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	<title>El camino de la Emperatriz &#187; Lukas</title>
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		<title>El camino de la Emperatriz &#187; Lukas</title>
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		<title>Capítulo XVIII &#8211; Volviendo a casa</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 21:26:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[El valle]]></category>
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		<description><![CDATA[El ruido de las pisadas sobre las ramas y la vegetación lo reconfortaba. Desde pequeño el cálido sonido de la naturaleza bajo sus pies le había dado esa sensación de poder y fuerza que lo animaba a seguir su rumbo sin importar las circunstancias. Las aves huían de su paso decidido reconociendo tácitamente su supremacía [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=118&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>El ruido de las pisadas sobre las ramas y la vegetación lo reconfortaba. Desde pequeño el cálido sonido de la naturaleza bajo sus pies le había dado esa sensación de poder y fuerza que lo animaba a seguir su rumbo sin importar las circunstancias. Las aves huían de su paso decidido reconociendo tácitamente su supremacía mientras que otros animales lo espiaban ocultos en la falsa seguridad que les brindaba el bosque. Él era consciente de cada uno de ellos pero simplemente decidía ignorarlos. Estaba acostumbrado a esa mezcla de admiración, miedo y respeto por parte de su entorno, sin significar que le resultara agradable. Más aún, siendo joven luchó mucho contra esa barrera que los demás construían ante su presencia y en un momento de gran impotencia, una mujer ya avanzada en años se acercó con cuidado a consolarlo. Él le preguntó al borde del llanto:<br />
- ¿Por qué me hacen esto?<br />
Ella con cautela y buscando las palabras adecuadas le contestó:<br />
- Mi querido, sos un cachorro de león. Si bien en este momento no representás un grave peligro, tu potencial es una amenaza constante.<br />
- Yo no voy a hacerles nada. &#8211; contestó con cierta angustia y totalmente desconcertado.<br />
- Hoy no. &#8211; Suspiró la mujer por un momento y agregó &#8211; Simplemente te guardan temor &#8230; y para otros sos una oportunidad única de vencer a un león, aunque seas sólo un cachorro.<br />
La mujer le sonrió y realmente no podía estar seguro si fue el gesto o las palabras que le dijo, pero obtuvo la paz interior necesaria para poder finalmente aceptar su destino. Los años confirmaron la explicación de esta sabia anciana. Su amigo de la infancia fue al único a quien permitió quedar fiel a su lado por siempre y obviamente también contaba con Katrina, una magnífica guerrera que él mismo seleccionó varios años atrás durante los entrenamientos militares. Esa destreza innata y la sed de sangre podía ser percibida desde el primer momento de conocerla. Nadie como ella se desempeñaba en el campo de batalla y los frutos de su decisión no tardaron en llegar: metro a metro se fueron conquistando los diferentes territorios. Se avanzaba a una velocidad increíble tomando lo mejor de cada lugar, eliminando lo inservible, reconstruyendo bajo su mirada, era una fórmula que nunca fallaba. Las fuerzas del océano parecían ser las únicas capaces de torcer su destino y sin embargo, allí estaba. Había sobrevivido el naufragio milagrosamente ante la aparición de ese angel maravilloso, que lo había rescatado de las profundidades del mar y reanimado sobre la tibia arena de esas playas soñadas.<br />
La observaba caminar frente suyo con agilidad, decisión y sensualidad, sin poder creer lo afortunado que era.</p>
<p>Luego de varios días siguiendo diferentes caminos, finalmente lograron visualizar el refugio y Lukas la tomó de la mano para ayudarla en este último tramo. En el último campamento Erika había ordenado a la guardia que reforzaran la posición, ya que Ruby estaría esperándolos en el Refugio y no tenía sentido trasladar dos personas más. Aunque estaban cansados, ambos continuaron el ascenso a paso firme en su mutua compañía; el haber alcanzado este lugar les brindó un impulso de energía realmente necesario para completar la travesía. A cierta distancia sólo se podía escuchar el sonido del viento sin señales de vida en los alrededores.</p>
<p>- ¡Ruby! &#8211; gritó varias veces la emperatriz una vez cerca del lugar, pero no recibió respuesta alguna.</p>
<p>Luckas se había adelantado unos pasos y ella lo siguió de cerca ingresando a la caverna arrastrando con ella la nieve en sus botas. En el interior del refugio había algunas reservas, maderas para preparar fuego y abrigo. Si bien la situación era precaria fue mucho mejor de lo que en realidad la emperatriz esperaba. Sí debía confesar, sin embargo que le extrañaba la ausencia del guardia. Ruby, ese muchacho pelirrojo, no debería demorar mucho tiempo en regresar.</p>
<p>Su compañero tomó una de las pieles y la dejó sobre los hombros de la emperatriz, abrazándola con afecto mientras la protegía del frío. Ella le explicó que el guardia tenía que estar por llegar y él entre sonrisas cómplices besó sus labios y su rostro frío para luego dedicarse a preparar un fuego cerca del ingreso para recuperar fuerzas y protegerse de la noche que no tardaría en llegar. Ella mientras tanto revisó las reservas y encontró un poco de queso de cabra y carne algo congelada.</p>
<p>- ¿Qué mirás? &#8211; Preguntó ella un tanto sonrojada al descubrirse siendo observada.<br />
- ¿Qué? ¿No puedo? &#8211; contestó él bajando un poco la cabeza y mirándola de reojo.<br />
Ella lo entretuvo un tiempo haciendo preguntas tontas que él tardaba en contestar mientras se cocinaban los alimentos. Las palabras de Luckas parecían surgir con algo de esfuerzo y mucha meditación. Comenzaron a cenar con entusiasmo y es que el camino recorrido siempre debía ser recompensado por una buena comida. El fuego aliviaba la rudeza del clima de alta montaña. Ella tomó un trozo de carne del calor de las brazas, se acercó a él y se lo ofreció luego de condimentarla con queso. Luckas le sonrió mientras que saboreaba el bocado y la miraba sin disimulo alguno.<br />
Fue entonces que Erika bajó su mirada y él la tomó del rostro para besarla con fuerza, dejando que el instinto de ambos se apoderara de la situación. El fuego y la cena habían quedado atrás y lo que había empezado con un beso apasionado dejó paso a un sexo desesperado, como si sus propias vidas dependieran de ese instante único. Ella dejó escapar un quejido cuando se sintió desplazar en el aire, para luego casi perdiendo la conciencia entregarse entre los brazos de ese hombre. Por un breve momento olvidó el valle, los nideros, el pueblo de Almeda y casi todo lo demás, pero el mar logró filtrarse y el pensamiento de Tomás la asaltó por sorpresa. Él logró percibir ese cambio de humor y la abrazó, jugó con delicadeza con su cabello, recorrió una y otra vez su cuerpo con sus labios hasta que la tormenta pasó y finalmente quedaron ambos tendidos sobre el suelo del refugio.</p>
<p>Se miraban a los ojos recostados uno frente a otro permaneciendo abrazados. Ella acariciaba su rostro y lo besaba por momentos, algo divertida por la expresión de su pareja irradiando felicidad. Él la abrazo y la subió a su pecho acomodándola con ternura mientras jugaba con el cabello de la emperatriz.</p>
<p>Luego de unos minutos, ella levantó su rostro con unas ganas terribles de explicarle todo: por qué estaban allí, su equipo de gente, la leyenda, su lugar en el valle, pero sin embargo no encontraba las palabras ni sabía como comenzar.<br />
- ¿Querés decirme algo? ¿Llegó el momento de las confesiones? &#8211; Le dijo él sonriendo y rozando la nariz de la emperatriz con simpatía. Levantó las cejas y con expresión cómica agregó &#8211; ¡Qué peligro!<br />
Ella sonrió pensativa y finalmente, optó por decirle directamente:<br />
