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	<title>El camino de la Emperatriz &#187; El valle</title>
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		<title>El camino de la Emperatriz &#187; El valle</title>
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		<title>Capítulo III &#8211; Decisiones</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Aug 2008 13:08:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[El valle]]></category>
		<category><![CDATA[Tania]]></category>
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		<description><![CDATA[Estaban en un parque de colinas verdes sentados sobre el césped alejados de todo el mundo. El sol acariciaba gentilmente sus cabezas mientras conversaban sentados muy cerca uno del otro.
- Por mí ya está bien. – dijo él animadamente.
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Estaban en un parque de colinas verdes sentados sobre el césped alejados de todo el mundo. El sol acariciaba gentilmente sus cabezas mientras conversaban sentados muy cerca uno del otro.<br />
- Por mí ya está bien. – dijo él animadamente.<br />
- Sí. Ya te veo repuesto. – Contestó ella mirando por un momento la cordillera y agregó sonriendo – No es por ti que lo estoy demorando Tomás.<br />
Él la empujó suavemente en la cintura provocando una mirada cómplice pero como ella no ofreció mayores explicaciones, él la rodeó con un brazo y le dio un beso estruendoso en el hombro. La emperatriz acarició su cabello y le dijo:<br />
- No te pongas ansioso. Necesito un tiempo más. Por un lado tengo que armar un buen grupo. – Lo miró a los ojos para continuar explicando – Quiero que todo salga bien, tenemos que salir sanos y salvos. – Volvió a acomodarse abrazando sus rodillas con la mirada en el horizonte. – Además, este es mi hogar. Me tengo que encargar también de que todo salga bien en nuestra ausencia.<br />
Él se acercó un poco más y sin aviso le sopló en el oído provocando una reacción inmediata en ella:<br />
-¿Qué haces? &#8211; preguntó y la respuesta no se hizo esperar.<br />
- ¡Te vuelo los malos pensamientos!<br />
Ella contestó nuevamente con risas y un tierno beso en sus labios. Luego se puso de pie y le pidió regresar a su mirador. Mientras volvían charlaron mucho sobre el viaje y todo lo que imaginaban que deberían enfrentar juntos. Antes de despedirse la emperatriz le prometió que en la semana reuniría al equipo y que la partida no se demoraría mucho más porque la decisión ya estaba tomada.</p>
<p>Esa noche durmió muy poco. Su cabeza no dejaba de dar vueltas con pensamientos que a veces parecían terminar en un círculo vicioso sin poder resolver. En esas elipses de ideas se fue tejiendo la trama de su travesía. Por momentos todo se desmoronaba al no tener seguridad sobre los desafíos que le esperaban en esta aventura. Pero de algo tenía total certeza, fuera lo que fuera era mejor que ella lo encontrara primero.<br />
Tomás y Daniel irían con ella, de eso no cabía la más mínima duda. Tomás la podría guiar en su viaje, mientras que Daniel se aseguraría de que pudieran llegar a destino. Por otro lado, necesitaba al menos dos líderes más. Era importante elegir a alguien que se encargue de las cuestiones del reino. Esto no tuvo que pensarlo demasiado, convocaría a Ana que era de su plena confianza, estaba al tanto de todos los temas y además Osvaldo podría colaborar con ella. Por último debería llevar a alguien astuto, inteligente y sobre todo independiente. Alguien que se atreviera a pensar diferente sin tratar de consentirla, pero que a su vez comparta el espíritu del viaje y la ayude a llegar a destino cuando se presenten las pruebas del camino. Sabía quien era la persona indicada, pero también sabía que tendría que ir ella misma a convencerla de acompañarla. Y pensando en esto cerró sus ojos y se quedó dormida bien entrada la madrugada.</p>
<p>Cuando despertó, el sol ya estaba alto y se sobresaltó. Rápidamente se incorporó y apoyó los pies sobre la madera provocando un crujido cálido y familiar. Acomodó su cabello lo mejor que pudo y comenzó a caminar en círculos por el cuarto. Miró las paredes y ventanales. Su hogar, o al menos eso creía. Allí se sentía segura. Todo era armonía, paz, simpleza y energía positiva. Apoyó una de sus manos por esas paredes suaves con la mirada perdida en sus propios pensamientos. Todo lo que hacía tenía el simple objetivo de proteger este lugar. Para poder conservarlo. Si hubiera sido posible, hubiera abrazado el cuarto en ese mismo instante. De pronto escuchó las palmas de alguien en su balcón terraza. Se dirigió hacia la puerta de madera y la abrió abruptamente, para descubrir a Tomás de pie con su cabellera siguiendo la brisa del día. Su sonrisa contagiosa irradiaba felicidad. Él la miró por un instante y le dijo:</p>
<p>- Quiero acompañarte a buscarla.<br />
- No es necesario Tomás. – Le contestó devolviéndole una amplia sonrisa y sintiendo una gran sensación de alivio en su alma.<br />
- Ya lo se. Pero quiero ir igual. – y río. Tomás era sencillamente encantador.<br />
No hizo falta decir mucho más para convencerla. Ella pidió que la esperara y a los pocos minutos apareció ya cambiada y lista para atravesar el valle.</p>
