que no tardaron en rodearlo entre risas contagiosas.<br />
Al momento en que ella se aproximó, Juan le dijo con tranquilidad:<br />
- Estaba seguro de que en algún momento tendríamos este encuentro.<br />
Ella sonrió cortésmente y se sentó a su lado. Luego de un breve momento contestó:<br />
- Entonces ya tenés pensado que decirme. Soy toda oídos.<br />
Él se sintió complacido y sin rodeos comenzó a explicarle:<br />
- Como ya imaginarás, no soy un almedino y tampoco soy un nidero. De hecho tampoco pertenezco a tu reino.<br />
- Pero imagino que tendrás algún origen. – comentó ella en un tono inquisidor.<br />
- Imaginas bien. – Hizo una pausa y luego comenzó a relatar tomándose su tiempo &#8211; Nací en un reino muy lejano de este lugar. Tiene hermosas planicies verdes a partir de la primavera y blancas a fines de otoño. El castillo de mi Señor está ubicado a orillas de un lago cristalino donde nadan peces de todos los colores que puedas imaginar. Cerca de este lugar estaba mi casa, al ingreso de un bosque frondoso con cantidad de aves y diferentes animales típicos del lugar. Pasaba algún tiempo en esta cabaña, pero la mayoría de mis días transcurrían en el castillo de mi Señor. Éramos muy unidos porque nuestras madres eran muy amigas desde hacía muchos años y prácticamente nos criaron juntos. Claro que al crecer, él tendría un destino diferente al resto. Con los años tomó el poder del reino, y yo me convertí en su fiel servidor. Lo asesoraba en ciencias, filosofía, política de estado, muchas áreas. La fortaleza de mi Señor se mostró desde el primer momento. Se convirtió en un gran guerrero reconocido en todo el territorio y a medida que pasaron los años el reino fue incorporando nuevas tierras. Tomaba los pueblos y los transformaba en anexos a nuestro reino, muchas veces por la fuerza. Era temido, amado y respetado por todos. Después de tantas conquistas un buen día llegamos al mar, y ese día creo que fue el principio del fin. Mi Señor no sólo contaba conmigo en su círculo más cercano, sino que también estaba Katrina. Ella organizaba su ejército. Es una mujer admirable por su destreza en el campo de batalla y no sólo eso: tiene una estrategia militar intachable. Con su sed de conquista convenció a mi Señor de navegar por los mares en búsqueda de nuevos territorios. Obviamente todos seguimos sus ideas y nunca pudimos volver a nuestros hogares. Sé muy bien que él luchó hasta el final pero fue imposible. Una tormenta siniestra lo arrastró a las profundidades del mar y jamás lo encontramos. Perdimos su embarcación con unos cuantos hombres a bordo. A los pocos días, la tormenta cesó y sólo nos quedó ese gusto amargo de la tristeza. O al menos ese fue mi sentimiento. Katrina nunca se rindió. Bajo sus órdenes y justo tres días luego de la pérdida sufrida avistamos tierra. Eran unas playas maravillosas. Creo que ella sigue buscándolo sin lograr comprender que lo hemos perdido. Sometimos a un par de pueblos a nuestro paso, pero yo decidí seguir mi camino solo. Nos despedimos en buenos términos. – Hizo una pequeña pausa y agregó – Hasta me regaló su caballo, Bandido. – Sonrió levantando la mirada hacia el animal y siguió explicando – Jamás lo pude montar. Supongo que me detesta por haberlo separado de ella.<br />
- Este ejército. ¿Dónde se encuentra?<br />
- Te darás cuenta que no puedo delatar a mi gente, ¿verdad?<br />
- ¿Por qué los abandonaste?<br />
- Porque yo le era fiel a mi Señor. Katrina jamás podrá ocupar su lugar para mí. No tenía sentido seguir conquistando territorios si él no estaba. Por otro lado, no estoy de acuerdo con sus métodos. Yo aún creo en el poder de la diplomacia. &#8211; hizo un breve silencio y luego agregó &#8211; Quería tener una vida tranquila.<br />
La emperatriz se quedó pensativa y luego le escuchó decir:<br />
- Y la tenía. Hasta que un día conocí a Tania en el bosque.<br />
Pareció que Erika iba a preguntar algo pero guardó silencio al ver al líder nidero aproximándose en su dirección junto con el aborigen que había sido rehén de Daniel. Tomás y Paco se acercaron para poder escuchar la conversación.<br />
- Juan ya me ha explicado que necesitan abastecer de agua la aldea. La única forma para lograrlo es construyendo un canal desde el río. Podrán partir mañana hasta el caudal. Mi hijo Maiko les servirá de guía.<br />
La emperatriz sonrió por un momento sin estar segura de poder confiar en las palabras del nidero. Entonces le preguntó:<br />
- ¿Por qué estaría dispuesto a aceptar el canal?<br />
- Porque ni voy a cargar con la responsabilidad de la muerte de esa gente, ni voy a aceptar que invadan mis territorios en búsqueda de agua. El canal es la mejor solución para ambos. Además, ambos pueblos podrían darle uso. Por supuesto, hay una condición.<br />
- ¿Cuál es?<br />
- Almeda no puede seguir en el poder. No puedo confiar en él.<br />
- No se preocupe. – contestó Paco para sorpresa de todos. – Me encargaré yo mismo de ese tema en cuanto regresemos al pueblo.<br />
El nidero y la emperatriz conversaron por casi una hora. Él se mostró interesado en integrar una alianza de territorios y le pareció que la emperatriz tenía la neutralidad necesaria para asegurarse de que la gente de Almeda no tomaría ventaja de la situación. La charla fue muy amena y fructífera, Erika también tomó algunos consejos del aborigen para sobrevivir en el monte los próximos días, además de prestar atención a las indicaciones que le daban para tomar el camino más corto al río.<br />
Tomás debería haber sido el más feliz ante la perspectiva de llegar finalmente al río, sin embargo se mostraba reservado y con la mente en algún lugar lejano.</p>
<p>Durante la noche, el pueblo nidero organizó una fiesta en honor al ejército del Valle de las Nieves. Estaban planificando por anticipado una paz duradera con el pueblo vecino y además iniciando proyectos para la libre disponibilidad de agua en sus tierras. Paco sorprendentemente acordó varios proyectos con los nideros y hasta pensó en un sistema de irrigación para sus tierras. Era el comienzo de una etapa próspera. La emperatriz y su gente quedaron asombrados al ver el banquete basado en frutas y verduras, algunas de ellas salvajes. El monte era una fuente inagotable de alimentos. Algunos nideros comenzaron una danza rítmica en círculos bajo el canto de los más jóvenes. Fue una noche que ninguno de los presentes olvidaría en sus vidas.<br />
Al finalizar la ceremonia, la gente del valle se sorprendió al observar como con suma destreza los nideros treparon a los árboles y de a uno o en pareja se acomodaban en los nidos que habían construido en las alturas. Hasta los niños tenían su propio lugar asignado en los árboles.<br />
La emperatriz por su parte, junto con sus hombres, continuó con su ritual de dormir sobre el suelo ubicados en círculo con guardias rotativas, encargadas de alarmar ante cualquier tipo de peligro o amenaza.<br />
Al día siguiente se despertaron muy temprano con los cantos de las aves y la propia actividad del pueblo nidero. Ellos pasaban gran parte del día recolectando frutos, construyendo utensillos rudimentarios, atendiendo a los niños, construyendo sus nidos, cazando o simplemente disfrutando de la naturaleza desde lo alto de alguna rama.</p>
<p>El entusiasmo por iniciar el camino al río los contagió a todos, excepto a Maiko, que no estaba plenamente convencido de acompañarlos. Sólo el respeto por su padre, lo mantenía junto a ese grupo de soldados. Tania y Juan iban caminando juntos en silencio hasta que ella tomó su mano y él la miró con cierta ternura. Al cruzarse las miradas ella le dijo:<br />
- Erika me lo explicó todo.<br />
Él la siguió mirando sin contestar y ella continuó diciendo:<br />
- Podemos intentarlo.<br />
- Te amo pero no puedo enfrentarme a mi pueblo. No me pidas eso.<br />
Ella suspiró por un momento y luego le contestó:<br />
- Cuando llegue el momento, veremos cómo manejarlo. Lo único que se, es que no puedo ni quiero dejarte ir.<br />
Él sonrió y la besó con pasión ocasionando los gritos de alegría de la tropa. Ella lo empujó pero al separarse ambos comenzaron a reír y luego siguieron por el camino bajo la mirada de desaprobación de Daniel.<br />
En ese preciso instante fue cuando Erika observó detenidamente a Tomás. Hacía días que lo notaba extraño y lejano. Algo en el interior de su alma le decía lo que iba a ocurrir, aunque no imaginaba de qué forma. La emperatriz se acercó y le preguntó sin rodeos:<br />
- ¿Llegó el momento de hablar?<br />
- ¿De qué hablas? &#8211; preguntó él.<br />
- No tenés que seguir fingiendo. Me doy cuenta de que te pasa algo. &#8211; El guardó silencio y ella continuó &#8211; Necesito saber Tomás.<br />
- Me han llamado. No sé cuánto tiempo me queda ni cuándo va a ocurrir. – explicó él angustiado.<br />
- Pero será pronto. – contestó ella con seriedad.<br />
Él asintió y luego de un momento preguntó:<br />
- ¿Cómo lo sabías?<br />
- Te conozco desde que tengo memoria. No es necesario que me expliques con palabras. ¿Tiene que ver con tu don, verdad?<br />
- Así es.<br />
- ¿Tuviste una visión?<br />
- Sí.<br />
- ¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué esta vez es diferente?<br />
- Me dijeron que tengo que dejarte ir. &#8211; contestó él con una sequedad inusual en su voz.<br />
- Bueno, pero podes volver. – comentó ella sin tomar conciencia del significado de las palabras de Tomás.<br />
- No me entendes. Me dijeron que ya había cumplido mi misión.<br />
Ella se sobresaltó comprendiendo en ese instante la magnitud de estas palabras y guardó silencio. Luego se adelantó a la tropa, quedándose junto a Daniel sin emitir sonido alguno. Tomás no estaba seguro si había manejado bien la situación y no sabía si detenerla y seguir conversando con ella, si abrazarla o callar, lo único de lo que estaba seguro era que había hecho lo mejor que él podía.</p>
<p>La noche los atrapó y descansaron todos en el lugar indicado por Maiko. El muchacho conocía perfectamente la zona, pero así y todo Daniel no dejaba de prestar atención y marcar el camino disimuladamente. Erika se había recostado sobre la hierba intentando cerrar sus ojos, cuando sintió la proximidad de Tomás y giró a su encuentro. Se abrazaron por largos minutos y él le besó la frente, sus ojos, sus labios. Entonces le dijo con un tono desesperado:<br />
- No se cómo lograré hacer esto, pero de alguna manera u otra estaré siempre en tu vida y te juro que encontraré la forma de que puedas sentir mi presencia. Te pido que me prometas algo. – Ella lo escuchaba con suma atención – Prometeme que siempre vas a escuchar tu corazón. Escucharlo de verdad. Por más que parezca una locura. Seguí ese instinto, hacelo crecer y nunca dejes de soñar. Toda magnífica obra fue sólo un sueño alguna vez. Seguí tu corazón, tendrás la inteligencia y la ayuda que necesites para sortear cualquier obstáculo.<br />
Ella lo abrazó y una lágrima escapó corriendo por su mejilla. Entonces le dijo:<br />
- Nunca voy a poder olvidarte.<br />
- ¡Más te vale! – contestó él con una sonrisa provocando la risa de ella mezclada con algunas lágrimas.<br />
Se despertaron abrazados al día siguiente cuando Daniel los llamó para seguir el camino. Maiko aseguraba que el río estaba sólo a un par de horas de ese lugar.<br />
Siguieron avanzando con decisión por el monte doblando entre los árboles, quitando ramas que impedían el paso hasta que pronto quedaron todos inmovilizados por el sonido. Sí, era el río.<br />
Apuraron la marcha a pesar del cansancio y con gran alegría se maravillaron con la fuerza y el caudal del Río Grande.<br />
El agua separaba el monte en dos costas con una potencia sin igual. Paco gritó de alegría y se acercó a la orilla. La costa era rocosa mezclada con arena y arcilla mientras que las aguas verdosas desplegaban el reflejo del sol sobre la superficie. La tropa entera festejó y hasta Maiko sonrió por primera vez desde que lo conocieron.<br />
- ¿Y ahora? – preguntó la emperatriz a Tomás.<br />