- Soy una emperatriz. &#8211; su mirada era expectante. Pero él sólo aguardaba con tranquilidad como esperando que le cuente más. Y justamente, eso fue lo que ella hizo. Comenzó explicando su experiencia con el león pensando que sería una buena forma pero a medida que avanzaba con el relato, el rostro de Luckas se volvía más frío, serio y hasta distante. Ella le contaba sobre el valle, la vida en el lugar y llegó a explicarle hasta el momento del ataque del león porque la expresión de Lukas no le generaba confianza alguna, más bien todo lo contrario. Se incorporó con un gesto de preocupación pero Lukas la tomó por uno de sus brazos y le dijo con cierto nerviosismo en la voz:<br />
- Te escucho y realmente, siento como si te conociera de toda la vida. &#8211; Se tomó un momento para meditar como transmitirle sus ideas y prosiguió diciendo &#8211; Sabes que cuando era pequeño, me comparaban con un león. &#8211; Sonrió un tanto tenso y  agregó al percibir nerviosismo en el ambiente &#8211; Pero prometo no atacarte, Emperatriz. </p>
<p>Ella no pudo sostener su mirada, se incorporó y se acercó a la entrada del refugio, mientras se cubría con una de las pieles. Él aguardó un momento y luego la siguió. La noche estaba muy fría y algo ventosa, dando toda la sensación de que iba a volver a nevar en cualquier momento. Él la abrazó por un momento sin estar seguro de cómo lograr volver a conectarse con ella, porque de alguna forma podía sentir que algo se había modificado entre ellos sin tener idea de qué habría originado esa reacción. Miró hacia el cielo y le dijo acercando su rostro al de ella:<br />
- Aunque no las podamos ver, de día o detrás de esas nubes, siempre están las estrellas.<br />
Ella giró y lo miró con un gesto distante contestándole:<br />
- Vamos a descansar, mañana será un día importante.<br />
Él la vio caminar hacia el interior del refugio y sin poder comprenderla la siguió.</p>
<p>La emperatriz tenía un sólo pensamiento: &#8220;Tomás me volviste a guiar hacia un león.&#8221; Las dudas la asaltaban y no hubo forma de conciliar el sueño en toda la noche sin dejar de preocuparse por la seguridad de su reino, de su historia, de las palabras de Daniel antes de partir. Giró y miró al hombre que dormía a su lado. ¿Quién era realmente ese hombre? Él dormía plácidamente. Lo veía tan varonil, tan caballero para con ella, y sin embargo sus reacciones la hacían dudar. No podía olvidar que todo su reino dependía de ella. Se sentía partida en dos. Su instinto la impulsaba a abrazarlo y dormir entre sus brazos pero la razón le recordaba que ese hombre había tenido actitudes sospechosas, que posiblemente perteneciera al pueblo enemigo de su civilización y que veía una clara relación entre Tomás, su propia historia y él. La preocupación se había hecho presente y una vez más no podía olvidar que su destino y el de su gente estaba en juego. Lo miró por última vez, antes de abrigarse y salir del refugio ante el primer rayo de sol. </p>
<p>Cuando partió la luz era muy tenue pero esto no la desanimó, camino descendiendo la fría montaña por más de una hora cuando en una curva y en la hora azul, un hombre alto y corpulento salió a su paso de la nada y la detuvo sujetándola por los brazos.</p>
<p>El encuentro fue totalmente inesperado y su cuerpo se estremeció al entrar en contacto con esta figura. Él la desplazó un par de metros cuando de pronto sus ojos conectaron los de la emperatriz y su rostro se transformó inmediatamente reflejando una mezcla de alegría por verla y cierto temor por haberla detenido de forma tan ruda.</p>
<p>- Mi Emperatriz. – le dijo solemnemente realizando una reverencia. – Mil disculpas. No estaba al tanto de su regreso.<br />
Ella lo miró con sorpresa al momento que él dejó caer la capucha sobre sus hombros revelando una larga cabellera rojiza.<br />
- ¿Ruby? – preguntó ella.<br />
- A sus órdenes, mi emperatriz. – contestó él con brillo en sus ojos al descubrir que la emperatriz recordaba su nombre.<br />
- Pero… te has convertido en todo un hombre ya. – contestó ella con alegría.<br />
Él se incorporó y la emperatriz pudo ver como incluso se estiraba un par de centímetros más para impactarla con su figura.<br />
- La estuve esperando casi cinco años mi Emperatriz. La montaña y la experiencia que me ha dado tratar con tanto visitante tuvo mucho impacto en mí.<br />
- ¿Cinco años? – preguntó ella algo confundida.<br />
- Así es, Emperatriz. Cumplí con sus órdenes, en la esperanza que me permita ver el imperio.<br />
Ella lo observó por un momento quedando perpleja por el tiempo que había transcurrido durante su viaje y lo último que pudo recordar fue a Ruby abalanzándose sobre ella, prácticamente sin tiempo de reacción, cuando una masa blanca con gran fuerza bajo el sonido de un trueno los sumergió en el frío más extremo que alguna vez haya sentido en toda su vida.</p>
<p> </p>
<p>Los gritos desenfrenados parecían hacer eco golpeando las laderas de la montaña sudeste. Los guerreros ya con gestos de agotamiento manifiestos en el rostro continuaban atacando a diestra y siniestra sin lograr avances significativos en el campo de batalla. Entonces fue que él observó como sus tropas caían cada vez que atacaban un flanco enemigo. A este ritmo la batalla no podía durar demasiado tiempo más.<br />
En un momento algunas casas fueron alcanzadas por las flechas incendiarias provocando una gran columna de humo negro, e inmediatamente algunos de sus ocupantes incluidos mujeres y niños salían bajo gritos desesperados sin lugar donde encontrar refugio. Todo estaba perdido y Daniel se sentía atrapado en la desesperación. Al pasar su mano por el rostro observó como simultáneamente parte de la tropa enemiga se calcinaba al otro lado del campo entre aullidos de terror. Y de pronto, entre el humo y los gritos apareció ella montando a su caballo. Esta vez no llevaba el casco puesto y su cabellera hasta casi la cintura seguía los caprichos del viento. La mirada desafiante no se desvió cuando alzó una mano ordenando el ataque final.<br />
Daniel vio morir a sus hombres uno a uno y en menos de una hora se encontró rodeado por el ejército enemigo pero aún así se negaba a abandonar su espada. Con el cansancio y la locura intentaba inútilmente vencer al enemigo hasta que derrotado quedó de rodillas. En ese momento, su figura esbelta volvió a aparecer y la tropa se dedicó a saquear lo que quedaba del lugar. Katrina se acercó lentamente y con firmeza pateó la espada de Daniel alejándola de su alcance.<br />
- Seguime si queres vivir. &#8211; le dijo sin vueltas.<br />
A lo cual él contestó:<br />
- Antes muerto.<br />
Él la vio sonreir y llegó a escuchar como respuesta antes de desvanecerse: &#8211; Eso ya lo veremos.</p>
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		<title>Capítulo XVII &#8211; El principio del fin</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Sep 2008 23:09:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Erika]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los primeros rayos de sol comenzaban a pintar el horizonte cuando Erika abrió la puerta de la casa y se encontró con Daniel sentado frente a ella aguardándola pacientemente con un rostro serio y duro. La emperatriz bajó inmediatamente la mirada y luego lo saludó sin demasiada reverencia. Se dijo a sí misma que no tenía motivos para darle explicaciones, pero el interrogatorio no se hizo esperar. Daniel estaba realmente preocupado y un tanto agresivo, lo cual le indicaba claramente que había sido descubierta.</p>
<p>Él le hablaba mientras se preguntaba y respondía a sí mismo caminando de un lado al otro del cuarto, hasta que ella de pronto giró, lo miró a los ojos y pidiéndole silencio con firmeza logró sentarlo a la mesa para intentar conversar civilizadamente. Se hizo un breve silencio que pareció durar mucho más de lo que en realidad fue. Con los dedos entrelazados y las manos apoyadas sobre la mesa, Erika le dijo con palabras firmes:</p>
<p>- Daniel. Siempre cuidaste de mí y del imperio, sobre todo en estos últimos meses desde que comenzamos esta especie de cruzada. Y yo te lo agradezco. Sos mi mano derecha, mi hombre de confianza total y absoluta&#8230;<br />
