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Capítulo XVII – El principio del fin

Septiembre 7, 2008

Los primeros rayos de sol comenzaban a pintar el horizonte cuando Erika abrió la puerta de la casa y se encontró con Daniel sentado frente a ella aguardándola pacientemente con un rostro serio y duro. La emperatriz bajó inmediatamente la mirada y luego lo saludó sin demasiada reverencia. Se dijo a sí misma que no tenía motivos para darle explicaciones, pero el interrogatorio no se hizo esperar. Daniel estaba realmente preocupado y un tanto agresivo, lo cual le indicaba claramente que había sido descubierta.

Él le hablaba mientras se preguntaba y respondía a sí mismo caminando de un lado al otro del cuarto, hasta que ella de pronto giró, lo miró a los ojos y pidiéndole silencio con firmeza logró sentarlo a la mesa para intentar conversar civilizadamente. Se hizo un breve silencio que pareció durar mucho más de lo que en realidad fue. Con los dedos entrelazados y las manos apoyadas sobre la mesa, Erika le dijo con palabras firmes:

- Daniel. Siempre cuidaste de mí y del imperio, sobre todo en estos últimos meses desde que comenzamos esta especie de cruzada. Y yo te lo agradezco. Sos mi mano derecha, mi hombre de confianza total y absoluta…
- Entonces no entiendo cómo es posible que hagas esto a mis espaldas. Sabés perfectamente que nos estás exponiendo a todos de esta forma. – Interrumpió Daniel en un tono alto de voz para volver luego a guardar silencio y permitir que la emperatriz continúe con lo que tenía para decir.
- Te conozco de toda la vida, y estaba segura que en el caso que lo hubieras sabido, no habría podido actuar con libertad. No me hubieras permitido…
- ¿Permitido? – y Daniel se puso de pie totalmente llevado por sus nervios – Ahora soy yo el que no te permite. ¿Qué es lo que no te permito? ¿Qué es lo que hiciste? Te repito, ¿qué es lo que yo supuestamente no te permito?
- Daniel. Por favor, toma asiento. – Él dió un par de vueltas indeciso pero volvió a su lugar y se quedó cabizbajo mirando la madera de la mesa luego de un suspiro que enterneció a la emperatriz. Ella continuó diciendo – Aclaremos esto de una vez por todas.
- Eso es lo que quiero. – contestó él mirandola a los ojos.
- Lukas es el sobreviviente de un naufragio en el mar. Del mar a donde Tomás nos indicó ir, el mar que el mismo Tomás sobrevivió en el refugio de la montaña. Lukas fue la persona que tuvo el accidente en la construcción de donde se salvó milagrosamente. ¿No recordás acaso a Tomás llegando mal herido al campo pensando que me había ocurrido algo? – hizo una pausa y luego continuó – ¿No ves la conexión?
Daniel la miró con seriedad por un momento, tragó saliva y le dijo:
- Son coincidencias.
- ¿Coincidencias? ¿Cómo podés decirme que son coincidencias? Fuiste testigo del poder de curación que tenía Tomás. Sabes perfectamente que él no podía dominar ese don, simplemente sucedía. Vos mismo me decías que a veces lo encontrabas herido pero que nadie podía comprender que pasaba con él. – La emperatriz se acercó a Daniel y apoyando la mano en su hombro prosiguió diciendo – Es la verdad. Hay una conexión entre Tomás y Lukas, así como existía entre Tomás y yo.
- ¿Y entre vos y Lukas? ¿Qué tipo de conexión existe? – preguntó él mirándola directamente a los ojos.
- Eso ya lo sabes. – ella se alejó por un momento, giró y luego agregó – Sin embargo, honestamente Daniel, hay algo en él que me detiene. Un tipo de advertencia, hay algo en él y no se que es.
- Sabías que era peligroso y a pesar de eso, no querías que yo te detuviera. Era eso. Era eso, ¿verdad?

