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	<title>El camino de la Emperatriz &#187; Ana</title>
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		<title>El camino de la Emperatriz &#187; Ana</title>
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		<title>Capítulo V &#8211; Cuesta arriba</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Aug 2008 15:34:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[El valle]]></category>
		<category><![CDATA[Ana]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel]]></category>
		<category><![CDATA[Tania]]></category>
		<category><![CDATA[Tomás]]></category>

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		<description><![CDATA[Eran aproximadamente las diez de la mañana y las nubes habían invadido el cielo del valle con su textura blanca grisácea. Mucha gente se había levantado temprano para ver a la guardia reunida en el centro del valle ya que todo el despliegue era asombroso conformando un espectáculo sin igual. Los soldados estaban bien equipados [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=30&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Eran aproximadamente las diez de la mañana y las nubes habían invadido el cielo del valle con su textura blanca grisácea. Mucha gente se había levantado temprano para ver a la guardia reunida en el centro del valle ya que todo el despliegue era asombroso conformando un espectáculo sin igual. Los soldados estaban bien equipados con arcos, flechas, cuchillos, jabalinas, espadas y hachas. Además contaban con tres animales de carga para llevar provisiones. Todos lucían sus botas altas para protegerse de la vegetación y abrigos de piel por la baja temperatura en las altas montañas.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Tania fue la primera en llegar al lugar pero no iba a admitirlo de manera alguna. Por lo tanto se quedó caminando entre la gente, muy divertida, escuchando los comentarios del pueblo: “¿Cuánto tiempo estarán afuera?” “¿Traerán algo nuevo?” “Me dijeron que hay muchas riquezas a unos mil quinientos kilómetros de aquí.” “Los monstruos se los van a devorar con llamaradas de fuego …” “Mi hermano los acompaña, ¿lo pueden ver?”.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Ella sonreía analizando la imaginación popular, la cual parecía no tener límites, cuando divisó a Daniel que recién estaba llegando acompañado por Ruby, un jovencito de mucho talento recién egresado de la academia militar. Tania congeniaba espectacularmente bien con Daniel. Lo consideraba un hombre muy razonable y previsor, bien preparado y audaz. Dejó la muchedumbre para acercarse inmediatamente. Él la vio llegar y le dio una afectuosa bienvenida exclamando:<br />
- Tania, ¡qué gusto contar contigo para esto!<br />
- Hola Daniel. ¡Gracias, igualmente! – Hizo una breve pausa y agregó &#8211; ¿Viste el cielo?<br />
- Sí, ya lo he visto. No nos deberíamos retrasar mucho más. Espero que mejore el clima.<br />
- No creo que el viento cambie, al menos por hoy. Deberíamos ir por el oeste, así estaríamos más protegidos por la ladera. – opinó Tania.<br />
- Sí, es un poco más largo el camino pero podríamos pasar en todo caso la noche en el refugio si el clima no ayuda. Por cualquier otro rumbo ante una tormenta deberíamos volver. Justamente estoy organizando la tropa para marchar hacia allá. – Luego levantó la vista hacia la colina donde vive la emperatriz, esperando ver algún movimiento, pero aún no la veía llegar.<br />
- ¿Tenemos idea de la dirección que quiere tomar la emperatriz? – preguntó Tania.<br />
- La emperatriz no decidirá el rumbo. Pensé que ya lo sabías. &#8211; Hizo un silencio y agregó &#8211; Es Tomás quien nos guiará.<br />
- Bien. – dijo ella cortante y luego aseveró &#8211; Pero la partida deberá ser por el Oeste.<br />
- Esperemos convencerlo. – expresó Daniel finalizando con una tímida sonrisa.<br />
Ella lo miró a los ojos con total determinación para decir:<br />
- Vamos a convencerlo.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Mientras aguardaban, Daniel revisaba sus filas y Tania chequeaba que la carga con provisiones estuviera en orden. En ese momento apareció Ana quien saludó a todos y preguntó por la emperatriz. Le explicaron que estaban esperando su llegada.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Ella estaba en su cuarto en silencio con los ojos entrecerrados, y un bolso esperando apoyado sobre la pared a la izquierda de la puerta. Sus pensamientos estaban dedicados a los Dioses, rezando con suma concentración, tanta que no escuchó a Tomás llegar. Él la vio meditando sentada en el centro del cuarto sobre la madera del suelo y respetó ese momento sin interrumpirla.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">A los pocos minutos la emperatriz lo percibió y él le sonrió. Ella no dijo una palabra, entonces él se acercó y se sentó frente a ella observándola detenidamente. Tomó sus manos entre las suyas y le dijo con suavidad y convencimiento:<br />
- Lo vamos a lograr. Lo sé.<br />
- Yo también puedo sentirlo. – y le sonrió, agregando – Pero habrá batallas.<br />
- Y allí estaremos.<br />
- Sí.<br />
- Es necesario …<br />
- También lo se. – le dijo ella sin dejarlo terminar la frase.<br />
- Estabas rezando …<br />
- Sí, me da paz. – lo interrumpió ella nuevamente.<br />
- No tengas miedo. – le pidió Tomás con un tono tranquilizador y reconfortante para luego continuar diciendo – ¡Si estás conmigo estás con los Dioses! – y le regaló una gran sonrisa.<br />
Ella lo miró burlonamente. Le encantaba que fuera tan arrogante. Le dio un beso en la mejilla como toda respuesta y él siguió la conversación preguntando sobre el encuentro que había tenido con el anciano la noche anterior.<br />
- Te lo dijo, ¿verdad?<br />
- Sí. – Lo miró mientras Tomás se acomodaba en la misma posición que ella sobre el piso frente a frente &#8211; ¿Y te preocupa?<br />
- Es que en realidad, no es una revelación tan clara como yo imaginaba. – Confesó ella.<br />
- Si fuera tan clara, sería para todos. Pero no lo es. – levantó levemente la ceja derecha.</div>
<p>Ella bajó la mirada y de pronto repitió:</p>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:center;"><strong>“Desde el cielo caerá el mensaje de libertad, y ella lo creerá.<br />
Más será por tierra y mar que la alcanzarán.<br />
Su gente será una y podrá cambiar, pero sólo uno de ellos es inmortal. El heredero al final reinará.”</strong></div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Él se rió por un momento y se puso de pie gritando: &#8211; ¡Habla de mí! ¡Lo sabía! … ¡El inmortal!</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Levantaba exageradamente los brazos mostrando su musculatura con total desenfado. Ella no pudo continuar seria y simplemente se echó a reír. Tomás la hacía feliz. Cualquier problema quedaba relativo desde sus locos puntos de vista. Con mirada inquisidora le dijo muy irónicamente:<br />
- Sin embargo, yo te vi sin conocimiento sobre el suelo hace poco, inmortal.<br />
- No alardees, por favor. Tanto tú como yo, sabemos que tú no fuiste quien me dejó en ese estado. – respondió guiñando un ojo.<br />
- Cuando te lanzaste sobre Daniel caíste desplomado. Eso debió significar algo importante. Fue lo que motivó la llegada del anciano y su bendición para realizar el viaje.<br />
- Sí, y aún no logro entenderlo. No se por qué me ocurrió eso.<br />
- ¿Pudiste ver o sentir algo cuando te pasó?<br />
- Sentí frío, mucho frío. – contestó él algo distante luego de pensarlo por un breve momento.<br />
- ¿Y qué más?<br />
El se acercó aún más a ella y le contestó:<br />
- Sólo eso. Fue muy rápido. Pero recuerdo esa sensación de frío. ¡Horrible!<br />
- No sabemos cuando ocurrirá. – pensó ella en voz alta.<br />
- No. Pero era un frío terrible. Y fue muy real. Sentía que moría de frío.<br />
- Hasta ahora el único lugar que se me ocurre con tanto frío, es allá arriba. – y se puso de pie para mirar la cordillera por la ventana. Se hizo un silencio y él se acercó sigilosamente.<br />
Tomás entonces comentó:<br />
- Lo más importante es el final de la revelación. Si alguien reina, significa que no interesa que pase con nosotros, quedará algo para reinar.<br />
- Sí. – Contestó ella y agregó – Ya veremos que sucede. – Suspiró y luego de un momento dijo &#8211; Ya nos deben estar esperando. Vamos.<br />
