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	<title>El camino de la Emperatriz &#187; Almeda</title>
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		<title>Capítulo XI &#8211; El monte</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Aug 2008 19:47:39 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Al día siguiente se levantaron temprano y Daniel se ocupó eficientemente de la organización de la tropa. Sin dudar tomó a uno de sus hombres y lo envió al valle para solicitar cinco guardias adicionales. Dejó a dos de ellos en el destacamento y ordenó al resto que se prepararan para marchar al pueblo. Daniel [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=50&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Al día siguiente se levantaron temprano y Daniel se ocupó eficientemente de la organización de la tropa. Sin dudar tomó a uno de sus hombres y lo envió al valle para solicitar cinco guardias adicionales. Dejó a dos de ellos en el destacamento y ordenó al resto que se prepararan para marchar al pueblo. Daniel era excelente en su función, realmente se sentía como pez en el agua llevando adelante la tropa.<br />
La emperatriz estaba feliz de poder por fin quitarse esos vestidos color pastel y lucir nuevamente su vestimenta de cuero y sus botas altas hasta casi las rodillas. Estaba ya un tanto ansiosa por la reunión que iba a mantener ese día y deseosa por escuchar cuanto antes la propuesta del gobernador Almeda. Antes de partir habló con Tania y acordaron que se volverían a encontrar por la noche para preparar su partida hacia el monte. Tomás, por su parte, decidió quedarse en el destacamento a la espera de todos ellos.</p>
<p>Erika y Daniel iniciaron el viaje hasta la aldea junto a la tropa. Al llegar, la gente del lugar salió a recibirlos prácticamente como héroes y dificultaron un poco su avance hasta la plaza principal. La gran multitud los acompañaba mientras que los soldados se mantenían recios vigilando todos los movimientos con seriedad. Al llegar al edificio principal, dos de los guardias acompañaron a la emperatriz y a Daniel al interior, donde inmediatamente los guiaron por un pasillo hasta un salón sencillo. Al ingresar se encontraron con el gobernador y cuatro asesores, Paco entre ellos, que los estaban aguardando de pie cerca de una mesa de caoba ovalada en el centro de la sala. Las paredes tenían un claro color amarillo y lucían unos pocos cuadros antiguos retratando los antepasados de la Familia Almeda.</p>
<p>Se detuvo por un momento para admirar el cuadro colgado en la pared como si fuera la primera vez que lo hacía. Se trataba de la figura de un caballo sorprendido en la pradera, capturado espléndidamente por el artista. Él se acercó con decisión y apoyó sus manos sobre el marco. Retiró la obra colocándola sobre el suelo con cuidado apoyada contra la pared, dejando al descubierto una caja empotrada. Marcó la combinación rápidamente y abrió la puerta. De a poco fue retirando su contenido apoyándolo sobre la sólida mesa de madera y en pocos minutos armó un bolso de cuero negro guardando en él un pliego sellado, una brújula, un disco de metal de diseños extraños, un cuchillo, su revólver con las municiones y algunas monedas de oro.<br />
Levantó la vista sobresaltado al abrirse la puerta de entrada pero se tranquilizó al ver a Rodrigo, el encargado general.<br />
- Señor, disculpe. Vengo a avisarle que Tania está en el portón principal. Desea verlo.<br />
Él lo miró brevemente pero continuó ordenando su bolso sin responder, ante lo cual Rodrigo prosiguió diciendo:<br />
- No le permití el acceso, tal como usted ordenó.<br />
- Está muy bien Rodrigo. – contestó con seriedad.<br />
El empleado dudó por un momento y luego agregó:<br />
- Me dijo que desea despedirse de usted.<br />
Juan golpeó la mesa de madera con el puño cerrado y con furia en los ojos dijo:<br />
- ¡Ya impartí mis órdenes!<br />
- Claro, Señor. – contestó casi en un susurro y comenzó a caminar para retirarse.<br />
- ¡Rodrigo! – lo llamó Juan.<br />
El hombre se detuvo y se quedó mirándolo pero Juan pareció arrepentirse e hizo un gesto para que se retire sin articular palabra. Rodrigo cruzó parte del campo bajo la mirada de Tania e ingresó a sus aposentos. Podía verla a través de su ventana y sintió algo de compasión por ella. Sin embargo, “órdenes son órdenes” pensó.</p>
<p>- Erika, perdón… Emperatriz, ¿tiene idea de lo que significa ingresar en el territorio de los nideros? – preguntó Paco asombrado de que la persona que hasta hace pocos días atrás era su empleada sea en realidad la emperatriz de la antigua leyenda.<br />
- Es un territorio más. Tengo el ejército necesario para poder hacer frente a cualquier eventualidad. – contestó ella con seguridad.<br />
El gobernador la observaba analíticamente y luego de mantener la mirada por un momento le dijo:<br />
- Tres de nuestros hombres han desaparecido en ese territorio el año pasado. El resto de los que han intentado internarse han escapado de milagro, teniendo que huir del monte a toda velocidad. Los nideros son una civilización salvaje y guerrera. No tendrán compasión si los encuentran. – comentó uno de los asesores del gobernador.<br />
- Nosotros tampoco. – contestó Daniel con una expresión dura.<br />
- Necesitamos el agua de ese río. No podemos continuar dependiendo de la bondad de las lluvias. Estamos dispuestos a aportar algunos hombres y negociar sus condiciones. – expresó el gobernador.<br />
- Yo me ofrezco personalmente para acompañarlos. – agregó Paco.<br />
La emperatriz asintió y expresó:<br />
- Siento la necesidad de aclarar que mi ejército sigue el mando de una sola voz. No puedo aceptar ni tolerar divisiones.<br />
El gobernador Almeda y Paco intercambiaron ideas en una simple mirada y la emperatriz los interrumpió al continuar explicando:<br />
- Cualquier voluntario del pueblo será bienvenido bajo las órdenes de Daniel.<br />
Paco dudó por un momento pero finalmente aceptó acompañarlos bajo esas condiciones. No tardó sin embargo, en llegar el momento en que el gobernador expuso sus términos. Estos básicamente consistían en mantener sus derechos sobre el pueblo y la explotación exclusiva del canal de agua. Este último punto demoró mucho la negociación ya que en estas instancias era imposible poder discutir estas condiciones. Finalmente se aceptó que la construcción sería una obra en conjunto y a cambio aceptó formar una alianza estratégica y comercial con la emperatriz. Una vez iniciada la obra, es decir si la emperatriz cumplía con su objetivo de alcanzar el río, se permitiría la libre circulación entre ambos territorios y estaba dispuesto a firmar tratados de fidelidad al imperio más el pago de un canon trimestral. Muchos testigos participaron en la reunión, que luego fueron pasando uno a uno para firmar el tratado.<br />
Daniel aprovechó también el momento para ofrecer algunos hombres a efectos de ocuparse de las tierras de Paco en su ausencia. Paco aceptó estos nuevos empleados acordando un jornal justo por las tareas a realizar.</p>
<p>Casi tres horas más tarde, el gobernador y la emperatriz salieron sonrientes caminando juntos por la puerta principal mientras que prácticamente todo el pueblo se encontraba esperándolos en la plaza. Manuel Almeda fue quien tomó la palabra y anunció a su gente que luego de años de angustia por la falta de agua, personalmente había logrado con su esfuerzo unir las fuerzas de dos pueblos para el bienestar general de su gente. Presentó entonces a Erika como la aliada que necesitaban para terminar con la sed de su pueblo y fundamentalmente explicando que este acuerdo era la respuesta a las oraciones de todos, representaba el fin de todas las desgracias.<br />
Daniel se acercó a la emperatriz y le dijo por lo bajo: &#8211; Si fallamos nos van a seguir hasta el fin del mundo. Nos está haciendo absolutamente responsables por todo y para colmo se toma el mérito de habernos convencido de este proyecto cuando fue justamente lo opuesto.<br />
Ella lo miró por un momento y luego le dijo con total tranquilidad:<br />
- Él piensa que fallaremos, por eso se está cubriendo y aceptó prácticamente todas nuestras condiciones. Yo estoy totalmente convencida de que lograremos alcanzar con éxito nuestro objetivo, y está haciendo justamente lo que esperaba: nos entrega al pueblo. Volveremos triunfantes y tendremos a este pueblo en nuestras manos.<br />
Daniel la miró sonriente y luego observó al pueblo festejando, ingenuo, las palabras de su líder.</p>
<p>Tomás se sentía mucho mejor, pero sus pensamientos no dejaban de fluir a toda velocidad. Tania se lo había anticipado de alguna manera. No podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido en las últimas veinticuatro horas. Ella pudo verlo antes que él mismo. O era que tal vez él no había querido darse cuenta y como dice la sabiduría popular: “No hay peor ciego que el que no quiere ver.”. Se preguntaba cuánto tiempo tendría hasta que perdiera definitivamente su cualidad física y se transformara nuevamente en energía. Se planteaba cómo podría explicarle todo esto a la emperatriz. Ni él mismo sabía realmente que iba a ocurrir, cómo o cuándo. Conocía a la emperatriz y las preguntas iban a llegar todas juntas sin poder encontrar respuesta. Por otro lado, se sentía tan seguro de que jamás iba a abandonarla como de que ya no podrían tener el contacto al que estaban acostumbrados. No tenía idea alguna de cómo sería su existencia de ahora en más y hasta dónde podría interactuar con ella. Tenía tanto que aprender y la incertidumbre lo teñía todo de sombras.</p>
<p>En el destacamento habían quedado muy pocos hombres y estaban descansando. El coatí se había subido a una rama y se encontraba totalmente dormido. Tomás decidió estirar un poco las piernas y fue caminando sin rumbo fijo hasta que se percató de estar cerca del haras de Juan. Sonrió por un momento al ver los caballos pasearse con tanta fuerza y elegancia para luego sorprenderse al descubrirla sentada con sus piernas cruzadas detrás del cerco de madera blanca. Se acercó sin prisa y ella escuchó sus pisadas cuando estaba a pocos metros. Tania lo miró con un gesto preocupado y luego se enderezó en su posición original mientras le decía:<br />
- No me digas nada. Yo de aquí no me muevo hasta verlo. – frunció el entrecejo.<br />
- ¿Todavía no te despediste de Juan? ¿No te animas? – preguntó él.<br />
Ella suspiró y entonces le explicó:<br />
- Sí que me animo pero resulta evidente que necesita su tiempo. Sigue enojado y no me quiere recibir. – contestó ella.<br />
- Y decidiste quedarte aquí sentada. – concluyó él.<br />
- Sí.<br />
Tomás levantó las cejas y comenzó a caminar lentamente alrededor de ella. De pronto se rió y ella lo miró con enojo. Entonces él le dijo:<br />
- No te animas a hablar con él.<br />
- Ya te dije que no es eso. – contestó ella de mal humor.<br />
- ¿Por cuánto tiempo estuviste esperando?<br />
- ¡Ya me anuncié! ¡Déjame en paz, por favor!<br />
Él la miró por un momento en silencio, pensativo. Sin aviso se acercó al cerco, acomodó sus manos en la tabla superior y para el horror de Tania de un salto se trepó a la cerca y desde ahí giró en el aire para caer en la propiedad de Juan.<br />
- ¿Qué estás haciendo? ¿Te volviste loco?<br />