Ella suspiró y asintió desviando la mirada. Él la observaba prácticamente sin pestañear, se levantó de la mesa, la miró brevemente y le dijo que debía ir a la playa para encontrase con los hombres tal como habían acordado la noche anterior. Llevaría al enemigo hacia la ruta del oeste y ella debería regresar al valle por el camino ya conocido. El gobernador de Bella Mar no había cedido y habían llegado a un punto en el que no iban a esperar el ataque sin ningún tipo de acción. La única alternativa era desviar al enemigo hacia otro punto estratégico donde su ejército tuviera algún tipo de oportunidad. Realmente a Daniel no le interesaba la falta de apoyo del gobernador porque estaba convencido de que el éxodo de la gente de esta aldea no resultaría. Caminó hacia la puerta, estuvo a punto de abrirla bajo la mirada de la emperatriz cuando giró, y le dijo con voz grave:

- Se que no querés escucharme. Lo único que te voy a decir es que no olvides lo que aprendiste con el león. Yo no voy a estar esta vez. – y luego de una breve pausa – A mí también me trae una mala sensación ese hombre, aunque probablemente Tomás nos hizo venir hasta aquí sólo para buscarlo. Por favor cuidate.
- Lo haré. – contestó ella y luego se acercó para abrazarlo pero él no se lo permitió y sin demora se retiró sin decir más nada, rumbo a la playa donde lo esperaban sus hombres.

En el momento que la puerta se cerró, ella se dio cuenta que había sido muy dura con Daniel. Entendió realmente que esa persona había estado siempre a disposición de ella, que siempre la había cuidado y que hoy estaba perturbado por su falta de consideración. Se sintió mal y sin embargo no quería darle esperanzas creyendo que nunca podría amarlo de la manera que él se merecía. En ese instante desconocía que esa sería la última vez que se verían, al menos por un largo, largo tiempo.

Tardó unos minutos en recomponerse y luego abrió la puerta. Dos soldados habían quedado de guardia y la observaron con curiosidad. Se detuvo por un momento algo confusa pero entonces decidió ir a buscarlo, con una sola diferencia. Miró a los soldados y les dijo: – Por favor, acompáñenme. – Y allí fueron los tres camino a la playa, en dirección al muelle.

Él estaba esperándola. Sabía que ella iría a buscarlo. Sabía que iba a intentar convencerlo. Sabía mucho más de lo que cualquiera presumía. La vio llegar y los guardias que la acompañaban no fueron ninguna sorpresa para él. Sonrió al confirmar lo que ya presentía: Erika era mucho más de lo que a simple vista parecía. Ese ángel le había salvado la vida. Jamás olvidaba un rostro y desde ese día nunca había podido pensar en otra cosa. Al pasar el tiempo y no encontrarla llegó a creer que todo había sido un sueño, y sin embargo una voz interior lo obligaba a esperarla allí donde la había visto por primera vez, en las costas de Bella Mar. Algo en él le decía que ella volvería. Cómo podría olvidar a ese ángel animándolo a luchar por su vida en aquel momento fatídico, diciendole con un amor y ternura indescriptible una y otra vez: “Vamos, quédate conmigo, estás aquí, tranquilo. Vamos, fuerza.”. Cuando volvió a despertar los aldeanos lo habían rescatado de las playas y él la había buscado por todos los rincones de Bella Mar. El día que volvió a verla fue realmente un milagro; la había estado esperando tanto tiempo que no quería hacer o decir algo equivocado que pudiera asustarla. Y allí estaba ella ahora, caminando hacia él, dispuesta a convencerlo de acompañarla, como si acaso hiciera falta.

Ella se acercó y lo abrazó en silencio rodeando sus hombros, acariciando su cabello, besando sus labios. Sonrió brevemente con una mirada algo nostálgica y él se acercó para besarla nuevamente. Ella suspiró y sus ojos no requerían palabras para saber la tormenta de emociones que albergaban.