<p>Tania no vivía demasiado lejos, pero se encontraba en una zona aislada. No porque la emperatriz así lo quisiera, sino por expreso pedido de Tania. Después de un par de años de varios roces diplomáticos, la emperatriz por alguna razón le había perdonado la irrupción y le proporcionó unas tierras al este del valle. Si bien conformaba parte del imperio, la emperatriz le permitía cierta autonomía y disfrutaba en alguna que otra oportunidad de su compañía. Tania era bastante solitaria en realidad, aunque sabía mantener muy bien sus lazos con contactos estratégicos y muchas veces sorprendió a la emperatriz con sus ocurrencias y planteos. Era muy inteligente, intuitiva, analítica y sobre todo honesta. Por cierto, no había manera de obligarla a hacer algo que ella no quisiera. Por un lado esto molestaba o más bien frustraba a la emperatriz, pero era justamente por este motivo que se había ganado su respeto. Tania era la única persona a la cual no daba órdenes, sino sugerencias. Y aunque parezca mentira, muchas veces esto se dio bilateralmente. Más de una vez, la emperatriz permitió que Tania fuera su consejera, obteniendo buenos resultados.</p>
<p>Por todos estos motivos, la emperatriz estaba totalmente convencida de que ella sería la persona adecuada para completar el grupo. Aunque claro, había un cierto inconveniente. Tomás y ella no congeniaban demasiado. Por ello la emperatriz sintió alivio al recibir el sincero apoyo de Tomás esa mañana.</p>
<p>La emperatriz y Tomás caminaron un buen rato, charlando mientras tanto de muchos temas. Con Tomás jamás se aburría. Podía estar días enteros conversando o simplemente disfrutar de la compañía del otro en silencio. Esa mañana Tomás estaba encantado de la vida, caminaba dando saltitos. La emperatriz lo observaba disimuladamente; a veces no lograba entender de dónde sacaba tanta energía.</p>
<p>Ya se habían alejado de la aldea y habían seguido por más de cuarenta minutos un camino sinuoso escoltado de flores silvestres color lila esparcidas por el campo. El camino era de tierra y no tenía huellas. Vaya a saber uno cuando fue la última vez que alguien estuvo por estos lugares. Tomás divisó unos árboles frutales a lo lejos y salió corriendo a los gritos como si fuera un chico. La emperatriz lo llamó para retenerlo y sacudió la cabeza en desaprobación pero con una sonrisa increíble en su rostro. En pocos minutos ella logró alcanzarlo justo en el momento que daba un enorme mordisco a una manzana. Él no se sorprendió al verla. Arrancó una manzana más y se la lanzó diciendo: &#8211; Atrápala.<br />
Ella la tomó en el aire y le ordenó: &#8211; Compórtate, que ya estamos llegando. – Y terminó la frase mirando hacia arriba porque Tomás se había trepado aún más alto por las ramas del árbol.<br />
- ¿Qué haces ahora? ¡Bájate de ahí!<br />
- Mmm… creo que deberías ver esto. Hace mucho que no vienes por aquí, ¿verdad? Ven, sube.<br />
Al principio ella se negó, pero al ver la mano de él extendida e insistiendo en que subiera pensó que unos pocos minutos no le cambiarían los planes. Subió con cierta dificultad pero una vez arriba del árbol comprendió lo que decía Tomás. A la distancia se podía observar un enorme cerco. No podía creer que Tania había delimitado la propiedad en las tierras que ella, la emperatriz, le había cedido. Pero lo más importante era que una amplia zona de tierras estaba cultivada. Los distintos tonos según la cosecha daban un toque pintoresco al lugar.<br />
- Veamos el lado positivo: ¡es muy trabajadora! – exclamó Tomás, quien ante el silencio de la emperatriz, explotó con risas.<br />
- Qué bien que trabajó el campo pero ¿por qué pondría un cerco? – preguntó ella.<br />
- Vaya uno a saber, le preguntamos cuando la veamos. ¿Vamos?<br />
- Vamos. – respondió ella con cierta confusión.<br />
Bajaron del árbol y comiendo cada uno su manzana siguieron por el camino un rato más hasta dar finalmente con el cerco en cuestión. Tomás apoyó sus manos sobre la oscura madera y confirmó con un simple gesto a la emperatriz la buena calidad de la construcción. Ella levantó su mano izquierda protegiéndose del sol y miró hacia el horizonte. Casi todo lo que podía ver estaba sembrado. – Me cambiaron el camino. – Dudó ella por un momento y luego agregó – Vamos a tener que bordear el cerco Tomás. En algún lugar tiene que haber hecho la entrada.<br />
- Supongo que sí. &#8211; Contestó él.</p>
<p>Ya había pasado más de una hora del mediodía y a esta altura la emperatriz estaba agradecida por la idea de Tomás de comer esa manzana. El cerco no tenía fin. El camino estaba precioso pero el agotamiento la estaba comenzando a vencer y además la ansiedad la estaba dominando. Él la miró por un momento y se dobló en dos masajeando sus piernas. – No doy más – dijo. Ella le contestó simplemente que no sabía por cuánto tiempo más tendrían que seguir bordeando el cerco.<br />
- Esto es una locura – comenzó él. Y continuó – Estamos en tus tierras, ¿se puede saber por qué tenemos que dar semejante vuelta? Hace más de una hora que estamos caminando alrededor de estas maderas. Es aquí derecho, vamos, llegamos a la casa, le preguntamos si viene y listo. ¿Por qué seguimos caminando sin parar? No tiene sentido.<br />
- ¿Y cómo pretendes llegar a la casa con este cerco?<br />
El la miró con una sonrisa que ella percibió como peligrosa… y no se equivocó. El tomó uno de los tablones y de un solo tirón lo sacó de lugar y lo arrojó al medio del camino.<br />
