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	<title>El camino de la Emperatriz &#187; Tania</title>
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		<title>Capítulo XVII &#8211; El principio del fin</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Sep 2008 23:09:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los primeros rayos de sol comenzaban a pintar el horizonte cuando Erika abrió la puerta de la casa y se encontró con Daniel sentado frente a ella aguardándola pacientemente con un rostro serio y duro. La emperatriz bajó inmediatamente la mirada y luego lo saludó sin demasiada reverencia. Se dijo a sí misma que no tenía motivos para darle explicaciones, pero el interrogatorio no se hizo esperar. Daniel estaba realmente preocupado y un tanto agresivo, lo cual le indicaba claramente que había sido descubierta.</p>
<p>Él le hablaba mientras se preguntaba y respondía a sí mismo caminando de un lado al otro del cuarto, hasta que ella de pronto giró, lo miró a los ojos y pidiéndole silencio con firmeza logró sentarlo a la mesa para intentar conversar civilizadamente. Se hizo un breve silencio que pareció durar mucho más de lo que en realidad fue. Con los dedos entrelazados y las manos apoyadas sobre la mesa, Erika le dijo con palabras firmes:</p>
<p>- Daniel. Siempre cuidaste de mí y del imperio, sobre todo en estos últimos meses desde que comenzamos esta especie de cruzada. Y yo te lo agradezco. Sos mi mano derecha, mi hombre de confianza total y absoluta&#8230;<br />
- Entonces no entiendo cómo es posible que hagas esto a mis espaldas. Sabés perfectamente que nos estás exponiendo a todos de esta forma. &#8211; Interrumpió Daniel en un tono alto de voz para volver luego a guardar silencio y permitir que la emperatriz continúe con lo que tenía para decir.<br />
- Te conozco de toda la vida, y estaba segura que en el caso que lo hubieras sabido, no habría podido actuar con libertad. No me hubieras permitido&#8230;<br />
- ¿Permitido? &#8211; y Daniel se puso de pie totalmente llevado por sus nervios &#8211; Ahora soy yo el que no te permite. ¿Qué es lo que no te permito? ¿Qué es lo que hiciste? Te repito, ¿qué es lo que yo supuestamente no te permito?<br />
- Daniel. Por favor, toma asiento. &#8211; Él dió un par de vueltas indeciso pero volvió a su lugar y se quedó cabizbajo mirando la madera de la mesa luego de un suspiro que enterneció a la emperatriz. Ella continuó diciendo &#8211; Aclaremos esto de una vez por todas.<br />
- Eso es lo que quiero. &#8211; contestó él mirandola a los ojos.<br />
- Lukas es el sobreviviente de un naufragio en el mar. Del mar a donde Tomás nos indicó ir, el mar que el mismo Tomás sobrevivió en el refugio de la montaña. Lukas fue la persona que tuvo el accidente en la construcción de donde se salvó milagrosamente. ¿No recordás acaso a Tomás llegando mal herido al campo pensando que me había ocurrido algo? &#8211; hizo una pausa y luego continuó &#8211; ¿No ves la conexión?<br />
Daniel la miró con seriedad por un momento, tragó saliva y le dijo:<br />
- Son coincidencias.<br />
- ¿Coincidencias? ¿Cómo podés decirme que son coincidencias? Fuiste testigo del poder de curación que tenía Tomás. Sabes perfectamente que él no podía dominar ese don, simplemente sucedía. Vos mismo me decías que a veces lo encontrabas herido pero que nadie podía comprender que pasaba con él. &#8211; La emperatriz se acercó a Daniel y apoyando la mano en su hombro prosiguió diciendo &#8211; Es la verdad. Hay una conexión entre Tomás y Lukas, así como existía entre Tomás y yo.<br />
- ¿Y entre vos y Lukas? ¿Qué tipo de conexión existe? &#8211; preguntó él mirándola directamente a los ojos.<br />
- Eso ya lo sabes. &#8211; ella se alejó por un momento, giró y luego agregó &#8211; Sin embargo, honestamente Daniel, hay algo en él que me detiene. Un tipo de advertencia, hay algo en él y no se que es.<br />
- Sabías que era peligroso y a pesar de eso, no querías que yo te detuviera. Era eso. Era eso, ¿verdad?</p>
<p>Ella suspiró y asintió desviando la mirada. Él la observaba prácticamente sin pestañear, se levantó de la mesa, la miró brevemente y le dijo que debía ir a la playa para encontrase con los hombres tal como habían acordado la noche anterior. Llevaría al enemigo hacia la ruta del oeste y ella debería regresar al valle por el camino ya conocido. El gobernador de Bella Mar no había cedido y habían llegado a un punto en el que no iban a esperar el ataque sin ningún tipo de acción. La única alternativa era desviar al enemigo hacia otro punto estratégico donde su ejército tuviera algún tipo de oportunidad. Realmente a Daniel no le interesaba la falta de apoyo del gobernador porque estaba convencido de que el éxodo de la gente de esta aldea no resultaría. Caminó hacia la puerta, estuvo a punto de abrirla bajo la mirada de la emperatriz cuando giró, y le dijo con voz grave:</p>
<p>- Se que no querés escucharme. Lo único que te voy a decir es que no olvides lo que aprendiste con el león. Yo no voy a estar esta vez. &#8211; y luego de una breve pausa &#8211; A mí también me trae una mala sensación ese hombre, aunque probablemente Tomás nos hizo venir hasta aquí sólo para buscarlo. Por favor cuidate.<br />
- Lo haré. &#8211; contestó ella y luego se acercó para abrazarlo pero él no se lo permitió y sin demora se retiró sin decir más nada, rumbo a la playa donde lo esperaban sus hombres.</p>
<p>En el momento que la puerta se cerró, ella se dio cuenta que había sido muy dura con Daniel. Entendió realmente que esa persona había estado siempre a disposición de ella, que siempre la había cuidado y que hoy estaba perturbado por su falta de consideración. Se sintió mal y sin embargo no quería darle esperanzas creyendo que nunca podría amarlo de la manera que él se merecía. En ese instante desconocía que esa sería la última vez que se verían, al menos por un largo, largo tiempo.</p>
<p>Tardó unos minutos en recomponerse y luego abrió la puerta. Dos soldados habían quedado de guardia y la observaron con curiosidad. Se detuvo por un momento algo confusa pero entonces decidió ir a buscarlo, con una sola diferencia. Miró a los soldados y les dijo: &#8211; Por favor, acompáñenme. &#8211; Y allí fueron los tres camino a la playa, en dirección al muelle.</p>
<p>Él estaba esperándola. Sabía que ella iría a buscarlo. Sabía que iba a intentar convencerlo. Sabía mucho más de lo que cualquiera presumía. La vio llegar y los guardias que la acompañaban no fueron ninguna sorpresa para él. Sonrió al confirmar lo que ya presentía: Erika era mucho más de lo que a simple vista parecía. Ese ángel le había salvado la vida. Jamás olvidaba un rostro y desde ese día nunca había podido pensar en otra cosa. Al pasar el tiempo y no encontrarla llegó a creer que todo había sido un sueño, y sin embargo una voz interior lo obligaba a esperarla allí donde la había visto por primera vez, en las costas de Bella Mar. Algo en él le decía que ella volvería. Cómo podría olvidar a ese ángel animándolo a luchar por su vida en aquel momento fatídico, diciendole con un amor y ternura indescriptible una y otra vez: &#8220;Vamos, quédate conmigo, estás aquí, tranquilo. Vamos, fuerza.&#8221;. Cuando volvió a despertar los aldeanos lo habían rescatado de las playas y él la había buscado por todos los rincones de Bella Mar. El día que volvió a verla fue realmente un milagro; la había estado esperando tanto tiempo que no quería hacer o decir algo equivocado que pudiera asustarla. Y allí estaba ella ahora, caminando hacia él, dispuesta a convencerlo de acompañarla, como si acaso hiciera falta.</p>
<p>Ella se acercó y lo abrazó en silencio rodeando sus hombros, acariciando su cabello, besando sus labios. Sonrió brevemente con una mirada algo nostálgica y él se acercó para besarla nuevamente. Ella suspiró y sus ojos no requerían palabras para saber la tormenta de emociones que albergaban.</p>
<p>- No tenés que irte. &#8211; Le dijo él.<br />
- Debo irme Lukas &#8211; contestó mientras percibía sus gestos, su perfume, su piel acercándose nuevamente a su rostro. Lo besó una vez más. Hizo una breve pausa y le dijo &#8211; Sabés bien que no somos de aquí. Debo regresar, pero quiero pedirte que vengas conmigo.</p>
<p>Él sacudió la cabeza por un momento y apartándose un momento le dijo:<br />
- Aquí estaremos seguros, nada va a ocurrirte. Si nos vamos, probablemente todo esto &#8211; hizo un gesto con el brazo señalando los alrededores &#8211; desaparezca. Ustedes no lo entienden y no tienen por qué hacerlo, pero se están equivocando.<br />
- ¿Por qué me decís esto? Lukas &#8211; y le tomó el rostro con ambas manos &#8211; debes creerme. No estamos seguros aquí. El gobernador no quiere entrar en razones, debemos irnos. De verdad, vení conmigo.<br />
- No voy a lograr hacerte cambiar de opinión, verdad? &#8211; Preguntó Lukas ya resignado pero con una luz especial en los ojos.<br />
- No. &#8211; contestó ella tanto con palabras como con una mirada que decía mucho más.<br />
- ¿Y los demás?<br />
- Ya han partido, van a alejar de las aldeas vecinas al ejército enemigo.<br />
Lukas no terminó de escuchar esta frase que su cuerpo se contorsionó y se alejó un par de pasos. Su rostro hacia el mar adoptó una expresión de preocupación alarmante.<br />
- Quedate tranquilo Lukas. Daniel es un guerrero, él sabe bien lo que hace.<br />
Lukas giró y la tomó de la mano, solo para contestarle:<br />
- No lo creo. &#8211; Guardó silencio por un instante sin decirle que probablemente en pocos días Daniel fuera solo un recuerdo y sin soltarle la mano le confesó &#8211; No puedo dejarte ir sola.<br />
Ella sonrió con una alegría totalmente sincera y lo abrazó tan fuerte como pudo, y si bien él continuaba negando con su cabeza, una sonrisa también escapó de sus labios al sentir el cabello de la emperatriz sobre su pecho.</p>
<p>Más tarde ese mismo día la emperatriz se despidió de Judith, quien había decidido quedarse en la aldea esperando el regreso de Ben, confiando en el éxito de la operación. Le confesó a la emperatriz que había hecho un intento por convencer a alguna gente del pueblo para irse del lugar, pero a las pocas horas se dio cuenta que era un esfuerzo completamente inútil. Los habitantes de Bella Mar simplemente eran felices allí, creían ciegamente en su gobernador y ante la idea de abandonar el lugar reaccionaban entre risas creyendo que Judith les estaba contando una especie de broma de mal gusto.</p>
<p>La presencia de la emperatriz era más que suficiente, ella no necesitó mucho más para comprender que al día siguiente Erika dejaría el lugar junto a Lukas y sus guardias; sin embargo no podría acompañarla, debía esperar por Ben.</p>
<p>Mientras que Erika escuchaba a Judith hablar de su Ben, ella sinceramente no podía sacarse a Daniel de la cabeza. Sabía que él cargaba sobre sus hombros una enorme responsabilidad y le resultaba increíble o incluso injusto haber hecho un esfuerzo semejante entre todos, haber alcanzado el mar con tanto esfuerzo y que ahora todo el resultado dependiera de una gran batalla sin que ella pudiera acompañarlo. Por otro lado, tomaba conciencia de que estaban siguiendo el propio plan de Daniel y sabía en su interior que necesitaba volver a su hogar, allí estaba su lugar sea para el triunfo o para morir en su tierra junto con su pueblo.</p>
<p>Por momentos Lukas tomaba dominio de sus pensamientos; ese hombre ejercía una atracción especial en ella. Aún no podía descubrir cómo y sin embargo se sentía plenamente segura de que él tenía algún tipo de vínculo con Tomás. Ya llegaría el momento para descifrarlo.</p>
<p>En poco tiempo los cuatro abandonaron la aldea bordeando la playa hasta llegar en menos de una hora al primer destacamento. La sorpresa se filtró por las facciones de Lukas por primera vez y no pasó desapercibido. Los soldados saludaron con respeto a la emperatriz y pasaron el parte de novedades, las cuales no eran demasiadas. Erika no quiso demorarse mucho tiempo en el lugar, faltaban unos cuantos días de mucho caminar y el tiempo como en la mayoría de los casos no jugaba a favor. Los soldados que la habían acompañado hasta el destacamento se quedaron y fueron reemplazos por dos de sus compañeros del lugar para partir nuevamente cruzando los médanos y siguiendo el curso del río a través del bosque.</p>
<p>Caminaron tres días tomando breves descansos durante la jornada y acampando por las noches. El silencio reinante en contraposición con la intensa tormenta de pensamientos, que sin pausa elevaban las voces de la conciencia hasta niveles insoportables en cada uno de ellos, era estremecedor. Los guardias estaban tensos por la presencia de Lukas, presentían que este hombre traería problemas y con el tiempo probaron estar en lo cierto.</p>
<p>Al cuarto día, la emperatriz se detuvo y sosteniendo a Lukas por el brazo le señaló a la distancia la boca del dique sobre el Río Grande. La obra no estaba finalizada pero el grado de avance era francamente increíble. Él observó todo el paisaje con sumo interés y prestó especial atención en alrededor de las ciento cincuenta personas que se encontraban a lo lejos trabajando incansablemente. Ella lo miró con orgullo y él apoyando la mano en su espalda le dijo:<br />
- No conocía este lugar, ni siquiera sabía que se encontraba habitado. ¿Este es tu hogar? &#8211; sus ojos brillaron de una manera especial y los guardias se acercaron preparados ante cualquier reacción de ese perfecto extraño. Sin embargo ella sonrió, acarició su barbilla con afecto y muy dulcemente le contestó:<br />
- No, pero nos estamos acercando.<br />
Él sonrió y no dijo mucho más, su rostro serio no reflejaba la naturaleza de sus pensamientos. Ella lo sostuvo de la mano y lo animó a continuar la marcha a buen ritmo mientras los guardias los escoltaban a pocos metros de distancia.</p>
<p>Al aproximarse a la obra, la emperatriz se encontró con algunos rostros conocidos que inmediatamente fueron a presentarle sus respetos y por el sólo hecho de estar acompañándola, Lukas se hizo acreedor también de estos saludos adoptando una posición un tanto incómoda.</p>
<p>Mientras Erika conversaba con el responsable de la obra, Lukas se acercó directamente a los andamios, arcos improvisados de madera y piedra para mezclarse en pocos minutos entre los trabajadores. Julio, el líder del proyecto de construcción del canal, explicaba con entusiasmo los avances logrados con un plano algo tosco indicando que la obra se finalizaría en tan solo un par de meses más. La emperatriz se mostró satisfecha y conforme con el trabajo realizado. Si bien le interesaba que la construcción avanzara y que se cumpliera con la palabra dada, lo que en realidad la reconfortaba era el hecho de que encontró todo el destacamento organizado, activo y por sobre todas las cosas unido. Confirmó así que su decisión de haber designado responsabilidades a ambos líderes naturales fue totalmente acertada a pesar de las dudas de algunos de sus más cercanos colaboradores.</p>
<p>Fue entonces que notó la ausencia de Lukas y comenzó a buscarlo con la mirada. No necesitó demasiado tiempo para ubicarlo. Con absoluta destreza indicaba a los operarios la técnica para levantar las columnas con menor esfuerzo y mayor rapidez. Los hombres lo escuchaban con atención y pronto comenzaban a imitarlo. Un gesto de satisfacción cruzó el rostro de la emperatriz.</p>
<p>- ¿Quién es él? – preguntó Julio con gesto de preocupación y recelo.<br />
- Un nuevo aliado que conocimos en Bella Mar. – contestó ella sin un total convencimiento.</p>
<p>Esa noche se quedaron en compañía de su gente, recuperando energía y esperando que la luz vuelva al camino por recorrer. Ella no pudo dejar de notar que su acompañante salvo por las charlas técnicas que dio a los trabajadores, se había mantenido un tanto apartado de Julio, cuidando sus respuestas con mucha atención y dejando en claro una distancia que Erika no se terminaba de explicar.</p>
<p>La mañana llegó una vez más y luego de desayunar partieron nuevamente siguiendo el camino por varios días deshaciendo el trayecto que con tanto esfuerzo ella junto a su gente había recorrido. La emperatriz volvía a vivir junto a Lukas la emoción que ella misma había sentido poco tiempo atrás al descubrir estos mundos hasta el momento desconocidos. Al arribar, el hombre con las manos en la cintura se extasiaba admirando las extrañas construcciones de los nideros en lo alto de los árboles. Sin embargo, Lukas había tomado una actitud bastante más crítica, insistiendo en la inseguridad de semejantes diseños, el bajo desarrollo de la creatividad y se mostraba admirado por la simpleza en las relaciones cotidianas de los nideros.</p>
<p>Pasaron unos días en el centro del grupo aborígen esperando la llegada del líder pero con el pasar del tiempo y ante la falta de noticias decidieron seguir camino hasta el pueblo de Almeda. En ese periodo Erika no pudo dejar de notar el desprecio con el cual Lukas interactuaba con los nideros. Él estaba totalmente azorado de que seres humanos pudieran vivir en esas condiciones como si fueran animales salvajes. En cierto punto, por más que le pese, ella sentía igual pero la actitud que tenían uno y otro eran diametralmente opuestas. Ella aceptaba esa nueva cultura como un estilo de vida diferente, su visión se enfocaba en el crecimiento que podría tener un entorno primitivo con el avance de obras y comunicación con otros pueblos. Le inquietaba y motivaba el desarrollo social y económico que podría tener esa civilización en el intercambio cultural. Él por otro lado, no pudo comprender cómo ella había aceptado negociar con esta gente y si bien no lo dijo la emperatriz presintió ante la dureza que Lukas demostraba que él los hubiera invadido y exterminado si hubiera sido necesario. Esta sensación despertó ciertas alarmas en ella que no logró silenciar en todo el resto del viaje y sin embargo, así y todo, su instinto le decía que debía permanecer cerca de este hombre.</p>
<p>Siguieron el camino esta vez hacia el Pueblo de Almeda y para sorpresa de la emperatriz encontró al líder nidero en la casa del ex gobernador muy bien arreglado y planificando codo a codo actividades con Paco, el nuevo gobernador. Ambos los recibieron muy bien y los agasajaron con un gran banquete.</p>
<p>Resulta que más allá de la problemática del agua, llegaron a acuerdos sobre comercialización de alimentos, telas, lanas, cueros y actividades culturales. Desde el valle habían firmado pactos de intercambio como ser los elementos de construcción, la demanda de diferentes minerales y arcilla crecía día a día. Resultaba casi increíble para la emperatriz verlos juntos sentados como dos viejos amigos habiendo conocido el desarrollo de su historia. También confesaron tener algunos planes ambiciosos más adelante con la construcción de un puerto en común. La expansión era más que evidente. Dentro de los límites del pueblo se había fundado un barrio totalmente nuevo para los nideros producto de esta integración y trabajos generados en consecuencia.</p>
<p>Pasaron sólo algunas horas en el pueblo de Almeda, ya que no deseaban perder tiempo y regresar cuanto antes al valle de las Nieves. La emperatriz no podía esperar el reencuentro con Tania y por suerte esta no se hizo esperar. A menos de una hora de haber llegado Erika a la gobernación, la voz se había corrido por todo el pueblo llegando a los oídos de Tania quien se presentó espontáneamente sin dudar. En cuanto se vieron corrieron al encuentro y se abrazaron con una alegría enorme.</p>
<p>- Se te ve muy bien. &#8211; Le dijo la emperatriz.<br />
- A vos también. &#8211; contestó ella sin dudar alejándose un poco para observarla con detenimiento.<br />
- Te presento a Lukas. &#8211; expresó rápidamente Erika agregando sin pausa &#8211; Es un nuevo aliado de la aldea Bella Mar.<br />
Tania lo miró con interés y le extendió la mano con una sonrisa suspicaz.<br />
- Encantada Lukas. &#8211; Sus ojos se cruzaron con los de la emperatriz exigiendo tácitamente mayores explicaciones.<br />
- Lukas, voy a conversar un poco con Tania&#8230; &#8211; iba a recomendarle que se quede con los hombres de la guardia pero él se anticipó diciendo:<br />
- Me parece muy bien. Yo voy a aprovechar para recorrer un poco el pueblo. &#8211; y sonrió al resaltar un poco para luego partir caminando en una postura que reflejaba su madurez, aplomo y seguridad.<br />
Tania clavó sus ojos en la emperatriz y antes que diga nada, Erika le dijo:<br />
- Ya me advirtió Daniel.<br />
- Dónde está Daniel? Quién es este hombre? Dónde está el ejército enemigo?<br />
Erika la sujetó por un momento y con cierto nerviosismo le dijo:<br />
- Caminemos, te voy a contar todo.</p>
<p>Y así lo hizo. Un par de horas más tarde habían dado ya dos vueltas alrededor del pueblo. LLegaron a la plaza principal y allí, cerca de los juegos de los niños tomaron asiento mientras hacían silencio por un momento. La brisa del atardecer jugaba con el cabello de las damas que entrecerraban los ojos en un cansancio que trascendía la barrera física.</p>
<p>- Erika&#8230; realmente que delicado es hablar de estos temas. &#8211; hizo una pausa por un momento para mirarla a los ojos y tomar impulso para continuar diciéndole &#8211; Lukas no es Tomás. Es más. No sabemos realmente quién es Lukas.<br />
La emperatriz intentó interrumpir en un gesto de desaprobación pero Tania la tomó por los hombros y le pidió que la escuchara, que le permitiera expresarle lo que pensaba y luego tendría la libertad de hacer lo que ella considerara más conveniente.<br />
- Yo creo en lo que me planteás. Creo en que todo sucede por una razón y estoy segura que Tomás nos envió a buscar a este hombre. Creo en la conexión que sentís entre ambos. Sin embargo, Tomás tenía su fortaleza en la frescura, en su inocencia, en el amor que sentía por vos. &#8211; Se detuvo un momento y le dijo &#8211; El día que vinieron a buscarme a la granja acepté porque pude ver en sus ojos un amor real, puro y sincero por vos. Y te digo que de alguna manera él sabía que esto iba a ocurrir porque me pidió que te cuidara. Por eso acepté participar en este viaje con ustedes. Este Lukas, no nos da información, oculta algo. Si no es de Bella Mar, entonces de donde es. Cuál es su origen? A quién representa?<br />
- Ya te he dicho que lo encontraron en las playas. Vos también callaste cuando conociste a Juan, y eso no significaba nada malo en realidad. No quiero presionarlo, ya llegará el momento en que me pueda hablar.<br />
Tania la observó por un momento y le contestó:<br />
- Tengo miedo que ese momento sea demasiado tarde para vos y para todos nosotros. Es una pena que Juan haya ido a negociar al valle. De verdad me hubiera gustado mucho que pudiera conocerlo. Tendríamos así una opinión más.<br />
La emperatriz se veía un tanto desanimada y Tania la rodeó con un brazo sobre los hombros para luego decirle:<br />
- No te veo enamorada, amiga mía.<br />
- ¿Por qué me decís eso? Estoy tratando de superar la historia con Tomás. Es cuestión de tiempo.<br />
La emperatriz la miró de reojo por un brevísimo momento y le repitió:<br />
- No te veo enamorada. El amor verdadero no deja lugar a dudas. &#8211; Calló por un par de segundos y agregó &#8211; Espero que tu instinto no te falle.</p>
<p>Los hombres de la guardia la estaban aguardando cuando ambas llegaron a la casa de la gobernación. Las mujeres se separaron luego de un largo abrazo. Lukas las miraba a pocos pasos de distancia y no se inhibió ante la mirada analítica de Tania, muy por el contrario su sangre arrastraba con ella una energía belicosa que costó mantener a raya.</p>
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		<title>Capítulo XIV &#8211; Un tamborcito</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Aug 2008 23:02:11 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El armonioso sonido del agua corriendo entre las rocas la había sumergido en una especie de transe mientras su mirada se perdía en los miles de colores reflejados por el brillante sol de esa mañana sobre la superficie del río. La naturaleza en su máximo esplendor la rodeaba con sus cálidas ramas en infinitos tonos [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=56&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>El armonioso sonido del agua corriendo entre las rocas la había sumergido en una especie de transe mientras su mirada se perdía en los miles de colores reflejados por el brillante sol de esa mañana sobre la superficie del río. La naturaleza en su máximo esplendor la rodeaba con sus cálidas ramas en infinitos tonos y matices mientras que los pasos fuertes de un hombre la trajeron bruscamente a la realidad. Desvió su mirada para encontrarse con un Daniel repleto de energía aproximándose. Sin decir palabra y con una amplia sonrisa se sentó junto a ella para disfrutar de ese maravilloso río.<br />
- Los hombres ya están listos, Erika. Podemos partir en cuanto lo ordenes. – Comentó Daniel.<br />
- En un momento. – contestó ella sin desviar la mirada de la corriente. Luego consultó &#8211; ¿Tenemos novedades del Valle?<br />
- El último hombre partió hace varios días. En cuanto llegue el recambio sabremos como está todo. – Respondió él.<br />
La emperatriz se puso de pie y preguntó:<br />
- ¿Qué sabemos de los destacamentos?<br />
- Bueno, hasta donde sabemos el Pueblo de Almeda estaba comenzando los intercambios comerciales con el valle. El destacamento del bosque no reportaba cambios. – Se quedó pensando por un momento y con una sonrisa agregó &#8211; En la Villa Nidera tenemos una representación importante ya que varios hombres decidieron quedarse en el lugar formando nuevas familias. Y por otro lado, el intercambio entre el pueblo de Almeda y la villa se encuentra en pleno desarrollo. – Explicó Daniel satisfecho.<br />
- ¿Ningún ejército enemigo a la vista?<br />
- Aún no, Emperatriz, pero debemos estar alerta. – Contestó él con seguridad.</p>
<p>Parecía que la emperatriz iba a decir algo pero guardó silencio, intrigada por el movimiento de la tropa cuando de pronto lo pudo divisar. Era Maiko junto a un grupo de nideros, acompañado por Bandido. Sonrió y se acercó inmediatamente al grupo junto con Daniel para saludarse amablemente con el hijo del lider nidero. Tania también se unió al grupo con entusiasmo, más que nada interesada en Bandido.<br />
- Me da gusto que continúen el viaje. – Confesó Maiko – Mi padre dice que sería bueno para mi formación que pueda acompañarlos. Podemos aportar diez hombres más a tu tropa y estamos dispuestos a obedecer las órdenes de Daniel.<br />
La emperatriz no necesitó meditarlo demasiado tiempo y sin hacerlo esperar contestó:<br />
- Toda tu ayuda es bienvenida, Maiko.<br />
El muchacho sonrió y se dirigió a sus hombres en su lengua nativa. La alegría de los nideros fue evidente.<br />
- ¿Nos devuelven a Bandido? – preguntó Tania.<br />
- No hemos podido domarlo; no permite que nadie lo monte. Tampoco hemos podido utilizarlo para el trabajo. – Se rió por un momento sacudiendo la cabeza y luego agregó – Mi padre no lo quiere más.<br />
Como si hubiera comprendido las palabras, Bandido dio un relincho nervioso y Tania hizo lo posible por tranquilizarlo.<br />
- Daniel, prepara la tropa para comenzar el viaje. – anunció la emperatriz en forma imprevista.<br />
Para Daniel estas palabras, que por tanto tiempo había ansiado escuchar, eran como música para sus oídos.</p>
<p>Tania y Juan se miraron con picardía y comenzaron a desplazarse junto a la tropa en forma ordenada. Daniel seguía a la primera línea de cerca mientras que detrás dejaba a los hombres trabajando en el canal y un pequeño asentamiento a orillas del río al cual bautizaron como Río Grande, por su importante caudal.<br />
Siguieron la ruta que marcaba el río por varios días, preparando pequeñas fogatas por las noches, cerca de la costa. Si bien las estrellas los acompañaban durante las altas horas, los nideros tenían cierta dificultad para descansar. El hecho de tener que dormir sobre el suelo los hacía sentir inseguros por la falta de costumbre. Poco a poco gracias a la importante participación que les daba Daniel en las tareas fueron ganando confianza y haciendo amigos entre la tropa.</p>
<p>Durante el día se detenían en forma programada para descansar, alimentarse y aprovisionarse. El grupo estaba funcionando de maravilla, aunque la emperatriz no podía ignorar a Juan, el único que se mostraba totalmente reservado sin integrarse del todo con sus hombres. Y ella no era la única que había notado esta situación; por supuesto Tania había percibido la distancia que Juan estaba marcando entre él y el resto del grupo; sin embargo, había decidido aguardar a que Juan mismo estuviera listo para confiarle el problema.<br />
Cierto día durante uno de los descansos, Juan se acercó a Tania y le dijo de improviso:<br />
- Tania, no podemos seguir así. Tenemos que hablar. – bajó la mirada con cierta preocupación, haciendo un esfuerzo por enfrentarla.<br />
- ¿Cómo que no podemos seguir así? ¿Qué me querés decir? – contestó ella con cierta alteración.<br />
- Eso mismo. Quiero decirte que no puedo continuar. – le dijo esta vez sosteniendo la mirada.<br />
- Pero, Juan, explicame qué es lo que te está pasando. – preguntó Tania brindándole toda su atención.<br />
- ¿Qué está ocurriendo aquí? – interrumpió por sorpresa la emperatriz observándolos a ambos analíticamente.<br />
- Este río nos va a llevar al mar y yo no puedo llegar hasta ese punto. – contestó él con cierto nerviosismo en tono elevado.<br />
- ¿Por qué? ¿Qué hay en el mar, Juan? – preguntó la emperatriz.<br />
Se hizo un silencio incómodo para todos. Finalmente Juan suspiró y con evidente consternación confesó:<br />
- No puedo traicionar a mi gente, Emperatriz. Perdón, pero hasta aquí he llegado.<br />
A esa altura todo el grupo se había detenido al notar que la emperatriz no avanzaba y Daniel se acercó a ellos para averiguar el motivo de la demora.<br />
- Daniel, por favor acompáñanos. – Solicitó la emperatriz mientras se alejaba del grupo en compañía de Juan y Tania. Caminaron unos cuantos metros internándose en el bosque que rodeaba el curso del río y una vez que la emperatriz tomó suficiente distancia de la tropa se detuvo bajo la copa de un árbol añoso para mirar a Juan a los ojos y preguntarle sin rodeos:<br />
- ¿Dónde está el enemigo?<br />
Para sorpresa de todos Juan contestó de inmediato sin pestañear:<br />
- Sólo sé que ellos dominan el mar, recorren las costas primero y luego que están asentados conquistan el interior del territorio. – El gesto de Juan cambió de preocupación a tristeza, hecho que no fue ignorado por la emperatriz mientras que le explicaba – Yo fui parte de ese ejército y sé lo que somos capaces de hacer. Lamentablemente, no tendrás oportunidad ante un enfrentamiento.<br />
El golpe certero dado por Daniel en el riñón izquierdo con la empuñadura de su espada lo tiró al suelo en el medio de quejidos de dolor. Tania se lanzó sobre él protegiéndolo con éxito de un próximo ataque, ya que Daniel no deseaba lastimarla y sólo se limitó a levantar la voz ante la frustración.<br />
- ¡Basta Daniel! ¡Es suficiente! – ordenó la emperatriz.<br />
- Este hombre sabe donde está nuestro enemigo. ¡Debemos encontrarlo y destruirlo! – Gritó Daniel y luego agregó dirigiéndose a Juan a viva voz &#8211; ¡Cómo te atreves a poner en duda el poder de nuestro ejército!<br />
- Daniel, he dicho que es suficiente. – La emperatriz apoyó ambas manos en su pecho y lo empujó unos metros apartándolo de Juan y Tania. En voz más baja le dijo – Ya tenemos confirmación de que vamos en dirección correcta. Prepara al ejército para un enfrentamiento en pocos días. Debemos estar listos.<br />
El guerrero luchaba contra su propia frustración por un momento pero comprendió la orden y a paso firme regresó con la tropa al costado del río. Mientras tanto, la emperatriz giró para encontrarse con Tania llorando en los brazos de Juan. El cuadro la encolerizaba y sensibilizaba al mismo tiempo originando un debate interno que le molestaba profundamente. Se preguntaba a sí misma cómo era posible semejante situación mientras se acercaba con lentitud a la pareja. Al percibir que la Emperatriz había llegado a una determinación, Tania le habló solicitando clemencia:<br />
- Erika, él no nos traicionó. Nos salvó la vida en el monte, nos acompañó todo el camino y nos dice la verdad. – le suplicaba con ojos borrosos por las lágrimas.<br />
- La verdad. ¿Cómo podrías saberlo? Un soldado desertor. Eso es, ni más ni menos. – respondió la emperatriz con disgusto.<br />
El hombre se puso de pie y le dijo con cierto valor en la voz:<br />
- No soy un desertor. Jamás lo fui ni lo seré. – Hubo un breve silencio que ambas mujeres completaron con miradas incrédulas para luego seguir escuchando. – Mi Señor falleció y jamás estaré bajo el mando de Katrina. Nunca estuve de acuerdo con su política. Sin embargo, no puedo enfrentar a mi pueblo, a mi gente. Por lo tanto, te pido, me dejes regresar. Nunca traicioné a nadie y no lo haré con tu reino.<br />
La emperatriz lo evaluaba críticamente y aún no había llegado a una decisión. Sabía que este hombre había colaborado con ellos y tampoco olvidaba la relación que mantenía con Tania. De pronto le preguntó:<br />
- ¿Cómo puedo saber que realmente no desertaste?<br />
- Por Bandido. – Contestó cerrando los ojos por un breve momento y continuó diciendo &#8211; Es el caballo de Katrina. Luego de una discusión acordamos que yo seguiría mi rumbo solo y me dio su caballo, en un gesto de camaradería. Es terrible. El animal jamás me dejó que lo montara. Es tan salvaje como su dueña.<br />
- Esto no me dice demasiado. – pensó en voz alta para luego preguntar &#8211; Tania, ¿amas a este hombre?<br />
La mujer la miró con un gesto que no dejó lugar a dudas. Entonces la emperatriz continuó diciendo:<br />
- Regresen al haras, ambos. Si los necesito, los haré llamar.<br />
- Pero emperatriz, Erika, yo estoy desde un principio en la misión. – se quejó Tania.<br />
- Es cierto y ya hiciste mucho por nosotros. Si no hubieras traído a este hombre, probablemente nuestras vidas hubieran terminado en el monte. Ahora hemos recibido la advertencia sobre la presencia enemiga. – Apoyó una mano en el brazo de Tania y le dijo – Te tengo en cuenta como una verdadera amiga. – Bajando la voz y en un tono cómplice agregó a oídos de Tania – Disfrútalo pero no lo pierdas de vista. Volveremos a vernos.<br />
- Emperatriz – agregó Juan a unos metros de distancia – Si los ven venir, no los enfrenten. Salven sus vidas.<br />
La emperatriz no contestó admirada por la desfachatez de ese hombre y luego de mirarlo con desprecio por un momento abrazó a Tania con un profundo sentimiento. Después los dejó bajo el viejo árbol de testigo mientras ella se reincorporaba a las filas de la tropa y continuaba su camino hacia el mar.</p>