- Entonces no entiendo cómo es posible que hagas esto a mis espaldas. Sabés perfectamente que nos estás exponiendo a todos de esta forma. &#8211; Interrumpió Daniel en un tono alto de voz para volver luego a guardar silencio y permitir que la emperatriz continúe con lo que tenía para decir.<br />
- Te conozco de toda la vida, y estaba segura que en el caso que lo hubieras sabido, no habría podido actuar con libertad. No me hubieras permitido&#8230;<br />
- ¿Permitido? &#8211; y Daniel se puso de pie totalmente llevado por sus nervios &#8211; Ahora soy yo el que no te permite. ¿Qué es lo que no te permito? ¿Qué es lo que hiciste? Te repito, ¿qué es lo que yo supuestamente no te permito?<br />
- Daniel. Por favor, toma asiento. &#8211; Él dió un par de vueltas indeciso pero volvió a su lugar y se quedó cabizbajo mirando la madera de la mesa luego de un suspiro que enterneció a la emperatriz. Ella continuó diciendo &#8211; Aclaremos esto de una vez por todas.<br />
- Eso es lo que quiero. &#8211; contestó él mirandola a los ojos.<br />
- Lukas es el sobreviviente de un naufragio en el mar. Del mar a donde Tomás nos indicó ir, el mar que el mismo Tomás sobrevivió en el refugio de la montaña. Lukas fue la persona que tuvo el accidente en la construcción de donde se salvó milagrosamente. ¿No recordás acaso a Tomás llegando mal herido al campo pensando que me había ocurrido algo? &#8211; hizo una pausa y luego continuó &#8211; ¿No ves la conexión?<br />
Daniel la miró con seriedad por un momento, tragó saliva y le dijo:<br />
- Son coincidencias.<br />
- ¿Coincidencias? ¿Cómo podés decirme que son coincidencias? Fuiste testigo del poder de curación que tenía Tomás. Sabes perfectamente que él no podía dominar ese don, simplemente sucedía. Vos mismo me decías que a veces lo encontrabas herido pero que nadie podía comprender que pasaba con él. &#8211; La emperatriz se acercó a Daniel y apoyando la mano en su hombro prosiguió diciendo &#8211; Es la verdad. Hay una conexión entre Tomás y Lukas, así como existía entre Tomás y yo.<br />
- ¿Y entre vos y Lukas? ¿Qué tipo de conexión existe? &#8211; preguntó él mirándola directamente a los ojos.<br />
- Eso ya lo sabes. &#8211; ella se alejó por un momento, giró y luego agregó &#8211; Sin embargo, honestamente Daniel, hay algo en él que me detiene. Un tipo de advertencia, hay algo en él y no se que es.<br />
- Sabías que era peligroso y a pesar de eso, no querías que yo te detuviera. Era eso. Era eso, ¿verdad?</p>
<p>Ella suspiró y asintió desviando la mirada. Él la observaba prácticamente sin pestañear, se levantó de la mesa, la miró brevemente y le dijo que debía ir a la playa para encontrase con los hombres tal como habían acordado la noche anterior. Llevaría al enemigo hacia la ruta del oeste y ella debería regresar al valle por el camino ya conocido. El gobernador de Bella Mar no había cedido y habían llegado a un punto en el que no iban a esperar el ataque sin ningún tipo de acción. La única alternativa era desviar al enemigo hacia otro punto estratégico donde su ejército tuviera algún tipo de oportunidad. Realmente a Daniel no le interesaba la falta de apoyo del gobernador porque estaba convencido de que el éxodo de la gente de esta aldea no resultaría. Caminó hacia la puerta, estuvo a punto de abrirla bajo la mirada de la emperatriz cuando giró, y le dijo con voz grave:</p>
<p>- Se que no querés escucharme. Lo único que te voy a decir es que no olvides lo que aprendiste con el león. Yo no voy a estar esta vez. &#8211; y luego de una breve pausa &#8211; A mí también me trae una mala sensación ese hombre, aunque probablemente Tomás nos hizo venir hasta aquí sólo para buscarlo. Por favor cuidate.<br />
- Lo haré. &#8211; contestó ella y luego se acercó para abrazarlo pero él no se lo permitió y sin demora se retiró sin decir más nada, rumbo a la playa donde lo esperaban sus hombres.</p>
<p>En el momento que la puerta se cerró, ella se dio cuenta que había sido muy dura con Daniel. Entendió realmente que esa persona había estado siempre a disposición de ella, que siempre la había cuidado y que hoy estaba perturbado por su falta de consideración. Se sintió mal y sin embargo no quería darle esperanzas creyendo que nunca podría amarlo de la manera que él se merecía. En ese instante desconocía que esa sería la última vez que se verían, al menos por un largo, largo tiempo.</p>
<p>Tardó unos minutos en recomponerse y luego abrió la puerta. Dos soldados habían quedado de guardia y la observaron con curiosidad. Se detuvo por un momento algo confusa pero entonces decidió ir a buscarlo, con una sola diferencia. Miró a los soldados y les dijo: &#8211; Por favor, acompáñenme. &#8211; Y allí fueron los tres camino a la playa, en dirección al muelle.</p>
<p>Él estaba esperándola. Sabía que ella iría a buscarlo. Sabía que iba a intentar convencerlo. Sabía mucho más de lo que cualquiera presumía. La vio llegar y los guardias que la acompañaban no fueron ninguna sorpresa para él. Sonrió al confirmar lo que ya presentía: Erika era mucho más de lo que a simple vista parecía. Ese ángel le había salvado la vida. Jamás olvidaba un rostro y desde ese día nunca había podido pensar en otra cosa. Al pasar el tiempo y no encontrarla llegó a creer que todo había sido un sueño, y sin embargo una voz interior lo obligaba a esperarla allí donde la había visto por primera vez, en las costas de Bella Mar. Algo en él le decía que ella volvería. Cómo podría olvidar a ese ángel animándolo a luchar por su vida en aquel momento fatídico, diciendole con un amor y ternura indescriptible una y otra vez: &#8220;Vamos, quédate conmigo, estás aquí, tranquilo. Vamos, fuerza.&#8221;. Cuando volvió a despertar los aldeanos lo habían rescatado de las playas y él la había buscado por todos los rincones de Bella Mar. El día que volvió a verla fue realmente un milagro; la había estado esperando tanto tiempo que no quería hacer o decir algo equivocado que pudiera asustarla. Y allí estaba ella ahora, caminando hacia él, dispuesta a convencerlo de acompañarla, como si acaso hiciera falta.</p>
<p>Ella se acercó y lo abrazó en silencio rodeando sus hombros, acariciando su cabello, besando sus labios. Sonrió brevemente con una mirada algo nostálgica y él se acercó para besarla nuevamente. Ella suspiró y sus ojos no requerían palabras para saber la tormenta de emociones que albergaban.</p>
<p>- No tenés que irte. &#8211; Le dijo él.<br />
- Debo irme Lukas &#8211; contestó mientras percibía sus gestos, su perfume, su piel acercándose nuevamente a su rostro. Lo besó una vez más. Hizo una breve pausa y le dijo &#8211; Sabés bien que no somos de aquí. Debo regresar, pero quiero pedirte que vengas conmigo.</p>
<p>Él sacudió la cabeza por un momento y apartándose un momento le dijo:<br />
- Aquí estaremos seguros, nada va a ocurrirte. Si nos vamos, probablemente todo esto &#8211; hizo un gesto con el brazo señalando los alrededores &#8211; desaparezca. Ustedes no lo entienden y no tienen por qué hacerlo, pero se están equivocando.<br />
- ¿Por qué me decís esto? Lukas &#8211; y le tomó el rostro con ambas manos &#8211; debes creerme. No estamos seguros aquí. El gobernador no quiere entrar en razones, debemos irnos. De verdad, vení conmigo.<br />
- No voy a lograr hacerte cambiar de opinión, verdad? &#8211; Preguntó Lukas ya resignado pero con una luz especial en los ojos.<br />
- No. &#8211; contestó ella tanto con palabras como con una mirada que decía mucho más.<br />
- ¿Y los demás?<br />
- Ya han partido, van a alejar de las aldeas vecinas al ejército enemigo.<br />
Lukas no terminó de escuchar esta frase que su cuerpo se contorsionó y se alejó un par de pasos. Su rostro hacia el mar adoptó una expresión de preocupación alarmante.<br />
- Quedate tranquilo Lukas. Daniel es un guerrero, él sabe bien lo que hace.<br />
Lukas giró y la tomó de la mano, solo para contestarle:<br />