- Sí, vamos. – Contestó él y luego buscó el bolso de la emperatriz y lo cargó al hombro.<br />
Ella dedicó un momento para observar su cuarto por última vez: la habitación redonda, las paredes blancas, las maderas del piso, la cama enorme, los ventanales, la pequeña alfombra. Giró hacia la puerta pero se encontró con Tomás, quien la abrazó tan fuerte que por un momento ella no pudo respirar para luego decirle sin duda alguna:<br />
- No se quién es, ni cómo, ni dónde, pero sea lo que sea, lo vamos a encontrar. Sólo se que existe, puedo sentirlo, tienes que creer en mí.<br />
Ella sonrió cuando le contestó diciendo:<br />
- Te creo Tomás, porque puedo sentirlo yo también.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Él la soltó y salieron juntos hacia la terraza. Ella cerró la puerta y se detuvieron un momento a mirar el valle desde ese punto privilegiado. Él le ofreció la mano, ella aceptó y juntos bajaron por la escalera de piedra para unirse al grupo en el centro.</div>
<p>Tania ya había revisado la carga, caminado por el predio, analizado los guardias que los acompañarían y estaba impacientándose. Detestaba la impuntualidad. Su humor cambió bruscamente al escuchar la multitud festejando y agolpándose sobre la ladera Norte. Tenía que ser ella. Y de pronto la pudo ver. Bajaba por el camino entre el tumulto con la mayor naturalidad del mundo. La gente la aclamaba. Tardó varios minutos hasta poder llegar donde se encontraban esperándola.</p>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Al alcanzar el sitio de reunión, la emperatriz la saludó brevemente a la distancia con una mirada. La emperatriz le sonrió y luego levantó ambos brazos hacia la multitud que se había congregado para despedirlos. Tomás se acercó a Tania y se paró a su lado, intercambiando miradas por un breve momento para luego observar al público expectante. La emperatriz llamó a Ana con un gesto y simplemente le dijo a su pueblo:<br />
- Respondanle como me responden a mí. ¡Los dejo en buenas manos!<br />
Luego de una breve ovación miró a su equipo selecto: Daniel, Tania y Tomás. Les hizo un gesto pero como ellos no se movieron fue ella quien se acercó y, dirigiendo nuevamente la palabra a su pueblo, dijo:<br />
- ¡Junto a ellos, les traeré la gloria! ¡La profecía se cumplirá! Se cumplirá a partir del día de hoy.<br />
La gente aplaudía y gritaba entusiasmada como muestra de afecto y esperanza. Sin embargo, Tania se sentía intimidada. Ella estaba acostumbrada a pasar meses de tranquilidad en sus campos y esto realmente la afectaba. Tomás lo percibió y apoyó una mano en su hombro. Tania se sorprendió, no sólo por el gesto sino también por la sensación que la invadió en ese mismo instante. Una fuerte energía la recorrió de punta a punta y ese temor, cuya existencia jamás hubiera admitido, desapareció por completo. Se encontró de pronto saludando a la multitud, junto al resto del equipo, contagiada por la alegría popular. Más tarde Daniel se dispuso a ordenar la formación de la tropa. Los instrumentos de viento se escucharon en todo el valle cuando los expedicionarios se pusieron en marcha. Se trataba de ellos cuatro, veinte soldados y tres burros de carga. Avanzaron primero tres soldados en fila, a los pocos metros siguieron otros dos a la par y luego Daniel. Detrás de él caminaban la emperatriz y Tomás, acompañados por Tania unos metros atrás. Cuatro guardias bien armados y entrenados flanqueaban al grupo principal. Otros soldados se ocupaban de guiar los animales y custodiar las provisiones. Por último, los seguían hombres de reserva.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Sería un camino largo y difícil. Estaban estipulados turnos de rotación por lo que los hombres intercambiarían posiciones entre sí para evitar o al menos disminuir el agotamiento físico. Daniel, imperceptiblemente, explicó a Tomás:</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">- Saldremos por el oeste. Una vez que crucemos la cordillera deberás indicarnos el rumbo.<br />
- Muy bien. – contestó él. Sin realizar planteo alguno.</div>
<p>Marcharon alejándose del centro y pronto de la aldea hasta enfrentar la temeraria montaña en los límites del valle. Una vez allí, los soldados se detuvieron aguardando las órdenes de Daniel. Él pidió a la emperatriz, Tania y Tomás que se acercaran para explicarles:</p>
<p>- La situación es la siguiente: estamos exactamente en el límite oeste del valle. Por aquí tenemos un camino bastante bueno hasta la cima de la primera montaña, donde encontraremos un refugio que usaremos para descansar durante la noche. – Intercambió una mirada con la emperatriz y continuó &#8211; Tenemos unas siete horas de ascenso pero podremos llegar bien, incluso si llegara a empeorar el clima. Una vez arriba, ya estaremos a salvo en el refugio y pasaremos la noche sin problemas.<br />
Todos asintieron como toda respuesta y entonces Daniel comunicó solemnemente:<br />
- Luego decidiremos como seguir. Nadie ha pasado esa frontera, hasta ahora.<br />
Todos se quedaron callados hasta que Tomás se apartó entusiasmado y haciendo ruido con las palmas de las manos exclamó: &#8211; Muy bien. ¡En marcha!<br />
La primera formación avanzó con firmeza y fueron seguidos por el grupo principal. Se escuchaba el ruido de las pisadas de los hombres varios metros a la redonda. Los dos soldados que les seguían se retrasaron unos segundos animando a los animales para que avancen hasta finalmente lograrlo. La reserva los acompañaba muy de cerca.</p>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">El camino tendría unos veinticinco a treinta grados de inclinación, de casi unos tres metros de ancho, a puro ripio. Los soldados punteros verificaban el estado del camino antes de avanzar y avisaban sobre posibles derrumbes. La emperatriz mantenía la marcha sin problemas y todos avanzaban en silencio, escuchando la melodía que improvisaba Tomás en su silbido hasta que Tania lo interrumpió de mala manera rogando silencio. Ese chirrido le estaba provocando dolor de cabeza. Él hizo silencio, no por obedecerla, sino porque se sintió dolido. La emperatriz entonces lo tomó de la mano y caminaron así por más de media hora.</div>
<p>El clima no mejoraba, sino más bien lo contrario. Las nubes cada vez cubrían más el cielo hasta que éste quedó completamente gris perlado. Algunas secciones del camino se angostaban y tenían que pasar de a una persona, para volver a ensancharse algunos metros más adelante. La última vez que un especialista midió la altura de la cordillera les había informado que el pico más alto tenía tres mil ochocientos cincuenta y dos metros de alto.</p>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">A las tres horas de ascenso, Daniel ordenó el alto y aprovechando una sección ancha del camino dio veinte minutos de descanso. Los soldados apoyaron las armas en el suelo rocoso y árido para compartir entre ellos agua fresca y aprovechar ese breve momento bien merecido para regular la respiración. La emperatriz se acercó al borde del precipicio y Daniel se adelantó inmediatamente permaneciendo a su lado. Ella le dijo con entusiasmo:<br />
- ¡Que vista tan maravillosa!<br />
Y realmente lo era. Desde lo alto la emperatriz podía ver el lugar donde vivió toda su vida. Tania se acercó cautelosamente y con una distancia prudencial pudo apreciar la vista. También se veían sus campos, muy pequeñitos, a unos kilómetros de distancia. Tomás miró el paisaje por unos minutos pero luego se dedicó a entretener a la tropa haciéndole bromas y dando pequeños golpes de camaradería entre los hombres. Su carisma parecía no tener límites.<br />
Al reanudar la marcha Tania sintió el fuerte impulso de preguntar a la emperatriz el motivo por el cual estaba con alguien como Tomás. Ella lo veía tan inmaduro e infantil que casi no podía tolerarlo, menos aún en una empresa tan complicada como la que estaban emprendiendo. Sin embargo, pudo contenerse y no realizar comentarios que en definitiva no serían beneficiosos para nadie.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">El descanso se hizo corto para muchos, pero Daniel aseguraba que era muy importante llegar al refugio antes que cayera la noche y las bajas temperaturas congelaran el camino. De hecho, el frío se estaba haciendo sentir y la mayoría se acomodaba las pieles que usaban de abrigo para protegerse mejor contra el viento. Esta segunda parte del trayecto fue más difícil que la primera. La pendiente se había hecho más empinada, el camino más estrecho y el cansancio parecía haber agregado mucho peso extra. Las nubes habían llegado ese día para quedarse y Daniel advirtió:<br />