- Tengo que ir al mar. – comenzó a caminar en dirección al río y ella se quedó mirándolo sorprendida. De pronto él giró y dijo &#8211; Siempre estaré con vos y encontraré la forma de hacértelo saber.<br />
- ¿Qué está haciendo? – preguntó Tania con preocupación.<br />
El agua había subido a sus rodillas cuando una luz potente en el río despertó la atención y temor de todos ellos. De un momento a otro Tomás se vio envuelto por una gran luz que lo consumía y cegaba a los presentes con su fuerte resplandor. A los pocos minutos, esa luz blanca se redujo llevándose a Tomás con ella y desapareciendo a gran velocidad bajo las aguas, en dirección al mar.</p>
<p>Erika se dejó caer de rodillas en la orilla del río sin lograr reaccionar. Tania se acercó a las aguas bajo un manto de incredulidad, mientras que Daniel intentaba calmar a los hombres que ahora temían acercarse al río.<br />
- Él va a estar bien, Erika. – le dijo Tania mientras la abrazaba torpemente.<br />
- Lo se. – contestó la emperatriz. – Lo se. – hizo un silencio y luego le dijo – Por favor, encargate de todo. Necesito estar sola.</p>
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		<title>Capítulo XI &#8211; El monte</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Aug 2008 19:47:39 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Al día siguiente se levantaron temprano y Daniel se ocupó eficientemente de la organización de la tropa. Sin dudar tomó a uno de sus hombres y lo envió al valle para solicitar cinco guardias adicionales. Dejó a dos de ellos en el destacamento y ordenó al resto que se prepararan para marchar al pueblo. Daniel [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=50&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Al día siguiente se levantaron temprano y Daniel se ocupó eficientemente de la organización de la tropa. Sin dudar tomó a uno de sus hombres y lo envió al valle para solicitar cinco guardias adicionales. Dejó a dos de ellos en el destacamento y ordenó al resto que se prepararan para marchar al pueblo. Daniel era excelente en su función, realmente se sentía como pez en el agua llevando adelante la tropa.<br />
La emperatriz estaba feliz de poder por fin quitarse esos vestidos color pastel y lucir nuevamente su vestimenta de cuero y sus botas altas hasta casi las rodillas. Estaba ya un tanto ansiosa por la reunión que iba a mantener ese día y deseosa por escuchar cuanto antes la propuesta del gobernador Almeda. Antes de partir habló con Tania y acordaron que se volverían a encontrar por la noche para preparar su partida hacia el monte. Tomás, por su parte, decidió quedarse en el destacamento a la espera de todos ellos.</p>
<p>Erika y Daniel iniciaron el viaje hasta la aldea junto a la tropa. Al llegar, la gente del lugar salió a recibirlos prácticamente como héroes y dificultaron un poco su avance hasta la plaza principal. La gran multitud los acompañaba mientras que los soldados se mantenían recios vigilando todos los movimientos con seriedad. Al llegar al edificio principal, dos de los guardias acompañaron a la emperatriz y a Daniel al interior, donde inmediatamente los guiaron por un pasillo hasta un salón sencillo. Al ingresar se encontraron con el gobernador y cuatro asesores, Paco entre ellos, que los estaban aguardando de pie cerca de una mesa de caoba ovalada en el centro de la sala. Las paredes tenían un claro color amarillo y lucían unos pocos cuadros antiguos retratando los antepasados de la Familia Almeda.</p>
<p>Se detuvo por un momento para admirar el cuadro colgado en la pared como si fuera la primera vez que lo hacía. Se trataba de la figura de un caballo sorprendido en la pradera, capturado espléndidamente por el artista. Él se acercó con decisión y apoyó sus manos sobre el marco. Retiró la obra colocándola sobre el suelo con cuidado apoyada contra la pared, dejando al descubierto una caja empotrada. Marcó la combinación rápidamente y abrió la puerta. De a poco fue retirando su contenido apoyándolo sobre la sólida mesa de madera y en pocos minutos armó un bolso de cuero negro guardando en él un pliego sellado, una brújula, un disco de metal de diseños extraños, un cuchillo, su revólver con las municiones y algunas monedas de oro.<br />
Levantó la vista sobresaltado al abrirse la puerta de entrada pero se tranquilizó al ver a Rodrigo, el encargado general.<br />
- Señor, disculpe. Vengo a avisarle que Tania está en el portón principal. Desea verlo.<br />
Él lo miró brevemente pero continuó ordenando su bolso sin responder, ante lo cual Rodrigo prosiguió diciendo:<br />
- No le permití el acceso, tal como usted ordenó.<br />
- Está muy bien Rodrigo. – contestó con seriedad.<br />
El empleado dudó por un momento y luego agregó:<br />
- Me dijo que desea despedirse de usted.<br />
Juan golpeó la mesa de madera con el puño cerrado y con furia en los ojos dijo:<br />
- ¡Ya impartí mis órdenes!<br />
- Claro, Señor. – contestó casi en un susurro y comenzó a caminar para retirarse.<br />
- ¡Rodrigo! – lo llamó Juan.<br />
El hombre se detuvo y se quedó mirándolo pero Juan pareció arrepentirse e hizo un gesto para que se retire sin articular palabra. Rodrigo cruzó parte del campo bajo la mirada de Tania e ingresó a sus aposentos. Podía verla a través de su ventana y sintió algo de compasión por ella. Sin embargo, “órdenes son órdenes” pensó.</p>
<p>- Erika, perdón… Emperatriz, ¿tiene idea de lo que significa ingresar en el territorio de los nideros? – preguntó Paco asombrado de que la persona que hasta hace pocos días atrás era su empleada sea en realidad la emperatriz de la antigua leyenda.<br />
- Es un territorio más. Tengo el ejército necesario para poder hacer frente a cualquier eventualidad. – contestó ella con seguridad.<br />
El gobernador la observaba analíticamente y luego de mantener la mirada por un momento le dijo:<br />
- Tres de nuestros hombres han desaparecido en ese territorio el año pasado. El resto de los que han intentado internarse han escapado de milagro, teniendo que huir del monte a toda velocidad. Los nideros son una civilización salvaje y guerrera. No tendrán compasión si los encuentran. – comentó uno de los asesores del gobernador.<br />
- Nosotros tampoco. – contestó Daniel con una expresión dura.<br />
- Necesitamos el agua de ese río. No podemos continuar dependiendo de la bondad de las lluvias. Estamos dispuestos a aportar algunos hombres y negociar sus condiciones. – expresó el gobernador.<br />
- Yo me ofrezco personalmente para acompañarlos. – agregó Paco.<br />
La emperatriz asintió y expresó:<br />
- Siento la necesidad de aclarar que mi ejército sigue el mando de una sola voz. No puedo aceptar ni tolerar divisiones.<br />
El gobernador Almeda y Paco intercambiaron ideas en una simple mirada y la emperatriz los interrumpió al continuar explicando:<br />
- Cualquier voluntario del pueblo será bienvenido bajo las órdenes de Daniel.<br />
Paco dudó por un momento pero finalmente aceptó acompañarlos bajo esas condiciones. No tardó sin embargo, en llegar el momento en que el gobernador expuso sus términos. Estos básicamente consistían en mantener sus derechos sobre el pueblo y la explotación exclusiva del canal de agua. Este último punto demoró mucho la negociación ya que en estas instancias era imposible poder discutir estas condiciones. Finalmente se aceptó que la construcción sería una obra en conjunto y a cambio aceptó formar una alianza estratégica y comercial con la emperatriz. Una vez iniciada la obra, es decir si la emperatriz cumplía con su objetivo de alcanzar el río, se permitiría la libre circulación entre ambos territorios y estaba dispuesto a firmar tratados de fidelidad al imperio más el pago de un canon trimestral. Muchos testigos participaron en la reunión, que luego fueron pasando uno a uno para firmar el tratado.<br />
Daniel aprovechó también el momento para ofrecer algunos hombres a efectos de ocuparse de las tierras de Paco en su ausencia. Paco aceptó estos nuevos empleados acordando un jornal justo por las tareas a realizar.</p>
<p>Casi tres horas más tarde, el gobernador y la emperatriz salieron sonrientes caminando juntos por la puerta principal mientras que prácticamente todo el pueblo se encontraba esperándolos en la plaza. Manuel Almeda fue quien tomó la palabra y anunció a su gente que luego de años de angustia por la falta de agua, personalmente había logrado con su esfuerzo unir las fuerzas de dos pueblos para el bienestar general de su gente. Presentó entonces a Erika como la aliada que necesitaban para terminar con la sed de su pueblo y fundamentalmente explicando que este acuerdo era la respuesta a las oraciones de todos, representaba el fin de todas las desgracias.<br />
Daniel se acercó a la emperatriz y le dijo por lo bajo: &#8211; Si fallamos nos van a seguir hasta el fin del mundo. Nos está haciendo absolutamente responsables por todo y para colmo se toma el mérito de habernos convencido de este proyecto cuando fue justamente lo opuesto.<br />
Ella lo miró por un momento y luego le dijo con total tranquilidad:<br />
- Él piensa que fallaremos, por eso se está cubriendo y aceptó prácticamente todas nuestras condiciones. Yo estoy totalmente convencida de que lograremos alcanzar con éxito nuestro objetivo, y está haciendo justamente lo que esperaba: nos entrega al pueblo. Volveremos triunfantes y tendremos a este pueblo en nuestras manos.<br />
Daniel la miró sonriente y luego observó al pueblo festejando, ingenuo, las palabras de su líder.</p>
<p>Tomás se sentía mucho mejor, pero sus pensamientos no dejaban de fluir a toda velocidad. Tania se lo había anticipado de alguna manera. No podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido en las últimas veinticuatro horas. Ella pudo verlo antes que él mismo. O era que tal vez él no había querido darse cuenta y como dice la sabiduría popular: “No hay peor ciego que el que no quiere ver.”. Se preguntaba cuánto tiempo tendría hasta que perdiera definitivamente su cualidad física y se transformara nuevamente en energía. Se planteaba cómo podría explicarle todo esto a la emperatriz. Ni él mismo sabía realmente que iba a ocurrir, cómo o cuándo. Conocía a la emperatriz y las preguntas iban a llegar todas juntas sin poder encontrar respuesta. Por otro lado, se sentía tan seguro de que jamás iba a abandonarla como de que ya no podrían tener el contacto al que estaban acostumbrados. No tenía idea alguna de cómo sería su existencia de ahora en más y hasta dónde podría interactuar con ella. Tenía tanto que aprender y la incertidumbre lo teñía todo de sombras.</p>
<p>En el destacamento habían quedado muy pocos hombres y estaban descansando. El coatí se había subido a una rama y se encontraba totalmente dormido. Tomás decidió estirar un poco las piernas y fue caminando sin rumbo fijo hasta que se percató de estar cerca del haras de Juan. Sonrió por un momento al ver los caballos pasearse con tanta fuerza y elegancia para luego sorprenderse al descubrirla sentada con sus piernas cruzadas detrás del cerco de madera blanca. Se acercó sin prisa y ella escuchó sus pisadas cuando estaba a pocos metros. Tania lo miró con un gesto preocupado y luego se enderezó en su posición original mientras le decía:<br />
- No me digas nada. Yo de aquí no me muevo hasta verlo. – frunció el entrecejo.<br />
- ¿Todavía no te despediste de Juan? ¿No te animas? – preguntó él.<br />
Ella suspiró y entonces le explicó:<br />
- Sí que me animo pero resulta evidente que necesita su tiempo. Sigue enojado y no me quiere recibir. – contestó ella.<br />
- Y decidiste quedarte aquí sentada. – concluyó él.<br />
- Sí.<br />
Tomás levantó las cejas y comenzó a caminar lentamente alrededor de ella. De pronto se rió y ella lo miró con enojo. Entonces él le dijo:<br />
- No te animas a hablar con él.<br />
- Ya te dije que no es eso. – contestó ella de mal humor.<br />
- ¿Por cuánto tiempo estuviste esperando?<br />
- ¡Ya me anuncié! ¡Déjame en paz, por favor!<br />