Él no contestaba y la miraba con tranquilidad. Ella continuó diciendo ya de pie:<br />
- ¿A dónde vas?<br />
- Te estoy dejando en paz, Tania. No molestes. – contestó él entre risas mientras caminaba con total descaro por el haras, acercándose al edificio principal.<br />
Ella lo volvió a llamar pero él jamás miró hacia atrás. Tania se quedó pegada al cerco mirando a través del espacio entre dos tablas. Desde allí pudo ver como Rodrigo le interrumpía el paso y para sorpresa de todos, Tomás lo sujetó de los hombros y lo obligó a caminar consigo hasta que abrió la puerta del edificio principal. Ambos ingresaron a la construcción y luego de un breve momento volvieron a salir. El encargado le saltaba nervioso alrededor mientras que Tomás lo miraba y escuchaba atentamente con los brazos cruzados. De pronto Rodrigo se tranquilizó y Tomás apoyó una mano en su hombro para luego darle unas palmadas en su brazo derecho. El empleado se quitó el sombrero e hizo un gesto que en cualquier lugar del planeta se podía interpretar como pura impotencia y Tomás caminó de regreso perseguido por otro peón que se le anticipó para abrirle el portón principal. Tomás salió de la propiedad en pocos minutos para encontrarse con Tania desesperada por saber con detalle qué era lo que había ocurrido.<br />
- ¿Qué te dijo? ¿Lo viste? – preguntó ella más que intrigada.<br />
- Lo lamento Tania. Juan dejó la propiedad hace un par de horas por la salida trasera. Rodrigo te manda sus saludos; pide que lo disculpes pero sólo cumplía órdenes y no podía dejarte pasar.<br />
- ¿Dejó la propiedad? ¡Estoy hace horas esperando y ¡¿él dejó la propiedad?!<br />
- Así parece.<br />
- Pero, ¿va a regresar? – preguntó.<br />
- Me dijo Rodrigo que Juan no era el mismo. Nunca lo había visto así. Cree que estará unos días afuera.<br />
- ¿Dónde fue? – consultó ella inmediatamente.<br />
- No lo sabe. – se hizo una pausa y luego de que Tomás pudiera verla a los ojos le dijo – Lo lamento, pero parece que él no quería despedirse.<br />
Ella se angustió pero su orgullo tragó el llanto. Giró y comenzó a caminar de regreso al destacamento sin decir una palabra más. Tomás se sentía confundido. Esto no se veía bien y sin embargo podía sentir en su corazón que todo lo que sucedía era por una buena razón. No se lo dijo a Tania porque ni él mismo podía explicarlo. No guardaba ninguna lógica.<br />
Pronto Tomás alcanzó a Tania y fueron caminando juntos por el bosque. Ella quebró el silencio cuando en un momento le dijo:<br />
- Muchas gracias, Tomás.<br />
- No tenés por qué. – contestó él.<br />
Luego de breves minutos ella le preguntó:<br />
- ¿Ya sabes cuándo se lo vas a decir?<br />
- Estoy esperando el momento oportuno. – se miraron y él continuó diciendo – Pronto.<br />
Pareció que iba a decir algo más pero el sonido del galope de un caballo los tomó a ambos de sorpresa. De pronto lo pudieron ver y se quedaron admirando el animal que se había detenido para pastar.<br />
- Se llama Bandido. – dijo Tania en voz baja.<br />
- Es un hermoso animal. – comentó él acercándose muy lentamente.<br />
- Juan está tratando de atraparlo hace mucho tiempo. Así fue como nos conocimos.<br />
Tomás sonrió por un momento y le preguntó:<br />
- ¿Crees que&#8230; – y no hizo falta terminar la pregunta porque ella asintió con la cabeza como toda respuesta. Se acercó lentamente dejando que el caballo percibiera en el aire su presencia. La respuesta no se hizo esperar y un relincho nervioso atravesó el bosque con rapidez. Tania lo llamó por su nombre y el animal movió las orejas mirándola con desconfianza. Tomás mientras tanto juntó bastante hierba de los alrededores y aproximándose se la ofreció a cierta distancia. El caballo no la aceptó y retrocedió un poco. Tania lo miró con admiración y le dijo a Tomás:<br />
- Dejémoslo.<br />
- ¿No querés atraparlo? – preguntó él.<br />
- No. Él quiere ser libre.<br />
- No creo que sea libre – comentó él por lo bajo y le indicó una pequeña marca del animal en el muslo trasero izquierdo. Parecía una letra “K”. Ella se sorprendió pero de todas formas insistió en dejar al animal tranquilo.<br />
Se alejaron lentamente para no asustarlo y comenzaron a caminar nuevamente en dirección al destacamento. Era pleno verano y el calor se hacía sentir en los haces de luz que atravesaban entre las hojas de los árboles. Ya faltaba poco para llegar cuando Tomás pegó un salto al sentir un empujón en su mano izquierda, la cual se abrió instintivamente. No se había dado cuenta que en el corto recorrido que habían hecho no había soltado la hierba y esta cayó sobre el suelo. Bandido los había seguido y ahora masticaba con gusto el tierno alimento ofrecido por Tomás. La alegría los inundó a ambos. Tania se acercó y pudo acariciar el cuello del animal.<br />
- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Tomás.<br />
- Llevémoslo al destacamento. – contestó Tania con una sonrisa.<br />
Y así fue como llegaron los tres al destacamento para sorprender a todos con la nueva adquisición. El caballo fue objeto de admiración desde el primer momento, aunque su carácter arisco mantenía a todos a cierta distancia.</p>
<p>Más tarde, con la llegada de la emperatriz y sus buenas noticias, se decidió que tres hombres se dirigieran con el burro que había quedado en el destacamento a trabajar en los campos de Paco. Daniel y la emperatriz estaban sumamente felices porque ese día había sido totalmente gratificante y era de suma importancia en la travesía. Partirían al día siguiente desde las afueras del pueblo hacia el monte para finalmente encontrar el río. Desde hacía meses que ese había sido su objetivo principal y ahora no sólo lo harían por la profecía sino también por el Pueblo de Almeda. En base al tratado firmado con el gobernador, se había sumado la participación de Paco y dos de sus hombres en la búsqueda de este río. La emperatriz consideraba a cada uno de los integrantes de su grupo y no podía dejar de pensar en la cantidad que se estaba incorporando mientras observaba al nervioso coatí, el nuevo corcel y a sus soldados. Realmente, la estadía en este pueblo había valido la pena. Luego de discutir ideas con Daniel acordaron dejar una sola persona en el destacamento para poder recibir a los soldados de reserva. Teóricamente en un par de semanas estarían llegando refuerzos y ante cualquier inconveniente estarían sus hombres en el pueblo.</p>
<p>Prepararon una fogata al caer la noche y cocinaron unas costillitas de cerdo, gentileza del gobernador Almeda. El clima de alegría y triunfo se respiraba en el ambiente junto con el exquisito aroma de la carne haciéndose a las brazas. Todos estaban felices o al menos casi todos. Tania y Tomás, cada uno con sus preocupaciones, se mantenían en un discreto silencio.<br />
Después de cenar Erika se acercó a Tomás y lo tomó de la mano. Sin dar vueltas le dijo:<br />
- Cuando quieras podemos conversar. Sabes que siempre vas a poder contar conmigo. – sonrió por un breve momento pero ante el silencio de Tomás se percató de que en esta oportunidad era un problema grave. A pesar de ello, respetó su silencio sabiendo que el día siguiente sería difícil, por lo que al poco tiempo se retiraron a descansar.</p>
<p>Paco estaba entusiasmado esperando la llegada de la emperatriz y su tropa. Se había vestido con su camisa azul, pantalones celestes y botas altas de cuero marrón. Tenía una escopeta al hombro y charlaba entusiasmado con los dos hombres. La expresión de alegría no tuvo disimulo al ver a Erika atravesando el bosque hasta detenerse a pocos metros de él. Contrariamente a lo esperado, no había mucha gente para despedirlos. Básicamente, los familiares de los dos ayudantes de Paco y algún que otro amigo.<br />
- La gente es muy temerosa de este monte. Esperemos salir vivos de allí. – Comentó Paco para luego agregar &#8211; ¿Qué hacen con ese coatí?<br />
Ariel comenzó a quejarse por lo bajo girando en círculos a toda velocidad.<br />
- Tenemos un acuerdo con él. – explicó Erika.<br />
- No lo habían mencionado en el día de ayer. – Se quedó pensativo por un momento y a continuación dijo – Bueno, no creo que sea problema de todas formas. Les traje armas y municiones. – explicó mientras que uno de los hombres se acercaba con el cargamento en un pequeño carro. Daniel y otros tomaron las armas, aunque algunos se resistieron sintiéndose aún más seguros con sus espadas y armas blancas.<br />
La marcha hacia el monte no se demoró demasiado. El grupo caminó un par de kilómetros por el bosque hasta que la vegetación comenzó a mostrarse más espesa y comenzaron a zigzaguear entre los árboles. Daniel junto a otro guardia iban delante facilitando el paso mientras que Tomás los seguía de cerca marcando el rumbo.<br />
Luego de un par de horas se detuvieron a descansar. El calor se estaba tornando agobiante mientras Tania se maravillaba con el canto espectacular de las aves exóticas. Paco y sus hombres se sentaron en un costado del camino y bebieron por varios minutos tratando de recuperarse lo más pronto posible.<br />
La marcha continuó por unas cuantas horas más y después de mucho caminar subiendo y bajando por lomas, el camino se fue deshaciendo bajo sus pies. Faltaba sólo un par de horas para que comenzara a atardecer pero decidieron acampar en el lugar con el fin de lograr recuperarse totalmente y reiniciar la marcha temprano a la mañana siguiente.</p>
<p>A pesar de la hermosa vegetación, los frutos de los diferentes árboles que Ariel ayudaba a recolectar y el cantar de las aves, debían reconocer que algo extraño sucedía en ese lugar. Por algún motivo todos se sentían algo inquietos. Tal vez tantas leyendas y creencias populares los había sensibilizado. La humedad del lugar molestaba bastante pero Tomás lo señalaba como un buen síntoma. Para él era evidente que el río estaba cerca de ese lugar.</p>
<p>Esa noche Tomás casi no pudo dormir. Miraba a la emperatriz descansar y se preguntaba cómo podría explicarle que debería en algún momento dejarla y más aún, señalarle lo importante que resultaba que ella continúe el camino por sí misma.<br />
A la madrugada no hizo falta que la guardia despertara a los integrantes de la tropa, porque las aves comenzaron a cantar a todo pulmón sobresaltando a los presentes con el primer rayo de sol del amanecer. La mañana pasó bastante rápido pero después de comer al mediodía el clima se hizo aún más denso y eso les dificultaba la marcha. Llegó un momento que realmente se sentían desganados. Se detuvieron por un momento para decidir la dirección a seguir, aunque realmente no podían distinguir la diferencia entre norte y sur sin la ayuda de las estrellas, todo se veía igual hacia las distintas direcciones. Los árboles rodeaban todo el campo con enredaderas y hongos salvajes. Paco trastabilló en un momento y era lógico. Si bien era un hombre fuerte, se encontraba totalmente fuera de estado atlético.<br />
La emperatriz pensó que no sería prudente continuar la marcha, porque aún podían caminar pero estarían muy expuestos si se presentaba algún peligro y no estaba dispuesta a correr más riesgos. Tomás hacía horas que no daba indicaciones sobre el rumbo a seguir y parecía perdido en sus propios pensamientos. Tania no había aportado una sola idea desde que comenzaron la marcha a través del monte. Daniel avanzaba con fuerza pero también se sentía cansado. Entonces Erika giró para enfrentar los sombríos rostros cansados manchados con tierra.<br />