- Puedo sacar el cerco desde aquí y vamos a campo traviesa. En media hora estamos en la casa de Tania. ¿Qué opinas?<br />
La tentación era grande y la emperatriz no pudo resistirse. Entre los dos quitaron algunas tablas hasta que les resultó posible cruzar y comenzaron a caminar entre el cultivo, tratando de dañar lo menos posible la futura cosecha. Algo en su corazón le decía que no habían obrado como corresponde pero pensó que había sido la mejor opción o tal vez la única que tenían. No le dio mayor importancia y se concentró en llegar a destino de una vez por todas.</p>
<p>El camino fue mucho más corto y de pronto podían ver la casa de Tania a lo lejos. Eso los animó a caminar más rápido. El techo a dos aguas color verde azulado tenía un par de tejas flojas pero así y todo se veía precioso. Las ventanas del frente estaban adornadas con flores y unas delicadas cortinas caían con volados enlazadas hacia los costados. La emperatriz subió la escalera de madera hasta el porche desde donde golpeó la puerta. Esperó un momento mientras observaba a Tomás paseándose por el frente inspeccionándolo todo. No había respuesta. Volvió a golpear y volteó la mirada hacia su derecha. Se quedó observando el banco bajo una de las ventanas. Sobre el asiento había un abrigo. Se acercó despacio mirando las marcas sobre la tela y en ese mismo instante comprendió que Tania había estado ahí recientemente, recostada sobre ese abrigo. – ¡Tania! – gritó en los alrededores con el abrigo entre sus manos pero sin respuesta.<br />
- Debe haber salido. Vamos a tener que esperarla. – comentó Tomás con cierto desdén.<br />
- No hay muchas alternativas en realidad. Sentémonos por aquí. Estoy cansada. – fue lo último que dijo cuando divisó a lo lejos a Tania caminando enérgicamente hacia la casa con un martillo en la mano. La emperatriz se incorporó y avanzó unos pasos mientras que Tomás se acomodó sobre el escalón. Ella lo miró inquisitivamente por un breve momento y él respondió: -¿Qué? &#8211; Pero ella no siguió la conversación, quitándolo de su mente y concentrándose en Tania. Esperaba que fuera un buen día, pero parecía que no lo era.</p>
<p>Su paso era duro y decidido. Se detuvo un momento a unos pocos metros de la emperatriz y le dijo: &#8211; Tú por aquí. No me extraña.<br />
La emperatriz pensó textualmente: ni saludé y ya empezamos. Rogó de haber tenido la idea correcta en ir hasta ahí. Internamente sabía que Tania era la única persona con carácter suficiente como para poder hacer frente con astucia a cualquier inconveniente en el camino. Respiró profundo y le dijo: &#8211; No te extraña. Entonces ya sabrás por qué estoy aquí.<br />
- No, pero pronto lo sabré, ¿verdad? – y siguió caminando hasta el pie de la escalera. Lo miró a Tomás fijamente por un momento, luego siguió su paso y entró a la casa cerrando la puerta tras ella.<br />
Tomás y la emperatriz se miraron. Él le dijo: &#8211; A mí no me mires, nunca la llegué a entender del todo.<br />
Esperaron un momento pero Tania no salía de la casa. La emperatriz estaba decidida a hablarle pero esta situación la descolocaba. Y reaccionó mal, enojándose bastante. Con seriedad se dirigió hacia la puerta con toda la intención de golpear el vidrio para que Tania saliera de una vez por todas, pero la mano siguió el trayecto porque la puerta se abrió repentinamente y apareció esta extraña dama trayendo una bandeja con refrescos y algunas galletas caseras. Las dos se quedaron sorprendidas y se miraron sin llegar a comprenderse, tal como había pasado en más de una ocasión. Parecía que Tania iba a decir algo pero ante esta situación sólo preguntó con cierto tono de duda: &#8211; ¿Jugo?<br />
Fue la palabra mágica porque Tomás se levantó de un salto y se acercó sin dudar. La emperatriz contestó luego de unos segundos: &#8211; Sí, muchas gracias.<br />
Se sentaron los tres en el porche con un poco más de serenidad, aunque el ambiente no era del todo armonioso. Tania le preguntó entonces con una sonrisa a la emperatriz: -¿Están juntos otra vez? &#8211; Tomás asintió. “Bien” volvió a decir Tania y luego de un momento de silencio la emperatriz se decidió a explicar el motivo de su visita. Tania la escuchaba con mucha atención.</p>
<p>Después de enterarse sobre lo ocurrido en los últimos días Tania suspiró y se quedó un momento en silencio mientras que Tomás y la emperatriz la miraban esperando algo así como una especie de veredicto. Aún no le habían pedido que los acompañara en su viaje.</p>
<p>- ¿Quieren escuchar mi opinión? – Preguntó con ciertas dudas.<br />
- Sí, claro. – contestó la emperatriz.<br />
Tania sonrió y prosiguió:<br />
- Me parece bien. – asintió con la cabeza y continuó – Tarde o temprano alguien iba a encontrar la forma de cruzar la cordillera Norte o Sur, por más defensa que pusieras, lo sepas o no lo sepas. La cuestión es que hoy por hoy, sabes que tienes un pequeño grupo de guardias dispuestos a pelear… ¿y qué más?<br />
- No mucho en realidad, por eso tenemos que cruzar.<br />
- Bien. ¿Cómo piensas cruzar? – La emperatriz se la quedó mirando y ante la falta de respuesta, Tania continuó – Bien. ¿Tienen entrenamiento físico? ¿Están preparados para la altura, el frío…?<br />
- Bueno… &#8211; dudó la emperatriz por un momento. – La verdad es que Daniel se ocupa de sus hombres y están entrenados para escalar las montañas, después de todo, vivimos en un valle.<br />