- Si quieren ver el valle una vez más, háganlo ahora. Pronto estaremos a la misma altura que las nubes, y ya no podremos ver más nada. &#8211; hizo una breve pausa y continuó diciendo &#8211; Es importante que se concentren en el camino. Sigan la marcha lo suficientemente cerca uno del otro para poder visualizar a su compañero. Respiren regularmente y ya no hablen entre ustedes. Vamos a necesitar todo el oxígeno que consigamos para llegar al refugio. Disminuiremos la velocidad de la marcha para evitar problemas. – Luego se acercó a Tania y a la emperatriz para preguntarles &#8211; ¿Están bien? &#8211; y ambas contestaron afirmativamente.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Luego de un momento, que utilizaron para atar a los burros entre sí, todo el grupo siguió por el camino en fila india hasta que las palabras de Daniel se hicieron realidad. Era imposible distinguir el valle y sólo se veía unos pocos metros hacia delante. La emperatriz escuchaba con atención las pisadas de los hombres adelantándose y sus voces dando la señal de avance al resto del grupo. En un momento trastabilló con las piedras del camino pero Tomás atento la sostuvo de un brazo evitando cualquier daño.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">El ascenso parecía cada vez más complicado y sólo escuchaban la voz lejana de Daniel, dando indicaciones a los guardias, atravesando el espeso aire. Tania estaba francamente agotada, caminaba sólo por instinto. El cansancio era tal que no era muy consciente del movimiento de sus piernas. Por momentos veía a Tomás y a la emperatriz caminando delante suyo, por otros quedaban cubiertos por un manto blanco y tenía la sensación de estar caminando en el aire. Sentía frío por lo que se ocupó en cerrar y abrir sus manos para mantener la circulación activa. De pronto y en forma imprevista patinó por el suelo congelado y gritando con desesperación se sintió sumergir en el vacío. Un látigo golpeó el lado derecho de su cuerpo y sin pensarlo se sujetó de él. Las manos le ardían pero su vida dependía de ellas mientras gritaba ayuda a pulmón abierto.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">La marcha de los soldados se detuvo inmediatamente en medio del desconcierto. Podían escuchar los gritos de auxilio pero la visibilidad era nula.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">- ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Aquí! ¡Por favor! – gritaba Tania en total desesperación.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Las tropas indecisas se movieron con mucha cautela pero ni siquiera podían ver donde terminaba el camino. La emperatriz gritó:<br />
- ¡Tania! ¡Tania! ¿Dónde estás? ¡Daniel, ella venía atrás nuestro!<br />
- ¡No te muevas! ¡Nadie se mueva! El camino tiene menos de dos metros de ancho aquí. &#8211; contestó Daniel muy firme.<br />
- ¡Auxilio! ¡Auxilio! – se podía escuchar el llanto agitado de Tania.<br />
La emperatriz, desobedeciendo la indicación, avanzó un poco hacia el precipicio pero Daniel se interpuso y no lo permitió. Tania, mientras tanto, vio como sus manos se teñían de rojo. La rama la había cortado y el ardor se estaba extendiendo a todo su cuerpo. Se sintió perdida y volvió a insistir reclamando ayuda, totalmente desconsolada. De pronto escuchó a Daniel en un grito estruendoso:<br />
- ¡No Tomás! ¡No! ¡No!<br />
Inmediatamente Tania sintió el movimiento de la rama que la balanceaba contra la fría roca y en el mismo momento los brazos de Tomás la sujetaron de los suyos enfrentándose cara a cara. Él tenía el rostro enrojecido por el esfuerzo. La aparición dramática de Tomás había hecho que ella se soltara del susto y ahora se balanceaba de los brazos de este hombre. Lo sujetaba con todas las fuerzas que le quedaban.<br />
Él gritó diciendo:<br />
- ¡Daniel la tengo! ¡Sostén mis piernas que estoy con medio cuerpo en el aire! – sus ojos se habían tornado rojizos y se le notaba una vena azulada cruzando su frente. Tania no hablaba, sólo emitía breves quejidos producto del esfuerzo que realizaba. Él la miró a sus ojos color miel y le dijo: &#8211; No voy a soltarte, tranquila.<br />
Ella no contestó y seguía sujetándose de esos brazos hasta que de pronto sintió un tirón hacia arriba. Entre Daniel y Tomás la subieron al camino y la sentaron contra la ladera de la montaña. La emperatriz apareció haciéndose lugar para pasar a su lado y la abrazó con fuerza. Le revisaba el cuerpo mientras le preguntaba si estaba bien. Tania asintió con el rostro marcado por el pánico. Entonces la emperatriz se percató de la marca roja que la rama había dejado en su costado y la herida abierta en su mano derecha.<br />
- ¡Daniel! ¡Necesitamos vendas! – Gritó para luego decirle con dulzura &#8211; Tranquila, ya estas aquí.<br />
- Estoy bien. &#8211; Contestó ella mientras permitía que la emperatriz le vendara fuerte su mano.<br />
Los soldados habían vuelto a su formación y Daniel estaba ansioso por continuar el viaje porque las condiciones empeorarían aún más a la noche. La emperatriz pidió un momento para que Tania se recupere pero ella se puso de pie diciendo que podía seguir caminando y que Daniel tenía razón: no era posible que la noche los alcanzara o pocos sobrevivirían.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">La marcha continuó sin demasiada ceremonia, y el accidente sirvió para que el resto de la tropa tuviera especial atención en cada paso dado. Ascendieron por unos veinte minutos más cuando de pronto la atmósfera comenzó a tomar una tonalidad dorada que sorprendió a muchos de los presentes. Daniel se mostró feliz y alentó a la tropa para que avanzara más rápido.<br />
Como por arte de magia la nube se fue disipando y a pocos minutos el cielo se tornó azul. Un azul intenso y maravilloso. Los soldados al frente comenzaron a festejar pero Daniel les recordó que el camino continuaba siendo angosto por lo que debían tener cuidado. Uno a uno, todos los presentes fueron saliendo de la ciega banda blanca que se había instalado por tanto tiempo sobre sus ojos para maravillarse con un paisaje jamás visto por ellos.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Tuvieron que hacer un último esfuerzo subiendo en la roca un escalón de poco más de medio metro, lo cual fue muy trabajoso especialmente para los animales también cansados. Luego el camino cambió de declive y comenzó a ensancharse a medida que avanzaban.<br />
La emperatriz se detuvo un momento y expresó sonriente:<br />
- Es realmente increíble.<br />
- ¡Estamos rodeados por campos de algodón! – dijo Tomás con asombro y alegría mientras miraban a su alrededor. Los rayos de luz impactaban rojizos sobre las nubes acumuladas sobre el valle.<br />
Tania se acercó y les dijo con total sinceridad:<br />
- Por poco pierdo la vida en este paso. – Hizo una pausa por un breve momento para luego agregar – Gracias, Tomás.<br />
- No es nada. Somos una unidad ahora. Nos tenemos que proteger entre todos. – contestó él.<br />
Daniel escuchó la charla y luego de bajar la mirada por un instante decidió enfrentar la situación y se acercó para decirle:<br />
- Tania, no podía arriesgar a todo el equipo. Si se descontrolaban hubiéramos sufrido la pérdida de más de un integrante. Me alegro realmente que estés bien.<br />
- No hace falta que te excuses Daniel. Yo hubiera hecho lo mismo.<br />
Daniel no supo qué más decir y se retiró sabiendo que ninguno de los presentes olvidaría lo ocurrido. Revisó a sus soldados y luego le comunicó a la emperatriz que estaban muy cerca. No demorarían mucho más en llegar. Cuando siguieron caminando uno de los soldados de reserva gritó:<br />
-¡Vencimos al Paso de Tania! &#8211; Y muchos otros lo festejaron. Desde ese momento y por los tres siglos siguientes el camino fue conocido por &#8220;El Paso de Tania&#8221;, aunque pocos recuerdan el episodio que sirvió de inspiración para ese nombre.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">El camino continuó y minutos más tarde Daniel se acercó a la emperatriz para comentarle:<br />