<p>Pasaron cinco días más de marcha siguiendo la ruta que marcaba el río bajo un sol que se hacía sentir cada vez con mayor fuerza. Daniel custodiaba a la emperatriz de cerca porque sabía que por más que ella se mostrara fuerte frente a la tropa, internamente tenía los mismos temores que todos los demás, sumado al hecho de que dos de sus aliados más cercanos, Tomás y Tania, habían tenido que partir recientemente. Se prometió a sí mismo en silencio, como si ella ya no lo supiera, que jamás le fallaría. Estaba concentrado en estos pensamientos cuando uno de los hombres que encabezaba la formación alertó al resto sobre un posible asentamiento a unos ochocientos metros en dirección noroeste. Para poder visualizarlo debían escalar una pequeña colina arcillosa con suma discreción para no ser descubiertos. Ordenó en forma inmediata que se detenga la marcha y sigilosamente comenzó a trepar la colina agazapado como un animal en plena cacería junto al soldado guía. La emperatriz lo seguía con la mirada demostrando profundo interés.<br />
Poco a poco Daniel se fue acercando al punto más alto y muy rápidamente espió el horizonte, quedando neutralizado por un par de segundos que no fueron pasados por alto por la emperatriz, quien comenzó sin perder el tiempo a escalar la colina para llegar junto a él. Cuando ella estaba a mitad de camino él giró su rostro para mostrar una enorme sonrisa y hacer gestos nerviosos invitándola a acercarse:<br />
- No vas a poder creer esto, vení. – le dijo con entusiasmo.<br />
Ella lo alcanzó y quedó hipnotizada desde el momento que su mirada se dirigió al horizonte.</p>
<p>Un color verde esmeralda se intensificaba mezclándose con el azul oscuro y la blanca espuma del mar. Los ojos se inundaron de emoción mientras dejaba que la ventisca golpeara su rostro. Esa inmensa masa de agua estaba justo frente a ella. Había leído muchos libros sobre el mar pero esta era la primera vez que se conocían y prometía ser una experiencia emocionante. Desvió la mirada a la izquierda para encontrar a menos de cincuenta metros, una casilla de madera blanca que parecía abandonada. Daniel llamó al soldado y le dio instrucciones para inspeccionar el lugar. El hombre cruzó sigiloso la colina y corrió sobre esa nueva superficie de arena y vegetación virgen hasta la humilde construcción. Con un cuchillo en la mano golpeó la puerta haciéndola volar hacia el interior. Esperó por un breve momento y entró al lugar para salir desilusionado a los pocos segundos. Sin perder la actitud alerta revisó la vegetación cercana sin encontrar amenaza alguna.</p>
<p>Recién entonces Daniel junto a la emperatriz cruzaron la colina seguidos por la tropa hasta llegar a la costa. Erika se detuvo a pocos metros del agua mientras los hombres decidían descansar por el resto del día y dejaban toda su carga sobre la arena, cerca de la casilla de madera. Los ojos de Erika seguían a los pequeños peces que a toda velocidad nadaban contra la corriente muy cerca de la orilla. Decidió quitarse las botas y se internó lentamente en el mar, sorprendiéndose agradablemente al sentir que el agua no estaba demasiado fría. El grito de Daniel desde la costa mientras corría en su dirección la hizo regresar a la realidad de inmediato. Por supuesto que para desilusión de la emperatriz, sus fuertes pisadas espantaron a los peces que la rodeaban. Al llegar la tomó de un brazo y le preguntó qué se suponía que estaba haciendo.</p>
<p>- Por favor, Daniel. No te preocupes, no voy a hacer ninguna tontería&#8230; – y fue lo último que dijo porque una ola los arrastró a ambos con fuerza hasta la playa. La tropa lejos de ayudarlos disfrutaba del espectáculo a carcajadas. El se alejó tratando de arreglar sus atuendos mientras que ella feliz de la vida regresó al mar siendo imitada por varios soldados.</p>
<p>Casi media hora más tarde ella decidió salir de las aguas para aproximarse a Daniel, sumergido en sus propios pensamientos, sentado cerca de Bandido quien parecía mirarlo con suma curiosidad.</p>
<p>- Daniel, un poco de diversión después de tanto caminar no hace mal a nadie. – Lo miró con dulzura y agregó mientras se acomodaba a su lado – Mi Tomás… &#8211; suspiró y continuó diciendo ante el silencio de Daniel – &#8230; me hizo venir a este lugar maravilloso. Una pena que no pueda estar aquí con nosotros ahora.</p>
<p>Se hizo un breve silencio porque el comentario hizo reaccionar a Daniel quien le confesó:</p>
<p>- Y me pregunto, yo: ¿Qué haría él aquí? Si estuviera, por supuesto. ¿Para qué nos hizo venir hasta aquí? Supuestamente en el mar está el enemigo. No lo entiendo Erika.<br />
Pero Erika prestaba atención a otra cosa. En un punto a pocos metros de distancia en la arena el brillo del sol tenía especial fuerza y ella no dudó en acercarse abandonando momentáneamente a su amigo. Se veía entre la arena y la vegetación al costado de la pequeña construcción de madera un objeto reflejado y al acercarse y quitar la arena que lo cubría parcialmente, se encontró con un tambor adornado con metal dorado y lazos azules a los costados. Lo tomó con suma curiosidad en sus manos para examinarlo mejor. El rostro se iluminó cuando comenzó a tamborilear al principio lenta y suavemente para luego con entusiasmo generar un ritmo simple pero pegadizo que llamó la atención de los soldados. Sin embargo, no fue a los únicos que llamó la atención, porque algunos soldados detectaron a pocos metros, tras unas plantas un movimiento inusual.</p>
<p>Con un gesto simple, Daniel envió a un par de guardias para investigar la zona. La tarea resultó muy sencilla porque en cuanto se aproximaron un hombre alto de cabello muy corto y una mujer de formas provocativas se expusieron con ambas manos en alto y rostros desconcertados. Los dos vestían túnicas blancas y unas sandalias rudimentarias, tal vez hechas con tallos de plantas.</p>
<p>Las brillantes espadas de los tres soldados brillaban bajo el sol del mediodía mientras que la pareja dubitativa examinaba a los hombres. Daniel se acercó rápidamente pero se tranquilizó al constatar que ambos estaban desarmados. Fue entonces que sin bajar la guardia, se atrevió a presentarse:<br />
- Soy Daniel y estoy al mando del Ejercito Imperial del Valle de las Nieves. ¿Cómo se llaman?<br />
La mujer sonrió brevemente con cierto nerviosismo y volviendo a subir los brazos ante la amenaza de uno de los soldados respondió:<br />
- Me llamo Judith, él es Benjamín.<br />
Por alguna razón que Daniel no podía ni le interesaba entender, Benjamín en ese mismo instante tomó una tonalidad rojiza que hacía resaltar una barbilla dorada de varios días.<br />
- ¿Qué hacen aquí? – preguntó Daniel.<br />
El hombre entonces se quiso adelantar pero los soldados no se lo permitieron. Desde su lugar explicó:<br />
- Estuvimos anoche en estas playas en la fiesta de Bella Mar y estábamos buscando algunas cosas que habían quedado olvidadas.<br />
- ¿Cosas como esta? – Preguntó la emperatriz haciendo sonar el tambor.<br />
- Eso es mío, señora. – Contestó el hombre con seriedad.<br />
- Y dígame, ¿cómo puedo saberlo? – preguntó ella un tanto divertida por la situación. Fue la mujer quien contestó:<br />
- Al dorso mi hijo lo marcó con tinta azul. – La pareja intercambió miradas con nerviosismo.<br />
La emperatriz un tanto sorprendida giró el tambor y en su parte interna efectivamente había un trazo errático en tinta azul, probablemente una &#8220;M&#8221;.<br />
- ¿Dónde viven? – preguntó Daniel con seriedad.<br />
- Somos de Bella Mar, queda aquí cerca sobre la playa. – contestó él inmediatamente.<br />
Los soldados lentamente se alejaron de la pareja luego de recibir una mirada casi imperceptible de Daniel. Judith y Benjamín se relajaron un poco con este gesto y se tomaron de la mano, lo cual simpatizó a la emperatriz.<br />
El ruido de las olas estrellándose en la costa marcaba de por sí un ritmo especial al lugar y Erika en forma inconsciente lo acompañó por un momento con sus dedos sobre el llamativo tamborcito.<br />
Daniel se acercó a la pareja y volvió a interrogarlos.<br />
- ¿Qué distancia hay desde aquí hasta Bella Mar?<br />
- Dos kilómetros aproximadamente. &#8211; contestó él intentando sonreir.<br />
Daniel los miraba con cierta desconfianza porque ambos colaboraban en forma abierta con él y naturalmente no era algo a lo que estuviera acostumbrado.<br />
Judith regaló a su compañero una mirada turquesa de alegría, dando en un simple parpadear toda la sensación de que habían mantenido una conversación durante horas.<br />
La emperatriz personalmente se acercó a ellos y entregó el pequeño tambor a Benjamín, cuyo rostro se iluminó de felicidad y agradecimiento no tanto por el tambor en sí, sino porque sabía que sus vidas ya no estaban en peligro.</p>
<p>Los hombres del ejército a esa hora del día se encontraban en una franca posición de descanso y Daniel se encargó de asignar a cada uno su tarea para levantar una vez más un nuevo refugio. El equipo nidero estaría a cargo de proveer alimentos ya que estaban algo mejor familiarizados con la fauna y flora del lugar. Tanto fue así que en poco tiempo ellos utilizaron sus redes de río para la pesca en el mar. Las dificultades no tardaron en aparecer ya que el oleaje no les hacía la tarea sencilla. El resto de los hombres armaron lentamente una especie de carpa sobre la arena y aprovecharon la pequeña construcción de madera blanca para guardar los elementos más valiosos.</p>
<p>La emperatriz mientras tanto se había quedado cerca de la pareja conversando sobre Bella Mar. Este pequeño pueblito se dedicaba principalmente a la pesca, explotación de perlas, algo de agricultura y aparentemente contaban con algunas industrias básicas como ser la producción de sal, aceite, perfumes y algunas otras más.</p>
<p>Judith era muy simpática con una franca sonrisa y un brillo especial en su mirada cada vez que mencionaba el nombre de Benjamin. Conversaron por largas horas como si se conocieran de hacía mucho tiempo atrás. La cualidad de Bella Mar que cautivó a la emperatriz fue que si bien se habían desarrollado económicamente, habían logrado destacarse por sus artes. De acuerdo a las palabras de Judith, era un lugar muy bohemio, donde se reunían músicos, actores, pintores y escultores, cada uno formando asociaciones y organizando eventos que realmente entretenían a la gente logrando mantener de esta forma un ambiente cálido, pacífico y alegre. Erika quedó maravillada ante la idea. Su propio valle tenía muy poca expresión artística. Impresionada por las palabras de Judith y Benjamín expresó su deseo de conocer el lugar y ambos en forma espontánea coincidieron en invitarla. Al acercarse Daniel al grupo también recibió una invitación en medio de sonrisas que él aceptó de muy mala gana.</p>
<p>Una vez que los hombres habían finalizado con las tareas, no tardaron en disfrutar de la playa, el sol y el mar. Las risas se podían escuchar a una distancia considerable y esto preocupaba un poco a Daniel quien prefería mantener un perfil bajo en esta situación. Sin embargo, hacía mucho tiempo que no veía a sus hombres tan alegres y después de meses de travesía, decidió que no sería una decisión sabia interrumpir este breve festejo y expresión de camaradería. Giró por un momento y vio que la pareja de Bella Mar se había alejado unos metros por la costa mientras que la emperatriz se acercaba con alegría a su búsqueda.</p>
<p>- Se adelantan para organizarse y tener todo listo para nuestra llegada.<br />
- ¿Y se puede confiar en ellos? ¡Ya saben que tenemos un ejército aquí! ¡Hey! ¡Ustedes, deténganse! Iré con ustedes.</p>
<p>La pareja se detuvo algo sorprendida y se quedó esperando que Daniel se acercara, pero por el contrario, salió en búsqueda de un par de hombres. El movimiento de la tropa no dejó de abrumarlos: cuatro hombres se unieron finalmente a Daniel mientras que otros dos se acercaron inmediatamente a la emperatriz.</p>
<p>El grupo de Daniel caminó con decisión hasta Judith y Benjamín, y fue entonces que pudieron continuar su camino a casa, dejando sus huellas en la arena mojada por las olas del mar. La emperatriz se quedó viéndolos partir, sin nada en mente para pasar el tiempo hasta que uno de los hombres vuelva para buscarla asegurando que no haya peligros en su nuevo destino.</p>
<p>Cuando perdió a Daniel de vista, tomó conciencia de cuanto extrañaba a Tomás, a su amiga Tania y al valle, por sobre todas las cosas: el valle y la vida que llevaba en ese lugar. Caminó un poco melancólica entre los hombres que la miraban fascinados por tenerla entre ellos y luego consultó sobre las novedades. Aparentemente todo marchaba muy bien y los resultados de las alianzas realizadas con los otros pueblos habían repercutido favorablemente. Sintió por un momento un deseo profundo de poder estar en el valle en ese preciso instante pero luego miró hacia el norte, y se dio cuenta que su lugar estaba en esa playa, en esas costas y presintió que Bella Mar era un sitio singular, donde por fin encontraría lo que tanto estaba buscando. Después de todo, Tomás siempre había insistido en encontrar el mar. Miró la enorme masa de agua azul desplazándose de un lado a otro presa de las mareas y se dijo: &#8220;Si aquí está el mar, entonces aquí cerca tiene que estar la respuesta.&#8221;</p>
<p>Llamó a dos de sus hombres y les ordenó que la acompañaran para comenzar ella misma el recorrido hasta Bella Mar. No terminó de hacerlo que sorprendentemente Bandido salió al galope hacia la misma dirección perdiéndose de vista en pocos minutos. Ninguno de los presentes hizo nada para detenerlo.</p>
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		<title>Capítulo XIII &#8211; El después</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2008 02:36:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel]]></category>
		<category><![CDATA[Juan]]></category>
		<category><![CDATA[Tania]]></category>

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		<description><![CDATA[Los hombres estaban totalmente desestabilizados luego de presenciar la desaparición de Tomás bajo las aguas misteriosas de ese río desconocido. Hasta Maiko se alejó aterrorizado de la orilla exclamando palabras incomprensibles para la guardia de la emperatriz. Daniel les ordenó silencio y que mantengan su posición hasta nuevas indicaciones pero por primera vez en todo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=54&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los hombres estaban totalmente desestabilizados luego de presenciar la desaparición de Tomás bajo las aguas misteriosas de ese río desconocido. Hasta Maiko se alejó aterrorizado de la orilla exclamando palabras incomprensibles para la guardia de la emperatriz. Daniel les ordenó silencio y que mantengan su posición hasta nuevas indicaciones pero por primera vez en todo el viaje, por no decir en toda su trayectoria militar, los hombres parecían no reconocer su autoridad. Para su humillación, Tania cometió el error de intentar razonar con los soldados cuando claramente ésta no era su función. De esa manera la figura de Daniel quedó totalmente reducida sin posibilidad de recuperar el control de los hombres. La guardia se comenzó a diseminar en la zona, discutiendo entre ellos y formando pequeños grupos de alianzas donde los líderes quedaron al descubierto.</p>
<p>Daniel giró la cabeza buscándola y la encontró. Ella permanecía sentada sobre un pequeño montículo de tierra alta a orillas del río con la mirada perdida en las aguas turbulentas. La llamó a viva voz pero ella no respondió, ni siquiera dio muestras de haberlo escuchado y tal vez era así. Quizás estaba tan recluida en sus pensamientos que nada ni nadie podía llegar a conectarla en ese preciso instante. Daniel miró a la tropa y con toda su fuerza clamó por el orden y el respeto que se merecían como representantes del Valle de las Nieves pero en respuesta dos líderes lo enfrentaron y Daniel no tuvo más remedio que desenvainar su espada reluciente.<br />
- ¡Erika! – gritó de pronto Tania con desesperación.<br />
Los soldados bajaron sus armas inmediatamente enfocaron sus ojos en dirección al río. Daniel giró para verla y el corazón se le detuvo en ese preciso instante. La emperatriz había comenzado a caminar abandonando la costa, entrando en las aguas e internándose cada vez más en el gran caudal. Los hombres se reunieron generando un gran murmullo y al agolparse, Daniel les ordenó enérgicamente que guarden la formación original. Esta vez la tropa cumplió con la instrucción recibida. Tania le gritaba desde la orilla:<br />
- ¡Esto es una locura! Volvé por favor. No vayas más profundo. ¡Regresa ya mismo!<br />
Daniel se quitó el pesado cinturón y lanzó la espada al suelo para luego comenzar una carrera hacia el río en un momento de arrojo para salvar a su emperatriz a cualquier costo. Los hombres volvieron a romper filas en ese instante para poder observar mejor lo que estaba por ocurrir.<br />
Al momento en que el agua trepaba por la cintura de Daniel, él logró alcanzar el brazo de Erika y la retuvo por la fuerza, acercándola hacia él peleando contra la corriente que luchaba por llevarlos río abajo. Entonces ella giró y lo miró de una forma que Daniel jamás podría olvidar. Sus ojos estaban vidriosos y a la vez tan profundos que por un momento fue capaz de percibir el terrible dolor que había en su alma. Entonces ella le dijo:<br />
- Rescatame del río y se el héroe para nuestro ejército. No puedo perder dos hombres en el mismo día.<br />
- Eso no va a ocurrir, mi emperatriz.- le dijo él con cierta pena. La tomó en sus brazos y la sacó del agua en andas, caminando por la pequeña playa rocosa hasta dejarla con suavidad en tierra firme.</p>
<p>Los hombres serios y en silencio lo observaban con admiración y respeto. Tania se acercó con furia pero se guardó las palabras bajo la mirada penetrante de Juan, pensando que ya habría un momento para decirle lo que pensaba sobre lo ocurrido. La emperatriz a los pocos minutos se incorporó y en tono alto dijo:<br />
- Daniel, gracias a tu heroísmo, aún nuestro pueblo guarda una esperanza. – observó con detenimiento a sus hombres y ubicó los dos líderes que habían iniciado la revuelta. Entonces con un simple gesto les indicó que dieran un paso al frente. Se acercó a ellos y les dijo con firmeza:<br />
- Ambos lograron mantener unido el ejército y salvar sus diferencias por mi causa, nuestra causa. En agradecimiento, Julio, estarás a cargo de la construcción del canal. Mientras que vos – agregó girando su cuerpo en dirección al otro hombre – Pablo, deberás llevar la transición de poderes del Gobernador Almeda a favor de Paco. Podrás seleccionar tres hombres nuestros y serás acompañado por los aldeanos, incluyendo a Maiko, que será testigo para dar fe ante su padre del cumplimiento de nuestra palabra. – Terminó la frase mirando a Juan. Luego continuó diciendo – Al finalizar deja cinco hombres en el destacamento del bosque y envía cinco más a la aldea. El resto deberá venir hasta aquí para trabajar en el canal.<br />
Los hombres bajaron la cabeza por un momento en señal de respeto y ella se alejó caminando hacia Tania. Inmediatamente, Daniel procedió a coordinar las acciones con sus hombres.</p>
<p>Juan la estudiaba con cierta desconfianza mientras que Tania totalmente descolocada en cuanto la vio lo suficientemente cerca de ellos comenzó a decirle:<br />
- ¿Por qué hiciste semejante cosa? ¡Podrían haberse ahogado los dos!<br />
- Esas aguas no son peligrosas. No son las responsables de lo ocurrido y no había otra manera para poder reorganizar el ejército.<br />
- ¡Nada de lo que decís justifica lo que hiciste! ¿Y cómo se te ocurre premiar a esos dos revoltosos?<br />
La emperatriz parecía que iba a sonreír pero no lo hizo, y en cambio sólo dijo con mirada triste:<br />
- Tranquilizate ya. Estoy bien. En cuanto a esos revoltosos, es reconocer formalmente lo que en la práctica se han ganado. Creeme, no los he premiado. De esta manera serán fieles al imperio, estarán pensando en sus propios proyectos y además separamos las funciones de ambos.<br />
- ¿Qué se supone que haremos ahora? – preguntó Juan.<br />
- ¿Haremos? – repreguntó la emperatriz en un tono sarcástico que expresaba claramente sus sentimientos.<br />
El hombre guardó silencio demorándose más de la cuenta en decidir las palabras adecuadas como respuesta hasta que finalmente contestó diciendo:<br />
- Sí, qué haremos. A estas alturas no pienso abandonarlos. Estás mandando a un grupo a la aldea y otro está asignado a la construcción. Entonces, ¿qué se supone que haremos nosotros?<br />
La emperatriz lo miró con cierto desdén y no contestó su pregunta. En cambio miró a Tania y luego de palmear su hombro le preguntó en voz baja:<br />
- ¿Podrás manejarlo? Realmente necesito un momento de tranquilidad.<br />
- Por supuesto. – le contestó Tania justo en el preciso instante en el que Daniel se acercaba a ellos. Los ojos de Daniel se dirigieron a la emperatriz sin ningún tipo de disimulo. Él estaba dispuesto a dar su vida por ella y por una u otra cuestión sentía que él nunca llegaba a estar a la altura de las circunstancias y siempre era ella quien finalmente hacía mucho más por él. Por algún motivo, siempre se encontraba en deuda y no encontraba manera de saldar sus cuentas.<br />
Se acercó a ella mientras que Tania y Juan se volvían al camino principal.<br />
- Mi emperatriz, no tengas temor por Tomás. Él fue al agua por su propia voluntad. &#8211; En ese preciso instante ella lo tomó de la mano y lo abrazó llorando sobre su pecho en total desconsuelo. Él se quedó inmóvil, prácticamente sin respirar aguardando que la emperatriz recupere su compostura. Luego de un breve momento que él sintió como una eternidad, ella retrocedió unos pasos limpiando las lágrimas de su rostro.<br />
- Mi emperatriz, ¿qué puedo hacer por vos?<br />
- Ya lo hiciste. Necesito tiempo para pensar. No estoy para nadie. Por favor, verifica que se cumplan mis órdenes.<br />
- Sí, mi emperatriz, todo se hará tal como ordenaste. – Se estaba por retirar cuando recordó y le comentó – Junto con Pablo enviaremos también al coatí. Así puede reunirse en el bosque con los suyos. El caballo es de Tania pero está con los nideros. ¿Qué hacemos con él?<br />
La emperatriz lo miró por un momento y luego le contestó con cierto desinterés:<br />
- Resuélvanlo.<br />
- De acuerdo. – contestó él y giró para retirarse cuando ella lo llamó por su nombre y él entonces se detuvo sin dar la vuelta.<br />
- Vigila a Juan.<br />
- Sí, mi emperatriz. – Finalmente Daniel se retiró y ella con lentitud se acercó a un árbol cerca del río. Acomodó la hierba a los pies del tronco y tomó asiento totalmente apesadumbrada y agotada. &#8220;Tomás&#8221; se repetía una y otra vez. &#8220;Me trajiste a este río para dejarme aquí. ¿Por qué, Tomás? ¿Por qué?&#8221;</p>
<p>Los días fueron pasando uno a uno y pronto comenzaron los preparativos de la gran obra que debían construir para que el agua fluyera atravesando el monte y llegara al pueblo de Almeda. Por su parte, en el pueblo se generó una gran revolución con la llegada de Paco y sus hombres junto al joven nidero. El gobernador no se tomó la molestia de presentar excusas y ante la exposición pública tuvo que huir de la plebe totalmente exaltada. En las calles se festejaba ya con anticipación una paz duradera con el pueblo nidero.</p>
<p>Los días se transformaron en semanas, y las semanas en meses. Pero la emperatriz continuaba a orillas del río sin aceptar la visita de nadie bajo la estricta custodia de Daniel, quien no dejaba acercar a persona alguna. Tania y Juan habían intentado varias veces aproximarse pero fue totalmente inútil. Llegó un momento en el que él comenzó a insistir a Tania que emprendieran el regreso a su haras a orillas del bosque noroeste, pero ella se negaba a abandonar la misión.</p>
<p>Un día temprano, al despertar, Tania decidió que ese sería el día, ningún otro salvo ese. No debían quedarse allí ni por un minuto más. En esa mañana soleada aunque algo ventosa, ella estaba sentada a orillas del río. Mientras miraba los pequeños saltos del agua al correr su mente, no paraba de funcionar por un solo segundo:<br />
“Dioses de las aguas, tierra, aire y fuego, ayúdenme a encontrar el camino a seguir en este momento de tinieblas. No me abandonen ahora. ¿O es que mi misión terminó aquí con él? Se suponía que yo tenía que llegar hasta aquí y ¿nada más? ¿No hay nada que pueda hacer para proteger a mi pueblo? ¿Todo esto fue inútil? ¿Nada sirve? ¡Denme una señal!”</p>
<p>- ¡Erika!</p>
<p>“Necesito una señal, algo que me de fuerzas. Sin él me siento débil. Por favor Dioses de las aguas, tierra, aire y fuego, denme una señal.”</p>
<p>- ¡Erika! Daniel, vas a tener que matarme hoy, porque no me voy. ¡Erika! – la lucha entre Tania y Daniel era despareja pero así y todo el guerrero tenía que ser cuidadoso con esta dama decidida a cualquier cosa con tal de acercarse a la emperatriz.</p>
<p>Daniel miró por sobre su hombro y entonces vio a la emperatriz de pie, a unos veinte metros del lugar, observándolos con cierta frialdad hasta que de pronto, bajo un simple gesto con la cabeza le ordenó permitir el paso a Tania, quien furiosa se acomodaba sus ropas. Antes de partir le dio un buen golpe en el estómago y luego comenzó su marcha hacia Erika con una energía que hacía tiempo no sentía. Daniel podría haberla detenido con facilidad si así lo hubiera querido, pero comprendía perfectamente los sentimientos de Tania y a su vez guardaba la esperanza de que ella lograra su cometido.</p>
<p>En un arrebato sin precedentes, Tania se acercó a la emperatriz caminando con furia en forma tosca hasta enfrentarla a unos pocos metros. Erika no pudo evitar recordar el momento en el que junto a Tomás habían ido en su búsqueda. Cuando la vieron en aquella oportunidad también se acercó a ellos de esa manera. Sólo que ahora había algo más en ella. Aún no podía descifrarlo, pero Tania ya no era la misma que había comenzado la travesía.</p>
<p>- ¡Me queres explicar de que se trata todo esto! – Le gritó más que preguntarle y continuó diciendo – ¡Ya han pasado más de tres meses que estás en total aislamiento y esperando! ¡Esperando qué! ¡Decímelo! ¡Decímelo ahora! ¡Porque yo estoy esperando con vos! ¿Te olvidaste de todo? ¿Te olvidaste del reino? ¡Te olvidaste de quién sos! ¡Yo te lo voy a recordar!</p>
<p>La emperatriz la miraba sorprendida y en silencio. Jamás la había visto a Tania de esta manera, totalmente descontrolada y a los gritos.</p>
<p>- ¡Sos la persona que me vino a buscar para salvar nuestro reino! ¿Dónde está ahora esa persona? ¡¿Dónde?! ¡Por poco muero en la montaña, nos atacaron animales, sobrevivimos la travesía por el bosque, conquistamos la aldea, nos aliamos con los nideros, llegamos al río … todo para que te dejes vencer! ¡Te dejas vencer antes de haber luchado! ¡¿No aprendiste nada de Tomás?! – de pronto giró dándole la espalda, con las manos en la cintura y el rostro hacia el sol en un gran suspiro sabiendo que se había extralimitado. Llenó sus pulmones de oxígeno con una gran bocanada de aire. Miró hacia el suelo por un momento intentando calmarse y luego giró con la intención de seguir hablando pero guardó silencio al encontrarse a corta distancia de la emperatriz. Erika se había aproximado a ella en ese momento y le dijo con tranquilidad:</p>
<p><strong>“Desde el cielo caerá el mensaje de libertad, y ella lo creerá.<br />
Más será por tierra y mar que la alcanzarán.<br />
Su gente será una y podrá cambiar, pero sólo uno de ellos es inmortal.<br />
El heredero al final reinará.”</strong></p>
<p>- ¿Qué es eso? – preguntó Tania confundida.<br />
- Es la revelación que me enseñó el anciano, el día de la ceremonia. – Contestó la emperatriz. Tania la escuchó mientras meditaba estas palabras. Entonces Erika continuó diciendo:<br />
- Sabes que a medida que transcurre el tiempo estas frases que parecían no tener sentido en un primer momento, se van transformando en realidad. – Se percató de la confusión en la expresión de Tania entonces continuó diciendo – Fue el viejo cóndor desde los cielos quien me hizo ver otra realidad y me inspiró este sentimiento de libertad. Le creí, a pesar que este animal ni siquiera era libre. Avanzamos por tierra y luego Tomás insistía en llegar al mar. Nos hemos unido nosotros como grupo y hemos hecho alianzas con otras dos culturas, conformando un único reino. Me dicen que su gente podrá cambiar y ya lo creo. Mirate.<br />
La reacción de Tania fue inmediata. Su cuerpo se contorsionó como si le hubiera dado un escalofrío. Y con ojos grandes continuó escuchando a la emperatriz sin hacer comentarios:<br />
- De ser una mujer calma solitaria e introvertida, enfrentas los guardias reales, arrastras a tu amante por los caminos del imperio e increpas a los gritos a tu emperatriz. – En ese punto de la conversación bajó Tania la mirada sin estar plenamente segura de la respuesta que debía dar, pero Erika no le dio tiempo de contestar ya que continuó diciendo – Una mujer que ganó confianza, peso en el grupo, con una participación fundamental en nuestra travesía. Tu heroísmo me conmueve, tus contactos nos rescataron de la muerte o algo peor en el monte. Tu lealtad no tiene precio. En mi momento más sombrío fuiste la única que luchó por acercarse. – Hizo una pausa caminando lentamente por el terreno cercano a la orilla del río y Tania la acompañó totalmente aturdida. Erika era una caja de sorpresas.<br />
- Él era nuestro guía Tania, no se hacia donde debemos dirigirnos. No puedo presentarme ante la guardia con estas dudas.<br />
- Tampoco podemos continuar aquí. El enemigo se acerca cada día un poco más. Por otro lado, sí sabes hacia donde debemos ir. Tomás marcó el camino perfectamente ese día. Es sólo cuestión de tomar coraje.<br />
- ¿Por qué los Dioses lo habrán reclamado? – preguntó ella apenada sin esperar realmente una respuesta.<br />
- Porque tal vez pensaron que ya estás lista para hacer tu propio camino. – Y tomándola del brazo agregó con una sonrisa – Es hora de que lo demuestres.</p>
<p>Daniel sintió una alegría inmensa al verlas caminar hacia su lado con decisión integrándose al campamento principal donde se encontraba la tropa. No hicieron falta las palabras. Sabía perfectamente que reanudarían la marcha en poco tiempo, por lo que comenzó a alistar a los soldados y verificar el estado general de la situación. La noticia se transmitió de boca en boca a una velocidad asombrosa.<br />
Esa noche la emperatriz cenó junto a su gente de confianza y permitió que Juan se sentara junto a Tania en el fogón principal compartiendo un lugar especial en su orden.<br />
Mientras cenaban Juan comentó:<br />
- El camino puede ser largo, pero es más seguro si continuamos bordeando el río. Será una cuestión de días, más estoy convencido que llegaremos al mar. Es mejor ir por aquí siendo un grupo más o menos numeroso.<br />
- Doce personas no es un número grande. – contestó Daniel.<br />
- Lo es si consideramos las provisiones que se necesitan. Estando cerca del río no nos faltará el alimento. La carga será liviana y podremos avanzar más rápido.<br />
- ¿Y si preparamos balsas? ¿No llegaríamos más rápido por el río?<br />
- No sabemos como es el curso de estas aguas más adelante. Sería un riesgo. &#8211; contestó Daniel.<br />
- No creo que eso sea problema, si evitamos la corriente principal las aguas son tranquilas. &#8211; comentó Maiko.<br />
- En un pueblo lejano existía un dicho que decía: “Porque las aguas estén tranquilas, no te confíes que no haya cocodrilos.” – le contestó Juan.<br />
Y la emperatriz sonrió por primera vez en mucho tiempo. La cena continuó y el ambiente se relajó a medida que el alcohol corría por las venas de los comensales. Tania se acercó a la emperatriz y le dijo:<br />
- El heredero reinará. Me pregunto qué heredero. No nos indica el resultado de nuestra misión. Puede ser tanto un heredero nuestro, como del enemigo. – guardó silencio con una expresión de preocupación en el rostro.<br />
- Lo sé Tania, pero lo averiguaremos. Ya lo averiguaremos.</p>
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		<title>Capítulo XII &#8211; Sólo luz</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Aug 2008 01:38:27 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Tuvieron que soportar muchas horas atrapados entre las redes, mientras eran cargados hacia un destino desconocido rodeados de estos amenazantes hombres. No se les permitía hablar entre ellos porque ante el menor intento recibían golpes por parte de sus captores. A pesar de todo, la emperatriz supo mantener la compostura en esa difícil situación y todos guardaron silencio durante largas horas. Los nideros se movían con agilidad y destreza entre los árboles avanzando con velocidad en ese reino salvaje de la naturaleza en pleno.<br />
La emperatriz confiaba en que si no los habían asesinado, era porque los querían como prisioneros y seguramente encontrarían la forma de negociar con ellos. La pregunta era negociar con quién y qué resultaría ser el objeto de interés de esta gente. Con total seriedad su mente se perdía en el intento de resolver tanta intriga pero el cansancio y la conmoción no le permitían avanzar hacia la respuesta.<br />
Daniel por su parte estaba furioso. Se sentía humillado al ser atrapado de esta manera con elementos tan rudimentarios, para colmo delante de todo su ejército y nada menos que de la emperatriz. Lejos de apaciguarse, su instinto asesino se despertaba cada vez con más fuerza.<br />
Mientras tanto, Tania estaba internamente lamentándose de no haber acudido a los brazos de su amado. Si tan sólo lo hubiera escuchado, si se hubiera quedado con él. Tal vez hubiera habido algo que ella pudiera haber hecho por la emperatriz desde el pueblo de Almeda. Pero no. Su orgullo había sido más fuerte y así había caído en estas redes luego de días de caminata hacia un destino indefinido. Se angustiaba al pensar que muy probablemente nunca más vería a Juan, su gran y único amor.<br />
Tomás era el único que estaba feliz y sólo se preocupaba por estirar de vez en cuando sus piernas. Las redes le resultaban un tanto incómodas con sus cuerdas algo ásperas y cambiaba de posición de tanto en tanto. Se encontraba perfectamente tranquilo y se recuperaba lentamente del agotamiento del viaje, dormitando por momentos.</p>
<p>Los nideros continuaban avanzando en fila por el monte, increíblemente apurando la marcha cada vez más. La resistencia que tenían era sorprendente y no pasó desapercibida por los prisioneros. Paco los observaba detalladamente. Los pies desnudos se desplazaban por los suelos sin aparentemente ser una molestia para ellos. De sólo pensar en las ramas, pequeñas piedras, raíces y todo tipo de vegetación e insectos sobre el suelo se estremeció.<br />
Todo el grupo de la emperatriz había quedado tan afectado con este ataque sorpresa, que no se percataron hasta mucho tiempo después que ni Bandido ni Ariel, el coatí, habían sido atrapados por estos hombres rudimentarios.</p>