- No lo creo. &#8211; Guardó silencio por un instante sin decirle que probablemente en pocos días Daniel fuera solo un recuerdo y sin soltarle la mano le confesó &#8211; No puedo dejarte ir sola.<br />
Ella sonrió con una alegría totalmente sincera y lo abrazó tan fuerte como pudo, y si bien él continuaba negando con su cabeza, una sonrisa también escapó de sus labios al sentir el cabello de la emperatriz sobre su pecho.</p>
<p>Más tarde ese mismo día la emperatriz se despidió de Judith, quien había decidido quedarse en la aldea esperando el regreso de Ben, confiando en el éxito de la operación. Le confesó a la emperatriz que había hecho un intento por convencer a alguna gente del pueblo para irse del lugar, pero a las pocas horas se dio cuenta que era un esfuerzo completamente inútil. Los habitantes de Bella Mar simplemente eran felices allí, creían ciegamente en su gobernador y ante la idea de abandonar el lugar reaccionaban entre risas creyendo que Judith les estaba contando una especie de broma de mal gusto.</p>
<p>La presencia de la emperatriz era más que suficiente, ella no necesitó mucho más para comprender que al día siguiente Erika dejaría el lugar junto a Lukas y sus guardias; sin embargo no podría acompañarla, debía esperar por Ben.</p>
<p>Mientras que Erika escuchaba a Judith hablar de su Ben, ella sinceramente no podía sacarse a Daniel de la cabeza. Sabía que él cargaba sobre sus hombros una enorme responsabilidad y le resultaba increíble o incluso injusto haber hecho un esfuerzo semejante entre todos, haber alcanzado el mar con tanto esfuerzo y que ahora todo el resultado dependiera de una gran batalla sin que ella pudiera acompañarlo. Por otro lado, tomaba conciencia de que estaban siguiendo el propio plan de Daniel y sabía en su interior que necesitaba volver a su hogar, allí estaba su lugar sea para el triunfo o para morir en su tierra junto con su pueblo.</p>
<p>Por momentos Lukas tomaba dominio de sus pensamientos; ese hombre ejercía una atracción especial en ella. Aún no podía descubrir cómo y sin embargo se sentía plenamente segura de que él tenía algún tipo de vínculo con Tomás. Ya llegaría el momento para descifrarlo.</p>
<p>En poco tiempo los cuatro abandonaron la aldea bordeando la playa hasta llegar en menos de una hora al primer destacamento. La sorpresa se filtró por las facciones de Lukas por primera vez y no pasó desapercibido. Los soldados saludaron con respeto a la emperatriz y pasaron el parte de novedades, las cuales no eran demasiadas. Erika no quiso demorarse mucho tiempo en el lugar, faltaban unos cuantos días de mucho caminar y el tiempo como en la mayoría de los casos no jugaba a favor. Los soldados que la habían acompañado hasta el destacamento se quedaron y fueron reemplazos por dos de sus compañeros del lugar para partir nuevamente cruzando los médanos y siguiendo el curso del río a través del bosque.</p>
<p>Caminaron tres días tomando breves descansos durante la jornada y acampando por las noches. El silencio reinante en contraposición con la intensa tormenta de pensamientos, que sin pausa elevaban las voces de la conciencia hasta niveles insoportables en cada uno de ellos, era estremecedor. Los guardias estaban tensos por la presencia de Lukas, presentían que este hombre traería problemas y con el tiempo probaron estar en lo cierto.</p>
<p>Al cuarto día, la emperatriz se detuvo y sosteniendo a Lukas por el brazo le señaló a la distancia la boca del dique sobre el Río Grande. La obra no estaba finalizada pero el grado de avance era francamente increíble. Él observó todo el paisaje con sumo interés y prestó especial atención en alrededor de las ciento cincuenta personas que se encontraban a lo lejos trabajando incansablemente. Ella lo miró con orgullo y él apoyando la mano en su espalda le dijo:<br />
- No conocía este lugar, ni siquiera sabía que se encontraba habitado. ¿Este es tu hogar? &#8211; sus ojos brillaron de una manera especial y los guardias se acercaron preparados ante cualquier reacción de ese perfecto extraño. Sin embargo ella sonrió, acarició su barbilla con afecto y muy dulcemente le contestó:<br />
- No, pero nos estamos acercando.<br />
Él sonrió y no dijo mucho más, su rostro serio no reflejaba la naturaleza de sus pensamientos. Ella lo sostuvo de la mano y lo animó a continuar la marcha a buen ritmo mientras los guardias los escoltaban a pocos metros de distancia.</p>
<p>Al aproximarse a la obra, la emperatriz se encontró con algunos rostros conocidos que inmediatamente fueron a presentarle sus respetos y por el sólo hecho de estar acompañándola, Lukas se hizo acreedor también de estos saludos adoptando una posición un tanto incómoda.</p>
<p>Mientras Erika conversaba con el responsable de la obra, Lukas se acercó directamente a los andamios, arcos improvisados de madera y piedra para mezclarse en pocos minutos entre los trabajadores. Julio, el líder del proyecto de construcción del canal, explicaba con entusiasmo los avances logrados con un plano algo tosco indicando que la obra se finalizaría en tan solo un par de meses más. La emperatriz se mostró satisfecha y conforme con el trabajo realizado. Si bien le interesaba que la construcción avanzara y que se cumpliera con la palabra dada, lo que en realidad la reconfortaba era el hecho de que encontró todo el destacamento organizado, activo y por sobre todas las cosas unido. Confirmó así que su decisión de haber designado responsabilidades a ambos líderes naturales fue totalmente acertada a pesar de las dudas de algunos de sus más cercanos colaboradores.</p>
<p>Fue entonces que notó la ausencia de Lukas y comenzó a buscarlo con la mirada. No necesitó demasiado tiempo para ubicarlo. Con absoluta destreza indicaba a los operarios la técnica para levantar las columnas con menor esfuerzo y mayor rapidez. Los hombres lo escuchaban con atención y pronto comenzaban a imitarlo. Un gesto de satisfacción cruzó el rostro de la emperatriz.</p>
<p>- ¿Quién es él? – preguntó Julio con gesto de preocupación y recelo.<br />
- Un nuevo aliado que conocimos en Bella Mar. – contestó ella sin un total convencimiento.</p>
<p>Esa noche se quedaron en compañía de su gente, recuperando energía y esperando que la luz vuelva al camino por recorrer. Ella no pudo dejar de notar que su acompañante salvo por las charlas técnicas que dio a los trabajadores, se había mantenido un tanto apartado de Julio, cuidando sus respuestas con mucha atención y dejando en claro una distancia que Erika no se terminaba de explicar.</p>
<p>La mañana llegó una vez más y luego de desayunar partieron nuevamente siguiendo el camino por varios días deshaciendo el trayecto que con tanto esfuerzo ella junto a su gente había recorrido. La emperatriz volvía a vivir junto a Lukas la emoción que ella misma había sentido poco tiempo atrás al descubrir estos mundos hasta el momento desconocidos. Al arribar, el hombre con las manos en la cintura se extasiaba admirando las extrañas construcciones de los nideros en lo alto de los árboles. Sin embargo, Lukas había tomado una actitud bastante más crítica, insistiendo en la inseguridad de semejantes diseños, el bajo desarrollo de la creatividad y se mostraba admirado por la simpleza en las relaciones cotidianas de los nideros.</p>
<p>Pasaron unos días en el centro del grupo aborígen esperando la llegada del líder pero con el pasar del tiempo y ante la falta de noticias decidieron seguir camino hasta el pueblo de Almeda. En ese periodo Erika no pudo dejar de notar el desprecio con el cual Lukas interactuaba con los nideros. Él estaba totalmente azorado de que seres humanos pudieran vivir en esas condiciones como si fueran animales salvajes. En cierto punto, por más que le pese, ella sentía igual pero la actitud que tenían uno y otro eran diametralmente opuestas. Ella aceptaba esa nueva cultura como un estilo de vida diferente, su visión se enfocaba en el crecimiento que podría tener un entorno primitivo con el avance de obras y comunicación con otros pueblos. Le inquietaba y motivaba el desarrollo social y económico que podría tener esa civilización en el intercambio cultural. Él por otro lado, no pudo comprender cómo ella había aceptado negociar con esta gente y si bien no lo dijo la emperatriz presintió ante la dureza que Lukas demostraba que él los hubiera invadido y exterminado si hubiera sido necesario. Esta sensación despertó ciertas alarmas en ella que no logró silenciar en todo el resto del viaje y sin embargo, así y todo, su instinto le decía que debía permanecer cerca de este hombre.</p>