- Vamos a quedarnos aquí por un tiempo. &#8211; dijo. Y dejó caer la carga de su espalda al suelo.<br />
Todos se quedaron por un instante consternados y sorprendidos. El lugar en esa zona era lúgubre, en unas tres horas se iba a hacer de noche y no sabían que vendría después. Entonces Tania se acercó a Daniel y le preguntó: &#8211; ¿Estamos perdidos, verdad?<br />
Él trató de esquivar su mirada hasta que finalmente la miró a los ojos y tomándola del brazo por un momento asintió. Entonces, él dio la orden de descanso al resto del grupo. De a poco se fueron acomodando como podían entre los árboles, atentos a los ruidos extraños del lugar. Luego Tania se sentó junto a la carga y tapando el rostro con sus manos lloró en silencio. Erika se le acercó para consolarla y Tomás no se hizo esperar.<br />
- Desde el primer momento que me interné en este monte tengo una sensación extraña. – comentó Tania de pronto. Paco escuchó estas palabras y preparó su escopeta, temeroso ante lo desconocido.<br />
- Yo también lo siento. – afirmó Tomás.<br />
Daniel levantó la vista y miró hacia los costados entre el follaje sin distinguir demasiado debido a la escasa luz. Se puso de pie y se acercó a la emperatriz para razonar en voz alta:<br />
- Así que ustedes perciben algo aquí. Díganme, ¿qué puede resultar de valor en este lugar?<br />
Todos se quedaron pensativos. Hasta el momento sólo habían visto aves y la espesa vegetación. Nada de eso tenía valor para ellos, sin embargo Erika le siguió la línea de pensamiento y dijo:<br />
- Si yo fuera salvaje y viviera en el monte. Entonces todo esto sería mío. – estiró una mano para sentir la textura de la corteza de un árbol. – Todo esto debe tener valor: los árboles. Los árboles serían mi reino.<br />
Ariel saltó de rama en rama y se tapó los ojos con las manos sin hacer comentario alguno. Tomás en cambio se puso de pie y para sorpresa de Daniel tomó su espada, la blandeó por un momento cortando el aire y les dijo con una mirada indescriptible:<br />
- Sea lo que sea, vamos a llamar su atención.<br />
A los gritos como un desquiciado comenzó a mutilar toda rama que atravesara su camino mientras que todo el grupo lo seguía confundido. Lograron avanzar unos quince metros cuando de pronto se sintieron paralizados y confundidos luchando contra un enemigo invisible. Envueltos en fuertes redes cayeron al suelo y no se permitían mover porque de un momento a otro se vieron rodeados por unos veinte indígenas que los amenazaban a punta de lanza.</p>
<p>Paco estaba desesperado por alcanzar su escopeta, pero había quedado fuera de la red que lo atrapaba mientras un hombre salvaje lo empujaba sin piedad con su lanza de un metro y medio de largo. Algunos de los indígenas llevaban fuego en sus manos iluminando el camino y otros armados con lanzas y cuchillos gritaban con furia a sus prisioneros.<br />
Los salvajes eran altos y vestían apenas un taparrabos que no llegaba a cubrirlos totalmente. Sus cuerpos fornidos se encontraban tatuados en los brazos subiendo por los hombros para luego bajar por la espina dorsal. Los ojos negros penetrantes de estas figuras hicieron que la emperatriz apartara la mirada. Se trataba de gente muy fuerte y pronto lograron en equipo con sus lanzas levantar las redes y transportarlos por el monte hacia un destino desconocido.<br />
Tania había quedado atrapada en la misma red que Tomás y su mirada de reproche no pudo ser ignorada por él.<br />
- ¿Qué? ¿No estabas cansada? ¡Encontré quien nos lleve! – le dijo él con simpatía pero el chiste no fue festejado en lo más mínimo y para colmo recibió un golpe en su costado de parte de un joven pero fuerte indígena. Parecía que ni su grupo ni los nideros se encontraban de humor esa noche.</p>
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		<description><![CDATA[Los hombres festejaron con gran alegría al verla llegar ya que hacía casi dos meses que Erika no estaba en contacto directo con ellos. En realidad, la emoción del reencuentro fue compartida por todos los presentes incluyendo a la emperatriz. Ella había extrañado a su gente, sobre todo a Tomás, quien ahora caminaba feliz a [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=48&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los hombres festejaron con gran alegría al verla llegar ya que hacía casi dos meses que Erika no estaba en contacto directo con ellos. En realidad, la emoción del reencuentro fue compartida por todos los presentes incluyendo a la emperatriz. Ella había extrañado a su gente, sobre todo a Tomás, quien ahora caminaba feliz a su lado.<br />
Luego de saludarlos uno a uno, Erika le solicitó a Daniel que diagrame un esquema con los puntos a tratar con el gobernador. Necesitaba saber por ejemplo con cuántos hombres contaba, el tipo de obra que podrían realizar, la evolución de los costos y por sobre todo las condiciones del tratado; esto significa derechos y obligaciones tanto para Almeda como para ellos.</p>
<p>Ella y Tomás intercambiaron miradas cómplices en cierto momento y en un descuido de los presentes lograron escaparse no muy lejos del destacamento. Corrían como chicos riéndose por una travesura. Erika se colgó de los hombros de Tomás y él la cargó por un momento para luego dejarla sobre el suelo con cuidado.<br />
- Te extrañé. – le dijo ella.<br />
- Ah, no se, no se…. – Le contestó él sonriente buscando demostraciones de afecto. Sin embargo, ella lo sorprendió comentando:<br />
- No me contaste bien qué pasó con Tania.<br />
- Ah…- suspiró – Tania. – El silencio dominó el momento pero la emperatriz lo miraba atenta esperando una respuesta. Entonces él le dijo – Ya sabes que yo no puedo entenderla.<br />
- ¡Pero Tomás! ¡No es para tanto!<br />
- Dejame terminar, por favor. – Pidió él.<br />
- Bueno, te estoy escuchando.<br />
- Entonces pensé que tal vez ella podría entenderme a mí. – dijo Tomás inocentemente.<br />
La emperatriz lo miró por un momento extrañada y luego se preocupó. Entonces le preguntó:<br />
- ¿Qué hiciste?<br />
Él bajó la cabeza por un momento y entonces confesó:<br />
- El primer día que llegamos al pueblo, Tania me peleaba, como siempre.<br />
- ¡Pero por favor! ¿Cuándo van a parar de pelear ustedes dos?<br />
- No lo se. El punto es que mientras discutía pensé que le podía dar un poquito de mi don.<br />
- ¿Qué? ¿Qué hiciste? ¿Cómo hiciste eso?<br />
- No podría explicarlo. Sentí que era el momento y lo hice.<br />
La emperatriz se quedó pensando y le dijo:<br />
- ¿Y ahora ella es como vos?<br />
- No, claro que no. &#8211; contestó mirando de reojo.<br />
- ¿Le habrá hecho algún efecto? – se preguntó la emperatriz.<br />
- ¡Sí! Claro que sí. – contestó él sin duda alguna con una mirada indescriptible.<br />
La emperatriz lo miró en cambio con los ojos desorbitados y luego de un momento le preguntó con seriedad:<br />
- ¿Quién era ese hombre en la plaza? ¿Qué quería con ella?<br />
- Creo que se enamoraron. – contestó Tomás con una sonrisa pícara.<br />
Erika se echó a reír y replicó:<br />
- ¿Tania enamorada? – Lanzó una gran carcajada y dijo confundida – No puede ser. No. Tengo que verlo para creerlo.<br />
- Te hablo en serio. Y hay algo más – hizo adrede un segundo de silencio para generar tensión y luego dijo con alegría &#8211; ¡Hasta llegó a abrazarme!<br />
- ¿Quién te abrazó?<br />
- ¡Tania!<br />
- No…<br />
- ¡Sí! – le expresaba con felicidad entre risas.<br />
- No puede ser. ¿Cómo fue eso? &#8211; La emperatriz se rió sin poder creer lo que escuchaba.<br />
- Vino un solo día apenas un momento para avisarme que estaba con ese hombre, Juan. Y me abrazó antes de partir.<br />
- ¿Pudo haber cambiado tanto?<br />
- El amor cambia a la gente.<br />
- Y pregunto: En cuanto a esa dosis que le diste, ¿se le va a pasar el efecto?<br />
- Eso ahora básicamente depende de ella. Qué es lo que ella hace con ese poder, no depende de mí. Yo creo que su organismo lo aceptó muy bien.<br />
- Bueno, ¿quién sabe? Quizás esto resulte en algo muy interesante, ella es muy inteligente y tal vez pueda develar el misterio.<br />
- Exactamente. – Dijo él levantando una ceja en forma casi imperceptible.<br />
Erika se acercó y le preguntó:<br />
- ¿Y vos te sentís bien últimamente?<br />
- Sí, ya no tuve más ataques ni visiones. Debemos estar en el camino adecuado.<br />
Ella lo tomó de la mano y le expresó cuánto se alegraba. Charlaron unos minutos más pero luego volvieron al destacamento porque había mucho por hacer y el tiempo no sobraba.</p>
<p> </p>
<p>Tania había llegado mientras ellos conversaban y sentada junto a Daniel, lo ayudaba a establecer un plan de acción a efectos de cruzar el monte. Al verlos llegar, Tania se puso de pie y saludó a la emperatriz con una sonrisa forzada.<br />
Erika no pudo evitar sentirse completamente desilusionada. Después de la charla que había mantenido con Tomás esperaba encontrar a Tania con una alegría tremenda, con energía escapando por los poros de la piel y sin embargo, allí estaba: un semblante pálido, un gesto angustioso, el tono de voz decaído y una mirada más lejana que nunca. En un momento miró a Tomás de reojo, quien sin prestarles atención se estaba entreteniendo con los coatíes recién llegados.<br />
Daniel y Tania le explicaron a la emperatriz las ideas sobre las que habían trabajado. En resumidas cuentas lo que proponían era encontrar a los nideros y bajo un acuerdo, alcanzar el río con su apoyo. De esta manera, no tendrían que estar defendiendo las construcciones y no perderían tiempo en la búsqueda del río, disminuyendo los costos y el posible número de bajas. Estaban convencidos de que se podría llegar a negociar con ellos. Por otro lado, Daniel sugería dejar el destacamento actual con tres hombres y enviar cuatro más a trabajar a los campos de Paco. Después de todo, vendría bien que representantes del imperio permanezcan viviendo en el pueblo de Almeda. Podrían proporcionar información y defender los intereses de la emperatriz mientras que ellos continuaban con su travesía. Los restantes viajarían con ellos al igual que el coatí, quien no dejaba de despedirse de amigos y parientes ya con días de anticipación. En un momento Daniel se molestó por el ruido que provocaban impidiendo se pudiera concentrar en su trabajo y salió a espantar a tanto animal dando vuelta. Mientras tanto, Tania cubrió su cara con una mano en un gesto de cansancio sin decir palabra y aguardó que Daniel regresara. Cuando él se reintegró nuevamente al grupo, ella propuso que una vez logrado el acuerdo con los nideros se deberían dirigir al río y acorde al terreno y a las distancias comenzar a desarrollar un plan para la construcción del canal. Para esas decisiones habría que aguardar a tener mayor información. En esta etapa era imposible poder anticipar tantas variables a considerar.<br />
- A cambio de esto, ¿qué proponen solicitar a Almeda? – preguntó la emperatriz.<br />
- Lealtad y fidelidad al imperio, un tratado de libre circulación y comercio y por supuesto un canon para la corona. – resumió Daniel.<br />