- ¿Y tú? ¿Tienen algún tipo de entrenamiento? Porque según lo que entendí ustedes quieren ir, ¿no?<br />
- Sí, claro. En realidad creo que tendría que entrenar un poco.<br />
- Yo podría ayudarte. – acotó Tomás de improviso.<br />
- ¡Habla! – expresó Tania con alegría, pero el comentario no fue bien aceptado. Ella se reservó otras observaciones y siguió enfocada en el problema.<br />
- ¿Daniel te va a acompañar?<br />
- Sí, sin duda.<br />
- Bien. Ustedes tres no son suficientes. Necesitas al menos dos personas más. Alguien que se ocupe de la administración del valle y un líder más en el grupo. Porque Daniel va a estar ocupado organizando a sus hombres. El debe seleccionarte un buen grupo de soldados, ¿o pensaban ir tres o cuatro? ¿Cómo piensan comunicarse con el valle?<br />
- Aún no lo he pensado.<br />
- Deberías. ¿Qué pasaría si se necesita tu presencia en el valle o peor aún, que tú necesites ayuda? Bueno. Podrían aplicar el sistema de postas. Cuando aseguren un área tienen que dejar un destacamento. De esta forma, los hombres podrán hacer una cadena y comunicarse.<br />
- Es una buena idea. – Dijo la emperatriz, y Tomás asintió conforme. Entonces fue él quien levantó la vista y preguntó sin rodeos:<br />
- ¿Podrías acompañarnos? – Su voz era fuerte, segura y serena.<br />
Tania miró inmediatamente a la emperatriz en busca de confirmación sobre la propuesta y al encontrarla se puso de pie con una gran exclamación – Esto era lo que los traía por aquí. Ahora entiendo mejor. – Pensó un momento y continuó diciendo – Yo no soy parte de tu reino.<br />
- Eso lo se. – Contestó la emperatriz. – No lo hagas por mi reino.<br />
- ¿Y por qué no? – la pregunta sorprendió a la emperatriz. Tania continuó diciendo &#8211; Viví muchos años en paz en estas tierras, pero no las reconoces como mías.<br />
- Veo tu punto. – La emperatriz se puso de pie y agregó – Tengo que pensarlo.<br />
Tania miró a Tomás con una sonrisa sugestiva y le preguntó: &#8211; ¿Cuál es tu opinión?<br />
El sonrió como siempre, desplegando todo su encanto y tratando de hipnotizar a Tania con la mirada más azul del universo. Sin éxito, entonces le contestó:<br />
- Mi opinión es que lo haces por el reino, no por estas tierras. Estás feliz porque se respetó nuestro trato durante todos estos años y nadie te ha molestado. No quieres un pueblo de quien cuidar. Sientes gratitud por la emperatriz, a tu manera claro. Y sabes que quedarnos a la espera del enemigo en este valle nos llevaría a la derrota y con eso… se perderían tus campos, tu casa, tus cultivos &#8211; expresaba mientras con un gesto algo altanero señalaba &#8220;sus&#8221; pertenencias &#8211; … ¿Qué sería de tí sin nuestro reino? Y también opino que te mueres de ganas de formar parte de nuestro grupo. Vivir un poco la aventura. Yo estoy seguro que vas a venir acepte o no tu propuesta. Sólo estás haciendo esto para provocarla, como siempre. Es el juego de siempre.<br />
Tania quedó un tanto sorprendida y con una sonrisa le dijo: &#8211; Fuiste tú el que me pediste que fuera con ustedes. ¿Por qué?<br />
- Porque quiero que me ayudes a cuidarla. Jamás me perdonaría si llegara a pasarle algo otra vez.<br />
Ella asintió con la cabeza mientras miraba a la emperatriz caminando lentamente por el jardín.</p>
<p>La emperatriz levantó la vista para confirmar que ya habían terminado de negociar y se acercó con cautela. &#8211; ¿Y entonces? – les preguntó.<br />
Cruzaron miradas entre los tres y finalmente Tania dijo: &#8211; Tienes que entrenar. Asegúrate que Daniel se ocupe de eso. ¿Cuándo se van?<br />
- En un mes más o menos.<br />
- Mínimo para tu entrenamiento.<br />
- Así es.<br />
- Bien. Allí estaré.<br />
- Gracias. – Le contestó la emperatriz con una amplia sonrisa. Tomás se levantó mirando con aprobación a Tania. Con ella tenía una relación un tanto tensa ya que el inicio fue complicado y él no había estado de acuerdo con su permanencia en el territorio.<br />
- No hay por qué. – Contestó Tania y continuó diciendo – Terminen el refresco con tranquilidad. Deben estar agotados. Yo voy a darme un baño, también quedé cansada después de la reparación del cerco. Algún animal lo destrozó. – Sonrió muy sutilmente y prosiguió –Ya no se qué hacer para que el ganado de tu reino no venga a pastar sobre mis cultivos. Tal vez puedas ayudarme con eso. &#8211; Giró en dirección a la puerta ocultando su sincera tentación de risa.<br />
La emperatriz y Tomás se miraron inmediatamente tratando de disimular. Luego la emperatriz contestó:<br />
- No te preocupes por eso. Me encargaré personalmente que no vuelvas a tener problemas. – Apoyó el vaso en la bandeja, bajó las escaleras y caminando cruzó el jardín junto a Tomás para detenerse tratando de reconocer la salida.<br />
- Si caminan por este sendero en cinco minutos verán un portón. – Mirando directamente a Tomás, Tania explicó – Está sin candado así que por favor no rompan nada. Luego caminen al oeste y en treinta minutos estarán en el centro. – Tania se quedó mirándolos alejarse por el sendero. De pronto la emperatriz giró y le dijo sin duda alguna:<br />
- A nuestro regreso, estos campos serán tuyos. – Y siguió su camino junto a Tomás.<br />
Tania sonrió satisfecha y entró a su casa.</p>