<p>Siguieron el camino esta vez hacia el Pueblo de Almeda y para sorpresa de la emperatriz encontró al líder nidero en la casa del ex gobernador muy bien arreglado y planificando codo a codo actividades con Paco, el nuevo gobernador. Ambos los recibieron muy bien y los agasajaron con un gran banquete.</p>
<p>Resulta que más allá de la problemática del agua, llegaron a acuerdos sobre comercialización de alimentos, telas, lanas, cueros y actividades culturales. Desde el valle habían firmado pactos de intercambio como ser los elementos de construcción, la demanda de diferentes minerales y arcilla crecía día a día. Resultaba casi increíble para la emperatriz verlos juntos sentados como dos viejos amigos habiendo conocido el desarrollo de su historia. También confesaron tener algunos planes ambiciosos más adelante con la construcción de un puerto en común. La expansión era más que evidente. Dentro de los límites del pueblo se había fundado un barrio totalmente nuevo para los nideros producto de esta integración y trabajos generados en consecuencia.</p>
<p>Pasaron sólo algunas horas en el pueblo de Almeda, ya que no deseaban perder tiempo y regresar cuanto antes al valle de las Nieves. La emperatriz no podía esperar el reencuentro con Tania y por suerte esta no se hizo esperar. A menos de una hora de haber llegado Erika a la gobernación, la voz se había corrido por todo el pueblo llegando a los oídos de Tania quien se presentó espontáneamente sin dudar. En cuanto se vieron corrieron al encuentro y se abrazaron con una alegría enorme.</p>
<p>- Se te ve muy bien. &#8211; Le dijo la emperatriz.<br />
- A vos también. &#8211; contestó ella sin dudar alejándose un poco para observarla con detenimiento.<br />
- Te presento a Lukas. &#8211; expresó rápidamente Erika agregando sin pausa &#8211; Es un nuevo aliado de la aldea Bella Mar.<br />
Tania lo miró con interés y le extendió la mano con una sonrisa suspicaz.<br />
- Encantada Lukas. &#8211; Sus ojos se cruzaron con los de la emperatriz exigiendo tácitamente mayores explicaciones.<br />
- Lukas, voy a conversar un poco con Tania&#8230; &#8211; iba a recomendarle que se quede con los hombres de la guardia pero él se anticipó diciendo:<br />
- Me parece muy bien. Yo voy a aprovechar para recorrer un poco el pueblo. &#8211; y sonrió al resaltar un poco para luego partir caminando en una postura que reflejaba su madurez, aplomo y seguridad.<br />
Tania clavó sus ojos en la emperatriz y antes que diga nada, Erika le dijo:<br />
- Ya me advirtió Daniel.<br />
- Dónde está Daniel? Quién es este hombre? Dónde está el ejército enemigo?<br />
Erika la sujetó por un momento y con cierto nerviosismo le dijo:<br />
- Caminemos, te voy a contar todo.</p>
<p>Y así lo hizo. Un par de horas más tarde habían dado ya dos vueltas alrededor del pueblo. LLegaron a la plaza principal y allí, cerca de los juegos de los niños tomaron asiento mientras hacían silencio por un momento. La brisa del atardecer jugaba con el cabello de las damas que entrecerraban los ojos en un cansancio que trascendía la barrera física.</p>
<p>- Erika&#8230; realmente que delicado es hablar de estos temas. &#8211; hizo una pausa por un momento para mirarla a los ojos y tomar impulso para continuar diciéndole &#8211; Lukas no es Tomás. Es más. No sabemos realmente quién es Lukas.<br />
La emperatriz intentó interrumpir en un gesto de desaprobación pero Tania la tomó por los hombros y le pidió que la escuchara, que le permitiera expresarle lo que pensaba y luego tendría la libertad de hacer lo que ella considerara más conveniente.<br />
- Yo creo en lo que me planteás. Creo en que todo sucede por una razón y estoy segura que Tomás nos envió a buscar a este hombre. Creo en la conexión que sentís entre ambos. Sin embargo, Tomás tenía su fortaleza en la frescura, en su inocencia, en el amor que sentía por vos. &#8211; Se detuvo un momento y le dijo &#8211; El día que vinieron a buscarme a la granja acepté porque pude ver en sus ojos un amor real, puro y sincero por vos. Y te digo que de alguna manera él sabía que esto iba a ocurrir porque me pidió que te cuidara. Por eso acepté participar en este viaje con ustedes. Este Lukas, no nos da información, oculta algo. Si no es de Bella Mar, entonces de donde es. Cuál es su origen? A quién representa?<br />
- Ya te he dicho que lo encontraron en las playas. Vos también callaste cuando conociste a Juan, y eso no significaba nada malo en realidad. No quiero presionarlo, ya llegará el momento en que me pueda hablar.<br />
Tania la observó por un momento y le contestó:<br />
- Tengo miedo que ese momento sea demasiado tarde para vos y para todos nosotros. Es una pena que Juan haya ido a negociar al valle. De verdad me hubiera gustado mucho que pudiera conocerlo. Tendríamos así una opinión más.<br />
La emperatriz se veía un tanto desanimada y Tania la rodeó con un brazo sobre los hombros para luego decirle:<br />
- No te veo enamorada, amiga mía.<br />
- ¿Por qué me decís eso? Estoy tratando de superar la historia con Tomás. Es cuestión de tiempo.<br />
La emperatriz la miró de reojo por un brevísimo momento y le repitió:<br />
- No te veo enamorada. El amor verdadero no deja lugar a dudas. &#8211; Calló por un par de segundos y agregó &#8211; Espero que tu instinto no te falle.</p>
<p>Los hombres de la guardia la estaban aguardando cuando ambas llegaron a la casa de la gobernación. Las mujeres se separaron luego de un largo abrazo. Lukas las miraba a pocos pasos de distancia y no se inhibió ante la mirada analítica de Tania, muy por el contrario su sangre arrastraba con ella una energía belicosa que costó mantener a raya.</p>
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		<title>Capítulo XV &#8211; Vida de playa</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Aug 2008 18:31:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[Civilizaciones]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Después del entrenamiento que tenía la emperatriz recorriendo todo tipo de superficies, realmente una caminata por la playa significó un placer inigualable. Disfrutaba minuto a minuto la sensación del mar rozando los dedos de sus pies junto con las cosquillas que provocaba la arena mientras llevaba sus botas colgadas sobre los hombros y el cabello con sus dos finas trenzas volaba alocado según el capricho del viento. Los dos kilómetros ya se habían cumplido y sin embargo no podía divisar Bella Mar; sólo se veía una playa paradisíaca, bastante sinuosa con médanos de varios metros de altura levantándose frente a ella. Los hombres se adelantaron por un momento trepando por las barrancas de arena pero al girar sus rostros reflejaban cierta desilusión. Eran únicamente playas y más playas.<br />
La emperatriz insistió sin dejarse vencer por la desilusión y luego de atravesar el primer médano comenzó a trepar ella misma por el siguiente que parecía aún más alto. Los tres llegaron prácticamente juntos a la cima y la hermosa sonrisa de la emperatriz apareció otra vez, después de largas semanas de espera. Allí estaba ante sus ojos, en donde la costa formaba una pequeña península, un pueblo de pequeñas casitas blancas redondeadas. Sus ojos se llenaron de lágrimas, al recordar su propio ambiente trasladado al mar. ¿Sería posible tener que recorrer tantos kilómetros para simplemente llegar a su hogar? La idea le parecía totalmente absurda y sin embargo era así como se sentía en ese preciso instante. Uno de los soldados la tomó del brazo, asumiendo que se habían detenido por la empinada bajada del médano. Ella se sorprendió al sentir el roce de la mano pero permitió que el hombre la ayudara a descender mientras que el otro soldado se adelantaba algo más veloz.<br />