- Ya desde aquí no se puede ver el valle. – Y antes de poder terminar la frase divisaron el refugio a poco más de trescientos metros. El refugio era una especie de caverna natural en la roca, cerca de la cima.<br />
Sus pies se hundían en la nieve a medida que avanzaban pero pronto llegaron al lugar y Daniel dispuso preparar un fuego cerca de la entrada al refugio. La emperatriz junto a Tania y Tomás ingresaron en la caverna y se ubicaron cerca de una pared para descansar. Los soldados ingresaron a medida que podían y tres de ellos quedaron de guardia junto a los burros custodiando la entrada al refugio.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Ella le preguntó a Tania como seguía la herida. Le ardía y era lógico. Entonces la emperatriz lo miró a Tomás y le preguntó:<br />
- ¿No podés hacer algo por ella?<br />
Él la miró por un momento moviendo la cabeza hacia los costados y luego sus ojos se dirigieron a Tania. Mientras él examinaba el vendaje, ella volvió a agradecerle por su rescate pero él la interrumpió diciéndole:<br />
- Vas a estar bien. No te preocupes. – Se levantó y fue en búsqueda de Daniel fuera de la caverna.<br />
Tania miró su vendaje que había permanecido limpio pero ahora tenía manchas de sangre. No había mucho más por hacer. Preguntó entonces a la emperatriz que sucedería a continuación.<br />
- Pasaremos la noche aquí. Necesitamos descansar y alimentarnos. Mañana descenderemos la montaña hacia el nuevo mundo. Debemos estar preparados para lo que sea. &#8211; Suspiró y continuó diciendo &#8211; Descansa. Pasamos un buen susto hoy. </div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Palmeó amistosamente el brazo de Tania con una enorme sonrisa. Luego se levantó y fue con Tomás y Daniel que estaban armando un fuego enorme donde los soldados buscaban calor y protección.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Se sorprendió gratamente al salir. Había visto muchísimos atardeceres en su vida pero este era especialmente espectacular. Los colores de la roca adoptaban tonalidades desde el cobre al rojo intenso. Las nubes habían tomado una tonalidad anaranjada y todo parecía transcurrir en un sueño.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">Tomás la volvió a la realidad cuando la tomó desprevenida, abrazándola por detrás y regalándole un beso gigante en su mejilla. Los brazos de Tomás la hacían sentir segura y protegida. Se recostó sobre él y tomó sus manos. Él se quejó y ella entonces percibió la herida. La mano estaba cortada y era bastante profundo. Ella lo miró por un momento y él le dijo:<br />
- No molesta tanto. Para mañana ya voy a estar bien. No te preocupes por mí.<br />
- Gracias Tomás. Lo que hiciste hoy fue realmente increíble.<br />
Él respiró profundo hasta sentir que los pulmones estaban por explotar en su pecho y luego suspiró. Ella rió y lo premió con un beso. El viento era un problema y los guardias se esforzaban para que el fuego no se apagara. La emperatriz y Tomás decidieron protegerse en la caverna y desde allí pudieron ver la salida de la primera estrella.</div>
<div class="post-body entry-content" style="text-align:left;">El tiempo pasó y Daniel se encargó de distribuir una ración de alimento para cada uno. La cena no guardó protocolo alguno. Todos comieron de buena gana y ya luego, vencidos por el agotamiento físico, descansaron en turnos cumpliendo las guardias de rigor.</div>
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		<title>Capítulo IV &#8211; Una ceremonia y algunas revelaciones</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Aug 2008 13:55:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[El valle]]></category>
		<category><![CDATA[Ana]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel]]></category>
		<category><![CDATA[el Anciano]]></category>
		<category><![CDATA[Tania]]></category>
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		<description><![CDATA[Mucha gente recuerda con cariño y a veces algo de nostalgia sus comienzos. No se sabe el motivo en realidad, porque los comienzos son duros, difíciles. Es cierto también que después los temas se complican mucho más aún. Tal vez sea por eso que se extrañan esos problemas iniciales, pero hay que reconocerlo: Empezar algo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=18&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Mucha gente recuerda con cariño y a veces algo de nostalgia sus comienzos. No se sabe el motivo en realidad, porque los comienzos son duros, difíciles. Es cierto también que después los temas se complican mucho más aún. Tal vez sea por eso que se extrañan esos problemas iniciales, pero hay que reconocerlo: Empezar algo siempre es complicado, estresante y muy pocas veces se tiene la suerte de hacerlo bien en el primer intento.</p>
<p>Se levantaba temprano por las mañanas y tenía que trotar por una hora. Después asistía a clases para el uso de armas blancas, tiro al blanco con flechas y lanzas, uso del fuego y otras técnicas de batalla. Luego de almorzar estudiaba cartografía y astronomía. Tres veces por semana Daniel personalmente le enseñaba cuestiones básicas de defensa personal y el resto del tiempo se dedicaba a escalar, cada día con mayor peso sobre su espalda para mejorar la resistencia. A la noche, el dolor en sus músculos no la dejaba descansar bien.</p>
<p>Algo apartado Tomás observaba todos los días el entrenamiento de la emperatriz, sentado a lo lejos sobre una pequeña colina durante varias horas. No soportaba verla caer, pero tampoco podía irse. Daniel era muy rudo con ella y Tomás se sentía atrapado sin posibilidad de alejarse, era más fuerte que su propia voluntad. Un día se acercó un poco más al área de entrenamiento y escuchó un grito dolorido cuando ella volvió a caer sobre el césped luego de la maniobra de Daniel. Esto había sido demasiado. El rostro de Tomás empalideció y sus facciones se marcaron duramente. En un parpadear se incorporó y decidido fue a golpear a Daniel en defensa de su emperatriz. Ese guardia no volvería a tocarla jamás. Con una furia ciega se acercó y al grito de “¡No la vuelvas a tocar!” se lanzó sobre Daniel. La mirada de sorpresa del guardia fue lo último que recordaría al despertar. Cuando volvió en sí estaba recostado en el suelo con el rostro de Daniel encima gritando que ya había reaccionado. Daniel preguntó mientras cacheteaba su cara:<br />
- ¿Estás bien Tomás? ¿Me escuchas?<br />
- Sí. – Dijo él un tanto mareado. De pronto comenzó a recordar lo ocurrido y se sintió muy humillado. Expresó en forma entrecortada:<br />
- Me atacaste. Por un momento olvidé tus destrezas.</p>
<p>Daniel sonrió y le dijo con alegría:<br />
- No fui yo, Tomás.<br />
- ¿Cómo que no fuiste vos? – Preguntó él sorprendido.<br />
- ¿Tomás estás bien? – Preguntaba ella con un tono de total angustia.<br />
En realidad Tomás se había bloqueado totalmente antes que alguien lo tocara, quedando inconsciente. Una vez que había vuelto en sí, no lograba comprender qué le había sucedido realmente y no estaba seguro sobre cómo reaccionar. Luego de un momento pensó que lo mejor era levantarse e irse para decidir más tarde qué hacer: toda la guardia se estaba riendo de él.<br />
- Después nos vemos. – dijo mientras se alejaba cabizbajo. Ella lo llamó pero él ni siquiera miró hacia atrás. Siguió caminando sin rumbo hasta llegar después de un rato hasta el centro del valle. Allí se detuvo frente a la fuente de la rotonda principal viendo las moneditas en el fondo brillando a la luz del sol. Su mente se encontraba en blanco cuando escuchó su nombre a viva voz a sus espaldas. Giró y la vio caminar hacia él. Tania había venido hasta el centro cuando casi nunca lo hacía, era extraño. Él la miró sorprendido y ella se acercó muy amigablemente diciendo:<br />
- Me avisaron que está todo listo. ¡Mañana salimos!<br />
- ¿Mañana?<br />
- Sí, pasaremos esta noche juntos en el Gran Salón y salimos mañana temprano. Están organizando una ceremonia.<br />
- Pero, ¿cómo puede ser, si todavía está entrenando?<br />
- ¿No te enteraste? Parece que hoy la emperatriz superó la última prueba.<br />
- No, no me había enterado. – Sonrió un poco nervioso y agregó – ¿Le fue bien entonces?<br />
- Sí, me enviaron para agradecerte.<br />
- ¿A mí? ¿Qué cosa?<br />
- ¿Pero cómo qué cosa? ¡Tu intervención de hoy!<br />
Él miró hacia los costados sin terminar de comprender la situación y sabía que con Tania no podía disimular así que simplemente admitió:<br />