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		<item>
		<title>Capítulo II &#8211; La Asamblea</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Aug 2008 04:12:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[El valle]]></category>
		<category><![CDATA[Ana]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel]]></category>
		<category><![CDATA[Tomás]]></category>

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		<description><![CDATA[Despertó en su cama semidesnuda mientras Daniel pasaba un ungüento en las heridas de su espalda. Ella balbuceó algo pero no se entendió porque se mezcló con un quejido provocado por el ardor en su piel. Él le hablaba con suavidad tratando de tranquilizarla, pero hoy esa voz no lograba calmarla. Permitió que terminara la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=12&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Despertó en su cama semidesnuda mientras Daniel pasaba un ungüento en las heridas de su espalda. Ella balbuceó algo pero no se entendió porque se mezcló con un quejido provocado por el ardor en su piel. Él le hablaba con suavidad tratando de tranquilizarla, pero hoy esa voz no lograba calmarla. Permitió que terminara la curación y cuando él intentó preguntarle sobre lo sucedido, ella sin vacilar mientras intentaba incorporarse le respondió:</p>
<p>- Daniel. Por favor haz que se reúnan todos. Hoy celebraremos una asamblea general.</p>
<p>Fue cortante, decidida y firme. Daniel la conocía bien y sabía perfectamente que era inútil intentar que cambiara de opinión por lo que evitó confrontarla. Bajó la mirada y la saludó con un noble gesto reclinando brevemente la cabeza sin tardar en retirarse para organizar todo. Sabía que no tenía mucho tiempo porque ella se recuperaría rápido y pronto estaría ingresando al Gran Salón bajo los ojos curiosos de una gran multitud.</p>
<p>Esa misma tarde todos los representantes del valle fueron acercándose al imponente edificio de mármol blanco y rosado. El diseño majestuoso con altas columnas permitía el acceso desde diferentes flancos llevando todos los pasillos a la sala central, conocida como el Gran Salón. Normalmente se reunía allí la emperatriz con algunos colaboradores, pero una Asamblea General era algo fuera de lo habitual. Los ministros se reunían en grupos saludándose con gentileza pero en realidad, todos trataban de averiguar sin disimulo alguno el motivo de la reunión generada con tan poco tiempo de anticipación.</p>
<p>Luego de unos cuantos minutos, Daniel se presentó luciendo su uniforme de gala con la capa roja rozando sus pantorrillas. Con gesto serio y cierta solemnidad anunció a todos la llegada de la Emperatriz, quien no se hizo esperar y tomó sin dudar ni por un solo segundo el lugar central del Gran Salón. Los pisos estaban trabajados maravillosamente en diseños algo extravagantes, uniéndose todos ellos en el centro del salón bajo la figura de un sol con enormes rayos que se desplegaban por toda la sala. Ella observó pacientemente a los presentes en silencio logrando la atención de toda la sala. Ese silencio lo dominó todo pareciendo una eternidad hasta que finalmente ella dijo con firmeza:</p>
<p>- Gracias por venir hoy. Se que no les di mucho tiempo para prepararse, y que desconocen en su mayoría el motivo de la reunión. – Tras una pausa continuó diciendo – Algo importante ha sucedido. En el día de ayer he descubierto que tenemos un visitante no esperado en nuestro reino.</p>
<p>Los presentes se miraron entre ellos con rostros perplejos. Y las preguntas no tardaron en llegar: “¿Un visitante?” “¿Qué tipo de visitante?” “¿Cómo ha cruzado nuestra frontera?” “¿Un invasor?”<br />
 <br />
- Tranquilos. – dijo levantando su mano izquierda en un gesto apaciguante – En esta oportunidad fuimos afortunados. Se trata de una visita cordial y creo que lo motiva más la curiosidad que cualquier otra cosa. Esta visita no es en realidad el problema, sino una pequeña consecuencia. Es más, le he otorgado personalmente mi permiso para quedarse el tiempo que desee siempre y cuando no perturbe la paz y tranquilidad en el reino. Lo importante aquí es otro tema.</p>
<p>La inquietud en el grupo crecía paulatinamente y ella podía percibirlo en el aire.</p>
<p>- Este visitante me ha mencionado acciones armadas injustificadas por parte de nuestra supuesta defensa en el reino, intentando impedir su paso sin averiguar los motivos que tenía para necesitar ingresar en nuestro territorio ni permitiendo solicitar permiso alguno. Por otro lado, este visitante ha sido muy eficiente para huir de estas tropas defensivas y poder escabullirse en la zona Sudoeste de nuestro reino. Estamos hoy aquí porque necesito explicaciones. En primer lugar quiero saber quién instrumentó estas barreras de defensa que atacan sin responder a mis órdenes a cualquiera que intente contactarme y segundo necesito saber qué tipo de defensas tenemos. La suerte estuvo de nuestro lado en esta oportunidad pero podríamos haber tenido un ejército hostil cruzando estas montañas. Estas montañas que parecían ser nuestra máxima defensa. Estas montañas que me decían eran imposibles de cruzar. Estas montañas son las que no me permiten conquistar el mundo pero no aseguran el bienestar del reino. Estoy decidida a explorar más allá de estas montañas. ¡Pero antes espero respuestas, respuestas de ustedes!</p>