Él la miró por un momento en silencio, pensativo. Sin aviso se acercó al cerco, acomodó sus manos en la tabla superior y para el horror de Tania de un salto se trepó a la cerca y desde ahí giró en el aire para caer en la propiedad de Juan.<br />
- ¿Qué estás haciendo? ¿Te volviste loco?<br />
Él no contestaba y la miraba con tranquilidad. Ella continuó diciendo ya de pie:<br />
- ¿A dónde vas?<br />
- Te estoy dejando en paz, Tania. No molestes. – contestó él entre risas mientras caminaba con total descaro por el haras, acercándose al edificio principal.<br />
Ella lo volvió a llamar pero él jamás miró hacia atrás. Tania se quedó pegada al cerco mirando a través del espacio entre dos tablas. Desde allí pudo ver como Rodrigo le interrumpía el paso y para sorpresa de todos, Tomás lo sujetó de los hombros y lo obligó a caminar consigo hasta que abrió la puerta del edificio principal. Ambos ingresaron a la construcción y luego de un breve momento volvieron a salir. El encargado le saltaba nervioso alrededor mientras que Tomás lo miraba y escuchaba atentamente con los brazos cruzados. De pronto Rodrigo se tranquilizó y Tomás apoyó una mano en su hombro para luego darle unas palmadas en su brazo derecho. El empleado se quitó el sombrero e hizo un gesto que en cualquier lugar del planeta se podía interpretar como pura impotencia y Tomás caminó de regreso perseguido por otro peón que se le anticipó para abrirle el portón principal. Tomás salió de la propiedad en pocos minutos para encontrarse con Tania desesperada por saber con detalle qué era lo que había ocurrido.<br />
- ¿Qué te dijo? ¿Lo viste? – preguntó ella más que intrigada.<br />
- Lo lamento Tania. Juan dejó la propiedad hace un par de horas por la salida trasera. Rodrigo te manda sus saludos; pide que lo disculpes pero sólo cumplía órdenes y no podía dejarte pasar.<br />
- ¿Dejó la propiedad? ¡Estoy hace horas esperando y ¡¿él dejó la propiedad?!<br />
- Así parece.<br />
- Pero, ¿va a regresar? – preguntó.<br />
- Me dijo Rodrigo que Juan no era el mismo. Nunca lo había visto así. Cree que estará unos días afuera.<br />
- ¿Dónde fue? – consultó ella inmediatamente.<br />
- No lo sabe. – se hizo una pausa y luego de que Tomás pudiera verla a los ojos le dijo – Lo lamento, pero parece que él no quería despedirse.<br />
Ella se angustió pero su orgullo tragó el llanto. Giró y comenzó a caminar de regreso al destacamento sin decir una palabra más. Tomás se sentía confundido. Esto no se veía bien y sin embargo podía sentir en su corazón que todo lo que sucedía era por una buena razón. No se lo dijo a Tania porque ni él mismo podía explicarlo. No guardaba ninguna lógica.<br />
Pronto Tomás alcanzó a Tania y fueron caminando juntos por el bosque. Ella quebró el silencio cuando en un momento le dijo:<br />
- Muchas gracias, Tomás.<br />
- No tenés por qué. – contestó él.<br />
Luego de breves minutos ella le preguntó:<br />
- ¿Ya sabes cuándo se lo vas a decir?<br />
- Estoy esperando el momento oportuno. – se miraron y él continuó diciendo – Pronto.<br />
Pareció que iba a decir algo más pero el sonido del galope de un caballo los tomó a ambos de sorpresa. De pronto lo pudieron ver y se quedaron admirando el animal que se había detenido para pastar.<br />
- Se llama Bandido. – dijo Tania en voz baja.<br />
- Es un hermoso animal. – comentó él acercándose muy lentamente.<br />
- Juan está tratando de atraparlo hace mucho tiempo. Así fue como nos conocimos.<br />
Tomás sonrió por un momento y le preguntó:<br />
- ¿Crees que&#8230; – y no hizo falta terminar la pregunta porque ella asintió con la cabeza como toda respuesta. Se acercó lentamente dejando que el caballo percibiera en el aire su presencia. La respuesta no se hizo esperar y un relincho nervioso atravesó el bosque con rapidez. Tania lo llamó por su nombre y el animal movió las orejas mirándola con desconfianza. Tomás mientras tanto juntó bastante hierba de los alrededores y aproximándose se la ofreció a cierta distancia. El caballo no la aceptó y retrocedió un poco. Tania lo miró con admiración y le dijo a Tomás:<br />
- Dejémoslo.<br />
- ¿No querés atraparlo? – preguntó él.<br />
- No. Él quiere ser libre.<br />
- No creo que sea libre – comentó él por lo bajo y le indicó una pequeña marca del animal en el muslo trasero izquierdo. Parecía una letra “K”. Ella se sorprendió pero de todas formas insistió en dejar al animal tranquilo.<br />
Se alejaron lentamente para no asustarlo y comenzaron a caminar nuevamente en dirección al destacamento. Era pleno verano y el calor se hacía sentir en los haces de luz que atravesaban entre las hojas de los árboles. Ya faltaba poco para llegar cuando Tomás pegó un salto al sentir un empujón en su mano izquierda, la cual se abrió instintivamente. No se había dado cuenta que en el corto recorrido que habían hecho no había soltado la hierba y esta cayó sobre el suelo. Bandido los había seguido y ahora masticaba con gusto el tierno alimento ofrecido por Tomás. La alegría los inundó a ambos. Tania se acercó y pudo acariciar el cuello del animal.<br />
- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Tomás.<br />
- Llevémoslo al destacamento. – contestó Tania con una sonrisa.<br />
Y así fue como llegaron los tres al destacamento para sorprender a todos con la nueva adquisición. El caballo fue objeto de admiración desde el primer momento, aunque su carácter arisco mantenía a todos a cierta distancia.</p>
<p>Más tarde, con la llegada de la emperatriz y sus buenas noticias, se decidió que tres hombres se dirigieran con el burro que había quedado en el destacamento a trabajar en los campos de Paco. Daniel y la emperatriz estaban sumamente felices porque ese día había sido totalmente gratificante y era de suma importancia en la travesía. Partirían al día siguiente desde las afueras del pueblo hacia el monte para finalmente encontrar el río. Desde hacía meses que ese había sido su objetivo principal y ahora no sólo lo harían por la profecía sino también por el Pueblo de Almeda. En base al tratado firmado con el gobernador, se había sumado la participación de Paco y dos de sus hombres en la búsqueda de este río. La emperatriz consideraba a cada uno de los integrantes de su grupo y no podía dejar de pensar en la cantidad que se estaba incorporando mientras observaba al nervioso coatí, el nuevo corcel y a sus soldados. Realmente, la estadía en este pueblo había valido la pena. Luego de discutir ideas con Daniel acordaron dejar una sola persona en el destacamento para poder recibir a los soldados de reserva. Teóricamente en un par de semanas estarían llegando refuerzos y ante cualquier inconveniente estarían sus hombres en el pueblo.</p>
<p>Prepararon una fogata al caer la noche y cocinaron unas costillitas de cerdo, gentileza del gobernador Almeda. El clima de alegría y triunfo se respiraba en el ambiente junto con el exquisito aroma de la carne haciéndose a las brazas. Todos estaban felices o al menos casi todos. Tania y Tomás, cada uno con sus preocupaciones, se mantenían en un discreto silencio.<br />
Después de cenar Erika se acercó a Tomás y lo tomó de la mano. Sin dar vueltas le dijo:<br />
- Cuando quieras podemos conversar. Sabes que siempre vas a poder contar conmigo. – sonrió por un breve momento pero ante el silencio de Tomás se percató de que en esta oportunidad era un problema grave. A pesar de ello, respetó su silencio sabiendo que el día siguiente sería difícil, por lo que al poco tiempo se retiraron a descansar.</p>
<p>Paco estaba entusiasmado esperando la llegada de la emperatriz y su tropa. Se había vestido con su camisa azul, pantalones celestes y botas altas de cuero marrón. Tenía una escopeta al hombro y charlaba entusiasmado con los dos hombres. La expresión de alegría no tuvo disimulo al ver a Erika atravesando el bosque hasta detenerse a pocos metros de él. Contrariamente a lo esperado, no había mucha gente para despedirlos. Básicamente, los familiares de los dos ayudantes de Paco y algún que otro amigo.<br />
- La gente es muy temerosa de este monte. Esperemos salir vivos de allí. – Comentó Paco para luego agregar &#8211; ¿Qué hacen con ese coatí?<br />
Ariel comenzó a quejarse por lo bajo girando en círculos a toda velocidad.<br />
- Tenemos un acuerdo con él. – explicó Erika.<br />
- No lo habían mencionado en el día de ayer. – Se quedó pensativo por un momento y a continuación dijo – Bueno, no creo que sea problema de todas formas. Les traje armas y municiones. – explicó mientras que uno de los hombres se acercaba con el cargamento en un pequeño carro. Daniel y otros tomaron las armas, aunque algunos se resistieron sintiéndose aún más seguros con sus espadas y armas blancas.<br />
La marcha hacia el monte no se demoró demasiado. El grupo caminó un par de kilómetros por el bosque hasta que la vegetación comenzó a mostrarse más espesa y comenzaron a zigzaguear entre los árboles. Daniel junto a otro guardia iban delante facilitando el paso mientras que Tomás los seguía de cerca marcando el rumbo.<br />
Luego de un par de horas se detuvieron a descansar. El calor se estaba tornando agobiante mientras Tania se maravillaba con el canto espectacular de las aves exóticas. Paco y sus hombres se sentaron en un costado del camino y bebieron por varios minutos tratando de recuperarse lo más pronto posible.<br />
La marcha continuó por unas cuantas horas más y después de mucho caminar subiendo y bajando por lomas, el camino se fue deshaciendo bajo sus pies. Faltaba sólo un par de horas para que comenzara a atardecer pero decidieron acampar en el lugar con el fin de lograr recuperarse totalmente y reiniciar la marcha temprano a la mañana siguiente.</p>
<p>A pesar de la hermosa vegetación, los frutos de los diferentes árboles que Ariel ayudaba a recolectar y el cantar de las aves, debían reconocer que algo extraño sucedía en ese lugar. Por algún motivo todos se sentían algo inquietos. Tal vez tantas leyendas y creencias populares los había sensibilizado. La humedad del lugar molestaba bastante pero Tomás lo señalaba como un buen síntoma. Para él era evidente que el río estaba cerca de ese lugar.</p>
<p>Esa noche Tomás casi no pudo dormir. Miraba a la emperatriz descansar y se preguntaba cómo podría explicarle que debería en algún momento dejarla y más aún, señalarle lo importante que resultaba que ella continúe el camino por sí misma.<br />
A la madrugada no hizo falta que la guardia despertara a los integrantes de la tropa, porque las aves comenzaron a cantar a todo pulmón sobresaltando a los presentes con el primer rayo de sol del amanecer. La mañana pasó bastante rápido pero después de comer al mediodía el clima se hizo aún más denso y eso les dificultaba la marcha. Llegó un momento que realmente se sentían desganados. Se detuvieron por un momento para decidir la dirección a seguir, aunque realmente no podían distinguir la diferencia entre norte y sur sin la ayuda de las estrellas, todo se veía igual hacia las distintas direcciones. Los árboles rodeaban todo el campo con enredaderas y hongos salvajes. Paco trastabilló en un momento y era lógico. Si bien era un hombre fuerte, se encontraba totalmente fuera de estado atlético.<br />
La emperatriz pensó que no sería prudente continuar la marcha, porque aún podían caminar pero estarían muy expuestos si se presentaba algún peligro y no estaba dispuesta a correr más riesgos. Tomás hacía horas que no daba indicaciones sobre el rumbo a seguir y parecía perdido en sus propios pensamientos. Tania no había aportado una sola idea desde que comenzaron la marcha a través del monte. Daniel avanzaba con fuerza pero también se sentía cansado. Entonces Erika giró para enfrentar los sombríos rostros cansados manchados con tierra.<br />
- Vamos a quedarnos aquí por un tiempo. &#8211; dijo. Y dejó caer la carga de su espalda al suelo.<br />
Todos se quedaron por un instante consternados y sorprendidos. El lugar en esa zona era lúgubre, en unas tres horas se iba a hacer de noche y no sabían que vendría después. Entonces Tania se acercó a Daniel y le preguntó: &#8211; ¿Estamos perdidos, verdad?<br />