Con gran optimismo avanzaron cruzando el mar de arena hasta llegar a divisar a pocos metros las primeras casitas blancas de techos redondeados. Las calles bien trabajadas y espaciosas con una contextura bastante arcillosa se abrían en diferentes direcciones sin seguir un diseño estructurado. Ya en los primeros cien metros comenzó a cruzarse con los habitantes del lugar quienes espontáneamente la saludaban con amabilidad y amplias sonrisas, vestidos la gran mayoría con ropas blancas muy holgadas. Miró hacia a la pequeña calle que seguía curso a su derecha para ver unos niños riendo y aplaudiendo mientras otro realizaba malabares con cuatro o cinco pelotitas de brillantes colores. Ella misma quedó por un momento hipnotizada por la habilidad del pequeño. Los guardias la animaron a seguir caminando hasta que tres muchachos jóvenes al verlos fueron a saludarlos con muestras increíbles de alegría totalmente fascinados por sus atuendos. Ambos soldados los detuvieron de inmediato en cuanto osaron alzar sus manos para tocar la ropa de la emperatriz. Lejos de asustarse aplaudieron y rieron por el acto de la guardia, totalmente convencidos de que formaban parte del la campaña artística de una obra de teatro y hasta llegaron a consultarles en que lugar realizarían la obra ya que no querían perderse el show. La emperatriz bastante sorprendida no emitió palabra alguna y los tres jóvenes decidieron hacer una exagerada reverencia y permitirles el paso para luego estallar nuevamente en carcajadas. Los soldados intercambiaron miradas entre sí totalmente desconcertados ante esta gente mientras continuaban su camino calle abajo.</p>
<p>Luego de recorrer unas cuadras llegaron a un punto donde se concentraba una multitud en silencio que seguía con sumo interés las palabras de un orador. La emperatriz lo miró por un momento pero decidió no detenerse y recorrieron un par de cuadras más hasta llegar a un gran mercado donde la gente de este pueblo ofrecía artesanías a los visitantes. Se podía encontrar desde muñecos, piezas talladas en madera, sandalias, diferentes tipos de indumentaria y otros diversos productos. El lugar era amplio y además de las tiendas se encontraban algunos músicos callejeros dando un espectáculo que realmente en conjunto fascinaban a la emperatriz y sus dos acompañantes.</p>
<p>- ¡Hola! – exclamó una joven mujer de unos dieciséis o diecisiete años de cabello castaño claro algo enrulado cayendo más allá de sus hombros.<br />
- Hola. &#8211; contestó la emperatriz con ciertas dudas.<br />
- ¿Son parte del elenco de la obra del puerto? – preguntó la joven con mucho entusiasmo.<br />
- ¿La obra del puerto? – repitió Erika con una expresión inigualable.<br />
- Sí, tus compañeros ya llegaron hace unas horas. Va a ser fantástico, ¡me encantaría tener un autógrafo de tu compañero! ¿Vienen desde lejos con la gira? ¿Ya recorrieron toda la costa?<br />
La emperatriz frunció el entrecejo y totalmente desorientada decidió seguirle la corriente a la jovencita sin saber en donde terminaría la conversación.<br />
- Sí claro. Venimos desde muy lejos y justamente nos perdimos intentando llegar hasta el lugar de la obra.<br />
- Oh… Si quieren puedo acompañarlos, no es muy lejos de aquí. – se ofreció gentilmente.<br />
La idea de tener una guía local entre toda esa muchedumbre alegró a la emperatriz y sobre todo si la llevaban cerca del mar, que de acuerdo a las palabras de Tomás era donde ellos deberían dirigirse, por lo tanto aceptó la ayuda con gratitud.</p>
<p>El camino hasta el puerto no era demasiado largo, sólo unas diez cuadras aproximadamente pero se demoraron un poco más de lo que pensaban porque la emperatriz se detenía ante cada cuadro que veía, literalmente hablando porque varias calles estaban concurridas por artistas callejeros que pintaban diferentes paisajes en su mayoría de playa, océanos y pequeños barquitos. Eso sin contar la cantidad de artesanos con decenas de productos que llamaban su atención.</p>
<p>La jovencita iba caminando dando pequeños saltitos de alegría lo cual hacía que Erika recordara el caminar de Tomás. En ese preciso instante algunas de sus últimas palabras golpearon su mente “siempre estaré contigo y encontraré la forma de hacértelo saber”. En esos momentos sus dudas se disiparon por completo y siguió a la hermosa joven con total confianza.</p>
<p>A los pocos minutos llegaron al puerto y la sorpresa de la emperatriz fue aún mayor al ver a un Daniel muerto de risa junto a Judith cerca del muelle. Al momento se cruzaron miradas y él contuvo las carcajadas para luego con una amplia sonrisa trotar hasta alcanzar a la emperatriz.<br />
- Ya íbamos a buscarte, ¿qué haces aquí? – su rostro irradiaba felicidad mientras la emperatriz lo observaba perpleja – Bueno, al menos veo que no viniste sola. Judith y Ben nos han preparado un lugar para pasar la noche en Bella Mar. Hoy habrá un festival a la noche donde estamos invitados. – expresaba con mucha alegría.<br />
Ella lo miraba totalmente sorprendida, nunca había visto a Daniel tan contento. La jovencita dio un pequeño empujoncito a la emperatriz haciendo gestos evidentes para que le presentara a Daniel.<br />
- Daniel, te presento a … &#8211; fue entonces que se dio cuenta que no tenía idea del nombre de la joven.<br />
- Tiff… me llamo Tiffany pero todos me dicen Tiff. – explicó algo nerviosa y se puso en puntas de pie para darle un dulce beso en la mejilla al guerrero y agregar – Voy a verte esta noche.<br />
- Sí claro… &#8211; contestó él entre sorprendido y halagado.<br />
Tiff estaba fascinada y con un pequeño grito de alegría giró para correr calles arriba y desaparecer de la vista de ambos.<br />
- ¿Ya tenés una admiradora? – Preguntó Judith mostrando sus grandes dientes blancos en una franca sonrisa.<br />
- Así parece. – contestó la emperatriz sin dar mayor detalle al respecto.<br />
Daniel estaba encantando de la vida y luego de tomar aire por un momento comenzó a explicar a la emperatriz que en cuanto llegaron, los pobladores de Bella Mar fueron a recibirlos convencidos de que se trataba de una compañía teatral e inmediatamente pensó que sería una oportunidad fantástica para integrarse rápidamente sin sospechas en el pueblo. La emperatriz no se mostraba totalmente convencida pero debía reconocer que la solución era simple y Daniel tenía razón. Judith se sumó a la conversación explicando que durante la noche ellos serían parte del show simulando luchas en una historia que ella relataría a los presentes. Erika sonrió y sacudió por un momento la cabeza. Esto realmente no estaba en sus planes, pero pensó que un poco de diversión no vendría mal. Entonces fue cuando apareció Ben y les pidió que lo acompañaran a la construcción donde había preparado todos los detalles para que la emperatriz pase la noche junto a su gente.</p>
<p>Luego de caminar un par de cuadras calle arriba y tomar por un callejón durante unos minutos llegó finalmente a una pequeña casa blanca de techos redondeados y ventanas con marcos azules. La puerta de madera pintada en un tono más oscuro de azul se abrió para descubrir en el interior un ambiente encantador. Los muebles eran bastante bajos hechos de caña, los pisos se encontraban alfombrados con dibujos excéntricos en colores fuertes muy bien trabajados. En lugar de sillas se veían unos grandes almohadones azules y turquesas apilados en diferentes puntos del ambiente. Había una sola ventana en forma ovalada que dejaba pasar un poco de luz, dando un toque encantador al lugar.<br />
- ¿Les gusta? – Preguntó Ben ante la falta de comentarios de sus invitados.<br />
- Creo que sí. – Contestó la emperatriz con poca definición a la vez que caminó unos metros cruzando una arcada que comunicaba con una habitación muy grande también alfombrada en tonos violáceos. Del techo pendían un par de telas en tonos marfil escondiendo una cama repleta de almohadones en tonos lilas y azules. El lugar era muy diferente a lo que había conocido hasta el momento. Volvió a la sala de estar y agradeció a Ben por haberse ocupado de encontrarles una casa donde pasar la noche.<br />