<p>El bullicio a esta altura era importante y la emperatriz los miraba con actitud analítica sin sorprenderse por la reacción. Daniel fue el único en permanecer callado a pocos metros de distancia. Por un momento sus miradas se encontraron y se mantuvieron desafiantes en el aire, hasta que Daniel avanzó hacia la emperatriz y dirigiéndose a la multitud pidió calma y llamó al silencio. Ana, solicitó entonces la palabra y adelantándose unos pasos le habló a la emperatriz, pero dirigiéndose al público:</p>
<p>- Acciones de defensa que no responden a la emperatriz. ¡Qué interesante! Parece que la emperatriz tiene muy poca memoria. – Entonces giró y encaró a la emperatriz diciéndole – Tus palabras exactas antes de caer inconsciente fueron: “¡Ayúdenme! ¡Necesito protección!”. Sí. Protección. Y si protección no es la construcción de un ejército defensivo, entonces tendrías que haber sido más explícita en tus palabras. “Ayúdenme”. Pues bien, te ayudamos. Aquí Daniel está hace años construyendo este ejército de defensa, asegurando las zonas del reino. “Necesito protección”. ¿Cómo puede ser que te hayas olvidado? ¿Nunca te llamó la atención que levantes la vista al cielo y no veas una sola ave? ¿Nunca te llamó la atención ver siempre las mismas caras en el valle? ¿Nunca te llamó la atención acaso la compañía diaria de Daniel? No puedes venir aquí a acusarnos de algo que solamente vos sos la responsable. Aquí estábamos cumpliendo tus órdenes: ayudándote y protegiéndote.</p>
<p>No se podía negar que la emperatriz quedó impactada ante este revés inesperado. Ana siempre había sido frontal con ella; podían no estar de acuerdo en algunos temas pero sabía que ella le era completamente fiel y le sería sincera. “Ayúdenme. Necesito protección”. Claro que lo recordaba, era imposible olvidarlo. Fue en uno de los peores episodios de su vida, hacía ya años atrás. Su mente se trasladó a aquellos momentos felices, en los que compartía buena parte del día con Tomás, su mejor amigo y compañero del alma. Juntos y casi de casualidad, un buen día habían encontrado un cachorro de león solo y abandonado en una pradera. Era tan hermoso, dulce y tierno que no pudieron resistir la tentación de llevarlo al centro del valle para cuidarlo y hacerse cargo de él. Unos cuantos se acercaron para examinarlo y advirtieron que si bien era un cachorro realmente espectacular y juguetón, en algún momento crecería y tarde o temprano se convertiría en un peligro para la emperatriz y todo aquel que estuviera cerca. Entre ella y Tomás se convencieron mutuamente de que podían quedarse con el pequeño leoncito. Quisieron creer en su ingenuidad que todo el amor que ellos le daban serviría para domar a esa terrible fiera. Pensaron que podrían estar siempre los tres juntos, o mejor dicho… no pensaron. Al advertir el poco éxito de aquellos que explicaban los peligros a la emperatriz, los demás callaron por el sólo hecho de evitar problemas.</p>
<p>El hecho es que lo que todos preveían realmente sucedió. El pequeño leoncito tomó cada vez más tamaño y fuerza con el transcurrir del tiempo. La emperatriz y su amigo Tomás estaban en lo cierto en algo ya que sin duda se trataba de un magnífico animal. Solían pasearse juntos luciendo al león caminando a su lado con una elegancia sin igual. Ellos increíblemente se sentían protegidos y casi se podría decir afortunados de contar con esa presencia. Sin embargo, cierto día estando alejados de la aldea al sur del valle, de un momento a otro y sin aviso el león atacó a la emperatriz. Hubiera sido un zarpazo certero, pero Tomás se interpuso recibiendo una herida grave en su pecho y brazo derecho. La emperatriz cayó a pocos metros del animal gritando auxilio cuando levantó la cabeza y vio a Tomás debajo del cuerpo del león. Entonces fue cuando gritó en total desesperación y angustia: “¡Ayúdenme! ¡Necesito protección!”. Los ojos se le llenaron de lágrimas con tan sólo recordar esos momentos tan terribles. El león que ella tanto adoraba, los había atacado, su amigo Tomás no había sobrevivido y ella se había quedado sin nada, salvo un gran sentimiento de responsabilidad por todo lo que había ocurrido y tristeza, una enorme tristeza. Días más tarde, ella logró recuperarse bajo los cuidados de sus más fieles amigos y poco a poco retomó las actividades en el valle.</p>
<p>Por un momento pareció que la emperatriz iba a hacer uso de la palabra pero Osvaldo, uno de los representantes mejor posicionados políticamente, se le anticipó sin darse cuenta diciendo: “Dejando de lado los planteos y las responsabilidades, coincido con la idea de explorar más allá de nuestra frontera. La realidad demuestra que aquí quietos y escondidos tampoco estamos protegidos. Es mejor a mi criterio conquistar algunas tierras e incluso hacer alianzas con posibles reinados que encontremos a nuestro paso.” Iba a continuar hablando pero los gritos doloridos de un hombre lo interrumpieron dejando a la emperatriz perpleja junto al resto de los presentes. El salón entero fue cubierto por un manto de silencio. La emperatriz avanzó un par de pasos prestando atención y sorprendida a su vez, no por los rostros de espanto del público presente, sino porque las miradas se centraron en ella con cierto temor. Un grito atravesó el salón nuevamente con mayor fuerza. Era un grito desgarrador, casi un llanto desesperado.</p>