Él trató de esquivar su mirada hasta que finalmente la miró a los ojos y tomándola del brazo por un momento asintió. Entonces, él dio la orden de descanso al resto del grupo. De a poco se fueron acomodando como podían entre los árboles, atentos a los ruidos extraños del lugar. Luego Tania se sentó junto a la carga y tapando el rostro con sus manos lloró en silencio. Erika se le acercó para consolarla y Tomás no se hizo esperar.<br />
- Desde el primer momento que me interné en este monte tengo una sensación extraña. – comentó Tania de pronto. Paco escuchó estas palabras y preparó su escopeta, temeroso ante lo desconocido.<br />
- Yo también lo siento. – afirmó Tomás.<br />
Daniel levantó la vista y miró hacia los costados entre el follaje sin distinguir demasiado debido a la escasa luz. Se puso de pie y se acercó a la emperatriz para razonar en voz alta:<br />
- Así que ustedes perciben algo aquí. Díganme, ¿qué puede resultar de valor en este lugar?<br />
Todos se quedaron pensativos. Hasta el momento sólo habían visto aves y la espesa vegetación. Nada de eso tenía valor para ellos, sin embargo Erika le siguió la línea de pensamiento y dijo:<br />
- Si yo fuera salvaje y viviera en el monte. Entonces todo esto sería mío. – estiró una mano para sentir la textura de la corteza de un árbol. – Todo esto debe tener valor: los árboles. Los árboles serían mi reino.<br />
Ariel saltó de rama en rama y se tapó los ojos con las manos sin hacer comentario alguno. Tomás en cambio se puso de pie y para sorpresa de Daniel tomó su espada, la blandeó por un momento cortando el aire y les dijo con una mirada indescriptible:<br />
- Sea lo que sea, vamos a llamar su atención.<br />
A los gritos como un desquiciado comenzó a mutilar toda rama que atravesara su camino mientras que todo el grupo lo seguía confundido. Lograron avanzar unos quince metros cuando de pronto se sintieron paralizados y confundidos luchando contra un enemigo invisible. Envueltos en fuertes redes cayeron al suelo y no se permitían mover porque de un momento a otro se vieron rodeados por unos veinte indígenas que los amenazaban a punta de lanza.</p>
<p>Paco estaba desesperado por alcanzar su escopeta, pero había quedado fuera de la red que lo atrapaba mientras un hombre salvaje lo empujaba sin piedad con su lanza de un metro y medio de largo. Algunos de los indígenas llevaban fuego en sus manos iluminando el camino y otros armados con lanzas y cuchillos gritaban con furia a sus prisioneros.<br />
Los salvajes eran altos y vestían apenas un taparrabos que no llegaba a cubrirlos totalmente. Sus cuerpos fornidos se encontraban tatuados en los brazos subiendo por los hombros para luego bajar por la espina dorsal. Los ojos negros penetrantes de estas figuras hicieron que la emperatriz apartara la mirada. Se trataba de gente muy fuerte y pronto lograron en equipo con sus lanzas levantar las redes y transportarlos por el monte hacia un destino desconocido.<br />
Tania había quedado atrapada en la misma red que Tomás y su mirada de reproche no pudo ser ignorada por él.<br />
- ¿Qué? ¿No estabas cansada? ¡Encontré quien nos lleve! – le dijo él con simpatía pero el chiste no fue festejado en lo más mínimo y para colmo recibió un golpe en su costado de parte de un joven pero fuerte indígena. Parecía que ni su grupo ni los nideros se encontraban de humor esa noche.</p>
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		<title>Capítulo X &#8211; Misterio</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Aug 2008 03:06:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Los hombres festejaron con gran alegría al verla llegar ya que hacía casi dos meses que Erika no estaba en contacto directo con ellos. En realidad, la emoción del reencuentro fue compartida por todos los presentes incluyendo a la emperatriz. Ella había extrañado a su gente, sobre todo a Tomás, quien ahora caminaba feliz a [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=48&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los hombres festejaron con gran alegría al verla llegar ya que hacía casi dos meses que Erika no estaba en contacto directo con ellos. En realidad, la emoción del reencuentro fue compartida por todos los presentes incluyendo a la emperatriz. Ella había extrañado a su gente, sobre todo a Tomás, quien ahora caminaba feliz a su lado.<br />
Luego de saludarlos uno a uno, Erika le solicitó a Daniel que diagrame un esquema con los puntos a tratar con el gobernador. Necesitaba saber por ejemplo con cuántos hombres contaba, el tipo de obra que podrían realizar, la evolución de los costos y por sobre todo las condiciones del tratado; esto significa derechos y obligaciones tanto para Almeda como para ellos.</p>
<p>Ella y Tomás intercambiaron miradas cómplices en cierto momento y en un descuido de los presentes lograron escaparse no muy lejos del destacamento. Corrían como chicos riéndose por una travesura. Erika se colgó de los hombros de Tomás y él la cargó por un momento para luego dejarla sobre el suelo con cuidado.<br />
- Te extrañé. – le dijo ella.<br />
- Ah, no se, no se…. – Le contestó él sonriente buscando demostraciones de afecto. Sin embargo, ella lo sorprendió comentando:<br />
- No me contaste bien qué pasó con Tania.<br />
- Ah…- suspiró – Tania. – El silencio dominó el momento pero la emperatriz lo miraba atenta esperando una respuesta. Entonces él le dijo – Ya sabes que yo no puedo entenderla.<br />
- ¡Pero Tomás! ¡No es para tanto!<br />
- Dejame terminar, por favor. – Pidió él.<br />
- Bueno, te estoy escuchando.<br />
- Entonces pensé que tal vez ella podría entenderme a mí. – dijo Tomás inocentemente.<br />
La emperatriz lo miró por un momento extrañada y luego se preocupó. Entonces le preguntó:<br />
- ¿Qué hiciste?<br />
Él bajó la cabeza por un momento y entonces confesó:<br />
- El primer día que llegamos al pueblo, Tania me peleaba, como siempre.<br />
- ¡Pero por favor! ¿Cuándo van a parar de pelear ustedes dos?<br />
- No lo se. El punto es que mientras discutía pensé que le podía dar un poquito de mi don.<br />
- ¿Qué? ¿Qué hiciste? ¿Cómo hiciste eso?<br />
- No podría explicarlo. Sentí que era el momento y lo hice.<br />
La emperatriz se quedó pensando y le dijo:<br />
- ¿Y ahora ella es como vos?<br />
- No, claro que no. &#8211; contestó mirando de reojo.<br />
- ¿Le habrá hecho algún efecto? – se preguntó la emperatriz.<br />
- ¡Sí! Claro que sí. – contestó él sin duda alguna con una mirada indescriptible.<br />
La emperatriz lo miró en cambio con los ojos desorbitados y luego de un momento le preguntó con seriedad:<br />
- ¿Quién era ese hombre en la plaza? ¿Qué quería con ella?<br />
- Creo que se enamoraron. – contestó Tomás con una sonrisa pícara.<br />
Erika se echó a reír y replicó:<br />
- ¿Tania enamorada? – Lanzó una gran carcajada y dijo confundida – No puede ser. No. Tengo que verlo para creerlo.<br />
- Te hablo en serio. Y hay algo más – hizo adrede un segundo de silencio para generar tensión y luego dijo con alegría &#8211; ¡Hasta llegó a abrazarme!<br />
- ¿Quién te abrazó?<br />
- ¡Tania!<br />
- No…<br />
- ¡Sí! – le expresaba con felicidad entre risas.<br />
- No puede ser. ¿Cómo fue eso? &#8211; La emperatriz se rió sin poder creer lo que escuchaba.<br />
- Vino un solo día apenas un momento para avisarme que estaba con ese hombre, Juan. Y me abrazó antes de partir.<br />
- ¿Pudo haber cambiado tanto?<br />
- El amor cambia a la gente.<br />
- Y pregunto: En cuanto a esa dosis que le diste, ¿se le va a pasar el efecto?<br />
- Eso ahora básicamente depende de ella. Qué es lo que ella hace con ese poder, no depende de mí. Yo creo que su organismo lo aceptó muy bien.<br />
- Bueno, ¿quién sabe? Quizás esto resulte en algo muy interesante, ella es muy inteligente y tal vez pueda develar el misterio.<br />
- Exactamente. – Dijo él levantando una ceja en forma casi imperceptible.<br />
Erika se acercó y le preguntó:<br />
- ¿Y vos te sentís bien últimamente?<br />
- Sí, ya no tuve más ataques ni visiones. Debemos estar en el camino adecuado.<br />
Ella lo tomó de la mano y le expresó cuánto se alegraba. Charlaron unos minutos más pero luego volvieron al destacamento porque había mucho por hacer y el tiempo no sobraba.</p>
<p> </p>
<p>Tania había llegado mientras ellos conversaban y sentada junto a Daniel, lo ayudaba a establecer un plan de acción a efectos de cruzar el monte. Al verlos llegar, Tania se puso de pie y saludó a la emperatriz con una sonrisa forzada.<br />
Erika no pudo evitar sentirse completamente desilusionada. Después de la charla que había mantenido con Tomás esperaba encontrar a Tania con una alegría tremenda, con energía escapando por los poros de la piel y sin embargo, allí estaba: un semblante pálido, un gesto angustioso, el tono de voz decaído y una mirada más lejana que nunca. En un momento miró a Tomás de reojo, quien sin prestarles atención se estaba entreteniendo con los coatíes recién llegados.<br />
Daniel y Tania le explicaron a la emperatriz las ideas sobre las que habían trabajado. En resumidas cuentas lo que proponían era encontrar a los nideros y bajo un acuerdo, alcanzar el río con su apoyo. De esta manera, no tendrían que estar defendiendo las construcciones y no perderían tiempo en la búsqueda del río, disminuyendo los costos y el posible número de bajas. Estaban convencidos de que se podría llegar a negociar con ellos. Por otro lado, Daniel sugería dejar el destacamento actual con tres hombres y enviar cuatro más a trabajar a los campos de Paco. Después de todo, vendría bien que representantes del imperio permanezcan viviendo en el pueblo de Almeda. Podrían proporcionar información y defender los intereses de la emperatriz mientras que ellos continuaban con su travesía. Los restantes viajarían con ellos al igual que el coatí, quien no dejaba de despedirse de amigos y parientes ya con días de anticipación. En un momento Daniel se molestó por el ruido que provocaban impidiendo se pudiera concentrar en su trabajo y salió a espantar a tanto animal dando vuelta. Mientras tanto, Tania cubrió su cara con una mano en un gesto de cansancio sin decir palabra y aguardó que Daniel regresara. Cuando él se reintegró nuevamente al grupo, ella propuso que una vez logrado el acuerdo con los nideros se deberían dirigir al río y acorde al terreno y a las distancias comenzar a desarrollar un plan para la construcción del canal. Para esas decisiones habría que aguardar a tener mayor información. En esta etapa era imposible poder anticipar tantas variables a considerar.<br />
- A cambio de esto, ¿qué proponen solicitar a Almeda? – preguntó la emperatriz.<br />
- Lealtad y fidelidad al imperio, un tratado de libre circulación y comercio y por supuesto un canon para la corona. – resumió Daniel.<br />
La emperatriz suspiró y dijo que era un buen punto de partida para la negociación. Por otro lado, estaba dispuesta a no rebelar al pueblo en contra del gobernador Almeda y le permitiría continuar con su gobernación respetando con sus costumbres y cultura en general.<br />
- De acuerdo, debemos escuchar cuáles son las peticiones del Sr. Almeda mañana. Necesito que me acompañen a la mesa de negociación.<br />
- Sí, claro emperatriz. – contestó inmediatamente Daniel.<br />
Tania se quedó en silencio. Parecía perdida en algún planeta lejano cuando de pronto reaccionó y se dio cuenta de que la emperatriz estaba esperando alguna respuesta de su parte, ante lo cual tímidamente dijo: &#8211; ¿sí?<br />
- ¿Nos acompañarás mañana, Tania?<br />
- Claro, por supuesto Erika. – le contestó algo confundida.<br />
- ¿Te sentís bien Tania?<br />
- Sí… &#8211; se interrumpió y sacudió la cabeza para luego continuar diciendo – No es nada. Voy a estar bien. – Y se alejó caminando lentamente entre los árboles.</p>
<p>Erika no perdió el tiempo y fue urgente a buscar a Tomás. Tania estaba mal, y así no podían continuar con la misión. En cuanto lo encontró lo tomó de un brazo y lo apartó para decirle con seriedad:<br />