La emperatriz suspiró y dijo que era un buen punto de partida para la negociación. Por otro lado, estaba dispuesta a no rebelar al pueblo en contra del gobernador Almeda y le permitiría continuar con su gobernación respetando con sus costumbres y cultura en general.<br />
- De acuerdo, debemos escuchar cuáles son las peticiones del Sr. Almeda mañana. Necesito que me acompañen a la mesa de negociación.<br />
- Sí, claro emperatriz. – contestó inmediatamente Daniel.<br />
Tania se quedó en silencio. Parecía perdida en algún planeta lejano cuando de pronto reaccionó y se dio cuenta de que la emperatriz estaba esperando alguna respuesta de su parte, ante lo cual tímidamente dijo: &#8211; ¿sí?<br />
- ¿Nos acompañarás mañana, Tania?<br />
- Claro, por supuesto Erika. – le contestó algo confundida.<br />
- ¿Te sentís bien Tania?<br />
- Sí… &#8211; se interrumpió y sacudió la cabeza para luego continuar diciendo – No es nada. Voy a estar bien. – Y se alejó caminando lentamente entre los árboles.</p>
<p>Erika no perdió el tiempo y fue urgente a buscar a Tomás. Tania estaba mal, y así no podían continuar con la misión. En cuanto lo encontró lo tomó de un brazo y lo apartó para decirle con seriedad:<br />
- Tomás, esto no está bien.<br />
- ¿Qué cosa no está bien?<br />
- Mirala. – le ordenó ubicándolo en dirección a Tania. Se la podía ver a lo lejos sentada sobre el tronco de un árbol caído haciendo girar una flor silvestre entre sus dedos con la mirada hipnotizada bajo ese movimiento.<br />
Tomás miró a la emperatriz quien le dijo:<br />
- No debería estar así. La necesitamos concentrada en nuestra misión; no podemos trabajar con ella en este estado. ¿Y si hablamos con ella?<br />
- No se, no estoy seguro.<br />
- Andá y y hablale. – le pidió la emperatriz.<br />
- ¿Yo? ¿Por qué yo? – preguntó él preocupado.<br />
- ¡Porque sos responsable de todo esto! – le recriminó ella.<br />
- No, no. No te equivoques Erika. Yo le di la posibilidad de amar. Es un don maravilloso y extremadamente poderoso. No le dije cómo, cuándo ni a quién. Eso es responsabilidad pura y exclusiva de ella y de nadie más.<br />
- No te enojes conmigo. – Reaccionó la emperatriz a la defensiva y explicó – Es que no se cómo ayudarla. Está tan distinta y no se cómo tratarla. – Se quedó pensando por un momento y luego le preguntó – Ese Juan, ¿le hizo algo?<br />
- Nada que ella no haya querido. – contestó él con naturalidad.<br />
- Voy a hablar con ella. – dijo Erika con decisión y parecía que iba a dar el primer paso pero se quedó en su lugar mirando a Tomás con sus hermosos ojos &#8211; ¿Me acompañas? ¿Por favor?<br />
- De acuerdo. – contestó Tomás sintiéndose desarmado ante la mirada tierna de la emperatriz.<br />
Se acercaron lentamente mientras Tania aún jugaba con una flor y Tomás se quedó unos pasos atrás, dejando que la emperatriz tomara la iniciativa.</p>
<p>Erika estaba a punto de hablarle cuando Tania se incorporó secando sus ojos con la mano derecha. En ese momento vio a la emperatriz e hizo un esfuerzo por recomponerse.<br />
- Hola. – saludó Tania mientras intentaba ocultar las lágrimas.<br />
- Tania, estás llorando.<br />
- No. – Sonrió con esfuerzo y agregó – No es nada.<br />
La emperatriz se acercó un poco más y le dijo decidida:<br />
- Si ese hombre te hizo algo, puedo enviar a Daniel y matarlo o al menos darle un buen susto. Puedo resolver esto inmediatamente.<br />
Tania la interrumpió y le dijo con determinación:<br />
- No lo toques, ni se le acerquen. – Y siguió diciendo en forma entrecortada por el llanto – Porque ese hombre no tiene la culpa, él… él… &#8211; y guardó silencio mientras siguió llorando.<br />
- Pero Tania, no te entiendo. ¿Entonces por qué lloras?<br />
- No lo se. Es que me duele.<br />
- ¿Qué te duele?<br />
Tomás se acercó a ellas un poco más totalmente intrigado con el giro de la conversación y prestando mucha atención a las palabras de Tania.<br />
- Erika, me cuesta respirar, me duele el pecho. No se que voy a hacer.<br />
- Pero, ¿qué te hizo?<br />
- ¡Él no me hizo nada! ¡Fui yo! ¿Está bien? Fui yo. Yo lo herí.<br />
Erika y Tomás se miraron por un breve momento interrumpido por las siguientes palabras de Tania:<br />
- ¿Cómo es posible que yo lo hiera y que yo también sufra la herida?<br />
- Lo estás sanando. – pensó Tomás en voz alta, hablando por primera vez.<br />
- ¿Qué? – preguntó Tania sorprendida. Erika lo miraba fulminante exigiendo una explicación. Entonces él se acercó a Tania y apoyando una mano en su brazo le dijo:<br />
- Cuando amas a alguien, sus heridas te son propias.<br />
Erika estaba atónita. Lo miró a Tomás perdida en sus pensamientos y luego le preguntó a Tania:<br />
- ¿Lo amas?<br />
Tania sonrió brevemente sacudiendo su cabeza invadida por la confusión y contestó:<br />
- Es lo único que puede explicar toda esta locura.<br />
La emperatriz cerró los ojos y pasó su mano arreglándose el cabello. Luego de meditar por un par de segundos le dijo:<br />
- Yo quisiera contar con tu presencia en el resto del viaje, pero si querés quedarte aquí con él, podría entenderlo.<br />
- ¿Y fallar en la misión? No, Erika. Te agradezco el gesto, pero no. Yo voy a continuar con ustedes y voy a volver con él, cuando todo esto haya terminado. El problema es que él cree que lo usé para llegar al gobernador. Piensa que él fue parte de mi trabajo.<br />
- ¿Estás segura? – preguntó Tomás.<br />
- Creo que sí. – contestó ella.<br />
- ¿De verdad sentís eso? Yo percibo otra vibración. – comentó él.<br />
La emperatriz los miró a ambos y ya cansada de tanta percepción y sensiblería tomó a Tania de los hombros y mirándola a los ojos le dijo:<br />
- Tania, hay una sola forma de aclarar las cosas: anda a buscarlo y explicale lo que sentís por él. Si él te ama también, entonces tiene que entenderte.<br />
- Yo siento que él la entiende… &#8211; comentó Tomás callando inmediatamente ante la mirada asesina de ambas mujeres.<br />
Tania se dirigió a la emperatriz luego de mirar a Tomás y le dijo:<br />
- Bien. Hablaré con él.<br />
- Perfecto. Iré entonces sólo con Daniel a la reunión mañana. De todas formas ya tenemos el proyecto a presentar bastante avanzado. Encargate de arreglar todo esto. – le quiso decir también que la apreciaba mucho, pero en cambio sólo le dio unas palmaditas en el hombro antes de ir en búsqueda de Daniel. Tomás se iba a retirar junto a la emperatriz pero Tania lo llamó y el giró a su encuentro. Entonces ella le dijo terminando de secar las lágrimas de su rostro:<br />
- Nosotros dos tenemos una conversación pendiente. – y aclaró su garganta.<br />
Él la miró un tanto evasivo y le contestó:<br />
- ¿Sobre qué necesitas hablarme?<br />
- Esto que siento yo, es algo tuyo, ¿verdad? – preguntó con una mirada penetrante.<br />
- Puede ser. – admitió él luego de tragar saliva.<br />
- Al poco tiempo que discutimos aquel día en la plaza, yo comencé a sentirme diferente. No se cómo, pero algo me ocurrió. &#8211; Ella se acercó con precaución y le tocó un brazo por un momento con su dedo índice. &#8211; Y pareces tan real. ¿Cómo lo haces?<br />
- No lo se. ¿Cómo hago qué?<br />
Al escucharlo Tania sonrió sorprendida y le preguntó:<br />
- No puede ser. ¿Tampoco lo sabes?<br />
- ¿Qué cosa? – respondió él, con otra pregunta.<br />
- Las heridas el día de la Asamblea, las curaciones casi mágicas de la emperatriz, haber sobrevivido el ataque de un león, las visiones, mi mano… &#8211; enumeraba ella lentamente.<br />
- ¿Qué pasa con todo eso?<br />
- Tenés un don especial, Tomás.<br />
- Eso lo se. Y ella también. – replicó con cierto orgullo refiriéndose a la emperatriz.<br />
- Los humanos no tenemos esos dones. – concluyó ella esperando ver su reacción, la cual no se hizo esperar. Él se sintió muy nervioso y hasta ofendido sin saber bien la razón. No quiso continuar conversando y a pesar de la insistencia de Tania para que se quedara, él se retiró para caminar solo por el bosque.</p>
<p> </p>
<p>La noche se adueñó del lugar una vez más y Tomás no volvía al refugio. La emperatriz no tardó en notar su ausencia y al pasar el tiempo sin tener novedades la preocupación fue tomando forma. Habló con Daniel sobre el tema y resolvieron enviar dos soldados en su búsqueda.<br />
Tomás había caminado por varias horas atormentado por esas crueles palabras: &#8220;Pareces tan real&#8221; &#8220;Los humanos no tenemos poderes&#8221; &#8220;Pareces tan real&#8221; &#8220;Pareces tan real&#8221;.<br />
Levantó los brazos para tapar sus oídos con las manos. Sin lograr reprimir sus sentimientos comenzó a gritar:<br />
- ¡Soy real! ¡Soy real! Por favor&#8230; por favor quiero ser real.<br />
Se sentó agotado en el suelo, apoyando la espalda contra el tronco de un árbol y abrazó sus rodillas en total desesperación entre lágrimas. Vio de pronto una luz a lo lejos entre los árboles y enjuagó sus ojos inundados para volver a mirar. La luz había desaparecido.<br />
Bajó la cabeza y escondió su rostro entre las rodillas. Hubiera querido desaparecer en ese mismo momento pero su amor por la emperatriz lo retenía.<br />
Luego de un momento levantó su rostro y se descubrió rodeado de cientos de luces diminutas danzando a su alrededor. Se asustó e instintivamente quiso espantar a las que se encontraban más cercanas. La sorpresa fue aún mayor cuando estas luces atravesaron su mano sin dificultad. Se puso de pie con intención de huir pero se sentía paralizado.<br />
- ¡Fuera! ¡Fuera de aquí! ¿Qué quieren? &#8211; gritó asustado.<br />
En ese momento, las luces no dejaban de atravesar su cuerpo sin ningún tipo de escrúpulos.<br />
- Tranquilo Tomás. &#8211; pudo escuchar la dulce voz de una mujer.<br />
- ¿Quién es? ¡Fuera! ¡Fuera de aquí!<br />
- Tranquilo. Está todo bien. &#8211; volvió a escuchar en el tono más dulce que jamás haya conocido.<br />
La luz continuaba creciendo y con desesperación pudo ver como su cuerpo se desmaterializaba convirtiéndose en una brillante luz blanca. No dejaba en ningún momento de escuchar esa voz femenina tratando de serenarlo.<br />
- Estamos contigo. No debes tener miedo.<br />
- ¿Quiénes están conmigo? ¡No puedo ver! &#8211; gritó desesperado.<br />
La voz con dulzura contestó:<br />
- Es que pretendes usar los ojos para vernos. Todavía estás actuando como humano.<br />
- Es una maravillosa obra de arte. &#8211; expresó de pronto una voz masculina.<br />
- ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? &#8211; preguntó Tomas desconsolado.<br />
- Tranquilo Tomás. Quiero que te relajes. Seguimos en el bosque.<br />
- ¿Por qué sólo veo luz?<br />
- Porque somos energía Tomas. Tú, él, yo&#8230; todos ellos. Somos energía. Nos puedes sentir, no nos puedes ver.<br />
- Estoy confundido. Estoy soñando, esto es un sueño.<br />
- No estás soñando Tomás. &#8211; volvió a escuchar la voz grave tratando de explicar &#8211; Todos nosotros contribuimos en tu formación. No te haremos daño. No podemos ni deseamos hacerlo. Formas parte de nuestro universo.<br />
Él ya no contestaba y estaba logrando serenarse. En ese momento se permitió sentir. Sentía presencias. Percibía la existencia de campos de fuerza. De alguna manera inexplicable, podía sentirlos incluso en forma individual. Eran cientos.<br />
- ¿Soy real? &#8211; preguntó preocupado.<br />
- Por supuesto Tomás. Por supuesto que eres real. &#8211; le contestó la voz masculina.<br />