<p>Tania estimaba que sería cerca del mediodía cuando de pronto los nideros dejaron caer las redes al suelo, desde un metro de altura. Los prisioneros dejaron escapar un quejido por el golpe recibido. Sin embargo, no se movían porque los nideros los apuntaban con lanzas en forma amenazante. Los tenían bajo una estrecha vigilancia y les gritaban continuamente en un idioma que jamás habían escuchado anteriormente. Una voz imperativa se impuso entre las demás a la distancia y de pronto los gritos de los hombres cesaron aunque continuaban apuntando las lanzas hacia los prisioneros.<br />
La emperatriz y su gente pudieron ver como los nideros lentamente se apartaban de ellos formando un círculo amplio en ese claro del monte donde habían sido arrojados. El temor a un nuevo ataque les impedía moverse a pesar de poder ver claramente el espacio que les dejaban los indígenas. Con suma lentitud Erika comenzó a retirar la red que la envolvía bajo la vigilancia de estos hombres a unos tres metros de ella. Al verificar que la emperatriz no recibía ataque alguno, su gente comenzó a imitarla.<br />
En pocos minutos se encontraron todos parados agrupados en el centro del círculo delimitado por estos hombres de mirada agresiva. Tania se acercó con precaución hasta la emperatriz y le solicitó permiso para intentar contactar con esta extraña gente. Erika aceptó la propuesta y Tania dio un paso al frente avanzando menos de un metro con respecto al resto. Con cierto temor en su voz logró decirles:<br />
- Representamos al Reino del Valle de las Nieves. Hemos llegado pacíficamente. Necesitamos hablar con su líder.<br />
Como toda respuesta un par de nideros se le acercaron amenazantes y a punta de lanza la obligaron a reunirse con el resto de su grupo.<br />
Y entonces lo vieron. Era una figura siniestra. De gran contextura se acercaba lentamente haciendo crujir las raíces bajo su peso. Lucía una horrible máscara negra que simulaba el rostro de alguna figura animal primitiva de grandes ojos con la boca abierta. Sin embargo caminaba con suma confianza dominando su entorno con cada movimiento. Sobre su pecho lucía un lazo con un disco de metal macizo de unos doce centímetros de diámetro. En ese momento sólo se escuchó el cantar de las aves, pero por un segundo Tania se sumergió en el más estruendoso silencio que habría sentido en toda su vida. El hombre de la máscara levantó el brazo señalándola y ese gesto fue lo único que necesitó para que tres nideros se acercaran a ella y la arrebataran por la fuerza del grupo arrojándola al suelo, a sus pies.</p>
<p>Daniel no soportó la presión e intentó escapar del círculo pero fue inútil. Los nideros controlaban totalmente la situación y a punta de lanza arremetieron contra él cortando su brazo y pierna izquierda. El grupo de la emperatriz estaba prácticamente desarmado y totalmente rodeado.<br />
El hombre retiró su máscara con lentitud y se la entregó a uno de los indígenas. Tania se permitió levantar la vista con suma precaución y observó las piernas musculosas del hombre que intempestivamente la tomó del rostro y la examinó como si se tratara de una presa. Con su mano le hizo girar la cabeza para observarla de perfil y luego la empujó provocando su caída de espaldas sobre el suelo. El hombre con una sonrisa siniestra comenzó a acercarse a Tania pero entonces se escuchó a pocos metros:<br />
- ¡Ya basta! ¡Tenemos un trato!<br />
La voz masculina era grave y decidida. Tania la buscó con sus ojos con desesperación sin poder creerlo. Era él. No tenía idea de qué hacía él ahí. Pero era Juan.<br />
- Nosotros también teníamos un trato. No más invasiones por parte de Almeda. ¿Qué debo pensar sobre esto? – preguntó el nidero observando al grupo de la emperatriz.<br />
- Ya le expliqué que no se trata de gente de Almeda, su Excelencia.<br />
El hombre se acercó a Juan hostilmente y le dijo con tensión en su voz:<br />
- Yo soy un hombre de palabra.<br />
- Yo también, su Excelencia. – contestó Juan mientras le entregaba una bolsa de cuero mediana.<br />
- Juan… &#8211; dijo Tania confundida y temerosa pero los indígenas no tardaron en recordarle que ella era aún prisionera.<br />
Juan miró de frente al nidero y éste abrió la bolsa de cuero para extraer lentamente, una de las tantas monedas de oro. Sonrió y luego le preguntó:<br />
- ¿Tan especial es?<br />
Juan le mantuvo la mirada pero no le contestó. El hombre ordenó algo a los aborígenes que rodeaban a Tania y estos se abrieron paso incorporándose al grupo principal que rodeaba a la emperatriz y su gente. En ese momento Juan se acercó a Tania y le ofreció su mano visiblemente conmovido. Ella aceptó su ayuda y al levantarse sintió como los brazos de Juan la rodeaban en un abrazo tan fuerte que por un par de segundos no pudo respirar.<br />
El momento fue mágico y hubieran deseado que durara toda la vida, pero esta sigue y no te espera. A veces incluso, te pasa por arriba. Eso fue justamente lo que sucedió porque Bandido apareció de la nada e intempestivamente se lanzó contra los indígenas cargando a Ariel sobre su lomo. Esta aparición desenfrenada confundió a los hombres y Daniel no dejó escapar la oportunidad. Tomó un cuchillo oculto en su bota y luego de herir a uno de los aborígenes tomó a uno de ellos inmovilizándolo contra su pecho mientras presionaba el frío metal en su cuello. Los hombres del grupo se revelaron y pronto comenzó una lucha que se detuvo ante la orden estruendosa del líder nidero. Los aborígenes dejaron de luchar y se replegaron alejándose de la emperatriz y sus hombres. El líder de esta tribu no desviaba la mirada de Daniel, quien sostenía al joven nidero con decisión y coraje. Tania mientras tanto logró acercarse a los animales y acarició el cuello del caballo. El coatí se le subió a los hombros en un instante.<br />
- Estás cometiendo un grave error. – habló el líder.<br />
- El error fue suyo al tomar como prisionero al ejército del Valle de las Nieves. – contestó Daniel con cierta agitación.<br />
El aborigen intentaba moverse por momentos bajo los fuertes brazos de Daniel. De pronto habló en su lengua y Daniel se sintió obligado a presionar el cuchillo en su cuello para callarlo. Se sorprendió al escuchar al líder de los nideros decir al joven:<br />
- No se hacen así las cosas, hijo. Tenemos un trato con Juan y no voy a dañar a estos hombres. &#8211; miró a Daniel y continuó &#8211; Siempre y cuando ustedes cumplan con su parte del trato.<br />
Tomás parado a pocos metros de Daniel le indicó que percibía la verdad en el tono del nidero y Daniel resolvió soltar al joven quien cayó al suelo respirando compulsivamente mientras masajeaba su cuello. En ese instante Ariel saltó de los hombros de Tania para reprochar a Daniel:<br />
- ¡Desperdiciaste tu oportunidad para vencer a estos asesinos! ¡Cobarde!<br />
- ¿Asesinos? ¿Cómo te atreves a llamarnos así? &#8211; gritó el líder nidero.<br />
- Porque han matado a mis amigos, mi familia, no hay coatí que haya sobrevivido…<br />
El líder lo miró sonriendo con cierta soberbia. Sin contestar dirigió su mirada a Juan y le dijo:<br />
- Voy a tratar contigo. Pero primero les voy a mostrar quien es el real asesino. Por favor, acompáñenme.</p>
<p>La emperatriz se alineó detrás de Daniel seguida por Tomás. Tania tomó la mano de Juan sin poder salir de su asombro y caminaron juntos por un sendero que sólo los nideros conocían como la palma de su mano. Atravesaron el monte con cierta facilidad, esquivando todo tipo de plantas y malezas. Los nideros los observaban con desconfianza y con razón. A todo esto, los representantes del pueblo de Almeda se habían sumergido en el más profundo de los silencios. Sin poder articular palabra alguna seguían las órdenes de Daniel al pie de la letra.<br />
Luego de una hora de seguir este camino colmado de obstáculos naturales, el líder de los nideros se detuvo y al girar miró al ejército del Valle de las Nieves con una sonrisa misteriosa. Le dedicó una mirada especial a Ariel para luego volver a mirar hacia delante y a todo pulmón producir un cántico similar a un pájaro cubriendo la boca con ambas manos.<br />
Nada sucedió y la expectativa del grupo se tiñó con cierta desilusión y un incipiente sentimiento de burla, que no duró demasiado tiempo. Un movimiento entre las ramas les llamó la atención y luego uno a uno fueron apareciendo sin ningún tipo de disimulo ni vergüenza. Más de diez coatíes llegaron corriendo por las ramas con gran alegría para recibir al líder nidero. Uno de ellos hasta intentó treparse a sus hombros. En voz muy baja, les dijo algunas palabras que nadie pudo comprender, a excepto claro de los coatíes. Eso fue más que evidente porque quedaron perplejos y se fueron en grupo hacia un costado examinando a los hombres con detenimiento. Y en ese instante se vieron.<br />
Todo el grupo de coatíes corrió al encuentro de Ariel con una alegría desmesurada. Parecían estar haciendo un tipo de baile a su alrededor y sin pensarlo dos veces Ariel se incorporó a esa extraña danza con suma emoción. La emperatriz y su gente los miraba fascinados por el espectáculo.<br />
Ariel festejaba con una energía renovada el reencuentro con su manada. Luego de varios minutos se acercó con prudencia al líder nidero y le dijo:<br />
- Yo no entiendo. Esta es parte de mi familia, y muchos de mis amigos que hace tiempo los dimos por perdidos. No entiendo. No entiendo nada.<br />
- En ese bosque rodeando al pueblo están en peligro de extinción. Gracias al pueblo de Almeda ya no quedan prácticamente recursos naturales en la zona. Por ello, cada vez que encontramos algún ejemplar en el monte los traemos a esta reserva natural. Aquí abunda la comida y tienen espacio suficiente para vivir sanamente sin resultar amenazados.<br />
- ¿Cómo no volvieron a avisarnos? – preguntaba Ariel a sus pares. Ellos le explicaron que esta reserva está muy escondida en el monte. No les había resultado posible regresar, pero le aseguraban que eran sumamente felices y que nunca más habían sufrido hambre en este lugar. Para colmo, el nidero le dijo:<br />
- No nos resultaba posible llegar hasta el bosque para rescatar a todos. Los almedinos nos atacarían sin ningún tipo de duda. Tienen armas muy poderosas. Allí no tenemos chance.<br />
La emperatriz y su gente intercambiaron miradas y luego todos se dirigieron a Juan. Éste bajó la mirada sin dar explicaciones haciendo evidente el antiguo dicho: “el que calla otorga”. Paco, con algo de nerviosismo y mucho enojo, avanzó unos pasos para increparle al nidero:<br />
- Lo que usted dice es un disparate. Nosotros no somos asesinos. Ustedes han matado a unos cuantos hombres nuestros. Jamás mostraron piedad. No se de que se quiere disfrazar ahora, pero yo se positivamente que nuestro gobernador ha dado todo por su pueblo y por defender la paz.<br />
- ¿Defender qué? Usted no sabe de lo que está hablando.<br />
- ¿Usted va a decir que no mató a ningún almedino?<br />
- Fue por defensa propia. Por defensa de mi gente. Por defensa del monte.<br />
- ¿De qué habla?<br />
- Es evidente que no lo sabe. Ya lo entenderá. – Hizo una pausa para dirigirse a Ariel diciéndole – Si lo deseas te podés quedar aquí con tu especie. Podrás vivir en paz y tranquilidad.<br />
Ariel se quedó pensativo por un momento y luego comenzó a correr en círculos tratando de atrapar su cola. En un momento se detuvo y contestó:<br />
- Tengo que volver por los demás. Los traeré a todos.<br />
El nidero sonrió y le dijo:<br />
- Como desees. – miró luego al grupo que estaba aguardando y le pidió que lo siguieran.<br />
Esta vez la caminata no fue tan larga pero todos estaban agotados tanto por el esfuerzo físico como también por los momentos de tensión que habían experimentado. El nidero que había estado bajo los brazos de Daniel, lo miraba por momentos con cara de pocos amigos.<br />
Para sorpresa de todos, el monte comenzó a aclarar y los árboles se hacían cada vez mas escasos. Era como si algo los hubiera arrancado. La tierra estaba revuelta y de pronto los primeros en llegar se quedaron detenidos por el horror viéndose empujados por aquellos que los seguían.<br />
Se podían ver muchas hectáreas totalmente desforestadas. Todo allí estaba muerto. Los viejos troncos cortados con hachas y sierras habían quedado como pequeño pigmeos testigos de la barbarie. La emperatriz se adelantó para observar con seriedad y detenimiento el paisaje desolador. El campo abandonado a su suerte parecía no tener vida sin los árboles. Sólo se podía observar tierra árida y esos viejos troncos masacrados.<br />
- Esta es la obra de los almedinos. De vez en cuando encontramos este tipo de escenario, a pesar que tomamos todos los recaudos por defender nuestras tierras. La agresión en los últimos años fue feroz. Cuentan con tecnología poderosa, pero no pueden con nuestra fuerza, nuestro temperamento, nuestra pasión por la vida. &#8211; se detuvo un momento para observar sus reacciones y luego continuó diciendo &#8211; Tenemos un trato desde hace un par de años. El gobernador se comprometió a no impulsar nuevas invasiones a nuestras tierras, pero es claro que en oportunidades tenemos gestiones particulares. No nos queda más alternativa que combatirlas.<br />
Paco se acercó a Erika y le dijo:<br />
- ¿Qué significa esto? No estaba al tanto de esta situación. Yo me dedico a la agricultura, lo sabés muy bien. – expresó mirando por un momento a Erika – Es Manuel el dueño de la única maderera del pueblo. Nos explica que sus hombres la buscan en los límites del bosque. Con ella construimos nuestros hogares, utensillos, bueno, casi todo lo que tenemos.<br />
El nidero pasó por al lado de Paco mirándolo con desprecio para acercarse a la emperatriz y decirle frente a frente:<br />
- Ahora bien, emperatriz. Es un gusto conocerla personalmente. – Ella lo miraba con atención sin decir palabra alguna – Debe saber que usted y su ejército están vivos gracias a la gestión de Juan. No permito que nadie ingrese a mi reino. Él me prometió que ustedes serían incapaces de hacerle daño a mi monte, y que sólo necesitaban llegar al Río Grande. &#8211; Luego de una pausa agregó &#8211; Debe entender que tuve que detenerlos cuando comenzaron a dañar la vegetación.<br />
Ella le contestó entonces mirándolo a los ojos:<br />
- Es un honor que nos haya recibido en su reino, su excelencia. – Él bajó levemente la cabeza en aceptación de sus palabras y ella continuó diciendo – No fue intención nuestra ofenderlo dañando el monte. Sentimos su presencia y fue la única alternativa que se nos ocurrió para llamar su atención y que se dejaran ver.<br />
- No se preocupe. Juan ya ha pagado por los daños que ocasionaron. Sin embargo, tenemos mucho que conversar. Me gustaría que pasaran la noche en nuestro centro. Estoy seguro que quedará fascinada.<br />
- No lo dudo. – dijo Tomás apoyando su mano sobre el hombro de la Emperatriz.<br />
El nidero sonrió mostrando sus dientes blancos muy separados entre sí y ordenó a sus hombres el regreso a sus hogares. El ejército comenzó a seguir al grupo de aborígenes tratando de no perderles el paso, lo cual francamente no era sencillo. La agilidad de esos hombres era realmente asombrosa.</p>
<p>Después de avanzar hacia el este por varios kilómetros los hombres comenzaron a dispersarse entre sí con rostros de alegría. Sin dudarlo comenzaron a trepar a los gruesos troncos de los árboles con gran agilidad. Fue entonces cuando la emperatriz miró hacia arriba y se quedó paralizada ante lo que veía. En la parte alta de los árboles, a unos quince o veinte metros de altura, los aborígenes habían construido sus viviendas, con ramas, raíces y tierra compactada. La ciudad estaba en las ramas de los árboles como si se tratara de aves. Era evidente que toda la vida era al aire libre. Algunas mujeres comenzaron a bajar por los troncos y se acercaban con curiosidad a los soldados de la emperatriz. No tardó mucho para que Erika se diera cuenta del origen del nombre que se les había dado a estos aborígenes.<br />
Las mujeres nideras les ofrecían alimentos y agua potable. Juan les explicó que esta gente también vivía del agua de lluvia. Sucedía que la naturaleza en esta área era más benévola y tenían mayor cantidad de lluvia al año, así como gran cantidad de árboles frutales a disposición, por lo que raramente la falta de agua representaba un problema para ellos.<br />
Sin embargo, se habían mostrado interesados en colaborar con la construcción de un conducto para el agua. De alguna manera, pensaban que esta obra podría representar la solución para encontrar la paz entre los dos pueblos. El más firme interés de los nideros era la protección del monte. Ese era su lugar y representaba todo lo que ellos eran, todo lo que amaban y lo único que deseaban. Allí habían encontrado la felicidad.<br />
- Si sabías todo esto, ¿cómo pudiste aliarte a Manuel Almeda? – preguntó Tania a Juan con cierto tono de desilusión en su voz.<br />
- Explícame algo por favor: ¿Vivirías en una cabaña en el bosque, sabiendo que colaboraste para mantener un tratado de no agresión entre dos civilizaciones o por otro lado, vivirías colgada de una rama sin tomar participación?<br />
Ella lo miró con cierto enojo y mucha confusión. Sin saber dar una respuesta coherente, ni queriendo dar el brazo a torcer, se alejó de él aproximándose a los hombres de la emperatriz. Juan se sintió ofendido después de todo lo que había hecho por ella y se sentó a los pies de un árbol. Allí fue donde la emperatriz conversó con él. Estaba plenamente segura de que este hombre tenía la información necesaria para que ella alcanzara con éxito su objetivo. Daniel se quedó a pocos metros custodiándolos mientras observaba como Tomás con gran alegría trepaba por los troncos feliz por la compañía de las nideras que no tardaron en rodearlo entre risas contagiosas.<br />
Al momento en que ella se aproximó, Juan le dijo con tranquilidad:<br />
- Estaba seguro de que en algún momento tendríamos este encuentro.<br />
Ella sonrió cortésmente y se sentó a su lado. Luego de un breve momento contestó:<br />
- Entonces ya tenés pensado que decirme. Soy toda oídos.<br />
Él se sintió complacido y sin rodeos comenzó a explicarle:<br />
- Como ya imaginarás, no soy un almedino y tampoco soy un nidero. De hecho tampoco pertenezco a tu reino.<br />
- Pero imagino que tendrás algún origen. – comentó ella en un tono inquisidor.<br />
- Imaginas bien. – Hizo una pausa y luego comenzó a relatar tomándose su tiempo &#8211; Nací en un reino muy lejano de este lugar. Tiene hermosas planicies verdes a partir de la primavera y blancas a fines de otoño. El castillo de mi Señor está ubicado a orillas de un lago cristalino donde nadan peces de todos los colores que puedas imaginar. Cerca de este lugar estaba mi casa, al ingreso de un bosque frondoso con cantidad de aves y diferentes animales típicos del lugar. Pasaba algún tiempo en esta cabaña, pero la mayoría de mis días transcurrían en el castillo de mi Señor. Éramos muy unidos porque nuestras madres eran muy amigas desde hacía muchos años y prácticamente nos criaron juntos. Claro que al crecer, él tendría un destino diferente al resto. Con los años tomó el poder del reino, y yo me convertí en su fiel servidor. Lo asesoraba en ciencias, filosofía, política de estado, muchas áreas. La fortaleza de mi Señor se mostró desde el primer momento. Se convirtió en un gran guerrero reconocido en todo el territorio y a medida que pasaron los años el reino fue incorporando nuevas tierras. Tomaba los pueblos y los transformaba en anexos a nuestro reino, muchas veces por la fuerza. Era temido, amado y respetado por todos. Después de tantas conquistas un buen día llegamos al mar, y ese día creo que fue el principio del fin. Mi Señor no sólo contaba conmigo en su círculo más cercano, sino que también estaba Katrina. Ella organizaba su ejército. Es una mujer admirable por su destreza en el campo de batalla y no sólo eso: tiene una estrategia militar intachable. Con su sed de conquista convenció a mi Señor de navegar por los mares en búsqueda de nuevos territorios. Obviamente todos seguimos sus ideas y nunca pudimos volver a nuestros hogares. Sé muy bien que él luchó hasta el final pero fue imposible. Una tormenta siniestra lo arrastró a las profundidades del mar y jamás lo encontramos. Perdimos su embarcación con unos cuantos hombres a bordo. A los pocos días, la tormenta cesó y sólo nos quedó ese gusto amargo de la tristeza. O al menos ese fue mi sentimiento. Katrina nunca se rindió. Bajo sus órdenes y justo tres días luego de la pérdida sufrida avistamos tierra. Eran unas playas maravillosas. Creo que ella sigue buscándolo sin lograr comprender que lo hemos perdido. Sometimos a un par de pueblos a nuestro paso, pero yo decidí seguir mi camino solo. Nos despedimos en buenos términos. – Hizo una pequeña pausa y agregó – Hasta me regaló su caballo, Bandido. – Sonrió levantando la mirada hacia el animal y siguió explicando – Jamás lo pude montar. Supongo que me detesta por haberlo separado de ella.<br />
- Este ejército. ¿Dónde se encuentra?<br />
- Te darás cuenta que no puedo delatar a mi gente, ¿verdad?<br />
- ¿Por qué los abandonaste?<br />
- Porque yo le era fiel a mi Señor. Katrina jamás podrá ocupar su lugar para mí. No tenía sentido seguir conquistando territorios si él no estaba. Por otro lado, no estoy de acuerdo con sus métodos. Yo aún creo en el poder de la diplomacia. &#8211; hizo un breve silencio y luego agregó &#8211; Quería tener una vida tranquila.<br />
La emperatriz se quedó pensativa y luego le escuchó decir:<br />
- Y la tenía. Hasta que un día conocí a Tania en el bosque.<br />
Pareció que Erika iba a preguntar algo pero guardó silencio al ver al líder nidero aproximándose en su dirección junto con el aborigen que había sido rehén de Daniel. Tomás y Paco se acercaron para poder escuchar la conversación.<br />
- Juan ya me ha explicado que necesitan abastecer de agua la aldea. La única forma para lograrlo es construyendo un canal desde el río. Podrán partir mañana hasta el caudal. Mi hijo Maiko les servirá de guía.<br />
La emperatriz sonrió por un momento sin estar segura de poder confiar en las palabras del nidero. Entonces le preguntó:<br />
- ¿Por qué estaría dispuesto a aceptar el canal?<br />
- Porque ni voy a cargar con la responsabilidad de la muerte de esa gente, ni voy a aceptar que invadan mis territorios en búsqueda de agua. El canal es la mejor solución para ambos. Además, ambos pueblos podrían darle uso. Por supuesto, hay una condición.<br />
- ¿Cuál es?<br />
- Almeda no puede seguir en el poder. No puedo confiar en él.<br />
- No se preocupe. – contestó Paco para sorpresa de todos. – Me encargaré yo mismo de ese tema en cuanto regresemos al pueblo.<br />
El nidero y la emperatriz conversaron por casi una hora. Él se mostró interesado en integrar una alianza de territorios y le pareció que la emperatriz tenía la neutralidad necesaria para asegurarse de que la gente de Almeda no tomaría ventaja de la situación. La charla fue muy amena y fructífera, Erika también tomó algunos consejos del aborigen para sobrevivir en el monte los próximos días, además de prestar atención a las indicaciones que le daban para tomar el camino más corto al río.<br />
Tomás debería haber sido el más feliz ante la perspectiva de llegar finalmente al río, sin embargo se mostraba reservado y con la mente en algún lugar lejano.</p>
<p>Durante la noche, el pueblo nidero organizó una fiesta en honor al ejército del Valle de las Nieves. Estaban planificando por anticipado una paz duradera con el pueblo vecino y además iniciando proyectos para la libre disponibilidad de agua en sus tierras. Paco sorprendentemente acordó varios proyectos con los nideros y hasta pensó en un sistema de irrigación para sus tierras. Era el comienzo de una etapa próspera. La emperatriz y su gente quedaron asombrados al ver el banquete basado en frutas y verduras, algunas de ellas salvajes. El monte era una fuente inagotable de alimentos. Algunos nideros comenzaron una danza rítmica en círculos bajo el canto de los más jóvenes. Fue una noche que ninguno de los presentes olvidaría en sus vidas.<br />
Al finalizar la ceremonia, la gente del valle se sorprendió al observar como con suma destreza los nideros treparon a los árboles y de a uno o en pareja se acomodaban en los nidos que habían construido en las alturas. Hasta los niños tenían su propio lugar asignado en los árboles.<br />
La emperatriz por su parte, junto con sus hombres, continuó con su ritual de dormir sobre el suelo ubicados en círculo con guardias rotativas, encargadas de alarmar ante cualquier tipo de peligro o amenaza.<br />
Al día siguiente se despertaron muy temprano con los cantos de las aves y la propia actividad del pueblo nidero. Ellos pasaban gran parte del día recolectando frutos, construyendo utensillos rudimentarios, atendiendo a los niños, construyendo sus nidos, cazando o simplemente disfrutando de la naturaleza desde lo alto de alguna rama.</p>
<p>El entusiasmo por iniciar el camino al río los contagió a todos, excepto a Maiko, que no estaba plenamente convencido de acompañarlos. Sólo el respeto por su padre, lo mantenía junto a ese grupo de soldados. Tania y Juan iban caminando juntos en silencio hasta que ella tomó su mano y él la miró con cierta ternura. Al cruzarse las miradas ella le dijo:<br />
- Erika me lo explicó todo.<br />
Él la siguió mirando sin contestar y ella continuó diciendo:<br />
- Podemos intentarlo.<br />
- Te amo pero no puedo enfrentarme a mi pueblo. No me pidas eso.<br />
Ella suspiró por un momento y luego le contestó:<br />
- Cuando llegue el momento, veremos cómo manejarlo. Lo único que se, es que no puedo ni quiero dejarte ir.<br />
Él sonrió y la besó con pasión ocasionando los gritos de alegría de la tropa. Ella lo empujó pero al separarse ambos comenzaron a reír y luego siguieron por el camino bajo la mirada de desaprobación de Daniel.<br />
En ese preciso instante fue cuando Erika observó detenidamente a Tomás. Hacía días que lo notaba extraño y lejano. Algo en el interior de su alma le decía lo que iba a ocurrir, aunque no imaginaba de qué forma. La emperatriz se acercó y le preguntó sin rodeos:<br />
- ¿Llegó el momento de hablar?<br />
- ¿De qué hablas? &#8211; preguntó él.<br />
- No tenés que seguir fingiendo. Me doy cuenta de que te pasa algo. &#8211; El guardó silencio y ella continuó &#8211; Necesito saber Tomás.<br />
- Me han llamado. No sé cuánto tiempo me queda ni cuándo va a ocurrir. – explicó él angustiado.<br />
- Pero será pronto. – contestó ella con seriedad.<br />
Él asintió y luego de un momento preguntó:<br />
- ¿Cómo lo sabías?<br />
- Te conozco desde que tengo memoria. No es necesario que me expliques con palabras. ¿Tiene que ver con tu don, verdad?<br />
- Así es.<br />
- ¿Tuviste una visión?<br />
- Sí.<br />
- ¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué esta vez es diferente?<br />
- Me dijeron que tengo que dejarte ir. &#8211; contestó él con una sequedad inusual en su voz.<br />
- Bueno, pero podes volver. – comentó ella sin tomar conciencia del significado de las palabras de Tomás.<br />
- No me entendes. Me dijeron que ya había cumplido mi misión.<br />
Ella se sobresaltó comprendiendo en ese instante la magnitud de estas palabras y guardó silencio. Luego se adelantó a la tropa, quedándose junto a Daniel sin emitir sonido alguno. Tomás no estaba seguro si había manejado bien la situación y no sabía si detenerla y seguir conversando con ella, si abrazarla o callar, lo único de lo que estaba seguro era que había hecho lo mejor que él podía.</p>
<p>La noche los atrapó y descansaron todos en el lugar indicado por Maiko. El muchacho conocía perfectamente la zona, pero así y todo Daniel no dejaba de prestar atención y marcar el camino disimuladamente. Erika se había recostado sobre la hierba intentando cerrar sus ojos, cuando sintió la proximidad de Tomás y giró a su encuentro. Se abrazaron por largos minutos y él le besó la frente, sus ojos, sus labios. Entonces le dijo con un tono desesperado:<br />
- No se cómo lograré hacer esto, pero de alguna manera u otra estaré siempre en tu vida y te juro que encontraré la forma de que puedas sentir mi presencia. Te pido que me prometas algo. – Ella lo escuchaba con suma atención – Prometeme que siempre vas a escuchar tu corazón. Escucharlo de verdad. Por más que parezca una locura. Seguí ese instinto, hacelo crecer y nunca dejes de soñar. Toda magnífica obra fue sólo un sueño alguna vez. Seguí tu corazón, tendrás la inteligencia y la ayuda que necesites para sortear cualquier obstáculo.<br />
Ella lo abrazó y una lágrima escapó corriendo por su mejilla. Entonces le dijo:<br />
- Nunca voy a poder olvidarte.<br />
- ¡Más te vale! – contestó él con una sonrisa provocando la risa de ella mezclada con algunas lágrimas.<br />
Se despertaron abrazados al día siguiente cuando Daniel los llamó para seguir el camino. Maiko aseguraba que el río estaba sólo a un par de horas de ese lugar.<br />
Siguieron avanzando con decisión por el monte doblando entre los árboles, quitando ramas que impedían el paso hasta que pronto quedaron todos inmovilizados por el sonido. Sí, era el río.<br />
Apuraron la marcha a pesar del cansancio y con gran alegría se maravillaron con la fuerza y el caudal del Río Grande.<br />
El agua separaba el monte en dos costas con una potencia sin igual. Paco gritó de alegría y se acercó a la orilla. La costa era rocosa mezclada con arena y arcilla mientras que las aguas verdosas desplegaban el reflejo del sol sobre la superficie. La tropa entera festejó y hasta Maiko sonrió por primera vez desde que lo conocieron.<br />
- ¿Y ahora? – preguntó la emperatriz a Tomás.<br />
- Tengo que ir al mar. – comenzó a caminar en dirección al río y ella se quedó mirándolo sorprendida. De pronto él giró y dijo &#8211; Siempre estaré con vos y encontraré la forma de hacértelo saber.<br />
- ¿Qué está haciendo? – preguntó Tania con preocupación.<br />
El agua había subido a sus rodillas cuando una luz potente en el río despertó la atención y temor de todos ellos. De un momento a otro Tomás se vio envuelto por una gran luz que lo consumía y cegaba a los presentes con su fuerte resplandor. A los pocos minutos, esa luz blanca se redujo llevándose a Tomás con ella y desapareciendo a gran velocidad bajo las aguas, en dirección al mar.</p>
<p>Erika se dejó caer de rodillas en la orilla del río sin lograr reaccionar. Tania se acercó a las aguas bajo un manto de incredulidad, mientras que Daniel intentaba calmar a los hombres que ahora temían acercarse al río.<br />
- Él va a estar bien, Erika. – le dijo Tania mientras la abrazaba torpemente.<br />
- Lo se. – contestó la emperatriz. – Lo se. – hizo un silencio y luego le dijo – Por favor, encargate de todo. Necesito estar sola.</p>
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		<title>Capítulo XI &#8211; El monte</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Aug 2008 19:47:39 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Al día siguiente se levantaron temprano y Daniel se ocupó eficientemente de la organización de la tropa. Sin dudar tomó a uno de sus hombres y lo envió al valle para solicitar cinco guardias adicionales. Dejó a dos de ellos en el destacamento y ordenó al resto que se prepararan para marchar al pueblo. Daniel era excelente en su función, realmente se sentía como pez en el agua llevando adelante la tropa.<br />
La emperatriz estaba feliz de poder por fin quitarse esos vestidos color pastel y lucir nuevamente su vestimenta de cuero y sus botas altas hasta casi las rodillas. Estaba ya un tanto ansiosa por la reunión que iba a mantener ese día y deseosa por escuchar cuanto antes la propuesta del gobernador Almeda. Antes de partir habló con Tania y acordaron que se volverían a encontrar por la noche para preparar su partida hacia el monte. Tomás, por su parte, decidió quedarse en el destacamento a la espera de todos ellos.</p>
<p>Erika y Daniel iniciaron el viaje hasta la aldea junto a la tropa. Al llegar, la gente del lugar salió a recibirlos prácticamente como héroes y dificultaron un poco su avance hasta la plaza principal. La gran multitud los acompañaba mientras que los soldados se mantenían recios vigilando todos los movimientos con seriedad. Al llegar al edificio principal, dos de los guardias acompañaron a la emperatriz y a Daniel al interior, donde inmediatamente los guiaron por un pasillo hasta un salón sencillo. Al ingresar se encontraron con el gobernador y cuatro asesores, Paco entre ellos, que los estaban aguardando de pie cerca de una mesa de caoba ovalada en el centro de la sala. Las paredes tenían un claro color amarillo y lucían unos pocos cuadros antiguos retratando los antepasados de la Familia Almeda.</p>
<p>Se detuvo por un momento para admirar el cuadro colgado en la pared como si fuera la primera vez que lo hacía. Se trataba de la figura de un caballo sorprendido en la pradera, capturado espléndidamente por el artista. Él se acercó con decisión y apoyó sus manos sobre el marco. Retiró la obra colocándola sobre el suelo con cuidado apoyada contra la pared, dejando al descubierto una caja empotrada. Marcó la combinación rápidamente y abrió la puerta. De a poco fue retirando su contenido apoyándolo sobre la sólida mesa de madera y en pocos minutos armó un bolso de cuero negro guardando en él un pliego sellado, una brújula, un disco de metal de diseños extraños, un cuchillo, su revólver con las municiones y algunas monedas de oro.<br />
Levantó la vista sobresaltado al abrirse la puerta de entrada pero se tranquilizó al ver a Rodrigo, el encargado general.<br />
- Señor, disculpe. Vengo a avisarle que Tania está en el portón principal. Desea verlo.<br />
Él lo miró brevemente pero continuó ordenando su bolso sin responder, ante lo cual Rodrigo prosiguió diciendo:<br />
- No le permití el acceso, tal como usted ordenó.<br />
- Está muy bien Rodrigo. – contestó con seriedad.<br />
El empleado dudó por un momento y luego agregó:<br />
- Me dijo que desea despedirse de usted.<br />
Juan golpeó la mesa de madera con el puño cerrado y con furia en los ojos dijo:<br />
- ¡Ya impartí mis órdenes!<br />
- Claro, Señor. – contestó casi en un susurro y comenzó a caminar para retirarse.<br />
- ¡Rodrigo! – lo llamó Juan.<br />
El hombre se detuvo y se quedó mirándolo pero Juan pareció arrepentirse e hizo un gesto para que se retire sin articular palabra. Rodrigo cruzó parte del campo bajo la mirada de Tania e ingresó a sus aposentos. Podía verla a través de su ventana y sintió algo de compasión por ella. Sin embargo, “órdenes son órdenes” pensó.</p>
<p>- Erika, perdón… Emperatriz, ¿tiene idea de lo que significa ingresar en el territorio de los nideros? – preguntó Paco asombrado de que la persona que hasta hace pocos días atrás era su empleada sea en realidad la emperatriz de la antigua leyenda.<br />