- Tomás, esto no está bien.<br />
- ¿Qué cosa no está bien?<br />
- Mirala. – le ordenó ubicándolo en dirección a Tania. Se la podía ver a lo lejos sentada sobre el tronco de un árbol caído haciendo girar una flor silvestre entre sus dedos con la mirada hipnotizada bajo ese movimiento.<br />
Tomás miró a la emperatriz quien le dijo:<br />
- No debería estar así. La necesitamos concentrada en nuestra misión; no podemos trabajar con ella en este estado. ¿Y si hablamos con ella?<br />
- No se, no estoy seguro.<br />
- Andá y y hablale. – le pidió la emperatriz.<br />
- ¿Yo? ¿Por qué yo? – preguntó él preocupado.<br />
- ¡Porque sos responsable de todo esto! – le recriminó ella.<br />
- No, no. No te equivoques Erika. Yo le di la posibilidad de amar. Es un don maravilloso y extremadamente poderoso. No le dije cómo, cuándo ni a quién. Eso es responsabilidad pura y exclusiva de ella y de nadie más.<br />
- No te enojes conmigo. – Reaccionó la emperatriz a la defensiva y explicó – Es que no se cómo ayudarla. Está tan distinta y no se cómo tratarla. – Se quedó pensando por un momento y luego le preguntó – Ese Juan, ¿le hizo algo?<br />
- Nada que ella no haya querido. – contestó él con naturalidad.<br />
- Voy a hablar con ella. – dijo Erika con decisión y parecía que iba a dar el primer paso pero se quedó en su lugar mirando a Tomás con sus hermosos ojos &#8211; ¿Me acompañas? ¿Por favor?<br />
- De acuerdo. – contestó Tomás sintiéndose desarmado ante la mirada tierna de la emperatriz.<br />
Se acercaron lentamente mientras Tania aún jugaba con una flor y Tomás se quedó unos pasos atrás, dejando que la emperatriz tomara la iniciativa.</p>
<p>Erika estaba a punto de hablarle cuando Tania se incorporó secando sus ojos con la mano derecha. En ese momento vio a la emperatriz e hizo un esfuerzo por recomponerse.<br />
- Hola. – saludó Tania mientras intentaba ocultar las lágrimas.<br />
- Tania, estás llorando.<br />
- No. – Sonrió con esfuerzo y agregó – No es nada.<br />
La emperatriz se acercó un poco más y le dijo decidida:<br />
- Si ese hombre te hizo algo, puedo enviar a Daniel y matarlo o al menos darle un buen susto. Puedo resolver esto inmediatamente.<br />
Tania la interrumpió y le dijo con determinación:<br />
- No lo toques, ni se le acerquen. – Y siguió diciendo en forma entrecortada por el llanto – Porque ese hombre no tiene la culpa, él… él… &#8211; y guardó silencio mientras siguió llorando.<br />
- Pero Tania, no te entiendo. ¿Entonces por qué lloras?<br />
- No lo se. Es que me duele.<br />
- ¿Qué te duele?<br />
Tomás se acercó a ellas un poco más totalmente intrigado con el giro de la conversación y prestando mucha atención a las palabras de Tania.<br />
- Erika, me cuesta respirar, me duele el pecho. No se que voy a hacer.<br />
- Pero, ¿qué te hizo?<br />
- ¡Él no me hizo nada! ¡Fui yo! ¿Está bien? Fui yo. Yo lo herí.<br />
Erika y Tomás se miraron por un breve momento interrumpido por las siguientes palabras de Tania:<br />
- ¿Cómo es posible que yo lo hiera y que yo también sufra la herida?<br />
- Lo estás sanando. – pensó Tomás en voz alta, hablando por primera vez.<br />
- ¿Qué? – preguntó Tania sorprendida. Erika lo miraba fulminante exigiendo una explicación. Entonces él se acercó a Tania y apoyando una mano en su brazo le dijo:<br />
- Cuando amas a alguien, sus heridas te son propias.<br />
Erika estaba atónita. Lo miró a Tomás perdida en sus pensamientos y luego le preguntó a Tania:<br />
- ¿Lo amas?<br />
Tania sonrió brevemente sacudiendo su cabeza invadida por la confusión y contestó:<br />
- Es lo único que puede explicar toda esta locura.<br />
La emperatriz cerró los ojos y pasó su mano arreglándose el cabello. Luego de meditar por un par de segundos le dijo:<br />
- Yo quisiera contar con tu presencia en el resto del viaje, pero si querés quedarte aquí con él, podría entenderlo.<br />
- ¿Y fallar en la misión? No, Erika. Te agradezco el gesto, pero no. Yo voy a continuar con ustedes y voy a volver con él, cuando todo esto haya terminado. El problema es que él cree que lo usé para llegar al gobernador. Piensa que él fue parte de mi trabajo.<br />
- ¿Estás segura? – preguntó Tomás.<br />
- Creo que sí. – contestó ella.<br />
- ¿De verdad sentís eso? Yo percibo otra vibración. – comentó él.<br />
La emperatriz los miró a ambos y ya cansada de tanta percepción y sensiblería tomó a Tania de los hombros y mirándola a los ojos le dijo:<br />
- Tania, hay una sola forma de aclarar las cosas: anda a buscarlo y explicale lo que sentís por él. Si él te ama también, entonces tiene que entenderte.<br />
- Yo siento que él la entiende… &#8211; comentó Tomás callando inmediatamente ante la mirada asesina de ambas mujeres.<br />
Tania se dirigió a la emperatriz luego de mirar a Tomás y le dijo:<br />
- Bien. Hablaré con él.<br />
- Perfecto. Iré entonces sólo con Daniel a la reunión mañana. De todas formas ya tenemos el proyecto a presentar bastante avanzado. Encargate de arreglar todo esto. – le quiso decir también que la apreciaba mucho, pero en cambio sólo le dio unas palmaditas en el hombro antes de ir en búsqueda de Daniel. Tomás se iba a retirar junto a la emperatriz pero Tania lo llamó y el giró a su encuentro. Entonces ella le dijo terminando de secar las lágrimas de su rostro:<br />
- Nosotros dos tenemos una conversación pendiente. – y aclaró su garganta.<br />
Él la miró un tanto evasivo y le contestó:<br />
- ¿Sobre qué necesitas hablarme?<br />
- Esto que siento yo, es algo tuyo, ¿verdad? – preguntó con una mirada penetrante.<br />
- Puede ser. – admitió él luego de tragar saliva.<br />
- Al poco tiempo que discutimos aquel día en la plaza, yo comencé a sentirme diferente. No se cómo, pero algo me ocurrió. &#8211; Ella se acercó con precaución y le tocó un brazo por un momento con su dedo índice. &#8211; Y pareces tan real. ¿Cómo lo haces?<br />
- No lo se. ¿Cómo hago qué?<br />
Al escucharlo Tania sonrió sorprendida y le preguntó:<br />
- No puede ser. ¿Tampoco lo sabes?<br />
- ¿Qué cosa? – respondió él, con otra pregunta.<br />
- Las heridas el día de la Asamblea, las curaciones casi mágicas de la emperatriz, haber sobrevivido el ataque de un león, las visiones, mi mano… &#8211; enumeraba ella lentamente.<br />
- ¿Qué pasa con todo eso?<br />
- Tenés un don especial, Tomás.<br />
- Eso lo se. Y ella también. – replicó con cierto orgullo refiriéndose a la emperatriz.<br />
- Los humanos no tenemos esos dones. – concluyó ella esperando ver su reacción, la cual no se hizo esperar. Él se sintió muy nervioso y hasta ofendido sin saber bien la razón. No quiso continuar conversando y a pesar de la insistencia de Tania para que se quedara, él se retiró para caminar solo por el bosque.</p>
<p> </p>
<p>La noche se adueñó del lugar una vez más y Tomás no volvía al refugio. La emperatriz no tardó en notar su ausencia y al pasar el tiempo sin tener novedades la preocupación fue tomando forma. Habló con Daniel sobre el tema y resolvieron enviar dos soldados en su búsqueda.<br />
Tomás había caminado por varias horas atormentado por esas crueles palabras: &#8220;Pareces tan real&#8221; &#8220;Los humanos no tenemos poderes&#8221; &#8220;Pareces tan real&#8221; &#8220;Pareces tan real&#8221;.<br />
Levantó los brazos para tapar sus oídos con las manos. Sin lograr reprimir sus sentimientos comenzó a gritar:<br />
- ¡Soy real! ¡Soy real! Por favor&#8230; por favor quiero ser real.<br />
Se sentó agotado en el suelo, apoyando la espalda contra el tronco de un árbol y abrazó sus rodillas en total desesperación entre lágrimas. Vio de pronto una luz a lo lejos entre los árboles y enjuagó sus ojos inundados para volver a mirar. La luz había desaparecido.<br />
Bajó la cabeza y escondió su rostro entre las rodillas. Hubiera querido desaparecer en ese mismo momento pero su amor por la emperatriz lo retenía.<br />
Luego de un momento levantó su rostro y se descubrió rodeado de cientos de luces diminutas danzando a su alrededor. Se asustó e instintivamente quiso espantar a las que se encontraban más cercanas. La sorpresa fue aún mayor cuando estas luces atravesaron su mano sin dificultad. Se puso de pie con intención de huir pero se sentía paralizado.<br />
- ¡Fuera! ¡Fuera de aquí! ¿Qué quieren? &#8211; gritó asustado.<br />
En ese momento, las luces no dejaban de atravesar su cuerpo sin ningún tipo de escrúpulos.<br />
- Tranquilo Tomás. &#8211; pudo escuchar la dulce voz de una mujer.<br />
- ¿Quién es? ¡Fuera! ¡Fuera de aquí!<br />
- Tranquilo. Está todo bien. &#8211; volvió a escuchar en el tono más dulce que jamás haya conocido.<br />
La luz continuaba creciendo y con desesperación pudo ver como su cuerpo se desmaterializaba convirtiéndose en una brillante luz blanca. No dejaba en ningún momento de escuchar esa voz femenina tratando de serenarlo.<br />
- Estamos contigo. No debes tener miedo.<br />
- ¿Quiénes están conmigo? ¡No puedo ver! &#8211; gritó desesperado.<br />
La voz con dulzura contestó:<br />
- Es que pretendes usar los ojos para vernos. Todavía estás actuando como humano.<br />
- Es una maravillosa obra de arte. &#8211; expresó de pronto una voz masculina.<br />
- ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? &#8211; preguntó Tomas desconsolado.<br />
- Tranquilo Tomás. Quiero que te relajes. Seguimos en el bosque.<br />
- ¿Por qué sólo veo luz?<br />
- Porque somos energía Tomas. Tú, él, yo&#8230; todos ellos. Somos energía. Nos puedes sentir, no nos puedes ver.<br />
- Estoy confundido. Estoy soñando, esto es un sueño.<br />
- No estás soñando Tomás. &#8211; volvió a escuchar la voz grave tratando de explicar &#8211; Todos nosotros contribuimos en tu formación. No te haremos daño. No podemos ni deseamos hacerlo. Formas parte de nuestro universo.<br />
Él ya no contestaba y estaba logrando serenarse. En ese momento se permitió sentir. Sentía presencias. Percibía la existencia de campos de fuerza. De alguna manera inexplicable, podía sentirlos incluso en forma individual. Eran cientos.<br />
- ¿Soy real? &#8211; preguntó preocupado.<br />
- Por supuesto Tomás. Por supuesto que eres real. &#8211; le contestó la voz masculina.<br />
El se sintió aliviado y sin embargo intentó levantar su mano pero sólo vio luz. No podía distinguir el bosque ni nada material. Sólo percibía esas presencias que se acercaban y alejaban en un movimiento impredecible. Se sintió tranquilo, en paz, y la sensación de haber llegado a su hogar lo emocionó.<br />
- ¿Qué soy? &#8211; volvió a preguntar Tomás bajo una gran confusión.<br />
- Energía Tomás. Energía positiva. &#8211; dijo la voz femenina.<br />
- ¿Soy un Dios? &#8211; consultó él incrédulo.<br />
Unas cuantas voces rieron y luego la voz masculina se escuchó cercana diciendo:<br />
- Los humanos nos llaman Dioses. Nosotros preferimos referirnos a nosotros mismos como energía.<br />
- ¡No puedo morir! &#8211; expresó Tomás.<br />
- Bueno, no en el sentido humano.<br />
- ¿Qué significa eso?<br />
- La vida humana es muy corta y además forma parte del mundo material. Ellos son materia y se transforman en materia. Pueden regresar, aunque nunca como eran originalmente. Pocas veces la materia toma conciencia de su propia existencia. El proceso es asombroso. Nosotros en cambio mantenemos el equilibrio e interrelacionamos con ellos. Logramos que la materia se mantenga unida. Le damos fuerza.<br />
- Hablas de equilibrio. ¿A qué te referís? &#8211; preguntó Tomás.<br />
- A la energía negativa Tomas. &#8211; dijo la voz de mujer en un tono algo más serio.<br />
Tomás instintivamente supo a qué se referían y preguntó.<br />
- ¿No podemos hacer que desaparezca?<br />
- Es una paradoja Tomás. No podemos vencerlos ni nos pueden vencer. &#8211; Contestó con serenidad la voz grave.<br />
- ¿Cómo es eso? &#8211; preguntó él con curiosidad.<br />
- ¿Alguna vez intentaste atacar a alguien? &#8211; le preguntó la voz femenina.<br />
Tomás no tardó mucho en recordar el episodio en que Daniel golpeaba a la emperatriz y él cegado por la ira intentó detenerlo.<br />