- No tenés que irte. – Le dijo él.
- Debo irme Lukas – contestó mientras percibía sus gestos, su perfume, su piel acercándose nuevamente a su rostro. Lo besó una vez más. Hizo una breve pausa y le dijo – Sabés bien que no somos de aquí. Debo regresar, pero quiero pedirte que vengas conmigo.

Él sacudió la cabeza por un momento y apartándose un momento le dijo:
- Aquí estaremos seguros, nada va a ocurrirte. Si nos vamos, probablemente todo esto – hizo un gesto con el brazo señalando los alrededores – desaparezca. Ustedes no lo entienden y no tienen por qué hacerlo, pero se están equivocando.
- ¿Por qué me decís esto? Lukas – y le tomó el rostro con ambas manos – debes creerme. No estamos seguros aquí. El gobernador no quiere entrar en razones, debemos irnos. De verdad, vení conmigo.
- No voy a lograr hacerte cambiar de opinión, verdad? – Preguntó Lukas ya resignado pero con una luz especial en los ojos.
- No. – contestó ella tanto con palabras como con una mirada que decía mucho más.
- ¿Y los demás?
- Ya han partido, van a alejar de las aldeas vecinas al ejército enemigo.
Lukas no terminó de escuchar esta frase que su cuerpo se contorsionó y se alejó un par de pasos. Su rostro hacia el mar adoptó una expresión de preocupación alarmante.
- Quedate tranquilo Lukas. Daniel es un guerrero, él sabe bien lo que hace.
Lukas giró y la tomó de la mano, solo para contestarle:
- No lo creo. – Guardó silencio por un instante sin decirle que probablemente en pocos días Daniel fuera solo un recuerdo y sin soltarle la mano le confesó – No puedo dejarte ir sola.
Ella sonrió con una alegría totalmente sincera y lo abrazó tan fuerte como pudo, y si bien él continuaba negando con su cabeza, una sonrisa también escapó de sus labios al sentir el cabello de la emperatriz sobre su pecho.

Más tarde ese mismo día la emperatriz se despidió de Judith, quien había decidido quedarse en la aldea esperando el regreso de Ben, confiando en el éxito de la operación. Le confesó a la emperatriz que había hecho un intento por convencer a alguna gente del pueblo para irse del lugar, pero a las pocas horas se dio cuenta que era un esfuerzo completamente inútil. Los habitantes de Bella Mar simplemente eran felices allí, creían ciegamente en su gobernador y ante la idea de abandonar el lugar reaccionaban entre risas creyendo que Judith les estaba contando una especie de broma de mal gusto.

La presencia de la emperatriz era más que suficiente, ella no necesitó mucho más para comprender que al día siguiente Erika dejaría el lugar junto a Lukas y sus guardias; sin embargo no podría acompañarla, debía esperar por Ben.

Mientras que Erika escuchaba a Judith hablar de su Ben, ella sinceramente no podía sacarse a Daniel de la cabeza. Sabía que él cargaba sobre sus hombros una enorme responsabilidad y le resultaba increíble o incluso injusto haber hecho un esfuerzo semejante entre todos, haber alcanzado el mar con tanto esfuerzo y que ahora todo el resultado dependiera de una gran batalla sin que ella pudiera acompañarlo. Por otro lado, tomaba conciencia de que estaban siguiendo el propio plan de Daniel y sabía en su interior que necesitaba volver a su hogar, allí estaba su lugar sea para el triunfo o para morir en su tierra junto con su pueblo.

Por momentos Lukas tomaba dominio de sus pensamientos; ese hombre ejercía una atracción especial en ella. Aún no podía descubrir cómo y sin embargo se sentía plenamente segura de que él tenía algún tipo de vínculo con Tomás. Ya llegaría el momento para descifrarlo.