El se sintió aliviado y sin embargo intentó levantar su mano pero sólo vio luz. No podía distinguir el bosque ni nada material. Sólo percibía esas presencias que se acercaban y alejaban en un movimiento impredecible. Se sintió tranquilo, en paz, y la sensación de haber llegado a su hogar lo emocionó.<br />
- ¿Qué soy? &#8211; volvió a preguntar Tomás bajo una gran confusión.<br />
- Energía Tomás. Energía positiva. &#8211; dijo la voz femenina.<br />
- ¿Soy un Dios? &#8211; consultó él incrédulo.<br />
Unas cuantas voces rieron y luego la voz masculina se escuchó cercana diciendo:<br />
- Los humanos nos llaman Dioses. Nosotros preferimos referirnos a nosotros mismos como energía.<br />
- ¡No puedo morir! &#8211; expresó Tomás.<br />
- Bueno, no en el sentido humano.<br />
- ¿Qué significa eso?<br />
- La vida humana es muy corta y además forma parte del mundo material. Ellos son materia y se transforman en materia. Pueden regresar, aunque nunca como eran originalmente. Pocas veces la materia toma conciencia de su propia existencia. El proceso es asombroso. Nosotros en cambio mantenemos el equilibrio e interrelacionamos con ellos. Logramos que la materia se mantenga unida. Le damos fuerza.<br />
- Hablas de equilibrio. ¿A qué te referís? &#8211; preguntó Tomás.<br />
- A la energía negativa Tomas. &#8211; dijo la voz de mujer en un tono algo más serio.<br />
Tomás instintivamente supo a qué se referían y preguntó.<br />
- ¿No podemos hacer que desaparezca?<br />
- Es una paradoja Tomás. No podemos vencerlos ni nos pueden vencer. &#8211; Contestó con serenidad la voz grave.<br />
- ¿Cómo es eso? &#8211; preguntó él con curiosidad.<br />
- ¿Alguna vez intentaste atacar a alguien? &#8211; le preguntó la voz femenina.<br />
Tomás no tardó mucho en recordar el episodio en que Daniel golpeaba a la emperatriz y él cegado por la ira intentó detenerlo.<br />
- ¿Alguna vez sentiste ira? &#8211; volvió a preguntar la dulce voz.<br />
- Sí. &#8211; contestó él.<br />
- ¿Y qué te sucedió?<br />
- Perdí la conciencia. No tuve el control.<br />
- Cediste al caos. &#8211; Hizo una pausa y continuó explicando en un tono decidido &#8211; Cada vez que intentes destruir perderás, porque te transformas en tu enemigo. Lamentablemente, nosotros no podemos odiarlos porque nos transformaríamos en ellos. Así como ellos tampoco pueden amarnos, por más que mucho lo deseen, porque dejarían de existir y se transformarían en nosotros.<br />
- Y van milenios en la lucha eterna por mantener el equilibrio. &#8211; concluyó diciendo la voz varonil.<br />
- Soy un Dios. &#8211; exclamó Tomás sin poder creerlo &#8211; Soy el inmortal.<br />
- Te enviamos a protegerla, para que la guíes. Mucha gente depende de ella. – explicó la voz femenina.<br />
- Al momento de su nacimiento tú entraste en el mundo material y estás haciendo un excelente trabajo. &#8211; exclamó la voz grave y continuó explicando dulcemente &#8211; Pero pronto deberás dejarla seguir su camino. Ya le has enseñado mucho y ahora ella debe decidir su destino.<br />
Esa dulzura no sirvió demasiado. Tomás se sobresaltó y preguntó:<br />
- ¿Tengo que dejarla? ¿La voy a dejar? – preguntó espantado.<br />
- ¡Tomás! ¡Tomás! ¡Despertate por favor! &#8211; escuchó mientras sentía como lo sacudían de un brazo. Abrió los ojos sobresaltado al ver un soldado de la guardia sobre él.<br />
- ¡Por fin te despertás! &#8211; comentó el hombre.<br />
Tomás se sentía totalmente confundido. Eso no se había sentido como un sueño en absoluto. Miró sus manos. Las abrió y cerró un par de veces y sonrió. El soldado le preguntó:<br />
- ¿Te encontrás bien? La emperatriz está preocupada por vos. Nos envió a buscarte.<br />
- Sí, estoy bien. &#8211; Respondió &#8211; Me debo haber quedado dormido.<br />
- Si, ya lo creo. Te perdiste el espectáculo.<br />
- ¿Qué espectáculo?<br />
- Antes que te despertaras, había cientos, cientos de ellas por todos lados.<br />
- ¿Cientos de qué?<br />
- Luciérnagas, Tomás. Cientos de luciérnagas. Fue hermoso. No se donde habrán ido. Desaparecieron de un momento a otro, y nosotros debemos volver al destacamento. Vamos.</p>
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		<title>Capítulo VIII &#8211; El primer día en el pueblo</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Aug 2008 01:43:19 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Tania se había despertado temprano y primero aprovechó el tiempo ordenando sus pocas pertenencias. Luego, tomó un antiguo cuaderno forrado en cuero color caoba ya bastante gastado y comenzó a trabajar en él con suma concentración utilizando un crayón negro. Sus ojos color miel seguían atentamente los trazos marcados en el papel. Estaba tan sumergida [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=44&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Tania se había despertado temprano y primero aprovechó el tiempo ordenando sus pocas pertenencias. Luego, tomó un antiguo cuaderno forrado en cuero color caoba ya bastante gastado y comenzó a trabajar en él con suma concentración utilizando un crayón negro. Sus ojos color miel seguían atentamente los trazos marcados en el papel. Estaba tan sumergida en su tarea que se sobresaltó cuando Daniel le dijo desde lo alto a sus espaldas:<br />
- Está muy bien hecho. ¡Buen trabajo!<br />
- Por favor, Daniel, te pido que no lo comentes. Es algo que quiero en su momento regalar a la emperatriz.<br />
- A Erika. – corrigió él.<br />
- Sí. – contestó ella bajando la mirada. La respuesta no se hizo esperar. Daniel le dijo que se quedara tranquila y que compartirían ese secreto.<br />
Tania tomó ventaja de ese momento de tranquilidad para preguntar un poco más sobre la misión:<br />
- Daniel, ¿tenemos idea de qué tipo de enemigo es el que tenemos que enfrentar? ¿Alguna pista?<br />
- No, no es tan sencillo. En realidad nadie lo sabe a ciencia cierta. – Se hizo un silencio y continuó hablando – La leyenda cuenta que nuestra tierra, protegida por las montañas, se convertirá en un gran imperio guiada por una mujer. De no lograrlo será sentenciada a ser saqueada y destruida por invasores salvajes. La pérdida sería total. Es un tipo de encrucijada.<br />
Tania suspiró preocupada y pretendía continuar con la conversación pero el movimiento en el cielo la distrajo. Prestaron atención y ambos pudieron distinguirlo claramente. Se preguntaron qué haría el cóndor por allí otra vez. Volaba rápidamente hacia ellos y Daniel no le guardaba mucha simpatía después de lo que había ocurrido. Se quedó de pie, apoyando su mano sobre el empuño de su espada listo para entrar en acción ante cualquier incidente.<br />
- ¿Aún por aquí? ¡Apenas se desplazaron algunos metros! – dijo el cóndor jocoso.<br />
- ¿Qué necesitas? – preguntó Daniel ahorrando todo tipo de preámbulo.<br />
El cóndor miró hacia los costados y luego dijo:<br />
- Estoy buscando a la emperatriz. – Sin vueltas explicó – Llegamos a un punto en la montaña para reunirnos con mi padre, pero dos soldados nos interrumpieron el paso. Nos dijeron que sólo la emperatriz podía autorizar nuestro ingreso.<br />
- ¿Desean vivir en nuestro reino? &#8211; preguntó Tania.<br />
- No lo se. Vivir no creo. Si nos permiten el ingreso iremos a veces.<br />
Daniel lo miraba desconfiado y el ave le dijo:<br />
- Podemos serles de utilidad. Podríamos comernos los roedores por ejemplo. Eso les facilitaría la agricultura, ¿verdad? – Daniel lo miraba interesado.<br />
- Tiene razón. – dijo Tania pensando en sus cultivos &#8211; Además podrían colaborar en la vigilancia de la frontera. Tienen gran velocidad y una vista envidiable.<br />
- Es cierto. – dijo el cóndor muy tranquilo con orgullo.<br />
- Buscaré a la emperatriz. – anunció Daniel y se retiró.<br />
Tania y el cóndor se quedaron juntos por un breve momento y ella no perdió la oportunidad para confirmar algunos datos:<br />
- ¿Es cierto que hay un río hacia el norte?<br />
- Sí, un río bastante grande. Me dijeron que desemboca en el mar.<br />
- ¿Quién te lo dijo?<br />
- Los nideros.<br />
- ¿Nideros?<br />
- Sí, son una raza de hombres que protegen el monte. – Giró la cabeza y dijo – ¡Aquí estás emperatriz!<br />
Tania se alejó pensativa mientras que la emperatriz le explicaba al cóndor que debía jurar lealtad al imperio y proteger su ubicación. El animal aceptó las condiciones y recibió poco después un pliego con el sello real y la contraseña para su ingreso y el de su familia.<br />
- Se lo agradecemos mucho. Los inviernos son muy duros y ventosos en la montaña. Tendremos muchas posibilidades de sobrevivir en su reino en esas épocas. No se arrepentirán.<br />
La emperatriz y Daniel sonrieron al ver al cóndor con suma elegancia alejarse por los aires pero fueron desconcentrados por Tomás quien gritaba entre risas:<br />
- ¡Llegó la ropa nueva!</p>
<p>El coatí acompañado por cinco amigos corría a toda velocidad entre las ramas trayendo consigo cualquier cantidad de ropa. Tania se rió comentando:<br />
- Estos animales están enloquecidos.<br />
- ¡Hicimos una recorrida por las sogas del pueblo! – Explicó Ariel riendo al llegar.<br />
Los soldados recibieron bien a los coatíes y compartieron el desayuno con ellos. Mientras tanto y rápidamente, Erika, Tania, Tomás y Daniel se cambiaron de atuendos y la tropa se sorprendió al verlos con esa vestimenta tan extraña para ellos.<br />
- Están perfectos. – comentó Ariel mientras los examinaba.<br />
Las mujeres lucían vestidos largos floreados con botitas cortas de cuero negro. Tania había elegido el vestido de color lavanda con dibujos de grandes flores en azul y violeta. Erika en cambio, prefirió un tono color arena con pequeñísimas flores celestes. Los hombres usaban las camisas vistosas a cuadros con los altos pantalones y gruesas botas de cuero marrón.<br />
- Dejen un burro libre. Lo llevaremos a la aldea. – todos la miraron y Tania explicó – Debemos tener algo para negociar.</p>
<p>Daniel se acercó a la emperatriz y le explicó que era un buen momento para hacer la primera rotación. Enviaría a dos de sus hombres al destacamento del Paso de Tania para renovar la tropa. Así Miguel podría volver a la aldea y mandaría dos hombres descansados en reemplazo. Erika estuvo de acuerdo y Daniel impartió la orden, que fue festejada por el grupo de soldados.</p>
<p>Un par de hombres prepararon al burro y pronto se encontraban los cuatro caminando por el bosque en dirección al pueblo. Tuvieron que recorrer el sendero por más de un par de horas bajo los árboles hasta que lograron divisar la primera casa. Erika estaba sorprendida y feliz. El soldado no había comentado los colores preciosos que tenían las viviendas. Se acercaron y vieron una construcción simple de madera, pintada en color durazno con los marcos de las ventanas y las puertas en un tono verde limón que ellos jamás habían visto en combinación tan original. Cerca de la puerta en un pequeño jardín una mesa y tres sillas en el mismo tono de verde esperaban visitas. Se esforzaron guiados por su curiosidad pero fue imposible ver el interior de la casa a traves de esas cortinas amarillas. Tomás  logró controlar su impulso y se mantuvo en el camino sin ingresar a ninguna vivienda.<br />