- ¿Alguna vez sentiste ira? &#8211; volvió a preguntar la dulce voz.<br />
- Sí. &#8211; contestó él.<br />
- ¿Y qué te sucedió?<br />
- Perdí la conciencia. No tuve el control.<br />
- Cediste al caos. &#8211; Hizo una pausa y continuó explicando en un tono decidido &#8211; Cada vez que intentes destruir perderás, porque te transformas en tu enemigo. Lamentablemente, nosotros no podemos odiarlos porque nos transformaríamos en ellos. Así como ellos tampoco pueden amarnos, por más que mucho lo deseen, porque dejarían de existir y se transformarían en nosotros.<br />
- Y van milenios en la lucha eterna por mantener el equilibrio. &#8211; concluyó diciendo la voz varonil.<br />
- Soy un Dios. &#8211; exclamó Tomás sin poder creerlo &#8211; Soy el inmortal.<br />
- Te enviamos a protegerla, para que la guíes. Mucha gente depende de ella. – explicó la voz femenina.<br />
- Al momento de su nacimiento tú entraste en el mundo material y estás haciendo un excelente trabajo. &#8211; exclamó la voz grave y continuó explicando dulcemente &#8211; Pero pronto deberás dejarla seguir su camino. Ya le has enseñado mucho y ahora ella debe decidir su destino.<br />
Esa dulzura no sirvió demasiado. Tomás se sobresaltó y preguntó:<br />
- ¿Tengo que dejarla? ¿La voy a dejar? – preguntó espantado.<br />
- ¡Tomás! ¡Tomás! ¡Despertate por favor! &#8211; escuchó mientras sentía como lo sacudían de un brazo. Abrió los ojos sobresaltado al ver un soldado de la guardia sobre él.<br />
- ¡Por fin te despertás! &#8211; comentó el hombre.<br />
Tomás se sentía totalmente confundido. Eso no se había sentido como un sueño en absoluto. Miró sus manos. Las abrió y cerró un par de veces y sonrió. El soldado le preguntó:<br />
- ¿Te encontrás bien? La emperatriz está preocupada por vos. Nos envió a buscarte.<br />
- Sí, estoy bien. &#8211; Respondió &#8211; Me debo haber quedado dormido.<br />
- Si, ya lo creo. Te perdiste el espectáculo.<br />
- ¿Qué espectáculo?<br />
- Antes que te despertaras, había cientos, cientos de ellas por todos lados.<br />
- ¿Cientos de qué?<br />
- Luciérnagas, Tomás. Cientos de luciérnagas. Fue hermoso. No se donde habrán ido. Desaparecieron de un momento a otro, y nosotros debemos volver al destacamento. Vamos.</p>
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		<title>Capítulo IX &#8211; Destino</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Aug 2008 18:24:07 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los rayos de sol la despertaron filtrándose a través de la puerta y se cubrió la vista con una mano para incorporarse minutos más tarde con la espalda algo dolorida. Daniel no estaba ahí y ella hubiera seguido durmiendo pero la idea de volver a recostarse sobre ese costal de cereal no la tentaba demasiado. Entonces se puso de pie y abrió la puerta, lográndolo sólo en el segundo intento. El sol bañaba los campos sobre una leve neblina matutina. Bostezó y entonces los vio. Daniel, con su escopeta al hombro, caminaba por el perímetro del campo y Chico lo acompañaba a su lado. Él también la vio y aceleró el paso aunque el perro le ganó la carrera.<br />
- ¡Buen día! Estaba esperando que te despertaras para probarla. – dijo con entusiasmo mostrando la escopeta a la emperatriz.<br />
- Bueno, pero tené cuidado y además no gastes todas las municiones. &#8211; le contestó la emperatriz.<br />
- Yo se donde Paco guarda más municiones. &#8211; se escuchó una voz simpática y juvenil.<br />
La emperatriz y Daniel intercambiaron miradas para luego dirigirlas hacia abajo y observar al perro moviendo la cola como un pequeño látigo de un lado a otro. Erika se acercó al animal y le preguntó:<br />
- ¿Nos podrías mostrar, por favor?<br />
- ¡Pero claro que sí, preciosa! &#8211; contestó con entusiasmo y se metió rápidamente en el galpón. Daniel y Erika lo siguieron inmediatamente, a tiempo para observar como el perro iba saltando del costal de cereal a la silla, de la silla a la pequeña mesa, de la mesa a la pila de cajas de madera y de allí a un estante. Caminó por él agazapado y con ojos enormes les pidió:<br />
- ¿Me ayudan a bajar? ¡No dejó la caja aquí!<br />
Erika se reía mientras pedía a Daniel que ayude al pobre animal. Pensaron que allí terminaba todo pero en cuanto Daniel lo dejó libre sobre el suelo el pequeño perro salió corriendo a la otra punta del galpón y comenzó a escarbar la tierra con mucha fuerza y entusiasmo. Daniel comentó:<br />
- Tal vez enterró algún hueso ahí. Vamos.<br />
- Espera &#8211; le pidió Erika al ver brillar algo bajo la tierra. Se acercó a Chico para distinguir la tapa de una caja. El perro cedió un poco de lugar y entre los dos terminaron el trabajo. Pronto la emperatriz estaba sentada sobre el costal con una caja de metal entre las manos. La abrió lentamente y encontró algunas fotos antiguas de una mujer elegante, una caja con municiones y una pistola de color negro. La tomó entre sus manos y le resultó más cómoda que la escopeta. Entre las fotos también había algunas cartas y pedacitos de tela. Se quedó con el arma y las municiones guardando luego prolijamente todo en la caja tal cual lo había encontrado. Incluso se tomó el trabajo de dejarla en su lugar y volver a cubrirla con la tierra.<br />
- Bien, salgo a practicar. &#8211; anunció Daniel y en ese momento se dieron cuenta de que Chico no estaba con ellos desde hacía unos cuantos minutos. Daniel levantó los hombros con total desinterés y salió del galpón junto a la emperatriz.<br />
Ella prefirió recorrer los campos cultivados y retirar en algún que otro lugar hierba que afectaría la cosecha a futuro, mientras que él comenzó a disparar a unas ramas que había ubicado estratégicamente a una cierta distancia. Erika estaba muy entretenida tratando de arrancar las raíces de unas hierbas cuando entonces los vio y no podía salir de su asombro. Chico estaba recostado con el hocico contra el piso mirando con total dulzura a un pequeño conejito, blanco como la nieve. Se acercó con la mano sobre el arma con mucha calma tratando de no alertar al conejo, pero todo fue inútil. Al estar a unos metros de distancia, Chico se percató de sus intenciones y comenzó a ladrarle con tal determinación que ella tuvo que retroceder. Sin perder el tiempo, el conejo escapó en una carrera imposible de ganar zigzagueando entre los árboles del fondo del campo. El perro estaba rabioso y justo en ese momento llegó Paco luciendo sumamente disgustado:<br />
-¿Qué le estás haciendo a mi perro?<br />
- ¡Nada Paco! &#8211; contestó ella con la sangre en el ojo. El hombre no le creyó y luego de revisar y calmar a su animal se le acercó a los gritos.<br />
- ¡No se te ocurra hacerle algo a Chico! Trata a este animal como si fuera lo más importante en tu vida, o te la tendrás que ver conmigo. ¡No me hagas elegir entre él o ustedes! &#8211; en ese momento llegó Daniel corriendo y se detuvo a centímetros de la emperatriz. Esto hizo que el hombre cerrara la boca y se retirara dando zancadas por el campo.<br />
- Cobarde. &#8211; comentó Daniel apoyando su mano en la espalda de la emperatriz. &#8211; No te preocupes por él.<br />
- No lo estoy. &#8211; dijo ella con firmeza y luego agregó &#8211; Me preocupa Chico.<br />
Estando ya cerca del alambrado Paco les gritó:<br />
- Les dejé alimentos y botellones de agua en el galpón. – dijo algo más pero nadie lo entendió. Parecía que se alejaba quejándose y haciendo ruidos extraños. Daniel le preguntó a la emperatriz qué había ocurrido y al enterarse de la historia le dijo:<br />
- Estás en un dilema. La intención de Chico es buena, le gusta el conejo, pero no sabe prever que el conejo va a terminar con el campo de zanahorias. Me hace acordar a cierta persona&#8230; &#8211; comentó con una sonrisa. Ella se mantuvo seria y finalmente se retiró dirigiéndose hacia el galpón.<br />
Los tres a esta altura tenían hambre. Chico apareció en la puerta al sentir el olor a comida y la emperatriz le sirvió en una taza una porción para él también. Aprovechó ese momento para hablarle sobre el peligro que representaba el conejo, sobre la amistad, el deber y la responsabilidad. El perro tenía buen corazón, pero no aceptaba los planteos de Erika. Simplemente no lo podía entender, estaba seguro de que todo el amor que le tenía a su pequeño amigo podría resolver cualquier inconveniente.<br />
Estaban en el medio de la conversación cuando escucharon a Tomás llamándolos desde la entrada del campo. Abrieron la puerta del galpón y lo vieron con muestras de cansancio en el rostro. Erika corrió a su encuentro y al acercarse vio las manchas de sangre en la camisa y le preguntó qué le había ocurrido. Lo tomó de los brazos ayudándolo a caminar ya que Tomás se inclinaba levemente hacia delante. Le abrió la camisa y vio una gran marca morada en su estómago. &#8211; ¡Por favor, Tomás! Esto es demasiado. Tiene que haber una forma de detenerlo.<br />
- Lo único que importa es que estás bien, mi amor. Estaba preocupado. – le dijo él con un gesto de sufrimiento.<br />
- Vení. – le contestó ella tomándolo de un brazo para llevarlo al galpón. Daniel los ayudó y recostaron a Tomás sobre los costales de cereal. Le ofrecieron alimento pero él no los aceptó y se quedó dormido en pocos minutos. Al quedar inconsciente aflojó su mano y algunas monedas cayeron al piso. Daniel las juntó y las guardó en una pequeña bolsa de cuero.<br />
Erika y Daniel trabajaron duro en el campo ese día mientras Tomás se recuperaba. La emperatriz en un momento se paró erguida mirando el horizonte, limpiando el sudor de su frente y se preguntó si no habría perdido el rumbo en algún momento. ¿Qué estaba haciendo ella en ese campo de zanahorias?<br />
- Normalmente no se puede ver la figura del rompecabezas hasta que uno avanzó lo suficiente en el trabajo. – dijo Tomás a pocos metros detrás de ella.<br />
Ella giró con una sonrisa y le dijo:<br />
- ¡Te despertaste! ¿Estás mejor?<br />
- Sí. Mucho mejor. – la miró con ternura.<br />
- ¿Estamos bien aquí?<br />
- Claro que sí. Todo está en su lugar. – se acercó y le acomodó el cabello. – Tranquila mi amor.<br />
Ella le sonrió y le preguntó por Tania. Tomás se rió suavemente y le contestó:<br />
- Ella es la que mejor la está pasando. Te lo aseguro. – luego le contó sobre su nuevo trabajo en la taberna y que había conocido al hombre más importante del pueblo. Con él deberán negociar para aliarse y llegar al río. Luego le dio la espalda y comenzó a caminar mientras le decía:<br />
- Tengo que volver. Los espero el viernes, me gustaría que vengan a verme.<br />
La emperatriz se quedó viéndolo marchar y suspiró.</p>
<p>Tania se despertó con una energía inusual esa mañana, se sentía plenamente feliz. Acomodó la ropa de su cama y se arregló el cabello. Se cambió luego de seleccionar un vestido color celeste del baúl y abrió la puerta de la casa para encontrarse con una mañana fresca donde algunos trabajadores ya estaban ocupándose de la rutina diaria. Sin perder la sonrisa fue hasta el depósito a buscar alfalfa, cargó la carretilla y la llevó hasta los studs.<br />
El pelaje de los animales brillaba en forma especial bajo la luz matutina. Ella se acercó con alegría hablándoles con dulzura y se emocionaba cuando le aceptaban el alimento. Era un trabajo maravilloso y no podía esperar el momento de aprender a cabalgar.<br />
Luego de revisar que todos tuvieran su ración de alimento y los piletones de agua completos, comenzó a cepillarlos uno a uno. Estaba trabajando con una yegua de tres años, color negro azabache, cuando él la vio ese día. Ella lo divisó a la distancia pero no saludó esperando que él se acercara. Se desilusionó al ver que él no hizo gesto alguno y se dirigió a uno de los peones, quien le alcanzó inmediatamente un caballo. Pronto salió al galope del haras levantando polvo detrás de sus huellas.<br />
La yegua y ella se miraron y el animal movió las orejas como entendiendo la situación. Tania continuó cepillándola y luego siguió con los demás hasta finalizar con su tarea avanzado el mediodía.<br />