- Es un territorio más. Tengo el ejército necesario para poder hacer frente a cualquier eventualidad. – contestó ella con seguridad.<br />
El gobernador la observaba analíticamente y luego de mantener la mirada por un momento le dijo:<br />
- Tres de nuestros hombres han desaparecido en ese territorio el año pasado. El resto de los que han intentado internarse han escapado de milagro, teniendo que huir del monte a toda velocidad. Los nideros son una civilización salvaje y guerrera. No tendrán compasión si los encuentran. – comentó uno de los asesores del gobernador.<br />
- Nosotros tampoco. – contestó Daniel con una expresión dura.<br />
- Necesitamos el agua de ese río. No podemos continuar dependiendo de la bondad de las lluvias. Estamos dispuestos a aportar algunos hombres y negociar sus condiciones. – expresó el gobernador.<br />
- Yo me ofrezco personalmente para acompañarlos. – agregó Paco.<br />
La emperatriz asintió y expresó:<br />
- Siento la necesidad de aclarar que mi ejército sigue el mando de una sola voz. No puedo aceptar ni tolerar divisiones.<br />
El gobernador Almeda y Paco intercambiaron ideas en una simple mirada y la emperatriz los interrumpió al continuar explicando:<br />
- Cualquier voluntario del pueblo será bienvenido bajo las órdenes de Daniel.<br />
Paco dudó por un momento pero finalmente aceptó acompañarlos bajo esas condiciones. No tardó sin embargo, en llegar el momento en que el gobernador expuso sus términos. Estos básicamente consistían en mantener sus derechos sobre el pueblo y la explotación exclusiva del canal de agua. Este último punto demoró mucho la negociación ya que en estas instancias era imposible poder discutir estas condiciones. Finalmente se aceptó que la construcción sería una obra en conjunto y a cambio aceptó formar una alianza estratégica y comercial con la emperatriz. Una vez iniciada la obra, es decir si la emperatriz cumplía con su objetivo de alcanzar el río, se permitiría la libre circulación entre ambos territorios y estaba dispuesto a firmar tratados de fidelidad al imperio más el pago de un canon trimestral. Muchos testigos participaron en la reunión, que luego fueron pasando uno a uno para firmar el tratado.<br />
Daniel aprovechó también el momento para ofrecer algunos hombres a efectos de ocuparse de las tierras de Paco en su ausencia. Paco aceptó estos nuevos empleados acordando un jornal justo por las tareas a realizar.</p>
<p>Casi tres horas más tarde, el gobernador y la emperatriz salieron sonrientes caminando juntos por la puerta principal mientras que prácticamente todo el pueblo se encontraba esperándolos en la plaza. Manuel Almeda fue quien tomó la palabra y anunció a su gente que luego de años de angustia por la falta de agua, personalmente había logrado con su esfuerzo unir las fuerzas de dos pueblos para el bienestar general de su gente. Presentó entonces a Erika como la aliada que necesitaban para terminar con la sed de su pueblo y fundamentalmente explicando que este acuerdo era la respuesta a las oraciones de todos, representaba el fin de todas las desgracias.<br />
Daniel se acercó a la emperatriz y le dijo por lo bajo: &#8211; Si fallamos nos van a seguir hasta el fin del mundo. Nos está haciendo absolutamente responsables por todo y para colmo se toma el mérito de habernos convencido de este proyecto cuando fue justamente lo opuesto.<br />
Ella lo miró por un momento y luego le dijo con total tranquilidad:<br />
- Él piensa que fallaremos, por eso se está cubriendo y aceptó prácticamente todas nuestras condiciones. Yo estoy totalmente convencida de que lograremos alcanzar con éxito nuestro objetivo, y está haciendo justamente lo que esperaba: nos entrega al pueblo. Volveremos triunfantes y tendremos a este pueblo en nuestras manos.<br />
Daniel la miró sonriente y luego observó al pueblo festejando, ingenuo, las palabras de su líder.</p>
<p>Tomás se sentía mucho mejor, pero sus pensamientos no dejaban de fluir a toda velocidad. Tania se lo había anticipado de alguna manera. No podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido en las últimas veinticuatro horas. Ella pudo verlo antes que él mismo. O era que tal vez él no había querido darse cuenta y como dice la sabiduría popular: “No hay peor ciego que el que no quiere ver.”. Se preguntaba cuánto tiempo tendría hasta que perdiera definitivamente su cualidad física y se transformara nuevamente en energía. Se planteaba cómo podría explicarle todo esto a la emperatriz. Ni él mismo sabía realmente que iba a ocurrir, cómo o cuándo. Conocía a la emperatriz y las preguntas iban a llegar todas juntas sin poder encontrar respuesta. Por otro lado, se sentía tan seguro de que jamás iba a abandonarla como de que ya no podrían tener el contacto al que estaban acostumbrados. No tenía idea alguna de cómo sería su existencia de ahora en más y hasta dónde podría interactuar con ella. Tenía tanto que aprender y la incertidumbre lo teñía todo de sombras.</p>
<p>En el destacamento habían quedado muy pocos hombres y estaban descansando. El coatí se había subido a una rama y se encontraba totalmente dormido. Tomás decidió estirar un poco las piernas y fue caminando sin rumbo fijo hasta que se percató de estar cerca del haras de Juan. Sonrió por un momento al ver los caballos pasearse con tanta fuerza y elegancia para luego sorprenderse al descubrirla sentada con sus piernas cruzadas detrás del cerco de madera blanca. Se acercó sin prisa y ella escuchó sus pisadas cuando estaba a pocos metros. Tania lo miró con un gesto preocupado y luego se enderezó en su posición original mientras le decía:<br />
- No me digas nada. Yo de aquí no me muevo hasta verlo. – frunció el entrecejo.<br />
- ¿Todavía no te despediste de Juan? ¿No te animas? – preguntó él.<br />
Ella suspiró y entonces le explicó:<br />
- Sí que me animo pero resulta evidente que necesita su tiempo. Sigue enojado y no me quiere recibir. – contestó ella.<br />
- Y decidiste quedarte aquí sentada. – concluyó él.<br />
- Sí.<br />
Tomás levantó las cejas y comenzó a caminar lentamente alrededor de ella. De pronto se rió y ella lo miró con enojo. Entonces él le dijo:<br />
- No te animas a hablar con él.<br />
- Ya te dije que no es eso. – contestó ella de mal humor.<br />
- ¿Por cuánto tiempo estuviste esperando?<br />
- ¡Ya me anuncié! ¡Déjame en paz, por favor!<br />
Él la miró por un momento en silencio, pensativo. Sin aviso se acercó al cerco, acomodó sus manos en la tabla superior y para el horror de Tania de un salto se trepó a la cerca y desde ahí giró en el aire para caer en la propiedad de Juan.<br />
- ¿Qué estás haciendo? ¿Te volviste loco?<br />
Él no contestaba y la miraba con tranquilidad. Ella continuó diciendo ya de pie:<br />
- ¿A dónde vas?<br />
- Te estoy dejando en paz, Tania. No molestes. – contestó él entre risas mientras caminaba con total descaro por el haras, acercándose al edificio principal.<br />
Ella lo volvió a llamar pero él jamás miró hacia atrás. Tania se quedó pegada al cerco mirando a través del espacio entre dos tablas. Desde allí pudo ver como Rodrigo le interrumpía el paso y para sorpresa de todos, Tomás lo sujetó de los hombros y lo obligó a caminar consigo hasta que abrió la puerta del edificio principal. Ambos ingresaron a la construcción y luego de un breve momento volvieron a salir. El encargado le saltaba nervioso alrededor mientras que Tomás lo miraba y escuchaba atentamente con los brazos cruzados. De pronto Rodrigo se tranquilizó y Tomás apoyó una mano en su hombro para luego darle unas palmadas en su brazo derecho. El empleado se quitó el sombrero e hizo un gesto que en cualquier lugar del planeta se podía interpretar como pura impotencia y Tomás caminó de regreso perseguido por otro peón que se le anticipó para abrirle el portón principal. Tomás salió de la propiedad en pocos minutos para encontrarse con Tania desesperada por saber con detalle qué era lo que había ocurrido.<br />
- ¿Qué te dijo? ¿Lo viste? – preguntó ella más que intrigada.<br />
- Lo lamento Tania. Juan dejó la propiedad hace un par de horas por la salida trasera. Rodrigo te manda sus saludos; pide que lo disculpes pero sólo cumplía órdenes y no podía dejarte pasar.<br />
- ¿Dejó la propiedad? ¡Estoy hace horas esperando y ¡¿él dejó la propiedad?!<br />
- Así parece.<br />
- Pero, ¿va a regresar? – preguntó.<br />
- Me dijo Rodrigo que Juan no era el mismo. Nunca lo había visto así. Cree que estará unos días afuera.<br />
- ¿Dónde fue? – consultó ella inmediatamente.<br />
- No lo sabe. – se hizo una pausa y luego de que Tomás pudiera verla a los ojos le dijo – Lo lamento, pero parece que él no quería despedirse.<br />
Ella se angustió pero su orgullo tragó el llanto. Giró y comenzó a caminar de regreso al destacamento sin decir una palabra más. Tomás se sentía confundido. Esto no se veía bien y sin embargo podía sentir en su corazón que todo lo que sucedía era por una buena razón. No se lo dijo a Tania porque ni él mismo podía explicarlo. No guardaba ninguna lógica.<br />
Pronto Tomás alcanzó a Tania y fueron caminando juntos por el bosque. Ella quebró el silencio cuando en un momento le dijo:<br />
- Muchas gracias, Tomás.<br />
- No tenés por qué. – contestó él.<br />
Luego de breves minutos ella le preguntó:<br />
- ¿Ya sabes cuándo se lo vas a decir?<br />
- Estoy esperando el momento oportuno. – se miraron y él continuó diciendo – Pronto.<br />
Pareció que iba a decir algo más pero el sonido del galope de un caballo los tomó a ambos de sorpresa. De pronto lo pudieron ver y se quedaron admirando el animal que se había detenido para pastar.<br />
- Se llama Bandido. – dijo Tania en voz baja.<br />
- Es un hermoso animal. – comentó él acercándose muy lentamente.<br />
- Juan está tratando de atraparlo hace mucho tiempo. Así fue como nos conocimos.<br />
Tomás sonrió por un momento y le preguntó:<br />
- ¿Crees que&#8230; – y no hizo falta terminar la pregunta porque ella asintió con la cabeza como toda respuesta. Se acercó lentamente dejando que el caballo percibiera en el aire su presencia. La respuesta no se hizo esperar y un relincho nervioso atravesó el bosque con rapidez. Tania lo llamó por su nombre y el animal movió las orejas mirándola con desconfianza. Tomás mientras tanto juntó bastante hierba de los alrededores y aproximándose se la ofreció a cierta distancia. El caballo no la aceptó y retrocedió un poco. Tania lo miró con admiración y le dijo a Tomás:<br />
- Dejémoslo.<br />
- ¿No querés atraparlo? – preguntó él.<br />
- No. Él quiere ser libre.<br />
- No creo que sea libre – comentó él por lo bajo y le indicó una pequeña marca del animal en el muslo trasero izquierdo. Parecía una letra “K”. Ella se sorprendió pero de todas formas insistió en dejar al animal tranquilo.<br />
Se alejaron lentamente para no asustarlo y comenzaron a caminar nuevamente en dirección al destacamento. Era pleno verano y el calor se hacía sentir en los haces de luz que atravesaban entre las hojas de los árboles. Ya faltaba poco para llegar cuando Tomás pegó un salto al sentir un empujón en su mano izquierda, la cual se abrió instintivamente. No se había dado cuenta que en el corto recorrido que habían hecho no había soltado la hierba y esta cayó sobre el suelo. Bandido los había seguido y ahora masticaba con gusto el tierno alimento ofrecido por Tomás. La alegría los inundó a ambos. Tania se acercó y pudo acariciar el cuello del animal.<br />
- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Tomás.<br />
- Llevémoslo al destacamento. – contestó Tania con una sonrisa.<br />
Y así fue como llegaron los tres al destacamento para sorprender a todos con la nueva adquisición. El caballo fue objeto de admiración desde el primer momento, aunque su carácter arisco mantenía a todos a cierta distancia.</p>
<p>Más tarde, con la llegada de la emperatriz y sus buenas noticias, se decidió que tres hombres se dirigieran con el burro que había quedado en el destacamento a trabajar en los campos de Paco. Daniel y la emperatriz estaban sumamente felices porque ese día había sido totalmente gratificante y era de suma importancia en la travesía. Partirían al día siguiente desde las afueras del pueblo hacia el monte para finalmente encontrar el río. Desde hacía meses que ese había sido su objetivo principal y ahora no sólo lo harían por la profecía sino también por el Pueblo de Almeda. En base al tratado firmado con el gobernador, se había sumado la participación de Paco y dos de sus hombres en la búsqueda de este río. La emperatriz consideraba a cada uno de los integrantes de su grupo y no podía dejar de pensar en la cantidad que se estaba incorporando mientras observaba al nervioso coatí, el nuevo corcel y a sus soldados. Realmente, la estadía en este pueblo había valido la pena. Luego de discutir ideas con Daniel acordaron dejar una sola persona en el destacamento para poder recibir a los soldados de reserva. Teóricamente en un par de semanas estarían llegando refuerzos y ante cualquier inconveniente estarían sus hombres en el pueblo.</p>
<p>Prepararon una fogata al caer la noche y cocinaron unas costillitas de cerdo, gentileza del gobernador Almeda. El clima de alegría y triunfo se respiraba en el ambiente junto con el exquisito aroma de la carne haciéndose a las brazas. Todos estaban felices o al menos casi todos. Tania y Tomás, cada uno con sus preocupaciones, se mantenían en un discreto silencio.<br />
Después de cenar Erika se acercó a Tomás y lo tomó de la mano. Sin dar vueltas le dijo:<br />
- Cuando quieras podemos conversar. Sabes que siempre vas a poder contar conmigo. – sonrió por un breve momento pero ante el silencio de Tomás se percató de que en esta oportunidad era un problema grave. A pesar de ello, respetó su silencio sabiendo que el día siguiente sería difícil, por lo que al poco tiempo se retiraron a descansar.</p>
<p>Paco estaba entusiasmado esperando la llegada de la emperatriz y su tropa. Se había vestido con su camisa azul, pantalones celestes y botas altas de cuero marrón. Tenía una escopeta al hombro y charlaba entusiasmado con los dos hombres. La expresión de alegría no tuvo disimulo al ver a Erika atravesando el bosque hasta detenerse a pocos metros de él. Contrariamente a lo esperado, no había mucha gente para despedirlos. Básicamente, los familiares de los dos ayudantes de Paco y algún que otro amigo.<br />
- La gente es muy temerosa de este monte. Esperemos salir vivos de allí. – Comentó Paco para luego agregar &#8211; ¿Qué hacen con ese coatí?<br />
Ariel comenzó a quejarse por lo bajo girando en círculos a toda velocidad.<br />
- Tenemos un acuerdo con él. – explicó Erika.<br />
- No lo habían mencionado en el día de ayer. – Se quedó pensativo por un momento y a continuación dijo – Bueno, no creo que sea problema de todas formas. Les traje armas y municiones. – explicó mientras que uno de los hombres se acercaba con el cargamento en un pequeño carro. Daniel y otros tomaron las armas, aunque algunos se resistieron sintiéndose aún más seguros con sus espadas y armas blancas.<br />
La marcha hacia el monte no se demoró demasiado. El grupo caminó un par de kilómetros por el bosque hasta que la vegetación comenzó a mostrarse más espesa y comenzaron a zigzaguear entre los árboles. Daniel junto a otro guardia iban delante facilitando el paso mientras que Tomás los seguía de cerca marcando el rumbo.<br />
Luego de un par de horas se detuvieron a descansar. El calor se estaba tornando agobiante mientras Tania se maravillaba con el canto espectacular de las aves exóticas. Paco y sus hombres se sentaron en un costado del camino y bebieron por varios minutos tratando de recuperarse lo más pronto posible.<br />
La marcha continuó por unas cuantas horas más y después de mucho caminar subiendo y bajando por lomas, el camino se fue deshaciendo bajo sus pies. Faltaba sólo un par de horas para que comenzara a atardecer pero decidieron acampar en el lugar con el fin de lograr recuperarse totalmente y reiniciar la marcha temprano a la mañana siguiente.</p>
<p>A pesar de la hermosa vegetación, los frutos de los diferentes árboles que Ariel ayudaba a recolectar y el cantar de las aves, debían reconocer que algo extraño sucedía en ese lugar. Por algún motivo todos se sentían algo inquietos. Tal vez tantas leyendas y creencias populares los había sensibilizado. La humedad del lugar molestaba bastante pero Tomás lo señalaba como un buen síntoma. Para él era evidente que el río estaba cerca de ese lugar.</p>
<p>Esa noche Tomás casi no pudo dormir. Miraba a la emperatriz descansar y se preguntaba cómo podría explicarle que debería en algún momento dejarla y más aún, señalarle lo importante que resultaba que ella continúe el camino por sí misma.<br />
A la madrugada no hizo falta que la guardia despertara a los integrantes de la tropa, porque las aves comenzaron a cantar a todo pulmón sobresaltando a los presentes con el primer rayo de sol del amanecer. La mañana pasó bastante rápido pero después de comer al mediodía el clima se hizo aún más denso y eso les dificultaba la marcha. Llegó un momento que realmente se sentían desganados. Se detuvieron por un momento para decidir la dirección a seguir, aunque realmente no podían distinguir la diferencia entre norte y sur sin la ayuda de las estrellas, todo se veía igual hacia las distintas direcciones. Los árboles rodeaban todo el campo con enredaderas y hongos salvajes. Paco trastabilló en un momento y era lógico. Si bien era un hombre fuerte, se encontraba totalmente fuera de estado atlético.<br />
La emperatriz pensó que no sería prudente continuar la marcha, porque aún podían caminar pero estarían muy expuestos si se presentaba algún peligro y no estaba dispuesta a correr más riesgos. Tomás hacía horas que no daba indicaciones sobre el rumbo a seguir y parecía perdido en sus propios pensamientos. Tania no había aportado una sola idea desde que comenzaron la marcha a través del monte. Daniel avanzaba con fuerza pero también se sentía cansado. Entonces Erika giró para enfrentar los sombríos rostros cansados manchados con tierra.<br />
- Vamos a quedarnos aquí por un tiempo. &#8211; dijo. Y dejó caer la carga de su espalda al suelo.<br />
Todos se quedaron por un instante consternados y sorprendidos. El lugar en esa zona era lúgubre, en unas tres horas se iba a hacer de noche y no sabían que vendría después. Entonces Tania se acercó a Daniel y le preguntó: &#8211; ¿Estamos perdidos, verdad?<br />
Él trató de esquivar su mirada hasta que finalmente la miró a los ojos y tomándola del brazo por un momento asintió. Entonces, él dio la orden de descanso al resto del grupo. De a poco se fueron acomodando como podían entre los árboles, atentos a los ruidos extraños del lugar. Luego Tania se sentó junto a la carga y tapando el rostro con sus manos lloró en silencio. Erika se le acercó para consolarla y Tomás no se hizo esperar.<br />
- Desde el primer momento que me interné en este monte tengo una sensación extraña. – comentó Tania de pronto. Paco escuchó estas palabras y preparó su escopeta, temeroso ante lo desconocido.<br />
- Yo también lo siento. – afirmó Tomás.<br />
Daniel levantó la vista y miró hacia los costados entre el follaje sin distinguir demasiado debido a la escasa luz. Se puso de pie y se acercó a la emperatriz para razonar en voz alta:<br />
- Así que ustedes perciben algo aquí. Díganme, ¿qué puede resultar de valor en este lugar?<br />
Todos se quedaron pensativos. Hasta el momento sólo habían visto aves y la espesa vegetación. Nada de eso tenía valor para ellos, sin embargo Erika le siguió la línea de pensamiento y dijo:<br />
- Si yo fuera salvaje y viviera en el monte. Entonces todo esto sería mío. – estiró una mano para sentir la textura de la corteza de un árbol. – Todo esto debe tener valor: los árboles. Los árboles serían mi reino.<br />
Ariel saltó de rama en rama y se tapó los ojos con las manos sin hacer comentario alguno. Tomás en cambio se puso de pie y para sorpresa de Daniel tomó su espada, la blandeó por un momento cortando el aire y les dijo con una mirada indescriptible:<br />
- Sea lo que sea, vamos a llamar su atención.<br />
A los gritos como un desquiciado comenzó a mutilar toda rama que atravesara su camino mientras que todo el grupo lo seguía confundido. Lograron avanzar unos quince metros cuando de pronto se sintieron paralizados y confundidos luchando contra un enemigo invisible. Envueltos en fuertes redes cayeron al suelo y no se permitían mover porque de un momento a otro se vieron rodeados por unos veinte indígenas que los amenazaban a punta de lanza.</p>
<p>Paco estaba desesperado por alcanzar su escopeta, pero había quedado fuera de la red que lo atrapaba mientras un hombre salvaje lo empujaba sin piedad con su lanza de un metro y medio de largo. Algunos de los indígenas llevaban fuego en sus manos iluminando el camino y otros armados con lanzas y cuchillos gritaban con furia a sus prisioneros.<br />
Los salvajes eran altos y vestían apenas un taparrabos que no llegaba a cubrirlos totalmente. Sus cuerpos fornidos se encontraban tatuados en los brazos subiendo por los hombros para luego bajar por la espina dorsal. Los ojos negros penetrantes de estas figuras hicieron que la emperatriz apartara la mirada. Se trataba de gente muy fuerte y pronto lograron en equipo con sus lanzas levantar las redes y transportarlos por el monte hacia un destino desconocido.<br />
Tania había quedado atrapada en la misma red que Tomás y su mirada de reproche no pudo ser ignorada por él.<br />
- ¿Qué? ¿No estabas cansada? ¡Encontré quien nos lleve! – le dijo él con simpatía pero el chiste no fue festejado en lo más mínimo y para colmo recibió un golpe en su costado de parte de un joven pero fuerte indígena. Parecía que ni su grupo ni los nideros se encontraban de humor esa noche.</p>
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		<title>Capítulo X &#8211; Misterio</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Aug 2008 03:06:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los hombres festejaron con gran alegría al verla llegar ya que hacía casi dos meses que Erika no estaba en contacto directo con ellos. En realidad, la emoción del reencuentro fue compartida por todos los presentes incluyendo a la emperatriz. Ella había extrañado a su gente, sobre todo a Tomás, quien ahora caminaba feliz a su lado.<br />
Luego de saludarlos uno a uno, Erika le solicitó a Daniel que diagrame un esquema con los puntos a tratar con el gobernador. Necesitaba saber por ejemplo con cuántos hombres contaba, el tipo de obra que podrían realizar, la evolución de los costos y por sobre todo las condiciones del tratado; esto significa derechos y obligaciones tanto para Almeda como para ellos.</p>
<p>Ella y Tomás intercambiaron miradas cómplices en cierto momento y en un descuido de los presentes lograron escaparse no muy lejos del destacamento. Corrían como chicos riéndose por una travesura. Erika se colgó de los hombros de Tomás y él la cargó por un momento para luego dejarla sobre el suelo con cuidado.<br />
- Te extrañé. – le dijo ella.<br />
- Ah, no se, no se…. – Le contestó él sonriente buscando demostraciones de afecto. Sin embargo, ella lo sorprendió comentando:<br />
- No me contaste bien qué pasó con Tania.<br />
- Ah…- suspiró – Tania. – El silencio dominó el momento pero la emperatriz lo miraba atenta esperando una respuesta. Entonces él le dijo – Ya sabes que yo no puedo entenderla.<br />
- ¡Pero Tomás! ¡No es para tanto!<br />
- Dejame terminar, por favor. – Pidió él.<br />
- Bueno, te estoy escuchando.<br />
- Entonces pensé que tal vez ella podría entenderme a mí. – dijo Tomás inocentemente.<br />
La emperatriz lo miró por un momento extrañada y luego se preocupó. Entonces le preguntó:<br />
- ¿Qué hiciste?<br />
Él bajó la cabeza por un momento y entonces confesó:<br />
- El primer día que llegamos al pueblo, Tania me peleaba, como siempre.<br />
- ¡Pero por favor! ¿Cuándo van a parar de pelear ustedes dos?<br />
- No lo se. El punto es que mientras discutía pensé que le podía dar un poquito de mi don.<br />
- ¿Qué? ¿Qué hiciste? ¿Cómo hiciste eso?<br />
- No podría explicarlo. Sentí que era el momento y lo hice.<br />
La emperatriz se quedó pensando y le dijo:<br />
- ¿Y ahora ella es como vos?<br />
- No, claro que no. &#8211; contestó mirando de reojo.<br />
- ¿Le habrá hecho algún efecto? – se preguntó la emperatriz.<br />
- ¡Sí! Claro que sí. – contestó él sin duda alguna con una mirada indescriptible.<br />
La emperatriz lo miró en cambio con los ojos desorbitados y luego de un momento le preguntó con seriedad:<br />
- ¿Quién era ese hombre en la plaza? ¿Qué quería con ella?<br />
- Creo que se enamoraron. – contestó Tomás con una sonrisa pícara.<br />
Erika se echó a reír y replicó:<br />
- ¿Tania enamorada? – Lanzó una gran carcajada y dijo confundida – No puede ser. No. Tengo que verlo para creerlo.<br />
- Te hablo en serio. Y hay algo más – hizo adrede un segundo de silencio para generar tensión y luego dijo con alegría &#8211; ¡Hasta llegó a abrazarme!<br />
- ¿Quién te abrazó?<br />
- ¡Tania!<br />
- No…<br />
- ¡Sí! – le expresaba con felicidad entre risas.<br />
- No puede ser. ¿Cómo fue eso? &#8211; La emperatriz se rió sin poder creer lo que escuchaba.<br />
- Vino un solo día apenas un momento para avisarme que estaba con ese hombre, Juan. Y me abrazó antes de partir.<br />
- ¿Pudo haber cambiado tanto?<br />
- El amor cambia a la gente.<br />
- Y pregunto: En cuanto a esa dosis que le diste, ¿se le va a pasar el efecto?<br />
- Eso ahora básicamente depende de ella. Qué es lo que ella hace con ese poder, no depende de mí. Yo creo que su organismo lo aceptó muy bien.<br />
- Bueno, ¿quién sabe? Quizás esto resulte en algo muy interesante, ella es muy inteligente y tal vez pueda develar el misterio.<br />
- Exactamente. – Dijo él levantando una ceja en forma casi imperceptible.<br />
Erika se acercó y le preguntó:<br />
- ¿Y vos te sentís bien últimamente?<br />
- Sí, ya no tuve más ataques ni visiones. Debemos estar en el camino adecuado.<br />
Ella lo tomó de la mano y le expresó cuánto se alegraba. Charlaron unos minutos más pero luego volvieron al destacamento porque había mucho por hacer y el tiempo no sobraba.</p>
<p> </p>
<p>Tania había llegado mientras ellos conversaban y sentada junto a Daniel, lo ayudaba a establecer un plan de acción a efectos de cruzar el monte. Al verlos llegar, Tania se puso de pie y saludó a la emperatriz con una sonrisa forzada.<br />
Erika no pudo evitar sentirse completamente desilusionada. Después de la charla que había mantenido con Tomás esperaba encontrar a Tania con una alegría tremenda, con energía escapando por los poros de la piel y sin embargo, allí estaba: un semblante pálido, un gesto angustioso, el tono de voz decaído y una mirada más lejana que nunca. En un momento miró a Tomás de reojo, quien sin prestarles atención se estaba entreteniendo con los coatíes recién llegados.<br />
Daniel y Tania le explicaron a la emperatriz las ideas sobre las que habían trabajado. En resumidas cuentas lo que proponían era encontrar a los nideros y bajo un acuerdo, alcanzar el río con su apoyo. De esta manera, no tendrían que estar defendiendo las construcciones y no perderían tiempo en la búsqueda del río, disminuyendo los costos y el posible número de bajas. Estaban convencidos de que se podría llegar a negociar con ellos. Por otro lado, Daniel sugería dejar el destacamento actual con tres hombres y enviar cuatro más a trabajar a los campos de Paco. Después de todo, vendría bien que representantes del imperio permanezcan viviendo en el pueblo de Almeda. Podrían proporcionar información y defender los intereses de la emperatriz mientras que ellos continuaban con su travesía. Los restantes viajarían con ellos al igual que el coatí, quien no dejaba de despedirse de amigos y parientes ya con días de anticipación. En un momento Daniel se molestó por el ruido que provocaban impidiendo se pudiera concentrar en su trabajo y salió a espantar a tanto animal dando vuelta. Mientras tanto, Tania cubrió su cara con una mano en un gesto de cansancio sin decir palabra y aguardó que Daniel regresara. Cuando él se reintegró nuevamente al grupo, ella propuso que una vez logrado el acuerdo con los nideros se deberían dirigir al río y acorde al terreno y a las distancias comenzar a desarrollar un plan para la construcción del canal. Para esas decisiones habría que aguardar a tener mayor información. En esta etapa era imposible poder anticipar tantas variables a considerar.<br />
- A cambio de esto, ¿qué proponen solicitar a Almeda? – preguntó la emperatriz.<br />
- Lealtad y fidelidad al imperio, un tratado de libre circulación y comercio y por supuesto un canon para la corona. – resumió Daniel.<br />
La emperatriz suspiró y dijo que era un buen punto de partida para la negociación. Por otro lado, estaba dispuesta a no rebelar al pueblo en contra del gobernador Almeda y le permitiría continuar con su gobernación respetando con sus costumbres y cultura en general.<br />
- De acuerdo, debemos escuchar cuáles son las peticiones del Sr. Almeda mañana. Necesito que me acompañen a la mesa de negociación.<br />
- Sí, claro emperatriz. – contestó inmediatamente Daniel.<br />
Tania se quedó en silencio. Parecía perdida en algún planeta lejano cuando de pronto reaccionó y se dio cuenta de que la emperatriz estaba esperando alguna respuesta de su parte, ante lo cual tímidamente dijo: &#8211; ¿sí?<br />
- ¿Nos acompañarás mañana, Tania?<br />
- Claro, por supuesto Erika. – le contestó algo confundida.<br />
- ¿Te sentís bien Tania?<br />
- Sí… &#8211; se interrumpió y sacudió la cabeza para luego continuar diciendo – No es nada. Voy a estar bien. – Y se alejó caminando lentamente entre los árboles.</p>
<p>Erika no perdió el tiempo y fue urgente a buscar a Tomás. Tania estaba mal, y así no podían continuar con la misión. En cuanto lo encontró lo tomó de un brazo y lo apartó para decirle con seriedad:<br />
- Tomás, esto no está bien.<br />
- ¿Qué cosa no está bien?<br />
- Mirala. – le ordenó ubicándolo en dirección a Tania. Se la podía ver a lo lejos sentada sobre el tronco de un árbol caído haciendo girar una flor silvestre entre sus dedos con la mirada hipnotizada bajo ese movimiento.<br />
Tomás miró a la emperatriz quien le dijo:<br />
- No debería estar así. La necesitamos concentrada en nuestra misión; no podemos trabajar con ella en este estado. ¿Y si hablamos con ella?<br />
- No se, no estoy seguro.<br />
- Andá y y hablale. – le pidió la emperatriz.<br />
- ¿Yo? ¿Por qué yo? – preguntó él preocupado.<br />
- ¡Porque sos responsable de todo esto! – le recriminó ella.<br />
- No, no. No te equivoques Erika. Yo le di la posibilidad de amar. Es un don maravilloso y extremadamente poderoso. No le dije cómo, cuándo ni a quién. Eso es responsabilidad pura y exclusiva de ella y de nadie más.<br />
- No te enojes conmigo. – Reaccionó la emperatriz a la defensiva y explicó – Es que no se cómo ayudarla. Está tan distinta y no se cómo tratarla. – Se quedó pensando por un momento y luego le preguntó – Ese Juan, ¿le hizo algo?<br />
- Nada que ella no haya querido. – contestó él con naturalidad.<br />
- Voy a hablar con ella. – dijo Erika con decisión y parecía que iba a dar el primer paso pero se quedó en su lugar mirando a Tomás con sus hermosos ojos &#8211; ¿Me acompañas? ¿Por favor?<br />
- De acuerdo. – contestó Tomás sintiéndose desarmado ante la mirada tierna de la emperatriz.<br />
Se acercaron lentamente mientras Tania aún jugaba con una flor y Tomás se quedó unos pasos atrás, dejando que la emperatriz tomara la iniciativa.</p>
<p>Erika estaba a punto de hablarle cuando Tania se incorporó secando sus ojos con la mano derecha. En ese momento vio a la emperatriz e hizo un esfuerzo por recomponerse.<br />
- Hola. – saludó Tania mientras intentaba ocultar las lágrimas.<br />
- Tania, estás llorando.<br />
- No. – Sonrió con esfuerzo y agregó – No es nada.<br />
La emperatriz se acercó un poco más y le dijo decidida:<br />
- Si ese hombre te hizo algo, puedo enviar a Daniel y matarlo o al menos darle un buen susto. Puedo resolver esto inmediatamente.<br />
Tania la interrumpió y le dijo con determinación:<br />
- No lo toques, ni se le acerquen. – Y siguió diciendo en forma entrecortada por el llanto – Porque ese hombre no tiene la culpa, él… él… &#8211; y guardó silencio mientras siguió llorando.<br />
- Pero Tania, no te entiendo. ¿Entonces por qué lloras?<br />
- No lo se. Es que me duele.<br />
- ¿Qué te duele?<br />
Tomás se acercó a ellas un poco más totalmente intrigado con el giro de la conversación y prestando mucha atención a las palabras de Tania.<br />
- Erika, me cuesta respirar, me duele el pecho. No se que voy a hacer.<br />
- Pero, ¿qué te hizo?<br />
- ¡Él no me hizo nada! ¡Fui yo! ¿Está bien? Fui yo. Yo lo herí.<br />
Erika y Tomás se miraron por un breve momento interrumpido por las siguientes palabras de Tania:<br />
- ¿Cómo es posible que yo lo hiera y que yo también sufra la herida?<br />
- Lo estás sanando. – pensó Tomás en voz alta, hablando por primera vez.<br />
- ¿Qué? – preguntó Tania sorprendida. Erika lo miraba fulminante exigiendo una explicación. Entonces él se acercó a Tania y apoyando una mano en su brazo le dijo:<br />
- Cuando amas a alguien, sus heridas te son propias.<br />
Erika estaba atónita. Lo miró a Tomás perdida en sus pensamientos y luego le preguntó a Tania:<br />
- ¿Lo amas?<br />
Tania sonrió brevemente sacudiendo su cabeza invadida por la confusión y contestó:<br />
- Es lo único que puede explicar toda esta locura.<br />
La emperatriz cerró los ojos y pasó su mano arreglándose el cabello. Luego de meditar por un par de segundos le dijo:<br />
- Yo quisiera contar con tu presencia en el resto del viaje, pero si querés quedarte aquí con él, podría entenderlo.<br />
- ¿Y fallar en la misión? No, Erika. Te agradezco el gesto, pero no. Yo voy a continuar con ustedes y voy a volver con él, cuando todo esto haya terminado. El problema es que él cree que lo usé para llegar al gobernador. Piensa que él fue parte de mi trabajo.<br />
- ¿Estás segura? – preguntó Tomás.<br />
- Creo que sí. – contestó ella.<br />
- ¿De verdad sentís eso? Yo percibo otra vibración. – comentó él.<br />
La emperatriz los miró a ambos y ya cansada de tanta percepción y sensiblería tomó a Tania de los hombros y mirándola a los ojos le dijo:<br />
- Tania, hay una sola forma de aclarar las cosas: anda a buscarlo y explicale lo que sentís por él. Si él te ama también, entonces tiene que entenderte.<br />
- Yo siento que él la entiende… &#8211; comentó Tomás callando inmediatamente ante la mirada asesina de ambas mujeres.<br />
Tania se dirigió a la emperatriz luego de mirar a Tomás y le dijo:<br />
- Bien. Hablaré con él.<br />