En poco tiempo los cuatro abandonaron la aldea bordeando la playa hasta llegar en menos de una hora al primer destacamento. La sorpresa se filtró por las facciones de Lukas por primera vez y no pasó desapercibido. Los soldados saludaron con respeto a la emperatriz y pasaron el parte de novedades, las cuales no eran demasiadas. Erika no quiso demorarse mucho tiempo en el lugar, faltaban unos cuantos días de mucho caminar y el tiempo como en la mayoría de los casos no jugaba a favor. Los soldados que la habían acompañado hasta el destacamento se quedaron y fueron reemplazos por dos de sus compañeros del lugar para partir nuevamente cruzando los médanos y siguiendo el curso del río a través del bosque.

Caminaron tres días tomando breves descansos durante la jornada y acampando por las noches. El silencio reinante en contraposición con la intensa tormenta de pensamientos, que sin pausa elevaban las voces de la conciencia hasta niveles insoportables en cada uno de ellos, era estremecedor. Los guardias estaban tensos por la presencia de Lukas, presentían que este hombre traería problemas y con el tiempo probaron estar en lo cierto.

Al cuarto día, la emperatriz se detuvo y sosteniendo a Lukas por el brazo le señaló a la distancia la boca del dique sobre el Río Grande. La obra no estaba finalizada pero el grado de avance era francamente increíble. Él observó todo el paisaje con sumo interés y prestó especial atención en alrededor de las ciento cincuenta personas que se encontraban a lo lejos trabajando incansablemente. Ella lo miró con orgullo y él apoyando la mano en su espalda le dijo:
- No conocía este lugar, ni siquiera sabía que se encontraba habitado. ¿Este es tu hogar? – sus ojos brillaron de una manera especial y los guardias se acercaron preparados ante cualquier reacción de ese perfecto extraño. Sin embargo ella sonrió, acarició su barbilla con afecto y muy dulcemente le contestó:
- No, pero nos estamos acercando.
Él sonrió y no dijo mucho más, su rostro serio no reflejaba la naturaleza de sus pensamientos. Ella lo sostuvo de la mano y lo animó a continuar la marcha a buen ritmo mientras los guardias los escoltaban a pocos metros de distancia.

Al aproximarse a la obra, la emperatriz se encontró con algunos rostros conocidos que inmediatamente fueron a presentarle sus respetos y por el sólo hecho de estar acompañándola, Lukas se hizo acreedor también de estos saludos adoptando una posición un tanto incómoda.

Mientras Erika conversaba con el responsable de la obra, Lukas se acercó directamente a los andamios, arcos improvisados de madera y piedra para mezclarse en pocos minutos entre los trabajadores. Julio, el líder del proyecto de construcción del canal, explicaba con entusiasmo los avances logrados con un plano algo tosco indicando que la obra se finalizaría en tan solo un par de meses más. La emperatriz se mostró satisfecha y conforme con el trabajo realizado. Si bien le interesaba que la construcción avanzara y que se cumpliera con la palabra dada, lo que en realidad la reconfortaba era el hecho de que encontró todo el destacamento organizado, activo y por sobre todas las cosas unido. Confirmó así que su decisión de haber designado responsabilidades a ambos líderes naturales fue totalmente acertada a pesar de las dudas de algunos de sus más cercanos colaboradores.

Fue entonces que notó la ausencia de Lukas y comenzó a buscarlo con la mirada. No necesitó demasiado tiempo para ubicarlo. Con absoluta destreza indicaba a los operarios la técnica para levantar las columnas con menor esfuerzo y mayor rapidez. Los hombres lo escuchaban con atención y pronto comenzaban a imitarlo. Un gesto de satisfacción cruzó el rostro de la emperatriz.

- ¿Quién es él? – preguntó Julio con gesto de preocupación y recelo.
- Un nuevo aliado que conocimos en Bella Mar. – contestó ella sin un total convencimiento.