- No es nada, por favor. Realmente un gusto poder servirlos. – contestó con una amplia sonrisa para luego dar un par de pasos dirigiéndose hacia la puerta.<br />
- No tan rápido Ben. – dijo Daniel mientras la emperatriz se acercaba.<br />
- ¿Olvidé algo? – preguntó Ben un tanto sorprendido al ver que la emperatriz cerraba la puerta tras él. La expresión de su rostro cambió drásticamente cuando vio a Daniel desenvainar su espada y clavarla en el piso alfombrado con asombrosa fortaleza.<br />
- Creo que olvidaste comentarnos para qué nos necesitan. – contestó Daniel mientras la emperatriz lo observaba atenta.<br />
- Somos gente de bien, no necesitamos ponernos en malos términos, por favor, serénense. – se atrevió a aconsejar a Daniel.<br />
- Mejor tome asiento Ben – dijo la emperatriz para luego mirar a su alrededor y agregar – donde pueda.<br />
Ben ordenó con rapidez tres almohadones y tomó asiento de inmediato con cierta inseguridad.<br />
- No estamos hablando en malos términos, ni siquiera estoy armado. – explicó Daniel con tranquilidad mientras miraba el brillo de su espada clavada en el medio de la sala. – Simplemente queremos saber que es lo que ustedes necesitan. ¿Por qué les interesa que nos quedemos aquí?<br />
Ben tragó saliva y lentamente fue explicando que hacía un par de semanas habían llegado noticias de un pueblo vecino avisando que una masacre había ocurrido en una villa costera aproximadamente cuatrocientos kilómetros al norte. Los sobrevivientes escaparon al pueblo más cercano, pero los rumores decían que los invasores no tenían piedad: tomaban lo que consideraban era de valor, a algunas personas las convertían en esclavos y asesinaban a todo aquel que se revelaba, quemando las viviendas.<br />
La emperatriz comenzó a caminar en círculos por la sala mientras escuchaba el relato.<br />
- ¿Cuál es el plan? ¿Dónde esta el ejercito en Bella Mar? – preguntó Daniel más que preocupado.<br />
- No tenemos ejército. El gobernador así como la mayoría de los pobladores de esta zona son pacifistas, no hemos formado un ejército. El gobernador considera que se podrá negociar con esta gente. – Bajó la mirada por un momento y continuó – No se como piensa lograrlo, no sabemos absolutamente nada de estos invasores, salvo leyendas sobre su crueldad más brutal. La gente no tiene donde ir, no quieren dejar sus casas y están totalmente persuadidos de que se puede alcanzar una paz duradera. Nadie aquí sabe luchar con armas.<br />
La emperatriz y Daniel intercambiaron nerviosas miradas, esta información superaba todo lo que ellos habían podido imaginar.<br />
Se hizo un silencio que fue roto espontáneamente por Ben:<br />
- ¡Ustedes son guerreros! No son muchos pero están armados y saben pelear. – Casi en un susurro agregó – Son nuestra última carta en este juego.<br />
- ¡La guerra no es un juego Ben! – dijo Erika levantando la voz. &#8211; ¿Qué estás diciendo? ¿Nos decís que están esperando un ataque enemigo y lo van a derrotar con una obra teatral? ¿Han perdido la razón acaso?</p>
<p>Daniel se había puesto de pie tomando la espada y enfundándola nuevamente. Tomó a Ben de las ropas y con seriedad lo levantó prácticamente en el aire estrellándolo contra una de las paredes, tal vez sin intención.<br />
- Ya mismo necesito la ubicación del pueblo atacado y que me lleves con tu gobernador. &#8211; le dijo con autoridad.<br />
- Las cosas no funcionan así aquí. Por favor, paciencia. Te diré todo lo que necesites, puedo hasta darte un plano con la ubicación de las aldeas cercanas. Pero no podés ir directamente con el gobernador ni dirigirte de esta forma al pueblo. ¡Necesitas llegar de otra manera! – gritó ya al final luchando contra la mano de Daniel que lo tenía prisionero contra el muro.<br />
Daniel lo soltó rezongando que esta situación era increíble. Se acercó a la emperatriz y le dijo:<br />
- Erika, inmediatamente debemos alertar a todos los puestos de control. Finalmente los hemos encontrado. Y aún no se cómo pero debemos evacuar a toda esta gente.<br />
- Hoy a la noche el gobernador estará presente durante los festejos, será un buen momento para plantearle la situación. – explicó Ben – Tené en cuenta que sólo el gobernador y muy pocas personas estamos al tanto de estos acontecimientos.</p>
<p>Minutos más tarde, Daniel, Ben y la emperatriz caminaban de regreso al puerto con las mentes totalmente absortas en como solucionar esta situación. Al llegar cerca del muelle Ben fue en busca de Judith a toda velocidad para ponerla al tanto de lo ocurrido, mientras que Daniel ordenó a todos los guardias que vayan en búsqueda de sus compañeros y alerten de la situación a todo el imperio. Debían estar en estado de guardia activa en cada punto del territorio y sus servicios podrían ser requeridos en cualquier momento.</p>
<p>Y fue justamente en ese preciso instante cuando ella lo vio por primera vez. Una pequeña balsa se acercó al muelle con un hombre parado sobre ella sosteniendo un remo en sus brazos. Tomó una soga para lanzarla al poste del muelle y enlazarla con suma habilidad, asegurándose que la marea no se lleve su pobre embarcación. Tenía el cabello oscuro y bastante enrulado, de hombros anchos y ojos verdes oscuros. Saltó de la balsa al muelle, levantó la vista y la miró mientras que sus blancos pantalones algo cortos empapados dejaban caer gotas saladas de mar sobre la madera del muelle. Sus miradas se conectaron por un breve momento y ella lejos de sostenerla salió corriendo inmediatamente en búsqueda de Daniel como si hubiera visto a un fantasma.</p>
<p>A las pocas horas Daniel explicó a la emperatriz que ya había impartido las órdenes a sus hombres y que estimaría en un par de días estarían listos en el destacamento de la playa pero no perdió la oportunidad para aclararle que consideraba muy importante que la población civil abandonara el lugar: si iban a enfrentar una batalla, no podía dejar a toda la gente en riesgo. Los dos estuvieron de acuerdo y fueron en búsqueda de Ben y Judith para planear la manera de acercarse al gobernador esa noche. Los dos se encontraban en un local frente al mar, tomando unas bebidas directamente de los frutos. Tanto Ben como Judith bajaron la mirada al verlos llegar, pero se compusieron al percibir que sus invitados no estaban furiosos. Pronto participaban activamente en argumentar estrategias para acercarse al gobernador sin levantar sospechas. Sería bastante sencillo realizarlo en medio de la función, aprovechando uno de los actos en los que simularían una lucha. De hecho, otra posibilidad era que la función le gustara mucho y el mismo gobernador quiera saludarlos. Ni la emperatriz ni Daniel estaban de acuerdo con esta posibilidad pero no podían negar que sería tal vez una alternativa.</p>
<p>Él entró en el mismo local ahora con un bolso de tela en vivos colores colgado en forma cruzada de su hombro derecho. Se acercó al empleado para ordenarle algo y luego tomó asiento a unos cinco metros de donde estaba la emperatriz. Ella miró la camisa blanca sin mangas ni cuello para sorprenderse nuevamente con una mirada directa de este hombre desconocido. La barba estaba crecida de unos pocos días y le daba un aspecto algo sombrío y misterioso. Ella desvió la mirada pero a los pocos minutos no pudo evitar volver a mirarlo para encontrar nuevamente esos ojos fijos en ella. El sonrió y ella reprimió el impulso de esconderse bajo la mesa. Se dijo a sí misma que debía comportarse, por lo que la seriedad se hizo presente en su expresión y se concentró en seguir la conversación que se estaba siguiendo en su propia mesa, sin poder evitar sentir la mirada sensual de ese hombre misterioso.</p>
<p>Judith y Ben finalmente los invitaron a cenar en su casa antes de los festejos de la noche por lo que al poco tiempo de decidir la estrategia a seguir, los cuatro abandonaron el local para caminar con una contradictoria tranquilidad hasta el hogar de la pareja. En el camino, Daniel preguntó:<br />