- No entiendo nada.<br />
Ella sonrió porque de alguna forma esperaba esa respuesta y le explicó:<br />
- Después que te marchaste, a los pocos minutos, llegó el anciano y explicó que lo sucedido era la señal que necesitaba para saber que éramos el grupo correcto para la travesía. Hoy a la noche habrá una ceremonia para la cual estamos nosotros tres y la emperatriz invitados. – A Tomás se lo veía aún confundido y ella agregó –  Debemos estar todos presentes.</p>
<p>Tomás se sentía todavía mal por lo sucedido ese día y no era un malestar físico. Simplemente no podía comprender qué le ocurrió y eso lo preocupaba. Él siempre fue extremadamente fuerte y de pronto se había encontrado en el suelo sin conocimiento y nadie sabía explicarle a ciencia cierta qué había pasado. La voz insistente de Tania lo sacó de sus pensamientos. Finalmente le contestó que se despreocupara: Él estaría presente a la noche para la ceremonia.</p>
<p>Tania se retiró complacida con bastante urgencia mientras Tomás pensaba que seguramente ella tendría que hacer algunos arreglos para que alguien se ocupe de sus campos. Sonrió, por el solo hecho de recordarla caminando furiosa con martillo en mano aquel día que fueron a buscarla. Se quedó sentado en el borde de la fuente, volteó la cabeza y miró el agua. Tardó sólo un par de segundos en girar y meter los pies en la fuente levantando la cara hacia el sol brillante.</p>
<p>La aldea estaba alborotada porque la noticia había recorrido todos los caminos del valle. Daniel había reclutado veinte de sus mejores hombres y muchos de ellos se estaban despidiendo de sus familias ya que no sabían cuánto tiempo estarían lejos de sus hogares ni qué les estaría esperando en el camino. Otros se reunían con amigos y festejaban hasta el último momento. La noche se había hecho presente pero la temperatura era agradable durante la primavera.</p>
<p>Mientras tanto la emperatriz estaba arreglando su cabello, luciendo sus botas de lana y cuero junto al rústico vestido de piel de cabra cuando una de las criadas apareció alcanzándole la capa real. Mientras la sujetaba sobre sus hombros era plenamente consciente de que la cena para la que se preparaba no era en su honor. Esta ceremonia se realizaba en honor a los expedicionarios que escribirán la historia de su pueblo. Se miró al espejo, rogando a los Dioses que le den la fortaleza necesaria para estar a la altura de las circunstancias. La supervivencia de su gente dependía de eso.<br />
Fue en ese momento que alguien golpeó la puerta y la criada fue a atender. Daniel había ido a buscarla y sonrió complacido al verla. Después de mirarla por un momento le dijo:<br />
- Hacía mucho tiempo que no te veía luciendo la capa real.<br />
- Es cierto. Esta es una de las noches más importantes de nuestras vidas.<br />
- Sí, lo se.<br />
- Por favor, déjanos solos. – Le pidió la emperatriz a la criada, quien obedeció inmediatamente. Entonces ella continuó hablándole en confidencia. &#8211; Daniel, me gustaría poder conversar contigo a solas antes de presentarnos a la ceremonia. Hay algunos temas que necesito que me expliques.<br />
- Sí, claro. – Contestó él mientras la miraba muy intrigado.</p>
<p>Ambos se sentaron sobre unos bancos de madera ubicados contra una pared.</p>
<p>- ¿Qué sucede emperatriz?<br />
- Necesito preguntarte qué fue lo que ocurrió con Tomás aquel día después del incidente con el león. Yo pensé por mucho tiempo que no había sobrevivido al ataque. Necesito saber qué ocurrió. – Sus ojos exigían la verdad.<br />
Él levantó las cejas levemente y apoyando la espalda contra la pared le dijo:<br />
- Yo estaba cerca de ustedes cuando el ataque ocurrió. Tomás siempre me pedía que guardara distancia y ese día le obedecí. Después de todo, era … es tu compañero. Pero fue un error. Sin ningún tipo de aviso previo, el león se lanzó sobre tí y hubieras muerto si Tomás no se hubiera interpuesto. – Ella lo miraba y escuchaba muy atentamente. Daniel cambió de posición apoyando sus brazos sobre los muslos, con la vista fija en el piso de la sala, y continuó – Realmente es increíble la fortaleza de Tomás. Nadie hubiera sobrevivido ese ataque. En tu caso llegó a tocarte apenas con una de sus garras. Todos escuchamos tus gritos de auxilio y con mi guardia logramos ayudarlos.<br />
- ¿No lo mataron? – preguntó ella.<br />
- ¿Al león?<br />
- Sí.<br />
- Por supuesto que no. Era tu león, solamente tú podrías dar esa orden. – Ella bajó la cabeza y él agregó – Si me permitís, te daré un consejo.<br />
- Sí claro, Daniel.<br />
- Puedes entablar amistad con cualquier animal que se te ocurra, pero nunca olvides de quien es él realmente ni de quien eres tú.<br />
- Es una buena conclusión. – Pero en el fondo de su alma, aún sentía ese amor especial por el pequeño cachorro de león que encontró una vez perdido en la pradera. Luego de un momento de silencio prosiguió preguntando – ¿Qué ocurrió con el león?<br />
- Escapó. No lo seguimos, nuestra prioridad era otra en ese momento.<br />
- Quiero saber que sucedió con Tomás después.<br />
- Como te dije, lo pudimos ayudar pero estaba muy mal herido. Otros de la guardia y yo mismo lo ayudamos a recuperarse, pero en algún momento de su recuperación él no quiso seguir. Se hizo responsable por lo ocurrido. Decía que él te había guiado hasta el león en un principio y por lo tanto se culpó por todo lo que pasó. No sé. Decía cosas confusas.<br />
- ¿Qué cosas?<br />
Dudó por un momento pero Daniel prosiguió:<br />
- Que sin él no te podrías … no podrías estar en peligro de esa manera otra vez. Y no importaba qué hiciéramos, o dijéramos. No había forma de convencerlo. Además, Ana nos dijo que dudabas de él, que no entendías por qué te había dado seguridad y luego habían sufrido ese ataque. Tomás estaba muy mal, no quiso salir más ni volver a verte hasta el día de la asamblea.<br />
- ¿Y esas heridas?<br />
- Nosotros no fuimos. Algunos días estaba relativamente bien, otros días aparecía con las heridas abiertas. Nos desconcertaba. En fin. Tú te habías recuperado y así cumplíamos con la voluntad de ambos. Nos pareció que esa era la mejor forma. Discúlpanos si fue un error.<br />
Ella suspiró por un momento y contestó:<br />
- Ni yo se si fue un error o no. Es todo muy confuso.<br />
- Sí, puede ser. – Y se puso de pie.<br />
- Hay algo más que quiero decirte. – Él la miró atento. – Quiero agradecerte por todo el esfuerzo y sacrificio que hiciste por mí durante todo este tiempo. – Daniel se sorprendió gratamente.<br />
- No hace falta que me lo agradezcas, es mi trabajo. – contestó.<br />
- Sí hace falta y quiero recordarte que sigues siendo mi guardia personal.<br />
Él sonrió ampliamente y besando sus manos le contestó: &#8211; Por supuesto.</p>
<p>Nuevamente golpearon la puerta y ella pidió que entraran. Era su criada, avisando que todo estaba listo y que deberían partir.<br />
Al salir a la terraza junto a Daniel ella pudo ver al pueblo reunido en el centro del valle y como las múltiples antorchas iluminaban gran parte del territorio. La vista era maravillos y asombrosa a la vez. Se miraron con orgullo y emoción antes de partir para no demorar el evento.</p>
<p>El gran banquete estaba por comenzar y el clima de festejo se sentía por todos lados. La música inundaba las calles y los efectos del alcohol se empezaban a hacer sentir en algunos desde temprano. Al llegar al Gran Salón, los ministros y secretarios la saludaron y presentaron sus mejores deseos para el importante desafío que enfrentaban. Tania y Tomás ya los estaban esperando, luciendo ambos resplandecientes vestidos de gala. La emperatriz se alejó de Daniel para acercarse a Tomás y darle un beso aplaudido por la mayoría de los presentes.</p>
<p>Momentos más tarde, la emperatriz presentó a Ana como su reemplazo durante la travesía y solicitó a todos que le brindaran su apoyo en la invaluable gestión que comenzaba. Algunos parecían dudosos frente a este anuncio pero la gran mayoría presentó su apoyo. Hacía muchos años que Ana era el brazo derecho de la emperatriz y en realidad esta decisión no fue una sorpresa para nadie.</p>