Esa noche se quedaron en compañía de su gente, recuperando energía y esperando que la luz vuelva al camino por recorrer. Ella no pudo dejar de notar que su acompañante salvo por las charlas técnicas que dio a los trabajadores, se había mantenido un tanto apartado de Julio, cuidando sus respuestas con mucha atención y dejando en claro una distancia que Erika no se terminaba de explicar.

La mañana llegó una vez más y luego de desayunar partieron nuevamente siguiendo el camino por varios días deshaciendo el trayecto que con tanto esfuerzo ella junto a su gente había recorrido. La emperatriz volvía a vivir junto a Lukas la emoción que ella misma había sentido poco tiempo atrás al descubrir estos mundos hasta el momento desconocidos. Al arribar, el hombre con las manos en la cintura se extasiaba admirando las extrañas construcciones de los nideros en lo alto de los árboles. Sin embargo, Lukas había tomado una actitud bastante más crítica, insistiendo en la inseguridad de semejantes diseños, el bajo desarrollo de la creatividad y se mostraba admirado por la simpleza en las relaciones cotidianas de los nideros.

Pasaron unos días en el centro del grupo aborígen esperando la llegada del líder pero con el pasar del tiempo y ante la falta de noticias decidieron seguir camino hasta el pueblo de Almeda. En ese periodo Erika no pudo dejar de notar el desprecio con el cual Lukas interactuaba con los nideros. Él estaba totalmente azorado de que seres humanos pudieran vivir en esas condiciones como si fueran animales salvajes. En cierto punto, por más que le pese, ella sentía igual pero la actitud que tenían uno y otro eran diametralmente opuestas. Ella aceptaba esa nueva cultura como un estilo de vida diferente, su visión se enfocaba en el crecimiento que podría tener un entorno primitivo con el avance de obras y comunicación con otros pueblos. Le inquietaba y motivaba el desarrollo social y económico que podría tener esa civilización en el intercambio cultural. Él por otro lado, no pudo comprender cómo ella había aceptado negociar con esta gente y si bien no lo dijo la emperatriz presintió ante la dureza que Lukas demostraba que él los hubiera invadido y exterminado si hubiera sido necesario. Esta sensación despertó ciertas alarmas en ella que no logró silenciar en todo el resto del viaje y sin embargo, así y todo, su instinto le decía que debía permanecer cerca de este hombre.

Siguieron el camino esta vez hacia el Pueblo de Almeda y para sorpresa de la emperatriz encontró al líder nidero en la casa del ex gobernador muy bien arreglado y planificando codo a codo actividades con Paco, el nuevo gobernador. Ambos los recibieron muy bien y los agasajaron con un gran banquete.

Resulta que más allá de la problemática del agua, llegaron a acuerdos sobre comercialización de alimentos, telas, lanas, cueros y actividades culturales. Desde el valle habían firmado pactos de intercambio como ser los elementos de construcción, la demanda de diferentes minerales y arcilla crecía día a día. Resultaba casi increíble para la emperatriz verlos juntos sentados como dos viejos amigos habiendo conocido el desarrollo de su historia. También confesaron tener algunos planes ambiciosos más adelante con la construcción de un puerto en común. La expansión era más que evidente. Dentro de los límites del pueblo se había fundado un barrio totalmente nuevo para los nideros producto de esta integración y trabajos generados en consecuencia.

Pasaron sólo algunas horas en el pueblo de Almeda, ya que no deseaban perder tiempo y regresar cuanto antes al valle de las Nieves. La emperatriz no podía esperar el reencuentro con Tania y por suerte esta no se hizo esperar. A menos de una hora de haber llegado Erika a la gobernación, la voz se había corrido por todo el pueblo llegando a los oídos de Tania quien se presentó espontáneamente sin dudar. En cuanto se vieron corrieron al encuentro y se abrazaron con una alegría enorme.