- Perfecto. Iré entonces sólo con Daniel a la reunión mañana. De todas formas ya tenemos el proyecto a presentar bastante avanzado. Encargate de arreglar todo esto. – le quiso decir también que la apreciaba mucho, pero en cambio sólo le dio unas palmaditas en el hombro antes de ir en búsqueda de Daniel. Tomás se iba a retirar junto a la emperatriz pero Tania lo llamó y el giró a su encuentro. Entonces ella le dijo terminando de secar las lágrimas de su rostro:<br />
- Nosotros dos tenemos una conversación pendiente. – y aclaró su garganta.<br />
Él la miró un tanto evasivo y le contestó:<br />
- ¿Sobre qué necesitas hablarme?<br />
- Esto que siento yo, es algo tuyo, ¿verdad? – preguntó con una mirada penetrante.<br />
- Puede ser. – admitió él luego de tragar saliva.<br />
- Al poco tiempo que discutimos aquel día en la plaza, yo comencé a sentirme diferente. No se cómo, pero algo me ocurrió. &#8211; Ella se acercó con precaución y le tocó un brazo por un momento con su dedo índice. &#8211; Y pareces tan real. ¿Cómo lo haces?<br />
- No lo se. ¿Cómo hago qué?<br />
Al escucharlo Tania sonrió sorprendida y le preguntó:<br />
- No puede ser. ¿Tampoco lo sabes?<br />
- ¿Qué cosa? – respondió él, con otra pregunta.<br />
- Las heridas el día de la Asamblea, las curaciones casi mágicas de la emperatriz, haber sobrevivido el ataque de un león, las visiones, mi mano… &#8211; enumeraba ella lentamente.<br />
- ¿Qué pasa con todo eso?<br />
- Tenés un don especial, Tomás.<br />
- Eso lo se. Y ella también. – replicó con cierto orgullo refiriéndose a la emperatriz.<br />
- Los humanos no tenemos esos dones. – concluyó ella esperando ver su reacción, la cual no se hizo esperar. Él se sintió muy nervioso y hasta ofendido sin saber bien la razón. No quiso continuar conversando y a pesar de la insistencia de Tania para que se quedara, él se retiró para caminar solo por el bosque.</p>
<p> </p>
<p>La noche se adueñó del lugar una vez más y Tomás no volvía al refugio. La emperatriz no tardó en notar su ausencia y al pasar el tiempo sin tener novedades la preocupación fue tomando forma. Habló con Daniel sobre el tema y resolvieron enviar dos soldados en su búsqueda.<br />
Tomás había caminado por varias horas atormentado por esas crueles palabras: &#8220;Pareces tan real&#8221; &#8220;Los humanos no tenemos poderes&#8221; &#8220;Pareces tan real&#8221; &#8220;Pareces tan real&#8221;.<br />
Levantó los brazos para tapar sus oídos con las manos. Sin lograr reprimir sus sentimientos comenzó a gritar:<br />
- ¡Soy real! ¡Soy real! Por favor&#8230; por favor quiero ser real.<br />
Se sentó agotado en el suelo, apoyando la espalda contra el tronco de un árbol y abrazó sus rodillas en total desesperación entre lágrimas. Vio de pronto una luz a lo lejos entre los árboles y enjuagó sus ojos inundados para volver a mirar. La luz había desaparecido.<br />
Bajó la cabeza y escondió su rostro entre las rodillas. Hubiera querido desaparecer en ese mismo momento pero su amor por la emperatriz lo retenía.<br />
Luego de un momento levantó su rostro y se descubrió rodeado de cientos de luces diminutas danzando a su alrededor. Se asustó e instintivamente quiso espantar a las que se encontraban más cercanas. La sorpresa fue aún mayor cuando estas luces atravesaron su mano sin dificultad. Se puso de pie con intención de huir pero se sentía paralizado.<br />
- ¡Fuera! ¡Fuera de aquí! ¿Qué quieren? &#8211; gritó asustado.<br />
En ese momento, las luces no dejaban de atravesar su cuerpo sin ningún tipo de escrúpulos.<br />
- Tranquilo Tomás. &#8211; pudo escuchar la dulce voz de una mujer.<br />
- ¿Quién es? ¡Fuera! ¡Fuera de aquí!<br />
- Tranquilo. Está todo bien. &#8211; volvió a escuchar en el tono más dulce que jamás haya conocido.<br />
La luz continuaba creciendo y con desesperación pudo ver como su cuerpo se desmaterializaba convirtiéndose en una brillante luz blanca. No dejaba en ningún momento de escuchar esa voz femenina tratando de serenarlo.<br />
- Estamos contigo. No debes tener miedo.<br />
- ¿Quiénes están conmigo? ¡No puedo ver! &#8211; gritó desesperado.<br />
La voz con dulzura contestó:<br />
- Es que pretendes usar los ojos para vernos. Todavía estás actuando como humano.<br />
- Es una maravillosa obra de arte. &#8211; expresó de pronto una voz masculina.<br />
- ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? &#8211; preguntó Tomas desconsolado.<br />
- Tranquilo Tomás. Quiero que te relajes. Seguimos en el bosque.<br />
- ¿Por qué sólo veo luz?<br />
- Porque somos energía Tomas. Tú, él, yo&#8230; todos ellos. Somos energía. Nos puedes sentir, no nos puedes ver.<br />
- Estoy confundido. Estoy soñando, esto es un sueño.<br />
- No estás soñando Tomás. &#8211; volvió a escuchar la voz grave tratando de explicar &#8211; Todos nosotros contribuimos en tu formación. No te haremos daño. No podemos ni deseamos hacerlo. Formas parte de nuestro universo.<br />
Él ya no contestaba y estaba logrando serenarse. En ese momento se permitió sentir. Sentía presencias. Percibía la existencia de campos de fuerza. De alguna manera inexplicable, podía sentirlos incluso en forma individual. Eran cientos.<br />
- ¿Soy real? &#8211; preguntó preocupado.<br />
- Por supuesto Tomás. Por supuesto que eres real. &#8211; le contestó la voz masculina.<br />
El se sintió aliviado y sin embargo intentó levantar su mano pero sólo vio luz. No podía distinguir el bosque ni nada material. Sólo percibía esas presencias que se acercaban y alejaban en un movimiento impredecible. Se sintió tranquilo, en paz, y la sensación de haber llegado a su hogar lo emocionó.<br />
- ¿Qué soy? &#8211; volvió a preguntar Tomás bajo una gran confusión.<br />
- Energía Tomás. Energía positiva. &#8211; dijo la voz femenina.<br />
- ¿Soy un Dios? &#8211; consultó él incrédulo.<br />
Unas cuantas voces rieron y luego la voz masculina se escuchó cercana diciendo:<br />
- Los humanos nos llaman Dioses. Nosotros preferimos referirnos a nosotros mismos como energía.<br />
- ¡No puedo morir! &#8211; expresó Tomás.<br />
- Bueno, no en el sentido humano.<br />
- ¿Qué significa eso?<br />
- La vida humana es muy corta y además forma parte del mundo material. Ellos son materia y se transforman en materia. Pueden regresar, aunque nunca como eran originalmente. Pocas veces la materia toma conciencia de su propia existencia. El proceso es asombroso. Nosotros en cambio mantenemos el equilibrio e interrelacionamos con ellos. Logramos que la materia se mantenga unida. Le damos fuerza.<br />
- Hablas de equilibrio. ¿A qué te referís? &#8211; preguntó Tomás.<br />
- A la energía negativa Tomas. &#8211; dijo la voz de mujer en un tono algo más serio.<br />
Tomás instintivamente supo a qué se referían y preguntó.<br />
- ¿No podemos hacer que desaparezca?<br />
- Es una paradoja Tomás. No podemos vencerlos ni nos pueden vencer. &#8211; Contestó con serenidad la voz grave.<br />
- ¿Cómo es eso? &#8211; preguntó él con curiosidad.<br />
- ¿Alguna vez intentaste atacar a alguien? &#8211; le preguntó la voz femenina.<br />
Tomás no tardó mucho en recordar el episodio en que Daniel golpeaba a la emperatriz y él cegado por la ira intentó detenerlo.<br />
- ¿Alguna vez sentiste ira? &#8211; volvió a preguntar la dulce voz.<br />
- Sí. &#8211; contestó él.<br />
- ¿Y qué te sucedió?<br />
- Perdí la conciencia. No tuve el control.<br />
- Cediste al caos. &#8211; Hizo una pausa y continuó explicando en un tono decidido &#8211; Cada vez que intentes destruir perderás, porque te transformas en tu enemigo. Lamentablemente, nosotros no podemos odiarlos porque nos transformaríamos en ellos. Así como ellos tampoco pueden amarnos, por más que mucho lo deseen, porque dejarían de existir y se transformarían en nosotros.<br />
- Y van milenios en la lucha eterna por mantener el equilibrio. &#8211; concluyó diciendo la voz varonil.<br />
- Soy un Dios. &#8211; exclamó Tomás sin poder creerlo &#8211; Soy el inmortal.<br />
- Te enviamos a protegerla, para que la guíes. Mucha gente depende de ella. – explicó la voz femenina.<br />
- Al momento de su nacimiento tú entraste en el mundo material y estás haciendo un excelente trabajo. &#8211; exclamó la voz grave y continuó explicando dulcemente &#8211; Pero pronto deberás dejarla seguir su camino. Ya le has enseñado mucho y ahora ella debe decidir su destino.<br />
Esa dulzura no sirvió demasiado. Tomás se sobresaltó y preguntó:<br />
- ¿Tengo que dejarla? ¿La voy a dejar? – preguntó espantado.<br />
- ¡Tomás! ¡Tomás! ¡Despertate por favor! &#8211; escuchó mientras sentía como lo sacudían de un brazo. Abrió los ojos sobresaltado al ver un soldado de la guardia sobre él.<br />
- ¡Por fin te despertás! &#8211; comentó el hombre.<br />
Tomás se sentía totalmente confundido. Eso no se había sentido como un sueño en absoluto. Miró sus manos. Las abrió y cerró un par de veces y sonrió. El soldado le preguntó:<br />
- ¿Te encontrás bien? La emperatriz está preocupada por vos. Nos envió a buscarte.<br />
- Sí, estoy bien. &#8211; Respondió &#8211; Me debo haber quedado dormido.<br />
- Si, ya lo creo. Te perdiste el espectáculo.<br />
- ¿Qué espectáculo?<br />
- Antes que te despertaras, había cientos, cientos de ellas por todos lados.<br />
- ¿Cientos de qué?<br />
- Luciérnagas, Tomás. Cientos de luciérnagas. Fue hermoso. No se donde habrán ido. Desaparecieron de un momento a otro, y nosotros debemos volver al destacamento. Vamos.</p>
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		<title>Capítulo IX &#8211; Destino</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Aug 2008 18:24:07 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Los rayos de sol la despertaron filtrándose a través de la puerta y se cubrió la vista con una mano para incorporarse minutos más tarde con la espalda algo dolorida. Daniel no estaba ahí y ella hubiera seguido durmiendo pero la idea de volver a recostarse sobre ese costal de cereal no la tentaba demasiado. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=46&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los rayos de sol la despertaron filtrándose a través de la puerta y se cubrió la vista con una mano para incorporarse minutos más tarde con la espalda algo dolorida. Daniel no estaba ahí y ella hubiera seguido durmiendo pero la idea de volver a recostarse sobre ese costal de cereal no la tentaba demasiado. Entonces se puso de pie y abrió la puerta, lográndolo sólo en el segundo intento. El sol bañaba los campos sobre una leve neblina matutina. Bostezó y entonces los vio. Daniel, con su escopeta al hombro, caminaba por el perímetro del campo y Chico lo acompañaba a su lado. Él también la vio y aceleró el paso aunque el perro le ganó la carrera.<br />
- ¡Buen día! Estaba esperando que te despertaras para probarla. – dijo con entusiasmo mostrando la escopeta a la emperatriz.<br />
- Bueno, pero tené cuidado y además no gastes todas las municiones. &#8211; le contestó la emperatriz.<br />
- Yo se donde Paco guarda más municiones. &#8211; se escuchó una voz simpática y juvenil.<br />
La emperatriz y Daniel intercambiaron miradas para luego dirigirlas hacia abajo y observar al perro moviendo la cola como un pequeño látigo de un lado a otro. Erika se acercó al animal y le preguntó:<br />
- ¿Nos podrías mostrar, por favor?<br />
- ¡Pero claro que sí, preciosa! &#8211; contestó con entusiasmo y se metió rápidamente en el galpón. Daniel y Erika lo siguieron inmediatamente, a tiempo para observar como el perro iba saltando del costal de cereal a la silla, de la silla a la pequeña mesa, de la mesa a la pila de cajas de madera y de allí a un estante. Caminó por él agazapado y con ojos enormes les pidió:<br />
- ¿Me ayudan a bajar? ¡No dejó la caja aquí!<br />
Erika se reía mientras pedía a Daniel que ayude al pobre animal. Pensaron que allí terminaba todo pero en cuanto Daniel lo dejó libre sobre el suelo el pequeño perro salió corriendo a la otra punta del galpón y comenzó a escarbar la tierra con mucha fuerza y entusiasmo. Daniel comentó:<br />
- Tal vez enterró algún hueso ahí. Vamos.<br />
- Espera &#8211; le pidió Erika al ver brillar algo bajo la tierra. Se acercó a Chico para distinguir la tapa de una caja. El perro cedió un poco de lugar y entre los dos terminaron el trabajo. Pronto la emperatriz estaba sentada sobre el costal con una caja de metal entre las manos. La abrió lentamente y encontró algunas fotos antiguas de una mujer elegante, una caja con municiones y una pistola de color negro. La tomó entre sus manos y le resultó más cómoda que la escopeta. Entre las fotos también había algunas cartas y pedacitos de tela. Se quedó con el arma y las municiones guardando luego prolijamente todo en la caja tal cual lo había encontrado. Incluso se tomó el trabajo de dejarla en su lugar y volver a cubrirla con la tierra.<br />
- Bien, salgo a practicar. &#8211; anunció Daniel y en ese momento se dieron cuenta de que Chico no estaba con ellos desde hacía unos cuantos minutos. Daniel levantó los hombros con total desinterés y salió del galpón junto a la emperatriz.<br />
Ella prefirió recorrer los campos cultivados y retirar en algún que otro lugar hierba que afectaría la cosecha a futuro, mientras que él comenzó a disparar a unas ramas que había ubicado estratégicamente a una cierta distancia. Erika estaba muy entretenida tratando de arrancar las raíces de unas hierbas cuando entonces los vio y no podía salir de su asombro. Chico estaba recostado con el hocico contra el piso mirando con total dulzura a un pequeño conejito, blanco como la nieve. Se acercó con la mano sobre el arma con mucha calma tratando de no alertar al conejo, pero todo fue inútil. Al estar a unos metros de distancia, Chico se percató de sus intenciones y comenzó a ladrarle con tal determinación que ella tuvo que retroceder. Sin perder el tiempo, el conejo escapó en una carrera imposible de ganar zigzagueando entre los árboles del fondo del campo. El perro estaba rabioso y justo en ese momento llegó Paco luciendo sumamente disgustado:<br />
-¿Qué le estás haciendo a mi perro?<br />
- ¡Nada Paco! &#8211; contestó ella con la sangre en el ojo. El hombre no le creyó y luego de revisar y calmar a su animal se le acercó a los gritos.<br />
- ¡No se te ocurra hacerle algo a Chico! Trata a este animal como si fuera lo más importante en tu vida, o te la tendrás que ver conmigo. ¡No me hagas elegir entre él o ustedes! &#8211; en ese momento llegó Daniel corriendo y se detuvo a centímetros de la emperatriz. Esto hizo que el hombre cerrara la boca y se retirara dando zancadas por el campo.<br />
- Cobarde. &#8211; comentó Daniel apoyando su mano en la espalda de la emperatriz. &#8211; No te preocupes por él.<br />
- No lo estoy. &#8211; dijo ella con firmeza y luego agregó &#8211; Me preocupa Chico.<br />
Estando ya cerca del alambrado Paco les gritó:<br />
- Les dejé alimentos y botellones de agua en el galpón. – dijo algo más pero nadie lo entendió. Parecía que se alejaba quejándose y haciendo ruidos extraños. Daniel le preguntó a la emperatriz qué había ocurrido y al enterarse de la historia le dijo:<br />
- Estás en un dilema. La intención de Chico es buena, le gusta el conejo, pero no sabe prever que el conejo va a terminar con el campo de zanahorias. Me hace acordar a cierta persona&#8230; &#8211; comentó con una sonrisa. Ella se mantuvo seria y finalmente se retiró dirigiéndose hacia el galpón.<br />
Los tres a esta altura tenían hambre. Chico apareció en la puerta al sentir el olor a comida y la emperatriz le sirvió en una taza una porción para él también. Aprovechó ese momento para hablarle sobre el peligro que representaba el conejo, sobre la amistad, el deber y la responsabilidad. El perro tenía buen corazón, pero no aceptaba los planteos de Erika. Simplemente no lo podía entender, estaba seguro de que todo el amor que le tenía a su pequeño amigo podría resolver cualquier inconveniente.<br />
Estaban en el medio de la conversación cuando escucharon a Tomás llamándolos desde la entrada del campo. Abrieron la puerta del galpón y lo vieron con muestras de cansancio en el rostro. Erika corrió a su encuentro y al acercarse vio las manchas de sangre en la camisa y le preguntó qué le había ocurrido. Lo tomó de los brazos ayudándolo a caminar ya que Tomás se inclinaba levemente hacia delante. Le abrió la camisa y vio una gran marca morada en su estómago. &#8211; ¡Por favor, Tomás! Esto es demasiado. Tiene que haber una forma de detenerlo.<br />
- Lo único que importa es que estás bien, mi amor. Estaba preocupado. – le dijo él con un gesto de sufrimiento.<br />
- Vení. – le contestó ella tomándolo de un brazo para llevarlo al galpón. Daniel los ayudó y recostaron a Tomás sobre los costales de cereal. Le ofrecieron alimento pero él no los aceptó y se quedó dormido en pocos minutos. Al quedar inconsciente aflojó su mano y algunas monedas cayeron al piso. Daniel las juntó y las guardó en una pequeña bolsa de cuero.<br />
Erika y Daniel trabajaron duro en el campo ese día mientras Tomás se recuperaba. La emperatriz en un momento se paró erguida mirando el horizonte, limpiando el sudor de su frente y se preguntó si no habría perdido el rumbo en algún momento. ¿Qué estaba haciendo ella en ese campo de zanahorias?<br />
- Normalmente no se puede ver la figura del rompecabezas hasta que uno avanzó lo suficiente en el trabajo. – dijo Tomás a pocos metros detrás de ella.<br />
Ella giró con una sonrisa y le dijo:<br />
- ¡Te despertaste! ¿Estás mejor?<br />
- Sí. Mucho mejor. – la miró con ternura.<br />
- ¿Estamos bien aquí?<br />
- Claro que sí. Todo está en su lugar. – se acercó y le acomodó el cabello. – Tranquila mi amor.<br />
Ella le sonrió y le preguntó por Tania. Tomás se rió suavemente y le contestó:<br />
- Ella es la que mejor la está pasando. Te lo aseguro. – luego le contó sobre su nuevo trabajo en la taberna y que había conocido al hombre más importante del pueblo. Con él deberán negociar para aliarse y llegar al río. Luego le dio la espalda y comenzó a caminar mientras le decía:<br />
- Tengo que volver. Los espero el viernes, me gustaría que vengan a verme.<br />
La emperatriz se quedó viéndolo marchar y suspiró.</p>
<p>Tania se despertó con una energía inusual esa mañana, se sentía plenamente feliz. Acomodó la ropa de su cama y se arregló el cabello. Se cambió luego de seleccionar un vestido color celeste del baúl y abrió la puerta de la casa para encontrarse con una mañana fresca donde algunos trabajadores ya estaban ocupándose de la rutina diaria. Sin perder la sonrisa fue hasta el depósito a buscar alfalfa, cargó la carretilla y la llevó hasta los studs.<br />
El pelaje de los animales brillaba en forma especial bajo la luz matutina. Ella se acercó con alegría hablándoles con dulzura y se emocionaba cuando le aceptaban el alimento. Era un trabajo maravilloso y no podía esperar el momento de aprender a cabalgar.<br />
Luego de revisar que todos tuvieran su ración de alimento y los piletones de agua completos, comenzó a cepillarlos uno a uno. Estaba trabajando con una yegua de tres años, color negro azabache, cuando él la vio ese día. Ella lo divisó a la distancia pero no saludó esperando que él se acercara. Se desilusionó al ver que él no hizo gesto alguno y se dirigió a uno de los peones, quien le alcanzó inmediatamente un caballo. Pronto salió al galope del haras levantando polvo detrás de sus huellas.<br />
La yegua y ella se miraron y el animal movió las orejas como entendiendo la situación. Tania continuó cepillándola y luego siguió con los demás hasta finalizar con su tarea avanzado el mediodía.<br />
- ¿Ya terminaste? – preguntó un paisano bajito de tez curtida luciendo una especie de boina negra sobre su cabeza.<br />
- Sí. Ya están listos. – contestó ella.<br />
- Bien. Entonces vamos al comedor. – le dijo sonriendo y extendiendo su mano &#8211; Me llamo Rodrigo.<br />
- Encantada, mi nombre es Tania.<br />
- Lo se. Juan me pidió que cuidara especialmente de usted.<br />
La alegría le volvió al alma y no pudo dejar de sonreir por las próximas dos horas. Comieron un guiso bastante abundante y mientras tanto aprovechó para enterarse de la organización del lugar. El haras tenía alrededor de doce empleados. Había un par de chicas que se ocupaban de la cocina y la limpieza, otros tres adiestradores para los animales, dos cuidadores y el resto eran peones de mantenimiento general. Rodrigo estaba a cargo de todos ellos, Tania incluida.<br />
Estaban levantando la mesa cuando Juan regresó al haras y se dirigió sin decir palabra al edificio principal. Ella dudó. Sentía el impulso de ir a hablarle pero por otro lado, estaba convencida de que lo mejor era continuar con sus tareas en el lugar y enfocarse en su trabajo. Además, tenía que comunicarse con su grupo para avisarles que ella estaba trabajando allí. Entonces sonrió y fue decidida a golpear la puerta de Juan.<br />
- ¡Adelante! – escuchó.<br />
Abrió la puerta y lo vio recostado en una poltrona con un libro entre sus manos. Antes de entrar tenía la frase en su cabeza pero en ese momento las palabras habían desaparecido y las buscaba desesperadamente. El la miró sonriente y le dijo entusiasmado:<br />
- ¡Tania! ¡Qué bueno verte! ¿Qué tal tu primer día de trabajo? ¿Todo bien? – su mirada era vivaz y brillante.<br />
Ella le sonrió y le dijo con un suspiro:<br />
- Maravilloso.<br />
El rió mostrándose feliz y contestó: &#8211; Cuanto me alegro, realmente. – levantó casi imperceptiblemente las cejas y continuó diciendo &#8211; ¿Te interesa la lectura?<br />
Al escuchar estas palabras mágicamente ella recordó lo que tenía para decirle.<br />
- Sí, me gusta mucho leer. Yo, en realidad, venía a pedirte si podría ir hasta el pueblo un momento. Tengo que avisar a unos amigos que estoy aquí.<br />
Él la escuchaba con atención y le contestó:<br />
- No te preocupes por eso. Esta noche vamos a cenar en el centro. Podemos pasar por donde estén tus amigos antes si te parece bien. – y sonrió al verla sonrojarse.<br />
Juan se puso de pie y se acercó para mostrarle el libro que estaba leyendo. Ella lo tomó en sus manos y comenzó a hojearlo lentamente sin leer una sola palabra de sus páginas. Él caminaba a su alrededor y de pronto le dijo:<br />
- Sos hermosa.<br />
- Gracias. – le dijo ella bajando la mirada y sintiéndose un tanto incómoda. Entonces lo miró y le preguntó – Esta noche, ¿debo vestirme de alguna manera en especial?<br />
El sonrió más que complacido y le dijo – No te preocupes por eso. Vení. – Le extendió su mano y ella la tomó. La guió hasta la biblioteca y le preguntó si había leído alguno de esos libros. Ella pudo reconocer algún que otro título, pero las caricias que él le daba en su mano mientras le hablaba le nublaban la mente. Entonces Tania comentó algo pero él la interrumpió con un beso tierno y dulce. Se abrazaron con suavidad y se miraron.<br />
- No se que me pasa con vos. Siento que quiero cuidarte. – le confesó él.<br />
Ella contestó a la defensiva como despertando de un sueño y tensando su cuerpo:<br />
- ¿Pensás acaso que no puedo cuidarme sola?<br />
El sonrió y le dijo a pocos centímetros de su boca:<br />
- No, no te cuento lo que pienso. Te hablo de lo que siento. Debes saber que un sentimiento es mucho más fuerte que un pensamiento.<br />
Ella se quedó sin palabras y le acarició el rostro, entonces él volvió a besarla con delicadeza abrazándola más fuerte. En un momento Juan apoyó la mano en su pecho y al descubrir su corazón, sonriendo le preguntó:<br />
- ¿A dónde corre?<br />
Ella sonrió y le dijo:<br />
- Parece que se quiere ir con vos. – él la miró apasionado y volvieron a besarse. Se distanciaron por un momento y sin soltar las manos él la guió a su dormitorio. Ella no se resistió.</p>
<p>Erika continuó trabajando por largas horas y al regresar volvió a descubrir a Chico con su pequeño amigo. No dijo nada y se metió en el galpón. Allí estaba Daniel esperándola.<br />
- Creo que pronto será el tiempo de cosecha. – comentó él al verla llegar.<br />
- Eso parece, pero debemos esperar las indicaciones de Paco.<br />
- Cuando viene. Supongo que para el fin de semana, ¿verdad?. – contestó Daniel.<br />
- ¿Lo vistes a Chico? – preguntó la emperatriz preocupada.<br />
- Sí. Esto no va a terminar bien. Ya hablé con él también pero todo es inútil. No me hace caso.<br />
- Al menos lo advertimos – le contestó ella.<br />
- Sí, es cierto.<br />
- Daniel, ¿tenés forma de comunicarte con el destacamento? Me gustaría tener noticias de ellos.<br />
- Mañana temprano iré hasta allá para pasar revista. No creo que tengan problemas. – Se echó a reir.<br />
- ¿Qué sucede?<br />
- Me acordé de los coatíes. ¡Qué personaje ese Ariel! ¿Lo vamos a llevar al monte?<br />
- Sí, claro, un trato es un trato. Después de todo, gracias a ellos no tenemos el problema de las provisiones. – le recordó la emperatriz.<br />
- Es cierto. Bueno, es hora de dormir emperatriz.<br />
- Sí, estoy agotada. No recuerdo haber trabajado tanto.<br />
Daniel se rió con ganas y ella le dio un golpe en el brazo.</p>
<p>Tomás había comenzado su turno y limpiaba las mesas con forma de tornillo en la calle a la salida de la taberna. Algún que otro cliente comenzaba a llegar poco a poco pasadas las ocho de la noche. El descanso le había venido bien y se sentía bastante recuperado. Levantó una copa y entonces la vio pasar al galope. El caballo se detuvo repentinamente a unos metros y ella descendió. El jinete lo miraba seriamente y él no podía dejar de observar ese rostro. Lo encontraba increíblemente familiar. Tania se acercó a él rápidamente y lo tomó de un brazo mientras Tomás no podía evitar mirar a Juan.<br />
- ¡Tomás tenemos que hablar! No se que me sucede. Estoy mal. No se que tengo. Me tenés que ayudar.<br />
- ¿Qué te pasó? – le contestó él mirándola con atención.<br />
- ¡No puedo pensar! Estoy como confundida, emocionada, sensible. – Tomás la escuchaba totalmente anonadado y sin permitirle continuar le preguntó:<br />
- ¿Quién es este? – el jinete se había ido acercando lentamente hasta ellos mientras conversaban. Entonces bajó de su caballo y lo miró a Tomás sin abandonar una actitud seria y dominante.<br />
Tomás se acercó a él y le preguntó:<br />
- ¿Nos conocemos?<br />
- No. – contestó Juan luego de mirarlo con intensidad.<br />
- ¿Estás seguro? – volvió a preguntar Tomás, mirándolo intrigado.<br />
- Nunca lo he visto en mi vida. – le dijo él con plena seguridad.<br />
- Tomás, debo avisarte que estoy trabajando en el haras de Juan. – le informó Tania de pronto.<br />
- ¿El haras de Juan? – preguntó Tomás.<br />
- Queda a cinco kilómetros al este de aquí. Criamos los caballos para el gobernador. – aclaró Juan.<br />
- ¿El gobernador? – volvió a preguntar Tomás algo asombrado.<br />
- Sí. Para Manuel Almeda. Vamos a cenar con él ahora.<br />
- ¿Vamos? ¿Te vas con él? – preguntó Tomás confundido señalando a Juan con la mirada.<br />
- Sí. – le dijo ella. Luego le dio un abrazo de despedida y con la ayuda de Juan volvió a montar el caballo para salir al galope en el momento.<br />
Tomás se quedó inmóvil mirándola. “Va a cenar con Manuel Almeda” &#8211; pensó.<br />
- ¡Camarero! – le gritaron desde adentro obligándolo a volver a la rutina. Mientras atendía a la gente pensaba una y otra vez donde había visto a ese hombre. Ese Juan. Estaba seguro de que lo conocía de algún lado. Y de pronto cayó en la cuenta quedando perplejo: “¿Tania me abrazó?”</p>
<p>El edificio principal de la aldea era de color arena con algunas columnas al frente y unas amplias escaleras en la puerta principal. Sobre ellas se leía un cartel que decía “Pueblo de Almeda”. Dejaron el caballo atado a un poste cercano y caminaron unos metros hasta donde un empleado los recibió y guió por las escaleras hasta abrirles la puerta principal. Al ingresar se veía un pequeño hall y un corredor con pisos en mármol formando grandes cuadros negros y blancos. Algunas plantas y cuadros adornaban el lugar dando un toque difícil de definir. Tania lo encontró bastante cálido. Aguardaron un minuto y un mayordomo apareció por la galería. Con una enorme sonrisa saludó a Juan diciéndole:<br />
- ¿Cómo está Señor? Siempre es un gusto recibirlo en esta casa. – Miró a Tania por un momento y le dijo – Señorita, un placer.<br />
Tania se sentía como una joven princesa guiada por el hombre más apuesto que había conocido en su vida. Siguieron al mayordomo hasta un salón donde se encontraba una enorme mesa de roble finamente trabajada y servida con los más ricos manjares. Tania abandonó pronto la idea principesca y no veía la hora de atacar esos platos deliciosos, abundantes en exquisita comida. Sin embargo, tuvieron que aguardar la llegada del gobernador y su esposa, quienes no tardaron en presentarse. Manuel y Sofía Almeda llegaron al salón a los pocos minutos y luego de los saludos de rigor se ubicaron alrededor de la mesa.<br />
- Te veo muy bien acompañado, mi amigo. – comentó el gobernador a Juan con picardía.<br />
- Sí, Tania me está ayudando en el haras. Creo que me dará suerte para atrapar a Bandido.<br />
- Ese caballo es terrible. No se deja domar. – manifestó el gobernador.<br />
- Yo le tengo fe a esta señorita. – dijo Juan mirando a Tania con dulzura.<br />
Todos comenzaron a comer y la charla fue muy entretenida. Tania tuvo oportunidad de aprender sobre muchas costumbres del pueblo. Por ejemplo se enteró de que hubo una fiesta popular el mes pasado.<br />
- … la gente es así. Con este evento creen que los nideros no nos atacarán. – comentó el gobernador meneando su cabeza mientras Tania prestaba suma atención.<br />
- No nos atacarán mientras cumplamos con el trato. – acotó Juan.<br />
- El problema es que no se cuanto tiempo más podremos continuar así. Necesitamos el agua. La gente no está dispuesta a entrar al monte. Les tienen pánico, pero si la situación se torna intolerable, ya no estoy tan seguro. – expresó Manuel con cierta preocupación.<br />
- Y bueno querido… &#8211; suspiró Sofía para luego señalar &#8211; Con los antecedentes que tienen los nideros, tampoco puedo culparlos.<br />
- Al decir verdad, no me gusta la idea de llegar al río. Es un riesgo muy grande. – acotó Juan.<br />
- No encuentro otra solución. – comentó desazonado el gobernador.<br />
- Yo conozco a alguien que puede ayudarlo, Señor Gobernador. – habló Tania por primera vez.<br />
Los tres la miraron con curiosidad y Manuel Almeda comentó con una sonrisa:<br />
- Es la segunda persona que me dice esto en poco tiempo. ¿Quién me puede ayudar? – preguntó sonriente.<br />
- Se llama Erika. Está trabajando en este momento para Paco, en unos campos no muy lejos de aquí.<br />
- ¿Con Paco? – preguntó Manuel Almeda mirando luego a Juan quien comentó:<br />
- La encontré a Tania ayer en el bosque, se había peleado con él, o había discutido por algo.<br />
- ¡Me había faltado el respeto! – expresó Tania mientras que la esposa del gobernador dejó sus cubiertos en el plato y bajó la mirada. Se hizo un silencio en la mesa. Luego el gobernador le dijo con un tono sincero:<br />
- Sepa usted disculpar a mi cuñado. Desde que perdió a su esposa, ya no es el mismo. Estoy seguro que no tuvo intención de ofenderla. Hablaré con él.<br />
- Igual ahora está trabajando conmigo. – dijo Juan rápidamente con una sonrisa nerviosa mientras deslizaba una mano bajo la mesa para acariciar la pierna izquierda de Tania.<br />
El gobernador lo miró por un momento y luego le dijo a Tania:<br />
- Parece que conquistaste a mi socio, querida. Debes ser alguien especial.<br />
Ella sonrió entre complacida y avergonzada. Los sentimientos que tenía eran totalmente nuevos para ella, al igual que toda la situación que estaba viviendo.<br />
Continuaron cenando con una charla muy amena sobre diferentes temas culturales. Ella estaba maravillada por la capacidad e inteligencia de Juan. Era un hombre de mundo, tenía conocimiento sobre una amplia gama de temas. Finalmente la cena llegó a su fin y antes de partir, el gobernador se detuvo y le dijo a Tania:<br />
- Que tu amiga se presente en la Asamblea Pública de fin de mes. Espero que también sea alguien especial. Me llama la atención que propongas a una campesina para brindar una solución. – sonrió y ante la falta de expresión de Tania le preguntó &#8211; ¿Conoces la leyenda verdad?<br />
- No, señor gobernador.<br />
- Es muy antigua y dice así:</p>
<p><strong>&#8220;Una emperatriz calmará la sed de los pueblos,<br />
uniendo con paz las culturas.<br />
Vencerá al gran ejército cumpliendo sueños,<br />
aunque ella misma albergue dudas.&#8221;</strong></p>
<p>El gobernador se retiró sonriente junto a su esposa al terminar de recitar la profecía y Tania miró a Juan intrigada:<br />
- Es una creencia popular. Un gran ejército vencido, sueños cumplidos, algo sin demasiado sentido. Los milagros no existen. Yo se lo que te digo. – opinó Juan quien luego la guió hacia la salida. En el camino al haras le preguntó: &#8211; ¿Quién es Erika? ¿Y quién era ese hombre Tomás?<br />
- Amigos. Mis más grandes amigos. – contestó con su corazón por primera vez en su vida.</p>
<p>Los días pasaron en el pueblo. Daniel había podido contactar al ejército recibiendo con alegría a los nuevos soldados que traían excelentes noticias del reino. Al parecer Ana cubría muy bien a la emperatriz en sus funciones y además envió a los hombres con más provisiones. Por otro lado, los cóndores habían colaborado de una manera inesperada. Sin saberlo, dejaron semillas de nuevas especies de árboles frutales en el reino. Los habitantes se sorprendían por el gran crecimiento que tenían y esperaban ansiosos disfrutar los frutos. También se había contenido el crecimiento de la población en roedores y otras alimañas. Además los habitantes estaban muy a gusto con la nueva patrulla del aire, realmente se habían transformado en una atracción popular.<br />
La emperatriz seguía trabajando en el campo, tolerando, en cierta medida, la amistad de Chico con su conejo. Y por supuesto Tomás, daba algún que otro show musical por las noches a sus seguidores, siguiendo con su rutina en la taberna.<br />
Tania aprendió a cabalgar y entrenar los caballos con la ayuda de Rodrigo. Su amor por Juan crecía cada día más y se sentían con el pasar del tiempo más unidos como pareja. La aparición de este hombre fue totalmente inesperada en su vida, pero muy bienvenida.</p>
<p>Y finalmente llegó el día de la Asamblea Pública. Ese día como cualquier otro, Daniel y Erika se levantaron temprano y atendieron el campo ya listo para que se comience a levantar la cosecha. Habían realizado el recorrido de rutina alrededor del perímetro y se encontraban ahora recorriendo los cultivos cuando Erika lo vio y su rostro se endureció.<br />