Siguieron por el sendero y lograron divisar otra casa más. Esta vez en color celeste combinada en un violeta intenso. Las estructuras en sí eran muy similares pero los tonos de colores cambiaban en cada una de las construcciones. Evidentemente era un pueblo muy cuidado. El césped estaba prolijamente cortado y se notaba el buen mantenimiento que debió haber requerido horas de dedicación. De pronto un par de mujeres doblaron a unos ciento cincuenta metros y caminaban ahora hacia ellos. A medida que se aproximaban hablaron entre ellas y los miraron al pasar. Los cuatro sintieron que el corazón se les salía del pecho y sin embargo, nada sucedió. Siguieron caminando un tiempo más y la cantidad de viviendas aumentaba con cada paso. A esta altura descubrieron que el pueblo tenía un diseño muy particular ya que todas las calles se abrían en diagonales. Un hombre robusto de escaso cabello, de aproximadamente unos cincuenta años, salió de su casa justo cuando ellos se aproximaban. Los miró con seriedad por un momento, pero se dedicó a ordenar una gran cantidad de leña en una especie de carreta al costado del camino. Ellos lo miraron de reojo y siguieron caminando prácticamente conteniendo la respiración. Entonces escucharon a sus espaldas:<br />
- ¡Oigan! ¡Ustedes!<br />
Los cuatro se quedaron paralizados en un primer momento para luego girar sobre sus talones con precaución.<br />
- Tengo el caballo muy enfermo en el establo y necesito llevar esta leña hasta el centro. ¿Qué piden por la ayuda de su bestia?<br />
Erika quedó sorprendida pero Tania le explicó al oído: &#8220;Creo que quiere a nuestro burro.&#8221; La emperatriz se adelantó y le contestó:<br />
- Somos visitantes. Estamos buscando un lugar donde poder quedarnos. ¿Usted conoce algún lugar que nos pueda indicar?<br />
El hombre se veía algo tosco y quedó un poco confundido con el planteo.<br />
- ¿Visitantes? ¿De dónde?<br />
Daniel se adelantó para contestar pero Erika le hizo señas para que aguardara, entonces ella le dijo:<br />
- De muchos lugares. Somos viajeros. Hemos recorrido miles de kilómetros, montañas, bosques y ríos.<br />
- ¿En serio? ¿Y no es peligroso?<br />
- Nos gusta esta vida aunque lleva sus riesgos, bueno como todo, ¿verdad? Hasta usted debe correr riesgos aquí.<br />
El hombre pensativo bajó la cabeza y le contestó:<br />
- Ni que lo digas. El agua es el principal problema. Dependemos de las lluvias que gracias a Dios han sido muy abundantes hasta el mes pasado. Pero hemos tenido momentos difíciles. – se quedó viendo el burro y continuó diciendo – Tengo un conocido en el centro. Su esposa falleció el año pasado y tiene una casa bastante grande. Creo que podré convencerlo para que los deje quedarse con él.<br />
- ¿Cree? – le preguntó Daniel.<br />
- De acuerdo. Es mi hermano, si se lo pido los dejará quedarse. – mascó algo en su boca y lo escupió al suelo.<br />
Los cuatro se miraron entre ellos y llegaron a un acuerdo tácito. Tomás se adelantó y le dio la mano al aldeano a una prudente distancia. Entre los tres hombres lograron enganchar el carro al burro y así llegó la leña al centro de la aldea.<br />
Erika estaba sencillamente encantada porque el centro del lugar era precioso a sus ojos. Había una plaza muy grande con árboles y flores de vivos colores donde un grupo de niños jugaba haciendo rondas y cantos. Además había una fuente de agua transparente en una de las esquinas que caía desde lo alto haciendo un salto curioso. El hombre les explicó:<br />
- Esa fuente lleva el agua de lluvia más pura, porque le hacen un tratamiento especial. Todas las mujeres del pueblo van a la mañana temprano y luego más tarde casi llegando la noche, a buscar allí el agua para su consumo. Para otros menesteres tenemos el agua que podemos juntar en nuestras propias casas, en los tanques de los jardines traseros.<br />
Erika levantó la vista y leyó un cartel sobre un edificio que lucía más importante que el resto, situado frente a la plaza, donde decía: &#8220;Pueblo de Almeda&#8221;. Junto al hombre fueron por la calle alrededor de la plaza para finalmente perderse una vez más entre las diagonales. Llegaron entonces a una especie de depósito de maderas.</p>
<p>El hombre golpeó torpemente el portón del frente y si bien tardaron en atenderlo no volvió a insistir. Simplemente se quedó aguardando cerca de la entrada unos diez minutos hasta que se sintió un ruido proveniente del interior del establecimiento y luego el gran portón de madera se abrió emitiendo un chirrido molesto. Las tablas de abajo se trabaron un poco con la tierra y el pasto, pero el hombre del depósito empujó más fuerte y logró destrabarlas sin problemas.<br />
Se saludaron entre sí con un sonido tosco y salieron ambos a buscar la leña de la carreta. Tomás los ayudó con ganas y pronto terminaron la descarga. Estaban en menos de treinta minutos dispuestos a acompañar al hombre hasta la casa de su hermano. Sin embargo, el encargado del depósito gritó mirando a Tomás:<br />
- ¡Muchacho! ¿No te gustaría ayudarme unas horas al día por algunas monedas?<br />
Los cuatro se quedaron sorprendidos. No esperaban una oferta de trabajo en realidad. Se juntaron y lo discutieron por un momento. Tania opinaba que era una buena oportunidad de conocer las costumbres del lugar.<br />
- ¿Cuánto tiempo vamos a quedarnos aquí? &#8211; preguntó Daniel a la emperatriz.<br />
- Dos meses serán suficientes para conocer al pueblo y su gente, luego estaremos en condiciones de decidir qué hacer. &#8211; aseguró con cierta seguridad.<br />
- Entonces acepto. &#8211; replicó Tomás. &#8211; ¡Acepto! &#8211; le respondió al hombre alzando un poco la voz.<br />
- Muy bien, lo espero mañana a las cinco en punto. &#8211; dijo el encargado del depósito de aspecto desalineado desde el portón.<br />
- ¿De la tarde? &#8211; consultó Tomás.<br />
El hombre largó una carcajada espontánea y se metió en el depósito cerrando con fuerza el portón.<br />
- ¡Qué suerte muchacho! ¡Ya tienes trabajo! Rodo es un poco bruto pero buen hombre.<br />
Tomás no contestó y continuaron la marcha por tres cuadras más en silencio. Luego el almedino detuvo la carreta y les pidió que lo aguardaran un momento. Subió una pequeña colina por una escalera de madera y piedra hasta llegar a una casa de color amarillo fuerte, de marcos y puertas blancas. Tocó la puerta y aguardó bastante tiempo, caminando de un lado al otro hasta que decidió apoyarse sobre la viga de madera del porche mirando a los cuatro visitantes. &#8220;Viajeros&#8221; pensó. &#8220;Hemos recorrido miles de kilómetros, montañas, bosques y ríos.&#8221; &#8220;Ríos&#8221;. Giró al escuchar que la puerta se abría detrás de él.<br />
Los cuatro intentaban ver al hombre de la casa amarilla pero su hermano había ingresado a la vivienda y la puerta se había cerrado tras él. Se quedaron solos mirando al burro mover sus suaves orejas lo cual motivó que Erika se aproximara y lo acaricie con ternura.<br />
A los pocos minutos la puerta se abrió y ambos hombres salieron a su encuentro. El dueño de casa era un hombre con muchos kilogramos de más sin un solo cabello en toda su cabeza. Su piel era rojiza y los ojos celestes, algo saltones, no agradaron a los viajeros. Sin embargo, considerando que ese hombre les podría dar vivienda, hicieron en vano un esfuerzo por mantener una relación amistosa.<br />
El hombre se acercó a ellos y con tono autoritario les dijo:<br />
- Dice mi hermano que necesitan un lugar para vivir. No tengo problemas, pero a cambio le tienen que entregar el burro y deberán trabajar para mí en los campos de cultivo. Se van a tener que ganar el plato del día.<br />
Decir que Tania estaba furiosa por los modales del hombre, era realmente poco. Ella se adelantó al grupo y le dijo:<br />
- Buenas tardes, ¿con quién tengo el gusto de tratar?<br />
El hombre se rió groseramente y dirigiéndose a Daniel le preguntó:<br />
- Aceptan, ¿sí o no?<br />
Daniel miró a la emperatriz y ella le dijo por lo bajo:<br />
- Al menos intentémoslo, así tenemos un lugar de partida.<br />
- De acuerdo – Daniel miró a las dos mujeres y contestó – Trabajaremos para usted.<br />
- Sólo ella y usted. Esta no me interesa – acotó mirando sobradamente a Tania.<br />
- Yo tampoco trabajaría aquí. – contestó Tania y luego se calló porque Daniel apoyó la mano en su brazo en un gesto de contención. Estaba indignada y con razón. La emperatriz se le acercó y le dijo:<br />
- Tania regresá con Tomás. Ya pensaremos en algo.<br />
La furia no se calmaba y se alejó rápidamente pensando en cómo era posible que la emperatriz aceptara trabajar para semejante cerdo. Tomás trataba de calmarla pero ella directamente no le contestaba y él no pudo encontrar manera de sacarla de su mundo.</p>
<p>Mientras tanto, Erika y Daniel llegaban al porche de la casa pero el hombre no los dejó pasar. Los hizo esperar un momento y luego apareció junto a su hermano quien finalmente se presentó como José y les comentó que el dueño de casa se llamaba Paco. Les pidieron que los sigan y luego los hermanos se despidieron. José se llevó al burro con la carreta y Paco siguió a pie unos dos kilómetros alejándose del centro seguidos por Daniel y la emperatriz.<br />
La zona donde llegaron estaba formada por enormes campos de cultivo, mayormente trigo y maíz. En algunas tierras también tenían ganado vacuno. Caminaron por un lugar bastante abandonado y luego llegaron al campo de Paco donde cultivaba zanahorias. Estaban todas alineadas en unas veinte hectáreas de tierra. Al escucharlos un perro les ladró en la entrada. Desde allí podían divisar un pequeño galpón en el lugar.<br />
- Este es un muy buen perro. Muy guardián. Me lo tratan con respeto. Bien chico, bien chico. – decía Paco mientras palmeaba al animal en el lomo de pelaje oscuro.<br />
- ¿Cómo se llama? – preguntó la emperatriz.<br />
- Chico. – contestó mirándola de mala manera y agregó &#8211; Cuiden mis tierras. Volveré aquí mañana para traerles algunos víveres. Pueden dormir en este lugar. – dijo señalando el galpón. Se acercó a la modesta construcción y quitó un alambre de la puerta para abrirla. La madera crujió con el movimiento y algo de polvo se voló por los aires. – En el fondo está el tanque de agua, no les vendría mal un baño. – agregó.<br />
Tanto Daniel como la emperatriz guardaban una expresión muy seria. Paco entró al galpón y volvió a salir con dos escopetas.<br />
- ¿Saben tirar? – preguntó.<br />
Daniel no dijo nada y tomó una de las armas. La sostuvo en su mano y no la sintió tan pesada como imaginaba. La examinó y Paco se la arrebató de un golpe cuando Daniel miró por la salida del caño.<br />
- ¡Por Dios! ¡Qué par de inútiles!<br />
Daniel suspiró sin contestar y escuchó atentamente al hombre cuando le explicó brevemente dónde y cómo se cargaban las municiones. El hombre sostuvo la escopeta con precisión apoyándola contra su hombro y les preguntó:<br />
- ¿Ven ese nido de pájaros a unos ochenta metros de aquí?<br />
- Sí. – contestó la emperatriz. Y el estruendo la dejó sorda. Su cara de horror sólo provocó la risa del hombre que festejaba su buena puntería. Les entregó toscamente una escopeta a cada uno y les dijo:<br />
- Más les vale que no falte una sola zanahoria cuando regrese. Cuiden estas tierras como si fueran su propia vida. Nos vemos mañana, así les traigo comida. Adiós, chico. ¡Buen perro, buen perro!<br />