- Se te ve muy bien. – Le dijo la emperatriz.
- A vos también. – contestó ella sin dudar alejándose un poco para observarla con detenimiento.
- Te presento a Lukas. – expresó rápidamente Erika agregando sin pausa – Es un nuevo aliado de la aldea Bella Mar.
Tania lo miró con interés y le extendió la mano con una sonrisa suspicaz.
- Encantada Lukas. – Sus ojos se cruzaron con los de la emperatriz exigiendo tácitamente mayores explicaciones.
- Lukas, voy a conversar un poco con Tania… – iba a recomendarle que se quede con los hombres de la guardia pero él se anticipó diciendo:
- Me parece muy bien. Yo voy a aprovechar para recorrer un poco el pueblo. – y sonrió al resaltar un poco para luego partir caminando en una postura que reflejaba su madurez, aplomo y seguridad.
Tania clavó sus ojos en la emperatriz y antes que diga nada, Erika le dijo:
- Ya me advirtió Daniel.
- Dónde está Daniel? Quién es este hombre? Dónde está el ejército enemigo?
Erika la sujetó por un momento y con cierto nerviosismo le dijo:
- Caminemos, te voy a contar todo.

Y así lo hizo. Un par de horas más tarde habían dado ya dos vueltas alrededor del pueblo. LLegaron a la plaza principal y allí, cerca de los juegos de los niños tomaron asiento mientras hacían silencio por un momento. La brisa del atardecer jugaba con el cabello de las damas que entrecerraban los ojos en un cansancio que trascendía la barrera física.

- Erika… realmente que delicado es hablar de estos temas. – hizo una pausa por un momento para mirarla a los ojos y tomar impulso para continuar diciéndole – Lukas no es Tomás. Es más. No sabemos realmente quién es Lukas.
La emperatriz intentó interrumpir en un gesto de desaprobación pero Tania la tomó por los hombros y le pidió que la escuchara, que le permitiera expresarle lo que pensaba y luego tendría la libertad de hacer lo que ella considerara más conveniente.
- Yo creo en lo que me planteás. Creo en que todo sucede por una razón y estoy segura que Tomás nos envió a buscar a este hombre. Creo en la conexión que sentís entre ambos. Sin embargo, Tomás tenía su fortaleza en la frescura, en su inocencia, en el amor que sentía por vos. – Se detuvo un momento y le dijo – El día que vinieron a buscarme a la granja acepté porque pude ver en sus ojos un amor real, puro y sincero por vos. Y te digo que de alguna manera él sabía que esto iba a ocurrir porque me pidió que te cuidara. Por eso acepté participar en este viaje con ustedes. Este Lukas, no nos da información, oculta algo. Si no es de Bella Mar, entonces de donde es. Cuál es su origen? A quién representa?
- Ya te he dicho que lo encontraron en las playas. Vos también callaste cuando conociste a Juan, y eso no significaba nada malo en realidad. No quiero presionarlo, ya llegará el momento en que me pueda hablar.
Tania la observó por un momento y le contestó:
- Tengo miedo que ese momento sea demasiado tarde para vos y para todos nosotros. Es una pena que Juan haya ido a negociar al valle. De verdad me hubiera gustado mucho que pudiera conocerlo. Tendríamos así una opinión más.
La emperatriz se veía un tanto desanimada y Tania la rodeó con un brazo sobre los hombros para luego decirle:
- No te veo enamorada, amiga mía.
- ¿Por qué me decís eso? Estoy tratando de superar la historia con Tomás. Es cuestión de tiempo.
La emperatriz la miró de reojo por un brevísimo momento y le repitió:
- No te veo enamorada. El amor verdadero no deja lugar a dudas. – Calló por un par de segundos y agregó – Espero que tu instinto no te falle.

Los hombres de la guardia la estaban aguardando cuando ambas llegaron a la casa de la gobernación. Las mujeres se separaron luego de un largo abrazo. Lukas las miraba a pocos pasos de distancia y no se inhibió ante la mirada analítica de Tania, muy por el contrario su sangre arrastraba con ella una energía belicosa que costó mantener a raya.