<p>Ella no entraba en razones y en desesperación caminó rápidamente hasta llegar a Daniel para una vez frente a frente, preguntarle: &#8211; ¿De qué se trata esto? ¿Qué son estos gritos? ¿De dónde vienen?</p>
<p>Él tragó saliva y luego de un breve momento respondió con la vista sobre uno de los rayos delicadamente trabajados en el suelo:<br />
- Es el prisionero.<br />
- ¿El prisionero? – Meditó por un par de segundos para luego agregar – Daniel, a ver si entendí correctamente. ¿Me estás diciendo que existe una cárcel en este edificio y que tenemos un prisionero?<br />
- No es una cárcel, emperatriz. Es un calabozo. Y es correcto, tenemos un prisionero.</p>
<p>Otro grito estruendoso hizo eco en el lugar causando escalofríos en más de uno. La ira de la emperatriz iba en aumento, porque esto ya llegaba a los niveles de una alta traición y además se preguntaba, de qué prisionero se trataba, qué habría hecho. Sin dudarlo y con mucha furia en las venas le ordenó a Daniel que trajeran al prisionero inmediatamente ante ella, quien a su vez indicó a sus guardias que cumplieran con este pedido y no se hicieron esperar.</p>
<p>Ana se acercó por un momento a la emperatriz y le dijo al oído en voz baja pero con firmeza:<br />
- Hicimos lo que consideramos mejor para vos.<br />
La emperatriz la miró por un breve momento y sintió que el corazón saltaba en su pecho por la ansiedad. En pocos minutos pudo observar a los dos guardias y al hombre que traían sosteniéndolo por los hombros mientras bajaban la escalera.</p>
<p>El prisionero era un hombre alto y estaba muy lastimado. En su espalda, brazos y pecho se podían ver lesiones de todo tipo. Seguramente algunas de ellas tenían que ser recientes por las manchas de sangre sobre su piel. Su rostro quedaba invisible bajo una maraña de largos cabellos sucios y enredados. Estaba débil pero cualquiera podía darse cuenta de que era un hombre de gran contextura física. Los guardias lo soltaron a unos tres metros frente a la emperatriz y el prisionero cayó sobre sus rodillas al suelo quedando inmóvil con su cabeza baja. Ella lo miró a la distancia con profunda curiosidad, especialmente por la reacción de los guardias, quienes dando un paso lateral, levantaron sus lanzas a modo de saludo oficial al prisionero. La sorpresa de la emperatriz fue evidente ante ese gesto de respeto que brindaban las tropas. Daniel estaba a metros con expresión sombría sin decir palabra alguna.</p>
<p>Ella se acercó al hombre que parecía estar susurrando algo o tal vez podría ser que estuviera llorando. El silencio del salón era sepulcral cuando ella dio un paso más acercándose pero el prisionero sin levantar el rostro extendió su brazo derecho sobre el suelo pidiendo distancia. Su gesto era más que elocuente. Ella no podía salir de su asombro ante esta presencia y sin poder terminar de asimilar lo que estaba viviendo en ese momento, sentía con todas sus fuerzas que conocía a ese hombre, pero no resultaba posible. Entonces insistió acercándose un poco más y él comenzó a sollozar en ese instante. De pronto él suplicó:<br />
- Por favor, no te acerques más, no quiero volver a lastimarte.<br />
- ¿A lastimarme? – de cerca podía ver que algunas heridas le sangraban un poco. – ¿Cómo es tu nombre? – Preguntó y agregó – Dejame ver tu rostro.</p>
<p>El hombre no obedeció y se podía percibir un leve temblor en su cuerpo. Ella no tuvo la capacidad de comprender qué estaba sucediendo allí. Luego de un momento, con voz decidida le dijo:<br />
- Respondeme, es una orden.</p>
<p>El prisionero levantó el rostro lentamente dejando caer algunos de sus cabellos sobre los hombros doloridos. La expresión de la emperatriz se transformó y las lágrimas inundaron sus ojos cuando el hombre le dijo con voz quebrada:</p>
<p>- Ya no me reconoces.</p>
<p>Ella lo miraba y no podía creerlo, simplemente no era posible. La emperatriz balbuceó algo incomprensible y se acercó tocando suavemente su rostro. Apoyó la mano en uno de sus hombros mientras las lágrimas escapaban sin encontrar barrera alguna.</p>
<p>- No puede ser. Por Dios… qué pasó contigo… ¿cómo es que estás así? – Calló por un breve momento y luego gritó con desesperación &#8211; ¡Daniel! ¡Atiéndanlo urgente, por favor!</p>
<p>Sorpresivamente ella se dejó caer de rodillas delante del prisionero, que intentaba esconder su rostro tal vez avergonzado. A ella no le importó, corrió los cabellos sucios del hombre para besarle el rostro con delicadeza y las lágrimas de ambos se mezclaron por un momento. Ella lo abrazó y él descansó en sus brazos por un instante, hasta que la guardia llegó con todos los elementos para efectuar el traslado. Daniel los interrumpió diciendo:</p>
<p>- Está todo listo.</p>
<p>Ella entonces lo entregó a la guardia con delicadeza y se quedó en el suelo mientras que lo sacaban en andas del salón. Le hizo un gesto a Ana para que se acerque y le dijo:</p>
<p>- Tengo que ocuparme de esto. Luego yo misma organizaré mi equipo e iniciaremos una travesía. Por favor comunícalo. Ahora necesito estar sola y atenderlo.</p>
<p>Ana asintió y despidió a todos en el salón en forma inmediata mientras la emperatriz quebrada se quedó en el suelo, en el medio del salón bajo la mirada de Daniel a unos pocos metros de distancia. Lo suficientemente cerca como para que él pudiera escucharla diciendo casi en un susurro:</p>