- ¿Quién era ese hombre?<br />
- ¿Qué hombre? – contestó ella.<br />
El rostro de él reflejó cierta preocupación y volvió a preguntar:<br />
- ¿Va a ser un problema?<br />
- No. – mintió ella unos segundos más tarde.</p>
<p>Luego de cenar liviano en la bonita casa de Ben y Judith se dirigieron al centro de Bella Mar. Se trataba de un espacio abierto con el suelo cubierto por adoquines bien calzados al cual se llegaba luego de recorrer laberintos de callejones. Cuando llegaron ya había una multitud agrupada algunos escuchando música, otros charlando y algunos otros riéndose ante la actividad circense de ciertos artistas callejeros.</p>
<p>Ben los guió hasta llegar a la parte de atrás de un escenario improvisado en una de las esquinas del lugar y habló con ellos por un momento mientras los presentes se iban acomodando lentamente frente al escenario. Presentó a otros integrantes del grupo de teatro y rápidamente todos acordaron las directivas. Judith salió al centro del escenario y comenzó a relatar una historia frente a todo el pueblo y especialmente al gobernador allí presente. Esta historia se trataba nada más y nada menos que de un ataque a una población cercana a Bella Mar. Ben escapaba tras ella hasta encontrar a la emperatriz quien empuñaba su espada brillante bajo la luz de las antorchas. Simulaban una travesía en la cual todo el pueblo los seguía hasta encontrarse con el enemigo, un poderoso Daniel que se enfrentaba en la ficción a la emperatriz. Ella no pudo disimular una sonrisa al momento de verlo, cuando en realidad debía gritar con ira que estaba expulsado del territorio. Realizaron unos trucos con sus espadas, muy aplaudidos de buena gana por la multitud, mientras que ellos sinceramente tuvieron que contener la risa porque no podían entender como un pueblo podía estar tan divertido con una actividad que ellos relacionaban sólo con la muerte, la sangre, la tristeza y la miseria. Evidentemente, esta gente no tenía idea de qué significaba estar en guerra.</p>
<p>Sin embargo la obra no pasó desapercibida para el gobernador, quien junto a sus más cercanos asesores seguían con expresión seria la escena que estaban dramatizando, contando de alguna forma la situación que realmente estaba ocurriendo en algunas localidades vecinas. Todo el público restante reía y festejaba la actuación.</p>
<p>Lo vio por solo un momento pero la emperatriz lo pudo distinguir entre todos porque a diferencia del resto de los presentes, su mirada fue fría y seria, casi lejana. Parecía que la encantadora mirada de hacía unas horas ya no existía y esta vez, fue él quien escapó sin soportar la mirada de Erika.</p>
<p>La obra era una ficción de todas maneras, y habían acordado terminaría con la firma de un tratado de paz, y así fue. La gente presente aplaudía y festejaba a todo pulmón. Les costó poder desplazarse en el lugar, por el tumulto que se había formado pero ese problema fue resuelto por los hombres del gobernador quien al acercarse, dijo a Ben:<br />
- ¿Te crees muy inteligente? ¿Por qué querés alterar a todo el pueblo?<br />
- No es alterar, debemos alertar. ¡No quiero que mi pueblo muera!<br />
- ¿Quién es esta gente? – preguntó.<br />
- Ellos pueden ayudarnos, Sr. Gobernador. Tiene que escucharnos.<br />
- Te veré mañana a primera hora en la gobernación, sos vos quien debe comprender. – Espetó el hombre algo bajo y excedido en peso.</p>
<p>La emperatriz y Daniel no articularon palabra alguna, porque ante este corto diálogo, ya sabían lo que ocurriría. Parte del pueblo se exiliaría con ellos en el imperio y una gran cantidad de gente sería asesinada. La cantidad de muertos, dependería en gran medida del resultado de la reunión que mantendrían al día siguiente con el gobernador.</p>
<p>A los pocos minutos los integrantes del imperio junto con la pareja anfitriona habían logrado escaparse de la multitud y ya se encaminaban hasta la casa que Judith y Ben habían ofrecido para pasar la noche. Al doblar en una esquina estaba él parado mirándolos fijamente como un gato a su presa, mientras se recostaba sobre una pared.</p>
<p>- ¡Buenas noches Lukas! – saludaron Ben y Judith al pasar, recibiendo un simple saludo con la mano como única respuesta.<br />
Esta vez las miradas de Erika y Lukas se mantuvieron desafiantes en el aire por unos cuantos segundos hasta que Daniel la tomó de un brazo obligándola a apurar el paso.</p>
<p>- ¿Quién es ese hombre? – Preguntó Daniel con preocupación en su tono de voz.<br />
- ¿Lukas? – sonrió Ben por un momento y la mirada de Judith se iluminó a la vez que lo hacía callar ya que ella misma quería contar la historia. Cuando decidieron entre ellos quien contaría la historia, ella dijo:</p>
<p>- Fue durante el otoño del año pasado. Justo se estaba celebrando el festival del quinto año de la gobernación cuando fuimos a preparar las playas. Toda la fiesta se había organizado sobre la costa, con fuegos artificiales &#8211; hizo una pausa y continuó &#8211; fue todo una belleza, realmente espléndido. Toda Bella Mar se disfrazó para celebrar la gobernación, nuestra organización como ciudad. &#8211; Se percató que no era esto lo que sus invitados deseaban escuchar y se volvió a encauzar &#8211; La cuestión es que a la mañana temprano fuimos junto con otros colegas a comenzar con los arreglos cuando vimos a la distancia un movimiento en la arena. – Respiró por un breve momento y continuó el relato &#8211; La verdad que yo al principio no podía distinguir nada y teníamos tanto peso con los instrumentos que no estaba realmente interesada en ver que era ese movimiento en la arena a la distancia. Por supuesto, no tenía idea de qué se trataba. Pero, ¿te acordás de Luis? – le preguntó sin esperar respuesta de Ben y prosiguió – Insistió tanto pero tanto, que finalmente caminamos bastante por la playa y nos encontramos ni más ni menos que con Lukas sin fuerzas desplomado sobre el costado de una roca. Estaba conciente pero no decía una sola palabra y nos miraba con indiferencia casi sin reaccionar. Estuvo realmente mucho tiempo así, como perdido. Recién después de varias semanas nos dijo que se llamaba Lukas.<br />
- ¿Pero de donde vino? – preguntó Daniel.<br />
- Fue un regalo del mar. – comentó Judith con una mirada soñadora que fue censurada por Ben inmediatamente.<br />
- ¿Y todavía no habla? – preguntó por primera vez la emperatriz.<br />
- Más o menos. Debe haber pasado por una crisis o algo así, pero se ha comportado muy bien con todos nosotros. &#8211; Y entonces fue que hizo incapié en las bondades de Lukas &#8211; Ayuda a los pescadores, también en la construcción de las viviendas. Es muy callado. – añadió Judith pensativa para luego continuar diciendo casi al llegar a la vivienda donde dejarían a la emperatriz y Daniel &#8211; ¿Te acordás del día de la demolición? Pobre hombre, casi no podía respirar, no se como no murió al instante.<br />
- ¿Qué ocurrió? – preguntó curiosa la emperatriz.<br />
- Estaban trabajando cerca de la gobernación demoliendo parte de un edificio cuando la maquinaria se desbalanceó y la masa lo golpeó en el medio del vientre. Yo creo que si lo hubiera estrellado contra una pared, no cuenta la historia. Supongo que sobrevivió porque lo desplazó por los aires nada más. Tenía hasta las manos ensangrentadas y no dejaba de escupir sangre. Realmente esperábamos lo peor. &#8211; aclaró con soltura Ben. &#8211; De todas maneras es un milagro que haya sobrevivido. Hubo que atenderlo varios días hasta que se recompuso. – se interrumpió por un momento y finalmente Ben dijo &#8211; ¡Llegamos!</p>
<p>En ese punto se despidieron y la emperatriz ingresó junto a Daniel en la casa. Al cerrar la puerta tras ellos, la emperatriz explotó en llanto sin que Daniel tuviera la capacidad suficiente para contenerla ni entender la situación. Pasadas unas horas, ambos se quedaron dormidos sobre decenas de almohadones azules, turquesas y lilas.</p>
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