- ¿Ya terminaste? – preguntó un paisano bajito de tez curtida luciendo una especie de boina negra sobre su cabeza.<br />
- Sí. Ya están listos. – contestó ella.<br />
- Bien. Entonces vamos al comedor. – le dijo sonriendo y extendiendo su mano &#8211; Me llamo Rodrigo.<br />
- Encantada, mi nombre es Tania.<br />
- Lo se. Juan me pidió que cuidara especialmente de usted.<br />
La alegría le volvió al alma y no pudo dejar de sonreir por las próximas dos horas. Comieron un guiso bastante abundante y mientras tanto aprovechó para enterarse de la organización del lugar. El haras tenía alrededor de doce empleados. Había un par de chicas que se ocupaban de la cocina y la limpieza, otros tres adiestradores para los animales, dos cuidadores y el resto eran peones de mantenimiento general. Rodrigo estaba a cargo de todos ellos, Tania incluida.<br />
Estaban levantando la mesa cuando Juan regresó al haras y se dirigió sin decir palabra al edificio principal. Ella dudó. Sentía el impulso de ir a hablarle pero por otro lado, estaba convencida de que lo mejor era continuar con sus tareas en el lugar y enfocarse en su trabajo. Además, tenía que comunicarse con su grupo para avisarles que ella estaba trabajando allí. Entonces sonrió y fue decidida a golpear la puerta de Juan.<br />
- ¡Adelante! – escuchó.<br />
Abrió la puerta y lo vio recostado en una poltrona con un libro entre sus manos. Antes de entrar tenía la frase en su cabeza pero en ese momento las palabras habían desaparecido y las buscaba desesperadamente. El la miró sonriente y le dijo entusiasmado:<br />
- ¡Tania! ¡Qué bueno verte! ¿Qué tal tu primer día de trabajo? ¿Todo bien? – su mirada era vivaz y brillante.<br />
Ella le sonrió y le dijo con un suspiro:<br />
- Maravilloso.<br />
El rió mostrándose feliz y contestó: &#8211; Cuanto me alegro, realmente. – levantó casi imperceptiblemente las cejas y continuó diciendo &#8211; ¿Te interesa la lectura?<br />
Al escuchar estas palabras mágicamente ella recordó lo que tenía para decirle.<br />
- Sí, me gusta mucho leer. Yo, en realidad, venía a pedirte si podría ir hasta el pueblo un momento. Tengo que avisar a unos amigos que estoy aquí.<br />
Él la escuchaba con atención y le contestó:<br />
- No te preocupes por eso. Esta noche vamos a cenar en el centro. Podemos pasar por donde estén tus amigos antes si te parece bien. – y sonrió al verla sonrojarse.<br />
Juan se puso de pie y se acercó para mostrarle el libro que estaba leyendo. Ella lo tomó en sus manos y comenzó a hojearlo lentamente sin leer una sola palabra de sus páginas. Él caminaba a su alrededor y de pronto le dijo:<br />
- Sos hermosa.<br />
- Gracias. – le dijo ella bajando la mirada y sintiéndose un tanto incómoda. Entonces lo miró y le preguntó – Esta noche, ¿debo vestirme de alguna manera en especial?<br />
El sonrió más que complacido y le dijo – No te preocupes por eso. Vení. – Le extendió su mano y ella la tomó. La guió hasta la biblioteca y le preguntó si había leído alguno de esos libros. Ella pudo reconocer algún que otro título, pero las caricias que él le daba en su mano mientras le hablaba le nublaban la mente. Entonces Tania comentó algo pero él la interrumpió con un beso tierno y dulce. Se abrazaron con suavidad y se miraron.<br />
- No se que me pasa con vos. Siento que quiero cuidarte. – le confesó él.<br />
Ella contestó a la defensiva como despertando de un sueño y tensando su cuerpo:<br />
- ¿Pensás acaso que no puedo cuidarme sola?<br />
El sonrió y le dijo a pocos centímetros de su boca:<br />
- No, no te cuento lo que pienso. Te hablo de lo que siento. Debes saber que un sentimiento es mucho más fuerte que un pensamiento.<br />
Ella se quedó sin palabras y le acarició el rostro, entonces él volvió a besarla con delicadeza abrazándola más fuerte. En un momento Juan apoyó la mano en su pecho y al descubrir su corazón, sonriendo le preguntó:<br />
- ¿A dónde corre?<br />
Ella sonrió y le dijo:<br />
- Parece que se quiere ir con vos. – él la miró apasionado y volvieron a besarse. Se distanciaron por un momento y sin soltar las manos él la guió a su dormitorio. Ella no se resistió.</p>
<p>Erika continuó trabajando por largas horas y al regresar volvió a descubrir a Chico con su pequeño amigo. No dijo nada y se metió en el galpón. Allí estaba Daniel esperándola.<br />
- Creo que pronto será el tiempo de cosecha. – comentó él al verla llegar.<br />
- Eso parece, pero debemos esperar las indicaciones de Paco.<br />
- Cuando viene. Supongo que para el fin de semana, ¿verdad?. – contestó Daniel.<br />
- ¿Lo vistes a Chico? – preguntó la emperatriz preocupada.<br />
- Sí. Esto no va a terminar bien. Ya hablé con él también pero todo es inútil. No me hace caso.<br />
- Al menos lo advertimos – le contestó ella.<br />
- Sí, es cierto.<br />
- Daniel, ¿tenés forma de comunicarte con el destacamento? Me gustaría tener noticias de ellos.<br />
- Mañana temprano iré hasta allá para pasar revista. No creo que tengan problemas. – Se echó a reir.<br />
- ¿Qué sucede?<br />
- Me acordé de los coatíes. ¡Qué personaje ese Ariel! ¿Lo vamos a llevar al monte?<br />
- Sí, claro, un trato es un trato. Después de todo, gracias a ellos no tenemos el problema de las provisiones. – le recordó la emperatriz.<br />
- Es cierto. Bueno, es hora de dormir emperatriz.<br />
- Sí, estoy agotada. No recuerdo haber trabajado tanto.<br />
Daniel se rió con ganas y ella le dio un golpe en el brazo.</p>
<p>Tomás había comenzado su turno y limpiaba las mesas con forma de tornillo en la calle a la salida de la taberna. Algún que otro cliente comenzaba a llegar poco a poco pasadas las ocho de la noche. El descanso le había venido bien y se sentía bastante recuperado. Levantó una copa y entonces la vio pasar al galope. El caballo se detuvo repentinamente a unos metros y ella descendió. El jinete lo miraba seriamente y él no podía dejar de observar ese rostro. Lo encontraba increíblemente familiar. Tania se acercó a él rápidamente y lo tomó de un brazo mientras Tomás no podía evitar mirar a Juan.<br />
- ¡Tomás tenemos que hablar! No se que me sucede. Estoy mal. No se que tengo. Me tenés que ayudar.<br />
- ¿Qué te pasó? – le contestó él mirándola con atención.<br />
- ¡No puedo pensar! Estoy como confundida, emocionada, sensible. – Tomás la escuchaba totalmente anonadado y sin permitirle continuar le preguntó:<br />
- ¿Quién es este? – el jinete se había ido acercando lentamente hasta ellos mientras conversaban. Entonces bajó de su caballo y lo miró a Tomás sin abandonar una actitud seria y dominante.<br />
Tomás se acercó a él y le preguntó:<br />
- ¿Nos conocemos?<br />
- No. – contestó Juan luego de mirarlo con intensidad.<br />
- ¿Estás seguro? – volvió a preguntar Tomás, mirándolo intrigado.<br />
- Nunca lo he visto en mi vida. – le dijo él con plena seguridad.<br />
- Tomás, debo avisarte que estoy trabajando en el haras de Juan. – le informó Tania de pronto.<br />
- ¿El haras de Juan? – preguntó Tomás.<br />
- Queda a cinco kilómetros al este de aquí. Criamos los caballos para el gobernador. – aclaró Juan.<br />
- ¿El gobernador? – volvió a preguntar Tomás algo asombrado.<br />
- Sí. Para Manuel Almeda. Vamos a cenar con él ahora.<br />
- ¿Vamos? ¿Te vas con él? – preguntó Tomás confundido señalando a Juan con la mirada.<br />
- Sí. – le dijo ella. Luego le dio un abrazo de despedida y con la ayuda de Juan volvió a montar el caballo para salir al galope en el momento.<br />
Tomás se quedó inmóvil mirándola. “Va a cenar con Manuel Almeda” &#8211; pensó.<br />
- ¡Camarero! – le gritaron desde adentro obligándolo a volver a la rutina. Mientras atendía a la gente pensaba una y otra vez donde había visto a ese hombre. Ese Juan. Estaba seguro de que lo conocía de algún lado. Y de pronto cayó en la cuenta quedando perplejo: “¿Tania me abrazó?”</p>
<p>El edificio principal de la aldea era de color arena con algunas columnas al frente y unas amplias escaleras en la puerta principal. Sobre ellas se leía un cartel que decía “Pueblo de Almeda”. Dejaron el caballo atado a un poste cercano y caminaron unos metros hasta donde un empleado los recibió y guió por las escaleras hasta abrirles la puerta principal. Al ingresar se veía un pequeño hall y un corredor con pisos en mármol formando grandes cuadros negros y blancos. Algunas plantas y cuadros adornaban el lugar dando un toque difícil de definir. Tania lo encontró bastante cálido. Aguardaron un minuto y un mayordomo apareció por la galería. Con una enorme sonrisa saludó a Juan diciéndole:<br />
- ¿Cómo está Señor? Siempre es un gusto recibirlo en esta casa. – Miró a Tania por un momento y le dijo – Señorita, un placer.<br />
Tania se sentía como una joven princesa guiada por el hombre más apuesto que había conocido en su vida. Siguieron al mayordomo hasta un salón donde se encontraba una enorme mesa de roble finamente trabajada y servida con los más ricos manjares. Tania abandonó pronto la idea principesca y no veía la hora de atacar esos platos deliciosos, abundantes en exquisita comida. Sin embargo, tuvieron que aguardar la llegada del gobernador y su esposa, quienes no tardaron en presentarse. Manuel y Sofía Almeda llegaron al salón a los pocos minutos y luego de los saludos de rigor se ubicaron alrededor de la mesa.<br />
- Te veo muy bien acompañado, mi amigo. – comentó el gobernador a Juan con picardía.<br />
- Sí, Tania me está ayudando en el haras. Creo que me dará suerte para atrapar a Bandido.<br />
- Ese caballo es terrible. No se deja domar. – manifestó el gobernador.<br />
- Yo le tengo fe a esta señorita. – dijo Juan mirando a Tania con dulzura.<br />
Todos comenzaron a comer y la charla fue muy entretenida. Tania tuvo oportunidad de aprender sobre muchas costumbres del pueblo. Por ejemplo se enteró de que hubo una fiesta popular el mes pasado.<br />
- … la gente es así. Con este evento creen que los nideros no nos atacarán. – comentó el gobernador meneando su cabeza mientras Tania prestaba suma atención.<br />
- No nos atacarán mientras cumplamos con el trato. – acotó Juan.<br />
- El problema es que no se cuanto tiempo más podremos continuar así. Necesitamos el agua. La gente no está dispuesta a entrar al monte. Les tienen pánico, pero si la situación se torna intolerable, ya no estoy tan seguro. – expresó Manuel con cierta preocupación.<br />
- Y bueno querido… &#8211; suspiró Sofía para luego señalar &#8211; Con los antecedentes que tienen los nideros, tampoco puedo culparlos.<br />
- Al decir verdad, no me gusta la idea de llegar al río. Es un riesgo muy grande. – acotó Juan.<br />
- No encuentro otra solución. – comentó desazonado el gobernador.<br />
- Yo conozco a alguien que puede ayudarlo, Señor Gobernador. – habló Tania por primera vez.<br />
Los tres la miraron con curiosidad y Manuel Almeda comentó con una sonrisa:<br />
- Es la segunda persona que me dice esto en poco tiempo. ¿Quién me puede ayudar? – preguntó sonriente.<br />
- Se llama Erika. Está trabajando en este momento para Paco, en unos campos no muy lejos de aquí.<br />
- ¿Con Paco? – preguntó Manuel Almeda mirando luego a Juan quien comentó:<br />
- La encontré a Tania ayer en el bosque, se había peleado con él, o había discutido por algo.<br />
- ¡Me había faltado el respeto! – expresó Tania mientras que la esposa del gobernador dejó sus cubiertos en el plato y bajó la mirada. Se hizo un silencio en la mesa. Luego el gobernador le dijo con un tono sincero:<br />
- Sepa usted disculpar a mi cuñado. Desde que perdió a su esposa, ya no es el mismo. Estoy seguro que no tuvo intención de ofenderla. Hablaré con él.<br />
- Igual ahora está trabajando conmigo. – dijo Juan rápidamente con una sonrisa nerviosa mientras deslizaba una mano bajo la mesa para acariciar la pierna izquierda de Tania.<br />
El gobernador lo miró por un momento y luego le dijo a Tania:<br />
- Parece que conquistaste a mi socio, querida. Debes ser alguien especial.<br />