Allí estaba el conejo, amigo de Chico, comiendo con muchas ganas una zanahoria de buen tamaño. Ella buscó la pistola en su bolso y apuntó, pero Chico, al verla salió corriendo desde atrás de ella y al grito de alto pasó corriendo por su lado en persecución del conejo. La emperatriz no lo dudó ni por un momento y los siguió, decidida a no perder el rastro. En un instante el conejo se equivocó de dirección al saltar y quedó al alcance de Chico. Él lo atacó, provocando un corte severo en su pata trasera. La sangre resaltaba en el pelaje blanco del precioso conejo.<br />
- ¿Cómo pudiste hacerme esto Chico? ¡Eramos amigos! ¿Cómo me traicionaste así? – se quejaba el conejo dolorido.<br />
- ¡No me dejaste alternativa! ¡Mil veces te dije que no tocaras estas zanahorias! ¡Vos me traicionaste! – le gritaba Chico aullando angustiado por su amigo.<br />
- Una maldita zanahoria, te odio desgraciado. Era una simple zanahoria de un campo completo. Te odio. – le dijo el conejo ciego de ira mientras que se arrastraba como podía para huir hacia el bosque. El perro debía atraparlo, pero lo estaba dejando escapar.<br />
Erika quitó el seguro, levantó el arma con ambas manos, apuntó y jaló el gatillo. Fue un solo segundo y el conejo quedó destrozado inmóvil sobre el campo. Chico se acercó al cuerpo del animal y aulló. En ese momento ella escuchó a sus espaldas la carga de una escopeta. Daniel vio a Paco detrás de ella apuntando y corrió a toda velocidad horrorizado quedando paralizado cuando escuchó el estruendo. Ella se estremeció y entonces escuchó el grito de Chico antes de caer muerto sobre el conejo.</p>
<p>Giró y lo vio a Paco con el entrecejo fruncido. La mirada de Erika lo decía todo y él comentó con desdén:<br />
- Tenía un perro porque me era fiel, lo alimentaba porque me protegía los campos. Desagradecido. No tolero las traiciones. – dejó deslizar la escopeta hacia abajo mirando la pistola que sostenía Erika. Se acercó y la tomó entre sus manos. – Era de mi mujer. Ella nunca fallaba, tenía una puntería excelente y hoy vos le diste buen uso. – dijo y luego caminó cabizbajo. A unos metros de distancia les gritó: &#8211; ¡Acompáñenme por favor!<br />
Daniel ya estaba cerca de Erika, preocupado y agradeciendo a los dioses por su misericordia. Por un momento había pensado que no volvería a ver a su emperatriz. Se acercó a Paco y le preguntó dónde iban.<br />
- El gobernador me pidió que los lleve a la Asamblea Popular. Por algún motivo quiere verlos.</p>
<p>Paco les habló muy bien en esa oportunidad. Les dijo que estaba muy conforme con el trabajo que habían realizado en los campos y que pensaba obtener una alta rentabilidad con esa cosecha. Luego de explicar sobre el rinde y algunos detalles de la operación, les ofreció que se hicieran cargo de otros campos. Les consultó también si conocían a alguien para recomendar para realizar estos trabajos. Daniel contestó afirmativamente y Paco pidió que se presentaran al día siguiente.</p>
<p>Los tres recorrieron el camino hasta la gobernación con entusiasmo. Al llegar vieron que muchos vecinos se habían acercado y curiosamente se encontraban Tomás y Tania entre todos ellos. La sorpresa mayor para Erika y Daniel fue cuando el gobernador Manuel Almeda apareció frente al público, y luego de un breve aplauso, lo primero que hizo fue abrazar a Paco con gran afecto.<br />
- Manuel, te presento a Erika y Daniel. – Dijo Paco mientras los miraba sonriente y agregó – Me han dado las fuerzas para seguir adelante. De las ruinas han logrado levantar el campo, tengo la cosecha casi lista. Pienso contratar gente Manuel. Voy a pelearla, amigo.<br />
Manuel lo abrazó y lo alentó a continuar con ese entusiasmo. Entonces comenzó la sesión popular y se escucharon tratar una serie de temas hasta que llegó el turno de Tomás y Tania. Ella fue quien habló primero diciendo:<br />
- Buenas tardes Señor Gobernador. Estamos hoy aquí porque el pueblo tiene una necesidad primaria: abastecerse de agua. La única forma de obtener esa agua es alcanzando el río y construir un canal a través del monte. – La gente murmuró temerosa en la sala – Conocemos a la persona que nos puede guiar en esta empresa.<br />
- ¿Sí? – Preguntó el gobernador un tanto escéptico &#8211; ¿Y quién es esa persona? – preguntó un tanto burlón.<br />
Tania y Tomás la miraron pero ella no les dio tiempo a contestar.<br />
- Esa persona soy yo, Señor Gobernador. – le contestó Erika con un tono que reflejaba carácter y determinación.<br />
Todos los presentes comenzaron a comentar haciendo un barullo considerable en la sala. Una frase se repetía constantemente en el salón: “Es la emperatriz” “Es la emperatriz” “Es la emperatriz”…<br />
Un moderador pidió silencio inmediatamente y al obtenerlo el gobernador con mucha seriedad le preguntó incrédulo:<br />
- ¿Es usted la emperatriz?<br />
La gente comenzó a tomar distancia de ella mientras que Tania, Tomás y Daniel se unieron con cierto orgullo.<br />
- Soy la Emperatriz Erika del Valle de las Nieves, Señora de las Montañas del Paso y Baronesa del Bosque Noroeste y nos presentamos en paz ante el pueblo de Almeda.<br />
El gobernador no daba crédito a las palabras que había escuchado y Juan, a un costado de la sala, se quedó sin habla ni poder dejar de mirar por un solo momento a Tania, quien estaba parada al lado de la emperatriz entre esos dos guardias.<br />
El pueblo guardó silencio en señal de respeto y el gobernador se acercó a ellos acompañado por su propio personal de seguridad.<br />
- Emperatriz, ¿dónde está su ejército? – preguntó el gobernador algo preocupado, recordando la gran cantidad de leyendas existentes sobre esta mujer. Nunca había pensado que serían reales pero el problema principal que enfrentaba era que el pueblo sí creía en ellas.<br />
- Cerca, pero no habrá necesidad de un enfrentamiento, Señor Gobernador.<br />
- Claro que no, Emperatriz. Tenemos mucho que conversar, ¿no cree usted? – preguntó con suma caballerosidad.<br />
- Por supuesto. – respondió ella.<br />
- Por favor, preséntese mañana. La estaremos esperando.<br />
- De acuerdo. – le contestó ella y los cuatro iniciaron su retirada del salón. La gente se abría dejándoles paso como un juego estratégico prediseñado ya que todos se distribuían y circulaban metro a metro de modo de poder verla de cerca al menos por un momento.<br />
Llegaron caminando hasta el centro de la plaza cuando de pronto Juan los alcanzó agitado y gritó por Tania. La emperatriz no estaba al tanto de esta situación y Tomás le dijo al oído:<br />
- Necesita despedirse, permite que llegue más tarde al destacamento.<br />
- De acuerdo. – le dijo a Tania y siguieron avanzando alejándose del pueblo.<br />
Juan y Tania se miraron entre la gente que se iba perdiendo por las calles, apurados por hacer correr la voz. Ella analizaba cada uno de sus rasgos y gestos sin decir palabra alguna hasta que él se acercó lentamente y de pronto le preguntó:<br />
- ¿Cuándo ibas a decírmelo?<br />
- No podía hacerlo.<br />
- ¿Nuestra relación es parte de tu misión?<br />
- Claro que no. – Lo tomó de las manos y le dijo – Lo que siento por vos no se puede describir con palabras. Es lo más fuerte y auténtico que me pasó en toda mi vida.<br />
- Y ahora te vas a ir con ellos, ¿verdad?<br />
- Debo hacerlo. – contestó bajando la mirada.<br />
- Me dijiste que ellos eran tus amigos cuando en realidad sos uno de los oficiales principales en la misión de un imperio. – Habló casi con desprecio y de esta forma hirió los sentimientos de Tania.<br />
- Los considero mis amigos.<br />
- ¿Y hasta dónde piensan llegar? – preguntó él alzando la voz.<br />
- Buscamos el mar.<br />
- ¡¿El mar?! – gritó él.<br />
- Si Juan, buscamos el mar. ¡Y no me vuelvas a hablar de esta manera!<br />
- No entendés, no entiendés nada. &#8211; Repetía él desesperado.<br />
- ¿Qué es lo que no entiendo?<br />
- Es peligroso, no puedo dejar que te vayas. Por favor mi amor, no te vayas. ¡No vayas!<br />
- Primero, se cuidarme muy bien. Segundo, ¿cómo podes saber si es peligroso?<br />
- Confiá en mí, te pido por favor que no vayas.<br />
- ¿Por los nideros?<br />
- Los nideros no es lo peor – dijo él sacudiendo la cabeza.<br />
- ¿De qué hablas? – preguntó ella.<br />
- No te puedo dejar ir. – contestó él cada vez más angustiado.<br />
- Amor, esto no es una opción. Tengo una responsabilidad con mi gente.<br />
- ¡No puedo dejarte ir al mar!<br />
- ¿Por qué?<br />
Él estalló en furia de pronto sorprendiendo a Tania que no sabía cómo contenerlo. Lo quiso abrazar pero él la rechazó provocando una angustia profunda en ella. Sin detenerse, Juan se alejó y luego echó a correr. Rápidamente montó su caballo y salió a toda carrera hacia el bosque. Ella se quedó sola en la plaza y comenzó a caminar hacia el destacamento del bosque, sintiendo como las lágrimas patinaban por sus mejillas.</p>
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		<title>Capítulo VIII &#8211; El primer día en el pueblo</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Aug 2008 01:43:19 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Tania se había despertado temprano y primero aprovechó el tiempo ordenando sus pocas pertenencias. Luego, tomó un antiguo cuaderno forrado en cuero color caoba ya bastante gastado y comenzó a trabajar en él con suma concentración utilizando un crayón negro. Sus ojos color miel seguían atentamente los trazos marcados en el papel. Estaba tan sumergida en su tarea que se sobresaltó cuando Daniel le dijo desde lo alto a sus espaldas:<br />
- Está muy bien hecho. ¡Buen trabajo!<br />
- Por favor, Daniel, te pido que no lo comentes. Es algo que quiero en su momento regalar a la emperatriz.<br />
- A Erika. – corrigió él.<br />
- Sí. – contestó ella bajando la mirada. La respuesta no se hizo esperar. Daniel le dijo que se quedara tranquila y que compartirían ese secreto.<br />
Tania tomó ventaja de ese momento de tranquilidad para preguntar un poco más sobre la misión:<br />
- Daniel, ¿tenemos idea de qué tipo de enemigo es el que tenemos que enfrentar? ¿Alguna pista?<br />
- No, no es tan sencillo. En realidad nadie lo sabe a ciencia cierta. – Se hizo un silencio y continuó hablando – La leyenda cuenta que nuestra tierra, protegida por las montañas, se convertirá en un gran imperio guiada por una mujer. De no lograrlo será sentenciada a ser saqueada y destruida por invasores salvajes. La pérdida sería total. Es un tipo de encrucijada.<br />
Tania suspiró preocupada y pretendía continuar con la conversación pero el movimiento en el cielo la distrajo. Prestaron atención y ambos pudieron distinguirlo claramente. Se preguntaron qué haría el cóndor por allí otra vez. Volaba rápidamente hacia ellos y Daniel no le guardaba mucha simpatía después de lo que había ocurrido. Se quedó de pie, apoyando su mano sobre el empuño de su espada listo para entrar en acción ante cualquier incidente.<br />
- ¿Aún por aquí? ¡Apenas se desplazaron algunos metros! – dijo el cóndor jocoso.<br />
- ¿Qué necesitas? – preguntó Daniel ahorrando todo tipo de preámbulo.<br />
El cóndor miró hacia los costados y luego dijo:<br />
- Estoy buscando a la emperatriz. – Sin vueltas explicó – Llegamos a un punto en la montaña para reunirnos con mi padre, pero dos soldados nos interrumpieron el paso. Nos dijeron que sólo la emperatriz podía autorizar nuestro ingreso.<br />
- ¿Desean vivir en nuestro reino? &#8211; preguntó Tania.<br />
- No lo se. Vivir no creo. Si nos permiten el ingreso iremos a veces.<br />
Daniel lo miraba desconfiado y el ave le dijo:<br />
- Podemos serles de utilidad. Podríamos comernos los roedores por ejemplo. Eso les facilitaría la agricultura, ¿verdad? – Daniel lo miraba interesado.<br />
- Tiene razón. – dijo Tania pensando en sus cultivos &#8211; Además podrían colaborar en la vigilancia de la frontera. Tienen gran velocidad y una vista envidiable.<br />
- Es cierto. – dijo el cóndor muy tranquilo con orgullo.<br />
- Buscaré a la emperatriz. – anunció Daniel y se retiró.<br />
Tania y el cóndor se quedaron juntos por un breve momento y ella no perdió la oportunidad para confirmar algunos datos:<br />
- ¿Es cierto que hay un río hacia el norte?<br />
- Sí, un río bastante grande. Me dijeron que desemboca en el mar.<br />
- ¿Quién te lo dijo?<br />
- Los nideros.<br />
- ¿Nideros?<br />
- Sí, son una raza de hombres que protegen el monte. – Giró la cabeza y dijo – ¡Aquí estás emperatriz!<br />
Tania se alejó pensativa mientras que la emperatriz le explicaba al cóndor que debía jurar lealtad al imperio y proteger su ubicación. El animal aceptó las condiciones y recibió poco después un pliego con el sello real y la contraseña para su ingreso y el de su familia.<br />
- Se lo agradecemos mucho. Los inviernos son muy duros y ventosos en la montaña. Tendremos muchas posibilidades de sobrevivir en su reino en esas épocas. No se arrepentirán.<br />
La emperatriz y Daniel sonrieron al ver al cóndor con suma elegancia alejarse por los aires pero fueron desconcentrados por Tomás quien gritaba entre risas:<br />
- ¡Llegó la ropa nueva!</p>
<p>El coatí acompañado por cinco amigos corría a toda velocidad entre las ramas trayendo consigo cualquier cantidad de ropa. Tania se rió comentando:<br />
- Estos animales están enloquecidos.<br />
- ¡Hicimos una recorrida por las sogas del pueblo! – Explicó Ariel riendo al llegar.<br />
Los soldados recibieron bien a los coatíes y compartieron el desayuno con ellos. Mientras tanto y rápidamente, Erika, Tania, Tomás y Daniel se cambiaron de atuendos y la tropa se sorprendió al verlos con esa vestimenta tan extraña para ellos.<br />
- Están perfectos. – comentó Ariel mientras los examinaba.<br />
Las mujeres lucían vestidos largos floreados con botitas cortas de cuero negro. Tania había elegido el vestido de color lavanda con dibujos de grandes flores en azul y violeta. Erika en cambio, prefirió un tono color arena con pequeñísimas flores celestes. Los hombres usaban las camisas vistosas a cuadros con los altos pantalones y gruesas botas de cuero marrón.<br />
- Dejen un burro libre. Lo llevaremos a la aldea. – todos la miraron y Tania explicó – Debemos tener algo para negociar.</p>
<p>Daniel se acercó a la emperatriz y le explicó que era un buen momento para hacer la primera rotación. Enviaría a dos de sus hombres al destacamento del Paso de Tania para renovar la tropa. Así Miguel podría volver a la aldea y mandaría dos hombres descansados en reemplazo. Erika estuvo de acuerdo y Daniel impartió la orden, que fue festejada por el grupo de soldados.</p>
<p>Un par de hombres prepararon al burro y pronto se encontraban los cuatro caminando por el bosque en dirección al pueblo. Tuvieron que recorrer el sendero por más de un par de horas bajo los árboles hasta que lograron divisar la primera casa. Erika estaba sorprendida y feliz. El soldado no había comentado los colores preciosos que tenían las viviendas. Se acercaron y vieron una construcción simple de madera, pintada en color durazno con los marcos de las ventanas y las puertas en un tono verde limón que ellos jamás habían visto en combinación tan original. Cerca de la puerta en un pequeño jardín una mesa y tres sillas en el mismo tono de verde esperaban visitas. Se esforzaron guiados por su curiosidad pero fue imposible ver el interior de la casa a traves de esas cortinas amarillas. Tomás  logró controlar su impulso y se mantuvo en el camino sin ingresar a ninguna vivienda.<br />
Siguieron por el sendero y lograron divisar otra casa más. Esta vez en color celeste combinada en un violeta intenso. Las estructuras en sí eran muy similares pero los tonos de colores cambiaban en cada una de las construcciones. Evidentemente era un pueblo muy cuidado. El césped estaba prolijamente cortado y se notaba el buen mantenimiento que debió haber requerido horas de dedicación. De pronto un par de mujeres doblaron a unos ciento cincuenta metros y caminaban ahora hacia ellos. A medida que se aproximaban hablaron entre ellas y los miraron al pasar. Los cuatro sintieron que el corazón se les salía del pecho y sin embargo, nada sucedió. Siguieron caminando un tiempo más y la cantidad de viviendas aumentaba con cada paso. A esta altura descubrieron que el pueblo tenía un diseño muy particular ya que todas las calles se abrían en diagonales. Un hombre robusto de escaso cabello, de aproximadamente unos cincuenta años, salió de su casa justo cuando ellos se aproximaban. Los miró con seriedad por un momento, pero se dedicó a ordenar una gran cantidad de leña en una especie de carreta al costado del camino. Ellos lo miraron de reojo y siguieron caminando prácticamente conteniendo la respiración. Entonces escucharon a sus espaldas:<br />
- ¡Oigan! ¡Ustedes!<br />
Los cuatro se quedaron paralizados en un primer momento para luego girar sobre sus talones con precaución.<br />
- Tengo el caballo muy enfermo en el establo y necesito llevar esta leña hasta el centro. ¿Qué piden por la ayuda de su bestia?<br />
Erika quedó sorprendida pero Tania le explicó al oído: &#8220;Creo que quiere a nuestro burro.&#8221; La emperatriz se adelantó y le contestó:<br />
- Somos visitantes. Estamos buscando un lugar donde poder quedarnos. ¿Usted conoce algún lugar que nos pueda indicar?<br />
El hombre se veía algo tosco y quedó un poco confundido con el planteo.<br />
- ¿Visitantes? ¿De dónde?<br />
Daniel se adelantó para contestar pero Erika le hizo señas para que aguardara, entonces ella le dijo:<br />
- De muchos lugares. Somos viajeros. Hemos recorrido miles de kilómetros, montañas, bosques y ríos.<br />
- ¿En serio? ¿Y no es peligroso?<br />
- Nos gusta esta vida aunque lleva sus riesgos, bueno como todo, ¿verdad? Hasta usted debe correr riesgos aquí.<br />
El hombre pensativo bajó la cabeza y le contestó:<br />
- Ni que lo digas. El agua es el principal problema. Dependemos de las lluvias que gracias a Dios han sido muy abundantes hasta el mes pasado. Pero hemos tenido momentos difíciles. – se quedó viendo el burro y continuó diciendo – Tengo un conocido en el centro. Su esposa falleció el año pasado y tiene una casa bastante grande. Creo que podré convencerlo para que los deje quedarse con él.<br />
- ¿Cree? – le preguntó Daniel.<br />
- De acuerdo. Es mi hermano, si se lo pido los dejará quedarse. – mascó algo en su boca y lo escupió al suelo.<br />
Los cuatro se miraron entre ellos y llegaron a un acuerdo tácito. Tomás se adelantó y le dio la mano al aldeano a una prudente distancia. Entre los tres hombres lograron enganchar el carro al burro y así llegó la leña al centro de la aldea.<br />
Erika estaba sencillamente encantada porque el centro del lugar era precioso a sus ojos. Había una plaza muy grande con árboles y flores de vivos colores donde un grupo de niños jugaba haciendo rondas y cantos. Además había una fuente de agua transparente en una de las esquinas que caía desde lo alto haciendo un salto curioso. El hombre les explicó:<br />
- Esa fuente lleva el agua de lluvia más pura, porque le hacen un tratamiento especial. Todas las mujeres del pueblo van a la mañana temprano y luego más tarde casi llegando la noche, a buscar allí el agua para su consumo. Para otros menesteres tenemos el agua que podemos juntar en nuestras propias casas, en los tanques de los jardines traseros.<br />
Erika levantó la vista y leyó un cartel sobre un edificio que lucía más importante que el resto, situado frente a la plaza, donde decía: &#8220;Pueblo de Almeda&#8221;. Junto al hombre fueron por la calle alrededor de la plaza para finalmente perderse una vez más entre las diagonales. Llegaron entonces a una especie de depósito de maderas.</p>
<p>El hombre golpeó torpemente el portón del frente y si bien tardaron en atenderlo no volvió a insistir. Simplemente se quedó aguardando cerca de la entrada unos diez minutos hasta que se sintió un ruido proveniente del interior del establecimiento y luego el gran portón de madera se abrió emitiendo un chirrido molesto. Las tablas de abajo se trabaron un poco con la tierra y el pasto, pero el hombre del depósito empujó más fuerte y logró destrabarlas sin problemas.<br />
Se saludaron entre sí con un sonido tosco y salieron ambos a buscar la leña de la carreta. Tomás los ayudó con ganas y pronto terminaron la descarga. Estaban en menos de treinta minutos dispuestos a acompañar al hombre hasta la casa de su hermano. Sin embargo, el encargado del depósito gritó mirando a Tomás:<br />
- ¡Muchacho! ¿No te gustaría ayudarme unas horas al día por algunas monedas?<br />
Los cuatro se quedaron sorprendidos. No esperaban una oferta de trabajo en realidad. Se juntaron y lo discutieron por un momento. Tania opinaba que era una buena oportunidad de conocer las costumbres del lugar.<br />
- ¿Cuánto tiempo vamos a quedarnos aquí? &#8211; preguntó Daniel a la emperatriz.<br />
- Dos meses serán suficientes para conocer al pueblo y su gente, luego estaremos en condiciones de decidir qué hacer. &#8211; aseguró con cierta seguridad.<br />
- Entonces acepto. &#8211; replicó Tomás. &#8211; ¡Acepto! &#8211; le respondió al hombre alzando un poco la voz.<br />
- Muy bien, lo espero mañana a las cinco en punto. &#8211; dijo el encargado del depósito de aspecto desalineado desde el portón.<br />
- ¿De la tarde? &#8211; consultó Tomás.<br />
El hombre largó una carcajada espontánea y se metió en el depósito cerrando con fuerza el portón.<br />
- ¡Qué suerte muchacho! ¡Ya tienes trabajo! Rodo es un poco bruto pero buen hombre.<br />
Tomás no contestó y continuaron la marcha por tres cuadras más en silencio. Luego el almedino detuvo la carreta y les pidió que lo aguardaran un momento. Subió una pequeña colina por una escalera de madera y piedra hasta llegar a una casa de color amarillo fuerte, de marcos y puertas blancas. Tocó la puerta y aguardó bastante tiempo, caminando de un lado al otro hasta que decidió apoyarse sobre la viga de madera del porche mirando a los cuatro visitantes. &#8220;Viajeros&#8221; pensó. &#8220;Hemos recorrido miles de kilómetros, montañas, bosques y ríos.&#8221; &#8220;Ríos&#8221;. Giró al escuchar que la puerta se abría detrás de él.<br />
Los cuatro intentaban ver al hombre de la casa amarilla pero su hermano había ingresado a la vivienda y la puerta se había cerrado tras él. Se quedaron solos mirando al burro mover sus suaves orejas lo cual motivó que Erika se aproximara y lo acaricie con ternura.<br />
A los pocos minutos la puerta se abrió y ambos hombres salieron a su encuentro. El dueño de casa era un hombre con muchos kilogramos de más sin un solo cabello en toda su cabeza. Su piel era rojiza y los ojos celestes, algo saltones, no agradaron a los viajeros. Sin embargo, considerando que ese hombre les podría dar vivienda, hicieron en vano un esfuerzo por mantener una relación amistosa.<br />
El hombre se acercó a ellos y con tono autoritario les dijo:<br />
- Dice mi hermano que necesitan un lugar para vivir. No tengo problemas, pero a cambio le tienen que entregar el burro y deberán trabajar para mí en los campos de cultivo. Se van a tener que ganar el plato del día.<br />
Decir que Tania estaba furiosa por los modales del hombre, era realmente poco. Ella se adelantó al grupo y le dijo:<br />
- Buenas tardes, ¿con quién tengo el gusto de tratar?<br />
El hombre se rió groseramente y dirigiéndose a Daniel le preguntó:<br />
- Aceptan, ¿sí o no?<br />
Daniel miró a la emperatriz y ella le dijo por lo bajo:<br />
- Al menos intentémoslo, así tenemos un lugar de partida.<br />
- De acuerdo – Daniel miró a las dos mujeres y contestó – Trabajaremos para usted.<br />
- Sólo ella y usted. Esta no me interesa – acotó mirando sobradamente a Tania.<br />
- Yo tampoco trabajaría aquí. – contestó Tania y luego se calló porque Daniel apoyó la mano en su brazo en un gesto de contención. Estaba indignada y con razón. La emperatriz se le acercó y le dijo:<br />
- Tania regresá con Tomás. Ya pensaremos en algo.<br />
La furia no se calmaba y se alejó rápidamente pensando en cómo era posible que la emperatriz aceptara trabajar para semejante cerdo. Tomás trataba de calmarla pero ella directamente no le contestaba y él no pudo encontrar manera de sacarla de su mundo.</p>
<p>Mientras tanto, Erika y Daniel llegaban al porche de la casa pero el hombre no los dejó pasar. Los hizo esperar un momento y luego apareció junto a su hermano quien finalmente se presentó como José y les comentó que el dueño de casa se llamaba Paco. Les pidieron que los sigan y luego los hermanos se despidieron. José se llevó al burro con la carreta y Paco siguió a pie unos dos kilómetros alejándose del centro seguidos por Daniel y la emperatriz.<br />
La zona donde llegaron estaba formada por enormes campos de cultivo, mayormente trigo y maíz. En algunas tierras también tenían ganado vacuno. Caminaron por un lugar bastante abandonado y luego llegaron al campo de Paco donde cultivaba zanahorias. Estaban todas alineadas en unas veinte hectáreas de tierra. Al escucharlos un perro les ladró en la entrada. Desde allí podían divisar un pequeño galpón en el lugar.<br />
- Este es un muy buen perro. Muy guardián. Me lo tratan con respeto. Bien chico, bien chico. – decía Paco mientras palmeaba al animal en el lomo de pelaje oscuro.<br />
- ¿Cómo se llama? – preguntó la emperatriz.<br />
- Chico. – contestó mirándola de mala manera y agregó &#8211; Cuiden mis tierras. Volveré aquí mañana para traerles algunos víveres. Pueden dormir en este lugar. – dijo señalando el galpón. Se acercó a la modesta construcción y quitó un alambre de la puerta para abrirla. La madera crujió con el movimiento y algo de polvo se voló por los aires. – En el fondo está el tanque de agua, no les vendría mal un baño. – agregó.<br />
Tanto Daniel como la emperatriz guardaban una expresión muy seria. Paco entró al galpón y volvió a salir con dos escopetas.<br />
- ¿Saben tirar? – preguntó.<br />
Daniel no dijo nada y tomó una de las armas. La sostuvo en su mano y no la sintió tan pesada como imaginaba. La examinó y Paco se la arrebató de un golpe cuando Daniel miró por la salida del caño.<br />
- ¡Por Dios! ¡Qué par de inútiles!<br />
Daniel suspiró sin contestar y escuchó atentamente al hombre cuando le explicó brevemente dónde y cómo se cargaban las municiones. El hombre sostuvo la escopeta con precisión apoyándola contra su hombro y les preguntó:<br />
- ¿Ven ese nido de pájaros a unos ochenta metros de aquí?<br />
- Sí. – contestó la emperatriz. Y el estruendo la dejó sorda. Su cara de horror sólo provocó la risa del hombre que festejaba su buena puntería. Les entregó toscamente una escopeta a cada uno y les dijo:<br />
- Más les vale que no falte una sola zanahoria cuando regrese. Cuiden estas tierras como si fueran su propia vida. Nos vemos mañana, así les traigo comida. Adiós, chico. ¡Buen perro, buen perro!<br />
Se quedaron los dos parados viendo como Paco se alejaba por el camino mientras sostenían las armas de fuego.<br />
- ¿Viste el poder de estas armas? – preguntó ella totalmente azorada.<br />
- Es increíble… &#8211; se abstrajo en sus pensamientos y luego comentó – Si hubiéramos atacado directamente ni siquiera hubiéramos logrado ver la cara al enemigo.<br />
- No íbamos a atacar de todas maneras. Creo que más allá del desastroso empleador que nos tocó en suerte podemos aprender mucho de esta experiencia. – contestó Erika mientras miraba a su alrededor.</p>
<p>Dejaron las armas apoyadas contra la pared del galpón y fueron al fondo para encontrar un pequeño tanque de agua. Estaba algo sucio pero bastante lleno; al menos podrían refrescarse. Ella estaba tranquila dadas las circunstancias, pero Daniel se encontraba francamente desesperado. No podía aceptar que su emperatriz durmiera en ese lugar y sin embargo no podía brindarle algo mejor. De pronto y como si le hubiera adivinado el pensamiento ella dijo:<br />
- Por favor Daniel, no te preocupes más. No será la primera vez que duermo bajo las estrellas. – le guiñaba un ojo con complicidad y logró aliviarlo un poco. Entonces ella le confió &#8211; ¡Qué lástima que tuvimos que separarnos! ¿Cómo les habrá ido a Tomás y Tania?<br />
- Espero que mejor que a nosotros. – Y se dirigieron al galpón decididos a limpiar y ordenar el lugar. Si iban a vivir allí al menos tendría que estar en condiciones habitables.</p>
<p> </p>
<p>Tania y Tomás discutieron al llegar a la plaza principal del pueblo. Ella no soportaba que él se mantuviera tan optimista todo el tiempo.<br />
- Claro. El señor no tiene problemas porque ya consiguió trabajo. – exclamó sobradamente.<br />
- Pero no puedo creer que te enojes conmigo, si yo tampoco tengo donde dormir.<br />
- Es distinto.<br />
- ¿En qué es diferente?<br />
- ¡En que a vos no te echaron antes de darte el empleo!<br />
- Pero vos no querías trabajar con él, ¿qué decís?<br />
- ¡No quería que me trataran groseramente, pero quería quedarme con ellos!<br />
- Ah. Bueno, estás conmigo. – y le sonrió con una mirada inocente.<br />
Ella reaccionó realmente muy mal y él no lograba comprenderla. Entonces Tania le dio la espalda y él aprovechó ese momento único para cerrar sus ojos e imponer la mano derecha sobre su cabeza justo a tiempo antes de que ella se alejara sin darle ningún tipo de explicaciones, decidida a volver al destacamento. Lo único que necesitaba era tranquilidad y no lograba conseguirla a su lado.</p>
<p>Tomás, a su vez, ya estaba francamente cansado y necesitaba encontrar un lugar donde pasar la noche.  Sus manos cruzaron su cabello y ninguna idea se le ocurrió mientras veía a Tania alejarse rápidamente. Se sentó sobre una pared baja en la plaza cerca del recreo de los niños. Apoyó su cabeza sobre ambas manos mirando las piedritas rojas del piso, pensando que tal vez pueda dormir en esa plaza cuando de pronto una pequeña pelota amarilla apareció rodando hasta tocar su pie derecho. La tomó intrigado mientras que una pequeña lo desconcertó pidiéndole:<br />
- Démela Señor. Es mía. – Mantenía distancia y apenas pasaba el metro de altura. Tendría unos cinco años, de cabello largo, castaño oscuro y unos hermosos ojos verdes.<br />
Él le sonrió. Percibía la inocencia de esa pequeña criatura produciéndole una sensación de bienestar muy bienvenida en ese momento.<br />
- ¿Cuál es tu nombre preciosa? – preguntó de la forma más dulce que pudo mientras sostenía la pelota en sus manos.<br />
- Melina y ¿usted? – contestó ella manteniendo la distancia.<br />
- Me llamo Tomás – le dijo él divertido y le lanzó la pelota haciéndola picar en el suelo una vez.<br />
La niña atajó la pelota con mucha concentración y luego salió corriendo para seguir jugando con sus amigos. No tardó mucho tiempo para que la pelota se vuelva a escapar y Tomás se la alcanzara nuevamente. Al ver la buena predisposición de Tomás la niña juntó coraje y le iba a hablar por momentos. Al par de horas, los compañeros de juegos se habían marchado y la niña se había parado frente a Tomás riéndose a carcajadas de las bromas que él le hacía. De pronto la niña le dijo:<br />
- ¡Qué amarillo tenés el pelo! ¿Por qué lo tenés así?<br />
El se rió y le contestó diciendo:<br />
- Uh … ¡qué mal! ¡No le gustan mis pelos! – Provocando la risa nuevamente de la pequeña, al verlo sacudir tontamente su cabellera. Entonces ella abrió un pequeño bolso que colgaba de sus hombros y le dijo ofreciéndole un fruto verdoso:<br />
- ¿Querés uno de estos? Mi mamá me dice que los coma porque tienen muchas vitaminas.<br />
Él lo miró y al momento lo reconoció: era un talingo.<br />
- ¡Melina! – escucharon ambos y la nena salió corriendo buscando los brazos de su madre.<br />
Tomás y la mujer mantuvieron las miradas con seriedad. Ella abrazó a la criatura y le preguntó si se encontraba bien. La niña no dejaba de contarle los chistes de su nuevo amigo.<br />
- Anda a casa con papá mi amor. &#8211; le dijo y la niña salió corriendo por el camino.<br />
Luego, la mujer se acercó lentamente hasta Tomás y lo miró fijamente. Él le comentó sin quitarle los ojos de encima:<br />
- Al menos recuperé uno. – levantó la mano mostrando el talingo que la niña le había regalado.<br />
- No lo entenderías &#8211; le dijo ella.<br />
- Intentalo. – respondió él manteniéndose sentado inmóvil.<br />
- No tenemos mucha variedad de frutas en la zona. Tampoco tenemos demasiada agua. Esos talingos son muy nutritivos y por sobre todo contienen mucho jugo. Son muy buenos para los niños. – él la miraba atento y ella continuó hablando – Sólo hay un árbol Maracaná en el bosque y casi nunca puedo alcanzar la fruta. Hay unos coatíes peligrosos que te atacan ni bien te acercas al árbol. Te ví y en fin, ya conoces la historia. No fue nada personal. Estabas en el lugar equivocado en el momento equivocado.<br />
- No. Yo creo que estaba en el lugar correcto en el momento correcto. Te hubiera regalado estos frutos si me los hubieras pedido.<br />
Ella sonrió mirando alrededor y le dijo:<br />
- Bueno, no es la gran cosa. &#8211; Y luego de una breve pausa agregó &#8211; Veo que te cambiaste de ropa, esto te queda mejor.<br />
- No empieces. – le contestó él y ambos rieron. &#8211; ¿Conoces un lugar donde pueda quedarme a dormir?<br />
- Para dormir. A ver, dejame pensar. Raúl es amigo mío. El dueño de la taberna. Me dijo que necesitaba un mesero y que tenía un lugar libre en la parte de arriba. Tendrías que trabajar de noche. No se si te interesa.<br />
- Vamos a ver a Raúl. – Contestó Tomás sonriendo.<br />
- No puedo acompañarte, me esperan en casa. Pero dile que vas de parte mía. Queda a dos cuadras de aquí por esta diagonal.<br />
- Gracias, Silvina. – le dijo con una sonrisa. Ella giró y se alejó caminando muy sensualmente mientras él la miraba partir.<br />
Una leve brisa comenzó a correr por la plaza y Tomás se quedó sentado unos momentos más hasta partir hacia la taberna. Para llegar tuvo que pasar por la fuente de agua y se sorprendió al presenciar como algunas mujeres discutían entre sí por su lugar en la fila para llevar el agua fresca. Se quedó pensando en la abundancia de agua que disfrutan en el valle. El agua de deshielo se encuentra en forma permanente y nunca nadie hubiera discutido por un poco de ella. En la primavera se forman ríos y cascadas hermosas, mientras que en el invierno lo único que tenían que hacer era salir a buscar un poco de nieve y ponerla en una olla al fuego.<br />
Con estos pensamientos llegó finalmente a la taberna. Debía ser la única construcción de color negro en todo el lugar. Delante de la entrada había unas mesas redondas sumamente originales ya que imitaban la forma de tornillos al igual que los bancos ubicados alrededor. Sonrió y empujó la puerta principal. La luz era escasa pero se podía ver luego de que los ojos se acostumbraran al nuevo ambiente. Al fondo había una barra de tragos y unas cuantas mesas cuadradas, simples, de madera, que se disponían sin orden lógico por el resto del local. En la otra punta había un joven almedino sentado con una guitarra en sus brazos. Parecía que estaba trabajando en alguna melodía pero sea lo que fuera le faltaba mucho para que eso alcance la categoría de canción. Un viejo estaba sentado en una de las mesas al fondo con la cabeza gacha sobre su vaso de contenido amarillento. De pronto escuchó:<br />