Se quedaron los dos parados viendo como Paco se alejaba por el camino mientras sostenían las armas de fuego.<br />
- ¿Viste el poder de estas armas? – preguntó ella totalmente azorada.<br />
- Es increíble… &#8211; se abstrajo en sus pensamientos y luego comentó – Si hubiéramos atacado directamente ni siquiera hubiéramos logrado ver la cara al enemigo.<br />
- No íbamos a atacar de todas maneras. Creo que más allá del desastroso empleador que nos tocó en suerte podemos aprender mucho de esta experiencia. – contestó Erika mientras miraba a su alrededor.</p>
<p>Dejaron las armas apoyadas contra la pared del galpón y fueron al fondo para encontrar un pequeño tanque de agua. Estaba algo sucio pero bastante lleno; al menos podrían refrescarse. Ella estaba tranquila dadas las circunstancias, pero Daniel se encontraba francamente desesperado. No podía aceptar que su emperatriz durmiera en ese lugar y sin embargo no podía brindarle algo mejor. De pronto y como si le hubiera adivinado el pensamiento ella dijo:<br />
- Por favor Daniel, no te preocupes más. No será la primera vez que duermo bajo las estrellas. – le guiñaba un ojo con complicidad y logró aliviarlo un poco. Entonces ella le confió &#8211; ¡Qué lástima que tuvimos que separarnos! ¿Cómo les habrá ido a Tomás y Tania?<br />
- Espero que mejor que a nosotros. – Y se dirigieron al galpón decididos a limpiar y ordenar el lugar. Si iban a vivir allí al menos tendría que estar en condiciones habitables.</p>
<p> </p>
<p>Tania y Tomás discutieron al llegar a la plaza principal del pueblo. Ella no soportaba que él se mantuviera tan optimista todo el tiempo.<br />
- Claro. El señor no tiene problemas porque ya consiguió trabajo. – exclamó sobradamente.<br />
- Pero no puedo creer que te enojes conmigo, si yo tampoco tengo donde dormir.<br />
- Es distinto.<br />
- ¿En qué es diferente?<br />
- ¡En que a vos no te echaron antes de darte el empleo!<br />
- Pero vos no querías trabajar con él, ¿qué decís?<br />
- ¡No quería que me trataran groseramente, pero quería quedarme con ellos!<br />
- Ah. Bueno, estás conmigo. – y le sonrió con una mirada inocente.<br />
Ella reaccionó realmente muy mal y él no lograba comprenderla. Entonces Tania le dio la espalda y él aprovechó ese momento único para cerrar sus ojos e imponer la mano derecha sobre su cabeza justo a tiempo antes de que ella se alejara sin darle ningún tipo de explicaciones, decidida a volver al destacamento. Lo único que necesitaba era tranquilidad y no lograba conseguirla a su lado.</p>
<p>Tomás, a su vez, ya estaba francamente cansado y necesitaba encontrar un lugar donde pasar la noche.  Sus manos cruzaron su cabello y ninguna idea se le ocurrió mientras veía a Tania alejarse rápidamente. Se sentó sobre una pared baja en la plaza cerca del recreo de los niños. Apoyó su cabeza sobre ambas manos mirando las piedritas rojas del piso, pensando que tal vez pueda dormir en esa plaza cuando de pronto una pequeña pelota amarilla apareció rodando hasta tocar su pie derecho. La tomó intrigado mientras que una pequeña lo desconcertó pidiéndole:<br />
- Démela Señor. Es mía. – Mantenía distancia y apenas pasaba el metro de altura. Tendría unos cinco años, de cabello largo, castaño oscuro y unos hermosos ojos verdes.<br />
Él le sonrió. Percibía la inocencia de esa pequeña criatura produciéndole una sensación de bienestar muy bienvenida en ese momento.<br />
- ¿Cuál es tu nombre preciosa? – preguntó de la forma más dulce que pudo mientras sostenía la pelota en sus manos.<br />
- Melina y ¿usted? – contestó ella manteniendo la distancia.<br />
- Me llamo Tomás – le dijo él divertido y le lanzó la pelota haciéndola picar en el suelo una vez.<br />
La niña atajó la pelota con mucha concentración y luego salió corriendo para seguir jugando con sus amigos. No tardó mucho tiempo para que la pelota se vuelva a escapar y Tomás se la alcanzara nuevamente. Al ver la buena predisposición de Tomás la niña juntó coraje y le iba a hablar por momentos. Al par de horas, los compañeros de juegos se habían marchado y la niña se había parado frente a Tomás riéndose a carcajadas de las bromas que él le hacía. De pronto la niña le dijo:<br />
- ¡Qué amarillo tenés el pelo! ¿Por qué lo tenés así?<br />
El se rió y le contestó diciendo:<br />
- Uh … ¡qué mal! ¡No le gustan mis pelos! – Provocando la risa nuevamente de la pequeña, al verlo sacudir tontamente su cabellera. Entonces ella abrió un pequeño bolso que colgaba de sus hombros y le dijo ofreciéndole un fruto verdoso:<br />
- ¿Querés uno de estos? Mi mamá me dice que los coma porque tienen muchas vitaminas.<br />
Él lo miró y al momento lo reconoció: era un talingo.<br />
- ¡Melina! – escucharon ambos y la nena salió corriendo buscando los brazos de su madre.<br />
Tomás y la mujer mantuvieron las miradas con seriedad. Ella abrazó a la criatura y le preguntó si se encontraba bien. La niña no dejaba de contarle los chistes de su nuevo amigo.<br />
- Anda a casa con papá mi amor. &#8211; le dijo y la niña salió corriendo por el camino.<br />
Luego, la mujer se acercó lentamente hasta Tomás y lo miró fijamente. Él le comentó sin quitarle los ojos de encima:<br />
- Al menos recuperé uno. – levantó la mano mostrando el talingo que la niña le había regalado.<br />
- No lo entenderías &#8211; le dijo ella.<br />
- Intentalo. – respondió él manteniéndose sentado inmóvil.<br />
- No tenemos mucha variedad de frutas en la zona. Tampoco tenemos demasiada agua. Esos talingos son muy nutritivos y por sobre todo contienen mucho jugo. Son muy buenos para los niños. – él la miraba atento y ella continuó hablando – Sólo hay un árbol Maracaná en el bosque y casi nunca puedo alcanzar la fruta. Hay unos coatíes peligrosos que te atacan ni bien te acercas al árbol. Te ví y en fin, ya conoces la historia. No fue nada personal. Estabas en el lugar equivocado en el momento equivocado.<br />
- No. Yo creo que estaba en el lugar correcto en el momento correcto. Te hubiera regalado estos frutos si me los hubieras pedido.<br />
Ella sonrió mirando alrededor y le dijo:<br />
- Bueno, no es la gran cosa. &#8211; Y luego de una breve pausa agregó &#8211; Veo que te cambiaste de ropa, esto te queda mejor.<br />
- No empieces. – le contestó él y ambos rieron. &#8211; ¿Conoces un lugar donde pueda quedarme a dormir?<br />
- Para dormir. A ver, dejame pensar. Raúl es amigo mío. El dueño de la taberna. Me dijo que necesitaba un mesero y que tenía un lugar libre en la parte de arriba. Tendrías que trabajar de noche. No se si te interesa.<br />
- Vamos a ver a Raúl. – Contestó Tomás sonriendo.<br />
- No puedo acompañarte, me esperan en casa. Pero dile que vas de parte mía. Queda a dos cuadras de aquí por esta diagonal.<br />
- Gracias, Silvina. – le dijo con una sonrisa. Ella giró y se alejó caminando muy sensualmente mientras él la miraba partir.<br />
Una leve brisa comenzó a correr por la plaza y Tomás se quedó sentado unos momentos más hasta partir hacia la taberna. Para llegar tuvo que pasar por la fuente de agua y se sorprendió al presenciar como algunas mujeres discutían entre sí por su lugar en la fila para llevar el agua fresca. Se quedó pensando en la abundancia de agua que disfrutan en el valle. El agua de deshielo se encuentra en forma permanente y nunca nadie hubiera discutido por un poco de ella. En la primavera se forman ríos y cascadas hermosas, mientras que en el invierno lo único que tenían que hacer era salir a buscar un poco de nieve y ponerla en una olla al fuego.<br />
Con estos pensamientos llegó finalmente a la taberna. Debía ser la única construcción de color negro en todo el lugar. Delante de la entrada había unas mesas redondas sumamente originales ya que imitaban la forma de tornillos al igual que los bancos ubicados alrededor. Sonrió y empujó la puerta principal. La luz era escasa pero se podía ver luego de que los ojos se acostumbraran al nuevo ambiente. Al fondo había una barra de tragos y unas cuantas mesas cuadradas, simples, de madera, que se disponían sin orden lógico por el resto del local. En la otra punta había un joven almedino sentado con una guitarra en sus brazos. Parecía que estaba trabajando en alguna melodía pero sea lo que fuera le faltaba mucho para que eso alcance la categoría de canción. Un viejo estaba sentado en una de las mesas al fondo con la cabeza gacha sobre su vaso de contenido amarillento. De pronto escuchó:<br />
- ¿Qué le sirvo?<br />
Tomás giró y se quedó mirándolo mientras se preguntaba de dónde había salido. Había un hombre de unos cuarenta años, morocho, de cabellos rizados atrás de la barra. Se acercó y le explicó que Silvina le había comentado que estaban ofreciendo trabajo con vivienda. El hombre lo miró desconfiado por un momento y luego le dijo:<br />
- Necesito a alguien que me ayude por las noches. A veces el ambiente se pone tenso. Antes de terminar el turno debería limpiar el salón para que mi mujer lo atienda por la mañana.<br />
- ¿Y qué horario tiene?<br />
- De ocho de la noche a cuatro de la mañana. Arriba tengo un cuarto libre. Si quiere puede subir a verlo. Le puedo dar el almuerzo y pagar dos soles por noche. También se lleva las propinas que le dejen.<br />
- El horario me cierra justo, acepto el trabajo. – contestó decidido.<br />
El hombre le entregó un juego de llaves enormes de hierro y le mostró la escalera hacia la planta superior. Las maderas crujían con el peso de Tomás a medida que subía por la escalera. Luego de forcejear un poco con la cerradura logró entrar al cuarto. Era pequeño. La luz se filtraba como podía por el vidrio sucio de una ventana redonda. El mobiliario constaba únicamente de una cama pequeña, pintada en color arena, ubicada a un costado de la habitación. Bajó para preguntar por los sanitarios y el cantinero le indicó que se encontraban fuera de la casa atravesando el jardín del fondo. En ese momento se preguntó que habrá sido del resto del grupo y volvió a subir a la habitación, miró a través de la sucia ventana y se sorprendió.</p>
<p>Tania había logrado salir finalmente del pueblo por el laberinto de calles y estaba ya caminando entre los árboles del bosque decidida a volver al destacamento. No podía creer que no le haya quedado otra alternativa más que abandonar el Pueblo de Almeda. Hubiera llorado pero su orgullo no se lo permitía; en cambio tenía los rasgos bien marcados en el rostro con una palidez inusual en ella.<br />
Escuchó un ruido rítmico acercándose y giró justo a tiempo logrando salir del paso de milagro. Un caballo pura sangre pasó al galope a tan sólo centímetros de ella. Era de color castaño oscuro y su brillo resaltaba en el lugar. Entonces fue que lo vio por primera vez, montando su caballo a toda carrera atravesando el bosque. Tenía una camisa celeste, un pantalón arena y le sobraba actitud. La miró por un breve momento pero siguió su persecución pasando a unos metros de distancia.<br />
Ella se quedó sorprendida y muy intrigada. El pueblo era el único lugar poblado a kilómetros de distancia, sin embargo algo le decía que él era alguien especial. Respiró profundo y siguió caminando algunos metros cuando volvió a escuchar el galope de un caballo a sus espaldas.</p>
<p>Él había regresado y se detuvo a corta distancia. Tenía el cabello castaño claro y ojos color café. La miró preocupado y le preguntó:<br />