<p>- Mi Tomás, ¿cómo pudo pasar esto? Mi Tomás.</p>
<p>Luego de un breve momento, ella se puso de pie, buscó a Daniel con la mirada y le dijo:</p>
<p>- Llévame con Tomás, por favor. Quiero estar con él.</p>
<p>Daniel suspiró y obedeció la orden sin decir palabra alguna. La tomó con gentileza del brazo y caminaron juntos hasta el Centro de Atención en el valle. Las calles siempre tan concurridas se encontraban desérticas. Ana, había cumplido con los deseos de la emperatriz al pie de la letra, sin embargo ella se asombró al no ver una sola persona en la vía pública. Sus propias palabras retumbaron en su cabeza: “Ahora necesito estar sola”. También recordó con más detalle, aquellos primeros tiempos luego del ataque del león, mientras Ana le hacía compañía y la ayudaba a recuperarse de sus propias heridas. Sacudió por un momento su cabeza tratando de espantar sus pensamientos, para luego de suspirar pensar que lo hecho, hecho está. Sin embargo existe la posibilidad de modificar el presente y es eso lo que se proponía hacer sin perder un segundo más.</p>
<p>Una vez que llegaron al Centro de Atención, los guardias no tardaron en llevarla hasta la habitación donde estaba Tomás recostado sobre una camilla. El piso, los muebles, las paredes relucían con una limpieza perfecta y el olor concentrado del desinfectante se impregnaba en todo el ambiente. Ella se acercó lentamente hasta su lado y allí se quedó observándolo por largos minutos. Gradualmente él comenzó a abrir sus ojos pero a diferencia de otras épocas, esta vez evitaba la mirada de la emperatriz y dejaba descansar la vista con una expresión lejana en dirección de la ventana del cuarto hacia unos jardines externos cubiertos por flores anaranjadas y amarillas.</p>
<p>Ella se sentía extremadamente confundida en una mezcla de sensaciones. Por un lado la invadía una gran alegría por el hecho de que su amigo del alma estuviera vivo, por otro la agobiaba una gran tristeza por el estado en el que se encontraba y por último, también algo de desilusión al verlo en esta actitud tan distante. Con cierto grado de angustia comenzó a hablarle a Tomás suavemente diciendo:</p>
<p>- Están atendiéndote bien. Eres la primera prioridad en este momento. Pronto vas a mejorarte, ya vas a ver. – Él no contestaba y seguía con la mirada fija a través del ventanal en algún punto fuera de la habitación.</p>
<p>Ella se angustió y las lágrimas brotaron sin poder evitarlo en un total silencio. La emperatriz estiró la mano y con mucha delicadeza acarició su brazo. El volteó la mirada alejándose aún más pero el brazo estaba allí inmóvil bajo su mano. Entonces ella lo miró por un momento en silencio y prosiguió arreglando el cabello de Tomás como podía. Estaba más largo que la última vez que se habían visto. Ella entonces volvió a interrumpir el silencio diciendo:</p>
<p>- Te extrañé tanto y te lloré tanto que llegó un momento que las lágrimas simplemente dejaron de salir. Ya no podía llorar más. Tenía el alma quebrada. No podía seguir… &#8211; calló por un momento y continuó – Nada es igual sin tí. Un día encontré la paz pero nunca más la felicidad. Verte vivo, me da esperanzas, me da fuerzas, me da energía porque se que vamos a salir de esto. Porque significa que el sueño no terminó. Porque estoy segura que contigo a mi lado, vamos a poder cumplir con la profecía. Hasta hoy, era imposible lograrlo, jamás podría distinguirlo entre toda la gente del mundo.</p>
<p>Lo sostuvo de la mano con fuerza y entonces él giró la cabeza para mirarla por primera vez a los ojos. Tenía la vista irritada y a pesar de su gran agotamiento dijo después de un momento de duda:<br />
- Perdón …</p>
<p>Ella intentó hablar pero él hizo un gesto con la mano y la emperatriz calló para dejarlo continuar:</p>
<p>- Perdón y mil veces perdón. Nunca tendría que haber pasado todo esto, pero sucedió y yo soy el único culpable. Esa bestia te atacó solamente por mi culpa. Yo no puedo guiarte, pienso que estas mejor sin mí.<br />
- Es mentira, no me mientas. – Exclamó con cierto tono desesperado &#8211; Tu querías que yo te escuchara, por eso el escándalo en el salón. Estoy aquí. Estoy aquí para y por ti, y no me pienso ir sola de este lugar. – El sonrió un breve momento y con una mano le acercó la cabeza para besar su frente. – Ella prosiguió diciendo &#8211; Te perdono Tomás, por todo y más te perdono.<br />
Se sonrieron y sus miradas parecieron chispear por un momento. Ella no pudo dominar el impulso y lo abrazó con fuerza apoyando la cabeza en su pecho mientras decía: &#8211; No puedo creer que estés vivo mi amor.<br />
 <br />
Pasaron unos meses desde ese primer encuentro. Cuando finalmente ella lo vio de pie, sonriente, en todo su esplendor, sintió que los pulmones le explotaban en el pecho y la sangre recorría todo su cuerpo. Se sintió viva y feliz, feliz como hacía mucho tiempo que no se sentía.</p>
<p>Después de un abrazo con mucho sentimiento, lo tomó del brazo y salieron juntos caminando bajo la custodia de Daniel unos metros atrás. A veces la gente del valle se preguntaba como podía ser que Daniel fuera la custodia de ambos, siendo Tomás prácticamente una cabeza más alto y mucho más fornido. Pero la gente a veces no toma en cuenta que no todo es fuerza en la vida.</p>
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