- ¿Qué le sirvo?<br />
Tomás giró y se quedó mirándolo mientras se preguntaba de dónde había salido. Había un hombre de unos cuarenta años, morocho, de cabellos rizados atrás de la barra. Se acercó y le explicó que Silvina le había comentado que estaban ofreciendo trabajo con vivienda. El hombre lo miró desconfiado por un momento y luego le dijo:<br />
- Necesito a alguien que me ayude por las noches. A veces el ambiente se pone tenso. Antes de terminar el turno debería limpiar el salón para que mi mujer lo atienda por la mañana.<br />
- ¿Y qué horario tiene?<br />
- De ocho de la noche a cuatro de la mañana. Arriba tengo un cuarto libre. Si quiere puede subir a verlo. Le puedo dar el almuerzo y pagar dos soles por noche. También se lleva las propinas que le dejen.<br />
- El horario me cierra justo, acepto el trabajo. – contestó decidido.<br />
El hombre le entregó un juego de llaves enormes de hierro y le mostró la escalera hacia la planta superior. Las maderas crujían con el peso de Tomás a medida que subía por la escalera. Luego de forcejear un poco con la cerradura logró entrar al cuarto. Era pequeño. La luz se filtraba como podía por el vidrio sucio de una ventana redonda. El mobiliario constaba únicamente de una cama pequeña, pintada en color arena, ubicada a un costado de la habitación. Bajó para preguntar por los sanitarios y el cantinero le indicó que se encontraban fuera de la casa atravesando el jardín del fondo. En ese momento se preguntó que habrá sido del resto del grupo y volvió a subir a la habitación, miró a través de la sucia ventana y se sorprendió.</p>
<p>Tania había logrado salir finalmente del pueblo por el laberinto de calles y estaba ya caminando entre los árboles del bosque decidida a volver al destacamento. No podía creer que no le haya quedado otra alternativa más que abandonar el Pueblo de Almeda. Hubiera llorado pero su orgullo no se lo permitía; en cambio tenía los rasgos bien marcados en el rostro con una palidez inusual en ella.<br />
Escuchó un ruido rítmico acercándose y giró justo a tiempo logrando salir del paso de milagro. Un caballo pura sangre pasó al galope a tan sólo centímetros de ella. Era de color castaño oscuro y su brillo resaltaba en el lugar. Entonces fue que lo vio por primera vez, montando su caballo a toda carrera atravesando el bosque. Tenía una camisa celeste, un pantalón arena y le sobraba actitud. La miró por un breve momento pero siguió su persecución pasando a unos metros de distancia.<br />
Ella se quedó sorprendida y muy intrigada. El pueblo era el único lugar poblado a kilómetros de distancia, sin embargo algo le decía que él era alguien especial. Respiró profundo y siguió caminando algunos metros cuando volvió a escuchar el galope de un caballo a sus espaldas.</p>
<p>Él había regresado y se detuvo a corta distancia. Tenía el cabello castaño claro y ojos color café. La miró preocupado y le preguntó:<br />
- ¿Estás bien?<br />
- Sí, gracias. – contestó ella tímidamente para seguir caminando por el bosque pero él se interpuso con el caballo.<br />
- ¿A dónde vas? El pueblo queda por aquel lado. – le dijo él.<br />
- No es de tu incumbencia. – le contestó ella y siguió caminando. Sin embargo volvió a detenerse cuando lo escuchó reír a sus espaldas.<br />
- ¿Qué es gracioso?<br />
Al hombre se lo veía realmente feliz y bajó de su caballo para acercarse a ella.<br />
- Mi nombre es Juan. ¿Cómo es que nunca te había visto en mi pueblo?<br />
- ¿Tu pueblo? – preguntó ella abriendo un poco más los ojos.<br />
- Bueno, no te enojes. ¿No me vas a decir tu nombre?<br />
Ella dudó un momento y luego le contestó:<br />
- Me llamo Tania. Estoy aquí porque tuve un problema con el dueño de una casa en lo alto por la diagonal de la plaza.<br />
El hombre volvió a reír. Entonces le dijo:<br />
- ¿Con Paco? – lanzó un par de carcajadas y continuó – Ese es un buen hombre. Quedó medio trastornado después de que falleció su mujer. Todo lo ve negativo. Tenía muy buenos campos pero despidió a todo el personal. Su hermano está ayudándolo para salir adelante.<br />
- Me dijo que no le interesaba que trabajara para él.<br />
- Bueno, mejor para vos. – le dijo sonriente con una mirada chispeante. – ¿Te alcanzo hasta el pueblo? – preguntó seguidamente.<br />
- No tengo donde ir. – dijo ella en un tono triste luego de una breve pausa.<br />
- Yo crío caballos por aquí cerca. – Comentó él algo pensativo – Si te interesa te llevo a conocer el lugar. Siempre necesitamos ayuda.<br />
La mirada de ella cambió y no hizo falta decir algo más. En pocos minutos Juan la estaba ayudando a montar su caballo y luego salieron juntos al galope rumbo al haras. En el camino ella le preguntó por el caballo que corría por el bosque y él le contestó que ella deberá ayudar a atraparlo. Atravesaron el centro del pueblo y justo cuando Tomás se asomaba por la ventana de su nuevo cuarto la vio pasar.</p>
<p>El haras no era un lugar muy grande, pero Tania lo encontró encantador. Llegó al galope con Juan quien muy ágilmente saltó de su caballo y luego la ayudó con total galantería a descender. Le entregó las riendas a un peón para que se hiciera cargo del animal y guió a Tania hacia el edificio principal. Allí se encontró con un salón amplio, de poco mobiliario, tal vez un poco sombrío para la personalidad que demostraba Juan.<br />
- Esperame un momento. &#8211; le dijo.<br />
- Sí, claro. – contestó ella en un susurro mientras observaba una biblioteca bastante importante armada precariamente con tablas sobre una pared. También había algunas pinturas colgadas y se entretuvo especialmente con una de ellas que mostraba los inicios del pueblo. Pudo distinguir la plaza principal y una arboleda fantástica en los alrededores que hoy en día había desaparecido.<br />
Él volvió rápidamente y con una sonrisa le preguntó si le agradaba la pintura. Ella movió la cabeza afirmativamente y le comentó:<br />
- ¡Este cuadro es hermoso!<br />
- Sí. Ahora no hay tantos árboles pero aún hay zonas muy bonitas. – y se detuvo únicamente por un segundo para sentir la suavidad del cabello de Tania delante de él. Ella se corrió sin percatarse de lo ocurrido.<br />
- ¿Vivís aquí solo? – le preguntó ella.<br />
- No todo el tiempo vivo aquí, y además nunca estoy solo. Me acompaña el personal. Vamos, quiero darte un recorrido y mostrarte donde podrás pasar la noche.<br />
Ella lo acompañó y apenas si pudo escuchar lo que Juan le decía. Por alguna razón extraña se sentía alterada, nerviosa, confundida y se concentraba más en analizar estos sentimientos que en las palabras de su anfitrión. Finalmente llegaron a una pequeña casa detrás de los studs.<br />
- Esta es la casa de los empleados – le dijo mientras la recorrió sutilmente con la mirada. Ella respondió sonrojándose levemente pero él continuó diciendo al ingresar – No es mucho, pero aquí podrás descansar bien. Además hay vestimenta y sábanas limpias en este baúl. – comentó apoyando la mano sobre la madera de la pared.<br />
Luego, él le sostuvo la puerta para salir de la casa y continuó diciendo:<br />
- Me gustaría que puedas atender a los caballos temprano por la mañana. Hay que alimentarlos y cepillarlos también. Creo que es la mejor manera para que comiences a familiarizarte con ellos. – terminó la frase hablando lentamente perdido en la mirada de la mujer. Ella sintió de golpe que el corazón se le disparaba al galope y no se hubiera podido resistir si Juan le robaba un beso en ese mismo instante. Acomodándose nerviosamente el cabello, ella le dijo mientras bajaba la mirada:<br />
- No tengo problemas en atender los caballos. – Entonces lo miró y él respondió con una sonrisa encantadora. Al separarse ella guardó silencio sintiéndose aturdida y fue él quien le dijo:<br />
- Entonces&#8230; ¿Te interesa el trabajo? ¿Queres quedarte?<br />
Ella se le acercó, contestó afirmativamente con un gesto y comenzó a caminar para luego preguntarle a cierta distancia dejando de lado esa tensión extraña en el ambiente:<br />
- ¿Dónde guardan el alimento para los animales?<br />
El sonrió feliz totalmente hipnotizado y con mucha tranquilidad le mostró el depósito de alfalfa y los tanques de agua así como el resto de su establecimiento. La noche estaba cayendo y regresaron a la casa de los empleados para despedirse con un beso algo incómodo en la mejilla.<br />
Al ingresar en la habitación y encontrarse sola, ella ocultó el rostro con sus manos y se dejó deslizar por la puerta hasta quedar en cuclillas sobre el piso. Jamás en la vida le había pasado algo semejante. Nunca había actuado sin pensar. ¿Quién era ese hombre? Inteligente, amable, buen mozo, instruido – no podía olvidar todos esos libros en la biblioteca -, emprendedor y por sobre todo tan atractivo. Un suspiro se escapó entre sus labios y sonrió sin poder creer ella misma lo que estaba pasándole. Sintió golpear la puerta de su habitación a sus espaldas y se estremeció de susto. La abrió lentamente y él estaba ahí parado con una sonrisa irresistible. Entonces le habló algo nervioso:<br />
- No se si te parece bien, pero pensé que de todas formas no perdía nada preguntándote.<br />
Ella se quedó en silencio, muda tanto en palabras como en pensamientos, esperando atentamente que él termine la frase.<br />
- ¿Te gustaría acompañarme a cenar mañana?<br />
- Sí, claro. – contestó ella en cuanto él terminó de pronunciar la pregunta.<br />
El rió feliz y le dijo que se encontrarían el día siguiente. Sin darse cuenta, ella no se despidió y cerró la puerta. Pensó nuevamente: “¿Qué estoy haciendo? ¡Esta no es la misión!”. Y luego se ocupó rápidamente en buscar los nuevos atuendos en el baúl que había en la habitación.</p>
<p> </p>
<p>Todos lograron dormir algo esa noche aunque estaban algo inquietos en ese lugar desconocido. En realidad, no todos. Tomás fue el único que no pegó un ojo en toda la noche. Desde las ocho de la noche estuvo ayudando en la taberna atendiendo clientes quejosos por la falta de agua. El músico era realmente deplorable pero el humor de Tomás no decaía. Un hombre sentado al costado del salón le hizo señas para que lo fuera a atender. Entonces le dijo:<br />
- Te doy tres soles si lograr callar al músico. &#8211; el aliento no era muy agradable pero Tomás sonrió y aceptó el desafío. Se acercó al músico y le dijo:<br />
- ¿Me prestas la guitarra un momento?<br />
- ¿Para qué la querés?<br />
- Quiero intentar algo. Vamos, después te la regreso.<br />
El músico accedió con poco convencimiento y al momento se quedó asombrado. Tomás la sujetó con elegancia entre sus brazos y comenzó a hacer sonar las cuerdas obteniendo una preciosa melodía. El cambio fue tan brusco que se hizo un silencio por un momento en el salón. La gente lo comenzó a seguir marcando el ritmo con sus pies y el músico quedó parado al lado de Tomás sin estar seguro qué hacer. De pronto reaccionó: tomó bruscamente su guitarra quitándosela a Tomás y provocando a la vez un silbido generalizado en el local. Los hombres terminaron prácticamente arrojándolo a la calle. Con el alcohol que corría a esas horas, se habían olvidado totalmente de los buenos modales. Sin embargo a los pocos minutos todos habían dejado atrás el episodio y la taberna recuperó su atmósfera alcoholizada habitual, volviendo a la normalidad pero libre del ruido de aquellas cuerdas desafinadas.<br />
El cliente y Tomás se miraron y sonrieron. El hombre se puso de pie y le dijo:<br />
- Te ganaste los tres soles. Ojalá yo pudiera resolver así de fácil mis problemas.<br />
- ¿Sí? ¿Y qué problema tiene? &#8211; repreguntó Tomás.<br />
- ¿Tenes tiempo?<br />
- Hasta las cuatro de la mañana.<br />
- No me reconoces hijo. Soy Manuel Almeda, el dueño de la mayoría de estas tierras y representante del pueblo. Podría estar horas hablándote pero mi problema se resume en una palabra: agua. Hace tres semanas que no llueve. Están empezando los problemas en la fuente. Los animales también necesitan agua para su consumo, los campos, todo.<br />
- Yo lo podría ayudar. – le comentó Tomás y el Sr. Almeda lo miró confundido &#8211; En realidad, conozco una persona que lo podría ayudar.<br />
El hombre había tomado mucho y pensó que por lo menos le caía bien el muchacho. Lo miró fijamente y le dijo:<br />
- Bien, te espero el último viernes del mes en las oficinas centrales. Ese día hacemos reuniones públicas.</p>
<p>Tomás aceptó la invitación y siguió atendiendo hasta al último borracho del lugar. Cumplió su turno de acuerdo a lo acordado y Raúl le entregó ropas limpias. Sin dudarlo Tomás se dirigió hasta la parte trasera del jardín buscando el tanque de agua. Consiguió higienizarse como pudo y se cambio la vestimenta. De allí se dirigió al depósito ya que todavía le quedaba trabajar hasta el mediodía con Rodo. Para su sorpresa no había mucho para hacer en ese lugar. De vez en cuando llegaba algún cliente, normalmente una campesina, y pedía leña para el consumo hogareño. El trabajo era bastante liviano y a Rodo le encantaba conversar. Le contó cómo habían sido sus comienzos. Por ejemplo le explicó que no había estudiado por ayudar a su familia, luego le habló sobre el fallecimiento de su padre y obviamente le contó del problema del agua. Rodo le pagó cuatro soles por el trabajo y al entregárselos comenzó a gritarle en una franca expresión de pánico. Descubrió que las manos de Tomás estaban salpicadas en sangre y de pronto Tomás se dobló en dos como si alguien le hubiera dado un gran puñetazo en el estómago.<br />
Rodo siguió gritando escandalizado pensando que los espíritus del monte estaban atacando a su nuevo empleado. Tomás trataba de contenerlo mientras él mismo intentaba reponerse. Escupió un poco de sangre al suelo y de a poco logró incorporarse. Rodo estaba muy nervioso sin lograr entender lo que sucedía. Le pagó lo que correspondía y le dijo que si no se sentía bien al día siguiente no era necesario que volviera. Se lo veía realmente asustado. Tomás logró salir del depósito con las monedas en las manos y se decidió a ir a buscar a la emperatriz. Temía que algo le hubiera ocurrido.</p>
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		<title>Capítulo VII &#8211; El bosque</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Aug 2008 20:48:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[Civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Ariel]]></category>
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		<description><![CDATA[La expedición se ponía en movimiento muy temprano por las mañanas, ni bien aparecían los primeros rayos de sol, y se detenía cada tres horas unos minutos para descansar. Continuaban el viaje después de almorzar y la travesía a veces llegaba a durar doce o catorce horas por día. La noche los encontraba siempre exhaustos [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=43&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>La expedición se ponía en movimiento muy temprano por las mañanas, ni bien aparecían los primeros rayos de sol, y se detenía cada tres horas unos minutos para descansar. Continuaban el viaje después de almorzar y la travesía a veces llegaba a durar doce o catorce horas por día. La noche los encontraba siempre exhaustos pero unidos y esperanzados. El camino maravillaba a todos por el perfume de la vegetación, el verde intenso de las hojas y el sentimiento de emoción al explorar por primera vez un terreno desconocido. A estas alturas, ya se encontraban bien internados en el bosque y los árboles dominaban esa zona por completo.</p>
<p>Los días pasaron y el joven cóndor se sentía cada vez más fuerte gracias a los cuidados de la tropa. La emperatriz agradecía en secreto la presencia de estas aves ya que sin ellas, seguramente hubieran perdido el rumbo hacía tiempo.</p>
<p>Tania caminaba sin dejar de pensar por un minuto. Se sentía muy preocupada y llegó un momento en que creyó no debía ocultarlo más por lo que se adelantó al grupo alcanzando a la emperatriz y mientras caminaba a su lado le explicó:<br />
- Emperatriz, vamos a tener un problema grave los próximos días.<br />
- ¿De qué estás hablando? – preguntó preocupada.<br />
- Es que somos muchos y además se sumaron los cóndores. – Dudó por un instante pero luego continuó &#8211; Las provisiones no durarán mucho tiempo más.<br />
La emperatriz la miró mientras caminaba sin detenerse, abriéndose paso por el camino y después de un momento le contestó:<br />
- Sí, ya lo estuve pensando. Además no he visto animales grandes, sólo algún que otro conejo o alguna ave pequeña. Tampoco conozco estas plantas como para poder alimentarnos.<br />
- Deberíamos elaborar algún plan alternativo. Si los hombres tienen hambre esto será un caos. &#8211; y en ese momento la emperatriz se detuvo. Daniel se acercó inmediatamente y les consultó qué ocurría. Tomás también caminó hacia ellos justo a tiempo para escuchar la explicación que dio la emperatriz.<br />
Daniel giró y caminó en círculos por un momento mirando la hierba. El ruido que hicieron las armas cuando los soldados las apoyaron sobre el suelo para aprovechar el breve descanso, lo hizo reaccionar y se acercó nuevamente al grupo diciendo:<br />
- Miren, continuemos la marcha por una hora más y tendremos el almuerzo. Luego nos quedaremos el resto del día para analizar qué alternativas tenemos.<br />
El pequeño cóndor en su hombro estaba herido pero no sordo. No le gustó nada el hecho de que pronto no hubiera comestibles, entonces les increpó:<br />
- ¿Cómo que no tienen más alimento? ¡Habíamos hecho un trato!<br />
- Sí, y lo mantendremos. – contestó Daniel.<br />
- ¡Si no tienen comida vayan al pueblo!<br />
Los cuatro se miraron entre sí y luego volvieron sus ojos sobre el pequeño. Tania lo indagó:<br />
- ¿De qué pueblo estás hablando?<br />
- ¿Pero ustedes no conocen nada acaso?<br />
Como nadie contestó su pregunta el pequeño cóndor les dijo:<br />
- Saliendo del bosque al nordeste hay un pequeño pueblo. Allí siempre se puede conseguir comida. &#8211; Y dio vuelta la cabeza bastante malhumorado. Su hermano estaba dando círculos en lo alto cuando de pronto se aproximó descendiendo a toda velocidad.<br />
- ¿Por qué interrumpimos la marcha? – preguntó el cóndor inquieto revoloteando alrededor hasta decidirse por una rama en un árbol cercano.<br />
- Se quedaron sin comida. – le contestó el pequeño.<br />
- ¿Cómo? &#8211; expresó el hermano mayor sin dar crédito a las palabras.<br />
- Lo que escuchaste.<br />
La emperatriz se anticipó y les dijo:<br />
- No es así. &#8211; dudó un momento y continuó diciendo &#8211; Sólo planteábamos la posibilidad de que tuviéramos un pequeño problema de desabastecimiento.<br />
El pequeño se sacudió y el vendaje cayó al suelo para sorpresa de todos.<br />
- ¿Estás mejor? &#8211; Preguntó el hermano.<br />
- Sí, creo que ya puedo volar. &#8211; y casi sin terminar la frase ganó altura con facilidad. Los dos festejaron juntos haciendo piruetas por el cielo, avivados por el grupo de soldados que disfrutaban de las acrobacias. Los dos se presentaron luego aterrizando con elegancia cerca del grupo principal sobre una rama.<br />
- Considero que ya no están en condiciones de cumplir con el trato. Nos volvemos. – anunció el hermano menor.<br />
- ¡No nos pueden dejar aquí en el medio del bosque! &#8211; les gritó Tania.<br />
El cóndor más joven levantó vuelo y pronto lo perdieron de vista, el mayor también se fue pero antes les dijo:<br />
- No se preocupen, nos volveremos a ver de todas formas. Esta es nuestra zona de vuelos habitual. Les agradezco lo que hicieron por mi hermano. No lo olvidaré.<br />
La tropa se veía totalmente desconcertada ante el abandono de las dos aves guía. Daniel miró a la emperatriz y se entendieron inmediatamente.<br />
- ¡Descansen! El resto del día será libre. Pasaremos aquí la noche y seguiremos viaje mañana temprano. &#8211; Ordenó Daniel.<br />
Los hombres festejaron olvidando toda preocupación posible. De inmediato se quitaron el peso de encima y cada uno buscaba un lugar cómodo para descansar. Un soldado ató a los tres burros a un árbol. Uno de ellos ya no tenía carga mientras que otro se encontraba muy liviano, por lo que pensó al descargarlos que al día siguiente distribuiría mejor el peso entre ellos.</p>
<p>Mientras tanto estaban Tania, Daniel, Tomás y la emperatriz mirándose en silencio.<br />
- Tenemos que encontrar ese pueblo. Es nuestra única alternativa. Caso contrario debemos solicitar más provisiones al valle. Ana nos enviaría alimento pero sería mal visto políticamente y no sabemos si llegaría a tiempo. – comentó Tania mientras todos asentían.<br />
- Y después de encontrar el pueblo debemos concentrarnos en llegar al río. &#8211; recordó Tomás.<br />
La emperatriz estaba cansada y ya no había mucho más por decidir. Buscó el refugio de un árbol frondoso ubicado a pocos metros para preparar con hojas y algunas hierbas un cómodo lugar donde recuperar energía. Sentía los párpados muy pesados y no tardó mucho tiempo en quedarse completamente dormida. Tomás la contemplaba con ternura a corta distancia, Tania los miraba a ambos a pocos metros y Daniel los custodiaba a todos.</p>
<p>Luego de varios minutos y un tanto conmovida, Tania se acercó lentamente a Tomás, quien al percibirla giró y se encontró con una mirada color miel. Entonces ella le dijo en voz baja para no despertar a la emperatriz:<br />
- Te veo enamorado&#8230; – esbozó una gran sonrisa pero se sorprendió ante la respuesta.<br />
- No, estás equivocada. &#8211; y sonrió brevemente sin despertar a la emperatriz &#8211; Nos une algo mucho más fuerte que eso. &#8211; y se levantó acercándose a Daniel.<br />
Tania miró a la emperatriz, consumida por el cansancio, y se sintió algo decepcionada o más bien confundida ante la respuesta recibida. Tal vez, ella también necesitaba dormir, pero en cambio tuvo la sensación de que Tomás y Daniel tramaban algo. Se acercó y ante los frustrados intentos de los hombres por disimular, ella les aseguró que sabía estaban planeando algo y que no la dejarían fuera.</p>
<p>Así fue que confesaron deseaban hacer una recorrida en las inmediaciones sin esperar al día siguiente, porque tenían la esperanza de poder encontrar alimento en ese bosque solitario. Irían solos dejando que los hombres descansaran. De esa manera, no deberían apartarse tanto del camino en búsqueda de un posible pueblo para obtener alimentos. Daniel no confiaba del todo en las palabras del pequeño cóndor, disintiendo con Tomás. Después de discutir un rato llegaron a un acuerdo. Daniel dio instrucciones al grupo para que preparen un destacamento en este lugar y custodien a la emperatriz sin despertarla. Ellos irían a verificar el camino unos kilómetros al frente.</p>
<p>Los tres comenzaron a avanzar hacia el este lentamente. A simple vista, el paisaje no cambiaba a medida que caminaban pero en un momento Tania se dio cuenta que hacia la izquierda la vegetación era un poco más densa. Detuvo a sus compañeros y les realizó la observación haciendo notar que existían otras variedades de árboles en esa zona. Tenían que tomar una decisión: continuar por el rumbo actual que en teoría llevaba a la salida del bosque y por donde se ubicaría el supuesto pueblo, o intentar en este nuevo sector que habían descubierto. Tal vez allí podrían hallar algún animal para cazar y volver al destacamento con las nuevas provisiones.<br />
Tomás insistía en creerle al joven cóndor y probar de encontrar el pueblo. Le fascinaba la idea de poder conocer una nueva civilización, un pueblo vecino o simplemente a alguien que le pudiera indicar donde encontrar ese mar embravecido con el que había soñado. Ellos, Tania y Daniel, se sentían más autosuficientes e insistían en que tenían mejores posibilidades si probaban en la nueva senda. Discutieron por unos cuantos minutos pero no lograban entrar en razones y llegar a un acuerdo. Finalmente y ante la falta de consenso decidieron separarse y volver a encontrarse en ese mismo punto al término de tres horas. Los tres partieron enojados y convencidos de que cada uno tenía la razón. Ninguno podía creer lo obstinado que habían resultado sus otros compañeros y con esos sentimientos continuaron cada uno por su camino.</p>
<p>Tania y Daniel se adentraron en el follaje y la marcha les resultó algo pesada. En la zona había muchas especies raras de árboles. Algunos parecían tener frutos pero al no conocerlos no se atrevían a probarlos. Habían leído de la existencia de frutos de la muerte y aún no sentían tanta hambre como para poner su vida en peligro de esa manera. En un momento la vegetación se hizo tan densa que Daniel desenfundó su espada y comenzó a cortar parte de la vegetación. Luego de unos minutos Tania le pidió que se detuviera.<br />
- No sé que tengo, pero estoy percibiendo algo. Algo no está bien. Mejor volvamos. &#8211; Dio la vuelta y un golpe en la espalda la sorprendió. Al girar vio horrorizada a Daniel con los ojos desorbitados y la sangre roja que se escurría por el frío metal de su espada. Percibió un movimiento a sus pies y ambos bajaron la mirada para observar como una serpiente de más de dos metros de largo se retorcía sin cabeza hasta quedar quieta, muerta a los pies de Tania.<br />
- ¡Volvamos! &#8211; le gritó ella.<br />
Él tomó a la serpiente por la cola y se la puso al hombro. Espantada ella le pidió que la dejara pero él insistió en llevarla para la cena. Ante lo cual ella le dijo:<br />
- No me invites a cenar. &#8211; y se adelantó asqueada unos cuantos pasos mientras volvían al punto de encuentro. El paso no era lento; ella se seguía sintiendo inquieta.<br />
- De nada. &#8211; escuchó ella a los pocos minutos. Sonrió entrecerrando los ojos y le contestó &#8211; Gracias. &#8211; sin mirar atrás ni detener su paso.</p>
<p>El camino había quedado marcado por la espada de Daniel, lo cual permitió que el regreso fuera sencillo en comparación a lo que fue llegar hasta ese lugar. Pronto llegaron al punto de encuentro pero Tomás no estaba allí y Tania no se sorprendió.<br />
- No tendríamos que haber dejado que se fuera. – comentó Tania ahora lamentándose.<br />
- Pero tú has visto como estaba. No había manera de hacerlo entrar en razones.<br />
No terminó de decirlo que a lo lejos vieron a la emperatriz acercándose con un guardia. Su gesto lo decía todo: estaba furiosa. Al acercarse lo primero que preguntó fue dónde estaba Tomás. Los nervios la tomaron por sorpresa al enterarse que su equipo lo había dejado solo. Y se los dijo:<br />
- ¿Cómo es posible que lo hayan dejado solo? ¿Cómo puede ser?<br />
- ¡Pero Emperatriz, él se sabe cuidar! &#8211; retrucó Daniel.<br />
- ¡Él sí, pero ustedes lo necesitan! &#8211; Contestó ella sumamente preocupada y agregó &#8211; Todos lo necesitamos.<br />
Ni Tania ni Daniel contestaron y se quedaron en silencio esperando que la emperatriz les diera instrucciones.<br />
- Si no regresó, es porque algo le ha sucedido. ¿Por este lado se fue? &#8211; preguntó la emperatriz mirando los árboles del bosque.<br />
- Sí. Aquí estamos en el punto de encuentro. Hacia el sector que caminamos nosotros es todo monte. &#8211; contestó Tania.<br />
- Vamos a buscarlo entonces. Acompáñenme. – ordenó.<br />
Dejaron el reptil sobre el suelo y siguieron a la emperatriz a un buen paso.</p>
<p>La experiencia de Tomás había sido un poco diferente a la de sus compañeros. El paisaje se mantenía homogéneo a su paso y de tanto ir y venir entre los árboles se había mareado un poco. Tenía toda la sensación de haber estado caminando en círculos y probablemente no se equivocaba. De pronto, a la distancia pudo descubrir que se encontraba en lo alto de una colina. El suelo descendía unos cuantos metros continuando con el bosque frente suyo. Se quedó por un momento observando el escenario y decidió bajar para seguir con la marcha. Miró alrededor con las manos en la cintura y se dio cuenta de que estaba completamente perdido, además de que ya tenía hambre y no tenía provisiones.<br />
- ¡Hola! &#8211; escuchó que alguien saludaba a lo lejos con una voz muy sensual.<br />
Giró y entonces la pudo ver a unos cuantos metros de distancia y se emocionó. Era la primera persona fuera del reino que conocería. Inconcientemente sacó pecho y se paró firme arreglando el cinturón de cuero. Ella se acercó lentamente con una sonrisa y él entonces decidió relajarse, no quería asustarla. La mujer caminaba con elegancia, luciendo un vestido negro ajustado al cuerpo que permitía apreciar sus curvas. El cabello lacio, castaño oscuro, brillaba entre los haces de luz que se abrían paso entre los árboles.<br />
Él no contestó y se quedó mirándola estupefacto. Sólo reaccionó cuando estando ya ella cerca lo miró a los ojos y se echó a reír.<br />
- Hola, me llamo Tomás. – dijo él un tanto nervioso.<br />
Ella pasó por su lado y le dijo mirándolo suspicazmente con sus ojos almendrados:<br />
- Silvina. &#8211; Giró a su alrededor y se quedó viéndolo desde otro punto.<br />
Él se dio vuelta para volver a estar frente a frente y ella le dijo en forma muy simpática:<br />
- ¿De dónde sacaste esta ropa? ¿Es cuero? ¿Piel?<br />
Él no estaba muy seguro qué contestar ya que nunca se había puesto a pensar demasiado en su vestimenta. Dudó y finalmente no emitió palabra lo que provocó que ella volviera a reírse burlonamente. Fue justamente en ese mismo instante que la emperatriz los divisó desde arriba de la colina y se quedó paralizada. Tanto Daniel como Tania notaron su reacción y al seguir la fría mirada de la emperatriz, vieron a Tomás junto a esa extraña mujer. Ambos tomaron a la emperatriz de los brazos y la forzaron a esconderse entre la maleza.<br />
- ¿Te comieron la lengua los ratones? &#8211; le dijo Silvina.<br />
Él se rió y le dijo muy amablemente:<br />
- Lo dudo.<br />
- Bueno Tomás, ya que estás aquí voy a hacerte una proposición. &#8211; y volvió a sonreír en una forma sumamente encantadora. Los ojos le chispeaban en cada pestañear.<br />
- Te escucho. &#8211; Le contestó él dedicándole el total de su atención.<br />
- ¿Ves este mantel? – Le decía mientras desplegaba de entre los pliegues de su propio vestido una tela color azul marino rectangular de unos sesenta centímetros de largo por unos tantos de ancho.<br />
- Sí. – contestó él acercándose hipnotizado por el balanceo de la tela atrapada entre los dedos de esta seductora mujer.<br />
Ella retrocedió un par de pasos y le dijo levantando levemente las cejas:<br />
- Necesito completarlo con frutos de este árbol – explicó señalándole un árbol en especial. Tomás lo observó detenidamente, pensando en cuántos metros tendría semejante árbol. Entonces le preguntó:<br />
- ¿Cuáles frutos?<br />
Con voz casi infantil ella contestó:<br />
- Oh&#8230; ¿no los ves con esos lindos ojos? &#8211; él sonrió encantado y ella se aproximó un poco más para mostrarle a unos cuatro metros de altura unos frutos redondos y verdes colgando de algunas ramas en la copa del árbol.</p>
<p>La emperatriz estaba furiosa y explicando que esta mujer lo iba a engañar luchaba por ponerse de pie, pero tanto Tania como Daniel la sostenían a pesar de la insistencia.<br />
- Es necesario, emperatriz. Confía en mí por favor, para algo me trajiste. – le contestó Tania.<br />
- Estoy preocupada, no quiero que lo lastime.<br />
- Por favor, sobrevivió a tantas cosas, no creo que esta mujer pueda hacerle algo. – retrucó Daniel con una alegría inusual en él.</p>
<p>La joven mujer continuaba, mientras tanto, desplegando todas sus armas de seducción para que Tomás acepte la propuesta. Él le dijo en un momento:<br />
- ¿Y no vas a compartir estos frutos conmigo? Mira que tengo hambre.<br />
- Me imagino&#8230; &#8211; contestó bajando su mirada para poder recorrerlo de cuerpo entero y luego le prometió – Por supuesto que compartiremos los frutos.<br />
Tomás se sintió sumamente halagado y no se hizo rogar más. Demostrando toda su aptitud física, trepó al árbol con muchísima agilidad y pronto se encontraba balanceándose entre las ramas a fines de alcanzar los frutos señalados por Silvina. Él hacía que estos cayeran mientras que ella los recogía y acomodaba prolijamente sobre la tela. Cerca de una hora más tarde, Tomás avisó con entusiasmo que ya no quedaban más frutos en ese árbol y entonces ella los envolvió haciendo un pequeño nudo con las puntas azules de su mantel. Luego, miró hacia arriba y muy burlonamente entre risas le gritó:<br />
- ¡Muchas gracias y cuidado con el coatí! – Se puso en marcha rápidamente sin darle tiempo a Tomás a bajar del árbol a su encuentro.<br />
La emperatriz les decía a sus compañeros:<br />
- ¡Se los dije! ¡Se los dije pero no me escucharon! ¡Lo engañó!<br />
- ¡Era necesario! &#8211; repetía Tania.<br />
- ¿Necesario?<br />
- Sí, vamos. – dijo Tania muy emocionada.<br />
Silvina apresuraba su marcha por el bosque y Tania sin perder tiempo le ordenó al guardia que la emperatriz había traído consigo:<br />
- ¡No le pierdas el rastro! ¡Síguela! &#8211; los demás se sorprendieron pero aprobaron tácitamente la orden. El guardia obedeció de inmediato desplazándose sigilosamente entre los árboles.<br />
La emperatriz estaba furiosa:<br />
- Les dije que lo iba a engañar. ¿Por qué les obedecí?<br />
Los tres salieron de atrás de los arbustos y fueron al encuentro de Tomás. Al verlos, él bajó la mirada entre avergonzado y sorprendido. Tania se adelantó al grupo corriendo al encuentro de Tomás y él se quedó aún más desconcertado ante su gesto:<br />
- ¡Estuviste genial, Tomás! ¡Te felicito! &#8211; le decía palmeando sus brazos. Él la miraba confundido, y más aún Daniel y la emperatriz que se quedaron mudos al escuchar las felicitaciones.<br />
- Sólo él podría lograr algo así. – decía Tania dejando a Tomás pestañeando atónito y aguardando alguna explicación lógica. En ese instante Daniel desenfundó su espada tras escuchar el quiebre de una rama. Miró hacia arriba y vio a un animal sumamente extraño acercándose velozmente a ellos saltando de árbol en árbol. La emperatriz se alineó a Daniel empuñando un facón brillante en sus manos.<br />
- ¿Qué es eso? &#8211; preguntó Tania.<br />
- No lo sé, pero se mueve rápido. ¡Corre por las ramas! – contestó Daniel.<br />
- Me dijo que tuviera cuidado con el coatí. ¿Qué es un coatí?<br />
El animal tenía pelaje castaño en todo el cuerpo. Su cola era atigrada y sus manos desnudas mostraban unos dedos finos de piel oscura mientras sus pequeños ojos negros se movían a gran velocidad. Parecía una mezcla de macaco con perro. Nunca habían visto un animal semejante. Se acercó a toda velocidad pero se detuvo ante la voz de alto de Daniel.<br />
- ¡Quédate ahí! ¡No te muevas!<br />
- ¿Qué hicieron? ¿Qué hicieron con mi árbol? &#8211; gritó de pronto el animal en total desesperación.La emperatriz y Daniel se miraron fugazmente. Daniel volvió a gritarle:<br />