- ¿Estás bien?<br />
- Sí, gracias. – contestó ella tímidamente para seguir caminando por el bosque pero él se interpuso con el caballo.<br />
- ¿A dónde vas? El pueblo queda por aquel lado. – le dijo él.<br />
- No es de tu incumbencia. – le contestó ella y siguió caminando. Sin embargo volvió a detenerse cuando lo escuchó reír a sus espaldas.<br />
- ¿Qué es gracioso?<br />
Al hombre se lo veía realmente feliz y bajó de su caballo para acercarse a ella.<br />
- Mi nombre es Juan. ¿Cómo es que nunca te había visto en mi pueblo?<br />
- ¿Tu pueblo? – preguntó ella abriendo un poco más los ojos.<br />
- Bueno, no te enojes. ¿No me vas a decir tu nombre?<br />
Ella dudó un momento y luego le contestó:<br />
- Me llamo Tania. Estoy aquí porque tuve un problema con el dueño de una casa en lo alto por la diagonal de la plaza.<br />
El hombre volvió a reír. Entonces le dijo:<br />
- ¿Con Paco? – lanzó un par de carcajadas y continuó – Ese es un buen hombre. Quedó medio trastornado después de que falleció su mujer. Todo lo ve negativo. Tenía muy buenos campos pero despidió a todo el personal. Su hermano está ayudándolo para salir adelante.<br />
- Me dijo que no le interesaba que trabajara para él.<br />
- Bueno, mejor para vos. – le dijo sonriente con una mirada chispeante. – ¿Te alcanzo hasta el pueblo? – preguntó seguidamente.<br />
- No tengo donde ir. – dijo ella en un tono triste luego de una breve pausa.<br />
- Yo crío caballos por aquí cerca. – Comentó él algo pensativo – Si te interesa te llevo a conocer el lugar. Siempre necesitamos ayuda.<br />
La mirada de ella cambió y no hizo falta decir algo más. En pocos minutos Juan la estaba ayudando a montar su caballo y luego salieron juntos al galope rumbo al haras. En el camino ella le preguntó por el caballo que corría por el bosque y él le contestó que ella deberá ayudar a atraparlo. Atravesaron el centro del pueblo y justo cuando Tomás se asomaba por la ventana de su nuevo cuarto la vio pasar.</p>
<p>El haras no era un lugar muy grande, pero Tania lo encontró encantador. Llegó al galope con Juan quien muy ágilmente saltó de su caballo y luego la ayudó con total galantería a descender. Le entregó las riendas a un peón para que se hiciera cargo del animal y guió a Tania hacia el edificio principal. Allí se encontró con un salón amplio, de poco mobiliario, tal vez un poco sombrío para la personalidad que demostraba Juan.<br />
- Esperame un momento. &#8211; le dijo.<br />
- Sí, claro. – contestó ella en un susurro mientras observaba una biblioteca bastante importante armada precariamente con tablas sobre una pared. También había algunas pinturas colgadas y se entretuvo especialmente con una de ellas que mostraba los inicios del pueblo. Pudo distinguir la plaza principal y una arboleda fantástica en los alrededores que hoy en día había desaparecido.<br />
Él volvió rápidamente y con una sonrisa le preguntó si le agradaba la pintura. Ella movió la cabeza afirmativamente y le comentó:<br />
- ¡Este cuadro es hermoso!<br />
- Sí. Ahora no hay tantos árboles pero aún hay zonas muy bonitas. – y se detuvo únicamente por un segundo para sentir la suavidad del cabello de Tania delante de él. Ella se corrió sin percatarse de lo ocurrido.<br />
- ¿Vivís aquí solo? – le preguntó ella.<br />
- No todo el tiempo vivo aquí, y además nunca estoy solo. Me acompaña el personal. Vamos, quiero darte un recorrido y mostrarte donde podrás pasar la noche.<br />
Ella lo acompañó y apenas si pudo escuchar lo que Juan le decía. Por alguna razón extraña se sentía alterada, nerviosa, confundida y se concentraba más en analizar estos sentimientos que en las palabras de su anfitrión. Finalmente llegaron a una pequeña casa detrás de los studs.<br />
- Esta es la casa de los empleados – le dijo mientras la recorrió sutilmente con la mirada. Ella respondió sonrojándose levemente pero él continuó diciendo al ingresar – No es mucho, pero aquí podrás descansar bien. Además hay vestimenta y sábanas limpias en este baúl. – comentó apoyando la mano sobre la madera de la pared.<br />
Luego, él le sostuvo la puerta para salir de la casa y continuó diciendo:<br />
- Me gustaría que puedas atender a los caballos temprano por la mañana. Hay que alimentarlos y cepillarlos también. Creo que es la mejor manera para que comiences a familiarizarte con ellos. – terminó la frase hablando lentamente perdido en la mirada de la mujer. Ella sintió de golpe que el corazón se le disparaba al galope y no se hubiera podido resistir si Juan le robaba un beso en ese mismo instante. Acomodándose nerviosamente el cabello, ella le dijo mientras bajaba la mirada:<br />
- No tengo problemas en atender los caballos. – Entonces lo miró y él respondió con una sonrisa encantadora. Al separarse ella guardó silencio sintiéndose aturdida y fue él quien le dijo:<br />
- Entonces&#8230; ¿Te interesa el trabajo? ¿Queres quedarte?<br />
Ella se le acercó, contestó afirmativamente con un gesto y comenzó a caminar para luego preguntarle a cierta distancia dejando de lado esa tensión extraña en el ambiente:<br />
- ¿Dónde guardan el alimento para los animales?<br />
El sonrió feliz totalmente hipnotizado y con mucha tranquilidad le mostró el depósito de alfalfa y los tanques de agua así como el resto de su establecimiento. La noche estaba cayendo y regresaron a la casa de los empleados para despedirse con un beso algo incómodo en la mejilla.<br />
Al ingresar en la habitación y encontrarse sola, ella ocultó el rostro con sus manos y se dejó deslizar por la puerta hasta quedar en cuclillas sobre el piso. Jamás en la vida le había pasado algo semejante. Nunca había actuado sin pensar. ¿Quién era ese hombre? Inteligente, amable, buen mozo, instruido – no podía olvidar todos esos libros en la biblioteca -, emprendedor y por sobre todo tan atractivo. Un suspiro se escapó entre sus labios y sonrió sin poder creer ella misma lo que estaba pasándole. Sintió golpear la puerta de su habitación a sus espaldas y se estremeció de susto. La abrió lentamente y él estaba ahí parado con una sonrisa irresistible. Entonces le habló algo nervioso:<br />
- No se si te parece bien, pero pensé que de todas formas no perdía nada preguntándote.<br />
Ella se quedó en silencio, muda tanto en palabras como en pensamientos, esperando atentamente que él termine la frase.<br />
- ¿Te gustaría acompañarme a cenar mañana?<br />
- Sí, claro. – contestó ella en cuanto él terminó de pronunciar la pregunta.<br />
El rió feliz y le dijo que se encontrarían el día siguiente. Sin darse cuenta, ella no se despidió y cerró la puerta. Pensó nuevamente: “¿Qué estoy haciendo? ¡Esta no es la misión!”. Y luego se ocupó rápidamente en buscar los nuevos atuendos en el baúl que había en la habitación.</p>
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<p>Todos lograron dormir algo esa noche aunque estaban algo inquietos en ese lugar desconocido. En realidad, no todos. Tomás fue el único que no pegó un ojo en toda la noche. Desde las ocho de la noche estuvo ayudando en la taberna atendiendo clientes quejosos por la falta de agua. El músico era realmente deplorable pero el humor de Tomás no decaía. Un hombre sentado al costado del salón le hizo señas para que lo fuera a atender. Entonces le dijo:<br />
- Te doy tres soles si lograr callar al músico. &#8211; el aliento no era muy agradable pero Tomás sonrió y aceptó el desafío. Se acercó al músico y le dijo:<br />
- ¿Me prestas la guitarra un momento?<br />
- ¿Para qué la querés?<br />
- Quiero intentar algo. Vamos, después te la regreso.<br />
El músico accedió con poco convencimiento y al momento se quedó asombrado. Tomás la sujetó con elegancia entre sus brazos y comenzó a hacer sonar las cuerdas obteniendo una preciosa melodía. El cambio fue tan brusco que se hizo un silencio por un momento en el salón. La gente lo comenzó a seguir marcando el ritmo con sus pies y el músico quedó parado al lado de Tomás sin estar seguro qué hacer. De pronto reaccionó: tomó bruscamente su guitarra quitándosela a Tomás y provocando a la vez un silbido generalizado en el local. Los hombres terminaron prácticamente arrojándolo a la calle. Con el alcohol que corría a esas horas, se habían olvidado totalmente de los buenos modales. Sin embargo a los pocos minutos todos habían dejado atrás el episodio y la taberna recuperó su atmósfera alcoholizada habitual, volviendo a la normalidad pero libre del ruido de aquellas cuerdas desafinadas.<br />
El cliente y Tomás se miraron y sonrieron. El hombre se puso de pie y le dijo:<br />
- Te ganaste los tres soles. Ojalá yo pudiera resolver así de fácil mis problemas.<br />
- ¿Sí? ¿Y qué problema tiene? &#8211; repreguntó Tomás.<br />
- ¿Tenes tiempo?<br />
- Hasta las cuatro de la mañana.<br />
- No me reconoces hijo. Soy Manuel Almeda, el dueño de la mayoría de estas tierras y representante del pueblo. Podría estar horas hablándote pero mi problema se resume en una palabra: agua. Hace tres semanas que no llueve. Están empezando los problemas en la fuente. Los animales también necesitan agua para su consumo, los campos, todo.<br />
- Yo lo podría ayudar. – le comentó Tomás y el Sr. Almeda lo miró confundido &#8211; En realidad, conozco una persona que lo podría ayudar.<br />
El hombre había tomado mucho y pensó que por lo menos le caía bien el muchacho. Lo miró fijamente y le dijo:<br />
- Bien, te espero el último viernes del mes en las oficinas centrales. Ese día hacemos reuniones públicas.</p>
<p>Tomás aceptó la invitación y siguió atendiendo hasta al último borracho del lugar. Cumplió su turno de acuerdo a lo acordado y Raúl le entregó ropas limpias. Sin dudarlo Tomás se dirigió hasta la parte trasera del jardín buscando el tanque de agua. Consiguió higienizarse como pudo y se cambio la vestimenta. De allí se dirigió al depósito ya que todavía le quedaba trabajar hasta el mediodía con Rodo. Para su sorpresa no había mucho para hacer en ese lugar. De vez en cuando llegaba algún cliente, normalmente una campesina, y pedía leña para el consumo hogareño. El trabajo era bastante liviano y a Rodo le encantaba conversar. Le contó cómo habían sido sus comienzos. Por ejemplo le explicó que no había estudiado por ayudar a su familia, luego le habló sobre el fallecimiento de su padre y obviamente le contó del problema del agua. Rodo le pagó cuatro soles por el trabajo y al entregárselos comenzó a gritarle en una franca expresión de pánico. Descubrió que las manos de Tomás estaban salpicadas en sangre y de pronto Tomás se dobló en dos como si alguien le hubiera dado un gran puñetazo en el estómago.<br />
Rodo siguió gritando escandalizado pensando que los espíritus del monte estaban atacando a su nuevo empleado. Tomás trataba de contenerlo mientras él mismo intentaba reponerse. Escupió un poco de sangre al suelo y de a poco logró incorporarse. Rodo estaba muy nervioso sin lograr entender lo que sucedía. Le pagó lo que correspondía y le dijo que si no se sentía bien al día siguiente no era necesario que volviera. Se lo veía realmente asustado. Tomás logró salir del depósito con las monedas en las manos y se decidió a ir a buscar a la emperatriz. Temía que algo le hubiera ocurrido.</p>
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