<p>La mesa estaba repleta de comida: cerdo, quesos, cabritos, vinos. Todo de lo más exquisito y sabroso que se puedan imaginar. Algunos bailaban, otros charlaban en voz alta, pero ellos cuatro: Tomás, Tania, Daniel y la emperatriz comían tranquilamente, sonrientes aunque atentos a los acontecimientos. Lo estaban esperando y él no se demoró. El silencio se hizo presente y un hombre de túnica con capucha de color azul profundo apareció en la sala. Caminaba ayudándose con su bastón y levantó la vista hacia la mesa principal sonriendo complacido. La misma emperatriz se acercó para recibirlo. Se miraron por un momento y el extendió los brazos. Ella lo abrazó en ese mismo instante, que él aprovechó para decirle muy cerca del oído:<br />
- Mi querida, el momento ha llegado.<br />
Los cinco se reunieron en el centro del salón contando con todo el pueblo como testigo. Él rezaba en voz alta, invocando a diferentes Dioses para la protección del grupo y para alcanzar el éxito de la misión, haciendo mención una y otra vez sobre el cumplimiento de la profecía.<br />
Luego se iniciaron algunos cánticos, de los que participaban varias de las personas presentes. Finalmente, el anciano arrojó el bastón al suelo y levantando sus manos con los ojos cerrados los bendijo tocando la cabeza y el hombro de cada uno de ellos. La última fue la emperatriz. Su mano quedó sobre el hombro por un momento más y le dijo mirándola con ojos grises:<br />
- Es tiempo de revelaciones. Hay ciertas cuestiones que debes conocer. Acompáñame.</p>
<p>Daniel inmediatamente se dispuso a salir con ellos, pero el anciano lo detuvo y le dijo: &#8211; Esto es sólo para ella. No tardaremos mucho.</p>
<p>El anciano la guió hasta una gruta no muy lejos del centro la cual ella conocía porque allí había una pequeña cascada donde a veces le gustaba pasar tiempo libre. Una vez en su interior, él se acercó sobre una roca mientras ella lo iluminaba con una antorcha a pocos metros.<br />
- ¿Qué estás buscando? – le preguntó mientras que él removía con esfuerzo las piedras.<br />
- Esto. – Contestó él. Y le mostró un artefacto que al accionar una pequeña palanca dejó al descubierto un antiquísimo papiro.<br />
- ¿Qué es eso?<br />
El viejo sonrió y le dijo entusiasmado: &#8211; Las primeras revelaciones. Es momento que las escuches. Vamos a sentarnos aquí.<br />
Ella se sentía muy ansiosa. No podía creer que había pasado tanto tiempo en ese lugar y no sabía de la existencia de ese papiro oculto. Miró el papel un tanto incrédula mientras él lo desenrollaba. Estaba escrito en algún idioma antiguo que ella desconocía. Él anciano pidió más luz y luego de que ella se acercara comenzó a leer lentamente:</p>
<p style="text-align:center;"><strong>&#8220;Desde el cielo caerá el mensaje de libertad, y ella lo creerá.<br />
Más será por tierra y mar que la alcanzarán.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong>Su gente será una y podrá cambiar, pero sólo uno de ellos es inmortal.</strong></p>
<p style="text-align:center;"><strong>El heredero al final reinará.&#8221;</strong></p>
<p>Ella lo miró atentamente y en total confusión le preguntó:<br />
- ¿Y eso qué significa?<br />
El anciano, un tanto desalentado, le contestó:<br />
- Pensé que le encontrarías sentido. No importa. &#8211; agregó comprensivo - Ya lo entenderás.</p>
<p>Cuando salieron de la gruta, la noche era dueña del valle y sólo se podían ver las antorchas cerca del Gran Salón donde aún continuaba la fiesta. Así y todo, el anciano gritó a la oscuridad:<br />
- Ya salgan, pueden acompañarla ahora. Y descansen. Lo van a necesitar. – Siguió caminando lentamente internándose en el bosque alejándose de la emperatriz, mientras que Daniel, Tania y Tomás salieron a su encuentro inmediatamente pero para su desilusión, ella no les contó nada. No quería hacerlo hasta no entender de qué se trataba esta revelación.</p>
<p>Entonces decidieron descansar. Al otro día empezarían la travesía.</p>
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		<title>Capítulo II &#8211; La Asamblea</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Aug 2008 04:12:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[El valle]]></category>
		<category><![CDATA[Ana]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel]]></category>
		<category><![CDATA[Tomás]]></category>

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		<description><![CDATA[Despertó en su cama semidesnuda mientras Daniel pasaba un ungüento en las heridas de su espalda. Ella balbuceó algo pero no se entendió porque se mezcló con un quejido provocado por el ardor en su piel. Él le hablaba con suavidad tratando de tranquilizarla, pero hoy esa voz no lograba calmarla. Permitió que terminara la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=12&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Despertó en su cama semidesnuda mientras Daniel pasaba un ungüento en las heridas de su espalda. Ella balbuceó algo pero no se entendió porque se mezcló con un quejido provocado por el ardor en su piel. Él le hablaba con suavidad tratando de tranquilizarla, pero hoy esa voz no lograba calmarla. Permitió que terminara la curación y cuando él intentó preguntarle sobre lo sucedido, ella sin vacilar mientras intentaba incorporarse le respondió:</p>
<p>- Daniel. Por favor haz que se reúnan todos. Hoy celebraremos una asamblea general.</p>
<p>Fue cortante, decidida y firme. Daniel la conocía bien y sabía perfectamente que era inútil intentar que cambiara de opinión por lo que evitó confrontarla. Bajó la mirada y la saludó con un noble gesto reclinando brevemente la cabeza sin tardar en retirarse para organizar todo. Sabía que no tenía mucho tiempo porque ella se recuperaría rápido y pronto estaría ingresando al Gran Salón bajo los ojos curiosos de una gran multitud.</p>
<p>Esa misma tarde todos los representantes del valle fueron acercándose al imponente edificio de mármol blanco y rosado. El diseño majestuoso con altas columnas permitía el acceso desde diferentes flancos llevando todos los pasillos a la sala central, conocida como el Gran Salón. Normalmente se reunía allí la emperatriz con algunos colaboradores, pero una Asamblea General era algo fuera de lo habitual. Los ministros se reunían en grupos saludándose con gentileza pero en realidad, todos trataban de averiguar sin disimulo alguno el motivo de la reunión generada con tan poco tiempo de anticipación.</p>
<p>Luego de unos cuantos minutos, Daniel se presentó luciendo su uniforme de gala con la capa roja rozando sus pantorrillas. Con gesto serio y cierta solemnidad anunció a todos la llegada de la Emperatriz, quien no se hizo esperar y tomó sin dudar ni por un solo segundo el lugar central del Gran Salón. Los pisos estaban trabajados maravillosamente en diseños algo extravagantes, uniéndose todos ellos en el centro del salón bajo la figura de un sol con enormes rayos que se desplegaban por toda la sala. Ella observó pacientemente a los presentes en silencio logrando la atención de toda la sala. Ese silencio lo dominó todo pareciendo una eternidad hasta que finalmente ella dijo con firmeza:</p>
<p>- Gracias por venir hoy. Se que no les di mucho tiempo para prepararse, y que desconocen en su mayoría el motivo de la reunión. – Tras una pausa continuó diciendo – Algo importante ha sucedido. En el día de ayer he descubierto que tenemos un visitante no esperado en nuestro reino.</p>
<p>Los presentes se miraron entre ellos con rostros perplejos. Y las preguntas no tardaron en llegar: “¿Un visitante?” “¿Qué tipo de visitante?” “¿Cómo ha cruzado nuestra frontera?” “¿Un invasor?”<br />
 <br />
- Tranquilos. – dijo levantando su mano izquierda en un gesto apaciguante – En esta oportunidad fuimos afortunados. Se trata de una visita cordial y creo que lo motiva más la curiosidad que cualquier otra cosa. Esta visita no es en realidad el problema, sino una pequeña consecuencia. Es más, le he otorgado personalmente mi permiso para quedarse el tiempo que desee siempre y cuando no perturbe la paz y tranquilidad en el reino. Lo importante aquí es otro tema.</p>
<p>La inquietud en el grupo crecía paulatinamente y ella podía percibirlo en el aire.</p>