- ¡Si te acercas date por muerto! &#8211; las miradas entre ambos se tiñeron de odio y el animal de pronto mostró unos importantes colmillos blancos afilados.<br />
- No dejaron ni un talingo para comer&#8230; ¿dónde los tienen? &#8211; preguntó el coatí furioso y preocupado &#8211; ¡Con eso íbamos a sobrevivir por unas cuantas semanas más!<br />
- ¿Qué es un talingo? – preguntó Tomás.<br />
- Los frutos del Macaraná. &#8211; respondió el animal.<br />
- ¿Del qué?<br />
- ¡No se hagan los tontos! Nos han robado los frutos de nuestro árbol.<br />
La emperatriz elevó la mirada al cielo mordiéndose los labios y luego sacudió la cabeza. Guardó el enorme cuchillo y enfrentó a Tania diciéndole:<br />
- ¿Y tú lo felicitas? Mira en el problema que estamos ahora. Deja que éste le cuente a su banda. Vamos a tener que dormir con un ojo abierto.<br />
- O lo matamos y se terminó el problema. &#8211; acotó Daniel.<br />
- ¡Ni una cosa ni la otra! &#8211; les dijo Tania algo enfadada.<br />
Se acercó a Daniel y bajó su espada tomándolo de un brazo. El coatí se movía rítmicamente muy nervioso balanceándose en la rama del árbol. Se lamentaba por su familia ya que no iba a tener frutos para alimentarla hasta la próxima temporada, con lo cual seguramente ya sería demasiado tarde.<br />
- ¡Coatí! &#8211; le gritó Tania y obtuvo la atención del animal inmediatamente.<br />
- ¡Ladrones! – gritó el animal a la distancia.<br />
- No es el único árbol de esta especie. He visto muchos al oeste de aquí. Puedes tomar todo el fruto que necesites.<br />
- ¿Al oeste? ¡Me quieres enviar a una muerte segura! ¡Ese monte está maldito! Todo el mundo lo sabe. Ustedes son mala gente&#8230;<br />
- ¿Maldito? – preguntó Tania recordando esa extraña sensación cuando estuvo en el lugar.<br />
- Ningún coatí que haya ingresado volvió a salir de ese monte. &#8211; le contestó el animal sumamente disgustado.<br />
Tania no podía olvidar esa sentimiento profundo de peligro cuando estuvieron en el lugar, pero igualmente pensaba ir a recolectar algún fruto para calmar el hambre de su propia gente. Más ahora que esta extraña mujer les había indicado que fruta podían tomar. Se quedó en silencio por un momento y el coatí volvió a gritar diciendo:<br />
- ¡Años espantando a esa bruja malvada! ¡Años protegiendo nuestra fuente de alimentos! ¿Dónde tienen los frutos? Hablen, así damos por terminado todo esto o iré a buscar a mi banda&#8230; y no saben lo que somos capaces de hacer&#8230; &#8211; no terminó la frase y volvió a mostrar sus afilados dientes.<br />
- Los frutos se los llevó Silvina. &#8211; le dijo Tomás.<br />
El coatí comenzó a chirriar enloquecido en furia, tanto que Daniel volvió a alzar su espada. Fue entonces que Tania le ofreció un trato:<br />
- Haremos un trato. Enviaremos unos hombres a buscar frutos para abastecer a tu familia. A cambio, nos indicarás cuáles son las especies comestibles en esta zona.<br />
El coatí la miró desconfiado y empezó a girar en círculos como intentando atrapar su escurridiza cola. Finalmente se dio cuenta de que no tenía mucho para perder y aceptó el trato con mucha desconfianza. La emperatriz se acercó a Tania conforme con la negociación y ella la miró decidida para luego comentarle casi sin emoción:<br />
- Este fue un excelente día. Gracias a Tomás sabremos dónde está el pueblo y con este animal lograremos abastecer a nuestros soldados. Se nos han resuelto los problemas, emperatriz, al menos por el momento.</p>
<p>La emperatriz comprendió de inmediato y pronto resolvió volver al destacamento, seguidos por el coatí que se encontraba sumamente alterado por la presencia de la tropa en su territorio. Los hombres se habían organizado bien, y estaban descansando tranquilamente cuando llegó la emperatriz y el resto del grupo aportando varios kilos de carne de reptil.</p>
<p>Al verlos, todos se pusieron de pie y Daniel eligió a cuatro de sus hombres. Estos se adelantaron y recibieron instrucción de acompañar al coatí hasta el monte y obtener las frutas que él seleccione.<br />
- Un cuarto de lo recolectado será entregado como paga a este guía tan peculiar.- explicó Daniel de buen humor.<br />
Al escuchar la orden, el animalito hizo un ruido extraño que llamó la atención de todos. Se sintió intimidado por las miradas y trepó a un árbol con asombrosa agilidad.<br />
- ¿Estás conforme? &#8211; le preguntó Daniel al coatí.<br />
- No sé&#8230; ese lugar es muy peligroso. &#8211; opinó mientras observaba a los soldados.<br />
- Ellos te protegerán. Estamos bien armados.<br />
El coatí no tenía muchas alternativas ya que si no aceptaba toda su banda moriría de hambre. Asaltar el pueblo era impensable.<br />
- De acuerdo. Vamos. &#8211; contestó bastante decidido considerando las circunstancias.<br />
Los soldados se prepararon con sus armas blancas y siguieron a ese extraño personaje por el bosque frondoso hasta adentrarse a la zona de monte.<br />
Tomás había estado callado durante todo ese tiempo y la emperatriz lo observaba a lo lejos. Sabía que por más que Tania lo defendiera o justificara, la realidad era que esa mujer lo había engañado. Sin embargo, no le dijo nada ya que no tendría sentido. Después de todo, como dicen en su aldea, &#8220;no hay mal que por bien no venga&#8221;. Tania tenía razón y habían salido bien parados de toda la situación.</p>
<p>Un par de horas más tarde llegó el guardia, que había seguido a Silvina, al trote por el bosque. Muy contento y agitado le informó a Daniel que la supuesta bruja vivía a unos ocho kilómetros del destacamento. Además había podido visualizar otras viviendas y habitantes. Le preguntaron si alguien lo había visto y contestó que no. Sin perder tiempo, se reunieron todos y el hombre contó en detalle la arquitectura de las viviendas. Eran simples y rectangulares, hechas de madera, con chimeneas de piedra. La mayoría tenía grandes jardines con huertas. Estaba fascinado porque había visto algunos hombres trabajando, talando madera.<br />
- ¿Cuántos eran? &#8211; consultó Daniel.<br />
- No sé. Yo pude visualizar a cinco individuos trabajando un poco más al norte.<br />
- ¿Llevaban armas?<br />
- No pude ver arma alguna, más allá de las hachas y sierras que usaban como herramientas de trabajo pero fácilmente podrían cumplir otro fin.<br />
- Entiendo. &#8211; le dijo Daniel.<br />
- ¿Y cómo se veían? ¿Cómo son? &#8211; preguntó Tania sumamente entusiasmada.<br />
El hombre sonrió y luego les dijo:<br />
- Estaban vestidos muy extraños. Usan pantalones gruesos, bastante altos con tiradores. Las camisas son a cuadros parecidas a los manteles de nuestras ferias. &#8211; Todos festejaron el comentario y siguieron escuchando con atención. &#8211; Son bastante grandes pero nosotros los venceríamos.<br />
- No vamos a atacar. &#8211; dijo Tomás de pronto &#8211; No es nuestro fin. Por algo llegamos a este pueblo, así que nos presentaremos pacíficamente.<br />
- Ah sí claro, vamos con una tropa a un pueblo desconocido y nos van a recibir encantados. No podemos ir sin armas. &#8211; se quejó Daniel.<br />
Tania miró a la emperatriz y ésta propuso al grupo:<br />
- Dejemos aquí un destacamento estable y mañana iremos a visitar a tu amiga. &#8211; comentó la emperatriz mirando a Tomás de reojo &#8211; Le pediremos prestadas algunas ropas y pasaremos como unos simples visitantes. Tenemos que asegurar el valle. De ninguna manera le diremos de donde provenimos y de ahora en adelante, llámenme por mi nombre. Dejaremos el protocolo por nuestra propia seguridad.<br />
- Sí emperatriz&#8230; Perdón, Erika. &#8211; contestó Daniel con una sonrisa producto de su emoción ya que nunca se había dirigido a la emperatriz por su nombre de pila.</p>
<p> </p>
<p>Pasaron algunas horas y justo cuando comenzaba a atardecer llegó el grupo de soldados acompañados por el coatí. Traían consigo una importante carga de frutas de múltiples formas y colores. El resto de la guardia los recibió calurosamente. Los soldados se encontraban muy satisfechos, coatí incluido. Daniel personalmente se ocupó de entregar parte del botín al animal que chirriaba de alegría. Como la carga era muy pesada para él solo, pidió autorización para que su banda pueda visitar el destacamento y así alimentarse. Daniel dudó por un momento pero luego pensó que era mejor aceptar la propuesta y no tener que reprimir de todas formas a la banda de coatíes en una batalla sin sentido. Estaba seguro que no importaba lo que contestara, el coatí traería a los suyos de todas maneras. El animal estaba sumamente complacido con la invitación y para sorpresa de la emperatriz, algunos soldados parecían haber simpatizado con él y le jugaban amistosamente. Estaban tranquilos cuando el coatí se acercó a Daniel y le preguntó:<br />
- ¿Qué hacen mañana?<br />
Daniel se asombró por la confianza que ya había tomado el animal. Después de pensarlo por un momento le contestó:<br />
- Iremos al pueblo. Queremos investigar que hay allí.<br />
- ¿Investigar? Yo te puedo decir: serán unos dos mil habitantes. La mayoría son leñadores o granjeros. El problema de aquí es el agua. Se usa únicamente agua de lluvia.<br />
La emperatriz escuchó y se acercó muy interesada:<br />
- ¿No hay un río cerca?<br />
- La leyenda dice que hay un río cruzando el monte, pero nadie lo ha logrado. Al menos hasta ahora. &#8211; riéndose como un loco continuó diciendo &#8211; Estos soldados de ustedes son muy fuertes. ¡Ahora podré entrar y salir del monte las veces que quiera! Los espíritus les tienen miedo. ¡No nos atacaron en absoluto!<br />
- Sería prudente visitar este pueblo de todas maneras. Podría ser importante poder contar con la ayuda de esa gente. &#8211; comentó Tania con entusiasmo.<br />
- ¿Van a presentarse así vestidos? &#8211; preguntó el coatí con cara de espanto.<br />
- No. &#8211; dijo la emperatriz. &#8211; Pediremos ropas prestadas a Silvina.<br />
- ¿Van a entrar así a la casa de Silvina? ¿Están locos?<br />
Nadie contestó y entonces el coatí continuó hablando sin antes dar un par de vueltas a los saltos:<br />
- Silvina es parte de ese pueblo y además no vive sola. Van a tener que enfrentarse con su familia y aunque ustedes los maten, ya serían buscados por todos los habitantes del pueblo. No creo que les sirva mucho un pueblo persiguiéndolos. &#8211; miró hacia arriba haciéndose el interesante.</p>
<p>Tania sonrió porque le estaba cayendo muy bien este astuto animal.<br />
- ¿Cómo es tu nombre? &#8211; le preguntó.<br />
- Me llamo Ariel. &#8211; la cola se enrolló y volvió a estirar rápidamente.<br />
- Veamos Ariel. Creo que tenés una propuesta para hacernos.<br />
El animal volvió a reír enloquecido. Rápidamente se metió entre los árboles para volver a aparecer. Tania y la emperatriz cruzaron miradas por un momento.<br />
- Yo podría conseguirles algunas ropas. No para todos, pero al menos cuatro de ustedes podrían estar vestidos como los almedinos. Eso no los impresionaría tanto y podrían ser aceptados más fácilmente.<br />
- ¿Almedinos? – preguntó Tania.<br />
- Así es. – replicó el animal.<br />
- ¿Y cómo conseguirías la ropa? &#8211; preguntó la emperatriz.<br />
- Ese es mi problema ahora, no de ustedes. &#8211; Y volvió a reír estruendosamente.<br />
- ¿Qué pedís a cambio? – se interesó Daniel.<br />
- Escuché que quieren atravesar el monte. Yo quiero ir con ustedes. Si logramos conquistar el monte, entonces mis problemas de alimentación habrán desaparecido. ¡Seré el rey de los coatíes!<br />
Ante semejante respuesta, Daniel le preguntó a la emperatriz si quería echar inmediatamente al coatí del destacamento. Sin embargo, ella ignoró el comentario y se acercó al animal. Mirándolo fijamente le dijo:<br />
- Tenemos un trato, Ariel.<br />
El coatí dio un par de saltos y con gran alegría salió corriendo por el bosque subiéndose a los árboles con unos cuantos frutos a cuestas. Pronto lo perdieron de vista y los soldados comenzaron a preparar la fogata para la noche.</p>
<p>La oscuridad comenzaba a ganar terreno lentamente. En esa oportunidad la cena sería abundante ya que habían conseguido suficiente fruta para todos. Después de cenar, la emperatriz divisó a Tomás un tanto alejado, sentado a los pies de un árbol mirando el cielo. Ella se acercó y él la miró por un momento con ojos tristes.<br />
- ¿Mirando las estrellas? &#8211; preguntó la emperatriz mientras se sentaba a su lado y luego se recostaba sobre la hierba con la vista hacia el cielo despejado.<br />
El la imitó y se recostaron uno al lado del otro disfrutando el firmamento.<br />
- Siempre me gustaron las estrellas. &#8211; dijo ella ante el silencio de él. &#8211; Te obligan a tomar conciencia de lo pequeño que es uno en realidad. Y si uno es tan pequeño imaginate los problemas de uno&#8230; ¡casi ni existen!<br />
La emperatriz seguía hablando pero él no miraba a las estrellas sino a ella.<br />
- Erika. – dijo él y captó totalmente su atención. Entonces continuó diciendo &#8211; Yo quería caerle bien. La ayudé por eso. Era la primera persona que veía fuera de nuestra aldea.<br />
- Ya lo se Tomás.<br />
- ¿Cómo será el resto?<br />
- Ni idea. Tenemos que estar preparados para cualquier cosa. &#8211; Ella lo tomó de la mano y subió el brazo señalando una constelación &#8211; Esa de allí es Orion, también conocida como &#8220;El gran Cazador&#8221;. ¿Ves esas tres estrellas brillantes alineadas?<br />
- Sí.<br />
- Los antiguos decían que era el cinturón del cazador.<br />
- El cazador&#8230; pero ¡qué imaginación!<br />
- ¡Te hablo en serio! &#8211; contestaba ella riendo.<br />
- Contame más.<br />
- Es la constelación más conocida porque se puede divisar tanto desde el hemisferio Norte como desde el hemisferio Sur.</p>
<p>Continuaron charlando por mucho tiempo más hasta quedarse dormidos bajo el cielo estrellado. Tania los vio desde cierta distancia y preocupada los cubrió con una manta protegiéndolos de la próxima helada matutina. Regresó a su lugar sin advertir a Daniel custodiando entre los árboles quien la sorprendió diciéndole con una sonrisa:<br />
- Ver para creer.</p>
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		<title>Capítulo VI &#8211; Un encuentro inesperado</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Aug 2008 16:06:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alevs13</dc:creator>
				<category><![CDATA[El valle]]></category>
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		<description><![CDATA[El viento pegaba constantemente contra su cuerpo mojado y sacudía su cabello en remolinos indomables. Se sostuvo del timón atando una mano a él con un trozo de tela usando sus propios dientes. Las olas embravecidas arrastraban sin rumbo fijo la embarcación de doce metros de eslora, de la misma manera que si fuera una pequeña [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=caminodelaemperatriz.wordpress.com&blog=4400642&post=39&subd=caminodelaemperatriz&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>El viento pegaba constantemente contra su cuerpo mojado y sacudía su cabello en remolinos indomables. Se sostuvo del timón atando una mano a él con un trozo de tela usando sus propios dientes. Las olas embravecidas arrastraban sin rumbo fijo la embarcación de doce metros de eslora, de la misma manera que si fuera una pequeña balsa. Él no dejaba de animar a sus hombres y gritaba pidiendo que continuaran remando mientras luchaba con el timón contra el mar salvaje que más de una vez logró derribarlo. Gracias a su peso y la enorme fuerza aplicada conseguía mantener el rumbo milagrosamente. De pronto, un rayo atravesó el cielo de punta a punta iluminando el paisaje y descubriendo miles de fantasmas perdidos en ira y locura.<br />
El océano había tomado vida y estaba determinado a finalizar con su viaje. Sin mostrar piedad, no demoró en presentar su feroz ataque. La marea se contrajo y una pared de quince metros de alto comenzó a formarse a toda velocidad en el horizonte. Él la vio crecer y hacerse más fuerte tragando todo lo que encontraba a su paso. Gritó. Gritó desesperado por sus hombres.<br />
La embarcación quedó en posición vertical por unos segundos. Sin alternativas, se entregó cuando esa masa de agua asesina se estrelló contra la proa destruyendo parte de las maderas de la embarcación. La oscuridad, el frío y la fuerza del agua lo obligaron a contraerse y su mano se soltó del timón sin aviso previo. Se sintió desplazado a las profundidades del mar, negro y congelado. Era tan frío que sentía como pequeños cuchillos clavándose en su cuerpo. No lo soportaba más. La corriente lo seguía arrastrando a las profundidades sin poder dominar la dirección. Gritó y el poco aire que le quedaba escapó cobardemente. No podía ver y de pronto no sintió más dolor, sólo el gusto salado en su boca.</p>
<p>El grito de Tomás despertó a todos, especialmente a la emperatriz que dormía a su lado. Tenía un color azul grisáceo en su piel y sus ojos estaban enrojecidos. Intentó ponerse de pie por un momento pero no lo logró. Sus jadeos evidenciaban su dificultad para respirar. Daniel lo asistió de inmediato y le abrió la boca para verificar que no se haya atragantado con algo pero no encontraba forma de ayudarlo. Tomás se comenzó a desvanecer y Daniel con desesperación lo sacó a la rastra del refugio en búsqueda de aire fresco. La emperatriz y Tania los siguieron asustadas para luego ver con asombro como Tomás caía de rodillas mientras Daniel gritaba:<br />
- ¡No puede respirar! ¡No tiene aire!<br />
Se acercó a su rostro para asistirlo en la respiración justo a tiempo para retroceder porque Tomás levantó de golpe la cabeza y expulsó muchísimo líquido. Las damas estaban horrorizadas y el propio Daniel tenía expresión de espanto. Tomás jadeaba por el esfuerzo y tosía sin parar. El líquido transparente comenzó a desplazarse por la pendiente de la montaña y él se dejó caer sobre sus espaldas en la nieve. La emperatriz de inmediato se aproximó tratando de contenerlo, mientras Tania se acercó a Daniel para preguntar:<br />
- ¿Qué le pasó? ¿Fue algo que comió?<br />
- ¡No lo se! ¡Cenó lo mismo que el resto!<br />
- Pero, ¿qué es esto? – preguntó ella espantada por la situación.<br />
- No lo sé Tania. – contestó frustrado mientras observaba a la emperatriz sosteniendo a Tomás, acariciando su rostro. Entonces agregó mirando a Tania a los ojos – No te preocupes. Ahora ya se pondrá bien.<br />
- ¡Qué barbaridad! &#8211; y seguidamente se preguntó en voz alta &#8211; ¿Por qué estás tan relajado?<br />
- ¡No estoy relajado Tania! Tomás tiene una fortaleza especial, se repondrá. No le busques explicación, porque no la tiene.<br />
Tania miró a la emperatriz ocupándose de Tomás y sintió que no debía interferir. Se dirigió a Daniel diciéndole:<br />
- ¿Cómo puede ser que esté así este hombre?<br />
- Mejor preocúpate por nuestra misión, él se repondrá.<br />
Ella dudó por un minuto y sin olvidar a Tomás se dirigió a Daniel:<br />
- Deberíamos dejar un par de hombres en el refugio para que custodien el paso. Este lugar es importante para nuestro regreso. No podemos permitir que sea conquistado.<br />
- Tienes razón. Tendremos que establecer la primera posta y dejarles provisiones.<br />
- Es mejor que quede aquí uno de los burros con la carga. También deberíamos dejar algunas pieles. Si hoy logramos descender la montaña, ya no las necesitaremos. Estamos en primavera y en los valles el clima es diferente. Estaremos más cómodos para la travesía sin tanto peso.<br />
Ambos volvieron a mirar a la emperatriz que escuchó perfectamente la conversación y les asintió autorizando la propuesta. Entonces se retiraron juntos dispuestos a organizar a los hombres.</p>
<p>Tomás volvía en sí poco a poco recuperando su mirada brillante sólo por momentos y ella no se cansaba de alentarlo:<br />
- Vamos, quédate conmigo, estás aquí, tranquilo. Vamos, fuerza.<br />
Ella lo abrazaba fuerte mientras él le decía que ya se sentía mejor. Entonces la emperatriz le consultó:<br />
- ¿De dónde salió tanta agua? ¿De qué se trata esto? ¡A veces me asustas Tomás!<br />
- No mi amor, ¡no me digas eso! Ya estoy bien … &#8211; y le sonrió mientras acarició débilmente con un dedo su cabello.<br />
- ¿Cuándo va a parar esto?<br />
- Cuando lo encontremos.<br />
- ¿Pero dónde está? ¿A dónde vamos? ¿Viste el horizonte? ¡Hay montañas por todos lados!<br />
- Tenemos que buscar un lugar con agua. Un mar, en realidad.<br />
- ¿Estás seguro? – preguntó incrédula viéndose rodeada por montañas.<br />
Él la miró y esa mirada fue todo lo que ella necesitó. Se quedaron juntos por unos momentos y luego se ayudaron mutuamente a ponerse de pie para ir en búsqueda de Daniel.<br />
Tania estaba sentada en la entrada de la caverna escribiendo algo en un cuaderno forrado en cuero pero lo guardó inmediatamente al verlos aproximarse.<br />
- ¿Dónde está Daniel?<br />
- Adentro con un grupo de soldados – contestó Tania mientras lo miraba a Tomás aún impresionada y continuó diciendo – Los está preparando para la salida.<br />
- Todavía no. – dijo Tomás.<br />
- ¿No nos vamos? – preguntó Tania sorprendida. Y entonces la emperatriz le contestó:<br />
- Debemos redirigir la expedición en busca de un mar.<br />
- ¿Un mar?<br />
- Sí, un mar. – Repitió Tomás.<br />
Daniel se acercó con cuatro de sus hombres y se quedó viéndolos con las manos en la cintura. Entonces le preguntó:<br />
- ¿Estás mejor Tomás?<br />
- Sí, gracias hermano – lo jaló del brazo y lo abrazó. Daniel se dio cuenta de que la emperatriz y Tania lo miraban inquisitivamente por lo que les preguntó que era lo que sucedía. Tania se anticipó a la emperatriz para decirle:<br />
- Ahora quieren buscar un mar.<br />
- ¿Un mar? – Se echó a reír y agregó – ¿No tomaste suficiente Tomás? – lo tomó del hombro y lo guió unos metros hacia delante en la salida del refugio mostrándole el paisaje, entonces le dijo &#8211; ¿Ves todo esto?<br />
- Sí, claro. – contestó Tomás viendo el cordón montañoso hacia el frente, una zona boscosa al Noroeste y una estepa a lo lejos, por el Suroeste.<br />
- ¡Aquí no hay mar!<br />
- Por eso nos iremos de aquí. – contestó Tomás con una sonrisa que no coincidía con la seriedad en su tono de voz.<br />
Tania se sumó a la conversación y dijo en un tono de resignación:<br />
- Vayamos al noroeste, si hay árboles hay agua. Si hay agua hay un río. Ese río nos llevará al mar.<br />
- ¿Estás segura? – le consultó Daniel.<br />
- Claro que no, pero no se me ocurre plan mejor. – Los tres miraron a la emperatriz que había permanecido escuchando en silencio. Ella reflexionó por un momento y luego les dijo:<br />
- No se si sobreviviríamos si seguimos el curso por las montañas. La estepa parece sencilla de transitar pero pronto se nos terminarían los víveres, y lo que menos quiero es que terminemos siendo el plato principal de alguien más. Haya un río o no, en aquellos bosques es donde mayor posibilidad de supervivencia tenemos. Y mientras haya vida hay esperanza, ¿no? – Les preguntó a los tres que la miraron perplejos. Intercambiaron opiniones entre ellos y Daniel entonces contestó:<br />
- De acuerdo, vamos al bosque, pero no estoy seguro de qué encontraremos ahí.<br />
Tania levantó la mirada y a medida que Daniel se alejaba del grupo pensó en voz alta:<br />
- Como si supieras lo que encontraríamos en alguna otra dirección … &#8211; y se dirigió a la caverna para empacar sus pertenencias.</p>
<p>La emperatriz sonrió ante el comentario ya que coincidía plenamente con los pensamientos de Tania. Entonces vio a un grupo de soldados terminando de apagar el fuego. Entre ellos estaba Ruby, el menor de la tropa. Era un muchacho no muy alto, algo pelirrojo, de ojos marrones y grandes dientes. Tomás le dijo a la emperatriz en el oído: “Éste estará bien.”<br />
- ¡Ruby! – lo llamó ella inmediatamente.<br />
- Sí, emperatriz. – contestó él rápidamente presentándose firme frente a ella.<br />
- Te ordeno que elijas un compañero y prepares un asentamiento en este lugar. Es un paso estratégico que no podemos dejar librado al azar.<br />
El muchacho estaba visiblemente desilusionado con la tarea y le dijo:<br />
- Pero emperatriz, yo vine para hacer la travesía con ustedes. Quiero recorrer los nuevos caminos, yo … déme una oportunidad.<br />
- Te la estoy dando Ruby. – Se acercó un poco y le dijo en un tono más bajo – Vas a sobrevivir a todos en la guardia y tu papel será crucial. Si tenemos éxito podrás avanzar hasta el último punto del imperio, y si fallamos, serás el primero que deberá guiar a mi pueblo al éxodo antes de que sea invadido. – Y luego completó la idea diciendo sonriente &#8211; Los primeros serán los últimos en esta historia, pero no por eso menos importantes.</p>
<p>Ruby no contestó. En el momento estuvo desilusionado porque él pensaba luchar y tener grandes aventuras y ahora se sentía confinado a esa fría montaña. Acto seguido fue en búsqueda de Daniel para explicarle las novedades y consensuar su compañero. Daniel lo miró por un momento con seriedad y sin aviso previo gritó el nombre del hombre más antiguo de su tropa:<br />
- ¡Miguel!<br />
Un hombre de barba mal cortada y cabello plateado se acercó a ambos inmediatamente, algo intrigado.<br />
- Sí, Daniel. Aquí estoy. ¿En qué te puedo servir?<br />
- Gracias, Miguel. La emperatriz necesita preparar aquí un destacamento. El objetivo es proteger el paso y la frontera con nuestras tierras. Por otro lado, aquí será la última defensa, sólo podrán permitir la circulación de nuestras propias tropas o aquellos que cuenten con el permiso imperial.<br />
- ¿Cómo sabré quien tiene la autorización?<br />
- A los visitantes autorizados se les otorgará el sello y un código único bajo el siguiente patrón …<br />
Ruby se inquietaba escuchando instrucciones sólo para Miguel y su pasión juvenil fue más fuerte:<br />
- ¿Qué debo hacer yo, Daniel? – preguntó inquieto.<br />
- Aprender. – contestó Daniel seco y duro. Miguel sonrió y preguntó entonces:<br />
- ¿Éste se va a quedar conmigo?<br />
- Sí, quiero que lo entrenes, que dejes el destacamento en funcionamiento y luego puedes retirarte a casa. Descansa y cuando te necesitemos te iremos a buscar. Mi idea es renovar al ejército a medida que progresemos. Y ese descanso lo tendrás bien merecido. – aclaró palmeando su hombro.<br />
- Ya lo creo. – contestó Miguel con una mirada que decía más que mil palabras.</p>
<p>Los dos hombres se retiraron dejando al muchacho con el orgullo herido en la entrada de la caverna. Ruby se agachó, tomó algunos guijarros del suelo y luego se acercó al precipicio para comenzar a arrojarlos con fuerza al vacío. De pronto y sin esperarlo escuchó el graznido de un ave. Un pobre animal había recibido el golpe en una de sus alas y herido halló refugio sobre una roca que sobresalía unos cuantos metros hacia abajo. Ruby se asomó afligido, no había tenido la intención de hacer daño a nadie. Mientras tanto el pequeño animal gritaba por ayuda. El muchacho arrojó al suelo las pocas piedras que le quedaban en la mano izquierda y se acercó a sus compañeros. Sin saber que poder hacer por el ave, decidió ignorarlo. Tenía tiempo aún de despedirse de los hombres y comenzó entonces a explicarles las novedades a los demás soldados cuando de pronto todos levantaron la vista con asombro. Dos cóndores sobrevolaban el refugio y el diagrama de vuelo indicaba cierta hostilidad. Se escuchó a Daniel gritar obligando a la emperatriz a ingresar en el refugio urgentemente.</p>
<p>Dos soldados apuntaron sus arcos al cielo a la espera de una simple orden y Daniel estaba listo para impartirla. Sin embargo, la emperatriz asomada desde la caverna le pidió que espere. Daniel se alteró porque sabía de lo que esas aves eran capaces. De gran resistencia, persiguiendo a sus presas, normalmente otros pájaros, puede alcanzar con facilidad altísimas velocidades. Hasta para sus expertos arqueros se trataba de un blanco sumamente difícil y no tendrían dos oportunidades. Tania se acercó a la emperatriz y le pidió cautela sin embargo en un momento de descuido ella decidió salir al descubierto y a todo pulmón gritó mirando el cielo:<br />
- ¡Soy la Emperatriz del Valle de las Nieves! ¡Tengo protegido un cóndor en mi reino! – y ya no pudo decir nada más porque Daniel la alcanzó y la llevó alzada de la cintura nuevamente hacia el refugio.<br />
Tomás la miró divertido y le dijo a Tania por lo bajo &#8211; ¡Después hablan de mí! &#8211; a lo cual Tania sólo pensó: “Son tal para cual.” sin contestar una sola palabra.<br />
Uno de los cóndores cerró de pronto sus alas y se abalanzó sobre uno de los arqueros quien erró el tiro y de pronto sintió el arco arrebatado de sus manos. El ave voló con el arco en sus garras sólo unos metros para dejarlo caer al vacío. Daniel hizo retroceder a sus hombres y él mismo defendió la entrada a la caverna apostándose con una espada en sus manos.<br />
El animal dio unos círculos en el aire y descendió con elegancia sobre una roca a unos cinco metros de la caverna. Para sorpresa de todos, el ave les dijo:<br />
- Mi hijo está herido. Les perdonaré la vida si logran salvarlo.<br />
Tomás intentó salir pero Daniel se lo impidió. Tania comentó en voz alta:<br />
- ¿De qué está hablando? ¿De qué hijo habla?<br />
- Del que ustedes hirieron. – Contestó el ave, que resultó ser una madre preocupada.<br />
Tania los miró a todos y pudo distinguir al culpable. Ruby estaba más pálido de lo normal y tenía un leve temblor en sus manos. Se miraron a los ojos y él admitió su culpa antes de que ella lo indagara. Explicó lo sucedido y les dijo dónde se encontraba el animal.<br />
- El padre de mi hijo no está, sino hubiera terminado con todos ustedes. – comentó el ave con cierto tono de ira. – ¿Es cierto que tienen un cóndor en tu reino? – agregó luego de una breve pausa.<br />
- Así es. Es un cóndor muy fuerte y valiente. Un viajero, me dijo. – contestó desde cierta distancia la emperatriz a viva voz.<br />
- Un viajero. ¿Qué va a ser? Siempre lo tengo a mil kilómetros a la redonda. Veo que ese viejo cóndor te estuvo contando historias. – Guardó silencio por un momento y entonces preguntó &#8211; ¿Se están demorando en el rescate o no aceptaron el trato?<br />
Daniel guardó la espada y envió a Ruby y a otro hombre en búsqueda del ave. Para ese momento, el cóndor que daba círculos en las alturas se encontraba calmando a su hermano menor, asustado sobre la roca.</p>
<p>La emperatriz y Tomás se acercaron un poco más a la valiente madre pero ella demostró nerviosismo y se detuvieron. Entonces la emperatriz le dijo:<br />
- No me contó cuentos. Me explicó que había mares, montañas, valles y llanuras. Me dijo que él las conocía.<br />
- ¿Un cóndor en el mar? No lo creo. – Contestó sarcásticamente.<br />
- Él es libre. No tiene un lugar fijo, va recorriendo diferentes áreas. – refutó la emperatriz.<br />
El ave levantó vuelo sólo para verificar que estuvieran ayudando a su hijo y volvió a la roca rápidamente. Entonces le dijo:<br />
- Te pudo haber dicho cualquier cosa con tal de defender su hogar y no decirte su ubicación. Es mi compañero desde hace muchos años. – Hizo una breve pausa y comentó – Así que tú eres la emperatriz. No eres tan grande y majestuosa como te describió.  Cada vez que contaba la historia había un detalle más. Pero no me importa. Así es él. Es su manera de ser. Ahora se la pasa jactándose que puede ir y venir a tu reino todas las veces que desee. Ya no lo voy a cambiar. – Volvió a levantar vuelo y en picada certera alcanzó a su hijo y los dos soldados mientras agitaba sus alas gritando en desaprobación. Los soldados habían vendado el ala del animal y éste obviamente no podía volar en esas condiciones. Volvió furiosa y fue detenida por Daniel, o más bien por la punta de la espada de Daniel. El ave continuaba gritando desquiciada:<br />
- ¿Cómo va a sobrevivir mi hijo con un ala vendada?<br />
Tania se adelantó y le dijo con toda la paciencia del mundo:<br />
- Por favor, entienda que su hijo no puede volar hasta dentro de unos días. Si usted nos permite nos haremos cargo de él.<br />
- ¿Cómo voy a poder confiar en ustedes? ¡Ustedes me lo dejaron así!<br />
Los soldados habían logrado subir con mucho esfuerzo sosteniendo en sus brazos al joven cóndor herido. Su hermano los seguía de cerca a unos metros sobrevolando el precipicio.<br />
- Usted nos conoce. – Dijo la emperatriz y continuó – Deje que su hijo nos acompañe. Nos haremos cargo de él y lo dejaremos libre de volver cuando él lo decida.<br />
Madre e hijo conversaron por un momento en un idioma que ninguno de los presentes logró comprender. Entonces el joven cóndor preguntó:<br />
- ¿A dónde están viajando?<br />
- Buscamos un mar. – contestó Daniel que ya había guardado su espada pero tenía a toda la tropa atenta a sus espaldas.<br />
El joven cóndor parpadeó y le contestó:<br />
- He atrapado pájaros que viven a la orilla de un río, atravesando este bosque y el monte. No se si podrán llegar ustedes. – Los miró de reojo mientras intentaba mover su ala herida y luego agregó – Son muy lentos y además no tienen visión.<br />
- Pero conoces el camino. – Se aventuró Tania.<br />
- Sí. Podría guiarlos si nos alimentan, ¿verdad madre?<br />
- Puede acompañarte tu hermano para rastrillar la zona. Yo me quedaré esperando a tu padre. Me tiene que dar unas cuantas explicaciones.<br />
La emperatriz intercambió entonces miradas de apoyo entre los suyos. Luego ella dijo a los nuevos integrantes de la expedición:<br />
- Bienvenidos a nuestro grupo.</p>
<p>Los soldados ya se habían despedido de Ruby y Miguel que preparaban el destacamento acomodándose pacientemente en el lugar. Los demás ya habían terminado de armar la carga y estaban listos para continuar con el viaje. Esta vez, contaban con dos guías expertos: uno en el cielo, y otro sobre el hombro de Daniel. Los cóndores conocían muy bien el camino y si bien la travesía fue larga, evitaron tener que decidir los rumbos a seguir y llegaron a divisar los primeros árboles ya creciendo desde el pie de la montaña a las pocas horas. Esta zona era más cálida y húmeda, tal como Tania había previsto. Dos días más tarde se habían internado en un tupido bosque. Por las noches se organizaban alrededor de un pequeño fuego, calmando el hambre del viaje.<br />
A Tania le molestaba el vendaje de su mano, por lo que a la segunda noche lo retiró y se sorprendió gratamente al comprobar que estaba completamente curada pero lo que la asombraba en realidad era que ni siquiera había quedado una cicatriz.</p>
<p>“Desde el cielo caerá el mensaje de libertad, y ella lo creerá.” &#8211; Susurró Tomás en el oído de la emperatriz. Entonces ella le dijo: &#8211; Sí, también lo pensé. Me engañó. ¡Qué tonta que fui! – y miró hacia el suelo muy decepcionada. Él le levantó el rostro con su dedo índice y con una enorme sonrisa le dijo:<br />
- No, mi vida. No estés mal. Esto es una buena señal: se está cumpliendo la profecía.<br />
Ella sonrió, pero en realidad no estaba segura si tenía motivos.</p>
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