Ella sonrió entre complacida y avergonzada. Los sentimientos que tenía eran totalmente nuevos para ella, al igual que toda la situación que estaba viviendo.<br />
Continuaron cenando con una charla muy amena sobre diferentes temas culturales. Ella estaba maravillada por la capacidad e inteligencia de Juan. Era un hombre de mundo, tenía conocimiento sobre una amplia gama de temas. Finalmente la cena llegó a su fin y antes de partir, el gobernador se detuvo y le dijo a Tania:<br />
- Que tu amiga se presente en la Asamblea Pública de fin de mes. Espero que también sea alguien especial. Me llama la atención que propongas a una campesina para brindar una solución. – sonrió y ante la falta de expresión de Tania le preguntó &#8211; ¿Conoces la leyenda verdad?<br />
- No, señor gobernador.<br />
- Es muy antigua y dice así:</p>
<p><strong>&#8220;Una emperatriz calmará la sed de los pueblos,<br />
uniendo con paz las culturas.<br />
Vencerá al gran ejército cumpliendo sueños,<br />
aunque ella misma albergue dudas.&#8221;</strong></p>
<p>El gobernador se retiró sonriente junto a su esposa al terminar de recitar la profecía y Tania miró a Juan intrigada:<br />
- Es una creencia popular. Un gran ejército vencido, sueños cumplidos, algo sin demasiado sentido. Los milagros no existen. Yo se lo que te digo. – opinó Juan quien luego la guió hacia la salida. En el camino al haras le preguntó: &#8211; ¿Quién es Erika? ¿Y quién era ese hombre Tomás?<br />
- Amigos. Mis más grandes amigos. – contestó con su corazón por primera vez en su vida.</p>
<p>Los días pasaron en el pueblo. Daniel había podido contactar al ejército recibiendo con alegría a los nuevos soldados que traían excelentes noticias del reino. Al parecer Ana cubría muy bien a la emperatriz en sus funciones y además envió a los hombres con más provisiones. Por otro lado, los cóndores habían colaborado de una manera inesperada. Sin saberlo, dejaron semillas de nuevas especies de árboles frutales en el reino. Los habitantes se sorprendían por el gran crecimiento que tenían y esperaban ansiosos disfrutar los frutos. También se había contenido el crecimiento de la población en roedores y otras alimañas. Además los habitantes estaban muy a gusto con la nueva patrulla del aire, realmente se habían transformado en una atracción popular.<br />
La emperatriz seguía trabajando en el campo, tolerando, en cierta medida, la amistad de Chico con su conejo. Y por supuesto Tomás, daba algún que otro show musical por las noches a sus seguidores, siguiendo con su rutina en la taberna.<br />
Tania aprendió a cabalgar y entrenar los caballos con la ayuda de Rodrigo. Su amor por Juan crecía cada día más y se sentían con el pasar del tiempo más unidos como pareja. La aparición de este hombre fue totalmente inesperada en su vida, pero muy bienvenida.</p>
<p>Y finalmente llegó el día de la Asamblea Pública. Ese día como cualquier otro, Daniel y Erika se levantaron temprano y atendieron el campo ya listo para que se comience a levantar la cosecha. Habían realizado el recorrido de rutina alrededor del perímetro y se encontraban ahora recorriendo los cultivos cuando Erika lo vio y su rostro se endureció.<br />
Allí estaba el conejo, amigo de Chico, comiendo con muchas ganas una zanahoria de buen tamaño. Ella buscó la pistola en su bolso y apuntó, pero Chico, al verla salió corriendo desde atrás de ella y al grito de alto pasó corriendo por su lado en persecución del conejo. La emperatriz no lo dudó ni por un momento y los siguió, decidida a no perder el rastro. En un instante el conejo se equivocó de dirección al saltar y quedó al alcance de Chico. Él lo atacó, provocando un corte severo en su pata trasera. La sangre resaltaba en el pelaje blanco del precioso conejo.<br />
- ¿Cómo pudiste hacerme esto Chico? ¡Eramos amigos! ¿Cómo me traicionaste así? – se quejaba el conejo dolorido.<br />
- ¡No me dejaste alternativa! ¡Mil veces te dije que no tocaras estas zanahorias! ¡Vos me traicionaste! – le gritaba Chico aullando angustiado por su amigo.<br />
- Una maldita zanahoria, te odio desgraciado. Era una simple zanahoria de un campo completo. Te odio. – le dijo el conejo ciego de ira mientras que se arrastraba como podía para huir hacia el bosque. El perro debía atraparlo, pero lo estaba dejando escapar.<br />
Erika quitó el seguro, levantó el arma con ambas manos, apuntó y jaló el gatillo. Fue un solo segundo y el conejo quedó destrozado inmóvil sobre el campo. Chico se acercó al cuerpo del animal y aulló. En ese momento ella escuchó a sus espaldas la carga de una escopeta. Daniel vio a Paco detrás de ella apuntando y corrió a toda velocidad horrorizado quedando paralizado cuando escuchó el estruendo. Ella se estremeció y entonces escuchó el grito de Chico antes de caer muerto sobre el conejo.</p>
<p>Giró y lo vio a Paco con el entrecejo fruncido. La mirada de Erika lo decía todo y él comentó con desdén:<br />
- Tenía un perro porque me era fiel, lo alimentaba porque me protegía los campos. Desagradecido. No tolero las traiciones. – dejó deslizar la escopeta hacia abajo mirando la pistola que sostenía Erika. Se acercó y la tomó entre sus manos. – Era de mi mujer. Ella nunca fallaba, tenía una puntería excelente y hoy vos le diste buen uso. – dijo y luego caminó cabizbajo. A unos metros de distancia les gritó: &#8211; ¡Acompáñenme por favor!<br />
Daniel ya estaba cerca de Erika, preocupado y agradeciendo a los dioses por su misericordia. Por un momento había pensado que no volvería a ver a su emperatriz. Se acercó a Paco y le preguntó dónde iban.<br />
- El gobernador me pidió que los lleve a la Asamblea Popular. Por algún motivo quiere verlos.</p>
<p>Paco les habló muy bien en esa oportunidad. Les dijo que estaba muy conforme con el trabajo que habían realizado en los campos y que pensaba obtener una alta rentabilidad con esa cosecha. Luego de explicar sobre el rinde y algunos detalles de la operación, les ofreció que se hicieran cargo de otros campos. Les consultó también si conocían a alguien para recomendar para realizar estos trabajos. Daniel contestó afirmativamente y Paco pidió que se presentaran al día siguiente.</p>
<p>Los tres recorrieron el camino hasta la gobernación con entusiasmo. Al llegar vieron que muchos vecinos se habían acercado y curiosamente se encontraban Tomás y Tania entre todos ellos. La sorpresa mayor para Erika y Daniel fue cuando el gobernador Manuel Almeda apareció frente al público, y luego de un breve aplauso, lo primero que hizo fue abrazar a Paco con gran afecto.<br />
- Manuel, te presento a Erika y Daniel. – Dijo Paco mientras los miraba sonriente y agregó – Me han dado las fuerzas para seguir adelante. De las ruinas han logrado levantar el campo, tengo la cosecha casi lista. Pienso contratar gente Manuel. Voy a pelearla, amigo.<br />
Manuel lo abrazó y lo alentó a continuar con ese entusiasmo. Entonces comenzó la sesión popular y se escucharon tratar una serie de temas hasta que llegó el turno de Tomás y Tania. Ella fue quien habló primero diciendo:<br />
- Buenas tardes Señor Gobernador. Estamos hoy aquí porque el pueblo tiene una necesidad primaria: abastecerse de agua. La única forma de obtener esa agua es alcanzando el río y construir un canal a través del monte. – La gente murmuró temerosa en la sala – Conocemos a la persona que nos puede guiar en esta empresa.<br />
- ¿Sí? – Preguntó el gobernador un tanto escéptico &#8211; ¿Y quién es esa persona? – preguntó un tanto burlón.<br />
Tania y Tomás la miraron pero ella no les dio tiempo a contestar.<br />
- Esa persona soy yo, Señor Gobernador. – le contestó Erika con un tono que reflejaba carácter y determinación.<br />
Todos los presentes comenzaron a comentar haciendo un barullo considerable en la sala. Una frase se repetía constantemente en el salón: “Es la emperatriz” “Es la emperatriz” “Es la emperatriz”…<br />
Un moderador pidió silencio inmediatamente y al obtenerlo el gobernador con mucha seriedad le preguntó incrédulo:<br />
- ¿Es usted la emperatriz?<br />
La gente comenzó a tomar distancia de ella mientras que Tania, Tomás y Daniel se unieron con cierto orgullo.<br />
- Soy la Emperatriz Erika del Valle de las Nieves, Señora de las Montañas del Paso y Baronesa del Bosque Noroeste y nos presentamos en paz ante el pueblo de Almeda.<br />
El gobernador no daba crédito a las palabras que había escuchado y Juan, a un costado de la sala, se quedó sin habla ni poder dejar de mirar por un solo momento a Tania, quien estaba parada al lado de la emperatriz entre esos dos guardias.<br />
El pueblo guardó silencio en señal de respeto y el gobernador se acercó a ellos acompañado por su propio personal de seguridad.<br />
- Emperatriz, ¿dónde está su ejército? – preguntó el gobernador algo preocupado, recordando la gran cantidad de leyendas existentes sobre esta mujer. Nunca había pensado que serían reales pero el problema principal que enfrentaba era que el pueblo sí creía en ellas.<br />
- Cerca, pero no habrá necesidad de un enfrentamiento, Señor Gobernador.<br />
- Claro que no, Emperatriz. Tenemos mucho que conversar, ¿no cree usted? – preguntó con suma caballerosidad.<br />
- Por supuesto. – respondió ella.<br />
- Por favor, preséntese mañana. La estaremos esperando.<br />
- De acuerdo. – le contestó ella y los cuatro iniciaron su retirada del salón. La gente se abría dejándoles paso como un juego estratégico prediseñado ya que todos se distribuían y circulaban metro a metro de modo de poder verla de cerca al menos por un momento.<br />
Llegaron caminando hasta el centro de la plaza cuando de pronto Juan los alcanzó agitado y gritó por Tania. La emperatriz no estaba al tanto de esta situación y Tomás le dijo al oído:<br />
- Necesita despedirse, permite que llegue más tarde al destacamento.<br />
- De acuerdo. – le dijo a Tania y siguieron avanzando alejándose del pueblo.<br />
Juan y Tania se miraron entre la gente que se iba perdiendo por las calles, apurados por hacer correr la voz. Ella analizaba cada uno de sus rasgos y gestos sin decir palabra alguna hasta que él se acercó lentamente y de pronto le preguntó:<br />
- ¿Cuándo ibas a decírmelo?<br />
- No podía hacerlo.<br />
- ¿Nuestra relación es parte de tu misión?<br />
- Claro que no. – Lo tomó de las manos y le dijo – Lo que siento por vos no se puede describir con palabras. Es lo más fuerte y auténtico que me pasó en toda mi vida.<br />
- Y ahora te vas a ir con ellos, ¿verdad?<br />
- Debo hacerlo. – contestó bajando la mirada.<br />
- Me dijiste que ellos eran tus amigos cuando en realidad sos uno de los oficiales principales en la misión de un imperio. – Habló casi con desprecio y de esta forma hirió los sentimientos de Tania.<br />
- Los considero mis amigos.<br />
- ¿Y hasta dónde piensan llegar? – preguntó él alzando la voz.<br />
- Buscamos el mar.<br />
- ¡¿El mar?! – gritó él.<br />
- Si Juan, buscamos el mar. ¡Y no me vuelvas a hablar de esta manera!<br />
- No entendés, no entiendés nada. &#8211; Repetía él desesperado.<br />
- ¿Qué es lo que no entiendo?<br />
- Es peligroso, no puedo dejar que te vayas. Por favor mi amor, no te vayas. ¡No vayas!<br />
- Primero, se cuidarme muy bien. Segundo, ¿cómo podes saber si es peligroso?<br />
- Confiá en mí, te pido por favor que no vayas.<br />
- ¿Por los nideros?<br />
- Los nideros no es lo peor – dijo él sacudiendo la cabeza.<br />
- ¿De qué hablas? – preguntó ella.<br />
- No te puedo dejar ir. – contestó él cada vez más angustiado.<br />
- Amor, esto no es una opción. Tengo una responsabilidad con mi gente.<br />
- ¡No puedo dejarte ir al mar!<br />
- ¿Por qué?<br />
Él estalló en furia de pronto sorprendiendo a Tania que no sabía cómo contenerlo. Lo quiso abrazar pero él la rechazó provocando una angustia profunda en ella. Sin detenerse, Juan se alejó y luego echó a correr. Rápidamente montó su caballo y salió a toda carrera hacia el bosque. Ella se quedó sola en la plaza y comenzó a caminar hacia el destacamento del bosque, sintiendo como las lágrimas patinaban por sus mejillas.</p>
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