<p>- Este visitante me ha mencionado acciones armadas injustificadas por parte de nuestra supuesta defensa en el reino, intentando impedir su paso sin averiguar los motivos que tenía para necesitar ingresar en nuestro territorio ni permitiendo solicitar permiso alguno. Por otro lado, este visitante ha sido muy eficiente para huir de estas tropas defensivas y poder escabullirse en la zona Sudoeste de nuestro reino. Estamos hoy aquí porque necesito explicaciones. En primer lugar quiero saber quién instrumentó estas barreras de defensa que atacan sin responder a mis órdenes a cualquiera que intente contactarme y segundo necesito saber qué tipo de defensas tenemos. La suerte estuvo de nuestro lado en esta oportunidad pero podríamos haber tenido un ejército hostil cruzando estas montañas. Estas montañas que parecían ser nuestra máxima defensa. Estas montañas que me decían eran imposibles de cruzar. Estas montañas son las que no me permiten conquistar el mundo pero no aseguran el bienestar del reino. Estoy decidida a explorar más allá de estas montañas. ¡Pero antes espero respuestas, respuestas de ustedes!</p>
<p>El bullicio a esta altura era importante y la emperatriz los miraba con actitud analítica sin sorprenderse por la reacción. Daniel fue el único en permanecer callado a pocos metros de distancia. Por un momento sus miradas se encontraron y se mantuvieron desafiantes en el aire, hasta que Daniel avanzó hacia la emperatriz y dirigiéndose a la multitud pidió calma y llamó al silencio. Ana, solicitó entonces la palabra y adelantándose unos pasos le habló a la emperatriz, pero dirigiéndose al público:</p>
<p>- Acciones de defensa que no responden a la emperatriz. ¡Qué interesante! Parece que la emperatriz tiene muy poca memoria. – Entonces giró y encaró a la emperatriz diciéndole – Tus palabras exactas antes de caer inconsciente fueron: “¡Ayúdenme! ¡Necesito protección!”. Sí. Protección. Y si protección no es la construcción de un ejército defensivo, entonces tendrías que haber sido más explícita en tus palabras. “Ayúdenme”. Pues bien, te ayudamos. Aquí Daniel está hace años construyendo este ejército de defensa, asegurando las zonas del reino. “Necesito protección”. ¿Cómo puede ser que te hayas olvidado? ¿Nunca te llamó la atención que levantes la vista al cielo y no veas una sola ave? ¿Nunca te llamó la atención ver siempre las mismas caras en el valle? ¿Nunca te llamó la atención acaso la compañía diaria de Daniel? No puedes venir aquí a acusarnos de algo que solamente vos sos la responsable. Aquí estábamos cumpliendo tus órdenes: ayudándote y protegiéndote.</p>
<p>No se podía negar que la emperatriz quedó impactada ante este revés inesperado. Ana siempre había sido frontal con ella; podían no estar de acuerdo en algunos temas pero sabía que ella le era completamente fiel y le sería sincera. “Ayúdenme. Necesito protección”. Claro que lo recordaba, era imposible olvidarlo. Fue en uno de los peores episodios de su vida, hacía ya años atrás. Su mente se trasladó a aquellos momentos felices, en los que compartía buena parte del día con Tomás, su mejor amigo y compañero del alma. Juntos y casi de casualidad, un buen día habían encontrado un cachorro de león solo y abandonado en una pradera. Era tan hermoso, dulce y tierno que no pudieron resistir la tentación de llevarlo al centro del valle para cuidarlo y hacerse cargo de él. Unos cuantos se acercaron para examinarlo y advirtieron que si bien era un cachorro realmente espectacular y juguetón, en algún momento crecería y tarde o temprano se convertiría en un peligro para la emperatriz y todo aquel que estuviera cerca. Entre ella y Tomás se convencieron mutuamente de que podían quedarse con el pequeño leoncito. Quisieron creer en su ingenuidad que todo el amor que ellos le daban serviría para domar a esa terrible fiera. Pensaron que podrían estar siempre los tres juntos, o mejor dicho… no pensaron. Al advertir el poco éxito de aquellos que explicaban los peligros a la emperatriz, los demás callaron por el sólo hecho de evitar problemas.</p>
<p>El hecho es que lo que todos preveían realmente sucedió. El pequeño leoncito tomó cada vez más tamaño y fuerza con el transcurrir del tiempo. La emperatriz y su amigo Tomás estaban en lo cierto en algo ya que sin duda se trataba de un magnífico animal. Solían pasearse juntos luciendo al león caminando a su lado con una elegancia sin igual. Ellos increíblemente se sentían protegidos y casi se podría decir afortunados de contar con esa presencia. Sin embargo, cierto día estando alejados de la aldea al sur del valle, de un momento a otro y sin aviso el león atacó a la emperatriz. Hubiera sido un zarpazo certero, pero Tomás se interpuso recibiendo una herida grave en su pecho y brazo derecho. La emperatriz cayó a pocos metros del animal gritando auxilio cuando levantó la cabeza y vio a Tomás debajo del cuerpo del león. Entonces fue cuando gritó en total desesperación y angustia: “¡Ayúdenme! ¡Necesito protección!”. Los ojos se le llenaron de lágrimas con tan sólo recordar esos momentos tan terribles. El león que ella tanto adoraba, los había atacado, su amigo Tomás no había sobrevivido y ella se había quedado sin nada, salvo un gran sentimiento de responsabilidad por todo lo que había ocurrido y tristeza, una enorme tristeza. Días más tarde, ella logró recuperarse bajo los cuidados de sus más fieles amigos y poco a poco retomó las actividades en el valle.</p>
<p>Por un momento pareció que la emperatriz iba a hacer uso de la palabra pero Osvaldo, uno de los representantes mejor posicionados políticamente, se le anticipó sin darse cuenta diciendo: “Dejando de lado los planteos y las responsabilidades, coincido con la idea de explorar más allá de nuestra frontera. La realidad demuestra que aquí quietos y escondidos tampoco estamos protegidos. Es mejor a mi criterio conquistar algunas tierras e incluso hacer alianzas con posibles reinados que encontremos a nuestro paso.” Iba a continuar hablando pero los gritos doloridos de un hombre lo interrumpieron dejando a la emperatriz perpleja junto al resto de los presentes. El salón entero fue cubierto por un manto de silencio. La emperatriz avanzó un par de pasos prestando atención y sorprendida a su vez, no por los rostros de espanto del público presente, sino porque las miradas se centraron en ella con cierto temor. Un grito atravesó el salón nuevamente con mayor fuerza. Era un grito desgarrador, casi un llanto desesperado.</p>
<p>Ella no entraba en razones y en desesperación caminó rápidamente hasta llegar a Daniel para una vez frente a frente, preguntarle: &#8211; ¿De qué se trata esto? ¿Qué son estos gritos? ¿De dónde vienen?</p>
<p>Él tragó saliva y luego de un breve momento respondió con la vista sobre uno de los rayos delicadamente trabajados en el suelo:<br />
- Es el prisionero.<br />
- ¿El prisionero? – Meditó por un par de segundos para luego agregar – Daniel, a ver si entendí correctamente. ¿Me estás diciendo que existe una cárcel en este edificio y que tenemos un prisionero?<br />
- No es una cárcel, emperatriz. Es un calabozo. Y es correcto, tenemos un prisionero.</p>
<p>Otro grito estruendoso hizo eco en el lugar causando escalofríos en más de uno. La ira de la emperatriz iba en aumento, porque esto ya llegaba a los niveles de una alta traición y además se preguntaba, de qué prisionero se trataba, qué habría hecho. Sin dudarlo y con mucha furia en las venas le ordenó a Daniel que trajeran al prisionero inmediatamente ante ella, quien a su vez indicó a sus guardias que cumplieran con este pedido y no se hicieron esperar.</p>
<p>Ana se acercó por un momento a la emperatriz y le dijo al oído en voz baja pero con firmeza:<br />
- Hicimos lo que consideramos mejor para vos.<br />
La emperatriz la miró por un breve momento y sintió que el corazón saltaba en su pecho por la ansiedad. En pocos minutos pudo observar a los dos guardias y al hombre que traían sosteniéndolo por los hombros mientras bajaban la escalera.</p>
<p>El prisionero era un hombre alto y estaba muy lastimado. En su espalda, brazos y pecho se podían ver lesiones de todo tipo. Seguramente algunas de ellas tenían que ser recientes por las manchas de sangre sobre su piel. Su rostro quedaba invisible bajo una maraña de largos cabellos sucios y enredados. Estaba débil pero cualquiera podía darse cuenta de que era un hombre de gran contextura física. Los guardias lo soltaron a unos tres metros frente a la emperatriz y el prisionero cayó sobre sus rodillas al suelo quedando inmóvil con su cabeza baja. Ella lo miró a la distancia con profunda curiosidad, especialmente por la reacción de los guardias, quienes dando un paso lateral, levantaron sus lanzas a modo de saludo oficial al prisionero. La sorpresa de la emperatriz fue evidente ante ese gesto de respeto que brindaban las tropas. Daniel estaba a metros con expresión sombría sin decir palabra alguna.</p>
<p>Ella se acercó al hombre que parecía estar susurrando algo o tal vez podría ser que estuviera llorando. El silencio del salón era sepulcral cuando ella dio un paso más acercándose pero el prisionero sin levantar el rostro extendió su brazo derecho sobre el suelo pidiendo distancia. Su gesto era más que elocuente. Ella no podía salir de su asombro ante esta presencia y sin poder terminar de asimilar lo que estaba viviendo en ese momento, sentía con todas sus fuerzas que conocía a ese hombre, pero no resultaba posible. Entonces insistió acercándose un poco más y él comenzó a sollozar en ese instante. De pronto él suplicó:<br />
- Por favor, no te acerques más, no quiero volver a lastimarte.<br />
- ¿A lastimarme? – de cerca podía ver que algunas heridas le sangraban un poco. – ¿Cómo es tu nombre? – Preguntó y agregó – Dejame ver tu rostro.</p>
<p>El hombre no obedeció y se podía percibir un leve temblor en su cuerpo. Ella no tuvo la capacidad de comprender qué estaba sucediendo allí. Luego de un momento, con voz decidida le dijo:<br />
- Respondeme, es una orden.</p>
<p>El prisionero levantó el rostro lentamente dejando caer algunos de sus cabellos sobre los hombros doloridos. La expresión de la emperatriz se transformó y las lágrimas inundaron sus ojos cuando el hombre le dijo con voz quebrada:</p>
<p>- Ya no me reconoces.</p>
<p>Ella lo miraba y no podía creerlo, simplemente no era posible. La emperatriz balbuceó algo incomprensible y se acercó tocando suavemente su rostro. Apoyó la mano en uno de sus hombros mientras las lágrimas escapaban sin encontrar barrera alguna.</p>
<p>- No puede ser. Por Dios… qué pasó contigo… ¿cómo es que estás así? – Calló por un breve momento y luego gritó con desesperación &#8211; ¡Daniel! ¡Atiéndanlo urgente, por favor!</p>
<p>Sorpresivamente ella se dejó caer de rodillas delante del prisionero, que intentaba esconder su rostro tal vez avergonzado. A ella no le importó, corrió los cabellos sucios del hombre para besarle el rostro con delicadeza y las lágrimas de ambos se mezclaron por un momento. Ella lo abrazó y él descansó en sus brazos por un instante, hasta que la guardia llegó con todos los elementos para efectuar el traslado. Daniel los interrumpió diciendo:</p>
<p>- Está todo listo.</p>
<p>Ella entonces lo entregó a la guardia con delicadeza y se quedó en el suelo mientras que lo sacaban en andas del salón. Le hizo un gesto a Ana para que se acerque y le dijo:</p>
<p>- Tengo que ocuparme de esto. Luego yo misma organizaré mi equipo e iniciaremos una travesía. Por favor comunícalo. Ahora necesito estar sola y atenderlo.</p>
<p>Ana asintió y despidió a todos en el salón en forma inmediata mientras la emperatriz quebrada se quedó en el suelo, en el medio del salón bajo la mirada de Daniel a unos pocos metros de distancia. Lo suficientemente cerca como para que él pudiera escucharla diciendo casi en un susurro:</p>
<p>- Mi Tomás, ¿cómo pudo pasar esto? Mi Tomás.</p>
<p>Luego de un breve momento, ella se puso de pie, buscó a Daniel con la mirada y le dijo:</p>
<p>- Llévame con Tomás, por favor. Quiero estar con él.</p>
<p>Daniel suspiró y obedeció la orden sin decir palabra alguna. La tomó con gentileza del brazo y caminaron juntos hasta el Centro de Atención en el valle. Las calles siempre tan concurridas se encontraban desérticas. Ana, había cumplido con los deseos de la emperatriz al pie de la letra, sin embargo ella se asombró al no ver una sola persona en la vía pública. Sus propias palabras retumbaron en su cabeza: “Ahora necesito estar sola”. También recordó con más detalle, aquellos primeros tiempos luego del ataque del león, mientras Ana le hacía compañía y la ayudaba a recuperarse de sus propias heridas. Sacudió por un momento su cabeza tratando de espantar sus pensamientos, para luego de suspirar pensar que lo hecho, hecho está. Sin embargo existe la posibilidad de modificar el presente y es eso lo que se proponía hacer sin perder un segundo más.</p>
<p>Una vez que llegaron al Centro de Atención, los guardias no tardaron en llevarla hasta la habitación donde estaba Tomás recostado sobre una camilla. El piso, los muebles, las paredes relucían con una limpieza perfecta y el olor concentrado del desinfectante se impregnaba en todo el ambiente. Ella se acercó lentamente hasta su lado y allí se quedó observándolo por largos minutos. Gradualmente él comenzó a abrir sus ojos pero a diferencia de otras épocas, esta vez evitaba la mirada de la emperatriz y dejaba descansar la vista con una expresión lejana en dirección de la ventana del cuarto hacia unos jardines externos cubiertos por flores anaranjadas y amarillas.</p>
<p>Ella se sentía extremadamente confundida en una mezcla de sensaciones. Por un lado la invadía una gran alegría por el hecho de que su amigo del alma estuviera vivo, por otro la agobiaba una gran tristeza por el estado en el que se encontraba y por último, también algo de desilusión al verlo en esta actitud tan distante. Con cierto grado de angustia comenzó a hablarle a Tomás suavemente diciendo:</p>
<p>- Están atendiéndote bien. Eres la primera prioridad en este momento. Pronto vas a mejorarte, ya vas a ver. – Él no contestaba y seguía con la mirada fija a través del ventanal en algún punto fuera de la habitación.</p>
<p>Ella se angustió y las lágrimas brotaron sin poder evitarlo en un total silencio. La emperatriz estiró la mano y con mucha delicadeza acarició su brazo. El volteó la mirada alejándose aún más pero el brazo estaba allí inmóvil bajo su mano. Entonces ella lo miró por un momento en silencio y prosiguió arreglando el cabello de Tomás como podía. Estaba más largo que la última vez que se habían visto. Ella entonces volvió a interrumpir el silencio diciendo:</p>
<p>- Te extrañé tanto y te lloré tanto que llegó un momento que las lágrimas simplemente dejaron de salir. Ya no podía llorar más. Tenía el alma quebrada. No podía seguir… &#8211; calló por un momento y continuó – Nada es igual sin tí. Un día encontré la paz pero nunca más la felicidad. Verte vivo, me da esperanzas, me da fuerzas, me da energía porque se que vamos a salir de esto. Porque significa que el sueño no terminó. Porque estoy segura que contigo a mi lado, vamos a poder cumplir con la profecía. Hasta hoy, era imposible lograrlo, jamás podría distinguirlo entre toda la gente del mundo.</p>
<p>Lo sostuvo de la mano con fuerza y entonces él giró la cabeza para mirarla por primera vez a los ojos. Tenía la vista irritada y a pesar de su gran agotamiento dijo después de un momento de duda:<br />
- Perdón …</p>
<p>Ella intentó hablar pero él hizo un gesto con la mano y la emperatriz calló para dejarlo continuar:</p>
<p>- Perdón y mil veces perdón. Nunca tendría que haber pasado todo esto, pero sucedió y yo soy el único culpable. Esa bestia te atacó solamente por mi culpa. Yo no puedo guiarte, pienso que estas mejor sin mí.<br />
- Es mentira, no me mientas. – Exclamó con cierto tono desesperado &#8211; Tu querías que yo te escuchara, por eso el escándalo en el salón. Estoy aquí. Estoy aquí para y por ti, y no me pienso ir sola de este lugar. – El sonrió un breve momento y con una mano le acercó la cabeza para besar su frente. – Ella prosiguió diciendo &#8211; Te perdono Tomás, por todo y más te perdono.<br />
Se sonrieron y sus miradas parecieron chispear por un momento. Ella no pudo dominar el impulso y lo abrazó con fuerza apoyando la cabeza en su pecho mientras decía: &#8211; No puedo creer que estés vivo mi amor.<br />
 <br />
Pasaron unos meses desde ese primer encuentro. Cuando finalmente ella lo vio de pie, sonriente, en todo su esplendor, sintió que los pulmones le explotaban en el pecho y la sangre recorría todo su cuerpo. Se sintió viva y feliz, feliz como hacía mucho tiempo que no se sentía.</p>
<p>Después de un abrazo con mucho sentimiento, lo tomó del brazo y salieron juntos caminando bajo la custodia de Daniel unos metros atrás. A veces la gente del valle se preguntaba como podía ser que Daniel fuera la custodia de ambos, siendo Tomás prácticamente una cabeza más alto y mucho más fornido. Pero la gente a veces no toma en cuenta que no todo es fuerza en la vida.</p>
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